Después de que anunciaran a los campeones para el torneo de los tres magos, Hogwarts se sumergió en una ola de excitación. En cada esquina fácilmente podías toparte con un grupo de chicos cuchicheando sobre el torneo, especulando sobre las pruebas y eligiendo su campeón favorito. Sí los gemelos Weasley hubieran estado, no hubieran tardado nada en sacar provecho de la situación, sonsacando a los incautos para levantar apuestas.
Agradecía a Merlin que nadie conectará aún el apellido Lestrange con nuestros padres, suponía que creían que al encontrase mi hermano en Durmstrang, al otro lado del continente, Marvolo no tenía nada que ver con Bellatrix y Rodolphus Lestrange.
Sí antes hermano y yo llamábamos la atención, ahora era imposible estar juntos, sin escuchar los murmullos y chismorreos de las chicas que especulaban sobre nuestra relación. Atentas a la más mínima muestra de cariño, que mi hermano me diera.
Solo bastaba que sus manos rozaran tiernamente mis mejillas para que armaran un gran alboroto y que vapuleen contra mí por todo el día. Contrario a mí, Marvolo encontraba la situación muy divertida y se mostraba especialmente cariñoso, cada vez que teníamos espectadoras.
Más de una vez estuvo a punto de causarles un ataque cardiaco; al acercar su rostro al mío, tan cerca que nuestros alientos se entremezclaban y nuestras cejas se perdían la una en la otra, a unos milímetros de que nuestros labios se rozaran, para abruptamente cambiar de dirección y sentir sobre la sonrosada piel de mi mejilla formarse su sonrisa burlona.
Era curioso, pero contrario a lo que esperaba, el dúo maravilla de gryffindor, que hace apenas unos días se habían reconciliado, aún no habían contraatacado contra mí. Este hecho era inaudito, después de años riñendo con ellos, sabía que nunca habían permanecido quietos ante alguna ofensa, por más mínima o imaginaria que fuera. Tal vez la euforia de Potter había pasado y se acababa de dar cuenta en lo que realmente se había metido, seguramente se encontraba practicando como loco para la primera prueba del torneo.
Otra persona que también me resultaba bastante singular era Alexei, que aunque cortes y amable, se mostraba distante conmigo, como si solamente tolerará mi compañía a causa de mi hermano. Su fría cortesía era desconcertante, tanto que no sabía cómo tratar con él sin Marvolo cerca. Alexei se mostraba como un chico alegre y jovial, que disfrutaba de la atención que despertaba en los demás, si no estaba con Marvolo se encontraba rodeado de un grupo de chicos de su instituto, cuyo único fin parecía, era complacerlo. Pronto se vio rodeado no solo de chicos de Durmstrang, muchos alumnos de Beauxbatons e incluso de Hogwarts buscaban su compañía. A veces me preguntaba si en verdad no tenía algún poder veela, ya que encandilaba de forma tan fácil a las personas que no podía ser normal.
A pesar de parecer disfrutar estar rodeado de gente y ser el centro de atención, no soportaba que los demás de acercaran cuando estaba con Marvolo, si alguien a excepción de mí, se acercaba a él, los alejaba con dulces palabras crueles, que dejaban a más de uno sin habla. Era especialmente brutal con las chicas tontas que buscaban conquistar a Marvolo, logrando sorprenderme con su amplio vocabulario de maldiciones y groserías.
Ahora, me encontraba esperando a Marvolo en la biblioteca, ayer habíamos acordado en vernos antes de la cena. Estaba concentrada en mi lectura, cuando sentí su cabello rozar mi nuca descubierta, haciéndome cosquillas, su nariz desplazándose lentamente por mi piel oliendo mi cuello. Las miradas furiosas de sus admiradores clavándose como dagas contra mí.
— ¿Cómo te fue?— pregunté, sin abandonar mi lectura. En clase de pociones Colin Creevey había interrumpido, para llevar a Potter a la sesión de fotos para el profeta y ante la negativa del profesor Snape, había menciona que todos los campeones tenían que asistir.
—Veo que las noticias vuelan rápido aquí— contestó, depositando rápidamente un beso sobre mi piel expuesta, provocando que tuviera que morderme los labios para no emitir un suspiro. Sus labios se estiraron en una mueca desvergonzada, al notar la reacción de las chicas que nos observaban, yo arqueé mis cejas a espera de su respuesta—. Supongo que bien, aunque tengo que ir a Ollivander´s por una nueva varita— respondió tomando asiento a mi lado.
— ¿Hay algo malo con la tuya?— pregunté curiosa.
—Hoy hicieron las comprobaciones de nuestras varitas para el torneo, aunque Ollivander dijo que mi varita estaba en óptimas condiciones, sugirió que lo mejor era que la cambiara. Al parecer aunque me complemento muy bien con ella, no es mi varita.
Yo me sorprendí por sus palabras, no podía imaginarme haciendo magia con una varita que no fuera la mía. Aún recordaba el momento en que la sostuve por primera vez, el torrente de energía mágica corriendo por mi cuerpo y concentrándose en ella, la clara certeza de que nos pertenecíamos, que era parte de mí.
—Así que querida mía, ¿Saldrías conmigo hoy? — preguntó galantemente depositando un beso en el dorso de mi mano.
—Me encantaría aceptar su proposición, amable caballero pero me temo que me es imposible salir con usted, sin permiso del director de esta honorable institución educativa— contesté divertida siguiéndole el juego.
—Entonces mi quería dama, es una suerte que haya conseguido permiso del Director para llevarle como mi acompañante.
—Oh, usted sí que es precavido, sería una grosería rechazar la oferta que me ofrece, después de que se tomará tantas molestias por mí— le contesté divertida.
—Es un alivio entonces, que usted siendo toda una señorita de sociedad, respete las reglas de cortesía tan fielmente, como para no negarse.
Marvolo estiro su mano caballerosamente la cual acepté sin dudar, guardé los libros que hasta hace poco había ocupado. Le pedí que nos rencontráramos en la entrada de mi sala común, para que ambos nos cambiáramos de ropa y pudiéramos partir hacia el callejón Diagon. Él me observó con fastidio ya que quería partir lo más pronto posible, la verdad no me importaba ir con nuestro uniforme pero llamaríamos mucho la atención, y más de uno creería que nos habíamos escapado de la escuela, por lo cual seguramente obtendríamos un sermón o en el peor de los casos un reporte al ministerio.
Al llegar a mi habitación, vacié mi baúl tratando de buscar algo adecuado para salir con Marvolo. Observé con ojo crítico la ropa que había empacado, decidiéndome al fin por un vestido azul hasta las rodillas, manga tres cuartos y con cuello babero; a pesar de todo lo que mis tíos despreciaban a los muggles, tía Narcissa no escatimaba en comprar ropa muggle a la moda, aunque se excusaba con tío Lucius diciendo que era para pasar desapercibidos cuando fuéramos al mundo muggle, aunque yo sospechaba que verdaderamente le gustaba más la ropa muggle que la nuestra, y realmente quien podía culparla, cuando la única prenda de vestir que teníamos era la túnica.
Cepillé mi cabello y use varias pociones para que mi cabello quedara suave y sedoso, para después colocar una cinta blanca en mi cabello a modo de diadema. Aunque no solía usar zapatillas en la escuela, decidí usar unas lindas zapatillas que tía me había obligado llevar en mi baúl.
Al bajar a la escalera no pude evitar escuchar los cotilleos de mis compañeras, quienes se preguntaban que hacia el guapísimo campeón de Durmstrang fuera nuestra sala común. Miles de teorías empezaron a correr por sus locas cabecitas hasta que escuché una que llamó mi atención.
—Seguro está buscando espiar a Harry para sabotearlo en el torneo— exclamó despectivamente una voz chillona, que reconocí como la de la pequeña Weasley— Tenemos que echarlo antes de que sepa algo.
Furiosa baje la escalera en un dos por tres, ¡quien se creía que era para tratar de correr a mi hermano!
—Lamentó romper tus ilusiones, chica Weasley; tal vez tu mundo giré alrededor de Potter pero no el de los demás y aún menos el mío— comenté desdeñosa—. Él me está esperando a mí.
— ¿Tu está con él? ¡Tú odias a Harry!, seguro planeas ayudarlo para conspirar contra Harry— contestó alterada, yo rodé los ojos fastidiada.
— ¿Eres tonta, sorda o ambas?, ya te dije que a mí me tiene sin cuidado lo que haga Potter. Ahora quítate de en medio que no me dejas salir.
La pelirroja me observó irritada, pero se hizo a un lado y aunque las demás chicas se mostraban igual de molestas, no intentaron nada contra mí, aunque no abusaba de mi poder como perfecta a la hora de impartir castigos era completamente imparcial y poco me importaba si perdíamos puntos de casa con tal de vigilar que se cumplieran las reglas.
—Tardaste— comentó mi hermano a la par que me ofrecía su brazo— Pensé que no tardarías tanto, como las demás chicas.
—Pues soy una chica, por si no lo habías notado— contesté herida, porqué el no notará el esfuerzo que había hecho hoy al arreglarme.
—Claro qué sé que eres una chica, si no fuera así no tendría tantos problemas— contestó malhumorado, yo me solté abruptamente de su brazo y empecé a caminar de regresó hacia mi sala común, acongojada, mi hermano nunca me había alzado la voz así.
Cuando estaba a punto de llegar, sentí su mano tomar la mía, con una desesperación oculta en su firme agarré.
—Lo siento, no supe expresarme correctamente, claro que sé que eres una chica y una chica muy linda— dijo, acariciando mi mejilla dulcemente— Es solo que para mí tú no eres como las demás, tú eres mí amada hermana, tú estás tan encima de ellas que no puedo categorizarte como una de ellas. Además de que tú no sueles arreglarte tanto, a menos que Narcissa lo haga por ti.
Apreté su mano en señal de que lo perdonaba, satisfecha. Marvolo nunca pedía disculpas por sus acciones, así que realmente debía de sentirlo como para hacerlo conmigo.
—Bien, vayamos por tu varita antes de Dumbledore se arrepienta de dejarme salir— solicité feliz sin soltar su mano.
Salimos del castillo y caminamos hacia la cabaña de Hagrid, donde el guardabosque no esperaba, a su lado un par de Thestrals estaban atados a un carruaje. En nuestro curso solamente Thedore y yo podíamos verlos, y según los rumores también una chica extraña de Ravenclaw.
Aún no entendía como era que posible que yo pudiera verlos, ya que solo aquellos que hayan presenciado la muerte eran capaces de verlos y yo nunca lo había hecho.
—No sabía que tuvieran Thestrals en Hogwarts, son pocas las manadas que quedan en el mundo mágico— comentó mi hermano, yo la observé sorprendida ¿Él también podía verlos?
—Los nuestros son los únicos domesticados, aunque a mucha gente les parecen tenebrosos en realidad son muy dóciles— respondió Hagrid encantado, por el tema— estos pequeños los acercaran al callejón Diagon, solo tendrán que caminar un poco para llegar a Ollivanders.
Marvolo tomo mi mano ayudándome a subir al carruaje sin decir a Hagrid ninguna palabra de agradecimiento, por habernos preparado el carruaje, por lo que silenciosamente le agradecí por ambos, mientras subía.
Mientras viajábamos, mi hermano extrajo de la bolsa interior de su capa un libro antiguo. Al acercarme mejor pude observar que era el libro Beedle el Bardo, sin traducir escrito totalmente en runas.
—Bien creo que podemos hablar tranquilamente aquí— susurro, de forma confidencial—Recuerdas de lo que te hable, en mis cartas sobre el símbolo que Grindelwald dejó grabado en una de las paredes de Durmstrang— Yo asentí, aún sin saber que tenía que ver eso con el libro de cuentos— ¿Recuerdas el cuento de los tres hermanos?
Claro que lo recordaba, aunque no era mi cuento favorito a Marvolo parecía gustarle mucho, junto a "El corazón peludo del brujo" y solíamos leerlo juntos en las noches, antes de dormir.
—Encontré esta copia del texto original en runas, en una pequeña biblioteca de Bulgaria—tomó el libro entre sus manos hojeándolo hasta encontrar la página que buscaba—Esté es el símbolo que Grindelwald grabó— dijo, señalando un extraño símbolo que encabezaba la página— Al principio no entendía que tenía que ver lo uno con lo otro, hasta que encontré un libro en donde el autor mencionaba varias veces su varita, y la describía como "mi más perversa y sutil amiga, con cuerpo de sauco"
— ¿Sauco como la varita del libro?— murmuré asombrada — ¿Realmente crees que la varita existe, Marvolo? — le cuestioné suspicaz.
—Al principio yo tampoco podía crees algo así, pero investigando más, encontré que ha habido varios magos, a través de los tiempos que aseguraban poseer la varita más poderosa, y aunque sus propietarios la hayan llamado de forma diferente, todos han estado de acuerdo de que era invencible.
— Si, la varita existe tal como piensas, ¿Qué hay de los demás regalos que la muerte dio a los hermanos?, ¿Es posible de que también existan? —pregunté curiosa.
—No lo sé Hermione, no he encontrado ningún documento o referencia histórica sobre los demás regalos. Tal vez sus dueños las mantengan ocultas o simplemente son unos estúpidos que las mantienen como reliquias familiares, sin saber lo que verdaderamente son.
—Marvolo esto es increíble, no puedo creer que realmente exista algo así.
—Todos los cuentos tienen algo de verdad en ellos, dulce hermana. Pero si no puedes creer en ellos, cree en mí —. Me solicitó dulcemente — Yo realmente creo que las reliquias de la muerte existen.
Yo lo observé contrariada, mi parte racional me decía que algo como las reliquias de la muerte era algo fantástico e inverosímil, aún para nuestro mundo mágico y que tal cosa no podía existir. Pero mi otra parte, la que le profesaba una fe ciega a mi hermano, me pedía que confiara en él.
Al final como siempre surgió victoriosa la segunda y le mostré a mi hermano una pequeña sonrisa, pero que fue más que suficiente para que el entendiera, que yo creía en él.
— ¿Piensas a buscar las reliquias, cierto? —pregunté sabiendo la respuesta, la curiosidad de mi hermano era implacable, tanto como la mía. Él sólo imaginar poder encontrar algo como las reliquias y poder investigarlas me llenaba de emoción.
—Así es— declaró con decisión— pero para poder llevar a cabo lo que me propongo, necesito financiamiento.
— ¡Esa es la razón de que te inscribieras al torneo! — exclamé, comprendiendo a mi hermano. Pero aún sin entenderlo verdaderamente, teníamos a nuestra disposición la fortuna de la familia Lestrange, la cual era cuantiosa. No veía por qué, su necesidad de conseguir el premio del torneo de los tres magos.
— Sé lo que piensas, y he consultado sobre nuestra herencia y debido al pasado de nuestros padres no podemos tocarla hasta que el ministerio nos considere aptos y que no tenemos nada que ver con "artes oscuras", mientras tanto será administrada por Lucius.
— ¿Cómo es posible? ¡Eso es ilegal!
—Bueno, el ministerio se excusó, diciendo que durante la guerra mágica debieron tomar medidas extremas—. Respondió, tranquilamente —He estado invirtiendo dinero en el extranjero, pero me temo que no es suficiente para lo que planeo hacer. Necesito el dinero del torneo.
— ¿Invirtiendo?— pregunté curiosa por saber de dónde había obtenido dinero.
—Aunque Lucius es el administrador de nuestra fortuna, he estado ahorrando el dinero que Lucius me envía a Durmstrang y comenzando diferentes negocios. Que aunque han sido muy lucrativos aún no generan el capital que necesito, para todos mis planes.
— Y ¿Cuáles son tus otros planes? — pregunté intrigada.
—Quiero, crear un centro de investigación. El apoyo que da el Ministerio ingles a los investigadores es poco por no decir casi nulo. Por eso planeo establecer un centro en el que las mejores mentes de nuestro país puedan reunirse, dialogar y dedicarse por completo a sus áreas de más interés, sin tener que sentirse intimidados por la presión ejercida por el ministerio o siendo limitados por Hogwarts.
Entendía muy bien lo descrito por mi hermano, en realidad las oportunidades laborales eran mínimas, sólo había tres instituciones que ofrecían trabajo en el mundo mágico; Hogwarts, San Mungo y el ministerio de magia. Gringotts anqué también era una fuente empleo, era casi en su totalidad administrado por los duendes.
Y si alguien quería ser investigador, era aún peor, si no tenía un capital seguro para financiarse. Como los que veníamos de antiguas familias aristocráticas.
Si querías ser investigador, no tenías otra opción que unirte a Hogwarts como profesor y sostener tu investigación con los fondos de la escuela; o, unirte al ministerio como inefable y adaptarte a la línea de investigación que el ministerio te asigne.
— ¡Las reliquias de muerte serán solo el comienzo! — proclamó emocionado.
Lo observé fascinada, por su visión y su pasión, sin poder evitar envidiarlo un poco. Yo ni siquiera sabía aún que haría cuando saliera de Hogwarts, al principio había pensado en leyes, me parecía primitiva la clara discriminación que hacían los magos con las demás criaturas mágicas. Sin embargo no quería cerrarme a otras posibilidades, amaba las clases de runas y aritmancia, era excepcional en pociones y encantamientos. Sentía que elegir cualquier camino, era cerrarme a otro y limitarme a mí misma.
— ¿Quisieras emprender esto conmigo? Sé que tal vez tengas otros planes, pero nada me haría más feliz que hiciéramos esto juntos—.Yo lo observé dubitativa — Puedes dedicarte a estudiar lo que quieras conmigo, cualquier tema que sea de interés y si te sientes inclinada a la política, puedes usar el puesto que me corresponde como último heredero de la familia Lestrange , en el Wizengmot y si no te es suficiente podemos ver el modo de conseguir también el asiento de la familia Rosier y el de la familia Black, después de todo no es como si Sirius Black realmente lo ocupara, según tengo entendido él que se hace cargo de representar su voto es Dumbledore.
Lo miré sintiéndome avergonzada por haber sido tan egoísta. Yo estaba envidiosa de su sueño, cuando él había pensado incluso en mí a la hora de realizar sus planes, no, él había hecho más que eso, él estaba compartiendo su sueño conmigo, él me estaba dando un propósito en la vida cuando me encontraba perdida.
—No creo que nos cueste trabajo tomar el asiento Rosier, después de todo su heredero Evan Rosier ya está muerto, y nosotros podríamos tomar el puesto legítimamente gracias a nuestra abuela, aunque también Draco podría recla…—Lo interrumpí abrazándolo abruptamente, él me sujeto en sus fuertes brazos — No debes dudar de mí, ven conmigo mi amada Hermione. Yo haré cualquier cosa para que tú seas feliz — pronunció en un juramento solemne, mirándome con sus preciosos ojos grises, tan llenos de sentimientos indescifrables para mí, que inundaban mi alma con una pasión desgarradora.
Corto se nos hizo el viaje, en medio de planes y proyectos para el futuro. Tal como había dicho Hagrid, solo tuvimos que caminar un poco hasta divisar el callejón Diagon. Cruzamos las intrincadas calles hasta llegar a Ollivander´s, al entrar una campanilla anunció nuestra entrada. De inmediato apareció ante nosotros su dueño, quien nos dirigió una amable sonrisa.
—Buena tardes, señor Ollivander.
—Señorita Malfoy, joven Lestrange, un placer tenerlos en mi tienda.
—Supongo que viene a adquirir una nueva varita, joven Lestrange.
—Así es, creo que no puedo permitirme tener alguna desventaja en el torneo.
—Muy sabía decisión. Estoy seguro que entre mis varitas se encontrará la adecuada para usted— contestó el hombre, sacando un par de varitas.
Mi hermano tomo cada una de las varitas sin lograr el efecto adecuado con ninguna de ellas, el hacedor de varita se mostró extrañado.
—Pensé que alguna de ellas podía ser la adecuada para usted, pero creo que me equivoque— Marvolo, suspiro cansado por el poco éxito de nuestra empresa —Pero todavía queda una opción, es una varita poco común pero tal vez sea la adecuada, flexible de veintiocho centímetros, acebo y núcleo de pluma de fénix.
En cuanto mi hermano puso los dedos sobre la varita está comenzó a reaccionar, una ola de magia comenzó rodearlo y extenderse por todo su cuerpo, desde donde sujetaba la varita.
— ¡Marvolo, esa es tu varita!— exclamé jubilosa.
—Vamos, joven Lestrange compruébela, realicé un hechizo— animó Ollivander.
Mi hermano, realizó una elegante floritura, el local oscureció por completo y comenzaron destellar pequeños puntos en el techo. Eran estrellas, que brillaban con gran fuerza en medio de la profunda negrura, no me llevo mucho tiempo deducir que no eran estrellas comunes, estas formaban dos constelaciones. Mi hermano deslizo su mano por la oscuridad y tomo la mía, enlazando nuestros dedos.
Era magnifico, ¡Eran nuestras constelaciones! , aquellas que nos daban nuestro segundo nombre. Hasta ahora no había vislumbrado tan claramente, el porqué de la tradición de los Black de ponerles a sus hijos nombres de constelaciones. Y es que había algo magnánimo en ellas, su imperturbabilidad las hacían pareces eternas, y de cierta forma era así ya que aún después de muertas dejaban un oscuro vacío que continuaba su existencia. En definitiva nombrar a magos con constelaciones era una buena idea, y más tomando en cuenta que el nombre de un mago era sumamente importante, no solo reafirmaba su existencia y le deba una identidad, sí no que también lo unía a su magia, a su pasado y a su futuro. Muestra de ello era, que al ser nombrados los recién nacidos, de inmediato aparecían en el libro de Hogwarts, su nombre quedaba escrito en el árbol familiar y si le correspondía una propiedad o cámara, aparecía su nombre en los registros de Gringotts.
— ¡Sorprendente! Un hechizo no verbal y de tal complejidad— exclamó sorprendido el señor Ollivander.
—Sí, está es mi varita— pronunció mi hermano, mientras observaba con fascinación su nueva varita.
Pagamos la varita y salimos del establecimiento alegres, pero aún no estábamos listos para volver al colegio. Visitamos Flourish y Blotts, tratando de buscar algún tomo que pudiera darnos alguna pista sobre las reliquias, sin ningún éxito.
Caminamos un poco más hasta llegar al callejón Knockturn, nunca había entrado a este lugar sin el tío Lucius, pero si había algún tomo raro, que nos digiera sobre un tema tan oscuro como parecía ser las reliquias de la muerte, lo encontraríamos allí.
Tomé la mano de Marvolo, y juntos atravesamos el umbral de la entrada. El lugar se veía vacío, ni siquiera el señor Borgin estaba en el mostrador. No me parecía educado entrar sin estar el propietario, pero no tenemos mucho tiempo antes de tener que regresar a Hogwarts , solo basto lanzar una mirada cómplice a Marvolo, para que ambos estuviéramos de acuerdo en echar un vistazo. Además si el Señor Borgin, no quería que nadie entrara, debió haber cerrado el local, me digo a mi misma en mi defensa.
— ¡Creo que no encontraremos nada aquí! — exclamó después de buscar en los estantes y en el mostrador de vidrio. Estaba a punto de decirle a Marvolo que nos marchemos, cuando lo que vi me dejo perturbada, su rostro esta rígido y frío, justo como hace unos días atrás, tan distante que parecía muy lejano.
Comenzó a caminar, como si fuera guiado por una fuerza externa a él, yo lo seguí preocupada pero sin el valor de sacarlo de su ensoñación. Camino hasta lo profundo de la tienda, y abrió una estrecha puerta que parecía ser del almacén, se inclinó y zafo un tablón falso del piso de madera. Yo me quede boquiabierta por lo que extrajo, era un pequeño diario viejo, de cuero negro.
— ¿Malditos intrusos, que hacen en mi tienda? — gritó el señor Burke desde la puerta, sobresaltando a mi hermano que estaba a punto de abrir el diario.
Él se observó extrañado y desubicado, como si no recordará nada de lo que había pasado minutos atrás.
—Señor Burke, no malinterprete la situación, es solo que necesitaba usar su tocador y siendo usted tan cercano a mi tio Lucius, no dude en venir a pedir su ayuda. Sin embargo, grande fue mi sorpresa al no encontrarlo y al no poder soportar más tuve que buscar su tocador— me excusé rápidamente.
—Entiendo muy bien su punto, Señorita Malfoy, pero eso no explica por qué hurgaron en mi tienda— contestó recio a creer mi excusa.
—Ya sabe cómo somos lo jóvenes, siempre curiosos…— iba a seguir con mi explicación cuando noté que el señor Burke se encontraba pretificado, mi hermano lo había embrujado con magia no verbal. Lo observé atónita, notando como aferraba para sí el pequeño diario.
Me acerqué lentamente temerosa y sujete el diario para quitárselo, al instante en que mis manos rozaron su cubierta negra, sentí un escalofrió que recorrió todo mi cuerpo y una extraña sensación envolverme. Nunca había sentido tanta magia oscura reunida en un objeto, ahora podía entender la fascinación de Marvolo por aquel perverso diario.
Pero a pesar de su atractivo, había algo nauseabundo y corrupto en él que me provocaba malestar, como si algo pesado aprisionara y exprimiera mi corazón, llenándolo de oscuros y malévolos sentimientos.
A pesar de ello me armé de valor y lo alejé de él, Marvolo me observó confundido sin entender mis acciones, antes de que pudiera cuestionarme guardé el diario del mismo lugar donde mi hermano lo había sacado.
—No somos ningunos sucios ladrones— susurré al pasar a su lado.
—Tienes razón— contestó débilmente, con la decepción filtrándose por su voz, por no haber podido conservar el diario. Aplico un obvilite al mago petrificado para después regresarle su movilidad. Al quedar libre nos observó confundido a ambos.
—Seño Burke, estaba a punto de mostrarme donde se encuentra su tocador. En verdad estoy muy apenada por tener que pedirle este favor pero me encuentro en una situación muy delicada.
—Le ofrezco mis disculpas señorita Malfoy, pasé por aquí usted y su acompañante— me guio diligentemente.
Después de nuestra pequeña excursión, regresamos al carruaje de Hogwarts. Cuando el vehículo se puso en marcha, observé desde la ventana a los Thestrals jalar el carruaje, a pesar de que sabía que eran inofensivos no podía evitar sentirme algo asustada por su tenebroso aspecto.
—Si te alteran tanto lo mejor será que no los veas—comentó mi hermano, tomándome por los hombros y alejándome de la ventanilla.
— ¿Cómo es qué puedes verlos?— pregunté curiosa, recordando la plática que mi hermano sostuvo con Hagrid.
—Creo que lo mismo debería preguntarte a ti, ¿Cómo es que tú puedes verlos? — preguntó devolviéndome la pregunta.
—Honestamente, no lo sé— contesté en un suspiro.
—Tal vez nuestros padres en alguna de sus locuras, quisieron hacernos parte del negocio familiar y mataron a algunos traidores a la sangre y sangres sucias frente a nosotros— comentó con humor, sonriendo por la ocurrencia.
Yo lo observé recelosa pero sonreí levemente ante tu comentario. Recargué suavemente mi cabeza contra su hombro disfrutando su compañía, él deslizo sus brazos por mi espalda acariciándome, formando pequeños círculos, haciendo que mi corazón se acelera y me sintiera afiebrada por la calidez de su cuerpo contra el mío. A pesar de la agitación que sentía en mí no hice el menor intento de alejarme de su toque, al contrarió parecía que ardía en deseos de sentirlo aún más cerca de mí. Me estremecí al sentir sus labios muy cerca de mis orejas, repartiendo besos cortos y electrizantes.
A pesar de que él se mostraba demasiado cariñoso conmigo en público, esto se sentía muy diferente, demasiado íntimo y especial para ser real. Demasiado prohibido, algo que no estaba bien realizar entre hermanos.
Me separé bruscamente de él, con las mejillas rojas y el cuerpo tembloroso, Marvolo me observó turbado y herido, sus hombros se encontraban encorvados cuando siempre estaban erguidos, dándome una muestra de su hermosa fragilidad. En un alto impulsivo me lancé de nuevo a sus brazos, tratando de aliviar el dolor que yo misma le había provocado, él se inclinó y hundió su rostro en mi cabello, sosteniéndome fuertemente mientras murmuraba mi nombre , aferrándose a mi como si fuera las cosa más valiosa del universo. Y me sentí tan amada y tan llena de amor por él, que temí por ambos.
Pero antes de que pudiéramos realizar algún otro movimiento, sentimos el carruaje agitarse por el aterrizaje. Ambos no alejamos lentamente, sin querer hacerlo realmente, mi hermano me ofreció su mano caballerosamente para bajar y yo entendí que fuera lo que estuviera pasando en el carruaje había terminado. Y era mi deber asegurarme que nunca volviera a suceder una cosa así por mi bien y por el de Marvolo.
Después de años de no escribir al fin puedo escribir de nuevo, el trabajo y otras cosas me mantenían sin creatividad. Se preguntaran porque hasta ahora, pero creo que no pude elegir mejor momento para volver a escribir. Actualmente estoy pasando una difícil situación de salud y creo que volver escribir es mi mejor medicina y terapia para poder superarlo y salir adelante.
