¡Hola, personitas! Finalmente les traigo un nuevo capítulo sin tener que esperar más de un mes. Así que deséenme suerte para seguir a este paso, porque pienso hacer una continuación de este fanfic. ;-)

¡Disfruten del capítulo!


Capítulo #7: ¡Ladrones!

Un golpe en la cara, dado por Naruto, bastó para que Sakura despertara, pero no se sentía enfadada. Había pasado una noche excitante con su amado. Algunos pensarían que era insignificante porque seguía siendo virgen, sin embargo, ella se sentía la mujer más feliz del mundo.

Su novio estaba dispuesto a esperarla y según Ino, eso demostraba que realmente la quería, respetaba y otros sinónimos que se usaría para la relación ideal que ella soñaba de niña.

—Naruto —dijo ella con voz ronca. No respondió.

Tenía su boca abierta y la baba salía como si no hubiera un mañana. Respiraba lento y con tranquilidad.

Cuando la mujer creyó que se despertaría, él solo se limitó a acomodarse de otra forma en la cama y soltar más saliva. Sufría de sueño pesado.

No hay nada más que hacer...

Se levantó y dirigió al baño. Había una regadera, un escusado, un lavabo, un espejo, lo indispensable, pero faltaba una buena baldosa y otra pintura. Parecía que nunca fue utilizada la habitación, aunque sorprendentemente estaba limpio. No había tierra, malos olores, pelusa, humedad, ni ropa tirada, como era de esperarse tres años atrás. De hecho, el departamento no era un desastre.

Sakura sonrió.

Naruto.

Conforme pasaban los años de relación, Naruto había cambiado, pero sin dejar su lado infantil y gracioso. Ahora era responsable y más calmado. No tanto como los demás, pero lo suficiente para dirigir misiones. Si continuaba así, Kakashi podría nombrarlo el siguiente Hokage. Tal vez era lo único que esperaban de Naruto, que madurara.

—¿Sakura-chan?

—Estoy en el baño.

Naruto se levantó con pereza de la cama. Se colocó sus pantalones naranjas y avanzó hacia el baño. Estaba la puerta abierta y su pareja se estaba acicalando el cabello. Él sonrió y la abrazó desde la espalda.

—¿Te gustó? —Besó su mejilla.

—Por supuesto —dijo la mujer sonriendo—. Fue la mejor...

No terminó su frase porque recordó un detalle muy importante. Sus padres.

¡No, no, no, no!

Ella corrió asustada hacia la cama y dejó al pobre muchacho confundido. La miraba buscar su ropa desesperada. En el suelo, bajo las sábanas y debajo de la cama.

—¿Qué pasa?

—¡Mis papás! ¡No les dije donde supuestamente iba a estar! —Observó el reloj de la pared. Ya eran las siete de la mañana y eso la ponía más nerviosa.

El hombre tenía un cosquilleo en el estómago, aunque no el que siente cuando está con Sakura. No, era la sensación cuando algo malo pasaba. Aceptó que tenía la culpa de la situación. La había invitado a su casa y estuvo insistiendo en aquellas pláticas informativas, además él tuvo que quedarse porque se dejó llevar por el momento.

—¡Me dejé llevar por el momento! —exclamó Sakura. Se estaba poniendo su ropa sin cuidado.

—No es cierto, yo fui —dijo decepcionado.

—Naruto, fui yo quien te tocó e insistió tener una noche íntima —Esta vez se estaba arreglando mejor el cabello.

Ambos tenían la culpa. Sakura inició, Naruto le hizo caso y ambos continuaron hasta el día siguiente.

—Lo siento —dijo casi susurrando.

—No te preocupes —Se acercó a su novio y le dio un beso en la boca.

—No puedes decirme eso cuando estás preocupada —dijo cruzándose de brazos—. No tiene sentido.

Cuando los padres de Sakura supieran sobre la aventura pervertida de su hija con el chico Jinchūriki les daría un paro cardíaco. No importaba que tuvieran tres años de pareja, porque lo más seguro es que su madre lo mandaría al hospital. Sí, una señora, que no ha recibido entrenamiento ninja como su hija, lo mandaría directo al hospital y le prohibiría a Sakura de no atenderlo. Mientras que el padre... Naruto no se imaginaba lo que haría, pero estaba seguro de que no sería castrado por él.

—No te pasará nada —Sonrió—. Te lo prometo.

Eso tranquilizó a Naruto Uzumaki. La sonrisa de su pareja era su debilidad.

—Está bien —le dio un beso—, pero si algo pasa. Aceptaré las consecuencias.

—No seas dramático —Se rió.

Avanzaron hacia la puerta y se despidieron con otro beso. Cuando Sakura se fue, el pobre chico decidió prepararse mentalmente para el sufrimiento.


Llegó a su apartamento. La mujer estaba en frente del balcón que dirigía a su habitación. Tenía la idea de entrar por ahí, para luego salir de su habitación como si todo el tiempo hubiera estado durmiendo, pero sus padres ya sabían aquel truco. Lo había aplicado para después del trabajo, sus citas con Naruto, salidas con amigos, entre otros asuntos.

Sakura suspiró enfadada.

Tenía veinte años y no tenía que demostrar que había llegado a casa. ¿Qué le pasaba? Ella quería ser independiente y tenía miedo de los regaños como cualquier niña.

¡Vamos, vamos!

Decidió ir hasta la puerta principal. Tocó la puerta con delicadeza y su madre la recibió en la puerta.

—Buenos días —dijo Mebuki—. Pasa, hija.

La expresión de la señora no era de enojo, como Sakura lo esperaba, sino una tranquila. Parecía que nunca había desaparecido el día de ayer. La mujer no estaba segura si daba más miedo la actitud extraña de su madre o el típico regaño.

—Buenos... días —respondió frunciendo el ceño.

Mebuki notó que su hija la había mirado raro, pero decidió hacer caso omiso. Prefirió continuar cocinando para su hambriento esposo y ahora también para su hija.

La muchacha se sentó a lado de su papá en la pequeña mesa del comedor. Él estaba leyendo su libro favorito llamado "Pequeñas pelusas". Uno de los tantos títulos extraños que su padre tenía en el estante de su habitación.

—Buenos días, Sakura —dijo sin despegar su vista del libro.

—Buenos días —respondió esperando a que llegara una pregunta como: "¿Dónde estuviste toda la noche?".

Kizashi dejó el libro en la mesa. Su hija miraba la mesa con detenimiento.

—¿Por qué tan callada? —dijo el señor—. ¿Muy cansada del trabajo?

Los ojos de Sakura se iluminaron y trató de no sonreír. Al parecer sus padres creían que estuvo trabajando sin cesar en el hospital de Konoha y no los culpaba de creer eso. A pesar de que Tsunade nunca antes le había pedido quedarse veinticuatro horas a menos que fuera una emergencia. Todos sabían que la quinta era una mujer estricta y dura, especialmente en su trabajo como directora del hospital.

—Sí, fue una noche muy pesada.

—Bien, no me cuentes nada sobre eso —dijo con rapidez el hombre—. Ya sabes que no me agrada saber sobre las enfermedades, la sangre, todo lo relacionado a los hospitales.

Sakura sonrió y sintió que se iba un peso de encima. Comenzó a platicar con su padre de otros asuntos ajenos a la medicina y empezó preguntando de qué trataba el misterioso libro de "Pequeñas pelusas". Su madre, al poco tiempo, sirvió la comida y las bebidas. Dieron las gracias y se dispusieron a comer.

El momento de desayuno marchó bien, pero hubiera sido perfecto si tan solo no hubiera recordado que ese día recibiría su pago del trabajo. Sakura pensó que tal vez ya habían tomado su dinero justo cuando lo dejaron en el buzón. Por lo que salió de su casa en busca de su pago.

Corrió por pasillos y escaleras hasta llegar a un cuarto con casilleros para el correo. Buscó el número 460 y sacó las llaves que siempre traía consigo, uno de estos era dorado y tenía el mismo número que el buzón.

No fue sorprendente que ahí estuviera una carta semi-abierta y con unos cuantos billetes.

La mujer hizo un ruido parecido al gruñido de un animal. Apretó el dinero que quedó y los guardó en su bolsillo.

Sintió una energía fluir por su cuerpo, un aura negra. Si no recibía una respuesta pronto, sus allegados se arrepentirían porque ya no contenía a su "Yo", antes conocido por ella como su "Lado Interno."

Volteó con enojo y miró a un hombre que no había notado, pero sabía que estaría ahí porque cuidaba lo que entraba y salía de los casilleros. ¡Él había asegurado no estar involucrado con el robo constante! ¡¿Cómo se atrevía a ser un guardia y estar involucrado en un delito?!

—Creo que ya lo notó —susurró con miedo.

—¡¿Notar que tengo menos dinero por su culpa?! ¡Obviamente!

El guardia tenía miedo de su vida. Él estaba ante la kunoichi más poderosa y fuerte del mundo y la había traicionado. Tenía que decidir entre la muerte o la verdad, obviamente era la segunda opción.

—¡Juro que solo dejé a sus padres tomar...!

—Mis —Hizo una pausa— padres.

El sujeto pedía piedad y decía otras cosas que Sakura simplemente no escuchaba porque no quería prestarle atención. Lo único que quería era regresar a su apartamento para enfrentar a sus padres.


Espero que les haya gustado, porque aunque no lo crean, me costó escribirlo por el simple hecho de la procrastinación y mi obsesión por no repetir palabras (aunque termine cada capítulo, de todas formas sigo creyendo que repito todo, independientemente de que así lo sea o no).

Si tienes algún comentario, pueden decírmelo. :D

¡Nos vemos! ¡Que tengan un lindo día, noche, tarde o lo que sea!