Hola, queridos lectores. Lamento haber dicho que actualizaría pronto, sin embargo, pasé por unos problemas familiares y personales que se interpusieron en mi estado de ánimo. Espero que entiendan. Muchas gracias a quienes esperaron con paciencia.
¡Disfruten el capítulo!
Capítulo #8: Las apariencias engañan
Sakura estaba mirando fijamente a sus padres, Kizashi y Mebuki Haruno. Ella tenía sus manos sobre la cintura, sus ojos fulminaban y su aura negra daba miedo, al menos eso sentía el señor. En cambio, la mujer estaba preparada para decirle la verdad y el miedo nunca cruzó por su mente. Sabía que su hija nunca sería capaz de actuar agresivamente en su contra, más que gritar.
—Hija —dijo Mebuki.
—Mamá, papá —respondió entre dientes.
La voz de amenaza no hizo efecto en Mebuki. Sabía que hacer en estos casos.
—Tranquilízate o no obtendrás respuesta.
Sonrió. No fue un gesto cualquiera, sino uno falso, con la intensión de que se notara su disgusto.
—Bien —dijo la señora.
La energía que rodeaba el cuerpo de Sakura disminuyó.
—Bien —dijo la chica cruzando sus brazos —. ¿Qué es lo que pasa?
La chica no podía creer que su familia estuvo engañándola desde quien sabe cuál momento. Ella estuvo trabajando por un año para poder salir de su actual hogar y sentirse más independiente. El dinero que recibía era bastante a comparación de sus inicios trabajando en el hospital de Konoha, ahora tenía un mejor puesto y además, las misiones importantes también aportaban una gran cantidad de saldo. Sus esfuerzos tendrían que valer la pena y no ser ignorados a causa de Kizashi y Mebuki.
—Te construimos una casa con tu dinero —dijo Mebuki.
Sakura se quedó callada. ¿Había escuchado bien?
—¿Con mi dinero?
Construyeron una casa para ella con su dinero. Sería un mejor regalo si no hubiera sido hecho con a costas de sus esfuerzos en el trabajo. Un cumpleañero no recibía regalos pagados con su propio dinero, ¿verdad?
No tenía sentido lo que estaba pasando, especialmente porque su cumpleaños no estaba cerca, ni siquiera un día festivo.
—Explíquense.
Su aura letal ya no la envolvía, por lo que Kizashi sintió la suficiente seguridad para contarle lo ocurrido.
—Nosotros construimos la casa que tanto planeaste desde que tenías 12 años.
Sakura se avergonzó y eso se transformó en ira. Sus padres habían espiado sus cajones, en su diario de la infancia, donde casi todo lo escrito era sobre "¡Sasuke-kun!". Alguna vez plasmó sus sueños de una familia Uchiha-Haruno y entre las hojas, una vez dibujó una casa, su "futura casa".
Aquel cuaderno lo conservaba por nostalgia, para analizar lo que ha pasado por su vida y sus cambios emocionales y psicológicos. Pero ahora estaba considerando seriamente en mantenerlo solo en sus recuerdos.
—¡Espiaron en mis cosas!
El señor se quedó paralizado, esperando a que su hija lanzara algún objeto por la ventana o hiciera otra locura, pero Mebuki decidió tomar acción en el asunto.
—Sí.
Aquella respuesta desató nuevamente la energía negativa de Sakura. El ambiente se sentía pesado. La señora sabía que esto no llevaría a un desastre, confiaba en sus habilidades de madre y mujer fuerte.
—Queremos que cumplas tu sueño de ser independiente —dijo Mebuki.
La muchacha se quedó boquiabierta.
—Usamos tu dinero porque insistías en que tú serías quien compraría una casa y espiamos entre tus cajones porque queríamos que fuera perfecto el regalo.
Pudieron haber robado su dinero y engañarla, pero debía aceptar que sin sus padres tal vez nunca habría tomado la iniciativa de construir esa casa.
Sus planes en la vida eran conseguir un lugar para quedarse a vivir, tener un mejor puesto de trabajo, mejorar sus técnicas de curación y lo demás vendría después. No pensaba en establecer una casa grande porque lo esencial era que ella subsistiera. Ni siquiera tenía en mente la palabra "familia".
—Aunque hicimos unos arreglos a tu casa perfecta, como el cambiar a un Uchiha por un Uzumaki.
—¿Qué? —El rostro de la kunoichi se puso rojo. Al parecer querían que Naruto fuera el hombre que la acompañaría en su vida.
—Vamos caminando a tu casa mientras te explicamos lo demás.
"Tu casa". Aquello parecía un sueño hecho realidad.
—Bien, todo empezó con tus berrinches...
La explicación fue satisfactoria, aunque no hubiera llamado berrinches a querer independizarse lo más pronto posible. Sí, se quejó, pero era una reacción normal si desaparecía gran parte de su paga.
Sakura consideraba que su dinero debía ser reembolsado, sin embargo, no tenía sentido si ella quería una casa conseguida por sus recursos. Tendría que dejar pasar el asunto y esperar que la casa tan si quiera se pareciera a la que dibujó o que fuese mejor. ¿Tanto habían tardado en construir la casa como para robarle por un año? La casa era muy simple. Color rosa, dos ventanas, una puerta, un techo y además un jardín que consistía en un árbol de cereza.
—Antes de que mires la casa, tenemos que decir algo —dijo Mebuki.
Sakura frunció el ceño. Como le robaron el dinero ya no le sorprendería que la casa no existiera.
—No te preocupes —dijo Kizashi de inmediato—, es que será muy incómodo si entramos contigo.
La chica se confundió más.
—¿De qué hablan?
—No te pongas a la defensiva, hija —dijo la madre—. Hay una sorpresa en el interior de la casa.
—¿Muebles? —Arqueó una ceja.
Los padres miraron a su hija fijamente y luego se lanzaron una mirada confidente. Ambos sonrieron. Se sentían orgullosos de su plan. Sin importar que Kizashi casi sufría de infartos y ataques gracias al enojo de su hija.
—Camina más hacia delante y mirarás tu casa —dijo Kizashi.
—Pero…
—Solo ve —Interrumpió Kizashi con una amplia sonrisa.
Por fin sintió confianza. No parecía una mentira.
—Gracias —Los abrazó.
—No deberías agradecernos… Recuerda que robamos tu dinero —dijo su madre.
Sakura se rió.
—No arruines el momento, mamá.
—Sabes que tu madre es así —dijo entre risas.
—Calla, Kizashi —respondió la señora.
Sakura se despidió y caminó hacia delante.
—Vámonos —dijo Kizashi.
La pareja se tomó de la mano, dio media vuelta y regresó a su hogar.
¡Que tengan un lindo día, noche, tarde o lo que sea!
¡Nos vemos!
