Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Una disculpa por la tardanza, pero tuve bastantes inconvenientes que me impedían actualizar.

Antes que nada quiero agradecer por todo el apoyo que me han dado para con mis historias. Gracias a todos y a todas.

A leer.

Capítulo 3: Recuerdos Letales

Flashback

Edward POV

Tanya me da un último beso antes de irse a su entrenamiento de porristas.

Nos vemos luego, bebé –me guiña un ojo y se va corriendo. –Voy a vengarme de lo que me hiciste anoche –grita.

¡Hey! –Grita el entrenador seguido de sonar su silbato– ¡Cullen a tu posición! ¿O es que piensas quedarte todo el día viéndole el trasero a tu novia?

No entrenador –respondo y me apresuro a colocarme en mi lugar.

Me coloco en mi lugar y le digo al resto del equipo el plan de jugada.

A mitad del entrenamiento estoy a punto de marcar un primero y diez* cuando Alec Vulturi me derriba sin más golpeándome una costilla y haciéndome salir del campo de juego.

El entrenador suena el silbato –¡Eh, Vulturi! ¿Pero qué te crees que estás haciendo? No tienes que atacar a alguien de tu equipo ¡cualquiera sabe eso!

¡Fue un accidente! –dice Alec.

Pero yo sé bien que fue a propósito. Entre nosotros no nos soportamos y no ocultamos nuestro desagrado mutuo.

El resto del entrenamiento me quedo en la banca, y al término del partido el entrenador me llama.

¿Te sigue doliendo?

No, ya estoy bien.

Me alegro. Quería decirte que ejecutivos y técnicos de los Gigantes vienen mañana para verte jugar, no planeaba decírtelo. Quería que fuera una sorpresa pero te lo digo para que te revises el hombro y las costillas. Tienes que lucirte Cullen.

No trato de esconder mi emoción y suelto un silbido –Claro que sí, entrenador. Muchas gracias.

Yo no hice nada. Todo lo hiciste tú –se me acerca para hablarme– Y cuídate de Vulturi. Después de ti él es el mejor que tenemos en el equipo.

No se preocupe.

.

.

.

Acabo de salir de la ducha y abro mi locker para vestirme. Encuentro un post-it rosa pegado en un lateral.

Te espero ésta noche en el Auditorio.

Atte.: Tu peor pesadilla ;)

Sonrío. Tanya si que está decidida a vengarse por la vergüenza que le hice pasar ayer en la noche en casa de sus padres.

Va a ser divertido. Pienso.

Así que te vas, Cullen –dice Alec golpeándome el hombro.

¿Irme?

Escuché que los Gigantes te quieren.

Pareces una niña chismosa Alec, pero sí, es cierto. ¿Qué esperabas? Soy lo mejor.

Alec hace una mueca– Suerte y… –chasquea la lengua– Esperemos que no pase nada ¿bueno? Puedo ver tu futuro y tienes una racha de mala muerte que no me gusta.

¡El médium ha hablado! –Exclamo– Dime ¿podrías leer mi mano? –le muestro mi palma con burla.

Alec retrocede unos cuantos pasos –Tu línea de vida está un poco corta Cullen. Cuídate –se da la vuelta con una sonrisa idiota en el rostro.

Los demás chicos se quedan en silencio hasta que Alec desaparece, luego, cuando ya no hay moros en la costa uno de ellos, Newton, me hace una mueca.

Ese tío te amenazó –dice– ¿No tienes miedo?

¿De qué? Ni que fuera a matarme.

Emmet suelta una risotada –Obvio que no. Ése idiota no tiene las bolas, pero sí que puede hacerte algo para arruinar tu exhibición de mañana.

Gracias por preocuparse, pero estaré bien ¿bueno?

¡Deslúmbralos tío! –grita James– ¡Sabes que eres el ídolo de todos nosotros, hasta del chico Vulturi!

Estoy acostumbrado a deslumbrar, no me costará mucho trabajo.

¡Jodido engreído serás! –Emmet me baja la cabeza y me da un golpe en la cabeza– Pero te amo –me da un beso en la frente.

¡Puaj, Emmet! ¿A caso no tienes a Rosalie para eso?

Oh, sí. Mi rubia de revista. ¿A que es divina?

Si tú lo dices…

Ya la quisieras Cullen, pero a ti te gustan flacuchas ¿no? Tanya es el claro ejemplo.

Cierra la boca, McCarty.

Ciérrala tú, Cullen, que estás que babeas. Los dejo chicos, me voy con mi chica –se despide.

Poco a poco el lugar se va vaciando mientras yo pienso en lo que Tanya va a hacerme ésta noche.

¿Qué tendrás planeando, eh?

OoO

¿A dónde crees que vas a esta hora, jovencito? –Esme me bloquea la puerta.

Quedé con Tanya, mamá.

Inmediatamente se le dibuja una sonrisa en la cara –Ah, bueno. Entonces que tengas suerte, esa chica es muy linda. Dile que cuando pueda venga a cenar.

Se lo diré, mamá –le doy un beso en la mejilla y una vez fuera de la casa tomo el auto en dirección al instituto.

.

.

.

Hay un solo reflector prendido sobre el escenario y el resto está a oscuras. No es la primera vez que Tanya y yo quedamos en la escuela a estas horas.

Lo consideramos una aventura sexual bastante estimulante. Ya lo hemos hecho sobre los escritorios de varios profesores, en los laboratorios e incluso en los vestidores de mujeres y de hombres.

Me quedo de pie frente al escenario esperando que Tanya salga en cualquier momento, pero en vez de eso recibo un fuerte golpe en la cabeza con lo que parece ser una pelota. Cuando bajo mi mirada al suelo encuentro un balón de americano. Lo recojo.

Oye, nena. Lo siento ¿bueno? Sé que estuvo un poco mal lo que hice pero auch. Eso dolió, no sabía que tenías tanta fuerza –hablo al aire– Vamos, cariño. Sal ya.

Pero entonces escucho ruidos sordos, como de pasos, a mis espaldas. Me doy la vuelta.

¿Alec? –digo extrañado– ¿Qué carajos…? ¿Dónde está Tanya?

Él me sonríe– Vaya Cullen. No eres muy inteligente que digamos. Creo que has pasado más tiempo ejercitando tus bíceps que tu cerebro.

Deja ya los insultos de niña idiota, Vulturi. ¿Dónde está Tanya?

Me rueda los ojos y gruñe –¡Ella no vendrá, idiota!

Pero la nota…

Atte. Tu peor pesadilla –musita– ¿Qué te hizo pensar que era Tanya?

Tú, niña cotilla, sabías perfectamente el "problemita" que estábamos teniendo Tanya y yo y te colgaste de eso. Sabías que vendría porque sabías que pensaría que Tanya me había dejado la nota.

Él aplaude –Bravo, Cullen. Al fin has echado andar esa cabeza que, hasta hace un momento, pensé que no servía para otra cosa más que para cargar tu cobrizo cabello de comercial.

Me estás haciendo perder tiempo. Te dejo, Vulturi –doy un paso hacia adelante y entonces él saca una pistola de la parte trasera de sus pantalones.

Tú te quedas en donde estás, Cullen. ¿Ok?

Le enseño las palmas –Eh, Vulturi, te estás pasando.

¿Pasándome yo? –me apunta con el arma– Tú te has pasado conmigo desde que éramos niños, así que no le hagas al idiota. Soy un buen hijo, un buen amigo, un buen estudiante, un buen novio, un buen chico, un buen jugador… pero nunca lo suficiente a tu lado. Y tú… en vez de que trataras de ser mi amigo, o al menos llevarte bien, me humillaste.

Estás exagerando las cosas ¿bueno? Además fuiste tú el que empezó la guerra ¿lo recuerdas? En octavo grado fuiste al baile de San Valentín con la chica que todo el mundo sabía que me gustaba y tú me la quitaste, además, los profesores siempre te prefieren a ti. Eres el más listo. ¿De dónde sacas que yo te humillo?

¿Y ahora es cuando vienes a hablarme como amigos, no? Mal momento, Cullen. Un poquito demasiado tarde.

¿Esto es por lo de los Gigantes, no?

Por todo, Cullen, por todo.

No puedes matarme. Todo el mundo se va a enterar.

Mi padre tiene contactos, Cullen. No te preocupes por eso, si acaso saldrás en algunos periódicos y en televisión local por máximo dos semanas. Luego el mundo se olvidará de ti.

En ningún momento siento miedo. Papá me dijo que el miedo era para los débiles. Veo los rostros de todos mis amigos, mi familia y mi novia pasar por mi mente. Incluso pienso en la niña con brackets de sexto grado a la que le di mi primer beso. Alec Vulturi iba a matarme ¿quién iba a pensar que terminaría así? Adiós Gigantes, adiós universidad, adiós papá, adiós mamá…

Dale, Vulturi. Estoy listo.

¿Quién lo diría? Bien dicen que conoces verdaderamente a una persona cuando son sus últimos instantes. Edward Cullen se da demasiado pronto por vencido.

No estoy rindiéndome, grandísimo idiota. Sólo estoy cediendo.

¿Ni siquiera tratarás de salir corriendo o pedir ayuda?

No te voy a dar esa satisfacción, Alec. ¿Quieres que te ruegue? ¿Qué me arrastre por los pasillos implorando ayuda? ¿Pidiéndote perdón? Esto no es una jodida película cutre de las que a ti te gustan.

Vale, Cullen. Te daré puntos por eso. Dignidad hasta la hora de tu muerte. Y que conste que yo no quería hacer esto ¿bueno?

Extiende la mano y comienza, en cámara lenta, a apretar el gatillo.

Jamás, idiota. Pienso y entonces le doy un puñetazo en la cara y le tiro el arma al suelo, pero el maldito sabe artes marciales o alguna mariconada de esas y se levanta con insultante facilidad del suelo.

Por un momento pensé que no darías pelea, Cullen. Pero te crees demasiado superior ¿no es así?

Siempre voy a ser superior a ti, al menos. –Ahora sí, viendo su cara de furia descontrolada, sé que esto fue todo. Me apunta con el arma y me sonríe.

Nos veremos en el infierno, Vulturi –le digo.

Un instante después siento frío en una parte determinada de mi cuerpo: el pecho, justo en el corazón. Caigo al suelo, y aun estoy lo suficientemente consciente como para alcanzar a ver a Alec tumbarse a horcajadas sobre mí y apuñalarme en el estómago.

No quiero ser dramático, pero creo, y siempre creeré que no merecía morir tan joven. Merecía un poco más. Merecía ir a la universidad o jugar para los Gigantes, casarme o algo por el estilo. Ni siquiera pude despedirme de nadie.

Pienso en la cara de Esme cuando salí de casa. Fue el suyo el último rostro de un ser amado que vi.

Todas estas ideas pasan por mi cabeza en un borrón. Casi puedo sentir físicamente como mi alma me abandona. Entonces respondo la respuesta que el profesor de filosofía nos dejó de tarea.

Y la respuesta es sí, profesor Sommers, sí tenemos alma.

FIN FLASHBACK

Me mira por primera vez desde que comenzó a hablar.

–¿Y… qué piensas? –pregunta.

–¿Sobre qué?

Alza una ceja –¡Pues sobre lo que acabo de contarte!

–Ah, bueno. En que definitivamente los post-it no deberían existir.

Me muestra una perfecta hilera de dientes blancos en forma de sonrisa –¿Te relato mi propio asesinato detalladamente y tú solo reparas en una simple nota?

–No es una simple nota –explico– Es un "post-it". Piénsalo. De no existir los post-it no hubiera habido nota.

–Lo hubiera podido escribir en un trozo de papel, no tiene importancia.

–Claro que sí. De haber sido escrita en un pedazo de papel cualquiera, hubiera sido muy difícil hallar algo que pudiera pegarlo al interior del locker. Ni el pegamento de barra ni el tape hubieran funcionado. Las duchas siempre están calientes y eso debilita fácilmente el pegamento de la barra o de la cinta, además ése tal Alec necesitaba pegar esa nota con rapidez. Haberla pegado con cualquier otra cosa hubiera requerido tiempo. Tiempo que él no tenía.

–No necesariamente tenía que pegar la nota, la pudo haber dejado sobre el suelo interior del casillero y punto.

–Al abrir el casillero el golpe de aire muy probablemente hubiera hecho volar la nota y tú jamás la habrías visto. Jamás hubieras regresado ése día a la escuela por la noche y él no podía arriesgarse tanto. Se tomó demasiadas molestias, Edward. Lo planeó todo muy bien.

–Le quedó fácil averiguar lo mío con Tanya, él era una niña chismosa –arruga la nariz.

Sonrío porque en su voz suena bastante cómico. Luego, cuando me sereno, le pregunto:

–¿Y cómo fue que descubriste que eras un fantasma?

Edward silba –Eso fue bastante aterrador. No sé cuánto tiempo había pasado desde que Alec me dejó ahí; me sentí como si nada hubiera pasado y me levanté del suelo. Cuando vi hacia atrás de mí fue horrible. Mi cuerpo estaba irreconocible. Mi piel azul y sangre por todas partes. No entendía lo que estaba sucediendo, pensé que era una pesadilla. Eché a correr hacia la salida de la escuela… pero cuando salí… inexplicablemente volvía a estar adentro. Fue como caminar en círculos. Grité por horas y horas y me asombró no quedarme afónico. También lloré mucho con desesperación e incluso corrí por toda la escuela para ver si había alguien. Regresé junto a mi cuerpo y me senté justo donde estoy sentado ahora, aún pensando que era una pesadilla y que si me quedaba quieto despertaría en cualquier momento en mi habitación. Supe que algo estaba verdaderamente mal cuando a eso de las seis de la mañana la señora de la limpieza vino y gritó muy alto cuando vio el desastre de sangre y mi cuerpo. La policía por fin llegó y había mucha gente hablado y diciendo cosas como: "masculino" "17 o 18 años" "9 heridas de arma blanca en todo el tronco inferior, herida mortal de arma de fuego a la altura del corazón" Yo gritaba y gritaba y nadie me escuchaba ni me veía… era invisible. Cuando en realidad me di cuenta de todo fue cuando el Director de esos años, el Señor Atkins, que era un hombre en exceso amante del esoterismo y esas cosas, mandó llamar a una gitana o algo parecido; ella dijo que sentía mi presencia y que mi alma se había quedado atorada. Hizo un ritual para invocarme, pero yo me escondí detrás del telón, demasiado asustado para salir. Con el tiempo se volvió un poco más fácil.

–¿Cómo lo tomó la escuela? –pregunto. Edward tiene los ojos vidriosos.

–Fue un tremendo escándalo. Más porque la versión que todo el mundo sabía era la del suicidio. Tanya lloraba muchas veces durante el día y se le veía bastante mal, escuché cuando le contaba a sus amigas sobre sus planes para dejar la escuela, pero sus padres no se lo permitieron porque ella era la capitana del equipo de porristas y tenía "responsabilidades" para con el instituto. Mis amigos no reaccionaron mejor. Incluso cuando ganaron el trofeo de la temporada me dedicaron el trofeo a mí, hasta tiene mi foto. Lo único bueno, quizás, es que en ese momento me di cuenta de cuánta gente realmente me quería. La última vez que vi a mi familia, o al menos a papá y a mamá, fue una semana después de mi muerte. Los estudiantes montaron una especie de altar en mi nombre en el pasillo principal y Esme y Carlisle vinieron a "donar" una foto mía y dejaron algunas flores. Por lo que vi, mamá estaba bastante hasta el tope de pastillas y Carlisle solo la sostenía y mantenía su mirada en el suelo.

–¿Lloraste?

–Aún lloro a veces, no soy de piedra.

–Eres una especie de gas –bromeo– Al menos es la consistencia que todo el mundo cree que tiene el alma.

Menea la cabeza –Tienes un humor bastante refrescante. Y acepto que tienes tu parte de razón en lo del post-it.

De un brinco bajo del escenario –Tengo toda la razón del mundo. Ahora, chico fantasma, ¿no vas a darme un tour por la escuela?

–Será un placer, emo.

.

.

.

–Ahora sí es tu turno de responder.

–¿Responder qué?

–Tú me llenaste de preguntas, ahora yo haré lo mismo.

Ruedo los ojos –Vale, dispara.

–¿Te cortas para controlar tu dolor?

–Sí –aprieto la boca.

–Sé más explícita.

–¿Cómo? ¿Enseñándote mis bragas? –ladeo la cabeza.

–No voy a negar que ésa idea me hace ilusión, pero por el momento sé explícita con tu respuesta.

Su contestación me deja unos cuantos segundos sin habla.

Carraspeo –De acuerdo. Sí, me corto para controlar mi dolor porque a lo largo de mi vida me ha pasado tanta mierda que lo siento necesario.

–¿Qué te pasó?

–Creo que esa es una conversación para otro día.

–Absolutamente no. Me lo dirás todo ahora. Te dije que quería ser tu amigo y ayudarte. No voy a juzgarte ¿bueno?

Exhalo largamente antes de responder.

–Mi mamá se ha casado y divorciado varias veces ¿ya? Y… Agh, maldición… La mayoría de ellos, si no es que todos, me maltrataron de distintos modos. –Acelero mi paso para atravesar la cafetería.

–¿Maltratarte cómo? –me toma el brazo y lo entrelaza con el suyo. La respiración se me acelera.

–No hay muchas maneras en las que una persona pude maltratar a otra persona –explico.

–¿Psicológicamente? –pregunta.

Asiento –Tooodos ellos.

–¿Verbalmente?

–Vaya que sí.

–¿Físicamente?

–Algunos, a veces.

–¿Mentalmente?

–No sé cómo pueda ser eso pero pongamos que sí.

–¿S…sexualmente?

Me sorbo la nariz ¿en qué jodido momento empecé a llorar?

–Algunos de ellos, por las noches cuando mamá dormía o por los días cuando mamá trabajaba. Daba igual.

–Jamás lo hubiera imaginado –susurra– Te ves tan ruda que cuesta pensar que hayas permitido eso.

–Hace ya un tiempo que no pasa. Cuando comencé a tener suficiente fuerza empecé a golpearlos… a uno incluso lo mandé al hospital.

–¿Qué le hiciste?

–Le di a tomar limpiador de pisos. Se lo mezclé en el refresco.

–¿Y aún te duele?

–Los moratones se quitan rápido, Edward. ¿O es que ya se te olvidó cómo funciona el cuerpo humano?

–No me refiero a las marcas físicas. ¿Todavía te duele el recuerdo?

–Pues por supuesto que sí, no soy de piedra.

–Habría pensado que sí, pero eres más bien como el ónix; una piedra semipreciosa.

–Y oscura.

–Pero también puede tener otros colores claros y rojizos.

–Esos ya no se llaman ónix, esos son sardónices.

–¿Inteligente también, eh, ónix?

–¿Vas a empezar a llamarme así?

–Tú me llamas "chico fantasma" y me haces partícipe de todo tipo de bromas crueles así que por qué no.

–Hum… bueno –encojo los hombros– Al menos eso es mejor que "emo" u "oscura".

Pasamos frente a los laboratorios y entorno los ojos.

–Oye ¿y las mesas siguen siendo las mismas?

–¿A qué te refieres?

–Me dijiste que Tanya y tú…

–Ah –se ríe– Ya te entiendo. Sí, siguen siendo las mismas.

–Puaj –meneo la cabeza.

–Son bastante cómodas cuando encuentras la posición correcta, aunque un poco frías.

Me tapo los oídos –Suficiente información, Edward –Miro la pantalla de mi celular– Y creo que ya es hora de irme.

–¡No! –exclama, luego recompone la voz– Quédate un poco más ¿bueno?

–De acuerdo, pero sólo un rato más. No quiero amanecer aquí.

Se le nota cierto alivio en el rostro.

–¿Y cómo te entretienes tú por las noches?

–Recorro la escuela varias veces, escribo cualquier cosa en el pizarrón e incluso, cuando mi aburrimiento me supera, saco las cosas de la bodega de limpieza y limpio los pisos y las superficies.

–Edward Ceniciento Cullen ¿eh?

–Sigo esperando a mi hada madrina –responde.

Yo me doy una vuelta y extiendo los brazos –Pues tendrás que conformarte conmigo. Un hada madrina dark.

–De hecho, me vas bastante bien.

–Pues debo decir que estás en el top de mis fantasmas preferidos. No hiciste tanto escándalo como el resto.

–¿Conoces a muchos?

–Algunos, sí. La última era una perra total.

–¿Qué te hizo?

–Ella es el motivo por el cual estoy aquí. Mató a todas las mascotas de mi mamá, rompió todos los platos, ahogó las rosas del jardín en agua y por último hizo correr a la última conquista de mamá.

–Pufff… y supongo que tu mamá pensó que habías sido tú.

–Obviamente… pero no toda la culpa la tiene Ceci. Nunca le he importado mucho a mi madre y ella sólo esperaba la oportunidad de mandarme lejos.

–¿Y te gusta Forks?

–No mucho. Verás, de por sí ya soy bastante depresiva y éste pueblo, lleno de nubes y lluvia, no ayuda.

–Forks es sombrío, pero a veces es bastante genial. ¿Ya fuiste a La Push?

–Nadar no me va. Además estoy segura de que cualquiera que me vea en traje de baño me demandaría por daño a la retina.

–Te juzgas demasiado fuerte a ti misma. Estoy segura que bajo toda esa ropa oscura y masculina se esconde una increíble figura.

Hago un esfuerzo sobre humano para no lanzarme hacia él y hago lo que mejor sé hacer.

–¿Sabes qué es lo más triste?

–¿Qué?

–Que nunca lo vas a poder averiguar, Cullen. Me tengo que ir.

–¿Tan pronto?

–Pasa de la una de la madrugada. Traigo una bicicleta ¿sabes lo que es ir por carretera a esta hora en un vehículo de dos ruedas?

–Supongo que es bastante peligroso. ¿No prefieres esperar a que amanezca?

–¿Y que haga más frío? No, no, no. Me voy.

–Vale. Hasta dentro de un rato.

Le hago la señal de "amor y paz" y me doy la vuelta.

–¡Adiós ónix!

–¡Adiós Casper!

Estoy a punto de salir de la escuela cuando él me bloquea el paso.

–¡Eh! ¡Me tengo que ir! –reclamo.

–¿Sabes? me has hecho bastante mal. Voy a sentirme muy solo otra vez.

–Voy a traerte una foto mía para cuando nos volvamos a ver ¿bueno?

–Tengo una mejor idea.

–¿Ah sí?

–Dame tu número de casa.

–¿Para qué?

–Pues para poder llamarte –dice como si yo fuera tonta.

Pongo los ojos en blanco –Vale, espero que tengas buena memoria porque no tengo bolígrafo. Es 360-374-2112. ¿Lo tienes?

–Es bastante sencillo. Lo tengo.

–Bueno, ahora sí, quítate.

–Vale ónix. Hasta luego.

–Adiós.

OoO

Llego a casa y vuelvo a trepar por el árbol. Charlie no ha reparado en mi ausencia.

Estoy a penas acostándome, con el pijama ya puesto y entonces el teléfono suena.

–¿Si?

–Llegaste sana y salva, ónix.

–¿Edward? ¿Qué carajo? ¿Sabes qué hora es?

–Tú me diste el teléfono.

–Pero no sabía que ibas a llamar al instante.

–No fue al instante. Esperé una hora.

–Vale. No voy a colgarte porque sé lo que se siente estar solo. ¿Desde dónde me estás llamando?

–Desde las oficinas de Coordinación. ¿Tu padre se dio cuenta de que llegaste tarde?

–No. Está durmiendo.

–Así que podrían matarte y tardarían al menos un par de meses en darse cuenta de tu ausencia… –musita.

–¿Planes asesinarme para así dejar de estar solo?

–Creo que me voy acostumbrado a tus bromas y a tu cruel sentido del humor.

–No te queda de otra, Casper. Soy tu única amiga.

–En algún momento llegará otra que también pueda verme y entonces dejaré de molestarte.

No voy a negar que su comentario me lastima. El hecho de pensar en otra chica… Un momento ¿estoy CELOSA?

–Pues suerte con la espera. Mi abuela dice que solo nacen menos de cien personas alrededor del mundo cada diez años con ésta cualidad.

–Suerte que tengo toda la eternidad.

–¿Tienes la paciencia?

–Creo que no. Antes de ti pensé que no había personas en el mundo que pudieran verme. Y ahora que llegaste sólo tengo un año contigo.

–Un año pasa lento.

–Cuando has vivido tanto como yo, congelado en el tiempo, un año no es nada.

–No pienses en eso. Pensar en el futuro solo sirve para torturarse.

–Tengo una pregunta que hacerte.

–Si es sobre mi vida vete al infierno.

–No, no es sobre ti. Es sobre mí.

–Vale, dispara. Ups, perdón –río.

–Ah Bella… bueno el punto es ¿por qué no me… fui al cielo o algo así? ¿Por qué me quedé aquí?

–Ésta sesión de espiritismo va a costarte, Cullen.

–Un beso a cambio, si quieres dos. ¿Suficiente? –dice con voz seductora.

–Déjalo así, Cullen.

–No quiero tener deudas contigo.

–No las tendrás.

–Realmente creo que es necesario besarte.

–Voy a colgar.

–Está bien, como quieras. No sabes negociar, Bella.

–No me hace falta. Ahora ¿vas a dejar que te conteste?

–Te escucho.

–Cuando la gente joven muere de manera inesperada en accidentes o asesinatos es muy común que su alma se quede entre los dos mundos, por decirlo así. Esto sucede porque no esperaban su muerte y dejaron cosas inconclusas importantes, por hacer. En tu caso, por ejemplo, no hiciste nunca esa exhibición ante los ejecutivos de los Gigantes de Nueva York, no te despediste de tus seres queridos o en fin. Y bueno, la única manera en la que eso se puede solucionar, es decir, la única forma en que tú te vayas al cielo, es realizando esa cosa que quedó inconclusa.

–¿Y cómo voy a hacer eso? Ni aunque consiguiera reunir de nuevo a la junta directiva de los Gigantes lograría concluir mi "misión". Soy un fantasma. Nadie, a excepción de ti, puede verme.

Su voz llega solo como un eco a mi cabeza, porque estoy pensando en otra cosa.

–Bueno, existe otra manera, pero no voy a decírtelo ahora. Es algo más complicado que cualquier equipo de americano.

–Bella, no hagas esto. Dímelo ahora.

–Lo siento, no voy a hacerlo. Te lo diré hasta que llegue a la escuela. Faltan unas horas para eso ¿podrías esperar?

–Hum. De acuerdo.

–Vale, buenas noches.

Cuando cuelgo el teléfono me quedo mirando a ningún punto en particular. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si la idea que tengo es muy arriesgada? Sin embargo, se que ya no puedo echarme para atrás.

OoO

Espero que os haya gustado.

Un beso.

Amy W.