A leer.
Capítulo 4: Confesiones.
Realmente contemplo la idea de no ir hoy al instituto, luego recuerdo que me maté haciendo la tarea de trigonometría; así que me levanto y me preparo para irme.
Me encuentro a papá sentado tomando una Coca-Cola y aprieto la boca en una línea.Diablos.
-Buenos días, papá.
-Hola, Bella -responde- ¿Quieres cereales o tostadas?
-La verdad no tengo mucha hambre, creo que solo tomaré jugo.
Asiente con la cabeza y nuestra conversación muere allí.
Los escasos minutos que tardo acabándome mi vaso de jugo son, sin duda, de los peores momentos de silencio incómodo de la historia.
A veces me gustaría tener una mejor relación con papá, pero sé que simplemente eso jamás podrá ser. Él y yo somos almas viejas y cansadas no aptas para la comunicación social.
-Me voy -anuncio.
-¿Tienes dinero para el almuerzo?
-Sí -miento- Adiós.
-Tu madre llamó -dice a bocajarro.
Me muerdo la mejilla interna y meneo la cabeza suavemente.
-Dijo que no iba a poder volver a llamar durante un buen rato; se va a mudar a Texas y supuestamente las llamadas son demasiado caras.
-Vale -susurro. Sinceramente no es algo que me preocupe.
Charlie apoya los codos en la mesa y suelta un bufido.
-Le dije a tu madre que sería bueno que al menos se despidiera de ti, ya que no hablaran por un tiempo.
Oh, oh. Ya sé por dónde va esto. Diablos. Me mantengo callada.
-Subí a buscarte a tu cuarto. ¿En dónde estabas, Bella?
Me muerdo los labios, preparando una mentira, pero ni eso puedo lograr.
-Por ahí -musito.
-No creo que sea una respuesta aceptable -se incorpora- Mira, sé que nunca he sido el mejor padre del mundo y que tal vez no merezca que me tengas la confianza de contarme de tu vida y de lo que haces en ella, sin embargo es esta casa hay reglas. No me hubiera molestado si hubieras llegado antes de las once, pero llegaste a las casi dos de la mañana -frunce el ceño- No voy a tolerar eso, así que más vale que me des una buena excusa o voy a tener que castigarte.
-Fui a la escuela -respondo. No hay mejor mentira que la que se maquilla con un poco de verdad.
-¿Qué? ¿En la madrugada y a la escuela? -se nota que no me cree.
-Dejé el libro de matemáticas en el casillero y sin él no podía hacer la tarea. Esa tarea es derecho a examen así que no tuve de otra.
-¿Por qué no fuiste a por mí y me pediste que te llevara?
-Ya llegas lo suficientemente tarde de trabajar, no quería molestar.
-Tu mentira iba bastante bien hasta que mencionaste eso.
-No estoy mintiendo. ¿Mencionar qué?
-El que te preocupes por mí. Sé que no lo haces, ni siquiera quieres estar aquí. Última oportunidad, Bella. ¿En dónde estabas?
Cierro mis manos en puños. Vale, me descubrió.
-Necesitaba aire fresco.
-¿A media noche? ¿No crees que hacía bastante frío ya?
-Si no me crees ¿entonces qué piensas que estaba haciendo? ¿Fumando marihuana, bebiendo, haciendo actos de vandalismo? Te tengo una noticia: para hacer eso generalmente se necesitan amigos, y yo, como podrás suponer, no tengo ninguno.
-¿Ahora la enojada eres tú? -Pone los brazos en jarras- ¿No te parece algo bastante hipócrita de tu parte?
Rechino los dientes y dejo caer la mochila al suelo, acto seguido me levanto la manga de la cazadora y le enseño mis (aún sangrantes) cicatrices.
Abre los ojos como platos. -¿Pero qué es eso? ¿Qué te pasó?
-Los loqueros le llaman "depresión crónica", yo lo llamo "enfrentar el dolor", tú dirás "Intento de suicidio". En realidad necesitaba aire fresco, Charlie. Además, tú vienes a hablarme de hipocresía cuando no soy yo la que llevaba más de diez años de no ver a su hija. De no intentar siquiera una llamada, o incluso enviar una barata e insulsa tarjeta de cumpleaños cuando se ameritaba. Cuando jamás te he importado ¿es ahora que quieres empezar a hablar conmigo y ponerme reglas? Creo que estás demasiado tarde. -Tomo la mochila del suelo y salgo azotando la puerta.
¡Agh!
Para cuando me subo al autobús ya estoy llorando. Mi rostro hierve y quiero apretar lo que sea hasta que se deshaga en mis manos.
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Me meto directamente al baño y me encierro en una de las cabinas. Saco la navaja de la parte trasera de mi pantalón y sin retrasar más el momento hago un corte horizontal que inmediatamente se colorea de rojo.
Súbitamente alguien me toma la mano del brazo lastimado.
-No. No lo hagas.
Edward me mira con esos ojos verdes que me hacen sentirme avergonzada.
-Vete. Ya sabes que yo suelo hacer esto. -Retiro mi mano de su agarre.
-Te lastimaron -me dice- ¿Quién fue? Recuerda, ónix: Amigos.
Respiro profundo y envuelvo una venda en mi brazo. -Papá se dio cuenta de que escapé por la noche.
-¿Te pegó? ¿Te dijo algo?
-No me golpeó, y ni siquiera fue lo que me dijo. No me hubiera molestado nada de eso. Fue el hecho de que recordé que jamás le he importado un carajo a nadie.
-Hey -susurra y pasa sus manos por mi nuca, obligándome a mirarle a los ojos- A mí me importas, y mucho. No vuelvas a decir lo contrario.
Patéticamente comienzo a llorar aún más. ¿Por qué tiene que estar muerto? ¿Por qué? Él pega mí frente a su pecho y me mece lentamente de lado a lado.
-No llores, Bella. Tú no lloras. Tú eres fuerte y ruda ¿recuerdas? Además estás arruinando tus bonitos ojos de panda.
Sonrío un poco ante su broma.
-Es en serio. Eres lo suficientemente valiente como infringirte dolor para superarlo, eso no lo hace cualquiera.
-Sólo los patéticos idiotas, lo sé.
-¿Pero qué dices? Cualquier otra persona, si hubiera vivido lo que tú, ya se hubiera suicidado. Pero tú... tú sólo usas el dolor para hacerte más fuerte, para sobrevivir.
-Qué triste ¿verdad? Como lo has dicho, yo solo sobrevivo, no vivo.
-Porque no quieres. Eres una persona especial, Bella. Ves el mundo de otro modo, piensas diferente y te da igual si alguien te ama o no. Tienes todo, Bella, todo para vivir.
Me quedo sin habla por un rato, pero las lágrimas siguen fluyendo. Demonios, estoy tan triste...
-¿Qué piensas?
-En que definitivamente la vida me odia. Digas lo que digas.
-¿Por qué?
Me paso las manos por la cara, decidida a sacar esto que llevo sintiendo desde hace un par de días en que lo conocí.
-Porque tú no deberías estar muerto, así todo sería tan fácil...
-Si no estuviera muerto, entonces hace diecisiete años me hubiera graduado, y entonces no te hubiera conocido.
-Eso no suena muy terrible para ti. Conocerme no es ninguna cosa buena.
-¡Oye! -Grita y me toma los hombros- Deja de menospreciarte a ti misma ¿bueno? Estoy agradecido con todos los astros por haberte traído hacia mí. Sólo voy a tenerte un año, y lo voy a aprovechar al máximo contigo.
-Lo dices tan fácil... -suspiro.
-¿Y qué me queda? ¿Llorarte y suplicar a tus pies a que te quedes conmigo? No voy a obligarte a hacer tal cosa. Tú tienes tu vida y vas a seguir con ella.
-Tal vez yo quiero que me obligues -murmuro en un tono tan bajo que dudo que me haya escuchado, pero él me contesta.
-No hagas esto, Bella. ¿Qué no ves que me estoy reprimiendo?
-¿Y eso qué significa?
-Que estoy haciendo acopio de todo lo que tengo para no envolverme en tu oscuridad.
-Lo dices como si fuera algo malo -me sorbo la nariz.
-Es malo, por no decir fatídico. ¿Qué sería de nosotros, Bella? Tú, sin duda seguirías; en cambio yo me quedaría aquí con tu recuerdo para la eternidad.
Trago saliva, de pronto todo me ha comenzado a dar vueltas y me siento algo tonta por no entender del todo lo que quizás me está queriendo decir. Una parte de mí, la cobarde e inocente, sólo quiere echar a correr.
-Me temo que... ahora no... te entiendo.
Él deja caer su cabeza hacia atrás y me toma por los hombros con un poco de fuerza.
-¿No ves, ónix? ¿A caso tengo que decírtelo literalmente?
-Estoy acostumbrada a que la gente me diga lo que piensa, jamás nadie se ha "reprimido" ante mí.
Él suspira despacio y fija su vista en algún punto lejano en la pared del baño, algo en su mirada me hace comprender que si le dejo seguir, algo sin duda acabará terriblemente mal aquí.
-¿Sabes algo? Creo que se me hace tarde para clase. Nos vemos. -Me agacho y tomo mi mochila del suelo, y le paso por un lado saliendo casi que corriendo del baño.
Cuando llego a tomar mi lugar en clase, mi pecho sube y baja como si hubiera estado compitiendo en atletismo.
Estuvo cerca pienso Estuvo jodidamente demasiado cerca.
Sin embargo, no sé exactamente de qué estuvimos cerca. ¿Edward iba a decirme algo... sentimental? Eso sería terrible. ¿Qué haría yo entonces? ¿Suicidarme para quedarme eternamente a su lado?
He estado demasiado cerca de quitarme la vida un sinnúmero de veces. No podría contarlas con mis dedos. ¿Qué tal si ahora lo hago definitivamente? Nadie me extrañaría. Para mamá siempre he sido una carga, Charlie quizás sufra un par de meses, luego pasaría de ello; todos los demás... dudo que sepan que existo.
Además, no tengo expectativas para mí misma. No me interesa la universidad, ni conseguir un empleo, ni casarme o tener hijos. No tengo planes para mi vida futura y punto, no me entusiasma la idea de seguir viviendo... o más bien, como Edward dijo, de seguirsobreviviendo.
La clase termina y al salir Edward no está por ningún lado.
Voy a la cafetería y me como una barrita energética para mitigar el hambre. Luego camino hacia el laboratorio para tomar la clase de química, aún sin poderme quitar de la cabeza el último encuentro con Edward.
Tomo mi lugar en mi mesa y me quedo fijamente mirando ésta.
Edward dijo que aquí él y Tanya... Debo aceptar que una punzada de celos me recorre, pero la reprimo y trato de concentrarme.
Siento el contacto de una mano sobre la mía. Edward. Suelto el aire y sigo mirando hacia el pizarrón.
-Siempre fría... -dice retóricamente. Me mantengo en silencio y trato de descifrar si con "fría" se ha referido a las mesas o a mi mano.
La maestra habla de algo sobre hidrocarburos y nos dice que nos coloquemos las batas.
-¿Te ayudo? -me pregunta mientras sostiene la bata. Lo miro incrédula de lo que está haciendo y agito la cabeza discretamente. Me pongo la prenda yo sola. Él se mantiene a mi lado.
-¿Me estás ignorando? -pregunta.
Suspiro y tomo una hoja de mi libreta para poder responderle.
¿Y qué se supone que haga? Sabes que no puedo hablar contigo cuando hay gente.
Me creerán más loca de lo que ya soy.
-Siempre será así ¿verdad? Siempre en las sombras...
Es lo que es, Edward. Deja de lamentarte.
Él sonríe con tristeza- Siempre fría, ónix. -Con eso entiendo que él hablaba de mí y no de las mesas.
Comienzo la práctica tratando de pasar de su presencia y al principio lo logro... claro, antes de que él decida hacerme el día de hoy imposible.
Edward se sube a la mesa y, con las piernas cruzadas, se sienta frente a mí.
-Tu isómero está mal nombrado -observa.
Alzo una ceja y lo miro con reprobación, regreso a mi práctica.
-¿Por qué estás molesta conmigo, ónix? Soy yo el que debería estarlo. -Él puede ver la duda en mi rostro.
-¿Por qué saliste así como así del baño? -Se hace hacia adelante- Estabas incluso más pálida de lo que estás ahora.
Tomo la hoja de papel y vuelvo a escribir en ella.
No estoy asustada ¿bueno?
Él sonríe con burla -Yo nunca dije que lo estuvieras, ónix. Sólo dije que estabas pálida.
Carraspeo y suelto el aire. Me estoy desesperando y, realmente estoy tan asustada, que me he echado la soga al cuello yo sola.
Déjame en paz.
-¿Qué pasa, ónix? ¿Son las mesas? ¿Te molestan los recuerdos? -reta.
¿De qué recuerdos hablas?! Deja de joderme.
-Lo que te conté a cerca de lo que Tanya y yo hacíamos sobre ellas.
Ah, eso. Lo había olvidado.
-Eso no es cierto. Lo has pensado todo este tiempo ¿por qué no lo aceptas?
Ésta vez no respondo; me cubro el rostro con el cabello y hago los ejercicios en mi libreta. Entonces él comienza a acariciar mi cabeza y toma mi cabello entre sus dedos.
-Tienes un cabello hermoso. Qué bueno que no lo pintes. Mantenlo así, ónix.
Aprieto los dientes. Obviamente él no sabe el efecto que cada una de sus palabras tienen sobre mí... o tal vez sí y por eso lo hace. Humillante. Acto seguido toma mi mano libre y con su dedo índice sigue las líneas de la palma.
-Mi hermana sabía leer la fortuna -dice con voz baja, como con miedo de que alguien pudiera escucharle. Obviamente eso no pasaría. -Aunque supongo... -continúa- ...que no era muy buena en eso. Me dijo que tendría una buena vida y mírame.
Saco mi mano de entre las suyas y me incorporo para decirle a la maestra que he terminado los ejercicios. Ella me da permiso de retirarme.
Recojo mis cosas de la mochila y Edward se apresura a bajar de la mesa y seguirme.
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-Edward... por favor, quiero estar sola -murmuro mientras camino hacia la biblioteca.
-Vayamos a algún lugar donde no haya nadie. Quiero estar contigo.
Como sé que no va a rendirse, y sinceramente no es como que yo no quisiera estar con él, acepto y, en vez de ir a la biblioteca, caminamos hacia los jardines olvidados del instituto.
Una vez sentados sobre la hierba, él frente a mí, soy consciente de que no ha sido lo mejor haber venido aquí. ¿Qué es lo que va a decirme ahora? Me temo que tendré que salir corriendo otra vez.
-Ahora -dice mientras arranca un poco de pasto y lo juega en sus manos- ¿Vas a decirme por qué saliste corriendo o me vas a obligar agooglearlo?
Pongo mi mano en mi nuca y me hago hacia atrás.
-Le estás dando demasiada importancia ¿no crees?
Alza las cejas, como si le hubiera dicho algo tremendo y descabellado- ¿Y cómo se supone que debería ser, entonces? Llegaste llorando y fuiste hacia el baño, te cortaste, dejaste que te abrazara sin poner resistencia y de pronto ¡todo cambia y sales corriendo!
Me muerdo la mejilla interna, mientras pienso mis posibles respuestas.
-Tú estabas... a punto de decirme algo que... no querías -digo casi hiperventilando.
Edward niega, tremendamente enojado- Lo que yo quiera o no es mi decisión. Además, según tú, ¿qué es lo que iba a decirte? -hay una sonrisa juguetona asomándose por sus labios.
-Ahora te vengarás de mí humillándome ¿no? -rechino los dientes y me muevo para quedar más lejos de él.
-¿Humillarte? ¿De qué hablas?
Lo miro a los ojos- No voy a tener esta conversación contigo -hago una pausa rotunda- Jamás.
Tomo mis cosas y me levanto. Él también lo hace.
-Así que así será siempre ¿no? -pone los brazos en jarras. Parece indignado.
-¿El qué?
Encoje los hombros y aprieta la boca en una línea de disgusto- Siempre saldrás corriendo. Te creía más valiente, ónix. Te ves tan ruda con tu ropa oscura, tus uñas negras y tu maquillaje tan gótico, pero en realidad tienes miedo. Eres vulnerable. Eres como un conejito asustado que pretende ser valiente.
Resoplo- No me vengas con tus análisis psicológicos baratos. Soy lo que ves y nada más, así te parezca poco.
-Alejas a la gente a tú alrededor porque tienes miedo de que te lastimen, pero te diré algo Bella: No todos somos como los ex novios de tu madre.
-Sabía que no debía contarte nada -hablo al borde del llanto- Me lo recordarás a cada momento que puedas. Te lo dije ayer Edward, tengo sentimientos, aunque no lo creas.
-¿Y eso qué significa?
-Que todo lo que dices tiene diferentes efectos sobre mí -grito.
-¿Ah sí? -se acerca peligrosamente- ¿Y qué te provoco, ónix?
Me sorbo la nariz ¿en qué momento empecé a llorar?- Ahora mismo acabas de provocarme dolor.
-¿Y todas las demás veces, qué sientes?
-Me causas rabia cuando me dices que soy una cobarde, o emo. -Él se encuentra a sólo tres centímetros de mí.
-Me haces reír cuando me dices "ónix" aunque no lo parezca.
Edward me toma el rostro entre las manos. No había sido consciente hasta ahora de cuán alto era.
-¿Y si te digo que estoy enamorado, Bella? -murmura.
Mi corazón se agita, mis entrañas se licúan, mis ojos ven chispas de colores.
-Ce-celos -tartamudeo.
-¿Te sientes celosa si te digo que estoy enamorado?
Asiento.
-¿Y qué tal si ahora te digo que la persona de quien estoy enamorado... eres tú?
-Edward... -susurro- Tú no...
-Sht. Te lo dije hace un momento. Hice todo lo posible para no dejarme absorber por tu oscuridad, pero me puedes. Me has cautivado. Eres preciosa en tu tristeza, en tu valentía, en tu vulnerabilidad. No pude evitarlo.
Me alejo de él, pero antes de que pueda correr, me detiene por la mochila y me atrapa entre sus brazos.
-No huirás ésta vez, ónix. Llegaste para poner mi eternidad de cabeza, afronta las consecuencias -Lentamente se inclina desde su altura hasta quedar a milímetros de mi boca. Puedo degustar su aliento frío y dulce.
-No -me alejo un centímetro- Tú no quieres esto.
-Tal vez eres tú la que no lo quiere -aprieta los labios- Perdona. Quizás tú no me quieres.
-Va a sonar demasiado estúpido pero... te quiero desde el primer momento en que te vi... hace sólo unos días.
-El amor es rápido, eso no es estúpido -sonríe.
-¿Amor?
-A-M-O-R -deletrea- ¿Suena raro para ti?
-Sí. Y aún más raro que sea yo la que lo sienta.
-Bueno, quizás no lo haces. Quizás solo sea afecto o cariño, pero eso me basta.
-¿Y qué se supone que va a pasar con nosotros? -pregunto luego de un rato.
-No pienses en eso. Ya veremos luego -junta su frente con la mía- Ahora ¿puedo besarte?
Niego con la cabeza y me muerdo el labio- Tengo clase.
Me doy la vuelta y le dejo ahí, con los brazos extendidos.
OoO
Me siento confundida y a la vez tan ridículamente feliz que hasta me parece molesto.
¿Qué va a pasar con nosotros? Sólo tendremos un año para estar juntos... a menos de que yo decida no esforzarme lo suficiente y repetir año.
Siento su presencia en el taburete de al lado. Pasa su brazo por mis hombros.
-Tu aroma es extraño -apunta y aspira la tela de mi camiseta.
Un escalofrío me recorre al sentirlo tan cerca. Trato de mantener mi vista al frente y doy gracias a Dios por haberme sentado en la última mesa del rincón.
-No me dejaste besarte, ónix. Sí que eres mala. Y yo que ya me veía con los labios todos manchados de labial rojo.
-Hiciste que eso sonara asqueroso -murmuro en un tono muy bajo.
-A mí me parece todo lo contrario -deposita un beso en mi hombro mientras que el brazo que me tiene rodeada va descendiendo hasta colocarse en mi cintura- Dame tu mano -susurra en mi oído. Obedezco. Él se inclina y entonces siento su lengua acariciar mi palma. Suelto un gemido.
-Sht, cariño. No querrás que ellos te escuchen.
Afortunadamente todos están demasiado ocupados tratando de resolver los ejercicios del pizarrón.
Edward continúa con su húmeda caricia, que alterna con besos y miradas furtivas que van directamente a una parte de mi cuerpo que creía muerta. Me recuesto sobre la mesa y me cubro el rostro con mi cabello.
-Detente... por favor -Carajo. Suena a que le estoy rogando. Yo no ruego.
-No puedo definirlo -dice, al parecer sin haberme escuchado- Es raro y... alucinante.
-¿De qué demonios hablas?
-Tu perfume -pasa su nariz por mi muñeca, dibujando una pulsera invisible.
-Yo no uso perfume -Lo digo y sueno casi ofendida- Y jamás lo haré.
-Hablo del perfume natural de tu cuerpo -el movimiento de sus labios al hablar hace cosquillas contra mi piel.
-¿Señorita Swan? -Llama la profesora- ¿Con quién está hablando? -me mira como si estuviera loca... Y bueno sí, lo estoy.
-¿Hum? -me hago la desentendida mientras que Edward ríe a carcajada limpia.
-Lleva media clase murmurando, señorita -se quita los lentes. Está molesta.
-Es como un olor místico -dice Edward al mismo tiempo que la maestra está hablando, lo que no me permite concentrarme.
-Es que... -trato de responder pero él no deja de balbucear- Yo...
-Me pregunto si entre tus pechos el aroma es más concentrado -musita pensativo y yo abro los ojos como platos. Estoy roja como un tomate.
-Lo siento -es lo que atino a decir- Pienso en voz alta.
La profesora Warner entorna los ojos sin creerme -Me parece que necesita ir a enfermería. Tiene la falta justificada.
Asiento repetidamente y salgo volando del salón. Edward me sigue y yo trato de dejarlo atrás.
-¿Te has enfadado? -pregunta con cautela.
-Me he encabronado, a decir verdad. ¿Qué es lo que quieres? ¿Vengarte por todas las bromas crueles que te he gastado? Vale. Pero que te conste que fuiste tú quien empezó el juego.
-Yo no me estoy vengando ni estoy jugando a ningún juego -me alcanza y se pone delante de mí para obstruirme el paso.
La gente a mí alrededor me ve raro. Entonces saco mi celular y pretendo estar haciendo una llamada.
-Quítate de mi camino ¿bueno?
-No me voy a quitar. Eres tan impredecible que no sé cómo tratarte o qué decir.
-Estás empezando a joderme de verdad. ¿Quieres saber lo que tienes que decirme? ¡Nada! No digas nada.
-¿Qué no diga nada? ¿Acaso estás tan molesta porque incluí las palabras "tus pechos" en una oración? ¡Lo siento! ¿Bueno? Te deseo... y del modo que no es bueno.
-¿Qué... -sus palabras me dejan unos instantes en coma- ¿Qué significa eso?
-Justo lo que piensas. No hay muchas maneras de desear de la mala manera a una persona, así que sí, eso significa.
-¿Qué me quieres muerta? -tartamudeo y me tiembla el labio inferior.
Él se lleva las manos al cabello y tira de él desesperadamente. -¿En verdad me vas a hacer decirlo?
Una vez más siento miedo de las palabras que puedan salir de su boca. Niego con la cabeza y paso de su lado para continuar caminando. Doblo en una esquina en un pasillo solitario, en donde hay otro laboratorio vacío. Edward abre la puerta y prácticamente me empuja dentro.
-Voy a confesártelo.
-No necesito que digas nada. Vas a arrepentirte.
-¿Por qué siempre piensas que me arrepentiré de todo contigo? Te deseo de la mala manera, Bella, y no me refiero precisamente a que te quiero muerta.
Paso saliva. Ya estamos aquí, y él no me va a dejar ir. Es momento de dejar de actuar como cobarde y escuchar lo que quiere decirme.
-¿Entonces? -inquiero- ¿Desearme de la mala manera significa que quieres...
Edward se acerca a mí y me empuja hasta dejarme recargada sobre algo.
-Significa que quiero follarte sobre la mesa duro y sin contemplaciones hasta expulsar toda la mierda de tu alma. Significa que quiero que cuando te penetre tu me aprietes hasta estrangularme y que cada que yo me mueva dentro de ti me digas que eres mía, que aún cuando te vayas de aquí jamás volverás a dejar que un hombre te toque. Significa que quiero que me ames, Bella... pero ni siquiera me dejas besarte.
¿Cómo se llama eso que tiene la gente a la que el corazón continuamente se le detiene por unos segundos? Ah, sí. Extrasístoles ventriculares.
-Yo también se decir malas palabras, ónix. A pesar de que contigo trato de aparentar ser un caballero.
Me mojo los labios- Edward... yo... soy un desastre cuando experimento emociones fuertes. Cuando me siento muy triste me corto la piel, cuando me siento insignificante no como por semanas, cuando estoy enojada rompo cosas y doy puños contra las paredes.
-¿Y qué pasa cuando estás feliz? -una vez más, lo tengo tan cerca que respiro sus exhalaciones.
-No lo sé, pero supongo que pasa lo mismo que cuando estoy enamorada.
La sombra del dolor cruza el rostro de Edward -¿Has estado enamorada?
-Sí -respondo- No me conoces bien todavía.
-¿Cuántas veces?
-Dos veces -siento una lágrima caliente y salada colarse en los pliegues de mis labios.
-¿Y qué pasa... cuando estás... así? -me toca la cara como si yo fuera el fantasma.
-Cuando siento amor suelo destruir.
-¿Cosas? -inquiere. Yo niego.
-Personas -respondo- Y no quiero destruirte a ti.
-¿Eso significa que estás enamorada de mí?
Asiento.
-Pues entonces no te preocupes, yo ya no soy una persona ¿recuerdas?
Sonrío- No sabes lo tóxica que soy. Estoy completamente segura de que hallaría la forma de dañarte.
-Me harías mayor daño si no aceptaras estar conmigo.
Lo miro de hito en hito- ¿Te arriesgas Cullen?
-¿Qué tanto podrías lastimarme? -dice muy seguro.
-Vale, yo también espero eso -murmuro.
-¿Eso significa que ahora puedo besarte?
Balanceo la cabeza de lado a lado -La hora terminó. Tengo clase.
Me levanto y vuelvo a abandonarle en aquél lugar.
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Edward no se aparece el resto del día y en un tranquilo silencio dentro de mi camioneta llego a casa.
Me recuesto sobre la cama. ¿Qué se supone que haré ahora? Acepté que estoy enamorada, que destruyo cosas, que estoy loca. Y él aceptó que me ama y que me desea de una muy territorial y extrema manera... De tan solo recordar sus palabras mi estómago se tuerce causándome una sensación dolorosa.
Jamás me hubiera imaginado a Edward utilizando esas palabras. "Follar" "Duro" "Mierda" y "Penetrar" no parecían formar parte de su vocabulario.
Me levanto y me miro en el espejo. ¿Qué tengo yo como para ser el objeto del brutal deseo de Edward? Soy muy delgada, sin trasero o senos, mi piel tan pálida que parece que la muerta soy yo y encima de eso un carácter que ha hecho a más de uno alejarse.
Éste pensamiento me hace recordar que confesé ante Edward haber estado enamorada antes de que le encontrara a él.
Connor ahora estaba en la cárcel de algún lugar de los Estados Unidos... y por mi culpa. Por mí jodida culpa.
Entre recoger mi cuarto y hacer los deberes se hace de noche. Charlie llega y toca la puerta de mi habitación.
-Adelante.
Se sienta en mi cama, a un lado mío. Me mira sin decir nada por unos momentos.
-Estuve pensando en lo que dijiste y tienes razón. Me alejé mucho de ti cuando se fue tu madre y, al contrario de todo lo que piensas, no lo hice porque no te quisiera. Pensé que mantenerte lejos de éste pueblo patético y todo lo relacionado con él te haría bien. Tu madre y yo nunca fuimos felices estando juntos y tú te pareces tanto a ella que di por sentado que a ti tampoco te agradaría saber mucho de mí. Tenías 6 años cuando tu madre se fue contigo y, bueno, pensé que era lo mejor para ti. Ahora... -su vista se centra en las cicatrices de mis muñecas- ...se que te hizo mucho daño.
-A mamá nunca le importé lo suficiente. Siempre ha estado más preocupada por conseguir esposo que en cualquier cosa.
-Ella te quiere, Bella. A su manera, pero lo hace. De no ser así ella te hubiera abandonado aquí conmigo.
-Ella necesitaba el dinero, papá. Sin mí tú no hubieras tenido razón para enviarle un cheque mensual que pagara todos sus productos de belleza. Mamá solo buscaba la excusa para alejarme de ella y yo se la serví en bandeja de plata.
-Recuerdo que desde que eras pequeña eras diferente a los demás. Veías cosas donde nadie más lo hacía.
-Aún lo hago... pero mamá dice que es para llamar la atención. Que soy rebelde porque no tengo remedio y bla, bla, bla.
-No eres rebelde. Eres una buena hija, eso te lo aseguro, aunque tu ropa demuestre lo contrario -sonríe y me logra sacar una sonrisa tímida a mí también. Me toma por los hombros y me abraza- Te prometo que estaré más cerca de ti, Bella. Yo te adoro, tú eres todo lo que yo tengo.
Joder. Estoy llorando.
-Yo también te amo papá.
Luego de unos momentos en los que los brazos de mi padre son mi tabla de salvación para el caos que en este momento reina en mi corazón, él se separa y se levanta de la cama con gesto incómodo.
-Intentaré demostrar cariño más seguido.
-No -exclamo- Si lo haces me obligas a mí también a hacerlo. Tú y yo entendemos nuestros silencios papá.
Charlie exhala con alivio, como si se hubiera liberado de un peso que llevaba cargando sobre sus hombros por todo este tiempo. Por mi parte, siento que una de las grietas de mi vida se ha sellado. Papá me quiere.
.
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Es media noche cuando mi teléfono suena. Es el teléfono de las oficinas del instituto.
-Edward -susurro.
-¿Cómo sabías que era yo?
-¿Identificador de llamadas? No tiene mucha ciencia -explico cortante.
-¿Enojada de nuevo?
-Tengo sueño, y no quiero que esta cosa de llamarme por las madrugadas se te haga costumbre. ¿Recuerdas que los humanos dormimos, cierto?
-Veo que ya empezaste con tus bromitas, ónix.
-Desde luego, Casper.
-Ven a la escuela -dice a bocajarro.
-No -mi lengua se traba en la n.
-Ven a la escuela -pide de nuevo.
-Ya dije que no.
-Ven a la escuela.
-¿Qué? ¿Por qué lo haría?
-Porque te apiadarás de mí, Bella. Estoy como loco por darte un beso.
Malditas mariposas.
-Qué lástima, tendrás que esperar.
-Esperé todo el día.
Resoplo- No voy a ir, Edward. ¿Se te olvida que la última vez mi padre se enteró?
-Estoy seguro de que no habrá una segunda vez.
-¿Piensas que iré solo porque quieres darme un beso? -la voz me tiembla en la última palabra. Cierro los ojos.
-No -dice rotundamente- Vendrás porque también tengo ganas de follarte.
-Voy a colgar -estoy sudando y creo que él puede oír los latidos de mi corazón.
-Claro. Cuelga, vístete y ven a mí.
-No.
-Si no lo haces me vengaré de ti mañana.
-¿Me estás amenazando?
-Quizás -casi puedo verlo a él sentado en la silla con los pies sobre el escritorio y con su sonrisa de triunfo en la cara.- Te recuerdo que los viernes tienes gimnasia. Ya sabes... tú, las duchas...
-No te atreverías...
-Rétame. Se acabó el noble Casper, ónix. Ven o afronta las consecuencias mañana.
-Estaré ahí en media hora -me rindo.
-Claro que lo estarás.
Como en las caricaturas, un foco se enciende sobre mi cabeza.
-Pero sólo iré para decirte mi plan.
-¿Qué plan?
-Te dije que quizás había hallado la manera de que culminaras tu propósito en esta vida para que así pudieras irte.
-No -responde- Ya no me interesa nada de eso.
-¿No?
-No. Porque eso significaría dejar de verte... y aún no te tengo entre mis brazos. Tienes treinta minutos ónix, y ya vas en veinticinco. -Cuelga.
Maldito, maldito, maldito. ¿Por qué no pude decir sólo "no"?
Me apresuro a colocarme los jeans y hago mi escapada habitual por la ventana.
OoO
Estoy en el instituto, caminando por el pasillo oscuro y gritando como idiota el nombre de Edward.
-¿Planeas asustarme otra vez, Casper?
Sus manos me agarran las caderas y choca su pecho contra mi espalda.
-Buh -susurra en mi oído.
Me doy la vuelta -Deja de hacer eso.
Él ríe -Definitivamente no te comportas como se supone que una chica enamorada debiera hacerlo.
-¿No me conoces a caso?
-Al parecer no -dice enojado- Hubo uno antes que yo Bella, y yo no perdono fácil.
-No te pedí perdón -aclaro.
-Deberías -avanza hacia mí y me recarga en un casillero, acorralándome entre sus brazos. -Ahora ónix, o me besas o esto se pondrá feo.
OoO
Este Edward se puso intenso. Adiós al inocente fantasma. Espero que os haya gustado.
Dejen sus comentarios y sus votos .
Un beso.
Amy W.
