Hola, gracias a todos por ser pacientes y espero que puedan perdonarme por un capítulo tan corto. Al parecer tengo una obsesión por las pocas explicaciones y eso solo me hace cruel antes su ojos, jeje. Bueno…

¡Disfruten del capítulo!


Capítulo #12: Tiempo

Sakura Haruno se encontraba en el departamento con Naruto Uzumaki. Se había encargado de tráelo.

El camino había sido callado, pero fue necesario para pensar en lo que diría. La discusión sería simple y directa. Sin rodeos.

—Naruto —dijo Sakura enfadada—. Estoy harta de que no me digas la verdad o por lo menos toda.

Ella estaba cruzada de brazos. Él solamente se dedicaba a mirar el suelo.

—¡Respóndeme!

Un silencio.

—Me quedaré aquí hasta que me digas.

Otro silencio.

El muchacho no dejaba de observar el suelo. Aquello le preocupó a Sakura.

—Naruto.

Puso sus manos en el rostro del hombre y lo acercó al suyo. Los ojos de su pareja estaban llorosos.

—Naruto —Esta vez lo dijo casi en susurro—. ¿Por qué no quieres hablar?

Él se limpió los ojos con las manos. Recordó cuando era tan solo un niño. Nunca había nadie con quien hablar, pero era diferente. Sakura estaba con él, dispuesto a escucharlo.

—No estoy acostumbrado.

Sakura se entristeció. Ya sabía que lo diría.

—¿A qué?

—Creo que me prestas mucha atención.

—Trato de prestaste la misma atención que tú me das —Se cruzó de brazos.

—Me preocupo por ti —dijo casi susurrando.

Ella se enojó.

—¡¿Pero qué hay de ti?!

Ella ya tenía suficiente.

Él también.

—Perdóname, Sakura-chan. No entiendo —Se tapó la cara con su brazo—. De verdad. He tratado de decirlo, pero no quería preocuparte.

La conversación ya no sería directa ni simple, por lo menos no lo suficiente.

—Oye —El tono de su voz era suave—. Oye.

Se acercó y movió con cuidado el brazo de su novio para mirar su rostro. Sus ojos estaban rojos.

—Vamos a descansar un poco.

Naruto la miró confundida. Eso fue un cambio brusco en cómo estaba yendo la situación.

—Hay que tranquilizarnos —dijo caminando hacia la cama.

La chica quería ayudar a Naruto y trataría de hacerlo. No como lo había hecho él hacia los demás, no golpearía, sino que utilizaría la palabra.

Él sonrió ligeramente y la acompañó a su lado. Apenas había espacio para los dos en la cama, pero no importó. Sentir el calor del otro era consolador.

—Naruto, ¿recuerdas cuándo me declaré? —dijo Sakura—. La segunda vez.

—Sí —Sonrió de forma nostálgica como si hubiera pasado hace veinte años—. Siempre creí que sería yo quien lo haría.

—Lo sé, igual yo —dijo Sakura divertida.

Antes de que Sakura pudiese decir otra palabra, su pareja fue quien habló. La kunoichi se dio cuenta que había sido un error pensar que la plática sería tranquila.

—Lamento haberte dicho mentirosa la primera vez —susurró Naruto, casi dicho para él.

Sakura frunció el ceño. Ya habían resuelto ese asunto.

—Te perdono —dijo ella—. Aunque eso ya pasó… No deberías disculparte.

—Pero siento que debo hacerlo —Naruto la miró fijamente.

—¿Por qué? —dijo con un tono de voz delicado, como si hablara con un niño.

El hombre se quedó observando el techo por un rato. Nunca se lo había cuestionado en voz alta.

—Siento que te debo todo —respondió.

—¿Por qué? —El mismo tono de voz.

—Has salido lastimada por estar conmigo.

—¿Por qué? —Un tono de voz más bajo.

—Yo…

Se asustó por sus palabras.

—Existo.

Nunca lo había admitido en voz alta.

—Tú no tienes la culpa —dijo la mujer con voz rota—. Por algo estás aquí.

—Siento culpa, pero quiero seguir aquí.

Los ojos de Sakura Haruno se pusieron rojos.

—Solo que tengo miedo de lo que pasará por mí.

Nunca lo había admitido en voz alta.

Sakura acarició su rostro. Él cerró los ojos. Recordó aquel sueño recurrente y pensamiento constante.

—Tengo miedo de que todo se repita… De no poder estar con mi… hijo.

Nunca lo había admitido en voz alta.

—¿Cómo? —Las primeras lágrimas de Sakura tocaron el rostro del rubio.

Se sentía ligero y libre.

—Deseo tener una familia.

Naruto abrió sus ojos. Comenzó a llorar, pero en su cara se plasmaba su típica sonrisa.

Sakura sintió que el hombre que siempre conoció había vuelto.

—¿Eso es todo? —dijo la mujer entre risas y llantos—. Me lo hubieras dicho.

El hombre la besó.