Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Gracias por todos sus comentarios y votos. Os quiero mucho.

A leer.

Capítulo 8: Sospechas.

-Escucha... -bufa Bryan rascándose la cabeza-. ¿Tienes algo que hacer el sábado?

Carraspeo- Sí, varias cosas en realidad.

-Uhm, ¿en serio? Es que... mi mamá te invitó a una barbacoa.

Me muerdo el labio para suprimir la sonrisa. No puedo evitar que todo esto me resulte gracioso.

-¿Por qué tu mamá haría eso?

-Oh, bueno... esto... tal vez le haya hablado de ti en un par de ocasiones.

Arqueo una ceja, mirando hacia el frente a través del retrovisor.

-¿Qué le has dicho de mí, exactamente?

-¿Importa?

-Claro que sí. No quiero que tu madre tenga una impresión equivocada de mí.

-He mencionado que eres una buena amiga y que fuiste a verme al hospital. Mi mamá es un tanto especial y... quiere agradecerte por eso.

Bajo la vista a mi regazo y agito la cabeza.

-Ir a comer a tu casa, con tu familia, daría una impresión equivocada de nosotros, Bryan.

-Yo sé que solo somos amigos, Bella, no te preocupes por eso. Y mi familia sabe que tú y yo no somos pareja.

-Bryan...

-Mira -me interrumpe- de verdad quiero que me acompañes. La pasé muy bien la última vez que salimos y... no entiendo por qué ahora te niegas tanto. En fin, piénsalo bien. Nos vemos mañana en la escuela.

-Bien -contesto y, sin ninguna otra despedida, me apeo del coche- Gracias por el aventón.

Él me hace la señal de amor y paz antes de arrancar.

Entro a la casa y hago los quehaceres, pensando en la invitación de Bryan. Él es mi único amigo y no puedo ponerme tan difícil con él ¿cierto? Después de todo él es mi amigo y nunca me ha juzgado por cómo soy.

Debo decirle a Edward de ello. La última vez que traté de ocultarle las cosas, no salieron nada bien.

OoO

-No -responde pasivamente, mirándome desde su altura con un gesto imperturbable.

-Pero Edward...

-Escucha, ónix -me toma los lados del rostro- No vas a ir ¿bueno? Sé que crees que Bryan es solo un inocente amigo, pero yo lo veo todo claramente. Está planeándolo todo ¿Es que no te das cuenta? Primero se gana tu confianza, luego te invita a salir, después te presenta a sus padres, ¿el siguiente paso? Robarte un beso... o pedirte que seas suya.

Frunzo los labios y me tapo la mitad inferior del rostro con una mano.

«¿Te... te estás burlando de mí?» pregunta totalmente sorprendido.

Atrapo mi labio inferior entre los dientes y me recargo en la pared detrás de mí.

-Oh, lo siento, es que... la manera en la que lo dijiste...

Su cara me lo dice todo, así que me callo.

-¿Decir qué?

-Bueno tú... tú dijiste... -vuelvo a reír- Dijiste "pedirte que seas suya". Eso suena muy... ugh, no.

-No te entiendo.

-Suena muy perturbador, Edward. Ningún chico llega a decirte "Oye, sé mía". Es algo psicópata.

-Ah, ya veo. Bueno, yo sí.

-¿Qué?

-Eres mi novia, ónix. Has aceptado ser mía.

Me quedo en silencio, pensando en lo que él acaba de decir. ¿Acepté eso? No en realidad. Niego con la cabeza y alzo la mirada.

-No, Casper, lo siento. No creo que me hayas pedido eso alguna vez, así que... iré a esa comida en casa de Bryan.

-Bella...

-Oh, no, Edward. Ni lo intentes. Soy tu novia, pero no soy de tu propiedad. Vine aquí para decírtelo y que no tuviéramos un problema por esto después, no vine para pedir permiso. Y ahora que ya está dicho, no hay más qué discutir.

Tomo el picaporte de la puerta, pero él se coloca en esta y me impide abrir.

-¿No eres mía, ónix? -inquiere con la cara desfigurada por el dolor.

-No -respondo, sin dejarme manipular por él.

-¿No? -repite entre incrédulo y ofendido.

-No me pidas que... -no termino la frase-. Tú sabes por todo lo que yo he pasado.

-Sí, lo sé, pero ¿qué es lo que cambia si eres mía?

-Que esa frase tiene... tiene una connotación sexual, Edward. Y yo no... -paso saliva y no hablo más.

Él sonríe tristemente- Voy a ganarme tu confianza, ónix. No quiero que pienses que yo solo...

-Confío en ti, sí lo hago, pero... aún no estoy lista para eso -parpadeo varias veces para deshacer las molestas lágrimas en mis ojos-. Ahora apártate. Tengo clase.

-No, Bella, escúchame.

-No. Dame permiso, por favor.

Derrotado, él abre la puerta del pequeño cuarto de limpieza y yo salgo a la luz cegadora del pasillo desierto.

.

.

.

-¿En dónde estabas? Harper ya pasó lista -me dice Bryan.

-Tuve algo qué hacer. Oye, uhm... voy a ir a la barbacoa en tu casa.

-¿En serio?

-No te lo estaría diciendo de no ser cierto.

-Si -baja la mirada y se sonroja.

Un momento... ¿se sonrojó? ¿Pero qué carajo?

«Es que... como no contestaste mi llamada de ayer yo... pensé que dirías que no».

La verdad era que no había respondido su llamada porque Edward me había tenido en el teléfono hasta tarde, manteniendo ocupada la línea.

«¿A qué hora quieres que pase por ti?»

-No lo sé, pregúntale a tu mamá.

-¿Cómo?

-Sí, pregúntale a tu mamá a qué hora está bien.

Asiente- Pasaré por ti a las doce ¿vale?

-Ajá -digo y miro al frente.

-¿Ajá? -Edward se aparece frente a mí con una ceja levantada. Yo me remuevo en mi lugar y trato de no distraerme o alterarme.

«No vayas, Bella. Él quiere conquistarte, él está enamorado de ti».

Volteo a ver a Bryan, que me mira de reojo y, al darse cuenta que yo también le estoy viendo, me dedica una sonrisa.

«¿Lo ves?» reclama «No vayas, no vayas»

Bufo por lo bajo y hago mis anotaciones en la libreta.

«Va a querer llevarte a su habitación» gruñe «Y tú noblemente vas a ir pensando que él... que él solo quiere mostrarte sus discos»

-¿Ahora lees mentes? -balbuceo, y el chico frente a mí me mira de soslayo.

-Sus intenciones no pueden ser más obvias. Tú me amas a mí, ónix, pero él tiene más futuro. Yo solo puedo darte un año, él puede darte la vida entera. Yo puedo darte los sombríos pasillos y bodegas de este lugar, él puede darte conciertos y aire libre. Estoy aterrado, ónix. No te quiero a su lado, porque tarde o temprano me vas a decir que yo no soy suficiente.

Un nudo se instala en mi garganta. Un nudo de angustia y culpa por lo que él piensa de mí. ¿A caso mi amor vale tan poco para él? ¿Yo valgo tan poco como para que no crea en lo absoluto en mí?

-Hey, ¿estás bien? -Bryan pone su mano en mi hombro- Estás pálida.

-No dejes que te toque -murmura Edward en mi oído y yo me estremezco.

-Sí, yo... -trago- Estoy bien.

Bryan se hace hacia atrás con una mueca torcida.

Bajo la vista y cierro los ojos, deseando abrirlos y que él se haya ido.

-No cierres los ojos, ónix -murmura contra mi pelo- No estás alucinando, yo existo.

Edward viene a sentarse en la orilla de mi mesa y me pone un mechón de cabello tras la oreja con una sonrisa pintada en el rostro.

-Pero, pensándolo bien, hay algo que él no puede ofrecerte.

Me inclino hacia un lado, ignorando su voz, para mirar hacia el pizarrón.

«¿No quieres saber qué es?» me acaricia el lado del cuello con el dedo índice y vuelvo a estremecerme «Te lo diré: placer. Tú misma me has demostrado que yo soy el único que puede tocarte sin que salgas corriendo despavorida... Y pienso utilizar eso a mi favor» Se inclina sobre mí y me besa la comisura de los labios.

Mi corazón late insistentemente ante la adrenalina que supone lo que estamos haciendo.

Todos están en relativo silencio, atentos a la clase, y el maestro está explicando desde su escritorio. Todos ignorantes de nosotros... de él.

-Te quiero -musito lo más bajo que puedo, con su boca a centímetros de la mía. Él estira sus labios hacia arriba, en una sonrisa triunfante.

-Ya lo sé, ónix, pero no me basta. Quiero que aceptes ser mía.

OoO

Sábado.

Termino de sujetarme el único pantalón de mezclilla clara que poseo y me reviso en el espejo. Claramente se nota que no es de mi talla, pero es lo mejor que puedo hacer. Me coloco una blusa con un par de holanes en las mangas cortas y me dejo el cabello suelto, conservando mi característico maquillaje oscuro.

Mi celular suena y, como sé que seguramente es Edward, no atiendo la llamada.

Al bajar las escaleras, Charlie está viendo el béisbol, y me mira de reojo cuando paso por la cocina por un vaso de agua.

-¿Vas a salir?

-Con Bryan, pá -anuncio.

-Oh, Bryan ¿eh? Hmm... -se rasca la cabeza- ¿Ustedes dos son...?

-Uh, no papá. Es un amigo.

-Bien, bien -alza las manos en señal de rendición- Solo preguntaba.

Me acerco y me siento a su lado, subiendo los pies a la mesa de centro.

-Mi mamá llamó ayer -digo, mirándome las uñas.

-¿Ah, sí? ¿Y bien, qué dijo?

-Nada importante en realidad. Dijo que en dos semanas se iría de Texas y luego estará en Nuevo México -suspiro- Ella... ella no me preguntó siquiera cómo estaba.

Charlie hace un puchero y me abraza torpemente.

-Ella es así, Bella. Pero te quiere. Después de todo, es tu madre.

Sí... mi madre. La misma que metía a la casa a los hombres que me violaban.

Antes de que pueda sumergirme en aquellos escabrosos pensamientos, tocan el timbre de la entrada.

Me levanto como un resorte y beso a Charlie en la mejilla.

-Te veo más tarde. Hay sopa instantánea en el microondas.

Él asiente- Creo que sobreviviré.

Abro la puerta y Bryan me sonríe algo apenado. Él asoma la cabeza y ve a papá en el sofá.

-Buenas tardes, señor.

-Hola, chico.

Mi celular suena de nuevo y yo ruedo los ojos. ¡Ugh! Saco el teléfono de mis vaqueros y lo dejo en modo silencioso en la barra de la cocina.

-¿Listo? -inquiere.

-Sí, vamos. No queremos hacer esperar a la res ensangrentada.

-Siempre diré que tú y tu sentido del humor es muy... ácido.

Me encojo de hombros.

-Bryan, créeme. No eres el primero que me lo dice.

OoO

La casa es grande, del típico estilo americano con la cerca blanca.

Bryan me guía dentro de la casa, que está impecablemente decorada, hasta el patio trasero, en donde se escuchan risas y ruido de cosas siendo azotadas o tiradas.

En efecto, toda la familia de Bryan parece estar aquí, y asumo que su padre es el señor de cabello negro ondulado frente al asador y que su madre es la señora rubia que está sirviendo la mesa. Me asombro de encontrar sentado, en una de las sillas, al doctor Cullen.

Bryan carraspea.

-Hola, mamá -saluda, llamando la atención de todos.

-¡Oh, hola cariño! -la mujer viene y le da un beso en la mejilla y luego me mira a mí con una sonrisa que parece imborrable-. Mucho gusto querida, tú debes ser Bella Swan ¿cierto?

-Uh, sí. Un placer igualmente, señora -respondo atropelladamente.

-Oh, no me digas así. Mi nombre es Tanya Denali, puedes decirme Tanya.

Sonrío, evitando pensar en las coincidencias que se me vienen a la mente, y hago caso cuando ella me coloca en un asiento justo al lado del doctor Cullen.

-Hola, Bella -saluda él- te presento a mi esposa, Esme.

La mujer en cuestión tiene unos ojos verdes preciosos y exactamente iguales a los de...

-Mira, Bella -dice Tanya- Voy a presentarte. El de allá de la parrilla es mi esposo, Daniel; dos de los niños que están allá, la niña de cabello oscuro y el bebé, son los hermanos de Bryan, Daniel y Tina; el niño rubio es el nieto de Carlisle Cullen y su esposa, se llama Edward.

Un dolor sordo se instala en la boca de mi estómago y me ahogo con el sorbo de refresco que había tomado.

Bryan me da unas palmaditas en la espalda, mirándome con el ceño fruncido.

-¿Qué pasa?

-Nada -murmuro.

Exhalo profundamente y miro al doctor Cullen y su esposa, decidida a obtener información.

«Edward es un bello nombre» aprecio «¿Así se llama el papá del niño?»

Inmediatamente, Esme Cullen baja la mirada y Carlisle le acaricia el cabello.

-Sí... bueno... No exactamente. ¿Te parece si dejamos ese tema para después?

-Oh, claro. No quise...

-No -interrumpe Esme- Está bien. Hace muchos años que no hablamos de eso y... supongo que no es bueno guardar las cosas por tanto tiempo -ella se limpia una lágrima con el dorso de la mano y me sonríe con una alegría que no llega a sus ojos.

-No, cariño... no hables de eso si no quieres.

-No, Esme... ahm... Me lo contarás luego ¿bueno?

-¡Hey! ¿Qué pasa? -el padre de Bryan pone los primeros cortes de carne ya cocinados sobre la mesa- Estamos aquí para pasar un buen rato, nada de cuentos tristes ahora -posa su mirada en mí y abre los ojos de par en par- ¡Hola, chica! ¿Tú eres la que ha enamorado a mi hijo, cierto?

Me quedo muda y miro con cierto reproche a Bryan, él se sonroja.

-No... papá...

-Dan... cierra la boca -interviene Tanya- No molestes a los chicos. ¿Tienes hambre, Bella? Dan prepara unas costillas que te mueres.

-Sí, señora, muchas gracias.

Bryan ahora me ve incómodo.

«Creo que tienes que decirme un par de cosas» musito.

-Bella, mi papá es así. Te juro que yo no...

-¿Lo juras? -arqueo una ceja- ¿De verdad lo juras?

-Sí. Yo no... -pero somos interrumpidos por su celular, que vibra en su bolsillo-. Espera un momento.

Recargo los codos sobre la mesa y alcanzo un pedazo de carne marinada que me llevo a la boca.

«Ah... ¿Bella?» Bryan me toca el hombro y me entrega su celular.

-¿Qué... quién es?

-No lo... sé. Solo dice que quiere hablar contigo, se escucha bastante enojado.

-¿Hola? -inquiero.

-Bella... ¿Qué es lo que pasa contigo? Te quiero aquí en media hora ¿de acuerdo?

Gruño por lo bajo.

-No, no estoy de acuerdo.

OoO

¿Os gusto? Ha sido un capítulo corto, pero importante. MUY importante. Por otra parte... ¿qué hacemos con el acosador de Casper, eh? Una parte de mí solo quiero abrazarlo, pero la otra... ugh.

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Un beso.

Amy W.