¡Hola mis amores! Gracias por su apoyo y sus lindos reviews, esta historia continuara (Yeii :D) y ahora se preguntarán ¿Cuándo demonios aparecerá Ace? Pues la respuesta está en este capítulo, pero el detalle es que… bueno la historia comienza algunos años atrás. Mejor dejo de explicarles y espero que ustedes lo vean por si mismos…
¡Comenzamos!
Isla Dawn
País que simboliza el futuro, huele a extravagancia podrida y hogar de dos grandes voluntades de la piratería.
Restaurante "El tazón de perla"
Dentro del lujoso reino de Goa y ubicado exactamente en el centro de la ciudadse localiza un olvidado y antiguo, pero aun lujoso restaurante del cual Leon Hope es propietario.
En sus años de gloria, el establecimiento llegó a ser el más frecuentado por toda la nobleza y hasta ser el favorito del rey y dado el caso, este mismo le otorgó el apodo a Hope "El rey del ramen" ya que era el platillo con el que mejor se presentaba ante su público.
En los últimos meses, al negocio no le ha ido de maravilla ya que la competencia había llegado y de poco a poco robó la mayoría de la clientela. Solo aquellos que tenían años de ir siguieron siendo fieles, pero no era suficiente ayuda.
En la actualidad y en día laboral, los únicos tres empleados quienes se ocupaban de sus actividades diaria, escucharon como alguien le brindaba un golpe fuerte al marco de la entrada de la cocina. Asustados y armándose de las escobas que usaban en el momento se percataron que era el dueño del establecimiento con un rostro pálido y deforme. Estaba ebrio, algo no tan fuera de lo común desde que bajó la clientela. Una vez tranquilos, volvieron manos a la obra a excepción del empleado más joven y mano derecha de Hope.
- ¿Le ocurre algo, señor? - preguntó el cocinero con anteojos causando que todos los demás empleados voltearan a verlo.
El hombre no respondió, respiró hondo y les hizo una señal a todos para que detuvieran su trabajo mientras se adentraba a la cocina y se recargaba en una estufa.
-Ustedes *hip* Quiero *hip* decirles que este restaurante está…- alzó un dedo y después volteó a verlo como si fuese un nuevo descubrimiento.
- ¿Del asco? - preguntó la única chica del equipo quien desempeña el trabajo de mesera.
- ¡NO! - la respondió Hope a su dedo.
- ¿Limpio? - ahora fue el turno del de anteojos.
-No- dejó de ver el dedo y negó con la cabeza.
- ¿Bonito? - preguntó por último el sub-chef quien, un hombre obeso con cara tierna.
- ¡Exacto! - Leon respondió mientras aplaudía. - ¡Esa era la palabra que estaba buscado! ¡Quebrado! *hip*
El chico de anteojos fue el único quien se puso a trabajar mientras sus dos compañeros se miraron fijamente algo asustados.
-Qué raro, creí haber escuchado que dijo que el restaurante estaba en quiebra- comentó bromeando la chica.
-Eso dijo, Jessica- le afirmó el de lentes.
La chica soltó su escoba y corrió hacia el joven. Molesta lo jaló del cuello de su camisa.
- ¡Thomas, hijo de perra! ¡¿Acaso ya lo sabias y no pensabas decirnos?!- Jessica lo sacudió molesta mientras el sub-chef miraba aterrado la escena y Leon ahora miraba torpemente sus manos.
Thomas la miró indiferente y después hacia el techo mientras suspiraba.
-No es asunto mío decirles que ocurre en el lugar- respondió neutral.
- ¡Pero todo lo que ocurre aquí también nos concierne! - el sub-chef llegó a apoyar a la chica.
El chico de anteojos forzó a la mesera a soltarlo y él volvió a lo suyo.
-¡Al menos dinos como supieron! ¡El jefe está en pésimas condiciones para ello! - exigió el sub-chef mientras señalaba a su jefe quien ahora miraba sus brazos.
Thomas no lo miró, pero asistió con la cabeza.
-Ayer por la noche hicimos cuentas y llegamos a la conclusión que hemos perdido mucho dinero en los últimos tres meses. Solamente si llegásemos a atender al menos diez clientes podemos soportar otra semana más.
- ¿Y si no lo logramos estaremos en quiebra? - preguntó Jessica asustada.
-Exacto.
-Sí, pero, podríamos recortar algunos gastos más…- comentó el sub-chef. –De hecho, podríamos utilizar el dinero que tiene guardado.
-Ese dinero no le pertenece, ¿Acaso no lo recuerdas? - contestó estresado el joven. –No queda más que esperar que el restaurante quede en quiebra y nos repartamos entre nosotros lo único que queda.
- ¿En quiebra? - preguntó una voz muy aguda quien rápidamente delató que le pertenecía a la de un menor. Se trataba de una niña pequeña de ojos azules, cabellos medianos de color castaño, flequillo y un listón rosa pastel que utilizaba como diadema.
La pequeña tenia medio cuerpo asomado en el marco de la puerta mientras se sonrojaba al ver que los demás fijaban su mirada en ella. Esa niña ya era conocida por ahí por el simple hecho de ser hija de Hope, pero extrañamente hacia su aparición y curiosamente ningún empleado sabía algo sobre ella, ni siquiera su nombre… solamente Thomas.
- ¡¿Pero qué demonios haces aquí?!- gritó Hope mientras se ponía rojo al igual que la pequeña.
Mientras Leon regañaba a su pequeña hija, los empleados comenzaron a charlar en un tono bajo.
-¿Tu sabias que la hija del jefe vendría?- le preguntó susurrando la mesera al sub-chef.
-No, no lo sabia- negó con la cabeza.
-Pero siempre es un honor tenerla por aquí, es tan tierna- comentó el joven con gafas asustando a sus compañeros, ¿Desde cuándo se comporta así?
-Al parecer eres el único que se alegra tenerla cerca- bromeó Jessica. –Aunque a veces me da miedo tu actitud…
-Es cierto Tom, no deberías acercarte mucho a esa niña. El jefe te matara si te confías mucho- añadió el sub-chef.
-Exageran demasiado, ni siquiera la trato- respondió tranquilamente el joven mientras se acomodaba sus gafas. –Aunque debo admitir que a mis dieciséis años de edad, me encantan los niños.
-Otro motivo para considerarte raro…- susurró la mesera mientras Leon seguía gritándole a su hija quien ya estaba llorando.
El trio quien escuchaba los reclamos del padre ebrio no podían sentir lastima por la pequeña, Leon nunca ha demostrado ser un buen padre ante nadie. Siempre tan exigente, mal humorado y frio. Según Thomas se debe a que la niña se parece demasiado hablando físicamente a su madre, la expareja de Hope.
- ¡Y por eso no quiero que estés aquí sin avisar! - y así terminó con su regaño.
- ¡Pero la señora Mel tenía que salir! ¡Ella me obligó a venir! - contratacó la pequeña con lágrimas en sus mejillas.
-¡Eso me da igual! ¡Solo eres un estorbo aquí! - la castaña comenzó a llorar con más fuerza que antes.
- ¡Yo no soy un estorbo! - gritó con fuerza.
-¡Largo!- le apuntó la salida. -¡Ya hablare con tu madre sobre esto!
-¡Pero papá! ¡Yo no quiero!
-¡Que te largues!- volvió a apuntar la salida.
- ¡Por favor, no quiero irme! - miró a los empleados de su padre y al encontrar a alguien que le brindaba confianza, corrió rápidamente hacia la mesera y le abrazó una pierna. -¡Ayúdame, no quiero irme!- le suplicó.
-¡Todo es culpa de tu madre!- la miró con furia. - ¡Ya le he dicho que deje su estúpido papel de noble y se haga cargo de ti!
La mesera miró con lastima a la pequeña asustada y después miró un poco asustada a su jefe.
-Jefe, ¿Y si yo me encargo de ella?- interrumpió la mesera.
-¡No te pedí tu opinión!- la miró furioso. -¡Vuelve a abrir la boca y te despido!
Antes de que la mesera llorara sintió como la pequeña la abrazaba con mas fuerza. Por lo que veía la mesera, la niña en verdad quería quedarse. ¿Cómo podría ayudarle?
-¡No le grites, ella no tiene la culpa!- le gritó la niña con lagrimas cayendo de su rostro.
Leon estaba a punto de gritarle algo más, pero se contuvo y cruzó sus brazos mientras pensaba. La situación económica de su restaurante y su adicción al alcohol le estaba afectando todo lo que quería, incluyendo su relación con su única hija.
Un dolor fuerte en el pecho lo hizo tranquilizarse, pero un ataque de tos llegó y fue cuando Tom lo auxilió. La pequeña dejó de llorar al ver el estado de su padre, soltó la pierna de la mesera y corrió hasta él.
- ¡Le traeré agua, señor! - gritó Jessica mientras corría por un vaso.
El sub-chef le pasó una silla para que tomara asiento mientras seguía tosiendo, cada vez se escuchaba peor.
- ¡¿Papá?!- gritó asustada la pequeña. -¡¿Qué tienes?! ¡¿Estas enfermo?!
Leon negó con la cabeza y segundos después llegó la mesera con un vaso de agua. Al tomar la bebida la tos se detuvo dejando que el hombre respirara violentamente.
El espectáculo dejo todos sin habla y demasiado preocupados. Cuando se sintió mas tranquilo, Hope miró a su hija y después a la mesera.
-Tú ganas, pero te advierto que si causa algún desastre será tu culpa- se levantó de la silla. –Necesito aire fresco…- dijo mientras salía de ahí.
Thomas rápidamente retiró la silla de ahí mientras la niña se quedaba quieta observando como su padre se iba.
-Muy bien…- se arrodilló Jessica enfrente de ella para estar a su altura. –Promete que no harás ningún desastre y que te portarás bien.
-Lo prometo- respondió vergonzosamente.
-De acuerdo, mi nombre es Jessica ¿Y el tuyo?…- le indicó con una mano que le diera el suyo.
-El mio es…- en cuanto iba a responder, su padre llegó corriendo.
-¡Un cliente! ¡Tenemos un cliente! - El sub-chef y Jessica se mostraron emocionados mientras que el Thomas solo asistió con la cabeza. -¡Esperen a mi llamada!- se volvió a ir.
-Muy bien, espera aquí. Yo tendré que atender al cliente…- le pidió mientras la niña aceptaba y la seguía con la mirada.
La mesera se puso en el arco de puerta de la cocina viendo de lejos a su jefe mientras la pequeña se acercaba poco hasta quedar detrás de ella y se asomó lo más que pudo.
El cliente se trataba de un hombre alto, muy alto. Vestía de una capucha negra y parecía tambalearse de un lado a otro. Esto le parecía demasiado sospechoso pero la pequeña sabía que si comentaba algo al respecto seria ignorada.
-Disculpe, pero no servimos de su clase en este restaurante- se escuchó de lejos como Leon se disculpaba, pero el hombre misterioso no le respondió.
-Que mala suerte…- bajó la cabeza la mesera y al ver a la niña detrás de ella le sonrió mientras la otra daba unos pasos hacia atrás apenada.
Para suerte de Hope, el encapuchado sacó algo brillante, pero ni la mesera y compañía pudieron ver de qué se trataba.
-Me gustaría su mejor habitación privada- ordenó el extraño con una voz gruesa mientras seguía enseñando ese objeto.
Hope lo miró impresionado y dio unos pasos hacia atrás.
-¡Es un honor que un noble como usted venga a nuestro restaurante! *hip*- dijo mientras se inclinaba - ¡Nosotros le prepararemos su habitación inmediatamente!
-"¿Ese hombre es un noble?"- pensó la niña dudosa. –"Eso no puede ser, los nobles no se visten de esa manera…"
Leon rápidamente corrió hacia la mesera, le dio indicaciones hacia donde llevar a este tan especial cliente y después entró a la cocina para comenzar a cocinar en cuanto la chica volviera con la orden.
-¿Papá?- lo llamó la pequeña.
-Te lo pediré por esta vez *hip*, estate quieta y no estorbes- le dijo dándole la espalda mientras se lavaba las manos.
-Pero papá, ese hombre no parece que sea de fiar- le comentó mientras señalaba la entrada.
Una vez que Leon terminó de lavarse las manos, se dio media vuelta y se agachó para mirar a su hija de cerca.
-Te lo diré una vez y espero que lo recuerdes siempre. Nunca juzgues a una persona por su apariencia, mira lo que me pasó… resultó ser un noble- la menor no entendía el objetivo de ese comentario, pero prefirió callar.
Mientras tanto afuera de la cocina, la mesera se acercó a aquel sujeto y felizmente comenzó a hablar.
-Es un honor tenerlo aquí, por favor sígame- dijo mientras se inclinaba.
-De acuerdo…- le hizo señal que se levantara.
La joven comenzó a caminar seguida por el hombre, ambos subieron las escaleras pasando por el primer piso, después al segundo y acabando en el cuarto donde había solo una habitación la cual era la exclusiva del lugar.
-Muy bien, adelante- comentó la chica mientras abría la puerta y le indicaba al cliente que pasara. El hombre comenzó a caminar con dificultad lo cual levantó sospechas en la mesera.
En cuanto ambos estaban adentro, ella esperó hasta que él tomara asiento para tomar su orden, pero este no lo hizo.
- "Debe ser de aquellos que son demasiados especiales y esperan que le saque la silla"- pensó molesta.
- ¿No tomará asiento? - preguntó sonriendo la mesera.
-Ah, si- dijo en tono preocupado. –Debo tomar asiento ahora mismo...- se miró sus piernas como si les estuviera ordenando.
La siguiente escena para Jessica fue demasiado confusa ya que el hombre comenzó a tambalearse de una manera aún más peculiar y en la zona de su estomago parecía que sobresalía algo similar a unas… ¿manos? Rayos, lo que hubiese sido la distrajo en un punto en que no pudo observar muy bien como es que se sentó cómodamente.
-Esta bien y ahora… ¿Qué le gustaría ordenar?- sacó una pequeña libreta.
-Tres tazones de ramen- respondió de golpe.
-"¿Acaso dijo tres tazones?... Tal vez tiene mucha hambre"-pensó mientras escribía el pedido.
-Enseguida…- salió corriendo sin antes cerrar la puerta.
Mientras la niña esperaba, Thomas se le acercó y le regaló una extraña sonrisa.
-Hola, mi nombre es Thomas- le mencionó mientras le extendía la mano.
-Ya me lo habías dicho…- recalcó un tanto asustada la menor. –Y también ya te había dicho mi nombre.
-Lo lamento, soy muy olvidadizo- sonrió amablemente. -¿Sabias que es falta de respeto no aceptar la mano de alguien?
-Oh, discúlpame- la aceptó pero al estar en contacto ambas manos, el joven se acercó un poco a la niña. Podría jurar que le estaba oliendo el cabello. Odió a su padre por estar ocupado en esos momentos para no ver lo que ocurría.
Para su suerte, Jessica llegó rápidamente con su respectiva orden mientras Thomas se separaba asustado de la niña. Leon y el sub-chef se pusieron a trabajar mientras la mesera esperaba pacientemente.
En su espera, la mesera sintió como la pequeña niña jalaba levemente su falda para que le prestara atención cosa que le dio ternura.
- Disculpa, ¿Podrías llevarme contigo? - le preguntó la pequeña.
-Lo lamento, no puedo- respondió.
-¡Tres tazones de ramen listos!- gritó el jefe.
-Lo lamento, quédate aquí- ordenó mientras iba por su charola.
La pequeña cruzó de mala gana sus bracitos y se recargó en la pared. Debía pensar en algo para no estar cerca de ese tal Thomas, daba miedo y olía extraño. Tenia que ser algo sumamente discreto para que no la descubriesen.
- "¿Qué puedo hacer? Podría irme, pero no quiero… si le digo a mi papá no me creerá"- pensó mientras arrastraba su espalda contra la pared y se sentaba. –"No recordaba lo aburrido que era venir aquí y mucho menos a ese tipo raro que no me deja en paz".
Siguió con la mirada a la apurada Jessica y suspiró. Realmente odiaba ir al restaurante de su padre pues era la única manera de verlo y a la clientela de este por ser tan fastidiosa.
Viéndole el lado bueno, después de la jornada de trabajo tal vez su padre le querría dedicar algo de tiempo a no ser que se encierre en su habitación a beber, como siempre.
- "A veces desearía tener un amigo o alguien que me haga compañía y me entienda…"- abrazó sus piernas.
- ¡Quiere otros tres tazones! - gritó la mesera mientras corría sacándola de sus pensamientos. ¿Cuánto tiempo se la había pasado pensando? Eso la tomó por sorpresa.
- ¡¿Otros tres?!- preguntó el sub-chef.
-¡Si, deprisa!- afirmó la chica sin aliento mientras se recargaba en el marco de la puerta. Jamás había corrido tanto en su vida.
-¡Pero si ni han pasado los diez minutos!- reprochó Tom.
-"Como si estuvieses ayudando…"- se quejó mentalmente la niña.
-¡Eso no importa! ¡Ya serán seis tazones!- añadió el jefe sumamente feliz.
- ¡Idiota, es como si hubieran comido seis personas aquí! - el sub-chef le dio un manotazo en la espalda a Thomas mientras sonreía emocionado y al chico se le caían las gafas. - ¡Así solo faltarían cuatro para sobrevivir la semana!
- ¡Ya están listos! - le informó Hope a Jessica.
Nuevamente la pequeña vio como salía apresurada la mesera con su charola y se iba corriendo ´por las escaleras. Tras esperar ahora ocho minutos, Jessica volvió y con otra orden.
- ¡¿Qué?! ¡¿Ha vuelto a pedir lo mismo?!- preguntó exaltado el sub-chef.
-S-Si- respondió la mesera sin aliento.
-¡Este es nuestro día! ¡Nueve tazones de ramen!- gritó muy feliz Leon. - ¡Thomas, deja la escoba y ayúdanos! ¡Y tráeme un café! *hip*
-Jefe, ¿No le parece que algo no está bien? - preguntó el chico como respuesta.
- ¡Eso no importa! ¡Se está consumiendo más ramen que en días pasados! - respondió eufórico.
-De acuerdo…- se limitó a contestar.
Mientras Leon servía lo que quedaba del ramen, el sub-chef y Thomas se encargaron de preparar otra olla mientras que la hija del jefe quedaba impresionada por la maestría con la que preparaban los alimentos, no era algo que solía ver todos los días.
- ¡Listo! - gritó Leon mientras la mesera nuevamente llegaba por el encargo.
-Jefe, le vuelvo a insistir que algo no anda bien aquí- comentó el joven mientras se limpiaba la frente y miraba a su jefe el cual estaba sonriendo, extraño pues casi no solía hacerlo.
-Ya te dijo que no le interesa y la verdad, a mí tampoco…- respondió el sub-chef. –Dinero es dinero.
La única persona quien concordaba con el chico era la hija de su propio jefe, desde que vio llegar a ese sujeto no le dio buena espina.
-"Él tiene razón, algo aquí no anda bien"- pensó la castaña mientras miraba de lejos las escaleras.
La niña esperó a que la mesera bajara para después aprovechar la situación, sabia que ella no notaria que se había retirado pues estaba muy ocupada. Se levantó despacio y caminó hasta las escaleras, subió estas deprisa y se escondió en el primer piso detrás de una maseta que se encontraba ahí.
En cuanto escuchó los pasos rápidos de Jessica, se quedó quieta y para su mala suerte el cliente no estaba por ahí.
-Debe de estar en el segundo…- susurró para si misma.
-¡Por favor, otros tres tazones!- gritó el cliente mientras que la pobre mesera aun no llegaba a su destino.
-¡Si, enseguida!- gritó cansada.
-Ese hombre saldrá súper gordo de aquí- susurró nuevamente la niña divertida.
En cuando la mesera bajó hacia la cocina, la castaña aprovechó y subió al segundo piso y se sorprendió al ver que era aún más elegante que el anterior pero no podía perder tiempo observando el lugar, tenía que esconderse. Esta vez detrás de una columna del edificio.
- ¡Ya voy! - gritó Jessica mientras subía y dejando atrás el segundo piso.
-¡¿A dónde demonios lleva ese ramen?!- se quejó la que la seguía mientras golpeaba el piso con un pie.
-¡Otros…!- volvió a gritar el hombre.
-¡Si si si!- la pobre mesera bajó rápidamente.
-Muy bien, tal vez lo mandaron al cuarto piso. Debió decir que era alguien sumamente importante…- sospechó la niña mientras subía hacia ese piso y dejaba atrás el tercero.
En el tercer piso se les entregaba una habitación a familias numerosas, ya sean de la nobleza o no por lo que quedaba descartado. En este nivel se encontraba una habitación cerrada con llave, ninguno de los empleados incluyendo a Krystal sabían que había tras de ella, el secreto mas preciado de Hope tal vez u otro almacén.
Al subir las escaleras trató de imaginarse a ese hombre gordo quien no dejaba de comer y en lo feliz que se pondría su padre en cuanto le pagara, tal vez así podría dedicarle el tiempo que tanto desea y al mismo tiempo el restaurante se salvaría de la banca rota.
-He perdido la cuenta de cuantos tazones van pero eso no importa, papá estará muy feliz. Además de que le dieron el piso más caro- sonrió mientras buscaba un lugar donde esconderse.
El cuarto piso era exclusivamente para los nobles más importantes quienes no deseaban ser interrumpidos por lo cual no había ningún objeto que le estorbara o causara ruido afuera de la habitación
-Demonios, Jessica me va a descubrir…- entró en pánico, pero en cuanto escuchó los pasos rápidos de la mesera.
Sin pensarlo más, la niña corrió hacia una esquina y se tapó la carita con sus manos, pero eso no le fue necesario ya que Jessica no se percató de su presencia por lo cansada que iba. Antes de tocar la puerta, se inclinó para tomar un poco de aire y una vez tranquila llamó.
- ¡Con su permiso! - abrió lentamente la puerta y algo le llamó la atención lo que causo que su mirada cambiara y se detuviera.
La pequeña retiró sus manos y miró fijamente a la joven quien después pegó un grito ya que un brazo demasiado largo salió de la habitación y le arrebató su charola.
-¡Jefe!- gritó pidiéndole auxilio a Hope mientras bajaba corriendo.
- ¿Qué-Qué fue eso? - se preguntó la pequeña mientras se alejaba de su esquina para después escuchar un golpe y un quejido, la mesera se había caído de las escaleras.
Respiro hondo para evitar reírse, pero agradeció que la caída de la chica causó que se le esfumara el miedo y naciera curiosidad por saber de quien era ese brazo. Tomó el valor suficiente, se acercó a la puerta y giró la perilla lo más lento posible.
Asomó media cara y buscó a aquel hombre alto, pero para su sorpresa no lo encontró. Tres sombras se encontraban devorando el ramen que les acababa de llevar Jessica. ¡Vaya, si solo son tres niños! Dos con sombrero y un pelinegro en medio y enfrente a ellos se encontraba una gran montaña de platos vacíos.
- "¡Por eso pedía mucho!"- pensó mientras cerraba delicadamente la puerta para evitar ser atrapada.
La curiosidad mató al gato, ahora que sabía la verdad. ¿Que podía hacer? Estaba en una gran disputa.
-Pero, ¿De quien era ese brazo tan largo?- comenzó a preguntarse mientras bajaba las escaleras. –Sea de quien sea mientras pague no hablaré.
Al escuchar la voz de su padre, abrió sus ojos y miró alrededor. Tenía que esconderse.
- ¡Repítemelo de nuevo! ¡¿Un brazo largo?!- le preguntó el jefe a su empleada quienes iban subiendo seguidos por los demás.
Rápidamente la pequeña se escondió en el tercer piso mientras los demás pasaban.
-¡Es enserio! ¡Medía casi dos metros!- estiró sus brazos para darles a entender el tamaño.
-¡Con que es un usuario!- gritó sarcásticamente. - ¡Ya lo veremos y tendrá que pagar todo el ramen que ha consumido! - gritó furioso.
Sin moros en la costa rápidamente la niña bajó hasta la entrada y salió del edificio.
-Papá enojado da miedo, en especial si le grita a un cliente…- dijo mientras miraba el cielo. -¿A que se referiría con "usuario"?- entrecerró sus ojos gracias a los rayos del sol. Si diera unos pasos hacia atrás, la carpa de la entrada le retiraría la molestia.
Tras escuchar como una ventana cercana se rompía y ver como frente a sus ojos cayeron unos pedazos de cristal, caminó hacia atrás asustada. Para su suerte, la carpa que le brinda sombra le salvó la vida al retener la mayor cantidad de aquellos trozos filosos.
-¡Papá!- gritó asustada.
-¡Esos ladrones escapan! ¡Que alguien los atrape!- escuchó la voz de su padre.
- ¿Ladrones? - miró a su alrededor, pero no vio a ninguno. Esperen un segundo, ahora estaba procesando todo. Alguien había saltado por la ventana. - ¡Esos niños se fueron sin pagar!
-¡Ellos! ¡Son esos mocosos!- gritó un hombre.
Buscó a esos ladrones alrededor pero nuevamente no encontró nada. Un objeto pesado cayó sobre la carpa causando que se hundiera sobre su cabeza y ella se echara al piso. Quería llorar, estaba realmente asustada.
- ¡Corran! - escuchó una voz infantil.
Sintió el impacto de otros dos objetos y al sentir la carpa justamente en su espalda se permitió llorar. No quería morir y menos aplastada.
Rápidamente observó los pies de un oficial y como se quedaba parado observando lo que cargaba la carpa.
- ¡¿De nuevo esos tres?! ¡¿Por qué demonios los dejaron entrar al restaurante?!- se cuestionó en voz alta mientras que la niña dejaba de llorar y entendía la situación. Lo que realmente estaba encima de ella y podían causarle la muerte eran esos niños.
La carpa subió inmediatamente y tres pares de pies cayeron justamente enfrente de ella. Ahora libre, alzó la cabeza y rascó sus ojos llorosos. Quería ver a los causantes de todo t tratar de memorizar sus caras: un pecoso con cara de pocos amigos, un chico con una cicatriz debajo del ojo y por ultimo uno sin un diente (el más bonito para su gusto).
- ¡Rápido! - ordenó el pecoso y el trio comenzó a correr.
-Están… escapando…- susurró asustada.
No podía dejar escapar a esos tontos que engañaron a su padre y jugaron con sus sentimientos escaparan. No puede. No saben la situación del restaurante y mucho menos de su familia. Tiene que detenerlos, si los atrapa tal vez las cosas se resuelvan.
La duda y el miedo hacen que su cuerpo se tense, pero su valentía le pedía a gritos que se levantara antes de que fuera demasiado tarde. Con dificultad, la pequeña se levantó lo más rápido que pudo, sacudió su elegante vestido y fue tras ellos.
- ¡Que no huyan! ¡Que alguien atrape a esos tres! - gritó desesperada mientras comenzaba a perderlos de vista.
Vaya, nunca en su vida había gritado en público, pero al saber que lo hacía por su padre, no importaba la vergüenza que sentía al hacerlo.
Un oficial al escucharla reaccionó y fue tras los ladrones, pero para mala suerte de él y la niña este tropezó siendo pasado por la ultima.
-Gracias por intentarlo…- susurró sonrojada mientras no dejaba de correr.
No está acostumbrada a este tipo de actividad física y se nota al ver que le falta el aire y todo su rostro está colorado. Si no fuera por la adrenalina que siente correr por todo su cuerpo ya se hubiera detenido.
Al darse prisa nuevamente los visualizó y cuando se percató que habían bajado la velocidad un alivio la motivó a esforzarse, aunque había otro pequeño detalle: aún se encontraba lejos de ellos.
Cuando vio que un noble que se encontraba un poco as delante de ella comenzó a correr y a gritar un nombre, se sorprendió al ver que el trio de ladrones se detuvieran para voltear hacia atrás siendo imitados por el mayor. Ella por su parte aprovechó la situación para detenerse ella también, necesita aire.
- ¡¿Sabo, eres tú?! ¡Espera ahí! - gritó el noble. Mientras trata de recuperar con urgencia todo el aire que le falta descubrió un detalle curioso. El hombre porta una vestimenta similar al del niño bonito.
-Niño…bonito…llama…Sabo- se dijo con dificultad mientras se agachaba y trataba de calmar su respiración.
-¡Así que estas vivo! ¡Regresa a casa! - le ordenó el hombre mientras que "Sabo" se mostraba molesto.
Los segundos pasaron y la tensión se incrementó, ninguno intercambió palabra y la policía no tardaba en llegar hasta su altura. ¿Qué tanto esperan? Antes de que pudiera observar algo más, los niños comenzaron a correr nuevamente.
- ¡Espera! - gritó el noble mientras él y la niña comenzaban a seguirlos otra vez.
Había algo que la niña y el noble tenían en común, no estaban acostumbrados a correr. Eso quedaba claro pero el único detalle que los diferencia entre ellos era la voluntad por alcanzarlos. Él se detuvo después de correr algunos metros más mientras que ella no se detuvo. Eran razones diferentes por las que ellos querían alcanzarlos, pero se podían notar la importancia que cada uno le daba al asunto.
Cuando ella pasó por ahí y lo miró no pudo evitar sentir lastima por el noble, pero algo dentro de ella le decía que no debía hacerlo. La razón es simple, odia en secreto a los nobles y por ello no cree que tenga que comparecerse de él.
Fijó la mirada en el niño bonito que ahora reconocía como "Sabo" y olvidó por un momento el cansancio que sentía. ¿Acaso él también odia a los nobles como ella? Tal vez sí, pero eso no explica el hecho que el hombre le exigiera que regresara con él. ¿Y si acaso es su padre? Tal vez él fue demasiado exigente con su hijo y por ello escapó de casa.
¿Y esos otros niños? Podrían ser hijos de nobles que también escaparon o uno de esos legendarios "niños ratas" que cuentan los nobles a sus hijos antes de dormir para asustarlos.
Ya saben, la historia que dice que, si no eres un niño bien portado, no cumples con los deseos de tus padres, deshonras a la nobleza y el destino te muestra las tres advertencias; a media noche te convertirás en un niño rata y vivirás así para simple. Comiendo basura y chillando por la eternidad.
Desde que su tutora le contó la leyenda antes de dormir siempre se ha prometido comportarse para que no se convirtiera en niña rata. Aun sin pertenecer a la nobleza no podía correr con el riesgo.
Pero ahora en la actualidad, mientras corría tras el trio y recordando los rostros de los amigos de Sabo… ninguno tiene rasgos que se le asemejen a una rata. Ni siquiera dientes.
Cuando recapacitó, se percató que el trio y ella misma se acercaban al gran portal donde separaba el reino de la Gray Terminal y al parecer ellos estaban más que dispuestos a salir del reino. Nunca ha visto esa separación bloqueada y según escuchó alguna vez por parte de su padre, la razón de ello era porque los que viven en ese basurero suelen hacerle "favores especiales" a algunos comerciantes y cuando la cierran es que las cosas están turbias en el reino.
Aun es algo joven para entender eso y lo admite, pero no juzga a esas personas. No tiene motivos para hacerlo y por ello no teme del todo en entrar a ese lugar… si llegase a pasar algo no duda que alguien pueda orientarla a la ciudad.
Se arriesgaría, todo por su padre. No hay tiempo para temer ni llorar, tiene que recuperar ese dinero perdido y viéndole el lado bueno, podría comprobar su teoría de que existe la posibilidad que ese trio en verdad si eran niños ratas. Unos que tal vez de día lucen como niños normales y de noche se ven como roedores.
- "Solo espero no convertirme en niña rata""- pensó asustada mientras ignoraba el olor a basura que comenzaba a incrementarse y pasaba por ese portal tan famoso.
Restaurante de Hope
-Es increíble que hayan huido por la ventana, ¡Estamos en el cuarto piso! - renegó Hope.
-Señor, perdimos mas de diez tazones de ramen- interrumpió Thomas. –Quiero decir, más de doce.
Leon comenzó a toser nuevamente, pero en cuanto su mano derecha se ofreció a ayudarle este le negó su ayuda.
-Debí hacerte caso- le dijo mientras su voz se hacia ronca.
- ¡Jefe, esos mocosos dejaron esto! - llegó el sub-chef con un trozo de una hoja de papel.
- ¡Déjame ver eso! - le arrebató la hoja y cuando vio que tenía algo escrito lo leyó de inmediato. Pasaron los segundos, leyó más de dos veces el texto y cuando creyó ser suficiente, hizo bolita el papel y lo lazó por ahí. –Malditos ladrones, ya me las pagarán.
La mesera curiosa al ver que la bolita de papel cayó a unos pasos de sus pies, se acercó a el para tomarlo y desdoblarlo. Torpemente leyó el texto en voz alta.
"Vale por un tesoro" –Luffy.
-Oficialmente estamos acabados, fue un placer- admitió Hope alzando ambas manos.
-Jefe no diga eso, todavía no se acaba el día…- trató de animarlo Jessica mientras aun sostenía el tozo de papel.
-Ya no hay nada que hacer- afirmó sin ganas. –Cerraremos por hoy el restaurante y me llevare a mi hija a dar un paseo por aquí hasta que su tutora regrese. Ya pensaré como contarle la situación, aunque creo que se pondrá a llorar como siempre…- hizo una pequeña pausa. –Por cierto, ¿Dónde está? - se dirigió a la mesera.
Por las prisas y por el asunto del brazo, la mesera había olvidado a la hija del jefe. No recuerda haberla visto. Mierda, olvidó por completo que estaba bajo su cargo desde un principio y si no la encontraba estaría más que frita.
Al no recibir alguna respuesta, Hope entendió la situación. Jessica tuvo suerte, el hombre no se encontraba de humor para gritarle. Conoce a su hija, no es de esas que sale corriendo por cualquier idiotez. Debe andar por ahí…
- ¡Búsquenla! - ordenó mientras todos (a excepción de su mano derecha) salían corriendo. - ¡Thomas, ya sabes que hacer!
-Pero señor, no tengo nada que me ayude…- respondió seriamente.
- ¡Debiste tenerla cuando tuviste la oportunidad! - lo regañó. - ¡No es momento para que me digas…!
Un mareo fuerte causó que perdiera un poco el equilibrio y lo obligara a tomar asiento. Con un rostro de arrepentimiento, el hombre llevó una mano hasta su frente y frunció el ceño.
-Su madre me matará si se entera que no he sido buen padre- comentó con voz quebrada. –Tendrá razón cuando me decía que yo no era un bueno para ella, que no la merecía…
-Señor, no diga eso- interrumpió el joven. –Verá que ya aparecerá. Debe estar en alguno de estos pisos.
-Eso espero…
Tras no recibir una respuesta por parte de Thomas, Leon se levantó de su asiento y miró por la ventana rota con algo de nostalgia.
-Primero la gran mentira de su madre, la noticia de mi enfermedad y ahora la perdida de mi negocio. Ya no tengo motivos para vivir a este paso- dijo con los brazos cruzados.
- ¿Y su hija? Ella debe ser una razón…
- ¿Después de lo que le he hecho? No quise hacerme cargo de ella cuando rechazó vivir con su madre y tú mismo sabes como la traté todo este tiempo. Siempre quise darle la idea que era un estorbo. Me teme, siempre la hago llorar y por ello no la merezco.
- "Podría ir a buscarla pues tengo ventaja de encontrarla en minutos, pero parece que necesita ayuda"- pensó Thomas con lastima.
-Ella merece más de lo que puedas pensar, Thomas. Amigos, amor, recuerdos buenos… todo eso y más y lo conseguirá cuando muera. De eso estoy seguro.
- "Mucha habla y poco tiempo"- Thomas le dio la espalda mientras comenzaba a caminar. Al parecer el destino le dice que él mismo debe encontrar a la hija del jefe.
Continuara…
Bueno no mencioné el nombre "Ace" en este capitulo, pero si di a entender que era uno de los niños :3 ¡Dejen su humilde opinión sobre este capitulo en su review, me servirían bastante! D: ¡Hasta el próximo capitulo!
-Los ama, Luna-
