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Mundo: Manga

Advertencias: Lime


#03 - Passion


Había cosas que se descubrían por accidente; otras, el trabajo arduo las presentaba; unas cuantas, a pesar de ignorarlas adrede, llegaban

Y quizá las más trágicas, insistían en quedarse de frente, gritando que existían sin ser nunca conocidas

En realidad no sabía en qué categoría estaba lo suyo, pero una combinación de todas bien podría ser una opción, la más viable por la mezcla perfecta y confusa de emociones que corrían de extremo a extremo

Pasó en menos de 10 minutos de la molestia al miedo, de la emoción a la timidez, del completo odio al cariño deformado

Eso lo irritaba. Lo hacía demasiado

Nunca sabía definirse cuando se trataba de Kaworu Nagisa y su inocencia insolente, su cinismo sincero y la seguridad perturbadora que lo colocaba como un objeto de su observación

Era como ser la mariposa a la que un niño curioso, de alma limpia, le arrancaba las alas de a poco

Nagisa se las destrozaba de innumerables formas… pero aquello

Mierda

-¿Cómo se siente? – preguntó sonriente, acariciando su torso desnudo despacio, con insistente finura e irónica agresión

No respondió. No quería cuando resultaría humillado ante ese chico de ojos carmesí que lo destrozaba con tanta precisión

Sí, no dijo nada, aunque no era como si hubiese sido necesario: la respuesta llegó cuando lo forzó a mirarlo y hundió la lengua en su boca, guiando a la propia en aquel tacto húmedo que le privó del aliento

El roce constante de sus miembros despiertos, las pieles conociendo a la contraria, los suspiros que resonaban en el lugar armaban y desarmaba todo lo que su mente pudiese sugerir

A final de cuentas, a pesar de las voluntades y los reclamos que se atrevía a imaginar, sólo quedaba Kaworu y su pasión: esa maldita pasión que sustituía su desdén habitual por algo que no podía descifrar

Se entregó, entonces, a todo lo que le daba y decía, lo que demandaba y brindaba, a esa sonrisa dulce y desvergonzada que le arrancaba las alas que, por convicción propia, le dejaba al alcance

… y aún si no lo hiciera, él las atraparía y devoraría sin la mínima consideración, como lo hizo cuando se conocieron en esa parte desolada de la ciudad y lo descubrió tocando el piano

Quizá se sentía como aquel gato al que le rompió el cuello

-Shinji – se separó un mínimo de ese beso profundo, colocando su cadera en posición para dejar su entrada a disposición – Hay algo… que he querido preguntarte

Sabía a qué se refería… a pesar de que inútilmente fingió desconocimiento

Esa pasión siempre lo doblegaba. Era un hecho que no le pasaba de a desapercibido al chico de cabello blancuzco plateado que ya volvía a atacar su cuello

-Shinji –repitió estrechando su trasero. Fue inevitable emitir un gemido de puro placer – Quiero saber si… si tú… ¿me amas?

Sí, justo como a la mariposa sin alas o al gato muerto pudriéndose en la nada, Kaworu provocaba esa combinación de extremos

Lo odiaba

Lo quería lejos… y a la vez, lo deseaba y lo quería como a nadie más en el mundo entero

Maldita pesadilla

-Sí… - respondió con sinceridad, puesto que no debía pensar en los dilemas en ese momento

Él no lo dejó con lo que le siguió

Y estaba bien

Por ahora y para siempre estaba bien así