CAPÍTULO DOS

REENCUENTRO

Versión Edward

- Bella…- dije con un hilo de voz y rogando para que no me cerrara la puerta en la cara.

Ella estaba inmóvil, como en estado de shock. Estaba claro que a mí, era a la última persona que pensaba recibir al abrir la puerta.

- Bella…- volví a llamarla.

- No. No…esto…no…-hablaba incoherencias-…vete, vete…por favor. No- negaba con la cabeza.

- Cariño… - alcé una mano para tocarla. Ansiaba sentir su contacto de nuevo.

- ¿Por qué me haces esto? Me ha costado mucho acostumbrarme. Vete, por favor- se retiró de mí.

- Por favor- le rogué-sólo quiero hablar contigo.

- No. Ya casi no lloro. Tengo un trabajo, estoy bien,… ¿por qué me haces esto? ¡No es justo!

Odiaba ser yo el causante de todo esto. Detestaba verla sufrir por mi culpa. Me repugnaba a mí mismo por todo ello.

- Lo que no es justo es que estemos separados. Que me mantengas alejado de ti amor.

- No me llames eso.

- ¿Puedo pasar?- le pregunté

- No.

- Por favor…

- Edward te lo pedí. Me lo debías.

- Cariño no puedo. Lo siento... lo he intentado pero no puedo vivir sin ti- nos miramos durante unos segundos sin decir nada.

- ¿Puedo pasar? – le volví a pedir.

- No Edward, no. Vete.

- Bella, te he echado mucho de menos.

- No quiero verte. Vete y no vuelvas- y con esto me cerró la puerta en la cara.

Me quedé asombrado. Bella tenía más genio, más carácter. Esta no era la tímida Bella con la que me había casado. Me encantaba ese temperamento, esa pasión que desprendía. ¡Dios! Estaba preciosa.

Esta noche me iría a un hotel. Ya sabía que iba a ser duro y que no sería fácil hacerla recapacitar. No me importaba emplearía el tiempo que hiciera falta para recuperarla y mañana volvería a la carga. Por hoy había tenido suficientes impresiones.

Versión Bella

¿Cómo había dado conmigo? ¿Alice le abría dicho algo? No, no lo creo. Para salir de dudas cogí el teléfono y llamé a Alice. Al segundo tono contestó.

- Hola Bella- contestó.

- Hola Alice. Perdona que te llame tan tarde pero me ha pasado algo y quería preguntarte.

- ¿Qué te ha pasado? ¿quieres que vayamos para allá?

- No. No hace falta.

- Bella ¿qué ha pasado? Me estás asustando.

- Tranquila. ¿Le has dicho a alguien donde vivo?

- Yo… no. ¿Por qué?

- Edward.

- ¿Edward? No te entiendo.

- Edward ha estado aquí. Ha venido a verme.

- ¡¿Qué?!

- Sí. Yo también me asombré. Todavía estoy recuperándome.

- ¿Qué te ha dicho?

- No sé bien. Estaba tan alucinada que ni siquiera lo escuchaba. Sólo quería que se fuera.

- Bella…-dijo Alice suspirando-, lo siento .Lo llamaría pero ya sabes que no….puedo preguntarle a mi madre.

- Está bien Alice, tú no tienes la culpa- sabía que Alices seguía sin hablarse con Edward desde que se enteró lo que me había hecho. Tampoco quería involucrar a Esme-. No la llames. Hasta mañana.

- Adiós Bella. Descansa.

Me fui a la cama pero no podía dormir. Cuando el despertador sonó aún estaba con los ojos abiertos.

Fui a trabajar como un alma en pena. No había diferencia en cómo estaba cuando me alejé de Edward y cómo me sentía ahora . Hoy llamaría a Alex para contarle que había pasado.

Llegué a la biblioteca y fui directamente a mi mesa. Estaba cansada y el no haber dormido me estaba tomando factura. Organicé mi mesa y observé el carrito de devoluciones. Había que colocar varios libros. Me levanté sintiendo mis piernas tan pesadas como sacos de cemento y me entretuve durante un rato.

Tenía que colocar un pesado libro de historia antigua en un estante una cabeza por encima de la mía. No llegaba. Tendría que coger la escalera.

- ¿Te ayudo?- me volví hacia la voz.

- Ah, hola Oliver- Oliver era un catedrático de la universidad especializado en cardiología-. Me cogió el libro y él mismo lo colocó-. Gracias.

- No hay de qué.

- ¿No tienes hoy clase?

- Tengo las dos primeras horas libres. Mis alumnos tienen que entregarme hoy un trabajo bastante complicado y les estoy dando un poco más de tiempo.

- Qué amable por tu parte. Yo creía que los profesores de la universidad eran unos individuos salidos del infierno para atormentar al alumnado sin ninguna indulgencia-bromeé.

- La mayor parte-contestó y le sonreí-. ¿Tuviste muchos así en la universidad?

- No, yo… no he ido a la universidad. Tenía que cuidar de mi padre. Él estaba muy enfermo.

- Oh vaya… ¿está mejor?- el corazón se me encogió.

- Murió hace menos de un mes.

- ¡Mierda!- dijo-, lo siento.

- No te preocupes. Fue una enfermedad larga y degenerativa y estaba preparada para su muerte. Aun así fue muy dolorosa y me dejó completamente sola.

- Perdona… estás bien? Tienes mala cara.

- Gracias –dije riendo.

- ¡Mierda!-dijo de nuevo-. Cada vez que hablo contigo lo único que hago es meter la pata.

- No pasa nada. No he dormido bien esta noche y estoy un poco cansada. Nada más.

- ¿Qué te parece si te invito a cenar para que me perdones?

- No hace falta.

- Insisto.

¿Cómo podía ir a cenar con él con Edward aquí? Aunque estábamos divorciados y no podía exigirme nada. Además Oliver y yo sólo éramos amigos. Quizá debería decirle que estoy embarazada, aunque pensándolo bien sólo era una cena con un amigo, no es que me fuera a casar con él.

- Está bien- contesté-. Pero que sea en Billy´s.

Billy´s era una especie de restaurante pero nada sofisticado. Era más familiar y amistoso.

- ¡Bien! Ahora te voy a traer un café bien cargado.

- Oh gracias, pero que sea descafeinado- Oliver frunció el ceño seguramente preguntándose por qué lo querría descafeinado si lo que necesitaba era despertarme-. La cafeína y yo no nos llevamos muy bien- expliqué.

- Muy bien. Pues marchando un descafeinado para la señorita.

Oliver desapareció por la puerta de la biblioteca y yo me senté en mi mesa.

Como cada día comenzaron a entrar alumnos y advertí al profesor Simón. Este ya no estaba en activo pero seguía dando conferencias.

No habían pasado más de cinco minutos y ya estaba Oliver de vuelta con un vaso térmico lleno con mi descafeinado, acompañado por un riquísimo muffin con pepitas de chocolate. Umm, ¿podría pedir algo más bueno?

- Ya estoy aquí señorita dormilona.

- Gracias no sabes cuánto te lo agradezco. ¿Cuánto te debo?

- Invita la casa- me sonrió.

- No.

- Bella por favor.

- Vale- le sonreí.

- ¿Dónde quieres que te recoja?

- Si no te importa prefiero quedar en el sitio.

- Está bien como sea más cómodo para ti. ¿Quedamos a las ocho?

- ¡Estupendo!

En ese momento sonó la campanita de la puerta y como si mi cuerpo lo reconociera me giró hacia él y nuestras miradas colisionaron.

- Bueno Bella nos vemos luego.

- Cla… claro. Adiós.

La estancia se quedó en silencio roto por el sonido de la puerta al salir Oliver.

- ¿A qué has venido Edward?

- ¿Quién es ese hombre? ¿Por qué ha dicho luego nos vemos?

- No tengo que darte explicaciones.

- Eres mi mujer.

- No.

- Sí.

- Nos hemos divorciado.

- No -¿qué?-. No he firmado los papeles-admitió-. No me voy a divorciar de ti. Te amo. Y nada nos va a separar. Ni siquiera tú.

Estaba alucinada.

- ¿Quién es él?

- Un amigo.

- ¿Sales con él?

- Me ha invitado a cenar y he aceptado.

- No vas a cenar con ese.

- ¡Oh claro que sí!

- Él te ha traído esto-señaló mi descafeinado y el muffin.

- Sí. Ha sido muy considerado.

- ¿Considerado? ¿Crees que este es el desayuno adecuado para una embarazada? Es un idiota.

- ¡Edward!- podía sentir como le hervía la sangre. Tenía los nudillos blancos y juraría que echaría humo por la nariz.

- No vas a salir con él y fin de la discusión.

- Eso ya lo veremos.

No dijo nada más. Sabía que se estaba conteniendo.

- Edward tengo que trabajar, por favor, vete.

- Eres mi mujer. No tienes que trabajar.

- Entiéndelo Edward, ya no soy tu mujer.

- Todavía eres mi esposa legalmente.

- Pero ya no soy tu mujer.

- ¿Me estás diciendo que ya no eres mi amante?

- ¡No!- que vergüenza cualquiera podría estar escuchando nuestra conversación-. Lo que te estoy explicando es que nos hemos separado.

- Pues para eso estoy aquí. Para que volvamos a estar juntos. Quiero estar contigo y con mi hijo.

En ese momento llegó a mi mesa el profesor Simón.

- Hola Isabella, buenos días.

- Buenos días profesor.

- ¿Cómo te encuentras hoy querida?

- Estoy bien, gracias profesor. ¿Qué se lleva hoy ¿- le pregunté mientras observaba los libros que llevaba. " Medicina de primer grado"

- Mi nieto de doce años quiere que le enseñe a operar. Quiere ser como su abuelo- le sonreí- es muy pequeño aún, pero nunca es pronto para empezar a aprender ¿no le parece?- dijo esta vez mirando a Edward.

Edward asintió.

- ¿Quién eres tú jovencito? Creo que no te he visto nunca por aquí.

- Él es…- Edward no me dejó terminar.

- Soy el marido de Isabella- le informó mientras le tendía la mano a modo de saludo.

- Oh vaya, por fin conozco al padre del bebé.

- Encantado de conocerlo soy Edward Cullen.

- Igualmente jovencito. Bueno Isabella en unos días nos vemos.

- Claro profesor. Cuídese.

Una vez que el profesor salió por la puerta volvió a la carga.

- ¿A qué hora sales?

- Se acabó Edward vete, estás interrumpiendo mi trabajo.

- Está bien por ahora. No quiero causarte problemas ni que te pongas más nerviosa. Es malo para mi hijo. Pero entiende que no voy a dejar que te escabullas de mis manos de nuevo.

Se dio la vuelta y se fue.

El día pasó entre lapsus y los nervios de la vuelta de Edward, mi aún marido. Lo amaba muchísimo. A las cinco de la tarde cerré y me fui a casa.

No tenía muchas ganas de salir, pero Oliver había sido muy considerado conmigo y no quería dejarlo plantado.

Sobre las ocho menos cuarto salí en dirección a Billy´s. cuando llegué Oliver ya estaba esperando.

- Hola Bella-se levantó para saludarme-, gracias por venir.

Le sonreí.

- ¿Qué quieres de beber? Podemos pedir un vino…

- Agua.

- ¿No quieres pedir otra cosa?

- No bebo.

- Está bien-levantó la mano para llamar a la camarera y ésta llegó en pocos segundos.

- Hola –saludó la chica-, ¿qué os pongo?

- Tráenos una de agua mineral y una cerveza. Miraremos el menú mientras.

- Muy bien- la chica se marchó.

De pronto Oliver miró por encima de mi cabeza.

- Hola amor, veo que estás acompañada- mi corazón saltó.

- Edward…

- ¿Lo conoces?- preguntó Oliver con el ceño fruncido.

- Claro que me conoce. Soy Edward Cullen – le tendió la mano a Oliver, este aún dudoso la aceptó-. Soy el marido de Isabella.

- ¿Qué? ¿Su marido? ¿Estás casada?

- Divorciada-dije.

- No cariño-dijo Edward.

- Separada-le miré con rabia.

- Que bromista eres amor.

- Yo no sabía…- Oliver no sabía qué decir.

- ¿Sabes que está embarazada de mi hijo?-le informó Edward-. Yo le puse la semilla en su interior. Supongo que sabrás como va eso ¿no?

- ¡Edward!-grité indignada, pero él solo miraba a Oliver dejándole claro que no tenía nada que hacer conmigo.

- Vale-dijo Oliver poniéndose de pie-. Veo que tenéis mucho de qué hablar o eso creo. Así que os dejo para que lo hagáis.

- Oliver, lo siento.

- No pasa nada Bella. Otro día quedamos.

- Espera sentado-contraatacó Edward.

- ¡Edward!

Oliver se marchó y yo me quedé avergonzada. ¿Cómo no me había esperado esto?

- ¿Qué crees que estás haciendo?- le inquirí muy enfadada. Este subió los hombros.

- Espantar a los moscones y cenar con mi mujer.

Fui a levantarme pero me lo impidió agarrándome de la muñeca.

- Ahora vamos a cenar. Luego te voy a llevar a casa y vamos a hablar tranquilamente sin que te alteres.

En ese momento llegó la camarera.

- Aquí os traigo las bebidas ¡Oh!- miró sorprendida a Edward-. Hubiera jurado que eras diferente.

- ¿Qué es esto? Dijo Edward señalando mi agua.

- Es lo que han pedido-respondió la camarera.

- Por favor traiga zumo de naranja natural para la señora –cogió el menú y lo observó por un momento-. Y sírvanos dos raciones de merluza en salsa verde con guarnición de espárragos y zanahorias.

- Muy bien señor-cogió los menús y se fue.

- Creo que soy mayorcita para elegir lo que bebo y lo que como.

- Pues no lo pareces. Tienes que cuidar bien de mi hijo.

No quise discutir con él y no dije nada más.

Mientras nos traían la comida él estaba ahí mirándome fijamente. Sentía como mis mejillas se coloreaban. Aún después de tanto tiempo aún conseguía ruborizarme.

- Dios estás preciosa. Has recuperado un poco de peso, incluso tus senos están más…

- ¡Edward!-le grité antes de que terminara la frase-. ¿qué pretendes?- me sonrió con esa sonrisa suya que me hacía derretir por dentro.

- ¡¿Qué?! ¿No puedo elogiar a mi preciosa esposa?

- ¿Qué pretendes Edward, avergonzarme?

- Tengo un plan de acoso y derribo sólo para usted, señora Cullen. Vas a volver a enamorarte de mí, aunque sea lo último que haga.

- No voy a volver contigo Edward-afirmé.

- Tu y mi hijo volveréis conmigo, seremos una familia feliz. Volverás a ser mía en toda la extensión de la palabra. Mi esposa, mi mujer, mi amiga. Volverás a ser toda mía. Completamente mía.

- Eso no va a suceder.

Nuestra comida llegó y estuvimos un rato en silencio. De vez en cuando Edward lo rompía para ordenarme que comiera. Seguía siendo el mismo arrogante, prepotente y mandón de siempre. Sobre todo increíblemente guapo. Todavía lo amaba. Me sentía completamente atraída por él.

Después de pagar la cuenta me fue guiando hacía la puerta con su mano quemándome en mi cintura. Una vez fuera el aire fresco me ayudó a poner mi mente de nuevo en perspectiva y aclarar mis ideas.

- Tengo el coche ahí mismo. Vamos-ordenó.

- No. Voy caminando, no hace falta que me acompañes.

- Te he dicho que yo te llevaré.

- He venido caminando y me voy caminando.

- ¿Que has venido caminando?

- ¿Por qué repites todo lo que digo?

- Porque me pone furioso que ese tipejo del tres al cuarto te haya dejado venir andando. ¿Qué clase de hombre no recoge a su cita? ¿Eso es lo que quieres Isabella, un hombre que no te cuide? ¿Qué no se preocupe por ti?

- ¡He sido yo quien se lo ha pedido!- le grité.

- ¡Pues él se debería de haber negado!

- Está bien. No quiero pelear contigo de nuevo. Me agotas.

Me cogió de la mano y me llevó hasta su coche. Abrió la puerta del copilo, me ayudó a sentarme e incluso me puso el cinturón de seguridad.

- ¿Está bien? ¿No te aprieta?- pasó un dedo por dentro del cinturón acariciando mi vientre cerciorándose de que no me apretaba. Me hizo estremecer. Mi respiración se hizo más forzosa. Edward lo notó y me miró mi boca entreabierta buscando aire-. Te he echado de menos-dijo.

- Vámonos- dije con la poca fuerza que me quedaba.

- Sí-salió de mi lado bordeó el coche acomodándose en su asiento y arrancando el coche.

El trayecto duró dos minutos. Estábamos muy cerca de mi apartamento.

Aparcó y salió también del coche.

- No hace falta que me acompañes. Gracias por la cena.

- Te he dicho que teníamos que hablar.

- Yo no tengo nada que hablar contigo.

- ¿Te está esperando?

- ¿Quién?

- El abogado.

- ¿Alex?- ¿qué tenía que ver Alex aquí?

- ¿Es tu amante? Por eso no quieres que suba ¿no? No quieres que se entere que nos hemos visto. ¿Vives con él o sólo viene de vez en cuando? ¿Lo prefieres a él antes que a mí ?

- Para Edward. Alex no es mi novio, amante o nada por el estilo. Es mi abogado y sobre todo mi amigo.

Edward me empujó hasta que quedé entre el coche y su cuerpo. Me agarró la cara con las dos manos y se puso a un centímetro de distancia.

- Él nunca te amará como yo lo hago. Nadie lo hará. Nunca podrás sentir con nadie tanto como yo te hago sentir- estaba tan cerca que casi se rozaban nuestros labios. Tenía que pararlo y lo empujé.

- Te he dicho que no tengo a ningún amante. Alex sólo me consiguió un sitio dónde vivir y un trabajo.

- Demuéstramelo y déjame que suba.

- Está bien- tenía que terminar con esto de una vez.

Versión Edward

Entramos en su apartamento. Su olor estaba en el ambiente.

- Vamos a terminar con esto de una vez. Siéntate. ¿Quieres beber algo?

- ¿Café?

- Bien- se dio la vuelta y fue hasta la cocina. La seguí.

El verla en movimiento era una locura para mí. Todo lo que hacía me parecía lo más sexy del mundo. Estaba tan hermosa…

- Te echo de menos- le dije y ella saltó asustada, no me esperaba detrás de ella. Si me inclinaba un poco hacía delante podría enterrar mi nariz en su pelo y aspirar su aroma. Pero no podía arriesgarme a perder el control. No quería apresurar las cosas y echarlas a perder.

- Edward …

- No puedo comer, ni beber, ni trabajar. No puedo respirar sin ti. ¿Tú no me has echado de menos aunque sea un poco?

- Te pedí que no me buscaras. Que me dejaras hacer una vida sin ti.

Me destrozaba que me rechazase y no quisiera saber nada de mí.

- Bella, mi vida sin ti,… no existe. He estado muerto durante todo el tiempo que no has estado conmigo. Pero me ayudaron a levantarme y me hicieron ver que tenía que luchar por lo que se quiere y mi hijo y tú sois lo que yo quiero.

- Eso pertenece al pasado Edward. Estoy intentado seguir con mi vida. Crear una nueva vida aquí, lejos de ti. Quiero un sitio al que llamar hogar para mi hijo y para mí.

- Un cuerno que esto pertenece al pasado cada vez que te miro me muero por besarte y hacerte el amor.

- Edward no.

- Siento lo que te dije y todo lo que te hice. Si tengo una excusa sólo son los celos. Celos de todos los que te miran, de todo de lo que me excluyes. De tus pensamientos que no conozco. Te amo y quiero que me pertenezcas por entero. Toda tú. Esa es mi excusa. Te amo de una manera loca y obsesiva desde que tenías quince años. Llevo enamorado de ti toda mi vida.

Me sentía tan impotente. ¿Cómo podía hacerla entender cuanto la amaba y que nos pertenecíamos el uno al otro? ¿Cómo hacerla ver que mi hogar era ella?

- Te amo Bella. Sólo dios sabe cuánto. Quiero estar cuando tu cuerpo cambie. Ir contigo al médico como tu marido y el padre de ese niño. Quiero estar de nuevo en tu vida y te juro que voy a ganármelo.

¿Qué pasaría si agarrara a Bella de los brazos e intentara reavivar la pasión que siempre hubo entre nosotros? ¿Me rechazaría?

- Estoy decidida a empezar de nuevo. Sin ti.

- Sólo quiero una oportunidad. Sé que me la tengo que ganar, sólo te pido que me dejes intentarlo, que no me rechaces antes de empezar por favor.

Hacía casi un mes y medio desde que habíamos hecho el amor por última vez. El deseo me golpeaba con sólo mirarla.

No podía apartar la vista de sus hinchados senos, la suavidad de su piel, su exquisito olor. Me acerqué más a ella en busca de alguna satisfacción.

Ella preveía mis intenciones y me agarró del brazo para pararme. El sentir su mano en mi brazo, sentir esa caricia, casi me hace caer de rodillas.

Quería abrazarla. Enterrar mi cara en su cuello y aspirar su aroma. Suplicarle perdón.

- ¡Dios cuánto te amo! Antes o después te haré mía de nuevo.

- Edward tienes que irte. Ya es tarde y mañana tengo que trabajar.

- No quiero que trabajes. Soy tu marido y el padre de tu hijo. Yo os mantrendré.

- No Edward, las cosas han cambiado. Ya no soy la chiquilla inocente y desvalida que se casó contigo. Soy una mujer capaz de mantener a su hijo sin ti. Tengo un trabajo y un hogar.

- Está bien. Ya hablaremos de eso más adelante. ¿Me das un beso de buenas noches?

- No.

- Por favor- le dije y antes de que pudiera contestar mis labios estaban sobre los suyos. Esa chispa que siempre había entre nosotros estalló haciéndome gemir. Lamí sus labios y adentré mi lengua en la dulzura de su boca. Estaba a punto de perder el control. Tenía que parar…sólo un poco más…

Antes de estropear cualquier posible acercamiento me separé y mi cuerpo sintió dolor físico. Sin separarme de sus labios le hablé.

- No vas a correr lejos de mí otra vez. No voy a perderte por segunda vez.

Rocé sus labios con los míos por última vez y salí de su apartamento con la firme promesa de recuperarla como fuera.