Hola, aquí traigo el segundo capítulo.

Esta vez, dedicado a Argin Heart n.n Así que espero que les guste. Nos leemos más abajo.

Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?

Advertencias: Bueno, como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.

Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.

Dos mundos

Capítulo 2: Entrenamiento

Al ver a aquella mujer en el escenario, Zoro sintió un escalofrío terrible recorrerle el cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Era una sensación extraña, como si algo estuviese fuera de orden…algo ahí debía estar realmente mal porque… Apenas ayer ella era una mujer libre, que lo había dejado como idiota frente a mucha gente, que había logrado escapar de él con tanta facilidad que daba gusto, que lo había hecho sentir una profunda inquietud solo con la mirada…y ahora esto. Estaba en una jaula, luciendo debilitada y resignada. ¿Qué rayos había ocurrido?

Mil explicaciones pasaron por su mente en ese instante, pero ninguna lograba quitarle esa inquietud tan extraña que se había apoderado de él.

Mientras tanto, Sanji miraba alternativamente al escenario y al marimo. ¿Qué rayos le pasaba por la cabeza, que lucía tan pasmado?

-¡Una verdadera delicia!- exclamó el subastador en el escenario- ¡recién nos han traído a esta bella mujer!

Utilizó un bastón que tenía cerca para hacerla mover, picándole con él las costillas. La mujer le dedicó una mirada de odio, y el hombre retrocedió unos segundos. Posteriormente, como pudo, ella se puso de pie.

Se mantenía en el centro de la jaula, así que Zoro sumó dos más dos: no parecía querer acercarse a los barrotes y no hacía el mínimo intento de escapar. La jaula tenia que ser de kairouseki.

Todos observaron a aquella mujer en cuanto ella se puso de pie. Aquello debía de ser humillante para ella.

Sanji respiraba profundamente, ¿Cómo se atrevían a tratar así a una dama? Mas sus esfuerzos estaban todos dirigidos a no perder el control de la situación, de sus propias emociones, en no ponerse en evidencia ni a su mismo ni a sus amigos. Luffy seguía conteniendo sus ganas de golpear, Ussop y Chopper seguían nerviosos, Zoro seguía sin podérselo creer.

El subastador seguía hablando tranquilamente.

-¿Cuánto ofrecen por ella? comencemos con…- la miró con burla y sonrió- ¿100 berries?

Una risa se dejó escuchar desde la multitud. Normalmente las subastas comenzaban con miles de berries. Ofrecer a la mujer por tan poco dinero era una humillación más, de modo que recibió otra mirada helada de parte de ella, como si estuviese dándole una advertencia que el otro no quiso atender.

-Infeliz- murmuró Sanji.

Alguien entre la multitud ofreció 101 berries apenas. Aquello parecía ser también parte de la diversión. Los que siguieron ofreciendo apenas aumentaban un poco la oferta, a lo mucho 50 berries.

Zoro estaba irritado, demasiado irritado. No había planeado en ningún momento hacer aquello, pero en un momento en que las risas inundaban todo el lugar, sintió como si su corazón se encogiera. Semejante espectáculo era duro de presenciar, y sus amigos estaban que estallarían de odio de un momento a otro. Luffy lucía enrojecido, como si el enojo se le hubiera subido por las mejillas y se hubiera concentrado en sus orejas, pero se concentraba en contenerse. Zoro podía ver sus dedos clavándose en el cojín de su asiento. Chopper y Ussop temblaban en una mezcla de miedo, enojo e impotencia, apretando los dientes y tallándose los ojos a cada momento para contener las lágrimas. Sanji estaba igual o peor que ellos, parecía que las sienes le palpitaban y todo eso junto estaba poniendo aun mas nervioso al peliverde.

Así que no lo pensó más y levantó el letrero que le habían dado al entrar en aquel salón.

-10 millones de berries-dijo, con toda la tranquilidad del mundo, y se hizo silencio allí. A lo más que habían llegado las ofertas era a los 10 mil berries, de modo que esa oferta resultó escandalosa y terrible. El silencio se apoderó de la sala, parecía como si de pronto aquello se hubiera vuelto un asunto de lo más serio. Zoro se sintió observado por todos los presentes en ese lugar, incluidos a sus amigos, pero eso no lo hizo sentirse cohibido en lo absoluto.

La mujer también levantó la vista y ubicó al hombre que había ofrecido tanto dinero por ella. No podía distinguir muy bien su rostro por detrás de lo que en seguida identificó como un feo bigote falso, y aquello solo logró inquietarla más.

-Bien…tenemos 10 millones, ¿alguien quiere ofrecer más?

-15 millones- dijo alguien más entre la multitud.

-20 millones- ofreció alguien más, subieron a los 30, 40 y 50, pero a partir de allí las ofertas ya no subieron mucho. De pronto todos parecían haberse interesado en adquirir a la mujer, desde el momento en el que Zoro ofreció una fuerte suma por ella. Se gritaban cantidades a diestra y siniestra, sin embargo ya ninguna crecía demasiado.

En cuanto a Luffy, Sanji, Ussop y Chopper, los cuatro estaban sorprendidos de que Zoro hubiese ofertado por la mujer, no tenía porqué, así que miraban al peliverde atentamente, esperando por si pensaba insistir.

El príncipe a su vez miraba a la mujer, que mantenía la vista en el suelo y los brazos a los costados de su cuerpo. Percibía apenas como sus brazos temblaban ligeramente, era evidente que estaba a punto de colapsar.

Zoro no pudo más.

-¡80 millones de berries!- exclamó, poniéndose de pie y callando de nuevo todo lo que pasaba a su alrededor. La mujer lo miró de nuevo. Era la oferta más alta que habían hecho por un esclavo en toda la noche. Esto dejo completamente sin habla a sus amigos y al resto de los asistentes.

-O…ochenta millones de berries…- dijo repitió el hombre desde el escenario en voz baja, sin poder creer lo que había escuchado. Zoro se mantuvo firme aun cuando escucho a su lado la vocecilla temblorosa de Ussop preguntándole qué demonios estaba haciendo.

-Ochenta millones….a la una…

El auditorio completo se mantuvo en silencio.

-Ochenta millones a las dos…-

La mujer no dejaba de ver fijamente al hombre que estaba dispuesto a pagar semejante cantidad por ella.

-O…ochenta millones de berries…a las tres- el hombre tragó saliva ruidosamente- ven...vendido al hombre de allá. Y…con esto concluimos esta subasta…esperamos que haya sido…de su agrado y que hayan encontrado algo de acuerdo a sus necesidades…- parecía estar demasiado turbado. No todos los días alguien ofrecía semejante cantidad por alguien, y mucho menos por una mujer que a simple vista no parecía ser especial de alguna forma más allá de su llamativa belleza. Zoro no terminó de escuchar el discurso de despedida del hombre porque casi en seguida había llegado una mujer, que con una gran sonrisa, le pidió que lo acompañara para que efectuara su pago y le entregaran su "compra".

Se pusieron de pie y la siguieron por un pasillo hasta que salieron en una especie de patio. Allí se encontraban todos los que habían comprado algún esclavo. Primero pasaban a pagar a una mesa donde recibía el dinero el hombre que precisamente había efectuado la subasta y que los había recibido cuando llegaron allí. Una vez que la mujer le indicó a Zoro que allí era donde tenían que pagar, los dejó solos. Fue entonces que Sanji tomó a Zoro del cuello de la camisa y lo miró, evidentemente molesto.

-¿Se puede saber qué acabas de hacer, marimo?

-Compré a una mujer.

-¡Exacto! ¡Exacto, idiota! Hiciste que todos voltearan a vernos, llamaste su atención y ¿sabes qué fue lo peor? ¡Compraste a una mujer! ¡Fíjate bien, idiota!-insistió, zarandeándolo- Esto va totalmente en contra de todos los principios con los que nos han criado nuestros padres, ¿cómo se lo explicarás al rey? ¡¿Qué acaso no piensas?!

Zoro le dio un empujón para quitárselo de encima.

-¡Tu llamas la atención hacia nosotros todavía más! Además, no pienso llevármela como esclava…sino como prisionera.

-¡Ah!, eso es muy diferente- contestó él con ironía- ¡No me hagas pensar que eres aún más imbécil de lo que siempre muestras, cabeza de lechuga! Además, es una gran humillación, no es manera de tratar a una dama, vendiéndola como esclava y tú, comprándola, como si se tratara de un objeto…

-¡Cierra la boca de una vez, lavaplatos de segunda! Esa mujer- explicó- es la que estuvo causando desorden ayer en el mercado en la capital. Te dije que la próxima vez que la viera la iba a encarcelar y es lo que pienso hacer.

-Zoro- llamó su atención Chopper, interrumpiendo una nueva discusión. Ussop había tenido que irse detrás de Luffy, que buscaba comida por todas partes- creo que ya puedes ir a pagar.

El hombre con el tres en la cabeza los estaba mirando fijamente, y ya casi todos los que habían comprado algo se retiraban del patio. Cuando Zoro se acercaba para pagar, el hombre volteó a una puerta que estaba a sus espaldas y les hizo una seña a los hombres que la custodiaban.

Trajeron entonces, sujeta de los brazos, a la mujer. Ya no le tenían en una jaula, pero estaba esposada con unos grilletes en ambas manos, que a su vez tenían una larga cadena que se ajustaba en uno de sus tobillos. Avanzaron hasta Zoro, y él se limitó a mirarla.

-Date la vuelta- indicó uno de los hombres. Ella no se movió- ¡que te des la vuelta, te digo!- y la jaló fuerte de un brazo para que girara sobre si misma. La expresión de Zoro, oculta por el bigote falso, no cambió. Cuando ella volvió a su ubicación original, mantuvo sus ojos fijos en él, escudriñando su rostro.

-Llévenla a mi carruaje- solicitó con voz fuerte, demostrándoles su molestia con el trato que le daban a la mujer. Mientras se retiraban, los observó, hasta el momento en que llevaron sus caballos y el carro y metieron en él a la mujer.

-Debo decir, que me sorprendió lo mucho que decidió pagar por ella- comentó el hombre mientras contaba el dinero que Zoro le había dejado en una bolsa sobre la mesa- algo de ella habrá llamado mucho su atención.

Zoro se encogió de hombros y no contestó.

-Es bastante hermosa- siguió él- pero debería advertirle… es una verdadera fiera, nos costó mucho meterla en esa jaula. No le quite los grilletes de kairouseki a menos que haya encontrado una manera de…domarla, usted sabe a lo que me refiero.

Zoro analizó rápido las opciones que tenía. Sanji, Luffy, Ussop y Chopper seguían viendo los alrededores para encontrar alguna pista, y él tenía entonces a su disposición a aquel sujeto que desde un principio le había caído bastante mal. No perdía nada con intentar sacarle algo.

-Jhe, por supuesto que sé a qué se refiere- dijo, mostrando la sonrisa más perversa que tenía en su repertorio- le aseguro que me divertiré mucho con ella- esperó un momento y siguió- pero no lo se, esperaba que tuvieran cosas más interesantes en una subasta así- continuó, poniendo cara de aburrimiento- si no fuera porque esa mujer es tan hermosa, no hubiera comprado absolutamente nada.

El hombre pareció ofendido.

-Pues déjeme decirle que nuestros cazadores son los mejores en millones de kilómetros a la redonda. Si no lo fueran no trabajarían aquí.

-¿Usted los escoge personalmente?- preguntó él, mostrándose interesado. Dirigir aquella plática estaba siendo más sencillo de lo que había sospechado- no puede ser algo demasiado complicado.

-No. Tenemos…estándares marcados, por el jefe.

Estaban llegando a donde Zoro quería. Aquella plática parecía estar poniendo nervioso a su interlocutor, así que decidió aprovechar esto.

-¿Tienen un jefe, eh? ¿Está aquí? Porque me gustaría comentarle una o dos cosas sobre los productos de su subasta.

En todo este tiempo, Zoro no había dejado de hacer el por demás ridículo y complicado acento que Sanji había empleado al principio al dirigirse al tipo, pero ahora se cuidaba de agregarle su estilo, con intimidación, con esa facilidad que tenía para hacer temer hasta a los más fuertes rivales. Todo el tiempo, usando a consciencia su expresión corporal, cada tonalidad de su voz y cada expresión que era capaz de imprimirle a su mirada.

-No…no puede. Él no está aquí.

-¿No? ¿No debería estar aquí protegiendo sus intereses?

El hombre se encogió de hombros y siguió contando. En cuanto terminó, lanzó un suspiro y lo miró.

-Esto es apenas una actividad secundaria para él- explicó- en realidad lo que suceda aquí a él no le importa demasiado, siempre que reportemos ganancias cada cierto tiempo. Por cierto, con su generosa compra usted nos ha ayudado a cubrir la cuota. Quien lo diría.

Zoro se mostró aun más interesado, pero el hombre pareció darse cuenta de que había hablado demasiado porque bajó la vista de nuevo al dinero y se mostró completamente hermético a unas pocas preguntas más que el peliverde le hizo. Zoro pensó en dejarlo así. No tenía tanta facilidad para hacer ese tipo de interrogatorios, como Ussop, por ejemplo.

-Aquí hay dinero de más- observó el hombre- quinientos mil berries.

Miró a Zoro con sospecha, pero el peliverde vio allí una segunda oportunidad.

-Puede quedárselos- concedió con una sonrisa que intentaba ser amable- sólo dígame una cosa más. Su jefe… ¿Qué clase de hombre es? ¿Qué negocios le interesan?

El sujeto miró a Zoro con sorpresa, luego volteó a ver el dinero. Zoro percibió en su mirada el brillo de avaricia en sus ojos que tantas veces antes había visto en ladrones y súbditos. Luego de ver hacia los lados, cuidándose de que nadie oyera, se inclinó hacia él.

-Primero dígame, ¿por qué muestra tanto interés en él?

Zoro miró al hombre y por un segundo no supo que contestar, pero para su propia sorpresa, su mente trabajó como un rayo. Se preguntó qué contestaría Sanji, y tuvo su respuesta. "Infiltrarse y destruirlos desde adentro".

-Creo que a él le interesaría hacer negocios conmigo- explicó- me dedico a algo parecido...pero lejos, muy lejos de aquí.

-Oh…entonces… ¿se la llevará lejos?- preguntó con cierta sorpresa, señalando hacia el carruaje donde ya habían metido a la mujer.

-Así es- contestó firmemente- pero aún no me ha dicho lo que quiero saber.

El hombre bajó la vista y soltó un último suspiro.

-El jefe es un hombre misterioso, no le gusta que hablemos de él- explicó- nunca estamos cien por ciento seguros de dónde está o a donde va a ir. Se comunica a través de intermediarios, y pocos son quienes le conocen en persona. Pero supongo que si lo que le propone es realmente bueno, lo escuchará. Puedo servirle de contacto si eso quiere, cuando lo desee.

Zoro le miró, frunciendo el ceño realmente pensativo. Tomó la carta recibo que el otro le extendía.

-Gracias, lo tendré en cuenta- dijo, de una manera un tanto más amable- creo que por ahora me tengo que retirar, pero le garantizo que tendrá noticias mías pronto.

Y de ese modo se dio la vuelta y caminó hasta que llegó con sus amigos. Luffy había recibido su comida y él y Chopper estaban ya montados en un caballo. Zoro y Sanji montaron también y Ussop comenzó a manejar el coche. Le habían dado de comer a la mujer, que se veía bastante mal.

-Es por el kairouseki- comentó Chopper- debemos quitarle los grilletes.

-Lo mejor será esperar a que lleguemos- decidió Zoro- o se escapará. Le es bastante fácil hacerlo.

-Lo dices por experiencia, ¿No, Zoro kun?

Y así comenzó el viaje de regreso, entre las peleas sin sentido de Zoro y Sanji, el exagerado apetito de Luffy, el miedo a la oscuridad de Ussop y los vanos intentos de Chopper de poner algo de orden. Anduvieron toda la noche, y llegaron al castillo temprano en la mañana.

Fueron recibidos por unos guardias que se dispusieron a guardar los caballos. Zoro se acercó a uno de ellos.

-Hay una mujer en el coche- explicó en voz baja- es una prisionera, pero quisiera poder hablar con ella. Llévala a mi habitación y cierra con llave.

-A la orden.

Ellos por su parte entraron al castillo. Luffy, Chopper y Ussop fueron a descansar a las habitaciones que les dejaban cuando iban de visita, no sin que antes Luffy pidiera un buen desayuno, el cual podía comer hasta dormido. Sanji se despidió, él sí que necesitaba dormir.

-Hablaremos de lo que pasó allá un poco más tarde- le dijo a Zoro antes de retirarse. Durante la noche, no habían podido hablar porque se la pasaron peleando – así que espero que tengas algo realmente bueno, marimo- advirtió, señalando al peliverde con el ceño fruncido.

Se fue del pasillo y dejó allí a Zoro, quien miró a los lados ubicándose para ir a su cuarto. ¿Era a la izquierda, no?

.

.

.

Cuando la puerta se abrió, ella volteó a ver. Esperaba que el viaje fuera más largo, no dudaba de que solo se habían tomado un descanso o algo por el estilo. La única ventanita que tenía el coche estaba herméticamente cerrada de modo que ella no pudo ver hacia fuera en todo el camino aunque, realmente, no le interesaba. Además, los grilletes le debilitaban y eso influía completamente en ella aunque no lo quisiera.

Para su sorpresa, un hombre diferente a los que la habían llevado fue quien le abrió la puerta, y le extendió amablemente la mano para hacerla salir. Ella se sujetó y bajó del carro, encontrándose en un bello jardín. Estaba amaneciendo y frente a ella vio una elegante reja blanca. Detrás de la reja, a lo lejos, pudo ver una ciudad que le pareció conocida, y no tardó mucho en estar segura.

¿Era acaso ciudad capital? Entonces se dio la vuelta. Detrás de ella se alzaba un imponente edificio; el castillo.

Se quedó un segundo viéndolo hacia arriba, era imponente hasta decir basta. Sintió que el hombre que le había ayudado a salir le daba un ligero jalón.

-Por aquí, señorita- pidió el hombre, a quien identificó entonces como un miembro de la guardia real. En silencio, la guío adentro del castillo entrando por una puerta lateral, como de servicio. La llevo por pasillos, atravesaron diferentes salones, subieron escaleras y finalmente llegaron a una habitación.

Él abrió la puerta y le indicó que pasara, y posteriormente la dejó allí sin darle más indicaciones.

Estuvo parada en medio de la habitación por un par de minutos, viendo hacia la puerta, esperando cualquier cosa, pero luego comenzó a dar vueltas sobre si misma, observando el lugar, que era bastante grande.

La decoración era parecida al resto del castillo, pero bastante austera en comparación; los colores predominantes eran el verde, café, en tonos secos, de modo que dedujo que se trataba de la habitación de un hombre. ¿Libros? En un par de repisas, eran bastantes pero todos hablaban sobre lo mismo: katanas. Tomó uno y lo hojeó, poco a poco iba dándose una pequeña idea del dueño de aquella habitación.

Se acercó y se sentó en la cama, era cómoda y amplia. Se puso de pie de nuevo luego de unos segundos y miró por la ventana. La vista al extenso jardín y de la ciudad era preciosa y ella no tuvo más remedio que sonreír. Fue entonces que al darse la vuelta vio, mal puesta sobre una silla, una chaqueta negra. Volteó hacia la puerta, esperando que nadie entrara y la viera. Levantó la chaqueta y vio entonces la cantidad de medallas que tenía. Era entonces de alguien importante.

Un hombre importante, espadachín o por lo menos aficionado a las espadas, al parecer con un alto rango tanto militar como político. Ella comenzó a atar cabos.

Conocía bastante bien ese país como para tener una idea de a qué se estaba enfrentando. Siguió. Un hombre, importante militar y políticamente. Aficionado a las espadas o espadachín. Joven. Tenía que ser joven, no había en ninguna parte vestigios de medicamentos o tratamientos de algún tipo, y había cierto desaliño en la habitación. Probablemente tenía la regla de que no tocaran sus cosas, era raro que en un lugar así no hubieran aparecido dos o tres mucamas para limpiar la habitación. Había un par de pesas en un rincón y una almohada recargada en una pared, junto a la cual había un par de botellas vacías.

-Un hombre joven. Desaliñado, espadachín, importante en este reino…

La idea pasó por su cabeza en cuestión de un segundo pero no le dio tiempo de ponerla en palabras, porque algo más llamó su atención. La puerta se estaba abriendo.

Ante ella apareció justo a quien se esperaba que apareciera, de modo que no mostró sorpresa alguna.

-Buenos días, majestad- saludó, haciendo una ligera inclinación. Pasaron unos segundos, y ella levantó la vista hacia él para hablar con seguridad- debo decir que…me sorprendió sobremanera encontrarme aquí. Aunque creo comprender qué ocurre, aún me pregunto qué hago en su habitación y no en un calabozo.

Zoro contestó el saludo y se quedo pensativo un momento. Luego la miró.

-Sabes…que no te compré como "esclava", ¿cierto?

-No tengo modo de saber eso- él había caminado detrás de ella. Por los sonidos que hacia, percibió que se quitaba la camisa. Ella no había volteado para nada. Lo escuchó abrir el armario. Posteriormente adivinó que se ponía una camisa limpia.

-Supongo que igual debo advertirte que no eres libre.

-No es necesario, alteza. Eso lo comprendo bien.

Él volvió a caminar hasta quedar frente a ella, que no había cambiado de posición. Se miraron con atención por unos segundos. Se midieron con la vista con la facilidad que tenían ambos de hacerlo, y de no intimidarse en lo más mínimo cuando alguien efectuaba ese examen sobre ellos. Finalmente, Zoro cerró sus ojos, respiró profundamente, y los volvió a abrir. Miró a la mujer y se dispuso a explicarle.

-Eres prisionera, pero hay un trato que quiero proponerte, de modo que seas libre en cuanto considere que has cumplido.

Ella se puso a la defensiva. No era la primera vez que escuchaba esas palabras y sabía que a continuación podía pasar cualquier cosa.

Zoro percibió entonces, por la expresión en su rostro, que ella probablemente estaba malinterpretando sus palabras, así que se apresuró a continuar.

-Es algo muy simple y no creo que para ti sea nada del otro mundo- repuso, notando como toda ella se tensaba, su expresión, su cuerpo, su mirada- no creo que tome demasiado tiempo, como ya dije, y serás libre después. Todo es cuestión de que aceptes. De otro modo, tendré que mandarte a los calabozos.

Ella suspiró. Bajó la vista.

-Bueno, escucho su propuesta, alteza.

-Primero que nada, evítate llamarme así. Búscate otra forma de nombrarme, me incomoda mucho que me llamen de ese modo- se quedó pensativo un momento, luego preguntó- ¿Cuál es tu nombre?

Ella tuvo que esforzarse por no reír. No sabía porqué, pero aquello de que no le gustara que lo llamaran "alteza"… eso se lo esperaba. En cuanto a su nombre no tenía ningún problema para decírselo, aunque le daba gracia que hubiese tardado tanto tiempo en preguntárselo.

-Me llamo Nico Robin. De acuerdo, no lo llamaré "alteza".

-Segundo, Nico Robin…el trato consiste en que necesito…quiero que me ayudes con mi entrenamiento.

Ella levantó la vista hacia él, y lo miró realmente sorprendida. Aquello parecía estarle costando mucho trabajo al joven príncipe, se notaba bastante incómodo.

-¿Co…como podría yo…serle de ayuda en su entrenamiento?- preguntó cautelosamente. Percibía al píncipe como alguien desconfiado, de modo que cuidaba sus palabras completamente.

Zoro por su parte, apretó los puños. Hizo una sonrisa ladeada y la miró, ahora con más confianza.

-Puedo percibir...que eres una mujer inteligente. Te fue muy fácil escapar el otro día, me engañaste de una forma muy simple y eso solo prueba que…me hace falta mucho para superarme. Mi vida no es fácil, y nunca sé cuándo tendré que pelear para proteger a los míos. No puedo permitirme ser humillado con semejante sencillez.

Ella no dijo nada, pero comenzaba a vislumbrar qué tenían que ver su inteligencia y el entrenamiento del príncipe.

-El hecho es…que quiero que te ocupes de eso. Entrenaremos…y me harás trampas, te meterás en mi camino, me harás tropezar…quiero que me hagas las cosas difíciles…me imagino que no eres el tipo de persona que no pelea con sus habilidades o poder, sino con su inteligencia. Cuando crea que soy lo suficientemente bueno para enfrentarme a alguien como tú, te dejaré ir.

Ella sonrió. Era una propuesta tentadora. Él solo la miraba fijamente, como esperando que le contestara, así que Robin no lo hizo esperar más.

-Suena bastante justo. Nunca pensé que me fuera a ir tan bien luego de haber sido vendida como esclava.

-¿Entonces aceptas?-preguntó él, sin perder ningún momento su tono serio, severo y firme.

Robin asintió animadamente.

-Seria una tonta si no lo hiciera.

-Muy bien. Mandaré a que alguien te traiga el desayuno... y algo de ropa limpia. Tu tendrás esa habitación- explicó señalándole una puerta, que ella pensó en un principio que sería un baño. Ella hizo ademán de acercarse, pero dudó por un segundo.

Él se adelantó y abrió la puerta, era un cuarto pequeño en comparación con el otro, pero bastante limpio, bien acomodado y suficiente para una persona. Era un cuarto que solían tener algunos nobles, reservados específicamente para sirvientes personales e indispensables, aunque su uso era más común para entre las damas. Aquello era un poco extraño, por no decir, algo impropio.

-¿Seré también su ayudante de cámara, señor?- preguntó ella divertida.

Zoro negó con la cabeza, sin ser divertido o tratar de parecer amigable de ningún modo.

-Quiero asegurarme de que no intentarás escapar, y francamente no confío en que nadie en este lugar pueda impedírtelo en caso de que te lo propongas.

Ella solo rió nuevamente.

Él se acercó y sacó una llave. Le quitó los grilletes.

-Pero comprendo que usar esto es horrible. Puedes descansar. Además…tu cuarto estará cerrado con llave siempre que no esté yo aquí, y la ventana que hay es muy pequeña para que trates de salir.

Ella se frotó las muñecas cuando los grilletes cayeron al piso. El no se molestó en levantarlos.

-Entra allí. En un rato vendrán a darte el desayuno. Yo tomaré un baño- dijo, tomando una toalla del ropero. Desde la puerta que comunicaba con su habitación, ella se acercó, llamando con esto la atención del príncipe.

Zoro se dio la vuelta para ver qué se proponía y, para su sorpresa, ella llevó una mano hacia su rostro una vez que se situó frente a él. Los segundos pasaron lentos.

Zoro no se movió…por alguna razón, no podía. Tampoco era capaz de despegar sus ojos de los de ella. Ella lo miraba con atención y con una pequeña sonrisa. La cercanía era tan repentina, tan extraña, tan intrusa, tan cálida, tan sorpresiva, tan… no supo como reaccionar. Ella no dejaba de mirarlo, de sonreír, de acercarse más a él, a su rostro. Posó su mano sobre sus labios, y posteriormente Zoro sintió un ardor extraño.

-¡Aagh!

-No se le ve muy bien…Espadachín san- sonrió ella, luego de haber encontrado un buen nombre para él y ondeando en su mano el bigote falso, que Zoro había olvidado quitarse desde que salieron de la subasta.

Lo miró, sorprendido.

-Eso explica porqué el ero Cook no dejaba de reírse- comentó en voz baja volteando la cara, pues no quería que ella se percatara de su sonrojo. Era un idiota, ¿en qué estaba pensando?

No podía negar que la situación era insinuante. Él y esa mujer, solos, separados únicamente por una puerta…más él no tenía esas intenciones, por raro que pareciera el hecho de que le ofreciera esa habitación, había sido completamente sincero con ella. Aunque no podía negar que su fresca sonrisa no dejaba de inquietarlo.

.

.

.

Por la tarde, Zoro llamó a Robin al primer entrenamiento que iban a hacer juntos. Ella fue provista de ropa especial para la ocasión, muy cómoda, un pantalón, una camisa y unas botas especiales, rompiendo con la costumbre de que todas las mujeres sin excepción tenían que usar vestido dentro del área del castillo.

Al entrenamiento asistieron por simple curiosidad Sanji, Luffy, Ussop y Chopper, Zoro les había explicado todo lo referente a Robin y a su plan cuando se habían reunido a almorzar y todos comprendían a la perfección lo que el espadachín se proponía, aunque cada quien, por supuesto, desde su propia perspectiva.

Zoro asistió armado únicamente con sus katanas. El espacio que usaban para entrenar constaba de una especie de pista de obstáculos que él tenía que enfrentar, el hecho era que ahora le añadían la dificultad de que la morena le iba a hacer que le costara mucho más trabajo.

Para su sorpresa, ella lo que hizo al llegar únicamente fue recorrer la pista de un extremo a otro, observándola con interés. En cuanto llegó al final de la pista, se sentó frente a la "meta" e hizo una sonrisa que les hizo pensar a todos que aquello era un mensaje implícito, un reto.

"Aquí te espero".

Zoro lo aceptó sin problemas, sonrió.

-¡Tu puedes Zooroo!- gritaba Luffy animadamente, moviendo los brazos al igual que Ussop y Chopper. Estaban sentados los tres a un lado de la pista viéndolo todo. Sanji por su parte, se acercó al peliverde antes de empezar.

-Si la lastimas aunque sea un poco, te las ves conmigo, bastardo- le advirtió, para luego voltear hacia donde estaba ella sentada- ¡Tienes todo mi apoyo, Robin-chwan! ¡Acaba a este cabeza de alga!

Ella levanto la mano, en señal de saludo, haciendo que el rubio se fuera directo a las nubes. Zoro decidió ignorarlo, y comenzó.

Por su camino interferían diferentes obstáculos, desde enormes bolas con picos que amenazaban con golpearlo, cuchillas que iban de un lado a otro, espadas que debía enfrentar, había partes de donde salía fuego de la nada y tenía que calcular cuando podía pasar, había una parte donde quedaba colgando sobre un foso en cuyo interior había espadas, en fin. A lo largo del recorrido, además, aparecieron las manos florecidas de la mujer, que lo jaloneaban, o lo hacían tropezar, de modo que aquello era más complicado todavía.

Zoro se esforzaba por esquivarlas, pero estuvo en verdadero peligro un par de veces. En una de ellas, lo hizo tropezar cerca de unas cuchillas, de modo que si no le cortaron la cabeza fue casi por milagro, y en otra ocasión le dio un empujón cuando unas llamas aparecieron delante de él, pero se colgó de unas vigas que estaban por encima y consiguió ponerse a salvo. Siguió corriendo a través de la pista, que abarcaba un gran terreno y además daba varias vueltas, como un laberinto.

Pudo divisar en cierto punto, que al final del recorrido, Robin se puso de pie, como si necesitara de algo extra para darle pelea, de modo que él mismo puso aún más esfuerzo en impedir que le hiciera daño.

A veces incluso lo golpeaba, y a pesar de que la fuerza de los golpes no era tanta, al frecuencia comenzaba a hacer mella en él. El último tramo del recorrido consistía en unas barras de un material muy fuerte y difícil de cortar, parecido al acero. Comenzó a cortarlas, pero muchas más manos florecieron alrededor de su torso y le inmovilizaron los brazos, así que tuvo que poner todo su empeño en cortarlas con la katana que tenia en la boca. Su cuello comenzó a dolerle mucho ante los movimientos frenéticos que tenía que hacer con la cabeza para poder lograr esto, pero tenía que seguir avanzando, por que al final estaba ella parada, esperándolo, con una sonrisa de satisfacción que no podía permitirse que permaneciera en su rostro.

De pronto…una necesidad intensa de hacerle frente, en una pelea de verdad, comenzó a surgir dentro de él, lo cual lo hizo buscar con más fiereza todavía llegar al final. Se salía de control, podía sentirlo, le quemaba la sangre, pero ¿Por qué?

Cortó la última barra y con toda su fuerza logró deshacerse de las manos que sujetaban sus brazos, y se abalanzó sobre la mujer con las espadas listas para lo que fuera.

De improviso se sintió atrapado de nuevo. Una red de manos se había alzado sobre él, deteniéndole el paso. Sus cabezas, sus manos, sus piernas, todo quedó atrapado cuando estaba apenas a un par de centímetros del rostro moreno cuya sonrisa no se había borrado aún.

Entonces él también tuvo que sonreír. Hacía mucho, mucho tiempo que no disfrutaba tanto de un entrenamiento en una pista de obstáculos. Había sido totalmente revitalizante.

Cuando la red desapareció y lo dejó libre, Zoro guardó sus katanas y le dio la mano a la mujer, la cual estrechó con firmeza. Sanji, Ussop, Luffy y Chopper se acercaron corriendo. Sanji se fue encima de él y comenzaron a pelearse, mientras Luffy, Ussop y Chopper daban vueltas alrededor de Robin, con estrellitas en los ojos y preguntándole cosas, ¿Cómo se había sentido? ¿Dónde había aprendido a hacer esas cosas?

Ella solo les sonreía. Finalmente apareció unas manos para hacerles cosquillas y la dejaran respirar un momento, estaba demasiado agitada.

En sus brazos, había algunos rasguños, resultado de aquello. Pero nada grave. Miró a los tres niños rodando en el suelo a causa de la risa. Miró al cocinero, que le daba una patada a Zoro y luego volteaba a mirarla y dedicarle piropos. Finalmente miró al príncipe, que parecía tan feliz y satisfecho con el entrenamiento.

"Uno aprende estas cosas…por necesidad".

.

.

.

La noche llegó, y con ella, algo de paz dentro del castillo. Luffy no regresaría a su reino hasta que hubieran reportado sus hallazgos- en especial el avance que había hecho Zoro- ante el rey, y éste no llegaría hasta el día siguiente, de modo que él y sus consejeros se quedarían allí un día más, por lo menos.

Después de la cena, Zoro se dirigió a su habitación, acompañado por Robin, a quien no quiso privar de los deliciosos platillos preparados por el rubio. Le sorprendía la rapidez con que sus amigos le habían tomado cariño a la mujer, después de todo, él mismo no creía poder confiar plenamente en ella, pero se evitó comentarios. Una vez que llegaron, ella se dispuso a entrar a su habitación.

-Una cosa, antes de que te vayas a dormir- le dijo él- quiero que me expliques algo.

-Lo que quieras, Espadachín san.

-Necesito saber bajo qué condiciones fuiste capturada.

Ella se quedo parada en la puerta, un momento, como si no comprendiera. Él la miraba fijamente, esperando la respuesta.

-Yo…caminaba por la calle y un hombre me interceptó. No tenía fuerza, no podía pelear así que no opuse resistencia.

-¿Algún motivo por el que quisieran llevarte precisamente a ti?

Ella se detuvo un momento. Lo miró, y luego negó con la cabeza.

-Lo dudo. Realmente…lo dudo mucho. Buenas noches, Espadachín san- se despidió y desapareció tras la puerta. Zoro cerró con llave y se fue a su cama.

Se desvistió y se acostó. Decidió que no podía quitarle la vista de encima a esa mujer, definitivamente…había algo en ella que no terminaba de encajar en esa historia.

Continuará

Muchas gracias por leer, espero que este capítulo haya sido de su agrado. Por suerte ya estoy en vacaciones (yeeei) así que siento que podré poner más atención en mi escritura. Haré un par de cosas que tengo pendientes y luego…a ver qué. Este fic, por supuesto, está incluido entre mis prioridades.

Muchas gracias por sus comentarios n.n y de nuevo me disculpo por tardarme en contestar pero prometo que lo haré.

Hasta pronto.

Aoshika October