Holaa! Aquí traigo el tercer capitulo n.n
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: Bueno, como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Dos mundos
Capítulo 3: Extraña sensación
Robin no vio el amanecer…no había manera. Sin embargo algo en su interior le indicaba que ya era hora de que se levantara. Se estiró y se puso de pie. Entró a un pequeño baño del cual disponía, se aseó y se puso algo de ropa limpia. Al acercarse a abrir la puerta, puso su mano en el pomo pero no consiguió girarlo. Debió pensar que eso sucedería. Así que se sentó en la cama y echó un vistazo a su alrededor, pensando en si había algo que pudiera hacer para distraerse. A lado de la cama donde había dormido había una pequeña repisa, la cual estaba ocupada por algunos pocos libros. Se acerco y tomó uno con curiosidad.
Era un libro algo pequeño, no era más grande que su mano y tampoco era muy grueso, pero las tapas eran bastante duras y resistentes. Lo sopesó en su mano y lo observó; estaba lleno de polvo, y al abrirlo, las hojas amarillentas crujían como si fueran a deshacerse en las manos de la morena de un momento a otro.
Como ya se lo esperaba, era un libro sobre katanas, así que comenzó a hojearlo y a leer con atención algunos pasajes. No era nada del otro mundo, el libro se trataba más que nada sobre cómo cuidar de una katana, cómo saber cuales eran las condiciones óptimas en ellas y cual era la mejor forma de elegir una. Sonrió. Ese tipo de información parecía interesante y perfecta para un aprendiz. Pero ¿qué hacía ese libro en la habitación de la ayuda de cámara? Más aún, ¿por qué el príncipe tenía esa habitación conectada a su cuarto, si de todos modos no la utilizaba?
Al cerrar el libro de nuevo, se le ocurrió leer el prólogo. Para su sorpresa, arriba de las letras que lo anunciaban estaba escrito: "Para: Roronoa Zoro. Léelo, te va a ser muy útil, igual que a mi", escrito con tinta negra y una letra cursiva agradable la vista, pero ligeramente temblorosa, como de alguien muy joven.
El pomo dio la vuelta, y Robin dejó rápidamente el libro de regreso en la repisa, temiendo que el príncipe se percatara de su… ¿indiscreción?
-Buenos días- la saludó la melodiosa voz de Sanji, que se abrió paso dentro de la habitación haciendo uno o dos pasos de baile- Buenos días, mi preciosa Robin chwan, te he traído el desayuno.
Acto seguido, sacó una mesa de la nada y la coloco frente a ella, que seguía sentada en la cama, la adornó con un fino mantel y depositó allí un platillo que lucía de lo más apetitoso.
-Bon appetit, hermosa damisela- dijo mientras hacía una pequeña inclinación, y como pago a sus servicios, la morena le regaló con una de sus mejores sonrisas. Aquello dejó noqueado por un segundo al rubio –Mellorine.
Él se quedó allí mientras Robin comía. Empezó a recorrer la habitación en silencio, pero no pudo evitar hacer un ruido de desaprobación que llamó la atención de ella, quien volteo a verlo con rapidez.
-Oh, no dejes tu plato hasta que termines, hermosa- pidió con galantería.
-¿Ocurre algún problema?
-Nada…es que…ah, ese cabeza de alga es un completo desconsiderado, infeliz- dijo con una notoria frustración- mira que tenerte encerrada en un lugar así…una belleza como tu debería estar libre por todo el castillo… o en el patio, tomando el aire fresco- explicó- no aquí. Este lugar es pequeño, sucio…no es apropiado para una dama. ¡Es mas! ¡Está a lado del marimo!- dijo de repente, como si se acabara de dar cuenta- ¡Si ese infeliz se atreve a ponerte alguna vez una mano encima, te juro que lo patearé hasta que pida perdón llorando!
Robin rió ampliamente ante el enojo injustificado del rubio, lo cual consiguió calmarlo ligeramente. Ella lo miró sin dejar de sonreír:
-Debo decir que…casi me siento halagada de que Espadachín san me diera esta habitación- explicó- lo hizo precisamente por que cree que nadie en este lugar podría detenerme si me propusiera escapar. Y está bien para mi… con el trato que hicimos, de hecho no tengo ningún interés en escapar. Pienso ganarme mi libertad de una forma correcta.
Sanji comenzó a dar vueltas sobre sí mismo con los ojos hechos corazón.
-Oh, Robin chwan…eres tan hermosa…u…un segundo, ¿Espadachín san?- Robin solo sonrió- Vaya, y conmigo se molesta por que le llamo Marimo…
-Será porque le hablo con cierto…-esperó unos segundos, buscando una palabra adecuada- respeto.
El rubio respondió la sonrisa indeleble que ella mantenía en su rostro y se dispuso a recoger allí.
-Me mandó a que te dijera, hermosa, que esperaras hasta las diez, que es su primer entrenamiento. No falta demasiado, pero si quieres puedo acompañarte a estirar un poco las piernas…
-¿Tienen biblioteca por aquí?- preguntó ella, sin dejarle terminar. El rubio asintió, pero dudó un momento.
-No sé si pueda llevarte allí… ¡Da igual!- decidió al reparar (de nuevo) en la sonrisa de la morena- Ni que me importara obedecer al marimo de todas maneras.
Robin se puso de pie y aceptó el brazo que el rubio galantemente le ofrecía. Después de cerrar bien la habitación de Zoro, ambos salieron por el pasillo y se dirigieron a la biblioteca.
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El rey había llegado temprano en la mañana, y como era su deber Zoro estaba atento a recibirlo. Luffy también estuvo presente, y ambos se metieron al salón del trono a conversar con él antes de que se retirara a descansar. Le refirieron todo lo acontecido en la subasta, así como sus intenciones de infiltrarse en la organización y ver qué podían hacer desde adentro. El rey estuvo de acuerdo con casi todo eso, mas no le agradó mucho que Zoro se hubiese involucrado de una forma tan personal, lo cual hizo que el peliverde se preguntara seriamente cómo haría para decirle que había "comprado" a una mujer en aquella subasta.
-Si ese fue el plan que eligieron, espero que podamos llevarlo a cabo eficientemente, Zoro- expresó, evidentemente preocupado- pero si se vuelve demasiado peligroso para ti…tendré que pedirte que te retires y dejes que algún soldado se haga cargo.
Zoro levantó la vista y le miró fijamente, pero no se atrevió a contradecirlo, aunque, tanto el rey como él, sabían que esas palabras eran únicamente las adecuadas que tenía que decir en un momento como ese. Si Zoro se aventuraba en aquello, no se iba a rendir por difíciles que se pusieran las cosas, y tanto él como su padre sabían eso perfectamente.
-Una cosa más, señor- dijo Zoro, una vez que el ambiente se sintió menos denso en lo referente a aquella misión- yo identifiqué entre los esclavos a una mujer que se me escapó el otro día, que estaba dando problemas por la ciudad. Así que pagué cierta cantidad por ella y la traje aquí.
El rey se quedó en silencio mirándole, lo cual hizo sentir mal al peliverde. Se quedó así por varios segundos. Luego suspiró y cerró los ojos.
-¿Qué piensas hacer con ella?- preguntó, pues lo hecho, hecho estaba ya.
-Me está ayudando con mi entrenamiento- explicó firmemente-, tiene habilidades de una Akuma no Mi, como Luffy- dijo estirándole la cara a su amigo- la pienso dejar en libertad cuando logre alcanzar cierto nivel en cuanto a mis habilidades, o hasta que ella ya no pueda ayudarme más.
El rey parecía incómodo, pero carraspeó un poco y miró a su hijo. La verdad era que nunca, aún sabiendo su posición había tenido un capricho, y rara vez actuaba de manera impulsiva, de modo que decidió que por una vez estaba bien permitirle aquel pequeño desliz.
-De acuerdo…pero quiero que estés conciente de que ella es tu responsabilidad desde el momento en que la sacaste de allá, y hasta el momento de que salga libre de aquí. Todo lo que pase relacionado con ella aquí, tendrá que ver directamente contigo. Sus faltas las tendrás que arreglar tú y aún su bienestar tendrá que importante. ¿Comprendes lo que te digo?
Zoro asintió gravemente. A todo esto, Luffy estaba mirando y oyéndolo todo con curiosa atención, de modo que el rey tenía un testigo de su plática con el peliverde para cualquier cosa que se presentara en el futuro.
Cuando el rey se retiró a su habitación, Zoro se fue con Luffy a la cocina, donde el pequeño comenzó a pedir de comer a grito abierto, siendo recibido con una sonrisa ladeada por Zeff san, el padre de Sanji. Rápidamente le sirvieron al moreno un enorme almuerzo. Zoro por su parte, paseó su vista por toda la cocina.
-¿No ha vuelto Sanji?- un par de horas antes, el rubio había dicho que iba a llevarle el desayuno a Robin. A Zoro le parecía que ya se había tardado muco para hacer aquello.
-No, no ha vuelto- repuso Zeff, que acababa de llevar el ultimo plato para el moreno- ese bribón se olvida de todo cuando se trata de mujeres. Pero bueno, era de esperarse, esa joven es muy bonita, no se le iba a pasar por alto… ¡Mastica bien antes de tragar, pequeño estùpido!- gritó el viejo dándole palmadas en la espalda a Luffy, que se estaba asfixiando con un pedazo de carne. Zoro optó por dejar allí a Luffy y buscar a Sanji, que estaba seguro, estaría con la mujer.
-Los vi entrar a la biblioteca hace un rato- comentó Ussop, que en esos momentos entraba en la cocina y había escuchado a Zoro preguntar por el rubio. Zoro lo miró con el ceño fruncido, lo cual consiguió intimidarlo bastante.
-Iré allí entonces- decidió el peliverde y salió de la cocina para encaminarse a la biblioteca.
Dio un par de vueltas por todo el castillo antes de, una media hora más tarde, llegar a su destino. Abrió la puerta de la biblioteca.
Se trataba de un lugar grande y bastante imponente, llena de libros que hablaban de casi cualquier tema. Había decenas de estantes y ni él mismo sabía cuantos volúmenes había en total. Se internó en la habitación siguiendo la costumbre de guardar silencio, aún sabiendo que si levantaba la voz no había nadie que pudiera llamarle la atención allí dentro, como cuando era niño y siempre había alguien que se atrevía a regañarle. Se guió por el ligero sonido de unas voces y unos pasos suaves por el suelo alfombrado, y al dar la vuelta por unos estantes, los encontró.
En un pequeño espacio había una mesa. La mujer estaba allí sentada, hojeando unos libros, mientras que el cocinero bailaba entre los estantes, llevándole los que creía que le pudieran interesar. Tosió un poco para que notaran su presencia allí, y logró que ambos voltearan a verle.
-Vaya, marimo, ¿qué se supone que…?
-¡Eso mismo te pregunto a ti, cejas! Nunca dije que pudieras sacarla de la habitación ni que pudieras pasearla libremente por el castillo, ¿sabes?-¡Tenerla allí encerrada es criminal, idiota! ¿Qué querías que hiciera, si me tocó verla allí, que la dejara así nada más?
-Ella es quien es una criminal- determinó el peliverde, bajando un poco la voz pero imprimiéndole con esto un tanto de firmeza- y lo que tiene que hacer es poco comparado con lo que tendría que hacer en prisión.
-Eres un idiota- repuso Sanji, poniéndose en guardia.
-No más que tu, imbécil...- y como era de esperarse comenzaron a pelear de manera escandalosa. Pasaron unos cuantos segundos, cuando escucharon un libro cerrándose ruidosamente, y vieron a la mujer ponerse de pie y colocarlo de nuevo en su sitio.
-Supongo que debo dirigirme a nuestro entrenamiento de hoy, ¿No es cierto, alteza?- preguntó ella con una voz que denotaba gran dignidad, como si estuviera haciendo notar su presencia en ese lugar y que no era necesario que ellos pelearan por su culpa.
-Así es- repuso Zoro sin dejar de mirar a Sanji fijamente- primero ve a cambiarte, recuerda que debes ponerte algo cómodo. Y en cuanto a ti…
-¡Tu no me ordenas, cabrón, y lo sabes!- repuso el rubio- te acompañaré, Robin chwan…
Y ambos desaparecieron por la puerta, dejando atrás a Zoro, que estaba más que enfadado….aunque ni el mismo entendía muy bien el porqué.
Él salió de la biblioteca y siguió su camino hacia el campo de entrenamiento. Como era de esperarse, se perdió, sin embargo esto no le importó en lo más mínimo. Quería aprovechar el camino para despejarse un poco, calmarse. Se sentía demasiado presionado, muchas cosas se habían amontonado en su cabeza.
Para cuando llegó, Sanji estaba sentado encima de unas cajas y Robin estaba junto a él. Conversaban felizmente, y no notaron que él los miraba desde el otro lado del terreno.
Sanji había dejado de comportarse, como Zoro solía decirle, como idiota; la verdad era que estaba teniendo una plática fluida y amena con la mujer, con galantes palabras pero sin babear, sin corazones en los ojos y sin intentos de besarla cada vez que ella sonreía. El peliverde se percató de ello con mirarlos por un rato, pero realmente no supo como reaccionar. Sacudió la cabeza, confundido. ¿Qué tenía esa mujer, que con tanta facilidad había logrado domesticar de esa manera al rubio? ¿Por qué el día anterior Luffy, Ussop y Chopper querían estar pegados a ella como sanguijuelas? ¿Y porqué a él, y solamente a él, le producía esa sensación tan inquietante de que algo estaba mal, y de que no estaba siendo sincera con su comportamiento?
De modo que se acercó en silencio, y ellos lo notaron hasta el momento en que su cuerpo provocó una sombra que se posó sobre Sanji. Robin se puso de pie y lo miró. Sus ojos estaban… ¿cómo decirlo? Vacíos. Como si su presencia allí no le importara. Como si no lo estuviera mirando.
-Es hora.
-Lo sé. ¿Será de nuevo la pista de obstáculos?
Zoro negó con la cabeza. Lo había estado pensando en el rato que estuvo perdido en el castillo. Esta vez quería algo distinto.
-No. Esta vez quiero una pelea de frente, sin obstáculos, sin artimañas- explicó- mis espadas contra tus poderes, ¿Suena justo?
Sanji de puso de pie de un salto.
-¿Cómo va a ser justo, cabeza de alga? Una delicada dama no puede pelear cuerpo a cuerpo contra una bestia como tú, infeliz….!
-Bastante justo, alteza- contestó ella, caminando a su vez al centro del campo, siguiéndolo y dejando atrás al rubio cocinero que los miró ponerse en guardia, totalmente desconcertado. A todo esto llegaron Ussop, Chopper, Luffy, y uno que otro soldado y sirviente que disfrutaban ver los entrenamientos del peliverde, y ahora aún mas con la presencia de la morena, atractiva desde cualquier punto de vista.
Pero aquel entrenamiento fue cualquier cosa menos lo que todos se esperaban. Para empezar, ni siquiera hubo algo de "reconocimiento" antes de comenzar a atacarse en serio. Zoro se había lanzado al frente apenas acordaron que comenzarían, y se dispuso a atacarle con fuerza. Ella reaccionó de forma similar, defendiéndose con todo lo que tenía. Se movían ágilmente por todo el campo, llegando incluso a poner en peligro a los curiosos que observaban la sesión.
Lo cierto es que ella no tardó en darse cuenta que el espadachín estaba usando la parte sin filo de sus katanas, y aún así, en cierto momento se comenzó a contener. Ella se detuvo.
-Alteza, no debería contenerse- le dijo- solo provoca que yo misma no pueda hacer todo lo que quisiera. ¿Cómo avanzaremos entonces?
Zoro frunció el ceño, pues eso consiguió desatar su furia de una manera extraña. Ella le sonrió, pero tuvo que retroceder ante sus ataques, y obligaron a la gente a quitarse de un muro a donde ellos fueron a parar. Ella, de espaldas, recibió cerca de su cuello la katana que llevaba en la boca, y las otras dos, a cada lado de su cabeza. Aunque sus rostros no estaban de frente, por la katana, ella volteó un poco para poderlo mirar.
-Cocinero san no tiene la culpa de lo que pasó- explicó en voz baja- yo le pedí que me llevara a la biblioteca. Eso es todo. Si alguien merecer ser reñida por ello, soy yo.
Zoro frunció el ceño retirándose hacia atrás de un salto, dándole la oportunidad de moverse y de defenderse de su próximo ataque. Zoro trató de clarificarse un poco antes de tratar de correr de nuevo para atacar, pero ¿qué rayos le sucedía? Sus palabras se escuchaban raras, al menos para él, como si no pudiera creérselas por entero. No podía procesar qué era lo que estaba sucediendo, simplemente…no. Siguió atacando como podía, y se enfrentó a los ataques que ella efectuaba sobre él que si bien no eran muy potentes, eran lo suficientemente bien ejecutados como para sacarlo de balance y confundirlo. De entre la pequeña multitud que se había formado en el campo, se dejaban escuchar exclamaciones de sorpresa que denotaban lo intensos que se habían vuelto los ataques con el tiempo. Sanji estaba a poco de salir disparado hacia ellos para golpear a Zoro, pero le fue impedido por Luffy, quien lo tomó del brazo y le sonrió.
-Estarán bien- decía el pelinegro mientra volteaba de nuevo la mirada hacia ellos. Robin se había tropezado, y Zoro aprovechaba la situación para irse encima de ella. Todo pareció terminar en el momento en que sus rodillas quedaron plantadas en suelo, a cada lado de la morena, y sus espadas amenazantes se quedaron a medio camino de un ataque casi mortal.
Respiración agitada, pelo enredado, polvo, sudor. Pecho subiendo y bajando. Una mano que se elevó hasta su rostro y le sujetó la mejilla.
-¿Qué harás ahora, Espadachín san?
Y antes de que pudiera contestar, una ola de brazos que se iban sobre él y lo separaban de la mujer, que se ponía de pie sin dificultad y se ponía en guardia de nuevo, pero antes de que cualquiera de los dos hiciera algo más, una voz tranquila los interrumpió.
-Zoro kun…
Los dos se detuvieron. Voltearon hacia un costado, el rey estaba de pie allí, viéndolos con una sonrisa.
-Hay algo importante que tenemos que hablar- decía en tono alegre- los espero en el comedor- y su invitación quedaba abierta para que también asistieran Luffy, Chopper, Ussop, Sanji, ¿y porqué no? La hermosa mujer que lo ayudaba con su entrenamiento.
De modo que tanto Zoro como la mujer se dirigieron a cambiarse con algo de ropa limpia, sin que el espadachín pudiera olvidar, con la misma inquietud, con la misma confusión, esa mano tocando su mejilla…. ¿provocándolo? ¿Sería que ella disfrutaba de una pelea tanto como él? Zoro iba tan incomodo, que pensaba en dejarla encerrada en la habitación de nuevo, pero sabía que era necesario presentársela al rey para quitarle la preocupación que pudiera haberle provocado la forma en que ella había llegado allí.
Habían proveído a Robin de bastante ropa para vestir tanto en los entrenamientos como en el día a día. Nadie, ni el mismo Zoro, sabía cuanto tiempo iba a permanecer allí, de modo que ni los sirvientes supieron qué cantidad de ropa conseguir para ella. Finalmente, luego de unos momentos, ella salió de su habitación con un lindo vestido café. Aunque sus ropas eran humildes, eran apropiadas para que ella fuera a presentarse ante el rey.
Zoro se había puesto un pantalón negro y una chaqueta, mas esta no tenía medallas, como la que ella había visto el día anterior. Salieron de allí y caminaron al comedor. Ella iba atrás de él, siguiendo el protocolo que conocía por los libros que había tenido oportunidad de hojear en la mañana en la biblioteca. Tardaron y dieron varias vueltas, pero finalmente llegaron a su destino.
-¡Zoro! ¡Se tardaron mucho!- se quejaba Luffy- no me han dejado comer porque ustedes no llegaban.
-Ya, ya- contestó Sanji, sirviéndole al moreno el primer plato. Posteriormente, volteó a ver al peliverde con el ceño fruncido, sin embargo no le dijo nada. Zoro tomó asiento.
-Bueno, menos mal que llegaron, Zoro- dijo el rey. Zoro se puso de pie un poco torpemente y pidió disculpas.
-Alteza, le presento a Nico Robin. Es la mujer de quien le hablé esta mañana- el siguiente gesto de Zoro sorprendió ligeramente a la mujer, pues le tomó la mano de una forma delicada para ofrecérsela al rey. Nunca hubiera pensado que esas manos fuesen capaces de un contacto tan suave. El rey tomó la mano de la mujer y la estrechó con suavidad, a lo que ella reaccionó haciendo una profunda inclinación.
-Ponte de pie, jovencita- le pidió el monarca, y ella obedeció. Zoro la observó. Era la primera vez que, a pesar de que en los últimos días habían pasado situaciones en las que había observado toda clase de gestos de parte de ella, hacía alguno que denotara timidez o inseguridad- siéntense, por favor. No es nada grave lo que tenemos que hablar, simplemente que estuve conversando con el rey del pueblo vecino, y decidimos que el baile de invierno será aquí, en el castillo- miró a Luffy y sonrió- obviamente usted y su gente están invitados, alteza.
Robin ocupó el último lugar de la mesa, donde Sanji le sirvió un plato con una ensalada y una taza de té. Ella agradeció con una inclinación de cabeza, mientras Zoro le dirigía al rubio una mirada molesta. Luffy se mostraba muy entusiasmado con la noticia del baile, y tanto él como Chopper comentaban muy contentos el acontecimiento, mientras que los demás presentes tomaban su té. Robin observó que al escuchar aquello Zoro no se mostraba muy alegre, es más, fruncía el ceño con evidente molestia.
El rey siguió comentándoles algunos detalles de la fiesta, se trataba de un acontecimiento bastante grande que era tradición de aquel lugar. Cinco o a veces hasta seis reinos se involucraban en aquel baile y se turnaban cada año en ser los anfitriones. El reino anfitrión recibía a los representantes de los demás reinos y se hacía una fiesta muy grande donde se celebraban a la vez la llegada del invierno, la navidad y el año nuevo. Desde varios días antes, la capital del reino comenzaba a adornarse de arriba abajo y el gran día, mientras una gran fiesta se llevaba a cabo en el palacio, el pueblo festejaba a su vez en las calles. Pasada la media noche, los monarcas y nobles salían a la calle y se mezclaban con la muchedumbre, y la fiesta concluía con un espectáculo de fuegos artificiales un rato antes del amanecer.
Un rato después, el hombre se fue a su habitación, dejando allí a los jóvenes.
Robin bajó el té, al que acababa de dar un trago corto y delicioso. Levanto la vista y sonrió.
-Disculpen mi entrometimiento, pero, ¿qué hay con ese baile?
-Es hermoso- dijo Luffy- y muy divertido, ¡será genial!
-Es dentro de un mes, más o menos- sonrió Chopper- no puedo esperar.
-Marimo kun pone esa cara- sonrió Sanji, adivinando que la pregunta de Robin venía por la expresión que había puesto Zoro al enterarse de que serían los anfitriones del baile- porque nunca ha sido bueno para bailar, ni como anfitrión de este tipo de eventos- enumeraba el rubio, caminando alrededor de la mesa para servirle más comida a Luffy y para asegurarse de que a ella no le hiciera falta nada- tiene el tacto de un puercoespín, por lo que no es capaz de sacar a bailar a ninguna dama ni mucho menos conseguir a alguien que haga de pareja para el invitándola antes. Lo peor de todo esto es que como segundo caballero del reino tiene que dar la cara, ya que nuestro querido rey es algo viejo para presidir el baile.
Zoro no decía nada, solo porque sabía perfectamente que todo lo que Sanji decía era verdad.
Ussop luchaba por no dejar salir la carcajada escandalosa que se le ahogaba en la garganta, aquello no era de todos los días, sobretodo porque Zoro estaba rojo y, aparentemente, a punto de explotar contra el rubio.
-Cejas…esto no es de tu incumbencia- le dijo en voz baja, evidentemente molesto. Sanji solo sonrió ampliamente, a lo que Zoro hizo ademán de levantarse para irse de allí.
-Yo puedo enseñarte a bailar…Espadachín san- se escuchó la voz de Robin, con una nota alegre- no creo que te sea muy difícil, podríamos considerarlo parte del entrenamiento.
Zoro frunció el ceño. Se tensó.
-No es necesario. Volveremos a entrenar dentro de dos horas- les hizo una seña con la mano- vete con Sanji si quieres a la cocina, no quiero interrumpirles.
"Se ve que se llevan muy bien." Se quedó con esas palabras atoradas en la boca pero no las pronunció y se fue, buscando la manera de distraerse un poco.
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Más tarde, luego del entrenamiento, Luffy tenía que partir de regreso a su reino. Sin embargo, él y sus jóvenes consejeros acordaron con Zoro volver en una o dos semanas más para ver cómo avanzaba el asunto que los había llevado allí en primer lugar.
Ya se habían alejado del palacio, cuando las ruedas del carruaje principal se detuvieron de pronto. Luffy, quien ya iba algo aburrido a pesar de que acababan de comenzar el viaje, abrió la puerta y se asomó.
-Nee… ¿qué pasa?- preguntó a uno de los guardias que se encontraba más cerca de él.
-Esto…alteza, parece que nos estaban robando- contestó él- dos de nuestros hombres ya fueron a ver qué ocurrió.
Luffy se quedó viendo hacia un callejón que era por donde sus hombres se habían ido buscando, y a los pocos minutos volvieron cargando con ellos a una mujer pelirroja que luchaba por zafarse de su agarre.
-¡Déjenme, orangutanes!- decía realmente molesta. La dejaron caer delante del moreno.
-Señor, ¿qué debemos hacer con ella?- preguntaron- estaba robando las provisiones que tenemos para el viaje.
A lado de ella dejaron caer un saco con comida. Luffy dirigió su vista del saco a ella. Luego de ella al saco. Estiró su brazo y lo tomó, sorprendiendo con ello a la chica. Tomó una fruta de su interior y la mordió.
-¿Tienes hambre?- sonrió, ofreciéndole otra- sube, vamos a mi casa.
La chica miró al rey con gran sorpresa, lo mismo que Ussop y Chopper.
-¡¿Luffy, qué haces?!
-Si Zoro pudo hacerlo, ¿Porqué yo no?- preguntó con cierta molestia- ¿cómo te llamas?
La chica no salía de su asombro.
-Na…Nami…- contestó bastante perturbada, pero no pudo hacer nada antes de que el moreno enredara su brazo en su cintura y la jalara hacia dentro del carruaje.
-¡Eres prisionera, vámonos a mi castillo!- le dijo sonriente- ¡Y come algo!
Nami lo miró, y también a Ussop y a Chopper, como preguntándoles con la mirada qué rayos pasaba con él. Y ellos le respondieron de la misma manera. Los guardias que los custodiaban estaban igual. El joven rey estaba rematadamente loco.
-Esto es divertido… ¿qué habilidad tienes? ¿Podemos jugar?
-¡No me puedes llevar así como así!- le gritó ella, que no tardó en reconocer de quien se trataba- es más…no eres rey de este lugar, no me puedes arrestar así aquí, esto es secuestro…
Luffy detuvo su entusiasmo. Detrás de él, Ussop y Chopper hacían señas negativas y juntaban sus manos como suplicándole. El moreno por su parte, comenzó a hacer pucheros.
-Pero…ahh…ehh…creo que puedo…acompañarte un rato, ¿No?...su…supongo…
-¡Sí!- sonrió el joven y en seguida el carruaje comenzó a moverse. Nami miró por la ventanilla, preguntándose en qué tipo de problema se estaba metiendo ahora.
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Con el paso de dos o tres días, ya a nadie se le hacía raro ver a Robin en el palacio. Muchos no sabían exactamente qué hacía allí, había quien pensaba que se trataba de una "ayudante" o algo por el estilo, para Zoro. Y ya que respetaban a su príncipe, nadie estaba dispuesto a cuestionar. En cuanto al peliverde, éste estaba cada vez más inquieto; Robin parecía aprender de él cada minuto, desde sus hábitos alimenticios o sus costumbres diarias, hasta sus ataques en batalla gracias a los dos o tres entrenamientos al día. El en cambio, a parte de las tácticas que podía usar para derrotarle mientras peleaban, no había podido comprender qué era lo que provocaba en el tal… ¿Enojo? ¿Frustración?
Sobretodo por la manera en que le miraba, o cuando sus ojos simplemente parecían perderse, o ignorarlo.
No estaba bien, nada bien…
-Le digo…que si quiere, puedo enseñarle a bailar…-comentó la morena, sacándole de sus pensamientos. Ya era algo tarde y se retiraban a dormir- ¿Es eso lo que le ha tenido tan…pensativo?- preguntó, para sorpresa de Zoro, como si estuviera genuinamente preocupada por él. Se volteó para mirarla bien. Negó con la cabeza, justo antes de reparar en que la mano delicada de la morena se había posado en su brazo. Le retiró de una sacudida y abrió la puerta de su habitación.
-Vete a dormir.
Ella asintió y obedeció sin agregar nada más. Zoro la miró hasta que desapareció tras la puerta. Se sentó en su cama y se dio cuenta de que no iba a poder dormir. Tomó sus katanas y se dirigió, por cuarta vez en ese día al patio de entrenamiento, no sin antes cerrar con llave el cuarto de la morena.
Continuará
Bueno, hasta aquí por hoy. En el siguiente capitulo tendremos más sobre otros…asuntos, jeje.
Hasta pronto
Aoshika October
