Notas de autor:
¡Hola a todos! Primero les ofrezco una disculpa por la tardanza la verdad es que he estado un poco ocupado y no he podido escribir mucho, sin embargo aquí está mi humilde Fic.
Ya este es mi tercer capítulo de hora del hambre, la verdad estaba pensando en muchas cosas que le podía poner, y además también pensaba en los reviews con sus recomendaciones, por eso esta vez les obedecí y verán el cambio…
Oh, y de una vez les aviso que este Fic es más dramático que de comedia, para que no se asusten. :D
¡Disfrútenlo!
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Hora del hambre
(Los entrenamientos)
Finn se levanto de la silla y camino por el pequeño pasillo entapetado que conducía hacia la puerta, se asomo para ver quien tocaba, abrió despaciosamente y con desconfianza, pues tenía el presentimiento de que quien tocaba no era bienvenido.
– ¿Puedo pasar? – Pregunto la dulce reina en el mismo instante en el que Finn abrió la puerta, parecía desesperada por la cara que traía. No se veía muy bien al parecer había tenido una pelea, pues sus vestidos de chicle estaban rasgados y un mechón de dulce cabello caía sobre su rosada cara.
–Emm, pues pase su majestad. –Hablo Finn como sin más remedio, mientras con una mano la invitaba a pasar, la reina entro rápidamente.
– ¿A que vino? – Pregunto furioso el humano al ver que la dulce reina después de lo que le había hecho tenía el atrevimiento de hablarle y aun más de ir a visitarlo.
–Finn te necesito, tengo que confesarte algo…–Tomo asiento y a continuación trato de tomar las manos del muchacho, sin embargo él de inmediato reacciono soltándosele; después Finn se sentó también.
–Me necesita, Oh ya se para que ¿Para volver a mandarme a azotar? Pues no gracias…–La dulce reina lo interrumpió tapándole la boca con su pegajosa mano. – ¡No me toque! –El muchacho le quito la mano a la reina y se levanto de la silla, y ella lo imito levantándose también.
–Tranquilízate Finn, no estés tan tenso.
–Pues que es lo que espera después de que por una injusta causa me golpearon y también a esa pobre muchacha de fuego. –La dulce reina volteo a ver a Finn a los ojos fijamente.
–Finn es que yo estoy enamorada de ti.
– ¡¿Cómo se atreve a decirme eso?¿Por quién me toma? Yo no soy juguete de nadie… Ni siquiera de la realeza. –Se altero aún más Finn y empezó a hablar en un tono de voz muy alto, después suspiro y continuo. – ¿Desde cuándo siente esto por mi?
–Desde siempre Finn.
– ¿Cómo que desde siempre, si apenas nos conocemos hace poco? –Dijo asombrado ante la revelación de la reina, además él no estaba acostumbrado a que le dijeran ese tipo de cosas.
–Pues tú sabes que mis padres murieron hace poco ¿no?, y que después de eso me tuve que casar a pesar de mi corta edad, pues era la descendiente sanguínea. –Finn la interrumpió mientras enarcaba una ceja.
–Sí algo oí de eso, pero ¿Qué tiene que ver eso con su enamoramiento hacia mí? –Hablo frustrado pero despaciosamente.
–Es que yo fui al reino humano hace unos años por varias diligencias en las fábricas de chocolates y te vi trabajando, te veías muy concentrado en lo que hacías y me llamaste mucho la atención. –Después de hablar la reina suspiro y se volvió a sentar en el sillón de felpa azul que había en el camerino; Finn continuo parado.
– ¿Y a partir de ahí usted me sigue? –Dijo confundido Finn.
–Sí, es que desde que te vi me enamore profundamente de ti.
–Bueno supongamos que me amas muchísimo como dices, ¿Qué enamorado mandaría a azotar a la persona que ama? –Miró enojado a la reina y hablándole en tono de reproche.
–Lo hice por celos, desde siempre se ha hecho lo que yo quiero, y pues no estoy acostumbrada a perder nada. – Le dijo en tono de enojo, mas solo trataba de disculparse por su comportamiento. – Perdóname por mi actitud impulsiva, ¿Si?
–Solo si tú me prometes que podre seguir viendo a la joven de fuego sin ningún problema.
–Está bien, trato hecho. – Le extendió la mano y Finn se la estrecho, después él volvió a sentarse.
– ¿Y qué hay de Gumball? –Le dijo tratando de cambiar de tema Finn a la reina.
–Finn yo no me casé amando a Gumball…–La reina gimió un poco y empezó a llorar, el no tubo consideración y continuo el interrogatorio.
– ¿Por qué no me hablaste antes? ¿Por qué justo ahora que probablemente voy morir?
–Porque no está bien que una mujer casada se está viendo a escondidas con otro hombre. – Ella continuaba llorando.
–Una pregunta su majestad, ¿Por qué tiene rasguños en su vestido? –La reina inmediatamente trato de cubrir los tan notables daños al vestido.
–Es que, es que me tropecé y caí sobre un arbusto de púas. –Finn la miró incrédulo, mientras ella trataba de sujetar su mano nuevamente, solo que esta vez él no reacciono incomodo.
–Ven, acércate Finn. – No tuvo que pararse pues las dos sillas estaban pegadas nada más se acerco y ella le quito cuidadosamente el gorro que usualmente traía puesto. Su hermosa y reluciente cabellera cayó sobre sus hombros y la reina lo miro maravillada. – ¡Qué hermoso cabello tienes!
–Gracias. –Se ruborizo un poco pues frecuentemente no lo halagaban. De repente la dulce reina se acerco más a Finn.
–Finn, yo…yo. –La reina toco ligeramente la cara de Finn y después lo beso, Finn no se retiro, pero ya sabía que lo que hacía era incorrecto y que además ella no era la persona que realmente amaba.
– ¿Qué fue eso? –Pregunto el humano al ver que un flash había iluminado su cara y la de la reina.
–No lo sé Finn. –Dijo sorprendida mientras sobaba uno de sus largos mechones de pelo rosa que caían en su frente. Después él se levanto y camino unos pasos para mirar por la redonda ventana del camerino de donde había surgido el flash.
– ¡Creo que nos fotografiaron! –Dijo alterado al ver como los camarógrafos corrían tratando de ocultarse hacia otro de los camerinos. De inmediato Finn salió disparado a correr tras ellos sin importarle que hubiera dejado a la dulce reina en el camerino sola.
– ¡Espera Finn a dónde vas! –Le grito la dulce reina mientras agitaba su mano en el aire tratando que la observara, sin embargo él la ignoro mientras continuaba corriendo hacia el oscuro pasillo a donde habían corrido los fotógrafos. Finn saco su espada, pues había logrado por Finn alcanzar a uno de los camarógrafos y poniéndole el arma en el cuello le grito.
– ¡¿Quién te mando? ¡Dímelo ahora si no quieres morir de una vez por todas! – A pesar de su dulce apariencia Finn podía llegar a ser muy agresivo e incluso podía llegar a hacer lo que fuera con tal de impedir que le hicieran daño.
– ¡No me mate por favor! –Cuando el chico lo visualizo bien supo quien era de inmediato y lo soltó dejándolo ir…
Los tutores o asesores de cada tributo fueron a buscarlos a sus camerinos para luego llevarlos a unos nuevos y lujosos departamentos para que se quedaran a amanecer. Fue mucha la sorpresa que se dieron los tributos de los reinos más pobres al ver los manjares que les esperaban en la mesa. Un ejemplo fue el presidente helado.
–Dios mío Gunther, mira todos esos platillos... Creo que no comía así desde que nos convoco a una asamblea la anterior dulce reina hace 20 años. –Los ojos de Gunther se iluminaron profundamente el ver un enorme pescado a la plancha, y al cabo de unos pocos segundos se le lanzo encima como si fuera lo último que fuera a meterse en su pico por el resto de su vida.
– ¡Meckk! ¡Meckk! ¡Meckk! – Gritaba de felicidad el pingüino mientras se revolcaba entre las espinas del pescado.
–Yo no me quedaré atrás… ¡Espérame Gunther! – Corrió el anciano lanzándose sobre la mesa imitando a Gunther, solo que él se lanzo sobre un enorme pastel de chocolate.
Al día siguiente llevaron a todos los tributos a un salón donde deberían demostrar sus violentas habilidades y al mismo tiempo se les otorgaría un entrenador para ayudarles a precisar sus movimientos durante los juegos.
Cada uno de los distritos demostró por medio de un instrumento de guerra sus habilidades. Obviamente habían reinos con habilidades mucho mejores, que a simple vista se sabía que ahí podían estar los ganadores, por ejemplo en el reino humano los dos tributos sabían usar excelentemente las espadas y además tenían los reflejos de un gato en la noche, el reino magia en cambio tenían poderes sobre naturales, pues Jake y Cake podían estirarse muchísimo, transformarse en objetos y camuflarse.
También entre los más poderosos (Y aunque posiblemente no lo crean) estaba el rey helado, que gracias a su poderosa corona podía congelar rápidamente objetos que le estorbaran y también podía crear todo tipo de armas con sus poderes helados. En el caso de la muchacha y el muchacho de fuego basta recordar lo que paso en el escenario con pan de canela para saber que tan peligrosos pueden llegar a ser. Por último y posiblemente los más peligrosos están los del reino muerte con Marceline y Marshall, que son una amenaza por sus extraños poderes de vampiro.
Lamentablemente los otros tributos eran demasiadamente inofensivos, está el ejemplo de Gunther que no hace mal ni agradece beneficio.
A todos los tributos los llevaron después de la demostración de su potencial guerrero al gimnasio malvavisco. Este lugar aunque suene muy dulce y tierno tenia a los entrenadores más despiadados de todo el dulce capitolio, estaba el entrenador Me-mow, que era un gatito pequeño, no más grande que un dedo pulgar, sin embargo castigaba a los que no le pusieran la debida atención con un cuchillo que mantenía en su garganta (¡Wakala!). También Starchy era entrenador (Además de jefe de seguridad) con la excepción de que Starchy en lugar de castigar con un cuchillo castigaba con un látigo (Con el látigo que golpearon a Finn :C). Entre estos dos entrenadores se repartían el trabajo para corregir y preparar a los tributos.
Aún teniendo estos entrenadores algunos de los tributos parecían no caer en cuenta de lo que estaba sucediendo.
–Señor cerdo necesito que me ayude a levantar esto si no es un mucha molestia. –El señor cerdo al ver que tronquitos estaba tratando de levantar una pesa de gomitas le grito.
–Tronquitos yo no le puedo ayudar, porque de eso se trata el entrenamiento, de que haga todo usted sola. – Tronquitos le lanzo una mirada asesina.
–Lo que pasa es que usted es un maleducado, un patán que no puede hacerle un favor pequeñito a una dama como yo… Mi mamá tenía razón sobre usted. –Al parecer ella ya estaba muy desesperada y frustrada pues nunca se enojaba tan fácil.
–Pero tronquitos…–Hablo el señor cerdo tratando de excusarse al ver a tronquitos tan enojada con él, y rápidamente se acerco para ayudarle con la pesa.
–Pues ahora no quiero. – Grito la extraña elefanta cuando vio que le querían ayudar.
– ¡Yo si quiero ayudarle! –El cerdo le arrebato la pesa de la trompa a tronquitos, a lo que de inmediato ella tomo el otro extremo del instrumento y se lo trato de quitar, terminando los dos jaloneando de un lado para otro esa dulce pesa.
– ¡Pero yo no quiero que me ayude! – Gritaba tronquitos.
– ¡Que terca, terca como una mula!
– ¡¿Cómo se atrevió? – De repente la dulce tronquitos se le lanzo encima al señor cerdo y lo golpeo (Como hizo con Jake en el Ladrón de las manzanas).
–Pero yo solo quería…
– ¡Cayese, usted me hizo mucho daño! – Ella continúo golpeándolo hasta que llego nuestro héroe Finn.
– ¿Qué pasa aquí señora tronquitos? –Finn hablaba con desconfianza y no se acercaba a tronquitos por miedo a que se le lanzara también. Cuando ella oyó al humano se detuvo quedando en una posición comprometedora con el señor cerdo.
–Es que yo le pedí amorosa y gentilmente al señor cerdo que me ayudara a cargar esta pesa y el no quiso porque supuestamente esto lo debe hacer una damita como yo. – Habló más tranquila tronquitos. – Y lo es que me dijo mula. – Comenzó a llorar la elefanta después de decir esto, mientras se recostaba sobre los pies de Finn.
–Pero es que…Olvídelo seño. –Él quería decirle que en parte el señor cerdo tenía razón pero al ver la terquedad de tronquitos prefirió callarse y retirarse lo más pronto posible. Me-mow se acerco a tronquitos lentamente para asustarla, pues la vio tirada en el piso llorando.
– ¡¿Por qué no estás ejercitándote? – Tronquitos salto del suelo asustada al oír el horrible y chillón grito del pequeño gato en su oído. A continuación corrió tratando de evitar que el entrenador le hiciera daño, pero era muy tarde, Me-mow ya había escupido el cuchillo y estaba totalmente preparado para rasgarla. Ella al ver que no tenía otra opción se quedo quieta esperando que fuera atacada; Y tal como se lo imagino el gatito la rasguño con su cuchillo por todas partes.
Mientras tanto los del reino fiesta también tenían problemas con su entrenador. Al parecer Starchy les había pedido 100 lagartijas y a cambio de eso le dieron 101 por lo que pensó que se estaban burlando de él y los envolvió en latigazos. También sufrían maltrato los del reino juego, pues no podían hacer ningún tipo de ejercicio, ni levantar pesas, ni correr en la caminadora, ni siquiera podían hacer sentadillas sin caerse de inmediato.
En cambio los entrenadores respetaban más a los guerreros como Finn y Fionna o por lo menos ellos se daban a respetar.
Después de un cansado día para todos los tributos casi todos de nuevo volvieron a sus departamentos lujosos. El único que no quiso descansar y se quedo ejercitándose en el oscuro gimnasio. De un momento a otro mientras el humano entrenaba
–Finn ¿Qué haces aquí ya tan tarde? – Se oyó la hermosa voz de la muchacha de fuego, mientras hablaba caminó lentamente hacia Finn iluminando el trayecto oscuro, pues ella con el simple hecho de entrar al lugar ya hacía que resplandeciera por todas partes. Cuando Finn volteo a verla no pudo dejar de pensar que esa persona podía ser el gran amor de su vida; mas estaba muy confundido por el hecho de haber besado a la dulce reina.
–Estoy entrenando, necesito estar fuerte para la competencia. –Le hablo un poco déspota, mientras golpeaba furioso un malvavisco de boxeo, e hiso esto solo tratando que ella no se ilusionara (Así fuera por unos pocos días de vida) con él.
–Pero creo que sería mejor si descansaras. – Hablo humildemente la muchacha mientras las llamas que rodeaban su cabeza se inclinaban hacia la derecha.
–Mejor dime, ¿Qué haces tú a esta hora aquí? – Le dijo en reproche Finn, y solo para esperar su contestación se quedo sin golpear el malvavisco de boxeo.
–Es que…–Tarareo un poco pues le daba vergüenza hablar, y a continuación rasco con su mano izquierda su antebrazo derecho como lo solía hacer cuando estaba nerviosa. –Es que cuando vi que te quedaste para seguir entrenando decidí quedarme contigo. – Suspiro aun un poco nerviosa.
–Gracias, pero ¿Por qué te escondiste? –Pregunto el héroe curioso y ya más relajado mientras empezaba a levantar las pesas de gomitas.
–Porque no sabía si quería hablar contigo. Estaba indecisa.
– ¿Indecisa? –Finn se asusto al oír el tono de voz en el que hablaba la muchacha.
–Sí, porque en los pasillos se rumora que tu eres el amante de la dulce reina.
– ¿Quién te dijo eso? –El humano pregunto asustado, y recordó nuevamente con la dulce reina.
– ¡Finn no la escuches!…
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Notas de autor:
¡Hasta aquí nos quedamos en este capítulo! Espero les haya gustado. Cada vez se me ocurren mas ideas para mi Fic, y la verdad creo que va a quedar algo bien.
Les agradezco a todos por sus reviews, pues gracias a ellos me ayudan a redactar mejor, y además son una inspiración para seguir escribiendo.
Les comento a todos ustedes que me voy a ir de viaje por unos días, así que no podre empezar a escribir el próximo capítulo hasta el domingo de la próxima semana.
EEnnn Finn (Fin de final no de Finn el humano) Nos estamos viendo por la próxima semana en el capítulo 4 (El problema de Finn).
¡Chau!
