Estuve mucho rato escribiendo hoy. ¿La razón? Como publiqué en martes, tuve menos tiempo para escribir este cap. Esperemos que me recupere para el próximo domingo. Algunas cosillas al final del capitulo.
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una misteriosa mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: Como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Dos mundos
Capítulo 5: I've heard there was a secret chord...
Volvamos un par de días atrás, cuando Luffy decidió que era una idea divertida traer a Nami consigo a su reino. La pobre había estado todo el camino preguntándose qué cuernos iba a pasar con ella a continuación. A pesar de que Ussop y Chopper habían intentado hacer todo lo posible para que el viaje fuera de lo más tranquilo, la pelirroja iba muy nerviosa y Luffy no había dejado de hacerle preguntas demasiado incómodas. No perdía oportunidad para hacer más y más preguntas y no paraba de comer, por lo que no despejaba las dudas acerca de su cuestionable estabilidad mental. A Luffy nada de eso le parecía incómodo o impropio, estaba tranquilo comiendo y platicando con Nami, hasta donde ella estaba dispuesta a contestarle sus preguntas.
Llegaron al palacio de Luffy cuando ya estaba atardeciendo. Nami observó por la ventana las bellas calles de la ciudad, y a los hombres y mujeres que salían a las calles a recibir a su rey alegremente. Luffy sonreía y se asomaba para saludar a las personas ante la mirada atónita de Nami, quien no se esperaba alguna vez estar en semejante situación.
Llegaron al palacio, y fueron recibidos por los sirvientes y los cortesanos. Entraron a la sala del trono donde, para variar, habían ya dispuesto un banquete enorme para el moreno, que se lanzó sobre la comida, como era habitual, saltándose todos los protocolos establecidos.
La que pronto se sintió incomoda fue Nami. Las cortesanas presentes no dejaban de mirarla y era normal; su ropa estaba algo sucia, ella misma tenía tierra en la cara, en el cuello, andaba descalza…
Luffy, quien a pesar de lo sospechado estaba bastante al pendiente de su nueva… "adquisición", lo notó.
-Ah… ¡Eh! ¡Makino!- una hermosa y sonriente mujer entró a la sala.
-¿Qué se le ofrece, alteza?- preguntó la mujer.
-¡Dale ropa limpia a Nami!- pidió con una gran sonrisa. Makino asintió y busco por la vista a Nami, adivinando que se trataba de la mujer que había llegado con ellos al reino. Se acercó a ella y le dio la mano.
-Ven conmigo, pequeña- pidió con una sonrisa y Nami la siguió. Subieron unas escaleras y recorrieron los pasillos- te llevaré a una habitación de huéspedes. ¿Es inoportuno preguntar como es que su alteza te trajo al palacio?
Nami soltó un suspiro.
-Creo que solo le pareció buena idea. Realmente no supe cómo zafarme, fue muy extraño.
La mujer llamada Makino rió.
-Es probable que te quedes algo de tiempo, ¿Eres del reino del príncipe Zoro, verdad? No te preocupes, tal vez te deje ir en un par de semanas, cuando vuelva a ir de visita.
Nami bajó la vista, soltando un suspiro. Eso era bastante tiempo, aunque no le significaba demasiado problema, ya antes se había ausentado de su hogar por largos periodos de tiempo.
-¿Suele hacer este tipo de cosas?- preguntó ella, luego de haber hecho cálculos para ajustar sus planes futuros de acuerdo al problema en que se había metido. Era más que obvio que pasaría un buen rato antes de que ella pudiera volver.
-Pues…hace un par de años acostumbraba escaparse al bosque y traer animales. Una vez llegó con un elefante- rió- lo curioso es que en esta zona no hay manadas de elefantes, nadie sabe de donde lo sacó y él tampoco sabe decir. Una vez pescó un rey marino y no podía decidirse entre conservarlo y lanzarlo en la piscina o comérselo.
Nami abrió la boca por la sorpresa.
-¿Y qué pasó?
-Pues…el príncipe Zoro estaba de visita. Se las arregló para distraer a su alteza y desapareció al rey marino antes de que lastimara a alguno de los jardineros, que eran quienes estaban lidiando con él ya que Luffy san no supo donde más dejarlo que en el patio.
Nami no pudo reprimir una risa. Sonaba como a que era un niño, un pequeño tontuelo que hacía las cosas sin pensar. Y nada de lo ocurrido hasta ahora le indicaba lo contrario.
-Nunca lo había hecho con personas- repuso Makino un poco después. No habían dejado de caminar- es la primera vez que sucede. ¡Ah! Esta es una habitación adecuada.
Abrió la puerta con un llavero que traía colgado a la cintura y Nami entró tras ella. La habitación que se mostraba ante ella era de buen tamaño. Había una cama bastante amplia y un baúl al pie de esta, además de un ropero y un tocador. Todo estaba decorado de un modo muy impersonal. Makino se adelantó a una puerta frente a ellas y la abrió.
-Este es el baño- entró seguida por Nami. En el baño había una enorme tina color blanco. Ella abrió las llaves y comenzó a llenarse de agua caliente- está deliciosa. Puede entrar. En esos frascos hay jabones y esencias, use las que desee. Por ahí hay una toalla. Puede dejar ahí su ropa- le señaló un cesto- yo le traeré prendas limpias y se las dejaré en la cama.
-Gra…gracias- contestó Nami, acercándose a la tina, algo cohibida con tanta amabilidad. Sin embargo se tomó la libertad de hacer una observación, algo en lo que había estado pensando-. No sé qué tan sano es que le permitan a su rey hacer este tipo de cosas.
Antes de salir del baño, Makino se detuvo en la entrada, mas no contestó en seguida lo que la pelirroja había dicho. Pero Nami la observó, pues se notaba que deseaba decirle algo. Finalmente, ella habló:
-Tal vez…es incorrecto decirle esto en este momento pero…contrario a lo que la gente piensa, Luffy san no ha tenido una vida fácil, ni es simplemente un pequeño idiota o un niño mimado. Ha tenido pérdidas, sabe lo que es el dolor. Por eso lo amamos tanto y le permitimos tantas cosas, por que a pesar de todos los problemas que ha vivido se mantiene con una sonrisa y buen humor, y ya han sido varias veces las que nos ha salvado el cuello, por poco- bajó la vista un poco y volvió a ver a Nami, y continuó- si usted le pide que la libere, lo hará, no lo dude. Pero por favor, no lo haga. Si hay algo que le duele a Luffy san es perder a un amigo, y cualquiera diría que ya se ha encariñado con usted. Por favor, no rompa su corazón, o por lo menos no lo haga tan pronto.
Nami miro a la mujer con la boca abierta; su preocupación parecía tan genuina que ella, que casi siempre tenía una respuesta en los labios para cualquier cuestión, se quedó completamente callada sin saber qué decir. Makino hizo una inclinación y salió del baño, por lo que ella procedió a asearse, aún pensativa de lo que acababa de suceder.
Nami tomó un baño bastante largo, y continuó pensando en muchas cosas. Cuando terminó, salió y se encontró con el vestido que Makino le había prometido llevarle, era un sencillo pero bonito vestido color beige que le quedaba perfecto. También le había llevado unas zapatillas de tacón muy bajo, del mismo color del vestido, y una banda para el pelo. En el tocador le había dejado un peine, un cepillo, maquillaje y otras cosas por el estilo. Nami se arregló lo mejor que pudo pues no quería ser objeto de las burlas de las cortesanas otra vez. Cuando salió de la habitación, le pequeño Chopper estaba esperándola. Le sonrió.
-Luce usted muy bien, Nami- le dijo- acompáñeme.
-¿A dónde vamos?- preguntó ella mientras comenzaban a caminar.
-Al salón del trono a terminar de cenar. Usted no ha comido nada desde que llegamos.
-Ah…
-Además seguro que a Luffy le agradará su compañía.
Nami levantó una ceja y volteó a ver a su pequeño interlocutor.
-¿No ha terminado de cenar? Hace media hora que…
-Luffy san tiene un gran apetito. No se preocupe. Usualmente tarda un poco menos. Solo que el viaje le da más hambre.
-Pero si comió todo el camino…- se dijo ella en voz baja, e hicieron todo el camino de regreso en silencio. Llegaron finalmente, y Luffy aún no terminaba de cenar. Ussop, a su lado, comía un poco, aunque lucía preocupado y sin muchas ganas. Un sirviente le retiró la silla a Nami para que se sentara, y dejó frente a ella un elegante platillo para que comiera. Era bastante, ella no estaba acostumbrada a comer así pero tal parecía que esa era la costumbre en ese lugar. Comió hasta llenarse y comprobó que no había podido terminar ni la mitad de su plato, mientras que su alteza acababa con plato tras plato de comida.
-Muy bien- dijo el joven, una vez que sació su increíble apetito- ¿Vamos a dar un paseo?
-¿Paseo?- preguntó la pelirroja, viendo alternativamente a Chopper y a Ussop
-A Luffy le gusta mucho salir a caminar a la ciudad, o al bosque- suspiró el de nariz larga- supongo que tendré que ir por la linterna y mis zapatos para caminar.
-No será necesaria tu linterna- sonrió Luffy- porque bajaremos a la ciudad.
Ussop lanzó otro suspiro. Nami le hizo una seña, así que él se acercó para que ella le dijera en el oído, en voz realmente baja:
-¿Tengo que estar preocupada por esto?
-Ah…no, en lo absoluto….siempre que no te separes del gran Ussop sama- sonrió ampliamente- y que Luffy no decida hacer alguna locura como siempre que salimos.
Nami hizo una cara de susto, así que él se apresuró a rectificar.
-Casi nunca provoca cosas demasiado grandes. Usualmente derriba uno o dos edificios, pero nada que no se le pueda arreglar en un par de días. Todo el pueblo sabe qué hacer en estos casos.
A Nami no le dio tiempo de reaccionar por que un brazo, estirado desde varios metros, le había alcanzado a sujetar para jalarla.
-¡Vamos!- urgió la voz de Luffy, quien ya iba en la puerta- tenemos que irnos pronto.
Salieron del palacio. Nadie los escoltó porque era usual que Luffy saliera de ahí con Ussop y Chopper, y hasta a la gente del pueblo lo veía como algo natural.
Recorrieron el lugar de arriba abajo, con Luffy portándose más tranquilo que lo habitual, lo cual resultaba bastante sorprendente. Chopper y Ussop se retiraron a comprar pan y dulces en una tienda, y Nami se quedó con el joven rey sentados en una banca.
-Luffy san… tengo una pregunta qué hacerle.
-¿qué pasa Nami?
-¿Puedo saber…qué es lo que espera usted de mi? ¿Qué es lo que quiere que haga viniendo con usted aquí?
-Ah…bueno… Zoro quería a Robin para entrenar… pero ya que tu no tienes poderes… supongo que solo vas a acompañarme.
-Ro… ¿Robin?
-Sí…Zoro llevó a Robin a su palacio para que le ayudara con sus entrenamientos porque ella es usuaria de una fruta del diablo, como yo- dijo, estirándose la cara.
-Ah… eso ya lo sé…
-¿Conoces a Robin?
-Sí- sonrió. Se quedó pensativa un momento, y miró a Luffy una vez más-: me alegra saber que esté bien. Pero volviendo a lo otro… ¿Quieres decir que solo quieres que esté contigo, acompañándote?
-Pues sí…será divertido, no te preocupes. Además…soy muy fuerte, conmigo nada malo te va a suceder- sonrió ampliamente. Por alguna razón, Nami sintió que podía confiar en esa sonrisa.
Y así pasaron los días, con Nami haciendo de acompañante de Luffy, en la ciudad, en el bosque e incluso de viaje.
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Volvamos a donde iba la historia con Zoro y Robin.
Robin se puso de pie esa mañana, mirando al pequeño haz de luz que se colaba por la mínima ventana que había en su habitación. Las imágenes de los sucesos de la noche anterior llegaron a su mente en cuestión de segundos, y se preguntó un momento qué pasaría cuando el príncipe Zoro abriera la puerta y se miraran. ¿Qué le diría? ¿Esperaría algo de ella? ¿Podría ella esperar algo de él?
Más, un rato después, quien abrió la puerta y se introdujo en la habitación no fue Zoro, sino Sanji. Se asomó y le sonrió;
-Robin chwan, ¿Vienes conmigo un rato a la cocina?- preguntó el cocinero sonriendo- el marimo se fue temprano, no creo que regrese hasta mediodía.
Robin salió con él y mientras le seguía, sonrió.
-¿A dónde fue el príncipe?
-El rey decidió llevarlo a entrenar al bosque. Como él fue su primer maestro, sabe muy bien cuales son sus límites, así que dijo que él mismo se aseguraría que no se pasara, como siempre lo hace.
Robin sonrió imaginando la escena de Zoro siendo regañado por el siempre tranquilo y feliz rey.
Se la pasó casi todo el día con Sanji en la cocina, viendo a Zeff san y al resto de los cocineros ir y venir preparando las comidas del día, tanto para los cortesanos como para los sirvientes. Zoro tardó más de lo esperado en llegar, y cuando en el castillo se supo que el rey y el príncipe estaban de vuelta, su presencia simplemente no fue requerida por él. Tuvo que preguntarse si no cancelaría de nuevo todos los entrenamientos que le gustaba tener al día, pero para su sorpresa le pidió que hiciera un entrenamiento más tarde, mediante un sirviente que fue a buscarla a la cocina.
Sanji la acompañó de regreso al cuarto para que se pusiera ropa de entrenamiento, y después, al campo, donde ya el príncipe los esperaba, espadas en mano.
Robin sintió como si algo extraño estuviera pasando allí. Zoro estaba como ausente, parecía distraído desde el momento en que ella y Sanji se presentaron.
-Eh…marimo- lo llamó el rubio, pues él parecía no haberse dado cuenta de su presencia. Zoro los miró y su rostro se notó molesto, aunque no dijo nada.
En esos momentos, Robin tuvo que preguntarse si el beso de la noche anterior no había sido objeto de su imaginación, un sueño, o simplemente algo que el príncipe no querría que se repitiera.
Robin decidió no seguir dándole vueltas al asunto, y comenzar a tratar al príncipe de la misma manera en que él lo hacía.
El entrenamiento del día fue, de nuevo, la pista de obstáculos como el primer día que estuvo allí. Sin embargo luego de un buen rato, se había vuelto bastante flojo. Robin no parecía estar poniendo todo su empeño y eso no tenia nada contento a Zoro.
-¿Se puede saber qué te pasa?- le preguntó él abruptamente, incorporándose luego de haber perdido el equilibrio, jalado por un par de manos, que realmente, no le habían hecho ningún daño.
Robin levanto la vista hacia él, sacudió la cabeza y pidió disculpas.
-Lo siento…me encuentro un poco cansada. No he dormido muy bien últimamente.
Sanji miraba a Robin también. Levantó la voz para hablarle a Zoro.
-Lleva más de una semana cuidando de que no te nos mueras mientras duermes o que no te escapes de tu cuarto por las noches, alga- dijo- que tú seas un masoquista que se lleva a sí mismo al borde de la muerte todos los días no quiere decir que todos tengamos que serlo.
-A mi no me vengas con esas, ero Cook. Nadie le ha pedido que cuide de mí, ni a ti tampoco.
Para variar, esto último hizo que Sanji se le fuera encima en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo esto fue interrumpido por Robin, que le dio un nuevo jalón a las piernas de Zoro para hacerlo caer. Aun en el piso volteó hacia ella; se había puesto de pie y parecía más alerta, esperando a que él siguiera tratando de pasar la pista. Sin embargo no mostró en su rostro, como era de esperarse, una mirada cómplice, ni de reto. Se notaba en su rostro seriedad; como si imitara la expresión que solía tener Zoro cuando la veía.
Zoro volvió a la pista y comprobó que le resultaba más complicado pasarla, aunque sabía que ella no estaba dándolo todo, ya que él no debía sobre esforzarse. Cuando todo terminó, ninguno de los dos parecía satisfecho. Cuando Zoro llegó al final de la pista, Robin le desvió la mirada. Mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho, como si en cualquier momento fuera a atacarle otra vez, quizás por la forma amenazante y molesta en que Zoro se acercaba a ella. Cada paso que él daba hacia ella la hacía forzar más sus brazos, sin poder mirarlo a los ojos, sin poder hacer más que mantener el ceño fruncido y una actitud defensiva.
Sanji se acercó a ellos, más específicamente, a Robin, interponiéndose rápidamente entre ella y Zoro. Se acercó suficiente para sujetarla del brazo.
-¿Estás bien, Robin chwan?- preguntó con preocupación pero sin hacer, como usualmente sucedía, algún gesto extraño o la voz que delatara su adoración hacia la morena. Zoro no pudo evitar notar esto de nuevo, era como si Sanji se hubiera… ¿acostumbrado? A Robin, y hubiera superado con ella su etapa de enamoramiento estúpido y aquello hubiera evolucionado en algo más natural.
Como sea, Robin la hizo una seña a Sanji para que no se acercara tanto a ella. El rubio se contuvo. Ella le sonrió.
-Estoy muy bien, no te preocupes por mí.
Zoro lanzó una especie de gruñido y se dio la vuelta, pero Sanji alcanzó a detenerlo. Zoro volteó a verlo con molestia, el rubio se quito el cigarrillo que tenía en la boca y levantó una ceja.
-Dime, alga… ¿cómo vas con tu baile?
Zoro se mantuvo con la misma expresión, pero volteó a darle un vistazo a Robin, recordando lo de la noche anterior. Volteó a ver de nuevo a Sanji y levantó un poco la cabeza con aire altivo.
-Mejor de lo que tu podrías esperar, cocinero.
-Bien…entonces iremos ahora a MI entrenamiento- puntualizó Sanji- Si no te molesta, Robin chwan. No quisiera que este año el marimo arruine la fiesta de invierno. Siempre termina haciendo una barbaridad, ahora yo personalmente me encargaré de que eso no suceda.
-Jhá, ¿Y si yo no quiero, cejitas?- preguntó el peliverde con una sonrisa gigantesca, seguro de que el rubio no tenía nada con qué retenerlo.
El cocinero se colocó a lado del espadachín y le pasó un brazo por los hombros. Le dio una calada a su cigarro y dejó salir el humo hacia arriba, mientras el otro le miraba con cierta desconfianza.
-Si no quieres…se lo diré a tu padre- Zoro frunció el ceño, y Sanji le miró sonriendo él ahora, aún más ampliamente- y sabes que con tal de hacernos felices a Robin chwan y a mi, te pedirá que nos hagas caso. Como cuando eras pequeño… ¿Recuerdas, marimo kun, cuando no querías probar mi comida y yo te acusaba con el rey?
-Por supuesto que me acuerdo, cocinero- contestó Zoro, dándole un empujón para que le soltara-. Siempre fuiste un cabrón.
Sanji rompió a carcajadas, Zoro sabía bien que o iba con ellos o iba. Cuando Sanji amenazaba con acusarlo, era como si aún fueran un par de niños. Robin sonrió suavemente. Realmente prefería verlos peleando, y discutiendo por tonterías, a que Zoro estuviera tirado en una cama sin poder respirar bien. Aunque, a final de cuentas, el peliverde no estaba completamente recuperado, lo cual había sido motivo, en parte, para que se contuviera mientras entrenaban.
Lo otro era…la incomodidad. Lo de la noche anterior (el beso) había hecho que se sintiera extraño estar con él, aunque sabía que hubiera sido mil veces más incomodo tener una pelea cuerpo a cuerpo.
Ambos siguieron a Sanji dentro del castillo. Entraron a un salón desocupado. El piso era de madera y una de las paredes estaba recubierta con espejos.
-Este es un salón de baile- puntualizó enfáticamente Sanji hacia Zoro, como si éste nunca lo hubiera visto antes.
-Ya lo sé, cejas. ¿Qué planeas?
-Ah, pues muy sencillo. Entre Robin chwan y yo te enseñaremos a bailar algunas canciones- sonrió el rubio- nosotros bailamos una vez, tú nos observas y a la siguiente es tu turno.
-Ajá. ¿Y los dos bailaremos con ella?
-No…a ti te traje una muñeca de trapo.
-¡¿QUÉ?!
-Es broma, es broma. No aguantas nada, cabeza de pasto.
Robin seguía la conversación, riendo discretamente.
La sesión de entrenamiento de baile de parte de Sanji fue una de las peores cosas que podían haberle sucedido a Zoro en esos momentos. Siempre había sentido una gran aversión a ese tipo de costumbres. Para él, ser un buen bailarín no tenía porque ser importante cuando se trataba de ejercer sus labores como príncipe, pero en fechas como estas todo mundo (sobre todo Sanji) parecía olvidarse de sus incuestionables habilidades espadachines, su casi siempre buen porte, su natural sentido del liderazgo, su humildad, su sentido de humanidad y de su considerablemente buena diplomacia, para centrarse únicamente en dos de los aspectos más negativos de su personalidad; su incapacidad para ser un buen anfitrión y sus dificultades para bailar de manera aceptable para una fiesta.
Robin y él habían bailado la noche anterior y no lo había hecho tan mal, pero cuando tuvo que hacerlo allí, a la luz del día, en frente de Sanji, simplemente falló. Todo le salió mal, se puso nervioso, tieso. Robin sabía que no era tan malo pero parecía que simplemente no conseguía hacerlo.
-Eres un caso perdido, musgo- decidió Sanji en la tercera canción. Zoro soltó a Robin bruscamente y se alejó.
-¡Déjame en paz entonces, cabrón!- gritó, antes de salir de la habitación- ¡No necesito seguir con esto!
Robin y Sanji miraron a la puerta hasta que esta se cerró con un fuerte golpe. Robin se abrazó a si misma un momento antes de volver a ver al rubio, que aunque lucía molesto, se pasó la mano por la cara, un poco preocupado.
-No te preocupes, Robin chwan. Mañana estará como si nada.
-Mmm…eso espero. Hace mucho que….creo que nunca lo había visto tan molesto.
Sanji se acercó a ella y le puso la mano en el hombro. Negó con la cabeza.
-Hasta cierto punto, es normal. Él siempre se molesta conmigo por alguna u otra razón- se metió la mano al saco y tomó un cigarrillo. Lo encendió- vamos a la cocina, es un poco tarde. Te haré algo de cenar.
Robin sonrió y asintió.
-Gracias.
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Después de cenar, Sanji acompañó a Robin a la habitación de Zoro.
-Si sigue molesto no le mires a los ojos, no hagas movimientos bruscos ni menciones nada acerca de su cabello- bromeó Sanji- o aventará flamas por la boca. Creo que se calma si consigues rascarle un poco bajo el mentón, pero por obvias razones nunca lo he intentado.
Robin rompió a reír con ganas. Pero en ese momento, llegaron a la puerta de la habitación y todo se mantuvo en silencio.
Sanji puso su mano en el pomo.
-Buenas noches, Robin chwan.
-Buenas noches, cocinero san.
Robin entró a la habitación. Las luces estaban apagadas pero ya que la puerta estaba abierta ella sabía que Zoro estaba dentro. Fue entonces que lo vio, sentado bajo una ventana, por la cual entraban un par de luces del patio. A lado de el se apilaban unas cuantas botellas de cerveza.
-Espadachín san- habló ella. Él no le contestó- ¿Está usted bien? No creo que debería beber eso.
-No lo sé- contestó él, secamente- el médico no dijo nada al respecto.
Robin se dio la vuelta, dispuesta a entrar en su habitación.
-Este era su cuarto.
Robin tuvo que voltear y preguntarse cuánto habría bebido Zoro a estas alturas. ¿Cuántas botellas llevaba? Se acercó. Las contó. Había unas diez a lado de él, pero era probable que hubiera tomado más antes de irse a su habitación.
-No estoy borracho, si es lo que estás pensando- dijo, y de hecho Robin tenía que admitir que su voz sonaba normal. Ella se acercó un poco más, quizás tendría los ojos nublados, pero eso no lo podía saber. Zoro puso su mano en el piso, al lado de él, haciéndole la seña de que se sentara a su lado. Ella se sentó sin decir nada, pero tampoco le quitó la vista de encima.
-¿Entonces de qué hablaba hace un momento?
-Hablé en voz alta…
Robin guardó silencio. Zoro destapó otra botella y siguió bebiendo.
-Hace muchos años conocí a la legítima princesa de este país. Nos hicimos amigos aunque al principio solo peleáramos.
Robin volteó a ver a Zoro. ¿Legítima princesa, había dicho?
-Comenzó a enseñarme a ser espadachín como ella. Yo era huérfano y andaba por ahí, solo buscando problemas. Pero ella me ayudó y me dio estabilidad.
Siguió tomando un poco más, sin agregar nada. Hablaba hacia el frente, como si estuviera conversándole a la nada, como si Robin no estuviera allí aunque ella le estuviera observando fijamente. De un momento a otro, Zoro sonrió. Como si hubiese recordado algo gracioso o agradable, como si de pronto todo se hubiera iluminado para él.
-Me aceptaron aquí sin ningún problema. Ayudaba en lo que podía, y aquí comía y dormía. Decían que si el rey me tomaba aprecio me educarían para ser un soldado y probablemente me quedaría para siempre. Ella se salía de su cuarto y nos quedábamos corriendo por el castillo, peleándonos y practicando con nuestras espadas, por los pasillos, a media noche, despertando a todo el mundo. Decidieron dejarme dormir….en esa habitación- dijo, apuntando la puerta de la ahora habitación de Robin-, y a veces platicábamos hasta altas horas de la noche. Aunque fuera inapropiado, lo comprendí después. Pero a nadie parecía importarle.
Robin miró hacia la puerta, como si fuera la primera vez que la estuviera mirando. Luego miró al príncipe de nuevo. Zoro volteó la vista. De pronto se había nublado todo, de nuevo.
-Murió en un accidente- dijo de pronto, como si le costara trabajo-, hoy se cumple…un año más desde que se fue.
Miró al techo y siguió bebiendo. Dejó la botella en el piso otra vez.
-Me hicieron príncipe una semana después y heme aquí. Es como si estuviera viviendo la vida que le tocaba a ella y es como si eso me condenara a una sola cosa. No la olvido.
-¿Por eso se fue con el rey esta mañana?- preguntó ella, comprensiva. Lamentablemente, la historia había conseguido enternecerla- ¿es por eso que ha estado tan molesto todo el día?
Zoro volteó la cabeza, pero Robin, en un arrebato de atrevimiento, le tomó el mentón- casi como Sanji le había dicho en broma que lo hiciera- y lo hizo voltear hacia ella. De pronto el dragón escupe fuego tomó vida y Zoro la miró con los ojos más flameantes que hubiera podido mostrar en toda su existencia.
-¿Qué es lo que haces tú aquí? Vete a tu habitación- ordenó sin demasiada fuerza, mientras se ponía de pie, abría su ropero y lanzaba sobre su cama su ropa de dormir.
Robin se puso de pie lentamente. Se metió a la habitación, aunque ahora no estaba segura de qué debía sentir al estar allí, y escuchó claramente cuando Zoro le ponía llave a su puerta.
Suspiró, sentándose en la cama. Floreció una mano dentro del cuarto del moreno, y en ella un ojo, y otra con un oído.
Lo escuchó suspirar mientras se dejaba caer en la cama. Lo observó hasta que dejó de moverse y de dar vueltas. Con una mano le tocó el hombro y se cercioró de que estuviera dormido y de que estuviera respirando bien. Una vez que hizo esto, otras manos florecieron y lo arroparon, pues la noche de principios de diciembre estaba enfriando bastante.
Cuando se sorprendió a si misma realizando esta ultima acción, Robin desapareció todas sus manos. Se fue hacia su cama. Sacó del estante uno de los libros y leyó la dedicatoria.
"De Kuina para Zoro. Espero que lo disfrutes. No es de espadas esta vez, pero sería bueno que comenzaras a interesarte por la poesía. Eso le agradaría mucho a mi padre."
Poesía.
Robin lo cerró y lo volvió a guardar donde estaba. Volteó a ver hacia la puerta de nuevo.
No puedo estar haciendo esto, se dijo a si misma mientras se quitaba los zapatos para luego ponerse ropa de dormir, si sigo así no haré sino meterme en problemas.
Miró a su alrededor con cierto cansancio, recordando lo que, al parecer ya medio borracho, el príncipe le había confiado.
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En la mañana, luego de varios días en que no ocurriera así, quien abrió la puerta de la habitación de Robin, no fue Sanji sino Zoro.
-Hoy vinieron…Luffy y los otros de visita- anunció- han pedido que almorcemos con ellos. Ponte…un vestido.
Robin ya llevaba puesta la ropa de entrenamiento, pantalones, blusa y botas, y por lo tanto, inadecuado. Ella asintió.
Zoro cerró la puerta tras él, dispuesto a esperarla. Unos segundos después ella salió; se había puesto un vestido color azul muy bonito. Comenzaron a caminar rumbo al comedor, como Robin ya se sabía la ruta, se tomó la libertad de corregirlo cuando estaba a punto de irse hacia el lado incorrecto del castillo. Finalmente y luego e unas cuantas rectificaciones, llegaron.
Al abrir la puerta, lo primero que Robin vio fue una sonrisa de cierta pelirroja, que ya esperaba verla llegar a la puerta y observar su cara de sorpresa en cuanto la reconociera.
-¿Na…Nami…?
-Hola Robin- sonrió ampliamente la joven. Se acercó a ella y la abrazó.
-¿Se conocen?- preguntó Zoro, a quien ya le habían referido la historia de cómo Nami había ido a parar al castillo de Luffy.
-Sí. Nos conocemos…de hecho…la conocí un día antes de conocerlo a usted- repuso la morena con una sonrisa cómplice hacia Nami.
Se sentaron a la mesa y conversaron un buen rato. Zoro, Sanji y Ussop discutieron acerca de los avances que estaban haciendo los soldados que habían enviado a infiltrarse en aquella organización, mientras Robin y Nami conversaban los sucesos ocurridos desde que se separaron.
A pesar de mostrarse interesado en la conversación con sus compañeros, Zoro dejó de prestar atención y sus sentidos se centraron en cómo Robin describía lo ocurrido cuando la secuestraron y su posterior subasta a ese lugar. Sin embargo como era de esperarse, no dio más detalles que lo que Zoro ya sabía. La que se desató en contar todo lo ocurrido al ser "secuestrada" por Luffy fue Nami, y eso, conociendo al joven y caprichoso rey, era cosa que a Zoro no le interesaba demasiado.
A pesar de estarse quejando de Luffy, Nami parecía ya haberle tomado cariño y confianza al joven, que hasta tomaba comida de su plato sin que ella hiciera amago de impedirlo o de molestarse por ello. Cualquiera diría que la pelirroja llevaba años soportando al pequeño. Él solo le sonreía.
Robin estaba contenta de que Nami (aunque no se diera cuenta en ese momento) estuviera tan feliz, y la dejaba hablar todo lo que quisiera. Aunque en realidad habían tenido muy poco tiempo para conocerse, había desarrollado por la joven un cariño sincero, y además ella se estaba ganando una considerable aceptación por todos los que estaban allí, sobre todo Sanji, que no había dejado ni un momento de atenderlas a ambas, pero mirando a Nami con corazones en lugar de ojos, quizás por la novedad que causaba su linda presencia.
Después del almuerzo salió a relucir una vez más el problema que estaba teniendo Zoro para bailar correctamente, así como su reciente intoxicación y consecuente incapacitación. Como era de esperarse, Luffy se animó con la idea de ensayar los bailes, sobretodo ahora que Nami estaba con ellos. Ya había decidido que ella los acompañaría al baile, y, al menos de manera implícita, se había dado a entender que ella sería su pareja.
A la pelirroja no le quedaba más que aceptar la situación, a la cual, quizás lamentablemente para ella, ya estaba acostumbrada.
Fueron al salón de baile, Zoro un poco a regañadientes.
Es por Luffy, se dijo con un suspiro, por ver feliz a un amigo como él (y evitar que luego estuviera gritándole en la oreja) cualquier cosa.
Se pusieron a "ensayar". Ussop, que se decía un conocedor de los bailes, le daba a Chopper cátedra de las figuras que Robin y Sanji efectuaban en la pista, seguidos de Luffy y Nami. El moreno seguía sus movimientos como podía, le era un poco complicado…pero al menos estaba haciendo el intento. A todos, incluso a Nami, les divertía su empeño para bailar, y que de hecho hacía muy buenos avances. Al que nada de eso parecía gustarle, y que se mostraba cada vez más malhumorado, era Zoro. Esta vez, ni siquiera hicieron el intento por hacerlo bailar, cosa que a él no le importó en lo más mínimo.
-Ro…Robin chwan- dijo Sanji repentinamente mientras bailaban. Robin, que veía en esos momentos a Luffy y a Nami, volteó a verle- Me preguntaba… ¿te gustaría ser mi pareja para el baile de invierno?
Todos los presentes escucharon esto, pero nadie comentó nada al respecto. A Robin le tomó por sorpresa, por lo que no contestó nada en seguida.
-Emh…la verdad es que…mi situación de prisionera aquí no me es clara del todo- le dijo luego de unos momentos, sonriendo- no sé si espadachín san me permitirá asistir al baile.
-No creo que te lo impida de todos modos. No es tan ruin- dijo Sanji en voz un poco más alta, como si quisiera expresamente que él lo escuchara.
Ambos sonrieron, como esperando que el príncipe reaccionara.
-Aunque no sé…quizás quiera que seas su pareja. Después de todo, ¿qué oportunidad tendría él de que otra mujer quisiera ir con él? Tú porque eres su "prisionera", pero apuesto lo que quieras a que no lo harías si estuvieras libre.
Luffy, Nami, Ussop y Chopper no perdían detalle y aquello les estaba haciendo muchísima gracia, pero querían contenerse hasta el momento en que el espadachín explotara.
-La verdad no creo que eso sea lo que quiere espadachín san. Pero si él me lo permite como su "prisionera", supongo que ser tu pareja sería un placer, cocinero san.
-¡Hagan lo que les dé su maldita gana! – les gritó Zoro, bastante enojado, y fue entonces que todos rieron, ante su sonrojo furioso. Él les dio la espalda, cruzando los brazos y sin notar que de hecho Robin lucía preocupada, pues su intención nunca fue burlarse de él. A diferencia de Sanji, ella hablaba en serio e todo ello. Incluso…al aceptar ser pareja de Sanji en el baile.
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El día pasó más o menos con el mismo ritmo. Se la pasaron dando paseos y comiendo de acuerdo a los deseos de Luffy, pues este era, por así decirlo, su invitado de honor. A Zoro le producía una sensación de lo más extraña comprobar que de hecho, contrario a lo que hubiera esperado, sus amigos seguían tratando a Robin con tanto cariño, como si la conocieran de toda la vida. Aquello era difícil de explicar. ¿Y porqué sería que de pronto le molestaba? Tanta cercanía, tanta confianza. Que ella ni siquiera volteara a verle…
Simplemente lo irritaba demasiado, aun más de lo que él mismo podría admitir. Y poco a poco, conforme avanzaba el día… conforme observaba a todos y a ella, con sus gestos, sus reacciones, su sonrisa, su amabilidad, su misterio…su frialdad, su indiferencia…
A sus labios volvió el recuerdo de la noche en que se besaron. ¿Por qué la había besado? No había ganado nada con aquello, al menos no con respecto a ella, salvo que de pronto todo se había vuelto incómodo, lejano, como si de pronto no se conocieran en nada aunque ahora ella lo conocía tan bien…
Era simplemente frustrante y no pudo sacudirse esa sensación en todo el maldito día, que tenía que haber sido uno de los más largos que pasaran en su vida.
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Llegó la noche, la cena, convivir un poco con el rey que estaba contento de supervisar los preparativos de la fiesta, detener a Luffy por enésima vez de asaltar la cocina (bajo la amenaza de una paliza segura de Zeff), tener que lidiar con las insufribles bromas y retos de Sanji, conversar un poco sobre "cosas de hombres" con Chopper y Ussop y resolver un par de crisis cotidianas para la ciudad, y finalmente, la hora de que todos se despidieron y se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones.
Robin siguió a Zoro, quien no le había dirigido la palabra en todo el día salvo ese fatídico momento de "hagan lo que se les dé la gana". Pero no le importó demasiado porque a final de cuentas ella ya se había determinado a que iba a darle el mismo trato que él le diera a ella. Porque, después e todo, en semejantes circunstancias encariñarse (con él, y con todos) sería un error, un grave error que podía costarle muchas cosas, entre ellas su vida.
Entraron en la habitación del peliverde, pero contrario a lo que ella esperaba, no le ordeno en seguida meterse a su habitación. Cerró la puerta con llave y se acercó a su ropero.
Le dio la espalda mientras se quitaba las espadas de la cintura, así como la chaqueta. Inevitablemente, Robin volvió a pensar en frío de diciembre que se sentía aun cuando las ventanas estaban cerradas, y se acurrucó un poco en el suéter blanco que había encontrado en su ropero por la mañana, recordando que después de todo nada de esa ropa era suyo.
-No irás al baile con Sanji- le dijo Zoro finalmente. Se había quedado quieto luego de haberse quitado la chaqueta-. De preferencia… ya no pasarás tanto tiempo con él.
-Comprendo. Supongo que prefiere que me quede encerrada.
-Tampoco. Desde ahora…me acompañarás. Como Luffy le pidió a Nami que hiciera, solo que digamos que será parte del trato, como lo de los entrenamientos.
A Robin esto le sorprendió en demasía.
-No veo entonces porqué no quiere que pase tiempo con cocinero san. Somos amigos…es de lo más natural.
-Sí, pero mientras estés aquí es lo que yo deseo.
-No fueron los términos que usted me dijo cuando llegué aquí. Usted dijo que…
-Tampoco dije que tuvieras permitido vagar por el castillo y hacerte amiga de todo el mundo.
Aquello era un buen punto, de modo que Robin calló. Lo pensó un momento. Sabía que no estaba en posición de debatir nada, después de todo, era una prisionera. Pero por alguna razón…no podía soportar que Zoro la tratara así. Le estaba… ¿le estaba doliendo?
-De cualquier modo…hay cosas que simplemente no me puede prohibir- replicó finalmente, encontrándose a sí misma, ¿quién lo diría? Herida.
Zoro la miró de reojo. No quería llegar a ese punto pero se vio obligado a tocar el tema. Bajó un poco la voz y suavizó su firmeza, de todas formas sus palabras sonaron terribles.
-Sanji no pagó por ti en esa subasta, ¿Recuerdas? Yo fui quien lo hizo.
Robin cerró sus puños y de pronto se sintió molesta. No pudo evitar echarse un poco hacia delante, como lista para el ataque, al replicar:
-Cocinero san me dijo que ustedes no creen en la esclavitud ni en la posesión de personas. No puede simplemente venir ahora a decirme eso.
Zoro volteó a verla. Se veía realmente molesto y, como rara vez hacía, contestó sin pensar.
-¡Lo haré si quiero!…no dejaré que ese ceja rizada simplemente venga a quitarme lo que….
Se detuvo antes de decir, lo que para él hubiese sido en esos momentos, una barbaridad, sonrojándose furiosamente, cerrando los puños y por enésima vez en el tiempo que llevaba de conocer a la morena, desviándole la mirada. Robin por su parte, bajó la vista, creyendo vislumbrar lo que había detrás de todo aquello.
-Todo esto es únicamente… por esta rivalidad que tiene con cocinero san, ¿cierto?...entiendo. No le causaré más molestias, alteza.
-No es solo por eso…y ya te dije que no me digas…
-Mi posición me impide hablarle de otro modo. Lo lamento si le he ofendido o algo.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar a su habitación, pero la mano de Zoro atrapó su brazo y la jaló de regreso bruscamente.
Robin simplemente no tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que pudiera hacer algo para impedirlo, sus labios ya habían caído en posesión de la boca de Zoro, quien la estrechó contra su cuerpo sin dejarle escapatoria alguna.
Ella trató de alejarle, tomó sus hombros para separarlo de ella, lo jaló hacia atrás de los cabellos, le sujetó la cara para que soltara sus labios, pero no consiguió nada, y sus desesperados intentos no hicieron más que ayudarle a él a intensificar y profundizar el contacto. Ella en un descuido abrió su boca, y la lengua del príncipe entró en contacto con la suya, mandando un choque eléctrico a ambos cuerpos. Todo se detuvo en un instante donde reinó una calma extraña y profunda, en la que ambos, casi sin pensarlo, se entregaron a la sorprendentemente deliciosa sensación que les hizo temblar casi imperceptiblemente. Luego él continuó moviéndose, de forma suave pero constante, libre, apasionada.
A pesar de estar conteniéndose, la insistente y apasionada caricia consiguió que, poco a poco y en contra e su voluntad, los ojos de Robin se cerraran, entregándose por completo al momento tan intenso y placentero. Sentía los labios de Zoro rozando los suyos mientras su lengua exploraba su boca, sin soltar en ningún momento el abrazo a su cuerpo. A ella no le quedó más remedio que sujetarse a el, a su poderosa espalda con sus brazos, y sus uñas, pues sentía que sus piernas se doblaban debido a la sensación que se apoderaba de toda ella, pasión, vértigo, adrenalina, euforia, ternura, placer…
Sobre todo al sentir como si su garganta se intoxicara con su presencia, como si de ahí, de sus labios, fluyera un veneno que atacaba ahora todo su cuerpo, haciéndola débil, vulnerable, deliciosamente inútil contra aquél poder que manaba del joven espadachín que ahora la tenía en brazos.
Sin previo aviso, Zoro la levantó por las caderas y la cargó, sin deshacer el beso, hasta sentarla en el borde de la ventana, haciéndola recargar contra el vidrio.
Finalmente se separaron, respirando con agitación debido a la falta de aire y dejando un hilillo de saliva como última evidencia del contacto de sus bocas. Zoro se acercó a su oído.
-Ahora te voy a mostrar…que esto va más allá de una rivalidad estúpida.
Bajó un momento la nariz por su cuello, aspirando profundamente el natural aroma a flores que ella despedía. Depositó un beso rápido y húmedo en la base de este, dejándola a ella con la mente completamente en blanco, sin contestación alguna. Él se acercó de vuelta a su oído, y lamió sensualmente su lóbulo.
-Y que…esclava o no…eres mía… lo comprenderás esta misma noche, Nico Robin…
Continuará….
Algunas cosillas antes de despedirme:
Para este fic también hay música. ¿Alguien ha visto la primera película de Shrek? me imagino que sí. Allí me enamoré de esta bella canción llamada Hallelujah, uno de cuyos versos le da nombre a este capítulo, escrita por Leonard Cohen y cantada por Rufus Wainwrigth. Siento que la canción queda bien para el fic, pero si desean escucharla, juzguen ustedes.
Otra cosa que se me olvidó mencionar en el capítulo pasado. La historia que le cuenta Robin a Zoro es Eloisa to Abelard, de Alexander Pope. Es un poema en inglés con una historia muy bonita de la cual ya di una idea en el capitulo pasado. Está en un inglés muy viejo, y aunque es muy bello de leer es difícil de traducir al español, así que puse unos pocos extractos que encontré en Internet, tanto del poema como de la historia en sí, que es todavía más vieja.
Muchas gracias por los reviews y los favoritos. Prometo que contestaré personalmente en cuanto pueda.
Para Argin Heart: si lees esto. Después de todo tenias razón respecto a lo del cuarto de Zoro…pero no quise decírtelo para no hacer spoiler xP tampoco quise mandarte un PM para contestarte luego de publicarlo porque con un poco de mala suerte también hubiera sido un tremendo spoiler, así que preferí hacerlo de este modo, cosa que no me gusta hacer pero que aplico cuando es verdaderamente necesario, jeje. De todos modos, lo del cuarto también era muy obvio, ¿No? O quizás solo yo lo veo así xD
Bien, no me extiendo más. Nos leemos pronto, besos.
Aoshika October
