Hola! Nyaa, esta vez salió mucho más largo de lo que esperaba. Hay muchas cosas que quería incluir pero eso ya será en el siguiente capítulo.
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una misteriosa mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: En el capítulo de hoy, hay lemon. Como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Maybe there's a god above,
and all I ever learn from love,
was how to shot at someone who outhrew you
And it's not a cry you can hear at night,
is not somebody who's seen the light
it's a cold and it's a broken hallelujah.
-Hallelujah, Leonard Cohen
Dos mundos
Capítulo 6: It's a cold and it's a broken hallelujah
Robin cerró los ojos con fuerza y le dio un empujón con el que apenas consiguió separarlo de ella unos centímetros, mas eso le dejó suficiente espacio para hacer hacia atrás su brazo y plantarle una cachetada, tan fuerte, que Zoro sintió como su cabeza se volteaba hacia un lado. Por instinto, él le sujetó con fuerza las muñecas a Robin, levantándolas por encima de su cabeza, pegándose más a ella, enfrentando sus rostros con decisión. Ella no le volteó la cara, pero floreció otros brazos para obligarle a soltar sus muñecas, recordándole con esto al espadachín que ella no estaba tan indefensa.
Hizo que la soltara, pero no lo obligó a separarse más. Para sorpresa de Zoro, ella solamente relajó su expresión y lo sujetó de los hombros. Luego subió sus manos para sujetar su cara y se acercó lentamente a su rostro.
Le devolvió el beso. Pero lo hizo de un modo que él no esperaba. Se acercó a él lentamente, dejando que sus ojos ejercieran una especie de conexión. Luego ella, a pocos centímetros de su rostro, bajó los ojos a sus labios, y no los retiró de allí hasta que los suyos propios entraron en contacto. Lo primero que hizo fue besarlo externamente, de una manera suave y tierna, a un ritmo lento y delicioso. Saboreó sus labios a consciencia, como si tuviera todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Zoro no se atrevía a moverse, pues temía alejarla, pero la dejaba, después de todo, se sentía glorioso. Luego ella comenzó a morder sus labios en una evidente provocación. Primero ejerciendo una presión suave, luego un poco más fuerte. Luego adentró su lengua entre ellos, sin que pasara mucho tiempo antes de que el príncipe los abriera y fuera ahora ella quien explorara su boca y jugara con él, quien dejara que se fundieran uno en el otro, quien invadiera, quien tomara el control. Él por su parte, le separó las piernas para acercarse más, y la sujetó por debajo de las rodillas para atraerla más a él. Cuando Robin se sujetó de su cuello, él le rodeó la cintura con los brazos y la dejó continuar.
Comprendió el mensaje a la perfección. Ese beso tenía suavidad y dulzura. Si era lo que ella quería, no había problema para él.
La sujetó de nuevo por la cintura y la bajó de la ventana. Lo que fueran a hacer, no lo harían allí.
Caminó aun con ella sujetando firmemente su cuello y avanzó hasta recostarla sobre la cama. Con el paso de los segundos él también se había animado a corresponder, al mismo ritmo que ella, despacio, suave, gentil.
Cuando Robin sintió su espalda tocar el colchón, deshizo el contacto rápidamente, como asustada. Él la miró, también con cierta preocupación.
-Shh…está bien…si quieres detenernos…-le dijo él, acercándose a su oído. Se inclinó de nuevo sobre ella y le volvió a besar. Ella quiso resistirse…quiso luchar…pero ella misma lo había aceptado, y bajo semejantes circunstancias… no lo iba a detener. No lo quería detener.
-No…sigue- susurró débilmente, para después besarlo nuevamente. Él la condujo hasta acomodarla mejor sobre las almohadas y estuvo largo rato dedicándose solo a sus labios, a su rostro, a su cuello. Ella sentía cada beso calarle hasta lo más profundo de la piel, la humedad filtrándose en su ser, las caricias recorrer cada centímetro de su piel visible.
Tuvo oportunidad de decir que no. Pudo haber dicho "basta, se acabó". Porque ella sabía que, aunque en ese momento se sentía bien…aunque en ese instante, tanto su cuerpo como su corazón lo pedían a gritos…
¿Qué futuro podría tener? ¿Qué los había llevado a ambos a eso?
Sn embargo no quería detenerse. Quería continuar, quería entregarse. No se iba a echar para atrás.
Lo sintió desabrochar el corsé de su vestido y abrirlo con suavidad. Poco a poco retiró su sostén y con esto dejó su torso desnudo mientras no dejaba de besarla en el cuello. Con la misma delicadeza y suavidad, le quitó la parte baja del vestido y los zapatos.
En una pausa dejó que ella lo desnudara. Sintió sus dedos serpenteando sobre su pecho mientras le quitaba la camisa, y roces furtivos en sus piernas mientras lo liberaba del pantalón. Ocuparon unos segundos en mirarse, reconocerse, en tocarse con una extraña suavidad, con curiosidad, como si no supieran lo que estaban haciendo o por el contrario, como si lo supieran demasiado bien.
Zoro se inclinó sobre Robin, besó sus labios y su mandíbula. Mientras mordisqueaba su cuello, se percató de que ella se cubría la boca con una mano, tratando de contener los gemidos que luchaban por salir de sus labios, más esto no daba resultado pues con cada beso que él depositaba en su piel, y cada caricia que efectuaba en su espalda y en sus piernas, sus dedos se abrían y dejaban de cumplir su función. Zoro sonrió, mientras una idea florecía en su mente. Uno de los dedos de Robin se internó un poco entre sus labios mientras ella soltaba un gemido. Zoro retiró la mano de Robin y la sustituyó con la suya, dejando que sus dedos se internaran un poco en su boca y se humedecieran ligeramente. La retiró, pero con su dedo índice le recorrió los labios una y otra vez, sin dejar de acariciar con su mano libre el resto de su cuerpo. Disfrutó ver como abría y cerraba los labios al respirar y cómo sus ojos seguían el mismo ritmo. Luego de esto, dejó que su dedo húmedo bajara desde su boca hacia su barbilla, el cuello y llegara a su pecho. Lo volvía a humedecer con su propia saliva y continuaba. Subió por su hombro izquierdo y luego por el derecho, y delineó sus senos con delicadeza hasta llegar a su estómago y su ombligo, viendo como al paso de su dedo la piel se le iba erizando.
-Te gusta tanto…provocarme…- le susurró mientras dibujaba círculos en su estómago- mirarme de esa manera… retarme…
Volvió a besarla, disfrutando de aquella entrega tan frágil y tan vulnerable de esa mujer que en todos los aspectos le había parecido tan fuerte desde que la conoció, tan poco tiempo antes.
Descendió con besos poco a poco hasta sus hombros y luego exploró en su pecho. Atrapó con los labios uno de sus pezones, y empezó a acariciar su otro seno con una mano mientras que con la otra sujetaba su cintura, pues ella se revolvía desesperadamente al sentir semejante estimulación. A él le encantaba levantar un poco la vista y verla, con su boca semiabierta, sudando, y sentir bajo su peso el pecho agitado que apenas conseguía subir y bajar para tener aire.
Se estaba regodeando en su victoria… pero no contaba con que ella siempre tenía un as bajo la manga.
Con ayuda de sus poderes, le dio la vuelta a la situación con facilidad. Ella quedó encima de el y le devolvió con una pasión enloquecedoramente lenta cada caricia, cada beso, cada provocación.
El contacto de sus pieles era extraño, sentían como con cada roce una nueva sensación afloraba dentro de ellos. Las sábanas se revolvían bajo aquella lucha de poder, donde ninguno de los dos estaba dispuesto a someterse al cien por ciento al otro.
Pasaron largos minutos disfrutándose, saboreándose el uno al otro, reduciendo sus existencias a gemidos, suspiros y palabras que salían de sus bocas sin sentido alguno.
Si en ese momento les hubieran preguntado quiénes eran, qué relación tenían, dónde vivían, cómo se habían conocido…ninguno de los dos hubiera sabido contestar.
Dos personas como ellos…tan centrados…tan conscientes…tan responsables, tan lúcidos… estaban perdiendo por completo la razón ante esa confusión completa de besos y caricias donde no tenían noción del tiempo, del lugar, de la situación.
Robin disfrutaba por entero la sensación de poder domar a la fiera que tenía a su merced. La furia natural de su voz ahora estaba llena de gruñidos y gemidos masculinos, ardientes, acariciantes, que le perforaban los oídos, luchando a veces por no salir, pero sin poder evitarlo. Su excitación crecía al saberse con la facultad de usar sus labios, sus manos y su cuerpo entero para acariciar, besar y estimular cada parte de él, y que él aceptaba todo, entregándose tanto como lo estaba haciendo ella.
De un momento a otro, ella bajó el ritmo hasta detenerse. Su frente estaba pegada al pecho desnudo y marcado de él, sus brazos delgados alrededor de su cuerpo firme, poderoso y perfecto. Zoro sintió como se quedaba completamente inmóvil. No le gustó esa sensación, así que la sujeto firmemente y volvió a dar la vuelta sobre ella.
La miró fijamente a los ojos un momento.
-Te lo preguntaré una vez más, ¿quieres dejarlo?
Ella negó con la cabeza. Tenía miedo, pero éste se le esfumó por completo de la cabeza cuando sintió que le abría cuidadosamente las piernas. Acarició su espalda mientras atrapaba sus labios en un beso desesperado con el que únicamente buscaba tranquilizarse, pues nunca iba a admitir a viva voz lo que aquella situación le estaba haciendo a su mente y a su corazón.
No tardó en sentir el roce de su miembro contra ella, buscando entrar. El estómago se le contrajo, y su corazón pareció detenerse por un segundo para comenzar a palpitar con fuerza, solo para detenerse de nuevo en el momento en que lo sintió entrar con lentitud, con desquiciante calma. No lo soltaba, no dejaba que se deshiciera el contacto de sus labios pero se había quedado inmóvil. Llegó hasta lo más profundo, y fue cuando ella le soltó para poder dejar salir un gemido que le venía desde el estómago, de los pulmones, del corazón. A partir de ese momento, Zoro siguió con un vaivén totalmente pausado, mientras sus labios se dedicaban a los labios, el cuello y el pecho de Robin y sus manos al resto de su piel, mientras ella le acariciaba los hombros, la espalda y el pecho, y correspondía a sus besos.
Se retorcía bajo el enorme cuerpo que tenía sobre ella, su espalda se arqueaba de placer mientras sentía su boca hambrienta saciándose de su piel, dejando marcas por todas partes con salvajismo, y sus manos ansiosas sujetar, estrujar, y acariciar su cuerpo.
Robin no podía concebir una situación semejante, nunca se hubiera esperado que eso sucedería, no sabía qué iba a hacer después, qué pasaría con ella, pero no tenía tiempo para pensar en eso, sus ideas se atropellaban dentro de ella mezclándose con suspiros, con gemidos, con imágenes de él, de ella, de sus cuerpos, de sus besos, de su unión, de la oscuridad, de todo lo que ocurría en esos momentos.
Él no podía visualizar nada más que esa mujer que tenía ante sí, nunca antes alguien le había hecho sentir de ese modo, tan confundido y extraviado y a la vez provocarle tanto deseo... y ternura…y unas ansias enormes de asegurarse de que le pertenecía. No se podía detener ni un segundo, estaba al borde de una completa locura, de decidir que nunca dejaría esa habitación, que se quedaría encerrado allí haciendo a esa mujer suya hasta donde la vida le alcanzara.
Robin se estaba quedando sin aire. Poco a poco el ritmo había aumentado, llevándola a un estado de éxtasis que nunca creyó que fuera a experimentar. Aferró sus piernas alrededor de la cintura de Zoro, haciendo con esto aún más profundas las estocadas, el temblor de su interior, las lenguas que jugaban y profanaban ambas bocas, los dientes que mordían, los gritos que ambos trataban de sofocar inútilmente, los gemidos que pedían más, el sudor, el sonrojo, el ritmo de los corazones, el bombeo de la sangre…
Su vista se nubló y un orgasmo ciclónico los desmoronó a ambos sobre la cama, entre más gemidos, suspiros, caricias electrizantes y un beso profundo que duró largo rato mientras duraba el temblor en el interior de sus cuerpos.
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Tardaron un rato en reponerse. Aquello había sido largo, desgastante, agotador, pero glorioso como nada que hubieran experimentado antes. Sus pechos estaban juntos y se acoplaban a la respiración del otro. La piel húmeda de sudor y de besos, los ojos cerrados disfrutando el momento, las bocas abiertas buscando desesperadamente oxigeno, sus cuerpos confundidos, entrelazados, unidos en una paz deliciosa, placentera, de paraíso.
Zoro se separó de ella y se acostó del otro lado de la cama.
Robin comenzó a sentir de nuevo el frío de la noche en su piel, pero esto cambió al sentir los brazos fuertes aferrándose a su cuerpo mientras cubría ambos con una gruesa sábana.
Él la había jalado a su lado luego de retirarse de ella. La recostó con cuidado junto a él y se posicionó de costado para poderla mirar. Ella también se puso de costado mientras jalaba la sábana para cubrirse el pecho. Pasó un largo rato antes deque pudiera decir nada.
-¿Ahora qué?- preguntó finalmente, sabiéndose tan responsable como él por lo ocurrido.
-No sé- contestó él entre susurros, le acarició el cuello, su hombro, delineó su vientre y sujetó su barbilla- ¿Tu quieres hacer algo en específico?-preguntó con un gesto lascivo en su cara.
-No me refiero a eso- contestó ella, sin molestarse y sin levantar la voz, pero huyendo del contacto de su mirada.
-Robin- le llamó él cuando se percató de esto- Robin mírame. ¿Qué crees que ha sido esto para mí?
-¿Cómo voy a saber eso, alteza?- preguntó ella, más de pronto rectificó- creo recordar que usted dijo que yo me daría cuenta de que le pertenezco, ¿es eso? ¿Cree que me ha demostrado que realmente es así? ¿Cree que…?
No dijo más. Porque lo siguiente que pensaba decir era, ¿cree que soy suya? Y lamentablemente la respuesta para ello era…
Un nuevo beso en sus labios detuvo cualquier pensamiento, palabra o acción. Cuando la soltó, ella se tocó los labios y le miró. Sería tonto de su parte ofenderse, pedir explicaciones o negar lo que estaba sintiendo.
-Por lo pronto creo- dijo Zoro en un tono pensativo, dejándose caer sobre su espalda y jalándola, para recostarla sobre su pecho- que a partir de…mañana… serás libre. Supongo que eso te hace feliz, ¿No?
Robin se incorporó violentamente, deshaciéndose con esto del abrazo con que él la resguardaba.
-No…en lo absoluto- contestó, frunciendo el ceño. Volteó hacia otro lado, se acercó a la orilla de la cama y comenzó a buscar su ropa con la vista.
-¿Qué es lo que te ocurre?- preguntó él levantándose también.
-Pues…que no me gusta pensar que solo piensas liberarme porque…
-¿Porque nos acostamos? ¿Por eso?
Ella no contestó. Su vestido estaba demasiado lejos, y no quería levantarse desnuda de la cama. Pero tampoco quería llevarse la sábana y dejarlo (y verlo) desnudo a él…de nuevo. El frío le caló de súbito, dejar de sentir sus brazos sujetando su cuerpo era peor de lo que ella creía.
Zoro se acercó a Robin, y sin decir nada comenzó a besarle la espalda sensualmente, desde abajo hacia arriba, siguiendo la línea de su columna y terminando en su nuca. Sonrió al ver como las manos de ella se aferraban a la orilla de la cama y como una vez más con una caricia conseguía que su piel se erizara.
-No es por eso, mujer. ¿Crees que después de esto estaría tranquilo teniéndote como "prisionera"? eso casi sería violación, ¿No crees?
Ella no contestó, pero se dejó hacer, y dejó que la abrazara y que la llevara de regreso a su lado, y que la cubriera con las sábanas y que la protegiera con sus brazos y que la recostara sobre su pecho.
-Solo sé que… si te dejo libre…de cualquier modo no te irás.
-¿porqué piensas eso?- preguntó ella ligeramente alarmada, mirándolo a los ojos. Él le acarició la mandíbula.
-Porque…de haberlo querido…hace mucho que lo hubieras hecho. Estoy casi cien por ciento seguro de que sientes lo mismo que yo así que… ¿porqué no simplemente lo admites y nos dejamos la parte difícil de todo esto?
Robin frunció de nuevo el ceño pero esta vez un gesto divertido y juguetón se posó en sus labios mientras era ella ahora quien se abrazaba al peliverde.
-¿Lo mismo que usted? ¿Quiere decir que…ahora debo sentir que usted me pertenece, y que acabo de hacerlo mío, alteza?
Zoro rodó los ojos con fastidio. Realmente, esa mujer siempre tenía un as bajo la manga con el cual fastidiarle.
-No me refiero a eso y lo sabes.
-¿Entonces a qué?- Zoro guardó silencio y la miró. Robin, un poco decepcionada, se acercó a su rostro y le besó con ternura- si no está dispuesto a decirlo usted mismo, ¿Cómo espera que lo haga yo? No sé, en lo absoluto lo que usted siente. Por eso no le puedo responder.
Zoro asintió, comprensivo. Se quedaron abrazados, disfrutando unos momentos del calor que emitían sus cuerpos. Zoro rompió el silencio pero eso no importaba pues ninguno se había dormido.
-Serás mi pareja…en el baile.
-¿Sí?
-Sí. Y te verás preciosa. Y bailarás conmigo y le demostraremos al mundo lo bien que estamos juntos. Es otro de los motivos por los que no te irás.
Ella asintió, pegada a su pecho, dándole vueltas a esa escena, fantaseando con que pudiera ser, algún día, realidad. Zoro habló una vez más, parecía que le costaba trabajo hilvanar las ideas y era que en ese sentido eran muy parecidos, no se les daba tanto eso de hablar.
-¿Ahora sí podrías decirme…contarme, sobre tu vida? ¿De donde has venido? ¿Dónde naciste, donde te criaste? ¿Tienes familia o alguien que te espere en casa?
Robin guardó silencio unos momentos mientras él la miraba, expectante. Ella sonrió.
-Me crié…lejos de aquí. A mi madre la perdí hace mucho, pero me criaron personas de confianza. He vivido sola desde muy chica y no, no hay quien me espere, ni casa a la cual regresar.
No agregó más. La verdad era que, aunque se trataba de información sobre ella, no le daba a Zoro una gran idea de su vida, de sus costumbres, de sus gustos, de sus deseos…de cosas que realmente deseaba saber, pues solo tenía como pista los libros que ella leía a todas horas. Y si a esto le sumamos que ambos eran tan renuentes a hablar más de lo necesario….bonita pareja estaban haciendo.
¿Cómo se iban a comunicar uno al otro? ¿Telepatía, contacto visual…?
Aunque…
Viéndolo en cierto modo, hasta el momento les había funcionado bastante bien.
Eso lo dejó satisfecho, por el momento.
-Algún día…se lo diré todo, lo prometo- sonrió ella. El se dio la vuelta para acostarse de nuevo sobre ella, cosa que la sorprendió.
-¿Qué pasa?-preguntó ella con cierta alarma, al sentir de nuevo como se abalanzaba sobre su cuello, y besaba, succionaba y lamía sin cesar.
-Pues…- contestó él, sonriendo- que acabas de admitir que aunque seas libre no te irás, ¿Lo ves? Bueno, al menos no hasta que me cuentes cada detalle de tu vida.
Y a partir de ese momento se dedicó de nuevo a besarla con pasión. Se iba a enfocar exclusivamente en hacerla disfrutar, en arrancarle largos gemidos desgarradores, la haría gritar su nombre, que despertara a todo el castillo, a todo el reino si era necesario, pero quería oír de su voz la confirmación de que él era su dueño y de que eso no iba a cambiar nunca.
Descendió hacia sus pechos y comenzó a besarlos y acariciarlos con pasión. La primera vez que lo hizo, solo un rato antes, se había percatado de lo sensibles que eran y de la manera en que sus acciones la hacían perder la razón. Ese era un punto clave en su búsqueda de hacerla feliz y hacerla explotar de placer.
Ella comenzó a dejar salir gemidos quedos, no quería hacer demasiado escándalo pero le estaba costando trabajo, sobre todo al sentir rozar contra su piel el miembro de su amante, ansioso por tomarla de nuevo pero torturándola, haciéndola desearlo con todas sus fuerzas antes.
De pronto toda la atmósfera de pasión quedó derrumbada al escuchar tres toques fuertes y secos en la puerta. Zoro se dejó caer en el pecho de Robin y ella le sujetó la cabeza con cariño, acariciándole el pelo mientras reía, divertida porque le habían arruinado los planes al príncipe.
Zoro le hizo una seña para que guardara silencio, quizás, quien estuviera esperando del otro lado de la puerta, se iría. Esperó en la misma posición, de vez en vez dejando uno que otro beso sobre su piel, pero se volvieron a escuchar los toques, esta vez fueron más, menos pausados y más insistentes.
-Príncipe… príncipe, por favor, abra, es urgente.
Zoro soltó un bufido de frustración, estar en brazos de esa mujer era muy cómodo y no quería alejarse de la sensación.
Pero se incorporó. Robin observó un momento su majestuoso cuerpo de dios desnudo ante sus ojos, hasta que él se puso ropa interior y una bata.
-Será mejor…que entres a esa habitación- le dijo, señalando la puerta. Ella se incorporó, ahora sí se animó a tomar su vestido y se vistió como pudo. Él se le acerco y la sujetó de un brazo.
-No volverás a dormir allí. En cuanto termine con esto iré a buscarte.
Ella le sonrió de lado, y su brazo resbaló de la mano fuerte que la sostenía. Le guiñó el ojo mientras entraba a la pequeña habitación.
Zoro hizo una última sonrisa altanera, se acomodó bien la bata y miró su cama. Estaba revuelta, pero a quien fuera seguro no le iba a importar en lo más mínimo. En eso escuchó que tocaban nuevamente y le llamaban.
-Alteza, por favor, es algo muy importante.
-Aghh…ya voy, ya voy- contestó muy molesto y abrió la puerta, inventando rápidamente una excusa para su enojo- ¿Qué no pueden dejarme dormir? ¿qué puede ser tan importan…?
Lo que Zoro no se esperaba al abrir la puerta era que ante si hubiera cuatro de los mejores soldads del reino. Los conocía, había entrenado con ellos en mas de una ocasión y sabía mejor que nadie que eran cosa seria, nunca lo despertarían a media noche si no se tratara de algo realmente importante.
-Ah…alteza…nosotros…
Pero por supuesto, a pesar de ser de los mejores, le tenían gran respeto (y algo de miedo) a Zoro.
-Deja de tartamudear, inútil, y dile exactamente la sarta de estupideces que me dijiste a mí- fue entonces que Zoro reparó en Sanji, quien todavía se acomodaba el saco y la camisa. Se notaba que a él también habían ido a despertarlo, pero es que no estaba simplemente molesto, estaba casi encendido de la furia.
-¿Qué esta sucediendo aquí, cejas?
-Estos son los que mandé en nuestro lugar a atender el asunto de…eso, ¿recuerdas?
-Lo recuerdo.
-Pues ahora me han salido con una completa estupidez- Sanji le tomó el cuello con una mano a uno de ellos y lo obligó a mirarle a los ojos-y donde sigan diciendo tantas idioteces, les arranco la cabeza a punta de patadas, ¿me oyeron?
-¡¿Pero qué fue lo que pasó?!- preguntó Zoro, cada vez más molesto. Sanji soltó al tipo que llevaba del cuello, haciéndole una seña para que le explicara a Zoro.
-Pu…pues vera, señor...nosotros…
-E…estuvimos investigando como nos mandó, señor- repuso otro, tratando de mantenerse más firme que su compañero- conseguimos acercarnos a muchos peces gordos de esa organización pero lamentablemente no conseguimos llegar hacia su líder, solo conseguimos información vaga sobre él…pero localizamos a quien podría ser su mano derecha.
-Se trata de una mujer- explicó otro- de acuerdo con las descripciones que nos dieron, muy inteligente y astuta. La conocen como Miss All Sunday.
Zoro cruzó los brazos, un poco molesto.
-Ajá, ¿Y de que nos sirve saber su alias, o eso de que es inteligente y astuta, eh? ¿No saben por ejemplo, su nombre verdadero?
-Su…su verdadero nombre es…- dudó. Volteó a ver a sus amigos. Miró a Sanji, y también a Chopper,Ussop y Nami, que habían llegado a ver que pasaba luego de escuchar el escándalo que Sanji armaba en el pasillo para llevarlos hacia allí- el verdadero nombre de esa mujer es…Nico Robin, señor…
Los brazos de Zoro se desenredaron y él los bajó un poco, mirando incrédulo al soldado y a sus compañeros.
-¿Lo ves, marimo? Solo dicen estupideces.
Zoro tardó un segundo en reaccionar.
-Sí…estupideces…
-Pero…pero señor…
-Escúchenme, no podemos decir que realmente ella lo sea sin escuchar antes su versión de los hechos- decidió el peliverde tratando de ser lo más ecuánime posible, sin embargo esto le era difícil pues un monton de imágenes corrían dentro de su mente en ese momento sin que él fuera capaz de darles un orden, coherencia, o por lo menos evitar que le doliera lo que estaba pasando…el descubrir de pronto que ella era…que ella era…
-Lo sentimos, señor…pero se nos dio la orden de que encarceláramos en seguida a cualquier sospechoso y…
-¡Pero yo nunca dije que eso aplicara a mi hermosa Robin chwan!- intervino Sanji una vez más. A Zoro todo aquello lo estaba haciendo enojar así que trató de poner orden de una vez reiterando su posición.
-Ya les dije que mientras ella no nos diga lo que sabe de esto no podemos decir que sea cien por ciento verdad…
-Todo es verdad.
La voz de Robin sonó por toda la habitación en cuanto ella se asomó por la puerta. Zoro resistió solo un segundo antes de darse la vuelta y mirarla, y que ella le devolviera la mirada, sin embargo no podía creer lo que acababa de escuchar. Sanji tampoco, y fue él quien pudo hablar.
-No…Robin chwan…por favor, diles que no es verdad…
Ella no dijo nada, ni siquiera se molestó en voltear a ver a Sanji.
-Lo siento. Es verdad.
Zoro se acercó un poco a ella. Fruncía el ceño.
-¿Exactamente a qué estabas jugando?
Robin tardó un momento en contestar, pero no dejó de sostenerle la mirada en ningún momento.
-A veces me incluyo en las subastas para que me lleven…hombres ricos. Investigo sobre ellos, a cuanto asciende su dinero, qué poder político tienen y como pueden ser útiles a la organización. De acuerdo a mis órdenes, a veces escapo, otras veces robo…y asesino.
Todos se quedaron en silencio ante esta declaración. Sanji se veía perplejo, Nami, Ussop y Chopper a punto de soltarse a llorar. El único que no mostraba emoción alguna en su rostro era Zoro.
-¿Qué era lo que esperabas de mi?- preguntó con rencor. Robin se mantuvo completamente firme.
-Nada…nada en lo absoluto- contestó- desde que llegué aquí supe que no lograría nada, no soy tonta. Puedo contra ciertas cosas pero no contra un príncipe y un reino entero. Solo me quedaba… escapar. Y usted me lo puso tan fácil que decidí aceptar sus términos.
Zoro cerró un momento los ojos antes de tomar una decisión. Por suerte, nadie más vio el gesto de duda en su expresión más que Robin, y a final de cuentas, de ella ya no le importaba. Caminó hacia su escritorio y abrió un cajón. De el sacó los grilletes con que ella había llegado allí. Se acercó a ella.
-Espero que estés consciente de que sumaste alta traición a la larga lista de crímenes que ya tenías- le dijo, sin permitir que algún tipo de emoción se posara en su rostro- así que…no me queda más opción.
Dicho esto se paró frente a ella y la miró a los ojos. Ella le devolvió la mirada.
-Ya le dije…que de cualquier forma yo no esperaba nada de usted.
Zoro lo tomó como una alusión a lo que acababa de suceder entre ellos, y fue como si acabara de recibir de lleno un fuerte golpe en el estómago. Tratando de ignorar la sensación, le puso el primer brazal en una de las muñecas y pudo ver claramente como sus piernas comenzaban a doblarse; el kairouseki comenzaba a tener efecto sobre ella. casi se arrepintió, pero no podía echarse para atrás.
Miró en la piel que tenía al descubierto algunas marcas, que un rato antes él mismo había impreso con su boca sobre ella. Sacudió ese pensamiento de su cabeza, pero, ¿Cómo podría simplemente pretender que nada había ocurrido?
-¿Fingiste todo el tiempo?- preguntó en voz baja. Los demás, atrás de él, solo escucharon un murmullo débil.
-Nunca mentí en cuanto a mi nombre o mi origen, ni siquiera en cuanto a mis habilidades- declaró ella, a un nivel de voz normal- nunca busqué hacerle daño a nadie…no mentí acerca de mis sentimientos…ni en lo que pensaba. Nunca dije nada que usted pudiera malinterpretar.
Zoro no contestó, pues después de todo, lo que ella decía era verdad.
Con sorprendente delicadeza, él tomó su otra mano y también la aprisionó. De no ser por las circunstancias, la morena hubiera creído que él estaba acariciándola a propósito.
-Llévensela a los calabozos- ordenó el peliverde – y no se les ocurra quitarle esos grilletes para nada. Mañana decidiré qué hacer con ella.
Los soldados caminaron y flanquearon a Robin para llevársela. Ella se fue sin mirar atrás ni un momento, pero en cuanto puso un pie afuera de su habitación sintió claramente como si arrancaran una parte de ella y la pisotearan.
En cuanto salieron, Sanji se lanzo al frente, lanzando chispas por las orejas, realmente furioso.
-¡Marimo, cómo pudiste hacer semejante cosa! ¡Los traje para que los reprendieras, no para que mandaras a encerrar a Robin chwan!
Zoro no se alteró. Ni siquiera le contestó en el mismo tono.
-Ve con ellos y cerciórate de que no hagan ninguna estupidez. Asegúrate de que la dejen bien atada con el kairouseki.
-¡Vete a la mierda, marimo imbécil! ¡No deberías….!
-¡Tú eres el que no debería hablar así, cocinerucho de quinta!- le contestó el espadachín, ahora sí, a punto de salirse de sus casillas- ¡Conoce de una vez tu posición en este lugar! ¡Y ve a hacer lo que te digo si no quieres que yo mismo vaya y le clave a tu querida Robin chwan esos grilletes en las muñecas!
Sanji apretó los puños. Dio un paso hacia atrás sin dejar de mirar a Zoro y finalmente salió corriendo por el pasillo, no sin antes escupirle un último insulto.
-Hijo de puta…
Zoro no contestó. Ahora fue Nami quien salió a hacerle frente.
-¡Eres un abusivo, Zoro!- le espetó ella, sin importarle tratarlo con respeto ni reverencia- ¿Cómo pudiste…?
-Nami…es suficiente, vete a tu cuarto.
Zoro escuchó entonces la voz de Luffy, a quien no había notado en ningún momento allí. Surgió de detrás de Chopper y Ussop, y sus ojos se escondían debajo de su flequillo. Lo que se podía ver de su rostro mostraba una expresión por demás seria y esto no se le pasó por alto a ninguno de los presentes.
-Pe…pero Luffy…
-Ustedes también, Ussop, Chopper… tengo que hablar con Zoro. Ya los alcanzo.
Ussop y Chopper obedecieron casi en seguida. Nami fue la única que dudó.
-Nami…por favor- insistió Luffy sin verla, levantando un poco la vista solo para mirar fijamente a Zoro- vete a tu cuarto, ¿de acuerdo? Yo hablo contigo después.
-E…esta bien Luffy.
Ella se retiró, volteando un par de veces, dudando seriamente de dejarlos a ellos dos alli.
En cuanto estuvieron solos, Luffy avanzó hasta que un escaso metro lo separaba de Zoro. Su expresión no había cambiado; no lucía molesto, pero un gesto tan indescifrable en su rostro no podía evidenciar otra cosa que enojo. O al menos así lo interpretó Zoro en ese momento.
-¿Qué es lo que quieres decirme, Luffy?
Luffy pasó unos segundos sin decir nada. Luego torció un poco el gesto y suspiró.
-Zoro… ¿Robin y tu no eran amigos?
Zoro negó con la cabeza.
-No.
-Ah. Porque bueno…eso no se le hace a los amigos. ¿Sabes, Zoro? Siempre creí que ella te caía bien. A nosotros nos agrada mucho. Fue muy extraño enterarnos de todo esto.
-Yo…- Zoro se tocó la frente, ligeramente aliviado de que Luffy no le riñera. Las pocas veces que eso había sucedido desde que lo conocía, el pequeño solía tener razón y sus razonamientos lo hacían quedar al borde de las lágrimas- para mi también ha sido difícil, Luffy, pero es mi deber.
Caminó y se sentó en la cama. Luffy lo siguió y se sentó a su lado, mirándole con curiosidad.
-¿A qué te refieres con que era tu deber?
Zoro pensó un momento antes de poder contestar a eso.
-Tú sabes de lo que hablo. Cuando estamos en esta posición…hay que tomar decisiones que pueden ser difíciles. Como príncipe, primero hay que pensar en el bienestar de todos y…
-Ella misma dijo que no pensaba hacernos daño. ¿No pensaste que quizás…ella esperaba que nosotros pudiéramos ayudarla?
Zoro no contestó. Pero Luffy tenía razón, eso era muy probable. Y, contrario a lo que Zoro deseaba, ahora sí, la voz de pequeño rey sonaba a regaño.
-Quizás nosotros éramos la oportunidad que ella esperaba para ser feliz- continuó el moreno, sin estar consciente de que su tono empezaba a sonar severo- y tú… Zoro, ¿de verdad no te encariñaste ni un poquito con ella?
Luffy no sabía, y tal vez así era mejor. Lo que Zoro había llegado a sentir por ella…había sobrepasado el cariño, había evolucionado en celos, se había convertido en pasión…y no tuvo el valor de ponerle nombre cuando tuvo la oportunidad…ahora de pronto le dolía, le dolía mucho.
-Sólo…solo un poco.
-¿Lo ves? ¿Porqué no dejas de pensar por una vez como príncipe y…y …comienzas a ser… Zoro?
Zoro frunció el ceño.
-Para ti es fácil, Luffy. Tú no tienes nada que probar. Si estuvieras en mi posición sabrías que…
-¿Lo hiciste solo para probarte a ti mismo?
Zoro volteó la cara. Sí…a veces tenía sus dudas. A veces temía no tener lo que hacía falta para ser un verdadero príncipe, temía no poder ser un líder, temía no saber tomar una decisión, temía que alguien fuese a engañarlo, y con todo esto, temía no poder darle a su gente la seguridad que merecían y para lo cual depositaban su fe en él. Pero esta vez, ese temor no fue el único factor que lo impulsó a hacer lo que había hecho. No, no fue solamente eso. Pero por lo menos era suficiente para usarlo como cortina. Eso, y una cosa más:
-No. Ella nos traicionó. Nos puso en peligro a todos.
-Pero no ocurrió nada. ¡De haber querido ella habría escapado, con sus poderes tenía la oportunidad, y con la confianza que tuviste para ella…!
Luffy se detuvo un segundo, esperando que Zoro le replicara (conociéndole seguro lo hacía) pero esto no sucedió. Esperó por su respuesta un buen rato, pero sabía bien que, a diferencia de él que no temía ir saltando por allí gritándole sus sentimientos al mundo entero, Zoro era como un cofre con un candado reforzado; nada entraba ni salía sin su permiso.
-Sigo pensando que esto no debiste hacerlo, Zoro- le dijo finalmente-. Pero tu sabes mejor que nadie porqué lo hiciste.
Luffy se encamino hacia la puerta. Puso su mano en el pomo, pero se detuvo. Volteó de nuevo hacia el peliverde, que seguía sentado en la cama con la cabeza agachada y sin dar indicios de querer contestarle.
-Neh, Zoro… en la mañana hablaré con tu padre para que me deje llevar a Robin.
-¿Qué?- Zoro levanto los ojos, alarmado.
-Después de todo, todo esto comenzó en mi reino, ¿No? Pues pienso tomar responsabilidad. Tal vez encuentre un modo de ayudar a Robin si eso es lo que ella desea. Si es necesario…te pagaré tus ochenta millones, no te preocupes.
Y luego de decir esto se fue, dejando a Zoro confundido, y haciéndose a si mismo miles de preguntas sin encontrar respuesta alguna. Corrió a su ropero y sacó su ropa de entrenamiento, se vistió a toda velocidad y se amarró las katanas a la cintura.
Corrió por todo el castillo hacia el patio de entrenamiento.
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Sanji se levantó de mal humor, sin haber dormido absolutamente nada y profundamente arrepentido por dos cosas. Primero, por haber sido quien se asegurara personalmente de que Robin estuviera bien encerrada. Y segundo pero no por eso menos importante, por haber obedecido a Zoro, y por haberlo llamado "hijo de puta"…cuando pudo simplemente haberlo molido a patadas en ese mismo momento.
Sin embargo como cocinero su prioridad era alimentar a su gente y le estresaba que no llegara para los desayunos, así que en contra de todo su enojo contra él lo fue a buscar a su habitación.
-Eh, marimo. No te hagas el ofendido, tienes que desayunar- dijo mientras abría la puerta pero en cuanto terminó de hacerlo, se encontró con la habitación vacía, la cama revuelta y el ropero abierto de par en par. Las espadas no estaban en ningún lado.
-Ah…maldito infeliz- se dijo mientras salía de allí; sabía que sólo podía estar en un sitio- sabe que sigue necesitando reposo, ¿qué cuernos le sucede?
Se deslizó por los pasillos hasta llegar allí. Lo encontró sentado en el suelo, sudado de arriba abajo, respirando complicadamente, con los ojos perdidos en el horizonte. Se contuvo de darle una patada, pues sabía que de hacerlo podría lastimarlo de verdad.
-Marimo, ve a desayunar- le dijo con voz seria- no me hagas llevarte a rastras.
Zoro se puso de pie pero se tambaleó. Sanji sólo lo miró y fue entonces que miró a su alrededor. El cigarrillo que llevaba en la boca cayó de sus labios sin que él se diera cuenta, pues su boca se quedó a medio abrir de la sorpresa.
El campo estaba destrozado. Todas las máquinas, costales, troncos, y demás cosas que usaba el peliverde en sus entrenamientos estaban destrozadas; la tierra estaba revuelta, como si hubieran hecho labranza allí, y la barda que limitaba el terreno tenía cortes y aberturas, y rasguños en el mejor de los casos.
Zoro nunca había hecho algo así. Volteó hacia él.
-¿Estuviste aquí toda la noche?
Zoro no contestó. Se metió al castillo y cuando el rubio fue a buscarlo, no pudo encontrarlo.
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Se escabulló y tomó un baño largo en cuanto pudo encontrar su cuarto. Salió y se vistió, pero para entonces sus ideas ya estaban claras. No había pensado en otra cosa en toda la noche, que había sido larga y tortuosa.
Comenzó a caminar con paso decidido y en cuanto encontró a un sirviente en el camino, se tragó su orgullo y pidió que lo encaminaran a los calabozos; la noche anterior había tardado media hora en llegar al patio de entrenamiento y ahora no quería perder más tiempo del que ya había pasado.
Una vez en los calabozos, un soldado encargado de ellos lo guió al que buscaba, le dio las llaves y lo dejó solo.
El peliverde miró la llave en su mano y miró la puerta. Puso su mano en ella y apoyó la frente mientras la otra mano metía la llave y le daba vuelta. Lo hizo con mucho cuidado, en silencio, tratando de burlar a la mujer que estaba allí adentro, en caso de que estuviera dormida o volteada.
-Buenos días, espadachín san- saludó Robin con un tono frío en su voz. No la había podido burlar, ella supo desde el primer momento que era él aunque miraba por la ventana que daba hacia fuera, no hacia la puerta.
-¿Cómo supiste que era yo?
Robin se dio la vuelta hacia él.
-Solo alguien con poder superior al de los soldados que cuidan este lugar puede entrar aquí. No hay visitas a menos que sea realmente importante. Luffy san no puede venir porque aunque sea rey, no lo es de este reino y aquí su poder no es tan importante. Sanji san vino a verme hace casi una hora y me dijo que no volvería hasta mediodía. Nadie más en este lugar estaría interesado en venir. ¿Qué es lo que quiere?
Zoro miró a Robin. Se aclaró la garganta antes de hablar.
-Anoche yo…no pensé- explicó, tratando de no sonar afectado- Luffy me hizo ver que mi decisión fue precipitada, tú te mereces una oportunidad. No mentiste…ni nos hiciste ningún daño.
Robin caminó y se sentó en la cama.
-Anoche…se tomaron varias decisiones precipitadas, alteza. Pero está bien. Entiendo que quizás este…era mi destino después de todo.
Zoro se desesperó con esa actitud tan decaída, tan débil. El no la conocía así. Esperó que fuera a causa de los grilletes que le drenaban la energía.
-No. No, no lo es. Yo…nosotros…mientras estés aquí te vamos a proteger. De esa organización o de quien sea. Si eres sincera, si de verdad llegaste a sentir algo que…maldición, lo que quiero decir es que te voy a liberar y te vas a quedar aquí, ¿Tienes algún problema con eso?
Zoro no dijo más. Le costaba tanto trabajo, pero más aún ver que ella no contestaba ni le decía nada. Robin sonrió melancólicamente.
-Tú eres un príncipe. Algún día…serás muy feliz al lado de una princesa. Ella te espera en alguna parte y yo…
No. Las escenas de la noche anterior pasaron por su mente. Y la debilitaron todavía más. Pero esto se terminó cuando sintió las manos de Zoro liberando sus muñecas de los grilletes, con la misma sorprendente suavidad de la noche anterior.
-Iré a pedir a mi padre…el permiso para sacarte de aquí, él es el único que puede dármelo.
Ella lo miró un momento. Pasó saliva. Asintió, como dándose por vencida. Zoro la soltó, se dio la vuelta, y salió de la celda a toda velocidad.
Robin lo miró desaparecer por la puerta, y lamentó en silencio la decisión que acababa de tomar.
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Corrió y por una vez en su vida, llegó rápidamente al salón del trono, con su padre.
Le explicó todo, con la mayor calma que pudo. Tardó un poco, dándole varias vueltas, tratando de omitir lo que en realidad había pasado entre los dos. Luffy estaba allí y estaba tan contento que hizo presión también a favor de Zoro para que pudiera liberar a Robin, así como Chopper, Ussop, Nami y Sanji, quienes habían llegado de curiosos al ver lo presuroso que iba Zoro a hablar con el rey. Después de largos minutos de calmadas, pero en el fondo nerviosas descripciones, Zoro obtuvo el permiso irrebatible del rey para sacar a Robin de los calabozos, aunque después de todo, el rey apenas en ese momento se había dado enterado de su encarcelamiento.
Zoro salió corriendo con un papel firmado en la mano, como debía de ser, seguido por Sanji, quien lo fue regañando todo el camino cuando daba vuelta por el pasillo equivocado. Sin embargo, al llegar a los pasillos más cercanos a los calabozos, se encontraron con soldados tirados en el suelo, algunos inconscientes, otros quejándose de sus heridas.
Sanji miró a Zoro y ambos aceleraron la carrera. Llegaron a los calabozos y encontraron todavía más soldados tirados por los suelos. Algunos apenas se levantaban, otros ni eso podían hacer. Sanji se acercó a uno de ellos.
-¿Qué pasó, inútiles? ¿Por qué están todos así?
-Ella…fue esa mujer… es un maldito demonio…
Zoro tomó al hombre de las solapas y lo arrojó al suelo con furia. Corrió al calabozo donde había estado rato antes. La puerta estaba abierta de par en par, y el calabozo estaba vacío. Zoro entonces se percató de la oscuridad a pesar de la luz que entraba por la ventana, de la humedad, de que la cama era incómoda, de que era frío y vacío, cuando unos minutos antes, solo había podido percibirla a ella y todo lo que tenía que decir. Entonces fue que se dio cuenta de cual había sido su error.
Se sentó en el suelo y sonrió. Cerró los ojos y echó la cabeza para atrás. Fue entonces que Sanji entró.
-Escapó.
-Lo sé. Yo tuve la culpa.
-¿Porqué lo dices, marimo?
-Yo…yo le quité los grilletes.
Continuará…
Wo, no saben cómo amé escribir este capítulo, fue torturante pero fue genial hacerlo.
Muchas gracias por sus reviews, me han animado mucho. La próxima semana les traeré el siguiente capítulo.
¿Por qué será que siempre olvido algo en lo que tengo que decirles? La semana pasada tenía que decir esto y lo olvidé por completo:
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO
Bueno, ya lo hice n.n. Espero que la pasen bien en estas fechas.
Saludos, nos leemos pronto.
Aoshika October.
