Ah, qué mal. No saben qué horror. No había podido terminar esto por motivos técnicos que no estaba a mi alcance resolver. Como sea, ya quedó. En otras noticias, volví a la escuela el lunes, oh sí. De modo que ahora tengo menos tiempo para escribir. Mi agenda se verá bastante mal estos días *muere*. *Revive* ahora y después de ciertas demoras, el siguiente capitulo del fic.
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una misteriosa mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: Como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Dos mundos
Capítulo 8: Who am I to say?
Zoro se alejó de aquellos callejones tan llenos de malos recuerdos y de soledad para él. Pensó un momento en ella, y miró hacia el cielo; estaba totalmente nublado. Nunca había creído…en señales, pero, ¿eso, y la lluvia, podían ser una señal? Mierda, ahora hasta comenzaba a creer. Hmm, esa mujer, ¿estará satisfecha ahora?
Luego de hacerlo caer hasta lo más bajo… ¡sí, maldición, estaba enamorado como un idiota y ya no lo podía remediar! Y lo peor es que ella tenía toda la razón; él tenía responsabilidades y un papel que cumplir dentro de su reino.
Siguió caminando preguntándose qué tan tarde podría ser. Algunas personas se encontraban haciendo labor de limpieza en las calles llenas de papeles y restos de juegos pirotécnicos de la noche anterior. Zoro se acercó a ayudar a una mujer que estaba moviendo el armazón de lo que había sido alguna especie de juego para niños, y aprovechando esto, se animó a preguntar.
-Deben ser alrededor de las 5:30 o seis de la tarde- indicó la mujer, secándose el sudor con un pañuelo- pero…alteza, ¿Qué está usted haciendo aquí a estas horas? Su ropa está húmeda…
Eso sin mencionar lo raro que olía. Zoro enrojeció un poco.
-Un pequeño incidente, eso es todo. Muchas gracias- e hizo una pequeña reverencia y siguió caminando, dejando a la mujer con un enorme signo de interrogación en la cabeza.
Como es de esperarse, tardó mucho en llegar al castillo. Al verlo, los guardias que cuidaban la entrada parecían sorprendidos. Uno de ellos corrió dentro del castillo gritando que el príncipe había regresado. Zoro frunció el ceño de forma interrogativa pero ninguno de los guardias pudo explicarle nada, ya que en ese momento salió corriendo el rubio cocinero, que se le fue encima a patadas.
-¿Se puede saber donde estabas, lechuga irresponsable?- preguntaba entre golpe y golpe- ¡Hemos estado buscándote toda la maldita noche! ¡Esta sí me la pagas, todos estaban preocupados por ti!
-Ah, relájate idiota, ni que hubiera pasado nada grave- se defendió el peliverde tratando de defenderse de las patadas. La verdad es que estaba algo cansado y no tenía ganas de estar peleando con Sanji en esos momentos.
-¿Que no pasó nada grave?- Sanji parecía que iba a gritar algo más, pero se contuvo. Bajó la guardia y miró al piso un momento. Sacudió la cabeza y tomó un cigarrillo de su saco. Lo encendió y le dio una calada profunda. Parecía intranquilo, lo cual no era habitual en él, o por lo menos, no en un día como ese.
-Dime, cocinero. Además de tener que hacer de príncipe sustituto, ¿qué horrible cosa te pudo suceder en mi ausencia para que te enojes así, eh?
Sanji cerró los ojos al dejar salir el humo por la boca. Asintió. Sabía que no tenía porqué ponerse difícil, dada la situación.
-Vamos- le indicó y Zoro caminó tras él. En su camino, comenzó a explicarle- tuvimos que cancelar la fiesta a medias por la lluvia. Fue un poco decepcionante, no hubo pirotecnia como nos hubiera gustado.
Zoro no había pensado en eso. De hecho, en toda esa noche no había pensado en nada más que en…
-Pero eso no es lo grave, solo cosas que pasan. Dime, ¿Ubicas Villa Cocoyashi?
-Sí. Está en el reino de Luffy ¿No? Bastante cerca de aquí.
-Dos horas caminando, una a caballo y treinta minutos al galope- explicó el rubio- pero no es parte del reino de Luffy.
-¿Entonces…del nuestro?- preguntó, frunciendo el ceño. Era raro que él no supiera de un pueblo que fuera parte de su reino, pero Sanji movió la cabeza en forma negativa.
-Tampoco-contestó el rubio mientras subían unas escaleras- cuando hubo repartición de tierras por alguna razón los reyes de ese entonces lo olvidaron o lo omitieron, y hasta ahora la gente de la villa había funcionado por si sola. Se habían mantenido a si mismos bastante bien y como no es demasiada gente arreglaban sus problemas sin la intervención de un gobierno o ejército.
-Bueno, bueno, ¿Y todo esto a qué viene?
Sanji pareció dudar antes de contestarle. Se habían detenido frente a la puerta de la enorme habitación de visita que le asignaban a Luffy cuando visitaban en castillo.
-Nami san es de allí- dijo el rubio antes de poner la mano en el pomo de la puerta- y algo ha pasado…
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Franky abrió la portezuela del carruaje luego de haberle dado al cochero un mapa con indicaciones para que los llevara a un lugar cercano a la base tres. Por cortesía, les dieron una merienda que incluía bastante café para el camino. Robin subió luego de que el enorme hombre le diera la mano para ayudarla. Él subió tras ella y se sentó a su lado; inmediatamente después el coche comenzó a moverse. Le alcanzó una manta para que se cubriera y le sirvió un vaso de café.
-Gracias- pronunció la mujer y comenzó a beber en silencio. Se quedó un buen rato mirando por la ventanilla. Incluso comenzó, a pesar del café, a dormitar un poco.
En una de esas abrió sus ojos y percibió que ya era de noche, aunque aún estaba bastante nublado.
-No dormiste mucho, Robin- comentó Franky, viendo por la ventanilla de la puerta- pensé que estarías cansada luego de lo que sea que estuvieras haciendo anoche y hoy todo el día.
Robin hizo una sonrisa ladeada y volteó hacia él.
-¿De verdad quieres saber qué ocurrió?
Franky volteó hacia ella y le tomó la barbilla, la cual hizo levantar, de modo que a su vista quedó el largo cuello de la mujer.
-Creo tener una buena idea de eso, a juzgar por estas marcas- comentó, mientras ella volteaba la cara, dejando la mano del peliazul en el aire- ¿te divertiste?
Robin asintió.
-¿Encontraste algo útil?
Ahora, negó con la cabeza y volteó a verle de nuevo.
-Más bien, sí. Pero…- bajó la vista, y volvió a mirar hacia fuera- no es algo que quiera entregarle al jefe, ¿comprendes?
-Sí. O más bien me parece que es alguien a quien no quieres entregar.
Franky estuvo en silencio unos segundos, en los cuales Robin pareció simplemente perderse en sus pensamientos. Finalmente, preguntó algo más.
-Ese hombre…el que salió de la casa antes que tú…tiene poder, ¿verdad?
-Sí. Es…
-El príncipe Roronoa Zoro. Sí, lo reconocí cuando lo vi, pero me preguntaba si serías capaz de admitirlo. Así que dime, ¿qué pasó con ustedes?
-Solo un pequeño…incidente.
Franky rió en voz baja.
-¿Ahora le dicen así, eh? Curioso, muy curioso- suspiró- ah, hermosa, sabíamos que este día iba a llegar alguna vez. Eres joven…tienes toda una vida por delante y sin embargo estás metida en esto. Lo que no comprendo es que si con tal de salir, has considerado hasta el suicidio- la morena tembló. Franky puso una mano en su hombro- ¿porqué no te quedaste?
-Yo aún…tengo mucho que hacer, tú lo sabes bien.
-Mejor que nadie. Mira, para cualquier referencia futura, quizás será mejor que me cuentes todo lo que pasó desde un principio.
Robin asintió. Se enderezó en el asiento y comenzó a buscar la forma de contarle a Franky, únicamente lo suficiente para que pudieran estar en paz.
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Sanji y Zoro entraron a la habitación. Se encontraron a Luffy sentado sobre la cama, a lado de Nami. Ella tenía entre sus manos un papel, lo apretaba con una especie de rabia. Unos gruesos lagrimones resbalaban por su rostro. Chopper y Ussop estaban sentados con la vista en el suelo, no sabían que hacer.
-Zoro- dijo Chopper levantando la vista hacia él- ¿qué ha ocurrido? ¿Dónde estabas?
El mencionado peliverde apretó los puños.
-Me perdí- mintió, sonriéndose mentalmente al pensar que de haber sido cierto que se había perdido, simplemente nunca lo hubiera podido admitir. Maldita mujer…se repitió mentalmente pensando en todas las cosas que estaba haciendo…que estaba cambiando, por ella-. Eso no importa. ¿Qué ha ocurrido?
Nami temblaba; Zoro percibió algo sombrío cuando ella contestó:
-Atacaron Cocoyashi- contestó duro, directo y sin rodeos- se llevaron a mucha gente… ellos…
Hasta el momento, ninguno de los presentes sabía muy bien qué pasaba con villa Cocoyashi. Nami levantó la vista y miró a Luffy fijamente. Luego echó un vistazo sobre los demás. Finalmente respiró profundo y les explicó:
-Hace algunos años una división de una banda nos invadió. Exigieron pago de tributos y esas cosas…pero nos empezó a ir muy mal en ese entonces. Las tierras se volvieron estériles, los animales enfermaron…nosotros no teníamos, y nunca hemos tenido quien diera la cara por nosotros. No podíamos defendernos así que hacíamos lo que podíamos para que no nos hicieran daño. La comida comenzó a escasear…por eso me volví ladrona- suspiró- todos los días me esforzaba en robar en las ciudades cercanas comida para los más necesitados de mi pueblo… a veces también para pagar el tributo que nos exigían.
Se hizo un silencio muy profundo. Nami parecía que se iba a poner a llorar.
-Pero nunca…nunca me esperé que llegaran a hacer esto…- dijo, apretando con más fuerza el papel entre sus manos- ¿cómo se atreven?
Zoro frunció el ceño y tomó de manos de Nami el papel. Ella lo dejó ir sin ningún problema, apretó los puños sobre sus rodillas y se encogió mientras Luffy la miraba con un gesto indescifrable en su rostro.
Era una especie de carta donde avisaban que la gente de Cocoyashi estaba en problemas; la banda que llevaba tanto tiempo acosándolos había dado un golpe fuerte a la población e incluso habían desaparecido algunas personas. Por el momento la villa se encontraba prácticamente incomunicada, excepto por esa carta que había llegado esa misma mañana a ciudad capital. El destinatario era cualquier persona que pudiera dar ayuda, y según quienes la habían entregado en el castillo, el hombre que la llevó ahí había conseguido escapar de Cocoyashi casi de milagro mas había desaparecido en seguida, de modo que no se le pudo preguntar a profundidad sobre aquello. Solo entregó la carta y se fue.
Esto le explicaron a Sanji los guardias que habían llevado el correo temprano en la mañana, y el rubio leyó y releyó la carta durante varios minutos. De casualidad en el almuerzo se le salió decir algo acerca de Cocoyashi, y ahí fue cuando Nami volteó rápidamente hacia él preguntando qué pasaba con la pequeña villa. A partir de ese momento, se fue desenredando todo; la pelirroja leyó la misiva y fue desenvolviendo poco a poco lo que Sanji no había podido comprender.
Para el momento en que Zoro llegó con ellos, la pobre estaba en un estado de impresión tan grande que sus manos parecían agarrotadas en el papel, aunque poco a poco se había relajado.
-Soy una…egoísta- dijo en voz baja, llamando la atención de todos- yo…tendría que estar allí.
-Nami, no digas eso- trató de calmarla Ussop- recuerda que fuimos nosotros quienes te llevamos, no tienes la culpa de nada.
-No…no, no, yo debí oponerme…debí oponerme y regresar… a mi hogar- replicó ella- siempre encuentro la forma de escapar…debía hacerlo cuando pude. Ellos…
-¿Qué pudiste haber hecho por ellos?- preguntó Zoro con un poco de rudeza. Nami levantó la vista hacia él, frunciendo el ceño.
-Cualquier cosa- contestó con énfasis, mientras se ponía de pie y le plantaba cara a Zoro-, cualquier cosa menos estar escondida en un palacio haciendo de niñera de estos…de estos…- apretó los puños. No podía ser malagradecida con ellos, pero le dolía demasiado saber que sus amigos sufrían mientras ella estaba allí, siendo tratada casi como si fuera parte de toda esa realeza. Se volvió a sentar y se llevó una mano a la frente, y se quedó mirando al piso- debo hacer algo.
De pronto la puerta se abrió.
-Con permiso- se escuchó una dulce voz- he traído algo de té… ¡Oh, Zoro san! Ya está de vuelta.
Zoro lanzó un suspiro. Aquella situación no era nada cómoda y cada momento se ponía peor.
-Vivi- la princesa se paró frente a él y le ofreció una taza-, gracias.
-Pero...Zoro san…tu ropa está húmeda… ¿Pasó algo?
Zoro negó con la cabeza, y un poco cansado le dio la misma respuesta que a la mujer que un rato antes le había preguntado lo mismo.
-Solo un pequeño incidente.
Ella sonrió, pero justo en eso notaron que el cocinero estaba congelado. Posteriormente, Sanji enrojeció de furia, y se puso a gritar algo de que no iba a permitir que una hermosa princesa se maltratara sus manos sirviéndole al marimo sinvergüenza, cuando la peliazul protestó.
-Traje el té para todos, Sanji san- sonrió mientras se acercaba a Nami, a quien le entregó la última taza que llevaba en la bandeja. Se snetó a su lado y le puso la mano en la espalda, para reconfortarla- sobretodo para Nami san, que es quien necesita mayores cuidados en este momento. Además…- siguió, enrojeciendo un poco y bajando la vista- Zoro san es mi prometido. Atenderlo es mi placer, desde ahora y para siempre.
-Ese es un pensamiento bastante arcaico- comentó Nami distraídamente, para después darle un trago al té.
-Bueno, entiendo que pienses así, pero así me criaron. Las princesas no somos sino "futuras esposas".
Nami suspiró. Cuando menos, ese pequeño paréntesis originado por la presencia de la peliazul le había ayudado a calmar un poco su mente, y agradecía en silencio que ella estuviera allí para tranquilizarla un poco. Los idiotas a su alrededor simplemente no sabían hacer lo que ella hizo a partir de ese momento: poner las manos en sus hombros y guardar silencio.
-Nami swan… ¿sabes a donde pertenece la banda que tiene secuestrada villa Cocoyashi?- preguntó Sanji, cuando vio que la pelirroja ya había terminado su té. Ella miró a Sanji y luego desenfocó; parecía pensativa. Luego negó con la cabeza.
-No…la verdad nunca he sabido mucho de ellos.
-Pues…- Sanji caminó a una silla y se sentó- la ubicación geográfica de la villa es cercano al camino entre los dos reinos. Los trabajos de la…organización que hemos estado estudiando, han tenido cierta tendencia a ubicarse en la frontera entre el reino de Luffy y a buscar adentrarse en este, de acuerdo con lo que Ussop y nuestros soldados han podido averiguar.
Ussop se llevó la mano a la barbilla y a su mente regresó la imagen de las listas y los mapas que él y Sanji llevaban días revisando.
-Tiene razón- lo pensó por unos momentos y levantó la vista hacia Sanji-…cuando una organización de ese nivel decide cual es su "territorio", es difícil que permitan que alguien más se apodere del más mínimo metro cuadrado, por pequeña que sea la amenaza.
-Por lo que tienen que ser parte de la misma organización que nosotros hemos estado persiguiendo- dijo Zoro, concluyendo lo que Ussop y Sanji habían pensado.
-Exacto- suspiró Ussop- así que ahora hay que pensar en cual es la mejor forma de llegar y quitarlos de donde están…
-No…ya ha sido suficiente, me tienen harto.
Todos voltearon a ver a Luffy, quien ahora tenia su mano sobre el hombro de Nami y tenía en su rostro una expresión realmente molesta.
-Ya han hecho suficiente daño, ¿No creen?...-preguntó de manera retórica- y ahora han dañado a Nami. No permitiré que esto siga. Iré a patearles sus traseros ahora mismo.
Caminó hacia un perchero y tomó su sombrero de paja, que últimamente no le habían permitido usar por estar siempre vistiendo ropa elegante. Se lo plantó en la cabeza y miró a sus amigos fijamente.
-Ussop, necesito que me lleves ya a villa Cocoyashi- indicó-. Chopper, tú y Nami vuelvan a casa, y espérenme allí.
-¡No!- Nami se puso de pie y caminó hasta pararse frente a Luffy- Villa Cocoyashi es mi hogar. No puedo irme a esconder tan tranquila mientras tú peleas por él.
Luffy la miró y sonrió.
-Tampoco creas que te dejaremos ir solo, tonto de goma- protestó Zoro- nosotros te ayudaremos.
-Marimo…¿olvidaste que sigues enfermo? Sólo conseguirás ponerte mal- interfirió Zoro- eso sin mencionar que quien sabe qué estuviste haciendo toda la maldita noche. Francamente no creo que te encuentres en tu mejor momento.
-¿Tu crees, cejas?- preguntó el peliverde, mirándolo con reto.
-No lo creo, lo sé.
Zoro enrojeció. Iba a decir algo más cuando el rubio siguió.
-Propongo que partamos mañana. En este momento no podríamos hacer algo, necesitamos prepararnos aunque sea un poco…ya ha oscurecido así que solo crearíamos caos. ¿Qué dicen?
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Todas las miradas se posaron en Nami. Ella era la única con verdadero derecho a decidir en ese momento. Asintió, mientras tallaba un poco sus ojos.
-Así como son ustedes, quien sabe qué locura propiciarían en mi pobre pueblito- dijo, tratando de no sonar muy triste, pero la voz le temblaba un poco- mañana está bien. Yo iré con ustedes.
-Yo también voy- pidió Vivi- si puedo ayudar en algo lo haré.
-Vivi chwan…no tienes porqué hacerlo- dijo Sanji- no deberías ponerte en peligro…Nami swan lo hace porque es su hogar pero tu…
-Si Zoro san va a ir yo también debo hacerlo- sonrió Vivi. Zoro cerró sus ojos, se sentía demasiado incómodo con todo aquello. ¿Por qué? ¿Porqué tenía que pasar esto? Él nunca podría tratar a Vivi con amor, ni siquiera con la misma dedicación que ella le mostraba y que nada menos merecía en pago.
Él ya le había entregado su corazón a alguien más, ¿qué iba a hacer ahora? Ella le sonreía como si estuviera completamente tranquila con la situación. Él sabía que ella no le amaba, y que solo actuaba como se suponía que debía de hacerlo. Pero él no era igual. Siempre había sido cabeza dura, difícil, algo salvaje incluso. El no podía someterse tan fácilmente al deber de amar a Vivi. Pero por mucho que le doliera…debía intentarlo. Por Robin. Para que todo valiera la pena. Se habían separado para que él cumpliera su deber… para que él estuviera con Vivi. Vaya ironía.
-No tienes que hacerlo- le dijo ahora Zoro- ¿qué le dirías a tu padre?
-Él no está aquí, se fue a casa esta mañana…yo decidí quedarme algunos días- sonrió- mientras no se entere, todo estará bien.
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Llegaron a la base tres tarde, en la noche. Habían bajado del carruaje en un lugar del camino bastante lejano, desde donde habían tenido que caminar. Robin seguía envuelta en una manta, y Franky simplemente caminaba a su lado en silencio. Había escuchado lo que ella había querido decirle mientras iban en el coche, pero como habitualmente sucedía, ella había dado meros hechos, sin hablar nunca realmente de lo que ella pensaba ni lo que ella quería, simplemente lo que según ella tenía que hacer.
Caminaron por el bosque durante una hora, más o menos. A ella nunca le había dado miedo, y además podría decirse que el hombre a lado de ella era una protección más que efectiva.
Encontraron la base. Ella seguía en silencio. Un grupo de millions estaban dormitando en la entrada de la mansión que hacía las veces de casa de subastas, supuestamente haciendo guardia. Franky pudo ver entonces, en el casi impenetrable rostro de Robin, como sus sienes se contraían de disgusto. Sonrió. Extrañaba verla en acción.
-Buenas noches, caballeros…- saludó con su voz habitualmente suave, pero suficientemente fuerte y firme para que aquellos hombres se pusieran de pie y se cuadraran casi militarmente frente a ella, soportando sobre ellos el escrutinio de los ojos más crueles y fríos que habían visto en sus vidas.
-B…buenas noches, Miss All-Sunday- contestó el único que tuvo valor de dejar salir su voz- hace mucho que no la veíamos por aquí.
Ella sonrió ligeramente, pero todos los presentes sabían bien que esa sonrisa era el mayor peligro que podían enfrentar en ese lugar. Sin embargo quizás ese día fueron perdonados, porque ella solo hizo una pregunta.
-¿Dónde está Mr. 3?
-E…él está en su oficina…haciendo cuentas.
-Iré a saludarlo.
Robin se adelantó. Franky, detrás de ella, sonreía.
Desde un lugar escondido en el salón, él había presenciado la subasta de Robin. Encontró exagerado el modo despreciativo en que Mr. 3 la había tratado en esos escasos minutos, y sabía, por la mirada que ella le dedicaba mientras estaba encerrada en la jaula, que la preciosa mujer no podía esperar para darle su merecido al aprovechado sujeto.
Mucha gente en aquella organización odiaba a Robin casi tanto como le temía. Su poder era apenas menor que el del líder, y por ello causaba sentimientos encontrados entre los miembros. Algunos, cercanos al poder como Mr. 3, la veían como enemiga directa. Otros, los de grados menores, sabían que no les convenía meterse con ella.
De alguna manera, Mr. 3 había pensado que meterse con Robin el día de la subasta había sido buena idea. Quien sabe que habría pasado por su cabeza…ofrecerla a un precio de burla, picarla con su bastón, maltratarla, conseguir que tanta gente hiciera burla de ella…
Caminaron por los ya oscuros pasillos hasta una puerta de madera, que Robin abrió con suavidad. Mr. 3 estaba sentado frente a una mesa, contando algo de dinero y haciendo cuentas en unas hojas. Robin tocó la madera de la puerta con su puño; tres suaves golpes fueron suficientes para hacerlo reaccionar;
-Lo que sea que quieras estoy ocupado. Vuelve a vigilar.
-Lo siento…pero temo que está confundido, Mr. 3.
El pobre hombre dio un salto al ponerse de pie y mirarla frente a él. La sonrisa no se había ido de su rostro.
-Miss…Miss All-Sunday…- dijo el hombre con la voz entrecortada- pensé que estaría…
-¿Lejos? ¿Pensó que tardaría mucho en volver a verme?
Caminó y se sentó al borde de la mesa, frente a él. Le sujetó la barbilla en un gesto extraño; él simplemente no pudo sostenerle la mirada.
-¿Pensó que me iba a olvidar tan fácilmente de la vergüenza que me hizo pasar?- preguntó sin que el tono de su voz se viera alterado- ¿pensó que me iba a humillar frente a tanta gente, y que no iba a recibir su merecido por ello?
Poco a poco el agarre en la barbilla se había vuelto muy fuerte, de manera que ahora era su cuello el que sufría una fuerte presión mientras ella lo levantaba en el aire, hondeándolo como una bandera. La cadena de brazos que surgió a partir del brazo de Robin lo mantuvo hasta que topó contra el techo. Se escuchaban sus intentos infructuosos de respirar. Sus piernas se removían en el aire y sus manos trataban de quitar las de Robin de alrededor de su cuello.
Franky lo miraba con un gesto divertido en su boca.
-En serio, amigo, ¿en qué estabas pensando?- preguntó para luego reír un poco.
-Vámonos- indicó la morena, dándose la vuelta hacia la salida. Franky le hizo a Mr. 3 una señal de adiós con la mano y cerró la puerta tras él.
Mientras seguía a Robin en el pasillo, se escuchó el fuerte golpe de cuando la morena al fin lo soltó, y él cayó sobre la mesa, probablemente haciéndola pedazos.
-¿No lo habrás matado? No dudo que se merece eso y más pero tú…
-No te preocupes. Estará bien…después de todo, si no hubiera hecho lo que hizo…probablemente yo nunca…
Y en ese momento guardó silencio.
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Mr. 3 se levantó con trabajos. Todo su cuerpo estaba adolorido, pero no pudo evitar sentirse contento de estar vivo. Miró a su alrededor, los pedazos de madera de lo que un par de minutos antes era una mesa, los papeles donde estaba haciendo cuentas, los berries esparcidos por el piso.
Tosió un poco; su pecho se sentía presionado.
-Esa…maldita- tuvo un acceso de tos un poco más fuerte- maldita princesita engreída…pero ya verá…
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Llegaron a una puerta y Robin entró allí con la mayor tranquilidad. Franky le siguió.
-Necesito descansar un poco- dijo ella, quitándose de encima la manta- mañana nos iremos a la fortaleza.
-¿Piensas enfrentar tan pronto a Mr.0? sabes que él espera resultados de ti más que de nadie. ¿Ya tienes pensado qué le vas a decir cuando te pregunte?
Robin negó con la cabeza. Se sentó en la orilla de un camastro que había por allí y acomodó un cojín para que sirviera como almohada.
-No, aún no lo sé. De todos modos tardaremos en llegar allá. Pensaré en algo.
Franky asintió y buscó a sus alrededores dónde sentarse, pero desistió.
-Buscaré una habitación- decidió antes de darse la vuelta y salir de allí.
Robin miró la puerta hasta que se cerró. Se recostó en el camastro y se cubrió con la sábana, apoyando la cabeza en el cojín.
Inevitablemente, antes de dormir, la quietud del lugar fue detonante para que a su mente llegaran muchas cosas. La oscuridad, el frío, todo se sumaba a que evocara a esos amigos que había tenido, a ese amor que se había permitido vivir por un tiempo, al que dio cabida en su existencia, esperando que quizás fuera esa la oportunidad que necesitaba para ser feliz…
Pero no iba a ser así. Ella no iba a ser feliz a costa del bienestar de dos reinos. Sabía que lo mejor para todos era que Zoro se casara con esa princesa de cabello azul que lo había besado el día del baile.
Su estómago dio un vuelco. Sus piernas se contrajeron hacia su pecho y ella las envolvió con los brazos, mientras trataba de que la manta no cayera al piso.
Dolía saber que desde ese momento su vida tenía que ser así.
Desde ese momento…y para siempre.
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Los caballos estaban preparados para que la comitiva saliera del palacio esa mañana.
Llevar a Vivi no era un problema; ella era muy fuerte y valiente, al igual que el resto de sus amigos. Nami era la que causaba preocupación; estaba demasiado afectada, se le notaba en el rostro.
Contra todo esto, salieron así del reino. Iban a tardar más o menos una hora en llegar y mientras tanto iban en silencio. Nadie hubiera comentado nada, ni siquiera de haberlo deseado.
¿Liberar una ciudad? ¿Qué tan seguido se hacía eso? Ni siquiera sabían con claridad como era que estaban posicionados dentro de la villa en esos momentos.
Sin embargo, cuando llegaron, la encontraron…. ¿Normal?
Nami bajó de su caballo apenas habían entrado al pequeño lugar…observando a la gente, que salió a la calle principal al ver llegar a ese grupo de completos desconocidos. Los habitantes de la villa…estaban ilesos pero todos se veían tan… desorientados…tan desesperados…
-Na…Nami… ¡Gracias a Dios estás bien!- gritó un hombre de bigote, quien salió de una tienda de comida y corrió a abrazar a la pelirroja. Muchas otras personas se acercaron a mirarla y a abrazarla…pero esa sensación que inundaba la atmósfera no se había ido, llenando a la pelirroja de cierto temor. Fue entonces, cuando la gente se acercó así a ella, que supo qué pasaba.
Se separó para poder ver al hombre a la cara y fijó sus ojos en él.
-Gen san… ¿Dónde esta Nojiko?
El hombre no pudo sostenerle la mirada. Volteó hacia un lado para evadirla, pero Nami se separó varios pasos de todos, mirándolos para preguntar, a todos a la vez:
-¿En dónde está mi hermana?- y la desesperación se notaba en su voz- ¿Dónde está Nojiko?- repitió a punto de derrumbarse. Nadie le contestaba. Se volvió hacia el que un momento antes había nombrado como Gen san, y lo tomó de la camisa- ¿En dónde está mi hermana? ¡Dígamelo!- gritó ahora, golpeando el pecho del hombre que quería como si fuera su padre. Él la sujetó desde los codos mientras ella se deslizaba suavemente hasta quedar sentada en el suelo.
Gen bajó hasta su altura y la sujetó de los hombros. Volteó hacia arriba, los vecinos y amigos lo miraban con un gesto de tristeza y resignación. Lo vio en sus ojos; tenía que hablar con la verdad. De modo que ahora observó a la pelirroja y respiró profundo antes de decirle la verdad:
-Ella…se la llevaron, Nami. A ella y a algunas otras…jóvenes… también se llevaron a algunos chicos.
Nami levantó la vista hacia Gen y sintió temblar su barbilla.
-¿Ella…?
-Se ofrecieron a ir porque…querían aumentar los impuestos y nadie tenía como pagar…nos tuvieron encerrados durante varios días hasta que ella decidió entregarse, para que nos dejaran y pudiéramos ir a los pueblos cercanos a conseguir comida y agua, y otros jóvenes siguieron su ejemplo…salvaron nuestras vidas pero…
Gen levantó la vista al ver a Luffy, quien se acercó a ellos y se inclinó a lado de Nami para poner las manos en sus hombros. Nami lo sintió allí, se dio la vuelta y se abrazó a él.
-Se fueron ayer a medio día. No tenemos idea de donde podrán estar ahora- explicó el hombre, reconociendo entonces de quién se trataba. Luffy se puso de pie, lo mismo que Nami, que trataba de recuperar la compostura.
-Pero nosotros sí- dijo el pelinegro, torciendo un poco el rostro, para voltear a ver a sus amigos, quienes se habían mantenido atrás por respeto. Sanji asintió, todos habían pensado en lo mismo. Luffy recordó de repente que era el rey de un país, así que decidió usar su poder como era debido-: desde hoy, tomaremos este lugar bajo nuestra protección.
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Todos a excepción de las chicas sabían de un lugar a donde pudieron haber llevado a todos esos jóvenes. Estaban casi seguros, de modo que, de eso a no tener nada, podría decirse que estaban muy bien. Decidieron partir en seguida. Algunas mujeres les dieron algo de comida para el camino; tardarían algunas horas en llegar, pero estaban decididos.
Le pidieron a Nami que se quedara, pero ella decidió que no lo iba a hacer. Seguiría con aquello hasta que encontrara a Nojiko y la devolviera a Cocoyashi sana y salva.
La agitación en los pocos minutos que estuvieron allí fue tan grande que la pelirroja no pudo explicarle a Gen cómo había conseguido semejantes amigos, tuvieron que partir rápido.
Antes de salir de allí, Ussop escribió una carta y la mandaron con un mensajero para que la hiciera llegar al general Garp, de modo que en seguida enviara a una escuadra del ejército que ayudara a la villa.
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-¿A dónde vamos a ir? –preguntó Vivi, volteando hacia atrás para ver a Nami, que a su vez no dejaba de ver a su pequeño pueblo perdiéndose entre los árboles.
-A…una casa de subastas, querida Vivi swan…-contestó el rubio sin despegar su vista del camino- solo pensar en volver a ese repulsivo lugar…me dan náuseas, no lo voy a negar. Pero si hay posibilidad de que esa gente esté allí entonces…
-Y a quienes estén, aún si no son ellos- interrumpió Luffy- los vamos a liberar, sin importar qué.
Zoro, al igual que Sanji, iba con la vista pegada en el camino. Iba a volver al lugar donde todo había comenzado. Aquello era algo frustrante, a decir verdad, pero no quedaba de otra. Tendría que pelear…contra todo, contra los recuerdos, contra el desencanto, contra la incomodidad de tener a Vivi a lado suyo y no poder dejar de pensar en Robin…
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Pasaron algunas horas desde que amaneció, y Robin aún no se había levantado. Franky comprendio y decidió no molestarla; lo mejor para ella en ese momento era simplemente descansar. Se puso a dar vueltas por el lugar y llegó a la cocina que usaban los millions para preparar su comida de manera sencilla. Se preparó algo de café y lo bebió despacio, haciendo tiempo y viendo a los hombres ir y venir. Llamó a uno de ellos.
-¿Sabes como amaneció Mr. 3?- preguntó con un deje de burla, por simple curiosidad.
-Está encerrado en su cuarto. Dice que le duele mucho la cabeza y que saldrá hasta el momento de la subasta.
-Oh… ¿Ya tienen productos nuevos para la subasta?- preguntó Franky falsamente interesado. Para él todo aquello ya era bastante terrible, y detestaba hablar de las personas como si fueran cosas, pero sabía que delante de esa gente tenía que ser así, actuar como ellos, bruto, sin sentimientos.
-Sí. Están todos en la bodega, como siempre.
-Me sorprende que hayan cazado en tan poco tiempo suficientes personas para una subasta.
-Son unos jóvenes de una villa muy pobre- comentó el hombre- Cocoyashi, creo que se llama. Se entregaron por voluntad propia a la división de Arlong hace un par de días.
Franky no contestó nada. A Robin todo aquello le desagradaba muchísimo más que a él mismo, de modo que esperaba poder sacarla de allí antes de que tuviera que presenciar algo que la hiciera sentir mal. Se retiró del lugar en el mismo estado de bajo perfil que solía manejar allí, pero al llegar a la puerta del cuarto donde estaba Robin, vio que ella ya estaba saliendo.
-Tomare un baño- anunció distraídamente- ayúdame a que a ningún million se le ocurra intentar entrar, por favor.
-A la orden, nena- contestó Franky y se sentó a la entrada del baño más cercano, donde ella entró.
Tardó un rato bastante largo en salir pero finalmente lo hizo. Se había puesto ropa limpia y su cabello aun un poco húmedo caía por su espalda. Franky se puso de pie, y ya no pudo ocultar la urgencia que sentía por irse de allí.
Sin embargo Robin le dijo que quería descansar un poco más, de modo que Franky decidió seguir dando vueltas por el lugar mientras ella volvía a encerrarse en la habitación.
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-Ya estamos cerca- dijo de pronto Ussop, deteniéndose- hay que dejar los caballos por aquí o llamaremos la atención.
-Tiene razón- dijo Sanji. Todos se detuvieron y bajaron de su caballo. Comenzaron a atarlos a unos árboles a la orilla del camino-. Así será más fácil pasar desapercibidos.
-Entonces que alguien se quede a cuidar los caballos.
Ussop se iba a ofrecer como voluntario pero en seguida se decidió que los iban a cuidar Vivi y Chopper. Hubieran dejado por seguridad también a Nami pero ella estaba empeñada en ir con ellos a donde fuera que pudiera estar su hermana. De todos modos, ya Luffy tenía claro qué era lo que iba a hacer al llegar allí. Lo que había deseado desde el día de la subasta y se había aguantado. Ahora se iban a atener a las consecuencias.
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Robin estaba demasiado inquieta para seguir acostada. No iba a conciliar el sueño aunque lo intentara con todas sus ganas y de eso estaba segura. Se salió del cuarto y comenzó a buscar a Franky para irse de una vez, sin embargo pasó varios minutos recorriendo la fortaleza y no lo encontraba. Preguntó por él, y alguien le dijo que estaba en el salón donde se preparaba la subasta de ese día.
-Pero…hubo una subasta ayer- observó la morena- es muy pronto para que haya otra.
El hombre que le había informado simplemente se encogió de hombros y siguió su camino. Robin pensó en seguida en los grilletes de kairoseki, y en la jaula, y en su cuerpo siendo picado y jaloneado por aquellos que aprovechaban su teatrito para hacerla pasar un mal rato. Se encaminó al salón tratando de calmar los recuerdos, dispuesta a irse de una vez por todas de ese lugar que odiaba tanto.
Entró a paso apresurado y caminó por entre los asientos hasta llegar a la tarima. Miró a todas partes pero no encontró a Franky. Entonces decidió ir tras bambalinas, donde se escuchaba el sonido de los millions jalando cajas con las personas que serían subastadas esa noche.
Cuando llegó cerro los ojos y luego se forzó a ver la escena; todas esas personas esposadas, gritando y tratando de defenderse…algunos de ellos ya estaban amordazados y maniatados, encerrados en las jaulas. Otros se resistían pero no tardaban en ser abatidos a golpes y lanzados sin piedad contra los duros barrotes.
Se hizo fuerte. Ella comprendía mejor que nadie aquella situación y le dolía, pero había cosas que ella simplemente no podía cambiar.
-Nico Robin…aquí estoy- llamó Franky, quien, cuando Robin consiguió ubicarlo, estaba recargado en una pared. Ella caminó hasta él.
-Recuerda que aquí soy Miss All-Sunday. Debemos irnos- indicó con la mayor calma aunque por dentro estuviera deseando salir corriendo de allí. Pero se quedo viendo a Franky, quien parecía estar pensativo. Él percibió la pregunta en su mirada, y se dispuso a contestarla sin que la formulara siquiera.
-¿No te parece raro que todos estos jóvenes hayan sido cazados con tanta facilidad?
Justo en ese momento, Robin percibió, por el rabillo del ojo, una mirada que se posaba en ella. Al voltear a enfrentarla se encontró con una mujer que se le hacía conocida. La mujer también la reconoció…
Nojiko san…
Nojiko la miró. Estaba dentro de una jaula y ya la tenían amordazada, pero su expresión que de sorpresa pasó a odio en milésimas de segundo fue suficiente para hacer que Robin saliera del letargo que desde la noche anterior no parecía querer abandonarla. Frunció el ceño y comenzó a caminar por el lugar, buscando a una sola persona.
Mr. 3 estaba de pie cerca de una de las jaulas, revisando una lista que tenía en sus manos, posiblemente preparando también los comentarios burlones que usaría para ofrecer los "productos" esa noche.
Robin llegó hasta él, probablemente más molesta que el día anterior, pero sin evidenciarlo en lo absoluto.
-Mr. 3…me gustaría saber qué es lo que esta ocurriendo aquí. ¿Cómo es que sus cazadores le trajeron suficiente gente para hacer dos subastas seguidas?
El hombre se llevó una mano al cuello, recordando lo del día anterior y sabiendo que cualquier paso en falso podría provocarle un dolor aún mayor, cortesía de la mujer. Negó con la cabeza.
-No fueron los cazadores. Ayer vinieron esos salvajes de Arlong y en lugar de pagar su deuda con efectivo nos entregaron toda esta panda de mocosos. Tendré suerte si vendo a buen precio a dos o tres de ellos.
-Libéralos- fue la única palabra que salió entonces de los labios de Miss All-Sunday. No fue una petición, ni una advertencia, sino una orden en toda regla, seca y directa. Mr. 3 la miró sin reaccionar en seguida, parecía mentira lo que estaba oyendo.
-No puedo hacerlo y usted lo sabe mejor que nadie.
-Le pagaron una fuerte cantidad por mí hace un mes. Eso tiene que haber alcanzado para cubrir la cuota, ¿No? Libere a estos jóvenes.
-No pienso hacerlo. El jefe no tendrá piedad conmigo si se entera.
Robin iba a decirle algo más pero un fuerte golpe se escuchó, sacudiendo todo el lugar. Todo el castillo se estremeció de arriba abajo.
Robin y Mr.3 miraron hacia el techo. Las vigas se habían estremecido y había caído un poco de polvo. ¿Un temblor? No era común en esa zona. La mansión/castillo no era, tampoco, tan débil estructuralmente como para pensar que estuviera cayendo por si sola.
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Sanji vio con resignación y a cierta distancia como el loco de Luffy había terminado por golpear un muro de ese lugar con mucha fuerza. Miro hacia arriba, temeroso de que se fuera a caer junto con toda la gente que estaba adentro, pero nada ocurrió.
-¿Qué parte de ser discretos fue la que no entendiste, cabeza de goma?-le preguntó, realmente exasperado por su actitud. Luffy no retrocedió ni pareció lamentarlo. Zoro simplemente lo siguió.
-Ya no se puede hacer nada de todos modos, ¿cierto?- resolvió el peliverde tranquilamente. Había arrasado con una pequeña agrupación de guardias que habían tratado de detenerlos. Estaban todos tirados en el piso en diferentes posiciones, inconscientes y como era de esperarse del peliverde, éste no tenía una sola gota de sudor. Sanji suspiró. Con esos dos nunca podía considerarse que el trabajo saliera limpio y sin complicaciones.
Mientras tanto Luffy ya había forzado la puerta principal; enorme y de madera pesada, cayó al suelo con todo su peso generando un estruendo que bien podía haber alertado del todo a los ocupantes de aquel lugar. El pelinegro tomó entonces el único camino que conocía dentro de ese lugar: el que le llevaría al salón de subastas.
Nami corrió tras él, lo mismo que Zoro y Sanji, llevando a Ussop a rastras ya que había comenzado a quejarse de los síntomas de una llamada enfermedad de no-puedo-entrar-a-casas-de-subastas-terroríficas y se negaba a moverse de donde estaba.
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Al escuchar el estruendo, Franky se había acercado a Robin para tomarla de la muñeca. Le dio un pequeño jalón.
-Vámonos, creo que alguien nos ataca- le dijo mientras trataba de caminar con ella hacia la salida que daba al patio donde se entregaba la "mercancía", pero Robin no se quiso mover- en serio, tenemos que movernos, esto puede ser grave- le urgió- no nos podemos quedar aquí.
Robin no le hizo caso y liberó el agarre de su brazo con un jalón. Necesitaba tomar una decisión rápida, no podía dejar allí a esos muchachos. Si todos venían del mismo sitio…no quería ni pensar del dolor que esto le podría causar a Nami.
Había huido antes. Había dejado personas a su suerte antes. Pero ahora simplemente no había podido hacerlo.
-Cien Fleur- dijo en voz baja, y un grupo de manos le quitaron a los millions y a Mr. 3 las llaves de las jaulas y los grilletes. Tratando de coordinarse, las manos comenzaron a abrir todas las cerraduras, liberando a los jóvenes que comenzaron a salir de allí, entre la confusión de los millions que fueron noqueados por Franky, cuando ellos quisieron atacar a Robin por lo que ellos consideraban como una traición en todo sentido.
-¿Qué rayos haces, mujer?- preguntaba mientras seguía tratando infructuosamente de llevársela de allí, mas ella aún se resistía.
De pronto, golpe se escuchó al caer al piso el enorme y pesado telón que los separaba del escenario y el resto del salón. Un grito los alarmó.
-¡Nojiko!- gritó Nami con fuerza al distinguir entre la confusión rápidamente el cabello y la piel morena de su hermana, quien trataba de ayudar al resto de los muchachos a salir de las jaulas y a quitarse las mordazas de la boca.
-Nami- Nojiko corrió hacia ella y se abrazaron. A lado de Nami, ya en el escenario, estaba Luffy. Justo detrás de él, llegaron Sanji, Ussop y Zoro.
En cuanto Robin los vio, dio un paso atrás.
Nami y Luffy también habían visto a Robin, y ahora estaban bastante confundidos.
-Ro…Robin… ¿qué haces aquí?- preguntó la pelirroja con un deje de tristeza, separándose ligeramente de Nojiko para ver a la morena.
-Miss All-Sunday- dijo Franky en voz alta, como para denotar que Nami cometía un error al llamarla por su nombre- esto es serio, debemos irnos.
Ahora Robin asintió, sin dejar de ver a todos los recién llegados, que la observaban como si no pudieran entender la situación. Dio un paso atrás y en ese momento se sintió otro ligero temblor en el lugar.
Luffy había estado todo el camino hasta allí tirando puertas y muros, por si acaso encontraban a alguien mas en ese lugar. Entonces ese piso, que era básicamente la estructura de todo ese lugar, estaba debilitado y ahora sí era bastante probable que cayera.
Pero en esos momentos el tiempo pareció avanzar más lento, por lo menos para Zoro y Robin.
-Robin- pronunció Luffy, fue el único que se atrevió- ¿qué haces aquí? ¿Porqué volviste a esto?
La morena no contestó. La estructura seguía temblando y un estruendo sordo se dejó escuchar por todo el lugar. Todos miraron hacia arriba, temiendo lo peor. Robin aprovechó el momento, dio un paso más hacia atrás. Luego se dio la vuelta y salio en medio de la confusión rumbo a la puerta, seguida por Franky.
Justo en ese momento unas vigas cedieron y los separaron del resto, quienes apenas tuvieron tiempo de ponerse a salvo.
Luffy había tomado en brazos a Nami y a Nojiko y había saltado hacia atrás, protegiéndolas, lo mismo que Sanji y Ussop, quienes trataban de ayudar a los otros jóvenes. Cuando todo pasó, Sanji se levantó y analizó su alrededor. Solo una parte del techo había caído, aun tenían suficiente tiempo para escapar, pero allí faltaba alguien.
-¿A dónde fue Zoro?- preguntó Ussop un segundo antes que el mismo Sanji lo hiciera.
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Robin y Franky habían pasado de la puerta y ya se encontraban en el patio. Habían escuchado el estruendo y se disponían a correr para alejarse de allí buscando su camino, cuando Franky se dio la vuelta rápidamente, tratando de esquivar un ataque que de haberlo alcanzado le habría cortado la cabeza, pero solo le había hecho un roce. Robin volteó al igual que él, a pesar de que en ese momento no quería enfrentar la mirada oscura que la veía desde la puerta.
-¿Qué rayos haces aquí?- esperó un momento, pero no recibió respuesta alguna- ¡dime! Luego de todo lo que pasó ¿Por qué tuviste que volver aquí?
Ella no contestó.
-¡Robin no volveré a jugar a esto contigo, maldita sea! ¡Habla de una vez!- pidió a grito abierto, como pocas veces en su vida lo había hecho. Robin no dejaba de mirarle.
Ella respiró profundamente.
-Hay cosas que simplemente no se pueden cambiar. Aunque no quiera, yo pertenezco aquí.
-No- dijo Zoro, pero no pudo decir más. Trató de reducir la distancia entre ellos, pero ella dio hacia atrás los mismos dos pasos que él avanzó.
-Te dije que lo mejor para los dos era que nunca volviéramos a vernos. Ahora entiendes el porqué- cerró los ojos con fuerza, y continuó. Zoro tenía razón. No iba a seguir jugando al silencio con él-. No sigan con esto. No pueden contra la organización.
-Puedo con esto y más- advirtió el peliverde, pero ella le interrumpió antes de que pudiera seguir.
-Es más de lo que tú crees, no has visto más que lo más pequeño. Mejor ríndanse ahora.
Antes de que ella dijera algo más, Zoro corrió hacia ella hasta que la pudo sujetar del brazo y obligarla a mirarle de verdad. Iba a decirle algo…pero no pudo. Ella le había inmovilizado el cuerpo, cada una de sus extremidades e incluso su cabeza. Lo alejó de ella.
El trataba de liberarse, pero las ultimas consecuencias de su enfermedad seguían haciendo estragos en su cuerpo y de pronto se sentía terriblemente débil. Y le dolía terriblemente percibir a través de Robin semejante tristeza y desesperanza. Jamás antes había percibido eso en alguien.
-No vuelvas por aquí- le dijo ella con lo que le quedaba de voz, mirándole a los ojos. Los de ella ya se notaban vidriosos a pesar de que trataba de mantener la compostura- ni trates de enfrentarte nunca más a esta organización. Si vuelves a intentarlo - no lo pensó, la desesperación pudo con ella y las palabras salieron por si solas-…te prometo que te encontrarás con una mujer dispuesta a matarte…
Zoro apretó la mandíbula. Iba a gritarle algo, a reclamarle, pero no pudo hacerlo, porque ella dejó de mirarlo para ver atrás de él.
-Zoro san- se escuchó la voz dulce desde la puerta. Robin lo soltó y lo dejó en el piso. Una sonrisa triste se asomó por su rostro, mientras Zoro se quedaba parado sin saber qué hacer- ¡Zoro san, esto va a derrumbarse, tenemos que alejarnos lo más posible!
Robin volteó la cara para que él no viera del todo la nube negra que se posaba sobre sus ojos al oír esa voz diciendo su nombre.
-Tu princesa te espera- dijo finalmente, para darse la vuelta y comenzar a correr, seguida de Franky que todo este tiempo había sido un simple espectador. Zoro no se atrevió a seguirlos.
Continuará…
Espero que hasta ahora les siga gustando.
Muchas gracias por los reviews, de verdad :D espero poder tener algo escrito para el domingo, si no, trataré de avanzar suficiente para el lunes o el martes.
Saludos.
Aoshika October
