Lamento mucho, mucho, mucho la tardanza. Como mencioné en el capítulo anterior, estuve demasiado presionada por los exámenes y todo eso (pero me fue muy bien en todas las materias n.n por lo cual estoy feliz) y ya no tuve mucho tiempo ni inspiración para escribir.
Pero bueno, aquí está. Espero que este capítulo sea de su agrado.
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: Bueno, como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Dos mundos
Capítulo 12: Terminemos con esto
La caja entre sus manos de pronto comenzó a pesar, como si estuviera rellena de plomo. Y lastimaba las palmas de sus manos, como si quemara. La dejaría caer de nuevo con gusto, pero ni para eso tenía suficiente dominio de si misma en ese instante. Sus ojos lamentablemente no podían despegarse de Crocodile y de esa sonrisa suya tan cínica y tan terrible.
-¿Qué esperas? Abre la caja.
Robin obedeció, sabiendo que ya no había escapatoria alguna, que ya no había modo de huir, y que ella ahora estaba atrapada en medio de ese laberinto de mentiras y máscaras que ella misma había construido, ladrillo a ladrillo. Estaba encerrada, perdida, y ahogándose por culpa de una terrible claustrofobia que de pronto se ceñía sobre ella.
De modo que abrió la caja y sacó rápidamente el garfio, y ahora sí, dejó caer la caja vacía sin más.
En todo este tiempo, las miradas incrédulas de Luffy, Chopper y Zoro se habían quedado encima de ella, quien cerró los ojos al escuchar la siguiente instrucción.
-Ahora has lo que debes hacer.
Robin abrió el garfio y miró el cuchillo. Las gotillas todavía estaban allí, oscuras, acuosas y amenazantes.
Esto transcurrió más rápido de lo que cabría pensarse. Luego de mirar el cuchillo Robin levantó su vista hacia Luffy y Chopper. Luego miró a Crocodile. Por último, miró a Zoro.
Apretó su puño alrededor de la base de madera y frunció el ceño. Tomó su decisión.
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Habían podido fácilmente con los otros, pero Mr. 1 era otro cantar. Era aún más poderoso de lo que ellos hubieran pensado y por seguridad, Ussop y Nami habían tenido que acurrucarse contra una esquina mientras él y Sanji se acababan a golpes y patadas.
El rubio estaba buscando un punto débil, una estrategia para quitárselo de encima…pero no conseguía gran cosa.
Tengo que acabarlo de algún modo, y pronto... Pensaba mientras esquivaba ágilmente los golpes que de haberlo alcanzado para ese momento ya le hubieran cortado un brazo o una pierna. No significaba mucho en ese momento ganarle, se conformaba con deshacerse de él y buscar a los demás… ¿para qué? Aún no sabía, pero era un hecho de que aquella misión estaba muy mal. En un momento, miró a Ussop y tuvo una idea.
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Fue cuestión de milésimas de segundo. Ni Zoro ni Chopper ni Luffy se lo esperaban, pero de pronto pasó entre ellos como una brisa, apenas, como un relámpago oscuro que se abría paso y los obligaba a abrirse hacia los lados.
Robin, con el brazo en alto, blandiendo amenazante el cuchillo envenenado que tanto odio se había ganado en su corazón, había corrido. La adrenalina había pasado por sus venas rápidamente. Toda la fuerza que tenía se le había concentrado en brazos y piernas, y a menos de un metro de llegar a su destino dio un salto tan poderoso que ella misma se sorprendió de la altura que alcanzó. Bajó el brazo con toda intención y con la fuerza de su impulso, lo hundió, sin dudas, sin arrepentimiento alguno, en el pecho de Crocodile.
No sabía qué iba a ganar con eso. No…porque conocía los poderes de su "jefe". Mejor que nadie. Los había visto funcionar en muchas ocasiones y tenía una idea bastante clara de lo que pasaría con ella a continuación.
Quizás porque no podría, de todos modos, haber atacado a Chopper, a Luffy o a Zoro. Porque aunque eso le hubiera significado conservar su vida… ¿qué clase de vida hubiera sido? Arrepintiéndose por siempre.
Zoro repentinamente hizo amago de ir hacia ellos, pero Luffy lo detuvo. Lo miró. Ambos lo sabían, eso era la pelea de Robin.
Como era de esperarse, ella finalmente cayó en cuenta de lo que había hecho, y no se arrepentía, pero no pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que ya todo había terminado. No titubeó ni tembló.
Ahora, todo su brazo estaba completamente hundido en el pecho de Mr. 1. Gracias a su poder, este la retenía ahí, atrapada. Seguía sonriendo.
-Así que… ¿qué pensabas hacer después de este ridículo intento de traición, Miss All Sunday?
Robin, desde su posición, lo miró con el ceño fruncido, decidida. Después de todo…ella era una princesa, tenía un orgullo que defender, principios que conservar. Aunque significara su muerte, o la pérdida total de toda esperanza…
Crocodile parecía divertido.
-Creí que teníamos un trato- dijo, fingiendo decepción. Robin le sostuvo la mirada.
-No me importa ahora…porque lo que haya ocurrido con mi madre…donde esté ella ahora…-hizo un esfuerzo para sacar su brazo pero no lo consiguió, después de todo desde un principio ella había sabido que se trataba de algo completamente imposible- lo averiguaré yo misma, no lo necesito a usted.
Crocodile lanzó una carcajada cruel. Grande como era, no tuvo problema en tomarla del brazo, sacarla de donde la tenía atrapada y levantarla hasta que se vieron a la cara.
-Es una verdadera lástima, aunque ya no pierdo nada diciéndotelo- le sonrió de una manera malvada- ¿de verdad quieres saber qué fue lo que paso con tu madre? Bien, te lo diré. Te daré las explicaciones que quieres, porque de todos modos has hecho ya todo lo que he querido.
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-¡Ussop!-gritó Sanji de pronto entre patada y patada, saltando hacia atrás mientras el otro trataba de atacarle - ¡El kairoseki! ¡Las esposas! ¡La red!
Ussop tardó un poco en procesar lo que Sanji le había dicho, pero con una mirada de Nami comprendió exactamente lo que tenía que hacer. Rápidamente, mientras Sanji seguía distrayendo a Mr.1, Ussop comenzó a rebuscar entre lo que traía con él, sus armas y bombas, y finalmente encontró lo que podía ayudarle. Un juego de esposas que lanzó a Sanji y que este atrapó al vuelo mientras esquivaba otro golpe de Mr. 1. Éste lucía molesto.
-No creas que con eso podrás vencerme, chiquillo- le dijo- mucho menos si intentas ponérmelas.
En el proceso podía cortarse, y lo sabía a la perfección. Pero decidió seguir adelante, pues sabía que de funcionar podrían correr de ahí sin ningún problema.
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Robin hizo un esfuerzo más por liberarse ante la mirada de los otros, que no estaban comprendiendo nada de lo que estaba ocurriendo. Zoro seguía apretando los puños con impotencia, conteniéndose de correr. Luffy tenía razón, eso era asunto de Robin y él no debía interferir pero le estaba costando demasiado trabajo.
Más cuando notó que ella parecía impresionada por las palabras de Crocodile. Éste la seguía sujetando del brazo, haciendo que ella mirara directamente su rostro y sin permitirle tocar el piso.
Y aunque ella podía haberse liberado, tenía que darle la cara a ese infeliz. Pero comenzó a sentirse inquieta...por lo que le diría a continuación.
-Tu madre era muy hermosa…tanto como tú, quizá más. Es una lastima que tomara la decisión que tomó- Robin abrió mucho los ojos, mientras él la acercaba más a su rostro, robándole el aire- ella no quería que te pasara nada. Ella me ofreció su vida, y el reino entero a cambio de que no te pusiera una mano encima.
Su corazón se sintió extraño. Primero como si se encogiera muchísimo y dejara de latir por un momento. Luego comenzó a latir otra vez, pero a una velocidad que la asustó, haciéndola sudar y respirar de manera agitada.
Crocodile disfrutó la expresión en su rostro. Adoraba hacer sufrir a sus victimas, y esta era una de las mejores hasta el momento. Su rostro estaba descompuesto por el dolor. Sus ojos estaban abiertos de la sorpresa y sus labios comenzaron a temblar en un intento de no gritar.
Luego de procesarlo, Robin enfureció expresión y comenzó a patalear en el aire. No había perdido el cuchillo y ahora más que nunca quería matar a Crocodile con él. Pero este la lanzó al suelo con la misma facilidad con que la había levantado, y ella se puse de pie una vez más y llegó hasta él de nuevo para tratar de acuchillarlo, pero no lo consiguió. Él ahora sujetó su cara, con mucha fuerza y la presionó haciendo que no pudiera respirar.
-Nunca pensé en cumplir de todos modos. Pero te conservé en cuanto supe que me serías útil y ya veo que no me equivoqué. Supiste usar muy bien todos tus recursos, y gracias a ti todo se ha hecho tal y como lo había planeado.
La volvió a arrojar, pero ahora mucho más lejos de él y con más fuerza, levantándola por el aire y hondeándola como si se tratara de una vil muñeca de trapo. Robin se estrelló contra una pared en un impacto tremendo, y en seguida sintió un dolor agudo extendiéndose por todo su cuerpo.
-Me trajiste aquí, nada menos que al rey de la nación del Noreste y al príncipe heredero de la nación del Sureste. Siempre hiciste un buen trabajo, pero esto te salió mucho mejor de lo que yo hubiera esperado.
Ella como pudo, se separó un poco del suelo, y lo miró sinceramente confundida.
-No creerías que ese tramposo de Franky era tu único unluckie, estaba claro desde un principio que nunca iba a hacer su trabajo bien tratándose de ti. Eres la persona menos confiable que haya conocido en mi vida, pero he sabido cada uno de tus movimientos desde que saliste a tu primera misión. Sé quien te lleva, a donde vas. Sé de todas las veces que me has mentido y de todas las veces que has desobedecido deliberadamente mis órdenes.
Robin, en el suelo, sin haber recuperado el aire aún, comenzó a temblar.
-Y por supuesto también supe de la relación tan especial que desarrollaste…con estos. Cada detalle, ¿comprendes lo que quiero decir?
Robin se puso de pie con mucho trabajo. Las fuerzas la habían abandonado. Saber que su madre se había sacrificado por ella fue peor que saber que simplemente había muerto… y es que precisamente, había muerto por ella.
De pronto, toda voluntad, toda fuerza, todo instinto que la habían hecho soportar hasta ese momento se fueron por completo de su cuerpo. Dolía mucho, mucho.
Y sentir las miradas tras ella lo volvían peor. Había traicionado a tantas personas, había dañado tanto, y se había dañado tanto a si misma, ¿para nada? ¿Para un reino vuelto ruinas y cenizas? ¿Había desperdiciado el sacrificio tan grande que su madre había hecho por ella?
Si le hubieran preguntado, hubiera dicho que su interior se había vuelto un agujero negro, caótico, destructivo. Todo lo que podía pensar era en lastimarse, en morir.
-Haz lo que quieras ahora, no me importa demasiado- le dijo-por el momento lárgate de aquí.
Robin miró el cuchillo en su mano. No iba a matar a Crocodile con él.
Se dirigió a la puerta, ocultando los ojos bajo su fleco.
Consciente de que algo realmente grave sucedía con ella, Chopper trató de detenerla cuando pasó junto a ellos, pero ella huyó al contacto sin mirarlo, y sin decir nada.
-Ro…Robin- la llamó el renito realmente asustado pero ella no contestó a su llamado.
Zoro se quedó de pie donde estaba, y tampoco la miró.
En cuanto ella salió del lugar, Luffy dio un paso adelante.
-¿Aún quieres pelear? –Preguntó Crocodile, aún sonriente por su reciente pequeña victoria sobre Robin- Tú no eres rival para mí, chiquillo estúpido.
Luffy levantó su vista hacia él. El insulto no le importó demasiado.
-No me importa lo que digas, yo te venceré. No sé que historia tengas tú con Robin- agregó, decidido-, pero también haré esto por ella. No volverás a meterte con mis amigos ni con mi reino.
Crocodle volvió a reír. Luffy ladeó su cabeza hacia Zoro.
-Yo me encargaré de él. Tú ayuda a Robin.
-Pero…
-Y Chopper, ve con los demás y ayúdalos en lo que sea que esté pasando- siguió Luffy, sin escuchar la protesta de Zoro.
-Sí- y el médico salió de la sala en seguida. Zoro miró a Luffy, luego a Crocodile. Claro que quería matarlo…pero Luffy parecía más que dispuesto a hacerlo por si mismo. Si Zoro interfería, seguro recibiría una paliza por parte de él.
Además…Robin le necesitaba, como había dicho Brook.
Así que se dio la vuelta y salió de allí con rapidez a buscar a la mujer. Se fue por el único lugar por donde podía irse, las escaleras. Cuando llegó arriba, se encontró con Chopper.
-Se fue por ahí, corre. Creo que puede hacerse daño- y lo miró como si él fuera el único que pudiera detenerla. Zoro corrió en la dirección indicada.
¿Qué le iba a decir? No lo sabía, en esos momentos solo pensaba en que necesitaba detenerla, ya vería después qué pasaría…con los dos.
No pasó mucho tiempo antes de que la encontrara, parada a mitad del pasillo dándole la espalda. Aún traía ese extraño cuchillo en sus manos y lo sujetaba con exagerada fuerza. Todo su cuerpo estaba rígido, de la cabeza a los pies, pero la mano con la que sujetaba el cuchillo temblaba posiblemente debido a la fuerza que empleaba en su agarre. De la hoja plateada y afilada goteaba un líquido extraño, y Zoro no necesitó conocer el nombre para saber que era veneno.
-¿Qué haces aquí?- preguntó ella en voz baja, sin revelar absolutamente nada…ni dolor, ni duda, ni tristeza. Simplemente estaba vacía.
-Ya te lo dije muchas veces. No me iré de aquí sin ti.
Ella soltó una risa triste.
-No vale la pena…que te tomes alguna molestia por mí. No valgo nada.
-No puedes decir eso.
-La mejor persona para juzgarme soy yo. Solo sé que…mi existencia es un crimen. Le haría mejor al mundo que alguien como yo simplemente desapareciera.
-Claro que no- le dijo él firmemente- tú…
-He hecho cosas horribles…sirviéndole por años al hombre que mató a mi madre…yo…
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Chopper llegó a la cocina, solo para ver en el piso a Sanji. Éste había recibido, en el proceso de intentar ponerle las esposas, varios ataques de Mr. 1. Por suerte ninguna de sus heridas era de gravedad, eran algunos pocos cortes no muy profundos, pero a estas alturas estaba exhausto y no había conseguido hacerle daño alguno y por supuesto, tampoco había conseguido ponerle las esposas.
El primer impulso de Chopper fue ir a ayudarle, pero Sanji se lo impidió.
-Quédate donde estás, Chopper, es peligroso- le dijo, haciendo una seña. Al ver las esposas en las manos de Sanji, supo que tenía un plan, de modo que decidió obedecer y esperar.
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Luffy no dudó un momento antes de lanzarse al ataque una vez más contra Crocodile, pero este lo esquivaba con habilidad. Llegó un momento en que ni siquiera se molestó en eso. Con su poder simplemente hacía agujeros en la parte de su cuerpo donde los puños de Luffy trataban de impactar, y eso le parecía muy divertido al parecer porque no había dejado de reír.
Siguieron moviéndose alrededor de la habitación, Luffy siempre yendo tras él y Crocodile burlándose de él, de su inocencia, de sus amigos, y de ¿cómo se le ocurría que podría vencerlo?
A pesar de que se estaba divirtiendo mucho, no tenía demasiadas ganas de jugar. Así que después de un rato de estarlo tentando como a una graciosa mascota para pasar el rato, se decidió y atacó a Luffy con su garfio, alcanzando a hacerle un roce bastante fuerte en un brazo a pesar de que él había tratado de esquivarle. Un poco de la sangre de Luffy chorreó desde la herida y cayó sobre Crocodile. Sin embargo ninguno de los dos lo notó…hasta que Crocodile intentó evadir el siguiente ataque de Luffy.
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-Deja de hablar de ese modo- le dijo Zoro en tono de orden. Robin se quedó donde estaba y no dijo nada más- sé que estás pasando por un mal momento pero no es motivo para que pienses así- comenzó a acercarse con lentitud hacia ella…no quería que ella reaccionara mal. El cuchillo se veía peligroso- Dame…ese cuchillo. Y tranquilízate, no estás pensando con claridad.
Pero en cuanto sintió las manos de Zoro sobre sus hombros, Robin se separó bruscamente, sin permitir que la tocara más. Floreció unas manos en el piso y lo jaló hacia atrás.
-Ya te lo dije…- susurró- aléjate de mi.
-Robin yo…
-¡Déjame sola!- y lo jaló hacia atrás con más fuerza todavía, tirándolo al suelo. Zoro sintió al impactar algo muy extraño, como si recibiera un fuerte golpe en el estómago. De pronto se estaba quedando sin aire y su pecho se sentía pesado, le estaba costando mucho trabajo respirar correctamente. Entonces recordó en cuestión de segundos lo que Chopper le había dicho. Seguía débil después de la intoxicación, no se había recuperado por completo y en los últimos días no había dormido, comido ni descansado lo suficiente. Y había aguantado bastante bien pero…hasta para él era toda una exageración pasar días así, pero lo había hecho por una buena razón: por ella.
Francamente, trató de olvidarlo en el momento en que se percató de que ella parecía estar furiosa de nuevo.
Solo quería que se alejara de ella, como siempre. Pero ahora, en lugar de resistirse a él como siempre lo hacía solo para caer finalmente en sus brazos, de nuevo…ella comenzó a atacarlo, como las veces que entrenaron juntos. Lo peor era que de pronto pareció recobrar todas sus fuerzas, contrario a él que cada vez se sentía más débil.
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Luego de muchos intentos infructuosos y distintas acrobacias, Mr. 1 se estaba cansando definitivamente de Sanji y esa habilidad suya de esquivar cada uno de sus ataques y sus intentos por ponerle las esposas. En un momento de distracción, el rubio consiguió sujetarlo del cuello con sus piernas y hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerlo caer al piso, y una vez allí, esposarlo.
Mr.1 se quedó quieto un segundo. Pero frunció el ceño casi enseguida.
-Esto…no es kairoseki- dijo mientras miraba las esposas entre sus manos, pero antes de darles un jalón para romperlas, la voz de Sanji llamó su atención.
-¡Ussop, ahora!
Y no hubo mucho más. Una nube de humo llenó la habitación y Sanji salió disparado por la puerta. Nami salió tras él mientras Ussop atrapaba a un confundido y cansado Mr. 1 en una red que había encontrado el día anterior que de hecho, para desgracia del agente, sí era de kairoseki.
Corrieron por el pasillo.
-Por aquí, vamos- indicó Chopper-, pero Sanji… ¡estás herido!- observó justo después, alarmado pero sin dejar de correr.
-Estoy bien- contestó el rubio.
-¿Dónde están Luffy y Zoro?- preguntó Nami.
-Luffy…va a enfrentar al jefe de la organización, al tal Crocodile. Robin… parece ser que algo muy grave le sucedió pero no estoy seguro, estaba muy afectada, Zoro salió tras ella.
-Donde a ese marimo infeliz se le ocurra hacerle alguna grosería a mi preciosa Robin chwan…
-Estarán bien, Sanji kun, estoy segura- interfirió Nami.
Algo en su interior le decía que la noche del baile Zoro y Robin se habían visto. No tenía ninguna prueba que así lo dijera, pero, ¿porqué otra razón el príncipe se habría ausentado por tanto tiempo?
Además, por la manera en que se había estado comportando, creía tener suficientes bases para garantizar que el espadachín estaba enamorado, perdidamente y terriblemente enamorado de Robin. ¿Porqué? Su mirada se oscurecía cada vez que alguien la mencionaba, o parecía perderse en sus pensamientos si llegaba algún recuerdo sobre ella. Cuando él mismo había dicho algo sobre ella lo había hecho de maneras extrañas y en un par de ocasiones evidenciando "algo" raro, tristeza, decepción, despecho... El día del baile, ella se fijó en que él también había visto a la morena parada cerca de la puerta cuando tuvo que besar a Vivi, y cuando encontraron a Nojiko y a los demás en la base 3, ella lo había visto correr tras Robin y el tipo de pelo azul antes de que las vigas colapsaran.
Así pues, Nami sabía que Sanji estaba siendo injusto. Pero bueno, él no sabía toda la historia…y ella sí, o por lo menos, suficiente para comprender un poco lo que sucedía en ese lugar.
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Luffy no pudo evitar notar que el lugar donde su sangre había caído en el cuerpo de Crocodile no se desintegró cuando éste intentó evadir otro de sus ataques. Aunque el área era mínima, podría jurar que sí le provocó cierto daño al alcanzarle con su puño, lo cual le dio una pista de qué hacer para vencerle. Pero sabía que si quería lograrlo, tenía que actuar rápido, y diablos, tenía que pensar.
Su cerebro procesó más rápido de lo que él mismo hubiera esperado.
La arena, el poder de Crocodile, se compactaba con agua. Su sangre era líquida…bueno, tampoco era plan desangrarse para vencer a Crocodile pero…había hecho frío, niebla y llovizna por días. Incluso el lugar en el que estaban en ese momento no se salvaba de tener ciertos niveles de humedad.
Luffy frunció el ceño. En alguna parte debía haber una gotera, una ventana abierta o un charco en donde hacer caer a Crocodile. Tenía que ser…inteligente.
Probablemente de saber esto, los demás ya se habrían dado por muertos. Pero no era para tanto. Ya en el pasado había salido de peores, no era momento de ponerse pesimista. Y él nunca lo hacía, después de todo.
Pero volviendo a lo que era. Agua. Agua o… ¿Vino?
Nada mal para empezar.
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De no ser porque su rostro se veía sereno y perfectamente lúcido, cualquiera habría dicho que Robin había perdido la razón. Estaba atacando a Zoro con todas las técnicas que él le había conocido durante los entrenamientos y ahora lo golpeaba sin piedad, pero sobretodo, sin un atisbo de arrepentimiento…como si no estuviera completamente consciente de lo que hacía.
Y Zoro se esforzaba en esquivar algunos de sus ataques, y simplemente soportar otros, pero se negaba a tratar de hacerla reaccionar porque…porque al principio creyó que todo lo que necesitaba era desahogarse, y bueno, que lo hiciera si quería, a él no le molestaba, al contrario. Quería que ella lo tomara como su pared. Estaba dispuesto a aceptar cada golpe que viniera de ella si eso la hacía sentir mejor.
Sin embargo, de nuevo ese dolor en el pecho, esa sensación pesada que le robaba el aire, se hizo presente con mucha más fuerza que la vez anterior, solo minutos antes.
Cambio de planes, no estaba en esos momentos para servirle de costal a Robin. Que lo maldijera después todo lo que quisiera pero por el momento iba a detenerla. La detendría, la sacaría de allí y la haría entrar en razón… no necesariamente en ese orden. De lo único de lo que estaba seguro era que, de seguir así, él mismo no iba a soportar mucho más.
De modo que comenzó a defenderse de sus ataques, con el lado sin filo de sus espadas.
Y no, no era que fuera su ataque caótico o desorganizado. La mujer al contrario, a pesar de la inconsciencia que mostraba tener, generaba ataques tan buenos como si estuviera preparada desde siempre para ese combate. Y a él eso simplemente lo impulsó a seguir intentando hacerla volver. Que volviera a él. Que volviera a ser ella.
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Luffy procesó rápidamente lo que podía hacer. ¿Esos barriles estarían llenos? No perdía nada con probar.
Sin embargo se distrajo, y fue entonces que su vista se nubló bajo un vaho rojo que le impidió ver por unos momentos. El dolor que sintió en su estómago fue demasiado fuerte. No recordaba si en algún momento en su vida le había sucedido algo similar.
Cayó al suelo de rodillas.
-No lo haces tan mal para ser un cabeza hueca- comentó Crocodile, palpando un poco la parte de su pecho donde había recibido un golpe de Luffy. Se acercó a él, que seguía tratando de recuperarse del dolor que sentía en el abdomen, donde Crocodile le había clavado su garfio solo un par de minutos antes y lo había soltado con desprecio, provocando quizás que se abriera un poco más la herida debido al jalón que le dio al sacarle el garfio del cuerpo.
El joven rey miró su sangre cayendo debajo de él mientras apoyaba sus manos en le piso para levantarse, y tosía un poco de ese líquido que pocas veces en la vida había visto, no porque no pasara problemas seguido, sino porque ninguno solía llegar a tal gravedad.
Luffy sintió una furia enorme corriéndole por el cuerpo. Era como si su sangre, moviéndose con rapidez, e incluso las gotas que habían salido de su herida y habían caído en el piso, llevaran consigo una carga de fuego que abrazaban por dentro y le quemaban las venas poco a poco. Sintió tanto odio hacia ese hombre…
Sí, era odio. Nunca podría decir que realmente odiaba a alguien, pero si tuviera que hacerlo, en ese momento hubiera podido decirlo; odiaba a Crocodile con cada fibra de su gomoso ser.
Y nunca supo realmente qué era lo que había desatado ese sentimiento, impropio en él. No supo si fue por su reino, o si fue por sus amigos. No supo si había sido por Nami…o quizás por lo que recién sabía de Robin. Todo lo que alcanzaba a comprender era que esa risa cínica- que desde el primer momento encontró desagradable- no tenía permitido, al menos por su parte, seguir sobre la faz de la tierra con semejante tranquilidad.
De modo que se olvidó de la herida que tenía en su estómago. Al diablo.
Decidió que no era tan poco común y que había tenido peores. Siempre sanaba. Siempre se levantaba y siempre volvía a sonreír.
Crocodile no le iba a quitar eso. No iba a interferir en su vida de ese modo.
Puede que no fuera el rey más listo, que fuera demasiado joven, y quizás era cierto lo que decían todos y él era muy confiado e inocente pero había algo que era verdad y que nadie podía negar.
El siempre peleaba con el corazón hasta el final. Hasta las últimas consecuencias, y pasando su bienestar siempre a segundo plano.
Y ya lo tenía decidido. Ni siquiera se molestó en contradecirlo, porque sabía que era verdad. Era un cabeza hueca. Pero era el cabeza hueca que iba a derrotarlo.
Crocodile se había parado justo donde Luffy lo quería; frente a los enormes barriles de ese vino que tanto le gustaba.
Luffy se puso de pie, tratando de concentrar toda su fuerza, su furia y sus sentidos en su siguiente ataque. Una apuesta, porque ni siquiera sabía si estaban llenos, o si el contenido en ellos era el necesario para sus propósitos. Probablemente estaba firmando su sentencia de muerte…podría ser.
-¡Gatling-gun!- gritó mientras sus brazos iban y venían como balazos, como era de esperarse, sin tocar siquiera a Crocodile, quien en medio del ataque comenzó a reír como poseso.
-¿Qué esperas lograr con esto, mocoso patético?- terminó de preguntar justo cuando el último golpe fue lanzado. Y el efecto retardado produjo una especie de corriente de aire que le heló hasta el alma al toparse entonces con la mirada del moreno.
Atrás de él, los barriles crujieron medio segundo antes de explotar y bañarlos a ambos del vino, por un momento perdidos en la ola, en su aroma y en su sabor.
Segundos. Tras los cuales ambos, empapados, respiraron otra vez. Segundos que se sintieron horas.
Luffy miró a Crocodile con el ceño fruncido y se acercó lentamente. El hombre extendió su brazo, intentando generar algún ataque, pero se encontraba empapado de la cabeza a los pies. Su cuerpo se sentía apelmazado, como un terrón unido firmemente con agua.
No tuvo tiempo de procesarlo cuando de pronto un puño le dio en la cara y lo tiró al suelo. Para cuando pudo recuperarse, recibió otro sin poderse defender. Y otro. Y otro. No supo cuando perdió…pero supo que dolió. Mucho, demasiado.
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Zoro esquivó un golpe que iba directo a su cara dando un salto hacia atrás, y bloqueó una mano golpeándola con su espada. No bajó su guardia. Pero ella lo hizo.
Por un momento se sintió aliviado, pero supo en seguida que no tenía motivos para ello. Robin seguía mirándolo, ahora, con odio.
En cuanto se dio cuenta de ello, él supo que algo adentro se había roto. Algo iba a suceder. Algo iba a terminar.
Y tuvo miedo.
-Usa tus espadas. Como se debe- le dijo ella entonces, con fría determinación, era la primera vez en un buen rato que le dirigía la palabra- No hay otra manera de acabar con esto. O muero o mueres. Se terminó.
Zoro supo que eso era lo que pasaría, así que lo aceptó pues no quedaba otra alternativa. Cambió la forma en que sujetaba sus espadas…mostrándole a Robin que pelearía en serio.
Si eso quería, que así fuera.
Y ya no se detuvo, como ella tampoco lo hizo. Algunos de sus golpes eran tan certeros, que él tenía dificultades para enfocar la vista y continuar, pero tampoco tuvo ningún problema en hacerle varios cortes. En todo el hermoso cuerpo de la mujer comenzaron a extenderse finas líneas rojas. Algunas incluso goteaban.
Zoro sintió un escalofrío al descubrir cuanto deseaba realmente esa piel.
Pero no tenía tiempo de pensarlo, pues de pronto otro ataque de ella lo sacó de su centro.
Cayó al suelo y cientos de brazos- o eso le pareció a él- comenzaron a golpearlo con inesperada fuerza, dejándolo más debilitado de lo que estaba.
Sin embargo, ella lo dejaba reponerse, le daba tiempo para respirar.
Maldición, ¿qué era lo que quería? ¿Realmente quería terminar con ese asunto así? De ser el caso, ¿por qué no le mataba de una vez? ¿Porqué no le daba el golpe de gracia? ¿Porqué lo esperaba?
Zoro se puso de pie…y de pronto, lo volvió a sentir.
Ese peso sobre su pecho, ese dolor agudo en el estómago…ese estropicio en su cabeza, ese hormigueo en la sangre, ese sudor que bajaba por sus sienes, helándolo...
La certeza de que algo en él estaba mal, los últimos resquicios de su descuido y su irresponsabilidad.
El siguiente golpe que le propinó Robin fue demoledor. No podía más. Se dobló sobre si mismo, hasta casi llegar al suelo.
No, no podía. Lo decidió.
Se iría sobre ella. Pero no para atacar…o más bien, para atacar de un modo distinto. La dominaría contra el suelo y la haría entrar en razón, domándola como la fiera que era. La mantendría en sus brazos hasta el momento en que se calmara y se rindiera, como lo había hecho cada vez que habían estado juntos.
Al menos, eso si el dolor en su estómago no quería decir que realmente se estaba muriendo esta vez.
De modo que se levantó con dificultad ante esa mirada que no se retiraba de él. Percibió en sus ojos el dolor tan grande que sentía, y se preguntó qué tan culpable era él de todo aquello.
Juntó todo el aire que quedaba en sus pulmones y la fuerza que quedaba en sus brazos…y se fue encima de ella de un momento a otro, sin dejarla pensar.
La sujetó de los brazos, enredó sus piernas con las de ella y hundió la cara en su cuello. El movimiento tan brusco los tiró a ambos al piso, él sobre ella.
Sin embargo no salió como él lo había planeado. El instinto de Robin había sido defenderse.
Y aún tenía el cuchillo en sus manos.
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Robin miraba al techo lleno de grietas de lo que había sido su hogar, su castillo. Cayó en cuenta de lo que había sucedido casi en seguida, pero tardó, tardó muchísimo en procesarlo, o al menos, ella lo sintió como si hubieran pasado horas. Lo cierto es que todo aquello la sacó del estado hipnótico en el que parecía haber estado antes. Soltó la empuñadura y levantó la mano frente a sus ojos. Sus pupilas se dilataron al encontrar las gotas de sangre mezcladas con veneno, corriendo por sus dedos.
El cuerpo que permanecía sobre ella, impidiéndole moverse, estaba de hecho completamente inmóvil. Su otra mano, la limpia, la que no se había manchado de sangre, también se levantó, saliendo de entre sus cuerpos, donde había quedado atrapada. La llevó a la cabeza que estaba recargada en su cuello y su hombro, y tocó sus cabellos verdes mientras un estremecimiento le contraía el estómago.
-E…espadachín san- fue todo lo que pudo formular en voz realmente baja, sin atreverse a mirar más que una de las grietas del techo, donde había concentrado toda su atención-, Espadachín-san…- dijo, en voz un poco más alta, con su respiración ahora difícil y entrecortada-, Zoro- y su voz ahora era más fuerte, pero comenzaba a temblar debido a la conmoción-, Zoro- exclamó ahora sujetando sus hombros, zarandeándolo- ¡Zoro!- y su grito resonó por el pasillo mientras trataba de hacerlo reaccionar- ¡Zoro! ¡Zoro!
Se lo quitó de encima, sin cuidado debido a los nervios, y se incorporo a su lado. Los ojos abiertos de Zoro, así como su boca se movían un poco, indicando que seguía con vida, pero evidenciando el dolor que debía estar sintiendo en esos momentos.
La mano de Robin tembló descontrolada cuando se acercó a quitarle el cuchillo del cuerpo. Los ojos de Zoro siguieron la mano hasta que ella tomó la empuñadura y lo sacó despacio, cerrando sus ojos. Cuando el filo salió por completo, la mano grande y cálida de Zoro sujetaba la suya. Ella dejó el cuchillo en el suelo y regresó su mano a su pecho, sin que él la soltara. La miraba, pero no decía nada. Su respiración era irregular y difícil. Trató de decirle algo.
-Shhh, descansa- pidió tratando de guardar la calma- descansa…
Le levantó la cabeza y lo acomodó en su regazo con cuidado. Miró la herida, el veneno. Miró el cuchillo en el suelo, a lado de ella.
-Zoro…Zoro…yo…perdona…perdóname… perdóname, por favor…
Y acercó su rostro hasta que quedó tan cerca de él que podía percibir el aire que salía de su nariz al respirar.
-¡Robin!- escuchó las voces tras ella, acercándose por el pasillo. Y del otro lado también.
-¡Nico Robin!- por un lado, Franky. Por otro lado, Ussop, Sanji, Nami y Chopper.
El aspecto desvalido, derrotado y devastado de la mujer dejaron ver lo que estaba pasando.
-El veneno- dijo Franky, al reconocer en seguida el cuchillo y la cosa azul y negra que salía un poco de la herida que Zoro tenía en el pecho. Lo conocía, claro, era su trabajo.
-¿Veneno?- preguntó Chopper acercándose a él.
-¿Qué ha ocurrido?- preguntó Sanji acercándose también. Nami y Ussop hicieron lo propio.
-Zoro…y yo…- Robin levantó su vista hacia Franky, totalmente desorientada y asustada. Franky encontró entonces a la niña que años antes había protegido de la maldad de Crocodile. Nunca la había vuelto a ver así. Eso lo alarmó aun más.
-Robin…- Chopper había hecho una revisión rápida de Zoro, de sus escasos signos vitales y ahora, del color, el aroma y la consistencia del veneno contenido en el cuchillo- tranquilízate. Creo conocer este veneno… puedo hacer un antídoto.
-Pero…Crocodile dijo…
-Ahora no importa- decidió Franky acercándose a Chopper- dime reno, ¿Sabes lo que haces?
-Soy un buen médico- indicó él con convicción- sé lo que hago.
-Bien, arriba hay un laboratorio. Dime lo que necesitas y te lo traeré.
Chopper tomó su mochila y escribió en un papel el nombre de muchas sustancias que entregó a Franky.
-Tráeme todo lo que tenga estas palabras en alguna parte. Me da igual si es el ingrediente puro o si lo encuentras ya en alguna medicina, tráemelo y no tardes.
Franky tomó el papel y asintió.
-¡Te acompaño!- decidió Ussop y salió tras él.
Chopper rebuscó entre sus cosas y sacó un frasco. Lo acercó a la boca de Zoro y lo hizo beber. Algunas gotas resbalaron por su barbilla. La expresión del espadachín no cambió.
-Disminuirá el dolor. Lo hará soportable- explicó- al menos por un rato más.
La expresión de duda, confusión y dolor en el rostro de Robin eran devastadores para Chopper. La había llegado a querer tanto en tan poco tiempo….
-Sé de venenos- continuó, mientras sacaba más cosas de su mochila, intentando tranquilizarla un poco- sé el dolor que pueden provocar. Haré mi mejor esfuerzo- y la miró a los ojos, tratando de transmitirle algo de confianza.
Sanji, por su parte, no sabía como interpretar a Robin….su expresión, y sus brazos rodeando con ternura la cabeza del marimo…una de sus manos fuertemente sujeta por una mano de él…
Finalmente lo tuvo que aceptar. Lo había tenido frente a sus narices por demasiado tiempo y no había querido verlo… pero estaba bien ahora. Lo podía soportar. Se acercó y se hincó a su lado.
-Es el marimo- dijo, fingiendo indiferencia- saldrá de esta. Siempre lo hace, te lo juro.
Nami se inclinó a lado de Chopper.
-¿Necesitas ayuda?
-Limpia la herida, por favor- indicó pasándole un algodón mojado en antiséptico.
Nami lo hizo con el mayor cuidado.
-Robin…mantén a Zoro despierto- la próxima vez que cerrara los ojos, nada garantizaba que los fuera a abrir de nuevo. No lo dijo pero lo pensó. Ojala el tipo de pelo azul se diera algo de prisa.
Robin miró al médico, pensando en qué podía hacer hasta que la idea vino a su cabeza. Apretó la mano de Zoro y éste tuvo que voltear a verla. Ella respiró profundo y se decidió. Se acercó de nuevo a él, y no sin grandes nervios, susurró algo en su oído, que nadie oyó, más que él. Ese algo fue suficiente para que Zoro abriera sus ojos de una manera extraña, y la mirara insistentemente, como pidiendo una explicación que ella decidió no darle.
Simplemente no dejaron de mirarse mientras Chopper seguía revisándolo.
Al poco rato, Franky y Ussop volvieron con las cosas que Chopper había encargado. El médico revisó todas y cada una de ellas, y con sus instrumentos midió cantidades precisas que fue mezclando poco a poco, al tiempo que hacía anotaciones en una libreta.
De pronto, Zoro comenzó a quejarse mientas se retorcía, sin dejar de sujetar la mano de Robin. Con la otra buscaba infructuosamente tomar sus espadas, que Sanji tomó y le quitó de alcance. Robin por su parte, no sabía qué hacer.
-No lo dejes hacerse daño, Robin- pidió Chopper- no puedo darle más tranquilizantes, podría matarlo. Hay muchas cosas que tengo que tomar en cuenta para hacer el antídoto, él seguía mal por lo de la intoxicación.
Y Robin recordó las noches en que los quejidos de Zoro penetraban hasta su habitación, donde la fiebre le impedía tener un buen sueño y ella no podía hacer nada por ayudarle salvo lo que el médico le había indicado, y esperar a que se calmara…
No quería pasar por esto de nuevo y ahora estaba allí…ahora estaba allí y ella era la culpable.
Chopper, ante las miradas expectantes, terminó el antídoto. Se acercó a él y lo miró mientras pasaba saliva.
-Es lo mejor que puedo hacer- informó, más eso sonó a una justificación, una advertencia. Robin levantó la mirada hacia él, lo mismo que Zoro, quien a pesar de que el dolor y el cansancio no lo dejaban ni pronunciar una simple palabra, cooperó tomándose el antídoto, hasta la ultima gota, sin chistar.
Dejó de sudar. Dejó de temblar.
Pero poco a poco también, la mano grande que sujetaba la de Robin se fue soltando, perdiendo fuerza.
-Zoro…- murmuró ella al percatarse de eso- Zoro…
Sus ojos se iban cerrando aunque ella lo volvió a zarandear, aunque volvió a apretar su mano, aunque volvió a llamar su nombre en voz cada vez más alta.
Y sus ojos siguieron cerrándose, hasta que lo hicieron por completo.
Nami se cubrió la boca con las manos. Sanji había quedado totalmente inmóvil, lo mismo que todos los demás. Chopper estaba a punto de echarse a llorar.
Robin abrazó a Zoro con mayor fuerza.
No podía ser. No podía terminar así.
Digamos que en ese segundo, todo lo que ella era, todo lo que sabía, todo lo que aparentaba, lo que deseaba y hasta lo que pensaba, dejó de importar. Dejó de importarle estar frente a todos. Dejó de importarle la princesa que aguardaba por él en casa, dejó de importarle las reglas y el bienestar de los reinos.
Dejó de importarle su propio dolor.
Ahí, sin importarle ya nada, Robin se inclinó sobre él. Con el corazón ya casi completamente vacío, Robin sujetó a Zoro de la barbilla y los papeles se invirtieron.
Ahí, en esos instantes, ella fue quien lo besó.
Continuará….
Nee… que no sé como me salió esto.
Nunca estoy satisfecha con situaciones como las peleas, y creo que eso fue con lo que más me tardé en esta ocasión.
Lo de Luffy y Crocodile era de esperarse, pero para ser sincera, siempre quise una pelea entre Robin y Zoro. ¿Eso no debió suceder en Arabastra? Para mí, Zoro no debió pelear contra Mr.1 sino contra Robin. Sé que Mr.1 corresponde a Zoro en algún modo (espadas y eso) pero siendo justos, Robin era la segunda más fuerte de Baroque Works, así que le correspondía a ella, ¿No? ¿Soy la única loca?
Para ser sincera, Crocodile es uno de mis villanos favoritos de One Piece. Aunque no lo parezca, jeje.
En otros anuncios, lo más probable es que el siguiente sea el último capítulo de este fic. Wow, que raro se siente escribir eso.
Y finalmente pero no menos importante, igual que antes, perdón por no haber contestado a los reviews, pero era eso o terminar de escribir este capítulo, ¿qué opinan? xD
Así que ya que no pude hacerlo en persona, aquí voy. Muchas gracias por leer y por sus reviews a todos ustedes: LaylaIntegra, Argin Heart, Fatima-swan, NikoRobbin, Zorro Junior, Usako92, kiaraykobu, Loveless-girl-01 y Loen…
A Zu Robin Kato y Laugerid, como la otra vez, les prometo que pasaré a leer sus fics cuando pueda. Como han visto, he estado muy ocupada, pero eso no quiere decir que me olvide de ustedes. Muchas gracias por seguir al pendiente del fic y por no dejarme sola, y eso va para todos.
Los quiero :')
Nos leemos pronto
Aoshika October
