POR SI LAS DUDAS, NO SOY RUBIA NI MULTIMILLONARIA, NI MUCHO MENOS ESCRIBO LIBROS INFANTILES, PERO CREO QUE ES BUENO RECORDARLES QUE ESTO PERTENECE A JK, LA MEJOR.
MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS QUE RECIBÍ, LO AMÉ MUCHO A TODOS. Y PARA QUIEN DIJO QUE LA HISTORIA TENÍA MUCHO DRACO, QUIERO ACLARAR QUE HARRY VIENE, PORQUE ESTA HISTORIA ES DEFINITIVAMENTE HANNY.
— ¿Qué has hecho, que? – exclamó Hermione impresionada
—Renté una casa en Inglaterra – Ginny estaba guardando sus maletas, Hermione la vio impresionada, su amiga trató de hablar pero Ginny continuó hablando – no tienes porque intervenir en nada, soy mayor, aparte estoy harta de toda esta situación, en lugar de verme de esa forma, deberías de premiarme por tratar de alejarme de Draco, acaso ¿no es lo que querías?
Ginny trato de cerrar su maleta abultada sentándose arriba de esta, Hermione le miraba impresionada todavía mientras le parecía increíble que su amiga hubiese tenido seguido su consejo de alejarse de Draco Malfoy después de tanto tiempo de completa devoción para el rubio.
—No te quedes ahí parada y agita la varita ¿Qué no ves que no puedo cerrar la maldita maleta? – dijo Ginny entre esfuerzos colorada. Hermione simplemente sonrió para la pelirroja y se dispuso a ayudarla.
—No pensé que te tomarías mi consejo tan a pecho – comentó la castaña.
—No te entiendo Hermione. – Soltó Ginny luego de que hubiesen pasado cinco minutos de trabajo en silencio - Primero me aconsejas que me relaje, que salga a vacacionar y ahora me miras como si estuviese loca por lo que hice.
—No creo que esté mal lo que hiciste, es solo que me parece sorprendente que me hicieras caso. Últimamente hacías todo lo contrario de lo que te decía. –Ginny golpeó el hombro a su cuñada bromeando – Me alegro que estés tomando esta decisión, aunque me tomó por sorpresa, fue muy repentino.
—Listo – exclamó exhausta Ginny sentándose en la cama mirando a su amiga. Hermione la imitó
— ¿Segura que arreglaste todo? ¿Hablaste con el ministro, llevas ropa interior, cepillo de dientes, pociones anticonceptivas…?
— ¡HERMIONE! ¿tu crees que voy a tener relaciones con todos los ingleses que me encuentre en el camino? – Dijo indignada la pelirroja, aunque no dejó que su cuñada respondiera – No me respondas a eso, ya sé que mis últimas acciones te harían pensar eso, pero ahora será diferente.
—Bueno, una nunca sabe lo que ocurrirá. En fin, ¿arreglaste todo con el ministro?
—Ya te dije que si Hermione. ¿A qué hora le dijiste a mi hermano que viniera por nosotras? – preguntó impaciente.
—Debe estar por llegar linda, tranquila.
De pronto, al cabo de unos minutos, unos golpes rítmicos en la puerta de la casa de Ginny sacaron a las mujeres de la entretenida conversación que sostenían.
— ¡Es Ron! ¡Vamos Hermione!
Con rapidez se levantó, tomó su maleta y su bolso y empujó a Hermione, apresurándola a salir.
Era tiempo de hacer cosas nuevas y de primeras veces. Esta era la primera vez que Ginny salía de su casa a vacacionar sola, la primera que viajaba al extranjero sin que estuviese el trabajo de por medio y la primera vez que volaría en avión. No sabía el por qué de haber utilizado el avión como medio de transporte, siendo que podía haber viajado con un traslador, aparecerse o incluso, usar polvos flu, pero ya que estaba haciendo algo alocado acompañaría toda esta travesía haciendo cosas que nunca había hecho antes.
El camino al aeropuerto fue en silencio, solo miradas acompañadas de preocupación por parte de Ron e ilusión por parte de Ginny. Estaba nerviosa, pero las ganas por conocer algo nuevo eran mayores a cualquier otro sentimiento.
— ¡Vamos Ron! ¡Toma mi maleta! – gritó Ginny cuando bajó del auto. Parecía una pequeña niña apurando al padre por llevarla al parque de diversiones – Hermione acompáñame. Debes ayudarme con esos muggles y sus complejos sistemas para aviones.
La pareja compartió una mirada. Ron vio alejarse a Hermione con su hermana y sonrió.
—Su vuelo sale en media hora señorita – dijo la morena señora que atendió a Ginny, quien con amabilidad agradeció y se acercó hasta donde esperaban Ron y Hermione.
—Debes saber Ginny, que cualquier cosa que te ocurra, nos dices y con Hermione partimos hacia Inglaterra – comentó Ron mientras despedía a su hermana – Pórtate bien.
—Tranquilo Ron. Eres peor que mamá. – comentó un tanto molesta. – Y tu querida cuñada ¿no me dirás nada?
—Ya te lo he dicho todo.
— ¡Ginny! ¡Ginny! ¡Oh, gracias al cielo que aun estás aquí!
Una mujer regordeta y pelirroja venía corriendo a la máxima velocidad que sus piernas le permitían, jadeando se acercaba más y más. Se veía preocupada y cansada y venía seguida de cerca por un hombre igual de pelirrojo que la ella.
Ginny se veía preocupada, temía que sus planes por viajar fuesen saboteados por la llegada de sus padres. Miró a su hermano exasperada.
— ¡Ron! ¿Tú les dijiste que me iba? – taladraba a su hermano con la mirada
—Bueno y qué esperabas… ¡Son tus padres Ginny! – Comentó Hermione mientras escondía tras su cuerpo a Ron ante el temor de que su hermana le mandara uno de sus temidos moco-murciélago.
En aquel preciso momento en que los señores Weasley, jadeantes ante el esfuerzo alcanzaron a los jóvenes.
— ¡Oh, cielo! Pensé que no alcanzaríamos a llegar para despedirte – la mujer tomó las manos de la pelirroja mientras la miraba con preocupación.
—Entonces ¿no quieren que me quede? ¿No me dirán nada porque me voy? – los ojos de la pelirroja menor pasaban de su padre a su madre y viceversa.
—Eres mayor de edad Ginny, puedes hacer lo que quieras. – comentó el señor Weasley.
—Pero claro que nos preocupamos por ti y nos gustaría que te quedarás – complementó la idea de su esposo la señora Weasley. – Sabemos que necesitas de estas vacaciones.
La mirada de ambos padres repleta de preocupación, tenían además un sentimiento de comprensión que sorprendió a Ginny, quien con una sonrisa abrazó a su madre.
— ¡Gracias al cielo Ron nos avisó a tiempo!
—El vuelo 702 a Londres prepárese para abordar el avión por puerta 14. El vuelo 702 a Londres prepárese para abordar el avión por puerta 14 – habló una voz femenina por los parlantes.
—Ese es mi vuelo. – Comentó un tanto apenada por la despedida con sus padres. Los besó y abrazó a ambos - Adiós chicos, los quiero mucho – Ginny abrazó a su hermano y cuñada. – Los veré el próximo año.
Y así fue como se distanció solitaria la mujer pelirroja por el aeropuerto, con sueños y anhelos cargados en su maleta, dejando, o al menos haciendo el intento, las cadenas y malos recuerdos que la ataban y mantenían prisionera de un amor que no es amor y que hace daño. De vez en cuando desviaba su mirada sobre su hombro para observar a las cuatro personas que se quedaban en Estados Unidos, pero la volvía rápidamente a frente.
— ¿Qué va a pedir para almorzar señorita?- la azafata del avión, una señorita alta de ojos claros y pelo rubio, la saco del ensismamiento en que se encontraba. Pestaño un par de veces y la miro fijamente - ¿Qué va a pedir señorita?- volvió a preguntar la mujer de traje
Le gustaba esa sensación de volar tan alto, de llegar a un lugar donde nunca jamás pudo hacerlo con la escoba, esa sensación de poder tocar las nubes con los dedos. De pequeña siempre soñó subirse a una nube para poder viajar por el mundo, conociendo lugares, personas y sobre todo conociendo las estrellas, bailando con ellas, haciendo rondas y cantando alegres canciones. Se sentía poderosa y grande, con el solo hecho de sentir el mundo a sus pies, ver los verdes prados disminuidos en manchas verdes y ese amplio y tranquilo mar que baña las costas como una gran masa azul.
El viaje en avión le estaba pareciendo muy entretenido, sobre todo la gente que viajaba en él y el personal que estaba encargado de que todo fuese grato. Hace un momento se había divertido de sobremanera el cuando la azafata le había preguntado sobre el almuerzo que deseaba. La verdad es que el aire altivo que inspiraba aquella mujer le había provocado unas ganas irremediables de fastidiarla. Se acordó de sus hermanos, Fred y George, los gemelos quienes le habían enseñado buenos trucos para molestar a la gente. De ese modo cuando la rubia comenzó a impacientarse ante la indecisión de Ginny sobre que elegir para comer y al observar como una vena sobresaliente en la frente de la mujer amenazaba con explotar, ella la dejó ir, refunfuñando exasperada, pero tranquila por alejarse de la pelirroja quien tanta frustración le había provocado. Una vez se hubo ido la azafata, Ginny, comenzó a reírse a mandíbula batiente. Había comenzado su viaje de la mejor manera que pudo haberse imaginado.
La noche anterior pasó mucho tiempo charlando con Lily, la mujer inglesa, de algún u otro modo, en cierto momento del que no se habían percatado, habían comenzado a conversar y compartir ideas de tantas cosas que se le fue la mayor parte de lo que quedaba de noche. Al darse cuenta de aquello, Ginny, quien tenía que ir a armar su maleta para partir de viaje, se despidió presurosa de Lily.
Tenía tanto por hacer y tan poco tiempo que no veía modo de hacer todo. Este pensamiento comenzó a afligirla. Caminaba de un lugar a otro, intentando, en su mente, organizar sus quehaceres. Cayó rendida en la cómoda silla de la oficina de Hermione y exhausta cerró los ojos masajeándose las sienes. Lo primero que debía hacer era partir por el principio y eso era dejarle una nota a Hermione, explicándole levemente que había ocurrido, diciéndole además que partiría a Londres en unas horas y que requeriría de ayuda para ordenar sus maletas. Sin perder tiempo se encaminó a la chimenea y se largó a su hogar.
Le dolía estar ahí, más que nada porque todo le traía algún recuerdo doloroso en donde Draco era el protagonista de la historia, sabía que lo que estaba haciendo la haría sentir mejor, pero por el momento no quería arriesgarse a sufrir por nada ni nadie y a pesar de que sentía que quería mucho a Draco su corazón no era capaz de derramar ninguna lagrima por aquel hombre y no sabía el por qué. Casi ni pego un ojo en toda la noche por lo ansiosa que se encontraba en esos minutos y ahora estaba sentada en un avión rumbo a cumplir sus sueños, a dejar el pasado atrás e intentar olvidar al hombre que la hizo sufrir.
Su almuerzo llegó en una cantidad de minutos que Ginny consideró exagerado, seguramente la chica rubia estaba planeando venganza en su contra por todas las molestias que le había causado, a pesar de eso disfrutó de su comida mientras pensaba que todo el papeleo que tuvo que realizar aquella mañana había valido la pena.
Había llegado aproximadamente a la una de la madrugada desde la casa de Hermione a la suya, tiempo durante el cual había intentado dormir. Se había recostado con la esperanza de que el sueño aplacara la impaciencia y emoción, sin obtener un resultado exitoso, por lo que aproximadamente a las seis, cuando el sol comenzaba a salir detrás de las montañas y pequeños rayos dorados alumbraban la habitación, se levantó para tomar una ducha. Esta ducha era muy distinta a la que el día anterior había tomado. Ayer no creía poder encontrar solución a sus problemas, ahora junto a los rayos dorados que entraban en su habitación se había filtrado un destello de felicidad y de esperanza.
Cuando por fin salió del baño, ya limpia y vestida, se dio cuenta que el sol había salido del todo e iluminaba completamente su habitación. Ahora debía arreglar todo en su trabajo, por lo que presurosa se dirigió a la chimenea de su casa, tomó un puñado de polvos flu y al instante se encontraba en el ministerio de magia. En momentos como ese le hubiese gustado haber sido más cercana a Jacob Carter, el jefe, ya que solo con una llamada hubiese arreglado todo, en cambio debía dirigirse a su oficina y rogarle a todos los santos que su superior le otorgarse el gran y anhelado permiso para sus vacaciones. No había sido sencillo, pero gracias a su esfuerzo de años, lo había logrado, solo tuvo que comprometerse a estar de vuelta para cuando asumiera el nuevo jefe de Aurores, y eso quería decir que sería el tres de enero.
Luego de eso, la chica de ojos castaños corrió rumbo a su casa, para juntarse con Hermione quien la ayudaría a organizar y ordenar las cosas que necesitaría llevar en la maleta. Requería apresurarse en llegar al aeropuerto ya que había olvidado el insignificante detalle de comprar el pasaje. Debió ser el destino, mucha suerte o quizás algún ángel de la guarda que la quiere mucho, porque al llegar a comprar el pasaje de avión para irse a Inglaterra, encontró justo un espacio disponible en primera clase.
— ¿Le retiro su plato señora?- la azafata rubia había vuelto a aparecer.
—Señorita querida, soy señorita- corrigió dolida Ginny mientras lograba vislumbrar una sonrisa de satisfacción en el rostro de la rubia- pero, si. Quiero que retire mi plato.
La azafata se retiró cuando se escuchó la voz del capitán anunciando la pronta llegada a su destino. Ginny se revolvió en su asiento, ansiosa y miró por última vez por la ventanilla, todo lo que veía le gustaba.
— ¡Adiós Estados Unidos! ¡Bienvenida Inglaterra! - gritó una vez hubo tocado tierra, provocando que todos los que venían con ella la mirasen como si estuviese loca, pero a ella no le importaba, era nueva en un lugar en donde nadie la conocía. Buscó los anteojos de sol en su bolso y con decisión y paso seguro caminó por la baldosa del aeropuerto, contoneando sus caderas y mostrando su hermosa figura cubierta con un vestido ceñido al cuerpo, rojo y que dejaba ver sus firmes piernas.
— ¡Taxi!- gritó cuando salió a la calle.
Siempre había querido gritar eso, como en la serie de televisión que había visto en casa de Hermione, donde la chica que era la protagonista pedía un taxi a gritos apenas salía a la calle, escapando de su novio que la venía persiguiendo. El aire helado de la ciudad choco con su pálido rostro, con prisa se puso encima el abrigo que llevaba colgado en su bolso, para así protegerse del gélido aire. Debió de haber planeado mejor su vestimenta tomando en cuenta que en Londres estarían en invierno.
— ¿Adonde la llevo señorita?
El chofer del taxi había demorado un poco en recogerla, pero al final lo importante es que había llegado. Había tomado su equipaje y lo subió a la porta maletas, inmediatamente dejándola entrar al interior del vehículo.
— Voy hacia el oeste, cerca de Los Peninos, al valle de Godric ¿Sabe cómo llegar allá?
—Pues conozco Los Peninos, solo sé que queda un tanto lejos y deberá indicarme usted el lugar exacto. Esto le saldrá una cantidad grande de dinero.
—Usted cumpla con llevarme a donde le pido, yo le pagaré- comentó tranquila Ginny con una sonrisa en la cara.
A medida que avanzaba atreves de las calles se convencía plenamente que su decisión había sido la correcta, donde quiera que posaba su vista se encantaba con las maravillas que le ofrecía el viejo Londres, cubierta de nieve por doquier.
A la media hora de camino, los paisajes comenzaron a cambiar, ya no era todo gris producto de los edificios, sino que de apoco el verde comenzó a tomar protagonismo, ganando una batalla entre lo urbano y lo rural. Su teléfono móvil comenzó a sonar.
— ¿Diga?
—Hola Ginny, soy Lily- comentó la voz del otro lado del teléfono
— ¡Lily, hola! ¿Qué pasó?
— ¿Ya vienes en camino? Con mi esposo estamos esperando que llegues hasta acá para nosotros irnos. Queremos entregarte las llaves en tus manos.
—Oh! Es eso… Si ya voy en camino, no desesperes. Nos vemos en unos momentos.
Tal como lo había dicho, los minutos pasaron y a lo lejos pudo distinguir un gran cartel con letras que anunciaban la llegada a Los Peninos y posteriormente, gracias a las indicaciones que Lily le había dado a Ginny el día anterior, encontraron el Valle de Godric. Pidió al taxista que la dejara a la entrada del pueblo, desde ese lugar ella quería caminar hasta el hogar de Lily.
Era un camino nevado, en donde a ambos costados habían casitas adornadas con cosas navideñas, los faroles, que si bien aun no se encendían, la guiaron hacia el centro del pueblo. En medio de la plaza había un gran árbol de Navidad, rodeado de luces de colores y que se movían un tanto con el viento. Pero había algo más que le llamaba la atención a Ginny, algo grande que hubiese pasado desapercibido por sus ojos si hubiese sido un poco más despistada.
Era un monumento, así que se acercó más para observarlo con mayor detenimiento. Hubo caminado un par de pasos y pudo distinguir que era un monumento a los caídos en la guerra, pero cuando ya estuvo a los pies de éste se dio cuenta que el obelisco repleto de nombres había cambiado y tomaba la forma de una escultura de tres personas, un hombre, una mujer y un niño. El hombre era alto y usaba gafas, la mujer poseía un rostro hermoso y una melena que le llegaba a los hombros y el bebé estaba sentado sobre las piernas de su madre. Obviamente solo lo podían ver los hechiceros y brujas. Se quedó unos minutos observando a las personas. Debieron haber hecho algo muy grande e importante para tener un monumento en su honor y así se encontraba pensando en ellos hasta que por fin decidió continuar su camino. No sabía cómo encontrar la casa, por lo que preguntó a un hombre que se encontraba paseando por el lugar, él le indicó la ruta que debía seguir.
La casa era tal cual la había visto en las imágenes por internet. Abrió la verja y golpeo la puerta de la casa. De inmediato una mujer pelirroja, igual que ella, salió a su encuentro dándole un fuerte abrazo.
— ¡Ginny!
— ¡Lily!
—Pasa por favor, te estábamos esperando - le comentó Lily y le permitió el paso a la chica.
Ginny en ese momento pudo fijarse mejor en sus facciones. Era menuda, de tez clara, pelo rojo, ojos esmeraldas y una belleza incomparable. La reconoció de inmediato, era la mujer de la escultura, con unos cuantos años más
— ¡James! ¡Ginny llegó!
En el segundo piso se escuchó mucho ruido, pasos, un golpe, la exclamación en la voz grave de un hombre y al fin apareció el responsable de todo el alboroto. James era un hombre alto, de cabellos alborotados, guapo y ocultaba unos hermosos ojos castaños tras unos lentes redondos. Caminó con grandes zancadas y cruzó la sala, al llegar al lugar en donde se encontraban las mujeres, abrazó a Lily por la cintura y con una mano saludó a la pelirroja que no era su esposa.
-Un gusto Ginny, yo soy James Potter, el esposo de esta preciosura- comentó el hombre besando la mejilla femenina y provocando el sonrojo de ésta.
— ¡James! - reía Lily, mientras James la abrazaba para rodear su cintura por completo y besarla en los labios.
Ambos eran observados inquisidoramente por Ginny. Sentía unas ganas inmensas de encontrar a una pareja que la hiciera sentir como ellos, que con solo verlos se notaba que se transmitían todo su amor con una mirada o un gesto; o como sus padres, que a pesar de sus años se percibía que estaban enamorados, quizás incluso más que cuando se conocieron.
— Tenemos que… Ginny está aquí cariño - dijo componiéndose y reacomodando su blusa que con el abrazo de su esposo se había subido.
—Tranquila. Son una hermosa pareja ¡me encantaría encontrar a un hombre tan bueno como James! Mi antiguo novio la verdad es que era un desastre- comentó perdiéndose en sus pensamientos
— ¡Ey, chica! Este hombre es solo mío - bromeo Lily para quitar la tensión del momento ante el reflejo de tristeza en los ojos de Ginny - pero tengo un hijo más menos de tu edad que te podría interesar…
— ¡Lily, por favor! ¡Deja de buscarle pareja a Harry! Sabes que a él no le gusta que hagas eso…
—Pero James, ella es perfecta - se dirigía exclusivamente a su esposo, mirándolo y hablándole entre dientes - además, es pelirroja…
— ¡Sé que es pelirroja! Pero querida, no lo hagas más- James acarició la melena pelirroja de su mujer y miró a Ginny - ¿Quieres beber o comer algo?
—Bueno la verdad es que… - el estomago de Ginny rugió - creo que tengo un poco de hambre. – comentó un tanto avergonzada.
—Lily preparó comida para ti, está en el refrigerador, la puedes calentar en el horno. Te mostraremos la casa y nos iremos para que disfrutes de tus vacaciones.
Así comenzaron el mini tour que Lily y James le ofrecieron a Ginny, mostrándole donde quedaban todas las cosas para que no llegase a perderse mientras buscaba algo. No podía sacarse de la cabeza lo buenas personas que eran esta pareja ¡la mujer le había preparado comida! No podía estar más agradecida de ellos y eso que solo les venía recién conociendo.
—Y en este armario – señaló Lily- hay cobertores y frazadas por si te llega a dar frío, sabemos que el clima de Los Ángeles es muy diferente al que tenemos acá.
—Si, muchas gracias Lily, James- tomó una mano de cada uno mientras los nombraba y los miró a los ojos – de todo corazón les agradezco todo lo que están haciendo, pero tengo una pregunta desde que llegué al pueblo.
— ¿Qué es? ¿Te preocupan los vecinos? ¿Quieres saber si aquí hay solo magos? - Ginny negaba silenciosa la cabeza - ¿No te gusto el barrio?
—Tranquila, me encantó el barrio, por lo que me informé aquí sé que también viven muggles, pero la verdad es que… ¿Qué hicieron? - pensaba que quizás podrían considerar un poco atrevida la pregunta viniendo de ella, sabiendo que se venían recién conociendo, pero la duda era muy grande y no descansaría hasta enterarse. La cara de marido y mujer era un completo poema - digo, tienen una escultura de ustedes en la plaza, debieron haber hecho algo muy bueno para, bueno… ¡Eso!
— ¡oh! Es eso- dijo Lily un tanto apenada y molesta
—Si no quieren hablar de eso lo comprendo…
—Solo diremos que hemos intentado que la quiten de ahí. Ayudamos a la comunidad mágica hace algunos años y nos hicieron ese homenaje, pero no nos gusta… - era James quien le había respondido - No es que sea fea ni nada, pero no nos gusta, porque ese tipo de reconocimientos los hacen cuando alguien muere y nosotros aun vivimos.
— Ya veo… - la curiosidad aun le picaba cual abeja.
—Quizás encontremos algún momento para contarte la historia - dijo amable Lily, acariciando la mejilla de la chica menor de una forma muy maternal - ¿James vamos?- se dirigió a su esposo, tomándolo de la mano y haciendo que éste a su vez tomara las maletas que posaban a un costado de la chimenea.
— ¿Cómo viajarán?
—James insistía que viajáramos en avión y así lo íbamos a hacer pero no encontramos pasajes disponibles, así que ocuparemos los polvos flu.
— ¿a dónde van?
—Al Caribe. Debemos llegar al ministerio de magia y desde ese lugar nos darán transporte para llevarnos a una cabaña con todos los lujos que necesitemos – Comentó la pelirroja de más edad mientras abrazaba a la menor, para luego dirigirse a la chimenea, tomando un puñado de polvos flu - ¡Nos vemos!
Ginny no imaginaba cómo habían logrado que el ministerio les otorgase una cabaña en el Caribe con todos los gastos pagados y con todos los lujos que les fueran necesarios.
—Ya sé lo que te debes estar preguntando. Solo te diré que son los beneficios de tener influencias en el ministerio – el hombre le guiñó el ojo e imitó a su esposa, tomando los polvos flu y adentrándose en la chimenea – ¡Adios!
-¡Adiós! – Fue lo último que vio James de Ginny al ingresar a la chimenea, la muchacha estaba contenta abrazándose para conservar su calor corporal y despidiéndose agitando la mano de un lado a otro.
— ¿Y ahora qué hago?- se preguntó a sí misma en voz alta. No sabía qué hacer ni por dónde empezar. Así estaba cuando recordó, gracias a su estomago, la comida que Lily le había dejado preparada.
Caminó con lentitud a la cocina, observando todos los detalles que había en la casa y que en el recorrido no se había percatado. La sala de estar estaba muy bien decorada y era la mezcla perfecta entre lo muggle y lo mágico, lo moderno y lo clásico, además por todos lados habían vestigios de una gran vida familiar. En el pared que daba a la cocina había tres fotografías, una donde estaban James y Lily de adolescentes, abrazados con túnicas de colegio y un gran lago a sus espaldas, la siguiente era de Lily con un tierno bebe de pelo negro en los brazos, en una cama de un hospital junto a James, quien los observaba a ambos sonriendo y la ultima correspondía a un niño que junto a sus padres se encontraban en un anden de una estación de trenes, claramente eran James, Lily y Harry, el hijo del matrimonio.
Ginny se dirigió presurosa al refrigerador luego de otro gruñido de su estomago. Lily había preparado para ella puré de calabaza con pollo al jugo y se dio cuenta que también le había cocinado una tarta de melaza. Con su varita, abrió el horno y lo encendió, para luego meter la comida para que se calentara, mientras tanto iría a la sala a observar televisión.
Fue al armario donde Lily le enseñó las frazadas, cogió una y se lanzó al sillón más grande que se encontraba al lado de la chimenea, encendiendo la TV con el control. El sueño y el cansancio acumulado le empezaron a cobrar la cuenta y sus ojos agotados comenzaron a cerrarse. El sonido de la televisión encendida de a poco comenzó a hacerse menos perceptible, hasta que su nariz comenzó a sentir un olor un tanto desagrable. Se incorporó asustada cuando recordó la comida en el horno y corrió a la cocina como si su vida dependiera de ello
— ¡Oh mierda! - gritó cuando abrió el horno y cogió la comida para salvarla de las llamas, con sus propias manos, sin siquiera ocupar guantes para protegerse - ¡Que caliente! ¡Auch!¡Auch!¡Auch!
Se pasaba el plato de una mano a otra, mientras gritaba y saltaba del dolor, de su mente se había olvidado completamente de que era hechicera y podía ocupar su varita para situaciones como aquellas. De repente su celular sonó, se acercó a la mesa de la cocina, depositó el plato sobre la mesa de la cocina y corrió a la sala a buscar su celular, aún agitando sus manos y gimiendo de dolor.
— ¿Diga?
— ¿Ginny? ¿Ginny que sucede?- era su amiga Hermione preocupada por la forma en que le respondió al contestar el teléfono.
— ¡Hermione, hola! Nada, nada, nada- respondió agitada, mientras corría nuevamente a la cocina para apagar el horno que había dejado encendido cuando sintió que la llamaban.
— Algo está ocurriendo allá donde estás Ginny ¡debes decirme que ocurre!- exclamaba entre enojada y preocupada la castaña.
— ¡Hermione, no es el momento!
Ahora iba en dirección al baño a buscar el botiquín de primeros auxilios que Lily comentó. Subió las escaleras con prisa, caminó por el pasillo y entró en la primera puerta que encontró, la cual sabía que era el baño.
— ¡Ginny! ¿Cómo que no es el momento? ¡Debes decirme que te sucede! ¿Dónde estás?
— Hermione, en serio, no quiero ser pesada, pero no es el momento - su mano ardía por la quemadura, no era grave, pero si le dolía
— pero…
— ¿sabes? Yo te llamo en unos minutos ¿ok?- interrumpió Ginny a Hermione al ver que nuevamente la iba a cuestionar y cortó la llamada sin esperar la respuesta de su amiga - veamos… -dijo mientras buscaba la caja con los elementos de curación. La encontró en la gaveta al lado del espejo y buscó en ella un ungüento para las quemaduras. Se lo aplicó y de inmediato sintió como su mano se refrescaba y aliviaba el dolor.
Bajó las escaleras, para volver a la cocina y poder comerse ese delicioso plato de comida que la estaba esperando y que hace unos minutos la había quemado. Registró los cajones de la cocina buscando servicio y cuando lo hubo encontrado se sentó en la mesa de la cocina y alimentó su estomago que con tantas ansias pedía ser llenado. El puré de calabazas y el pollo era uno de los mejores que había probado, solo había saboreado uno mejor y era el que su mamá preparaba. Disfruto y degustó lentamente cada bocado. Tomó su celular y marcó el número de Hermione mientras cortaba un trozo de la tarta de melaza para servírsela.
— ¡Hermione, hola!- Habló Ginny con la boca llena y poniendo el celular en altavoz, para tener ambas manos desocupadas para agarrar la tarta.
— ¡Ginny, gracias a Merlín que me llamas! ¿Qué ocurrió hace un rato? ¿Por qué te escuchaba tan adolorida? -preocupada y afligida se escuchaba Hermione atreves del teléfono
— ¡Tranquila! Es solo que estaba calentando algo en el horno
La explicación de Ginny se veía interrumpida cada vez por meterse un trozo de tarta a la boca o exclamaciones por parte de Hermione, quien gemía de expectación ante cada detalle que daba su amiga a su relato.
— Ahora entiendo el por qué de hablarme de esa manera, tan… extraña
— Sí, bueno, supongo que entiendes que estar con las manos quemadas no hace que esté con el mejor humor del mundo
— Tranquila, entiendo. Pero ¿sabes? Hay una cosa que no entiendo y quizás tu me puedas ayudar
— Si ¿Dime?
— ¡¿POR QUÉ NO NOS AVISASTE CUANDO ATERRIZASTE?
— ¡Ey! ¿Qué te sucede? ¡Casi me atoro con la tarta que estoy comiendo! - El grito de su amiga la había pegado un susto de tal tamaño que casi se atragantó con el rico trozo de tarta que se había llevado a la boca.
— ¿Qué qué me sucede? ¡Creo que eso está claro querida! estoy preocupada por mi mejor amiga, la cual anda de viaje y prometió llamarme apenas se bajara del avión.
— No tuve tiempo Hermione. - La pelirroja no se achicó ante los dichos de amiga.
— ¿No tuviste tiempo? ¿Segura? Según mis cálculos debiste haber llegado hace más de tres horas y dentro de esas tres horas ¿no tuviste tiempo aunque sea para mandar un mensaje? - Hermione se escuchaba furiosa- ¡Pensamos que te podría haber pasado algo! ¡Me tenias con los nervios de punta! Y a tu hermano igual, en realidad a tus padres tambien. Estamos en casa de tus padres y querían una explicación igual que yo.
— Bueno, pues informa a mi familia que llegué a Inglaterra, estoy en un hermoso pueblo llamado el Valle de Godric y arrendé una casa a un hermoso y amable matrimonio que se fueron de vacaciones al Caribe, estoy muy cómoda.
—Prometeme que llamarás de vez en cuando. Necesitamos saber de ti.
— Te lo prometo amiga. Hermione manda saludos a mi familia, cuídense - Ginny había comenzado a despedirse con esa frase
— Te queremos Ginny – concluyó la conversación la mujer desde el otro lado de la línea.
Tomó el trozo de tarta que todavía le quedaba y fue a ver televisión antes de acostarse. Cuando se hubo comido la mitad de aquella delicia, optó por subir y acostarse para así, por fin, descansar luego de una larga jornada llena de emociones y experiencias nuevas.
Entró a la habitación matrimonial y quedó maravillada con la simplicidad con la que estaba adornado todo. Las paredes de madera resaltaban a la perfección con la roja alfombra que indicaba el centro de la pieza, a partir de ese artículo estaba todo combinado. Lo que más le gustó fue la gran ventana que iluminaba toda la habitación al estar sus cortinas abiertas, dejando entrar así también las estrellas luminosas y la gran luna para acompañar a la pelirroja. Dejó las maletas en el suelo y corrió a la cama, lanzándose en un espectacular piquero.
El aire le golpeó el rostro, mientras sentía que su rojo y largo cabello revoloteaba y jugaba gracioso al compas del viento. El paisaje que observaba era de ensueño, verdes prados adornados con coloridas flores, los arboles tan grandes que parecía que llegaban al cielo y tan espesos que parecía que nunca podría salir de aquel lugar; y el azul del cielo estaba más fuerte que el de ningún lugar que con anterioridad haya conocido.
Comenzó a caminar descalza sintiendo la naturaleza a sus pies, movía su cabeza para todos lados buscando compañía, hasta que vio a lo lejos la sombra de alguien que caminaba alejándose de ella. Esa cabellera rubia que le quitó el sueño tantas veces caminaba en la misma dirección que ella, pero mucho más adelante. De pronto la cabellera cambió de color, era mucho más oscura y el pelo siempre ordenado, estaba dispersado sin orden alguno.
Quería preguntarle en donde se encontraba, qué era ese hermoso lugar, pero aquella persona caminaba y con cada paso que daba se alejaba más y más de ella. Ginny apresuró el paso para así poder alcanzarlo, intentaba gritar para llamar su atención, pero a pesar de que abría su boca el sonido no salía emitido. Su vestido y cabello se agitaban mientras corría desesperada por llegar donde aquella persona. Cada vez estaba más cerca… más cerca. Y todo cambio, ya no habían verdes praderas, sino que todo estaba sumido en un triste gris y ese hombre que tanto anhelaba alcanzar se esfumó. Se esfumó junto al resto de los colores.
Sin siquiera cambiarse de ropa, Morfeo la había llevado al país de los sueños y ahora estaba siendo interrumpida por incesantes ruidos en el primer piso de la casa. De mal humor abrió los ojos, se sacudió la pereza aún acostada y lentamente, con el ritmo de alguien que tiene el sueño encima, se levantó. Asustada por los repentinos golpes decidió bajar. Caminó hacia la puerta del cuarto y tropezó con la maleta que había dejado olvidada antes de quedarse dormida.
Al llegar al primer piso pudo distinguir una luz encendida en la cocina, su estado adormilado, había cambiado a uno completamente alerta y sus ojos buscaban con ahínco algo con qué defenderse en caso de que la persona que había entrado en la casa no tuviese buenas intenciones. Fue en aquel momento que recordó su varita escondida entre su ropa. La sujetó con fuerza.
— ¿Quién anda ahí? – decidió anunciar que sabía de la presencia de alguien en la casa.
Sus pasos eran silenciosos y sigilosos. Con cuidado asomó su cabeza detrás de la puerta hacia la cocina.
La escena que le esperaba tras la puerta no era lo que se había imaginado y la dejó totalmente sorprendida.
— ¡Por los calzones de Merlin!
MUCHAS GRACIAS POR LLEGAR HASTA EL FINAL. ESTE CAPITULO FUE CORTITO Y BUENO APARECIERON LOS WEASLEY MÁS QUE NADA PORQUE ALGUIEN ME PIDIO QUE LOS INCLUYERA... QUE MÁS? SE PREGUNTAN POR HARRY? PUES EN EL PRÓXIMO CAPITULO APARECE EN GLORIA Y MAJESTAD.
ESTE CAPITULO ESTÁ DEDICADO A MI AMIGA CUÑADA, QUIEN DÍA TRAS DÍA ME INSISTE EN LA HISTORIA, ME PIDE QUE LA CONTINUE JAJAJA EN VERDAD AMIGA ERES UNA GENIAL PERSONA, LLEVAMOS APENAS UNAS SEMANAS CONOCIENDONOS Y EN VERDAD TE HAS VUELTO UNA PERSONA MUY IMPORTANTE PARA MI, CON TU FORMA DE SER SEXONA Y CACHONDA, ALEGRE Y DIVERTIDA. SABES QUE CUALQUIER COSA PUEDES CONTAR CONMIGO PORQUE NO ME GUSTA "LEERTE" MAL :C ESPERO QUE LAS COSAS MEJOREN EN TU VIDA Y ESPERO VERTE COMPETIR POR EL CAÑO (TUBO) DE ORO PORQUE TE LO MERECES REINA DE LA PERVERSIÓN. TE ADORO CONEJITA (PLAYBOY)
SALUDOS A TODOS.
LA DAMA DE NEGRO
