Siempre lo digo pero obviamente debo recordarlo: No soy rubia ni inglesa mucho menos escribí una exitosa saga acerca de un mago, si que creo que se darán cuenta que no soy Jk, pero los personajes ocupados en esta historia si le pertencen en su totalidad a ella.
Capitulo III
Dolor de estomago
Unas rosadas y redondas nalgas son la descripción de la perfección en un trasero, un elemento esencial que debe tener el cuerpo de un hombre a la percepción de muchas mujeres, primordial para un buen panorama que mirar y algo suave y terso para tocar. Precisamente ese tipo de nalgas era lo que Ginny había observado al entrar a la cocina. Sus ojos, que en un principio adormilados se cerraban con sueño, estaban totalmente al pendiente de aquel trasero.
Cuando pudo despegar la vista de aquella zona, su impacto fue aún mayor. Nada en la vida la hubiese preparado para aquello, aunque si tan solo hubiese puesto atención a la ropa esparcida con desorden por la sala de estar y el comedor y si su percepción de auror hubiese escuchado aquellos sonidos jadeantes de placer, su impresión, quizás, no hubiese sido tan grande.
Las nalgas pertenecían a un chico que estaba completamente desnudo, de espalda a la puerta de la cocina y a juzgar por ésta, la cual era ancha y fibrosa, denotaba que la edad del hombre no sobrepasaba los veinticinco. Su cabello azabache era desordenado y se le formaban un par de remolinos en algunos sectores de la cabeza. Sus piernas, al igual que su espalda tenían el aspecto de ser fuertes, aunque un tanto delgadas. Aferradas a su cintura se vislumbraban dos piernas femeninas y por la espalda lisa, dos manos arañándola con pasión.
El hombre estaba apoyando a la mujer sobre la mesa de la cocina y moviéndose cada vez con más fuerza, a la vez que mujer gemía con mayor intensidad, cuando escucharon el grito de Ginny. En un principio el hombre pensó que el grito provenía de la mujer, pero al fijarse que su acompañante tenía una cara de espanto, giró lentamente la cabeza, hasta percatarse de la presencia de la pelirroja.
Podía reconocer ese rostro en cualquier otro lugar. Definitivamente no podía ser otro que el hijo de los Potter. Su rostro era igual al de su padre, aunque los ojos idénticos a los de su madre.
—Creo… a…
Harry como sabía que se llamaba el hijo de Lily y James, titubeaba enormemente mientras intentaba cubrir su virilidad tras la mesa, al mismo tiempo que la mujer se escondía tras él. Ginny captó en el acto lo que con esas palabras aisladas le estaba pidiendo que hiciera.
—eh si… yo… - Ginny nerviosa y caminando de espaldas, intentaba gesticular que saldría de la habitación para que se pusieran cómodos, chocó con la mitad del amueblado de la casa y lo que se salvó fue porque estaba en el segundo piso o en lugares de difícil acceso.
Harry le dirigió una mirada entre agradecido y avergonzado.
Acalorada ante la escena que había presenciado, se sentó en el sofá frente a la chimenea y aunque estaba apagada, no requería de su calor para sentirse a gusto. Su mente no dejaba de repetir la misma escena. El hombre tomando a la mujer con embestidas bruscas, las cuales hicieron incluso mover algunos utensilios domésticos. La calidez subía por todo su cuerpo y sus mejillas eran prueba clara de ello. La mujer con fiereza clavando sus uñas en la espalda y trasero del hombre, dejando de ese modo su marca en él. Su varita, que había olvidado luego de aquel momento y de donde salía un reconfortante viento helado, le fue de gran ayuda para descender el color de sus mejillas, las cuales estaban igual que su cabello.
—Disculpa, ¿me pasas mi varita?– un avergonzado Harry asomaba su cabeza por la cocina, intentando llamar la atención de Ginny e indicándole con un brazo el lugar donde se encontraba su varita.
Ginny dejó de utilizar su varita para refrescarse, se levantó del sofá y fue en busca de lo que Harry le estaba pidiendo, entregándoselo en el instante, mientras él murmuraba un débil "gracias". Desde la cocina se escuchó "accio ropa de Harry y Marietta" y las vestimentas que habían pasado imperceptibles para Ginny en un momento comenzaron a movilizarse velozmente por los aires y entrando al lugar desde se las estaba invocando.
Se estaba tomando todo esto con mucha calma, es más, le sorprendía con la calma que se lo estaba llevando el hecho de haber encontrado a una pareja teniendo sexo en la casa que ella había arrendado. Esto sin lugar a dudas sería una experiencia que debía contar como anécdota de sus vacaciones.
Una vez ya vestidos, la mujer, quien suponía se llamaba Marietta por el hechizo que Harry había realizado, y este mismo, salieron a la sala de estar desde donde Ginny los miraba entre divertida y severa.
Marietta era una mujer delgada y alta, su rostro era redondo y su piel rosada combinaba muy bien con su cabellera larga y ondulada, de color cobrizo. Sus ojos eran celestes y su boca delgada y pálida, a pesar de eso, poseía una sonrisa muy cordial. Realmente era atractiva y la ropa que llevaba puesta la hacía lucir mil veces mejor que lo normal, sacándole provecho a cada curva y recoveco de su cuerpo.
Harry por otro lado, también era alto y delgado a pesar de poseer una espalda ancha y su cuerpo cubierto por la ropa tenía vestigios de estar trabajado.
— ¿Eres Ginny? – Ante el asentimiento de ésta, continuó hablando – Pensé que llegabas mañana.
—Pues no, llegaba hoy – contestó un tanto fría.
—Ya me di cuenta, es solo que pensé…
—Sí ya sé, que llegaba mañana. – Harry se iba a deshacer en disculpas y excusas, pero Ginny no los dejó continuar – Creo que lo mejor en estos momentos es que tú y tu amiga se vayan. No lo tomen a mal, pero quiero descansar, al menos lo que queda de la noche.
Sin más se levantó del sofá y caminó con decisión a la puerta, el vestido que llevaba desde el día anterior se levantó un poco cuando la abrió. La pareja entendiendo la indirecta y con cabeza gacha se apresuró para salir.
—Perdón – Harry estaba parado frente a Ginny con una mirada totalmente arrepentida.
Ginny no pudo quitarle la mirada del rostro. Era realmente guapo. Podía vislumbrar tras aquellos lentes redondos, sus ojos verdes como un sapo en escabeche, protegidos por unas largas y gruesas pestañas. Además sus cejas tenían el grosor perfecto, su nariz era recta y muy masculina y la boca carnosa y muy apetecible. Pero lo que más adoraba de todo lo que miraba era su cabello desordenado.
— ¿Estás bien? –
Reaccionó luego de esas palabras. Se había quedado mirándolo al menos medio minuto.
—Sí, estoy bien. Solo necesito descansar.
Harry se juntó con Marietta después de aquellas palabras y desaparecieron tras el umbral de la puerta, bajo un cielo completamente nublado, pero sin atisbos de lluvia.
No podía parar de reir, era como si se hubiese fumado un poco de felicidad y ahora la alegría le salía por los poros. Con dolor se afirmaba las costillas mientras subía peldaño por peldaño la escalera. Intentaba calmar su respiración, hacerla acompasada y lenta y evitar que la risa continuara, pero le estaba llevando un gran trabajo. Se acostó, y aunque la risa no amainaba del todo, el sueño finalmente la venció.
Toc toc
— ¡Cinco minutos más! – reclamaba entre sueños Ginny.
Desde hacía cinco minutos que la puerta principal de la casa estaba siendo tocada con brusquedad y fuerza. En un principio Ginny asimiló el sonido a su sueño, donde un pájaro golpeaba la corteza de un árbol con su pico para poder comer un gusano (estaba segura que había visto esa escena con Hermione en una película muggle), pero luego cuando el sueño fue en decadencia, comenzó a despabilarse y con pereza se levantó de su acogedora cama.
La persona que golpeaba la puerta iba a saber unas cuantas verdades, todas sobre lo que le pasa a la gente cuando despierta a Ginny Weasley. ¿A qué ser mal nacido se le ocurría llegar a esas horas de la madrugada? ¿Quién osaba despertarla en medio de su sueño del pajarito? De cualquier modo, lo sabría en unos instantes, cuando abriera la puerta principal de la casa.
Bajó las escaleras murmurando una gran cantidad de groserías desde insultar a la madre del susodicho que tocaba la puerta hasta la maldita forma en que lo parieron. Cuando casi llegaba al ultimo peldaño, rió recordando a su madre, Molly Weasley, quien si hubiese escuchado tales palabrotas, definitivamente la mandaría a lavarse la boca con jabón o detergente.
Antes de abrir la puerta, se aseguró que su varita estuviese bien firme en su mano, ante cualquier suceso que no hubiese resultado agradable, era un acto reflejo que hacía luego de los tres años de entrenamiento de auror y finalmente otros dos años practicando aquella profesión. No por nada había salido con honores de la escuela.
— ¿Tu?
—Sí, yo.
— ¿Qué haces aquí?
Ginny no podía evitar mirar aquel rostro que la noche anterior la había dejado pasmada y prendada de sus ojos un buen tiempo.
—Vine a traerte un pastel de disculpas…
Ginny no escuchaba, su mente parecía más preocupada de otras cosas que de lo que él le estaba hablando. No pudo evitar imaginarse un acalorado beso entre él y ella, su boca apetecible pidiendo a gritos ser comida, mientras esos labios carnosos se movían en un sinfín movimiento en donde le hablaba y hablaba… Un momento. Él le estaba diciendo algo y ella no le había puesto atención en nada de lo que le había dicho ¿Qué estaba diciendo Harry? Involuntariamente un leve sonrojo cubrió sus mejillas pálidas y pecosas, cómo hace tiempo no lo hacían, al descubrirse con aquellos pensamientos. Se sentía una chiquilla de once años soñando despierta con su príncipe azul.
—Perdón, ¿decías?
—Vine a pedirte perdón y a traerte este pastel – Harry un tanto extrañado por la actitud de la pelirroja, le señaló el pastel que tenía entre sus manos y que Ginny por estar tan pendiente de su rostro no se había fijado.
— ¡oh! Es eso – Harry en el momento extendió sus brazos para entregarle el pastel que Ginny recibió con gusto.
—Si. Es de manzana, por cierto. Mi madre me enseñó a cocinarlo, claro que a mí no me queda tan bueno como a ella.
—Lily cocina delicioso.
El azabache, cumplida su misión de entrega del pastel estaba dispuesto a irse, pero Ginny se apresuró a hablarle para retenerlo unos momentos más a su lado.
— ¿Por qué no te quedas a desayunar? – habló con soltura Ginny.
Desde hacía mucho que no se sentía digna de hablar de ese modo con un hombre que no fuese de su familia, claro está a menos que estuviese borracha.
—No creo que sea una buena idea – seguía mirándola con una gran extrañeza.
— ¡oh, vamos! Has venido a pedirme disculpas y no te perdonaré hasta que desayunes conmigo. Además, la verdad es que lo debes tomar como una vuelta de mano.
— ¿Por qué?
— ¿Quieres que recuerde lo que vi anoche?
No hizo falta que Ginny le contara o más bien, recordara lo que había hecho él por la noche. El rubor en las mejillas masculinas aumentó.
—Además de ese modo te puedo decir si cocinas igual que tu mamá. – Harry parecía estar cada vez más convencido en quedarse. – Por favor, quédate. No deseo desayunar sola mi primera mañana en Inglaterra.
Sonriendo e innecesariamente, Ginny guió a Harry hacia la cocina una vez hubo aceptado su proposición de desayunar juntos. Le prohibió que le ayudara a preparar el desayuno y ordenó estrictamente que se sentara.
—Yo – se aclaró la voz, para llamar la atención de la mujer que hacendosamente preparaba el desayuno – creo que te debo una explicación.
— ¡oh, cállate! Guarda lo que me tengas que decir para después, me gusta conversar mientras tomo mi desayuno – comentó con una gran sonrisa.
Con su varita ordenó a las tasas, platos y cucharas que se depositaran en la mesa, al mismo que tiempo que dejaba una pequeña tetera con te, y el azúcar también sobre la superficie de madera.
Con la mesa ya lista, se sentó, sirvió las tasas y dio a cada uno un trozo de tarta.
El sonido de las cucharas revolviendo el contenido de las tasas o cuando comían, era lo único que lograban escuchar. Se mantuvieron en silencio, sin dirigirse la palabra y sin siquiera mirarse. Ginny parecía tener mucho interés en lo que estaba ingiriendo como para poder fijarse en cualquier otra cosa o persona.
—Bueno, yo quería hablar contigo.
Llamó la atención de la pelirroja, quien quitó la mirada de la comida para prestarle atención completamente a él. Sin querer, cuando dejaba su tenedor de lado sintió que quedaba hipnotizada por los ojos del azabache, esos ojos eran realmente hermosos. Cuando volvió a la realidad metió el codo en la mantequilla. Con torpeza, riendo y roja hasta las orejas de vergüenza, se levantó y limpió.
— Lo que sucedió anoche fue realmente algo muy vergonzoso, nunca pensé que estuvieses en la casa. Mamá me había dicho que la arrendarías, pero creía que sería a partir de hoy.
—Ya lo superé. Créeme que costó mucho porque me dejaste con un gran trauma, pero supongo que he visto cosas peores y me ayudó a dejar esa escena atrás. – habló Ginny con dramatismo.
Harry dudaba si lo que había dicho era para que él se riera o para alivianar la tensión, de cualquier forma le pareció simpático el comentario y sonrió. Ginny le devolvió la sonrisa y tomó un sorbo de te.
— ¿Era tu novia? – Harry la miró confundido – La chica de anoche. ¿Llevan mucho tiempo?
—Pues no somos nada serio en verdad. Nos juntamos ocasionalmente pero no existe una etiqueta que detalle nuestra relación. Nos queremos, pero preferimos la soltería.
— ¡Que suertudos! – murmuró Ginny en un tono de voz tan bajo que apenas fue audible a sus oídos, mientras sus ojos se volvían sombríos de repente.
— ¿Decías?
—Nada, no tiene importancia – sonrió, pero la luz que proyectaba su sonrisa no llegó a sus ojos. – Es bonita.
— ¿Marietta? – Ginny le confirmó con un asentimiento de cabeza – Si, es verdad. Es guapa, aunque no siempre fue así, antes tenía la cara llena de espinillas. Los rumores dicen que luego de muchas pociones y productos de belleza muggle, pudo dejar su rostro libre de acné.
Ginny no pudo evitar reir ante la imagen mental de la chica. Se veía tan perfecta que no le cabía en la cabeza que tuviese alguna vez un grano. De repente el celular de Ginny sonó. Lo había dejado en el segundo piso.
— ¿Me disculpas? Vuelvo en unos segundos.
Sin siquiera esperar la respuesta de Harry, corrió rumbo a las escaleras y posteriormente a su habitación, cogiendo el celular justo a tiempo para contestar.
— ¿Ginny? ¿Eres tú? ¡Gracias al cielo que puedo comunicarme contigo!
—La verdad no soy Ginny, creo que está confundida señorita. – Escuchó cómo desde el otro lado de la línea telefónica comenzaban a protestar cundo volvió a hablar – Hermione, obvio que soy yo. ¿Qué, acaso pasó algo muy urgente que me llamas tan alterada?
Ginny comenzó su regreso a la cocina, lugar donde Harry estaba preparándose para irse.
—Pasó algo malísimo Ginny – la voz de Hermione se escuchaba preocupada.
— ¿Le sucedió algo a mis padres?
—Gracias a Merlin ellos están bien. Ha sido Draco…
— ¿Draco tuvo un accidente? – elevó el tono de voz la pelirroja.
Nadie había mencionado la palabra accidente dentro de las noticias, pero Ginny pensó de inmediato en lo peor al escuchar que había sucedido algo malo.
—Si me dejaras continuar… – Ginny respondió un breve "está bien" y Hermione continuó su relato – Ha venido hoy en la mañana a mi casa.
Harry miraba preocupado a Ginny. Dudaba en dejarla sola en el estado alterado en que se encontraba, pero por otro lado debía de prisa dirigirse al ministerio de magia.
—Ginny, yo me voy – gesticuló con su boca y manos haciéndole señas.
—Preguntó a donde te habías ido, qué te ocurría y un centenar de cosas más. Lo peor de todo es que Ron fue quien habló con él, claro que no le dijo nada acerca de dónde ti, pero quedó muy intrigado y no deja de preguntar si es él con quien salías.
El color iba desapareciendo cada vez más rápido del rostro de la mujer. Se sentó. ¿Draco en casa de Hermione? Sus pulmones parecían no trabajar bien y el aire sentía rasparle la garganta cuando inhalaba.
Le hizo un gesto a Harry de que fuera tranquilo, pero se quedó inmovilizado.
—Le dijo a tu hermano que él quería saber de ti por el trabajo, eso se tranquilizó un poco, pero creo que aun tiene sus dudas. Él me dijo que te llamara para avisarte acerca de todo lo ocurrido.
Ginny no le contestaba nada.
—No te enojes conmigo. Sabes que si no fuera importante, no llamaría.
—No te preocupes Hermione. Luego hablamos.
Tomó un sorbo de té. Luego otro más. Y nuevamente otro sorbo.
Su vista estaba puesta en un punto fijo de la cocina y tenía el celular en la mano. Ni siquiera se daba cuenta que Harry le estaba pasando la mano frente a los ojos intentando llamar su atención.
Se había marchado de Estados Unidos escapando de sus problemas, intentando que aquel martirio que era ver a Draco todos los días en el trabajo se aplacara con aquellas vacaciones, buscando, incluso, lo que hace mucho tiempo añoraba encontrar, respuestas a sus preguntas, un camino que seguir, una personalidad que tomar. El maldito, pero a la vez amado Draco, no la dejaba en paz ni en sus vacaciones, no le daba un puto minuto de paz, estaban a miles de kilómetros, pero su recuerdo e imagen la martirizaban a pesar de todo.
¿Por qué justo ahora que lo quería olvidar se preocupaba por ella?
Realmente era un fastidio. Sí, porque eso era lo que sentía en esos momentos y realmente eso era lo que mejor describiría a Draco, un fastidio, realmente era parecido a un terrible dolor de estomago, esos malditos retorcijones que dan en cualquier lugar sin importar con quien te encuentres.
Pero ella ya estaba decidida.
Un roce en su mano la hizo salir de aquella reflexión en la que se encontraba, pestañeando aturdida fijó su mirada en su acompañante quien supuestamente debía haber partido hace unos momentos y le envió una mirada contrariada.
— ¡Oh, Harry, eres tú! ¿No te habías ido? – preguntó totalmente perdida.
—Me estaba yendo pero volví. Ginny ¿estás bien? ¿Sucedió algo malo? – tomó asiento nuevamente al lado de la pelirroja.
— ¡Oh, claro que estoy bien! Solo pensaba… - comentó compartiendo una sonrisa.
—Y ¿se podría saber qué es lo que piensa la señorita? – preguntó Harry taladrando con esos ojos verdes la mirada chocolatada de Ginny.
—Nada importante. – Dijo con gesto de manos indicándole la poca importancia que tenía el tema para ella, pero él la seguía mirando preocupado y para ahuyentar las dudas, agregó y mintió – Está bien, me pillaste. Tengo dos preguntas para ti.
Harry la miró sorprendido, no podía imaginarse el por qué él estaría involucrado en sus pensamientos y mucho menos en sus problemas, porque obviamente por la cara de la mujer, lo que acarreaba en esos momentos ella eran problemas. Ginny le sonrió para infundirle valor.
—Primera pregunta: ¿Por qué hoy en la mañana golpeaste la puerta y no entraste sin pedir permiso como ayer?
Harry no pudo evitar sonrojarse. Ni siquiera sus padres lo habían tomado por sorpresa en una situación como la que había ocurrido entre él y Marietta.
—Creo que es obvio ¿no? – habló más aliviado al ver la índole de las preguntas – Ayer no sabía que estabas acá y entré con mis llaves, hoy por el contrario, ya sabía que estabas aquí y preferí llamar a la puerta para no incomodar ni pasar una vergüenza como la de anoche. ¿La segunda pregunta?
— ¿Por qué tienes esa manía incesante de despertar a las mujeres? – Harry la miraba intrigado – Porque la verdad ya van dos veces en que me despiertas en mi estadía en Londres y déjame decirte que no es agradable despertar con ruidos molestos.
— ¡Perdón!
Ginny soltó una risa explosiva al ver a Harry deshacerse en disculpas.
— ¡No seas bobo, es broma! – dijo tomándose las costillas, pensaba quizás que estallarían de la emoción.
—Que graciosa – comentó sarcásticamente el pelinegro cruzándose de brazos. – Creo que es mejor que me vaya. En el ministerio me deben estar esperando.
—Cierto, te he quitado ya mucho tiempo.
Hizo mucho ruido al levantarse y correr la silla. Esperó a que Harry se levantara también, mientras nueva e inútilmente lo guió hacia la puerta principal, era como si olvidara que él conocía la casa casi mejor que ella misma.
—Muchas gracias por el desayuno, hiciste muy grata mi primera mañana en Inglaterra – dijo con sinceridad Ginny.
—Estoy para ayudarte, sobre todo porque eres la inquilina de mis padres, debo tratarte bien.
Con que de eso se trataba, era solo mera cordialidad, por eso él había aceptado desayunar con ella. De pronto la sonrisa en el rostro femenino desapareció.
—Bien, nos vemos.
—Que tengas un buen día – alzó la voz Harry desde la verja que separaba los límites de la privacidad del hogar, con la calle del pueblo.
Cerró la puerta con determinación y se sentó. Sin lugar a dudas ese breve compartir con Harry la había hecho sentirse bien, era agradable estar con alguien que tenía buen sentido del humor y que encima se preocupaba por ella. Le encantó que se quedara cuando vio que ella estaba mal, eso Draco nunca lo hubiese hecho por ella, él siempre tiene cosas más importantes dentro de sus prioridades y era obvio que fuese así, después de todo se casaría dentro de unos meses. Lástima que Harry la viese solo como la inquilina de sus padres, porque si no fuese así ella estaba segura que podría haber tenido una aventura con él o quizás algo más. Lo que era seguro era que si Harry tenía a Ginny como "la inquilina" ella aprovecharía aquella situación, cada desperfecto de la casa se la haría saber a él, para de ese modo poder volver a verlo. Casi no sabía de él y sabía que se arrepentiría luego de hacer todas aquellas locuras pero su interior le hablaba, le decía que nada podría salir mal, porque después de todo le bastó solo un desayuno junto a él para darse cuenta que la felicidad la podía encontrar en los pequeños detalles y donde menos se lo esperara.
En esos momentos el dolor de estomago que representaba a Draco le molestaba y recordaba fielmente todos sus defectos, pero a la vez sentía que la intensidad del dolor ya no era tan fuerte y constante como lo era en un principio, cuando por el sufrimiento y la pena se sentía incapaz de hacer nada, cuando se sentía boba por sus comentarios e ideas, y ahora era aun menos que luego de ese lamentable accidente, del cual siempre Draco le dijo que tenía la culpa.
Primero me encantaría dar las gracias por todo el apoyo que he recibido por medio de MP y además los review ^^ En serio sentir ese apoyo alegra el alma e inspira la mente y el corazón.
ok, ahora como se habrán dado cuenta el capitulo es corto, pero solo incluí lo que era necesario, no creen? Me explico mejor, lo importante es ver como Ginny va cambiando su forma de ser y creo que en este capitulo logró un crecimiento muy grande que es coinciderar a Draco como un dolor de estomago, un insoportable, cosa que antes no hubiera hecho... Me carga andar enferma del estomago, creo que es lo peor, no puedes comer lo que te gusta y cuando crees que ya estás mejor comes algo y te hace mal nuevamente 77 malditos dolores xd ajajajaj en fin, me desvié un poco no creen? xd
Y como vi que el capitulo era cortito les traje un adelanto del proximo que se viene, asi que sin más, aquí está:
" —Ayer cuando desayunábamos y pensabas luego de esa llamada que recibiste, no estabas pensando en que pregunta hacerme ¿verdad? Tu pensabas en otra cosa – más que pregunta, lo que Harry le estaba diciendo era una afirmación.
Ginny recordó el episodio de reflexión en el que se encontraba luego de que Hermione la había llamado, era imposible negar lo innegable, además ya se estaba dando cuenta que a Harry prácticamente era imposible mentirle y ante esos pensamientos y esa convicción en la pregunta de Harry, a Ginny no le quedó otra que asentir con la cabeza gacha
— ¿En qué pensabas? – volvió a preguntar Harry.
—Si te enterarás tendría que matarte – comentó siempre en broma Ginny, pero Harry alzó una ceja para dar a entender que su intención era saber la verdad. – Está bien, pero es una larga historia.
—No importa tenemos tiempo, todas las vacaciones si es necesario. - dijo con una sonrisa triunfal. "
Eso es to - eso es to - eso es todo amigos :D
Ahora haganme sentir su apoyo, comenten ^^
Los quiero.
La Dama de negro
