Capítulo 2

Beta: Vnik Lord


01 de Diciembre 2015

Aeropuerto Heathrow, Londres.

Despedirse en aeropuertos era algo común. Decir adiós rodeado de maletas, con mucha gente ocupándose de su vida alrededor, con el tiempo contado y sin nada de privacidad. Gavin estaba demasiado emocionado, le había dicho que la cátedra era muy reconocida y que eso vincularía a Mycroft con lo más selecto del mundo de las matemáticas, un paso que se había tardado en dar, ya que no mucha gente lo ubicaba como el genio que era.

Atrapado en una clase en la Universidad de Londres con un puñado de artículos publicados. Y Mycroft tenía todo para ser el más grande. Cosa que se merecía ser, que ahora tenía la oportunidad de ser. Antes, Sherlock siempre había sido, sino un lastre, una responsabilidad que había aceptado gustoso, su hermano había necesitado de él y jamás habría soñado con apartarse o dejarle todo a su madre. Ahora no tenía ninguna preocupación al respecto, el chico tenía a John a su lado, era estudiante universitario y la carrera en ciernes en el futbol profesional más prometedora de todos.

Sherlock sería una estrella, Mycroft también debía serlo.

Por eso estaba parado en el maldito Heathrow, esperando a que documentara las 2 inmensas maletas, medio escondido detrás de una columna para evitar que alguien que estuviera suficientemente despierto a las 4:30 de la mañana lo reconociera. Se había puesto unos lentes oscuros y una gorra, no engañaba a nadie, pero últimamente volvía a notarlo y de verdad que no quería atender a fanáticos cuando él se estaba yendo.

Al borde las lágrimas, si tenía que confesar sus sentimientos es lo que habría dicho, claro que nadie preguntaba porque se suponía que todo estaba bien. Sólo eran seis meses, se irían volando, en menos tiempo del pensado estarían juntos de nuevo. Sólo que parecían tan pronto, ¿cuánto tiempo había pasado para que se conocieran de verdad, para que sus caminos pudieran cruzarse de verdad? Y ahora, se separaban de nuevo.

Bueno, no era el fin del mundo.

-¿Estarás bien? –su hermano se quedó de pie a su lado, mirando como Mycroft entregaba su pasaporte a la chica del mostrador.

-¿Por qué no habría de estarlo?

Greg cerró los ojos por un momento, aquello había sonado mal, el tono amargo y las palabras, las peores. No podía evitarlo, quería sonreírle al Mycroft que ahora lo miraba pidiendo un poco de ayuda. Caminó el par de pasos que lo separaban del mostrador y levantó la primera de las dos maletas, ¿cuánto pesaba? Según la báscula eran 25 kilos, no era nada, pero parecía que ahí llevaba media vida y eso las volvía, imposibles de levantar. Subió la segunda y regresó al lado de su hermano.

-Yo sólo llevo una y ni siquiera llegó a los 20 kilos –Gavin enfatizó al ver que el peso había superado lo permitido aun para un vuelo internacional, cómo es que había llegado a empacar más de 50 kilos, no tenían idea.

-Espero que no te falte nada. –Greg sostenía la mochila de Gavin para que su hermano pudiera revisar por millonésima ocasión que su pasaporte y resto de papeles estaban donde deberían.

-¿Me enviarás dinero si me quedo sin ropa interior? –Sonrió de esa manera que parecía un niño pequeño.

-Aprende a lavarla. –Greg le devolvió la mochila y sintió que si tuviera la oportunidad acompañaría a su hermano y se aseguraría de que todo estuviera bien, pero no era un niño pequeño, aunque se viera como uno, por lo que debía dejar que fuera del otro lado del mundo e hiciera lo que debía hacer.

-¿Qué voy a hacer sin Gail? –Se lamentó, se puso las manos sobre el rostro fingiendo desesperación.

-Tonto. –Greg abrazó a su hermano aunque todavía no era tiempo para despedirse, pero sintió tantas ganas de llevarlo de regreso a su casa y ponerse a jugar el más reciente videojuego que hubiera en el mercado, por supuesto ni siquiera sabía jugar lo actual, pero antes solían poner el playstation y jugar ResidentEvil. Antes de que su madre llegara y se los quitara por ser un terrible ejemplo para una mente joven.

-Muy bien –dijo Mycroft quien sostenía su pase de abordar y su pasaporte.- Vamos a salir de aquí.

Caminaron despreocupadamente en busca de la salida adecuada, por fortuna no había un mar de gente, era demasiado temprano y no era período vacacional. Cuando llegaron Gavin se detuvo, revisó su mochila con sus documentos, sacó su pase de abordar y revisó su pasaporte una vez más.

-Tienes todo, tranquilo –Greg tomó su rostro y le dio un beso en la frente.- Anda pequeño, vete del país.

Las carcajadas de su hermano fueron algo bueno de escuchar, dio media vuelta y pasó por el control de migración, dejándolos solos por unos momentos.

-¿Tienes que entrar ya? –preguntó Greg esperando por un segundo que Mycroft dijera que no, que podían ir a tomar un café y pasar media hora juntos, pero sabía que para alguien como su novio era imposible, temería tardar demasiado, encontrar mucha gente esperando pasar por la puerta y que la revisión lo retrasara y que no abordara en el preciso momento que tenía que hacerlo.

-Yo… -trató de iniciar una explicación, Greg no la necesitaba, era sólo que quería dos cosas con la misma intensidad. Quería estar con Mycroft y quería ir a su entrenamiento y si se despedían justo ahora, le daba tiempo para estar a las 6 de la mañana en Brighton.

Así que para evitar cualquier conversación extraña, Greg tomó a Mycroft entre sus brazos y lo besó. No fue otra cosa más que una serie de besos cariñosos, en sus labios, en sus mejillas, sobre su nariz. Sonrió al sentir su barba rozar sus labios y siguió besando su quijada hasta llegar a su barbilla.

-¿Qué haces? –preguntó casi riendo, pero Greg siguió depositando besos ahora del otro lado de su rostro hasta que volvió a encontrar sus labios.

-En seis meses y nada de llegar al lado algún matemático japonés o de quedarte a vivir en Japón –Greg dijo aquello entre caricia y caricia, y no pudo evitar echarse a reír al final de sus palabras. Mycroft sonrió y a punto estuvo de decir que sería incapaz de hacer algo así cuando Greg puso el puño en su boca y simuló toser al mismo tiempo que decía una palabra.- VictorTrevor.

-Gregory no seas ridículo –abrazó con todas sus fuerzas y al sentirse abrazado olvidó por un segundo por qué se estaba yendo. Era algo que quería, hace año y medio cuando hizo la solicitud, sólo que ahora, era de lo más inoportuno. Se separaron y Mycroft miró atrás más veces de las que pudo contar y Greg se quedó esperando a que volteara una vez más, hasta que fue obvio que estaba ya muy lejos.

brighton slasher . tumblr . com

anon: Greg se despide de su novio en Heathrow?

anon: A dónde va el novio de Greg? Fue una despedida muy emotiva en el aeropuerto.

anon: Sube las fotos que te estoy mandando.

Molly se había despertado muy temprano, últimamente no dormía demasiado y sabía que eso estaba mal, sin embargo, al encender su computadora encontró por lo menos quince fotografías tomadas con celulares sobre el momento en que Mycroft y Greg se despedían en el aeropuerto. Eran lindas imágenes, se veía el amor entre ambos. El problema es que también había otras fotos de fans que se acercaron a Greg una vez que Mycroft ya no estaba, para Molly era obvia la sonrisa forzada y la tristeza contenida.

Esa era la parte mala de haber filtrado a algunos de sus contactos que Greg estaría en el aeropuerto despidiendo a su novio. Se arrepentía, pero tenía unas fotografías hermosas que de inmediato mejoró un poco pasándolas por filtros y subió al Tumblr.

anon: Cuándo actualizas el fanfic?

Molly cerró de golpe la computadora, el día en que se sentía culpable por interrumpir un momento íntimo de Greg, donde seguramente quería estar solo y no atender a fanáticos, no era el día adecuado para que le pidieran que actualizara su fanfic RPF donde Greg tenía una doble relación con Mycroft y con Sebastian Moran, el entrenador.

Oh no, no debía pensar eso, el problema era que mientras servía cereal y leche en un plato, era en lo único que podía pensar.


19 de Diciembre 2015

Estadio Cherry Red Records, Kingston uponThames.

15 horas.

El equipo de Wimbledon era uno de los pocos que representaba un reto. Eran buenos y Greg se los había repetido una trescientas veces y a pesar de no haber podido ascender a la Primera Liga, tenían todas las posibilidades para este año. Después de todo era casi una historia como la que quería lograr con el Brighton FC. El Wimbledon había sido refundado por sus propios aficionandos para evitar que salieran de la ciudad y habían ascendido desde la más baja liga inglesa.

Greg sabía que por lo mismo, sus jugadores eran los más motivados y es que si el Brigthon llegaba a perder, iba a ser contra Wimbledon. Y no quería que perdieran, ni un solo partido. Aunque si lo valoraba no sería tan malo, el perder era parte de todo y por supuesto que ayudaba a formar el carácter, la frustración podía tener cierto matiz positivo y los ayudaría a esforzarse aún más, a no confiar que siempre ganaría o que siempre sería sencillo.

Pero no quería perder y mucho menos contra el equipo milagroso que no se daba por vencido cada temporada. No, para nada, ellos serían el equipo recordado por salvarse de la venta y mantendrían el equipo para la comunidad y llegarían tan alto que nadie podría dejar de mirarlos. Greg sonrió, parecía un sueño de lo más infantil, simplemente ser los mejores, ¿pero acaso había algo más?

A su alrededor se movían sus compañeros de equipo, platicaban de manera animada, Sebastian los miraba y tal vez pensaba lo mismo, sería adecuado que lo hiciera porque hablaría que mejoraba como entrenador y que veía las posibilidades derivadas de las probabilidades estadísticas.

Cuando caminaron para entrar al campo los gritos fueron espectaculares. A estas alturas de la temporada ya estaban acostumbrados, los aficionados viajan a todos los estadios, aun en los juegos entre semana y venían de todos lugares del país, cargaban letreros con mensajes de apoyo y los firmaban con sus lugares de origen. Los chicos sonreían, era apabullante, al principio los impresionó mucho; ahora, lo tomaban como un incentivo más y no era que estuviera acostumbrados, nunca nadie se acostumbraba a eso.

Greg había estado en dos equipos de fútbol antes, el Totenham y el Manchester United, ambos grandes equipos con una base de aficionados muy grande hasta a nivel internacional pero la gente que seguía al Brighton sólo se comparaba con los que apoyaban a la selección inglesa. Era una especie de fenómeno social, no era sólo la gente que lo apoyaba a él, no sólo era la gente de la ciudad, era muchos otros que tal vez no se identificaban con ningún otro equipo pero con ellos sí.

El juego fue equilibrado, lo mejor que habían tenido en semanas, llegando a casi bloquear a Sherlock pues le había puesto una defensa personal de la que casi no pudo librarse en ninguna ocasión, dejando a Greg y Terry con toda la responsabilidad.

El primer tiro a gol fue para el Wimbledon, superaron a Ethan en marca personal que tenía con el delantero, un tipo de 86 kilos que corría como endemoniado. Akinfenwa, se repitió Greg al ver como dejaba atrás a Ethan, el hombre era muy bueno, podría haber jugado en cualquier equipo de Primera Liga sin problemas. John, por fortuna, tenía la capacidad para detener el tiro, aunque la suerte influyó de manera especial al hacer que golpeara el travesaño.

El otro delantero que estaba en el partido se llamaba Taylor y era rápido, su juventud lo ayudaba, cosa que ya no tenía Akinfenwa, aunque eso no importaba, recodaba Greg, al final los años podían ser de mucho más peso. Pero el chico de 25 años había logrado confundir a Dane y a Mika, quien había subido para defender en vez de quedarse libre para atacar como siempre lo acomodaba Greg. Habían logrado generar dos oportunidades para gol en cosa de minutos y en cambio, el Brighton no había hecho nada.

Terry armó la jugada que por cosa de milímetros no se convirtió en gol gracias a que el defensa, un tal Callum Kennedy, contaba con cierta experiencia contra Greg. Se habían encontrado en varios partidos de la Primera Liga años atrás, el chico era reserva en aquellas ocasiones pero había conseguido jugar algunos minutos. Así que se plantó y consiguió frustrar esa oportunidad y las dos siguientes. Además de todo, Sherlock estaba inutilizado, el defensa lo superaba como por 15 kilos de masa muscular y se volvía una pared frente a él. Paul Robinson, recordó Greg, quien pasaba horas preparando la información para cada partido, aprendiendo nombres y estadísticas de cada uno de los contrarios.

No debería haber pasado nada, pero fue por esta defensa tan cerrada sobre el adolescente que sucedió. Sherlock no era como otras personas, aunque con sus compañeros de equipo solía ser lo más tranquilo que podía, con el resto de la gente no era así. John lograba controlarlo, pero ese día no hubiera sido posible.

John estaba del otro lado de la cancha y el defensa sobre Sherlock. Greg lo apartó en dos ocasiones y habló con él sobre conservar la calma, porque lo estaba observando y sabía que se desesperaba por no poder dar un solo paso sin tener a su sombra. Pero en un tiro de esquina el jugador del Wimbledon terminó encima de Sherlock y aprovechó para darle un golpe en las costillas.

El adolescente no tenía que recurrir a los golpes, tan sólo tenía que decir lo correcto. "El divorcio es tu culpa, ella te engañó porque no soporta tu eyaculación precoz". El cómo Sherlock sabía aquello escapaba su comprensión, sin embargo debía ser cierto, porque el hombre le soltó un puñetazo tan fuerte que de inmediato comenzó a sangrar por la nariz. Con sólo verlo supo que no se contralaría y que necesitaría atención médica. Lo recostó lo más rápido que pudo antes de que comenzara a marearse por la pérdida de sangre, entró el equipo médico y lo retiraron en camilla.

Cerró los ojos y sintió una frustración enorme recorrer su cuerpo. Había pasado por aquello y sabía que en parte las ganas de regresar el golpe eran muy grandes, por fortuna el chico no tuvo la oportunidad y bastó una sola mirada de Greg para que el resto de sus compañeros de equipo se tranquilizaran. No quería una pelea, odiaría que expulsaran a alguien por algo así. Todos se quedaron muy quietos detrás de él, mirando como sacaban a Sherlock y esperando a que el árbitro reiniciara el juego.

Lo único bueno fue el tiro de penal que obtuvieron, algo en lo que era experto. No había fallado uno desde que inició su carrera y cuando tuvo el balón frente a él esperando a que lo pateara, lo hizo de tal manera que sufrió una curva hacía arriba y a la izquierda que terminó en el fondo de la portería. Lo pateó con odio y aunque el portero adivinó la trayectoria, la velocidad a la que viajó el esférico lo hizo imposible para detener.

Fue el primer y único gol del juego. No le supo a victoria y estaría esperando un nuevo juego contra el Wimbledon para poder vencerlos como era debido. Sabía que todos sus rivales sentían lo mismo, las miradas que les dirigieron fueron intensas, lo que tal vez significaba que tenían su primera rivalidad importante. Aquello era bueno, aunque ahora le preocupaba Sherlock, quien había sido llevado de urgencia al hospital más cercano para tomarle radiografías. John había salido corriendo en cuanto tuvo la oportunidad, porque ante la ausencia de Mycroft no había nadie más que él para ver por el delantero.

-¿Podrías acompañarme a ver a Holmes? –dijo Sebastian cuando estaba a punto de salir del vestidor. Estaba parado en la puerta y se veía algo pensativo, recientemente Sebastian parecía un poco distante y a veces no participaba en los entrenamientos, dejando todo el trabajo en Greg.

-Por supuesto, iba para allá, tengo que informar a Mycroft sobre su hermano –respondió tomando su mochila y llegando hasta la puerta.

-Ah claro –la voz de Sebastian sonaba distraída y ni siquiera lo miraba.- A Mycroft.

Greg decidió que no tenía ningún sentido indagar sobre aquello por lo que se conformó con seguir a su entrenador fuera del estadio y a subir a su coche negro que siempre estaba a su disposición. Llegaron en cosa de 8 minutos y fueron informados al instante que no era nada de transcendencia, no había fractura y lo único era que debía reposar para que no volviera a presentar un sangrado.

Sherlock salió herido en el juego contra el Wimbledon. Está bien, lo revisaron en el hospital y no hay nada de qué preocuparse. GL

En Tokyo debían ser las 2 de la mañana del domingo, era el único día libre de Mycroft por lo que no esperaba que viera el mensaje hasta varias horas después. Guardó su celular en la bolsa del pantalón y se sentó en la única silla disponible. John se había quedado dormido al lado de Sherlock, acostado lo mejor que pudo en la camilla de urgencias, si no volvía sangrar irían a casa por la mañana.

Como mucho antes, cuando Sherlock era un niño y él aun no era nadie, estaban en una habitación de una sala de urgencias. Pero ahora no estaría su padre para ir por él y Mycroft estaba tan lejos que no podría más que confiar en que él cuidaría de su hermano.

Porque lo haría, nadie tenía que pedírselo.


Fuera del Estadio Cherry Red Records.

18 horas.

Terry estaba mandando mensajes y se quedó bastante más tarde que el resto de su equipo, salió prácticamente en soledad cuando las afueras del estadio habían quedado libres de fanáticos. Aún tenía el celular en la mano, esperando que ella le respondiera. Ella claro era Caroline, quien no había respondido ni uno de sus mensajes desde dos días atrás cuando le envió una foto que por poco causa que su celular quedara por completo destrozado.

La foto de su rostro siendo besado por su ahora noviecillo del Arsenal.

Maldita, dijeron todos cuando les contó, pero él no podía sacarse de la cabeza que si se tomaba el tiempo de molestarlo de esa manera era porque había cierto interés de su parte. Tal vez sólo se engañaba, pero pensarlo así era lo único que lo mantenía cuerdo.

-Hola.

Se detuvo al escuchar la voz, había un chico enfrente de él, hubiera chocado con él de no haberle hablado, así de distraído estaba con el celular donde no había respuesta alguna.

-¿Hola? –respondió Terry con cierta duda. Él había estudiado en Londres, no era un lugar del todo desconocido aunque estuviera en las afueras de la ciudad, pero pese a todo, no solía hablar con extraños y se sintió ligeramente incómodo con la presencia del chico, quien no lo era tanto, debía tener aproximadamente su edad.

-Perdón, debo presentarme –se acercó un poco más con la mano derecha extendida y la izquierda sosteniendo una credencial, Out Magazine.- Mi nombres es Marcus Jonas, soy periodista de deportes y tengo un trabajo excesivamente nuevo como puedes ver por mi credencial.

-Out Magazine –pensó en voz alta Terry.- Lo siento, no la conozco.

-No esperaba que lo hicieras, de hecho yo no la conocía hasta muy recientemente –dijo el chico y sonrió, tenía un rostro muy armónico, casi provoca que Terry sonriera como respuesta.- Verás, es una revista dirigida a un público en específico.

-¿Público en específico? –Terry y el chico se habían quedado parados frente al estadio, la gente caminaba tranquilamente a metros de los dos.

-Sí –respondió y pareció dudar un momento, volvió a sonreír y se pasó la mano por el cabello como si quisiera darse más tiempo para decir algo más.- Pues hacia un el público de la comunidad gay, es sobre entretenimiento, moda y estilo de vida.

-Ah –dijo simplemente él.

-Me contrataron para seguir al Brighton FC –agregó el chico, Marcus trató de repetirse Terry pero no veía el caso de aprenderse el nombre de alguien que seguramente no volvería a ver.- Verás, yo trabajaba en ESPN escribiendo guiones, pero la revista me ofreció un mejor sueldo por estar detrás de ustedes y pues, no me pude negar.

-¿Por qué una revista sobre entretenimiento para el público gay quiere un reportero que siga al Brighton?

Marcus pareció que tratar de controlar una carcajada y Terry tan sólo levantó una ceja en espera de la respuesta.

-Bueno, pues … Greg… y los otros chicos…. Ya sabes.

-Vaya, es todo lo que les importa.

Trató de alejarse del chico pero fue alcanzado con dos zancadas, era muy alto, casi como Ethan y parecía dispuesto a no rendirse.

-¡No! – Gritó y se puso las manos en la boca de inmediato.- No, no es lo único que importa pero es la razón por la cual la revista está interesada. Sin embargo, yo veo mucho más allá, veo a un equipo del que nadie esperaba nada pero que ahora reúne a una cantidad de aficionados difícil de ver en otro lugar.

Muy bien, pensó Terry, el chico no está tan perdido. Siguió caminando pero no con rapidez, permitiendo que Marcus lo hiciera a su lado, después de todo aun le quedaba un buen recorrido hasta su casa.

-Hoy estuvieron en el estadio muchas chicas adolescentes, estuve platicando con ellas y ninguna apoyaba a un equipo de fútbol previamente, no estaban interesadas. –Marcus hablaba muy rápido, aquello le gustaba a Terry porque lo obligaba a permanecer atento ante lo que dijera.- Cuando hablé con ellas me dijeron que en sus casas suelen apoyar al equipo local o a los de más tradición, pero a ellas jamás les había llamado la atención ver partidos.

-¿Eso es interesante?

-¡Claro! –Respondió con emoción Marcus mientras presionaba el botón para activar el semáforo, los automóviles se detuvieron y ellos cruzaron la calle.- Es casi un fenómeno social y por supuesto que quiero enterarme de primera mano. Muchas de ellas creen que es encantador que Greg tenga una pareja masculina y que su historia de amor sea tan pública como lo es, ya sabes, normalmente los deportistas no salen del clóset de esa manera.

-Más bien nunca salen del clóset –añadió Terry mientras sacaba su tarjeta para entrar a la estación de metro de Richmond, pagó también el boleto del chico sin decir nada.

-¡Exacto! –volvió a gritar él, parecía que hablaba de esa manera, emocionándose con lo que decía.- Por lo mismo, Greg Lestrade y Mycroft Holmes son importantes, pero el equipo lo es de la misma manera, porque no se parecen a ningún otro equipo, salidos de la nada con nula experiencia y ahora, ganando cada partido como si no les costara trabajo en absoluto.

-Así es, parecería que es imposible que seamos tan buenos.

-¡Pero lo son! –Gritó casi en su oído, habían subido al metro y se sentaron uno al lado del otro.- Y ahora estoy siguiéndolos, pero no es suficiente, quiero saber sus historias, quiénes son, que hacen además de jugar y qué es lo que desean lograr al ser parte del equipo.

-Deberías hablar con Irene Adler, ella maneja todo ese tipo de cosas del equipo –dijo Terry como para finalizar la conversación.

-Ay no –dijo Marcus frunciendo la nariz.- Por eso te elegí a ti, eres perfecto en el campo, parece que naciste para jugar pero estudiaste medicina, eres muy interesante, quiero saber de ti además de escribir el drama de Greg viendo a su novio en Japón.

-¿Quieres saber de mí? –preguntó Terry incrédulo. Se levantaron y bajaron del metro, parecía que Marcus lo seguiría hasta Brighton.

-De ti y de todos los demás –corrigió el chico.- Pero empezaré por ti, porque como dije, cada uno de ustedes son especiales y su historia es tan importante como el hecho de que Greg haya vuelto a jugar después de tanto tiempo.

El chico se detuvo y sacó una tarjeta de presentación, se la tendió a Terry quien no solía ver ese tipo de artilugios más que en médicos de la edad de su padre, ahora todos compartían su contacto a través de Whatsapp.

-Tengo que dejarte, pero por favor, ¿podrías llamarme? –Preguntó y de nuevo sonrió de esa manera que casi lo obligaba a corresponderle.- Nos vemos Terry Lincoln.

-Hasta luego.

Terry lo vio partir, sacó su celular y guardó su número de teléfono como nuevo contacto. Fue cuando se fijó que mientras había pasado tiempo con Marcus, Caroline lo había llamado. Dos llamadas pérdidas. A punto estuvo de regresar al andén y tirarse frente al vagón.


Fin del hiatus.

Ahora que terminé Encuentros puedo venir acá y dedicarle más tiempo a esta historia.

Si gustan conocer al nuevo personaje OC, pueden ir a mi página de Facebook de autora, me encuentran como Nimirie.

Gracias a todos por la espera, ojalá puedan continuar acompañándome en esta historia.

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