Todos estos benditos personajes son de mi adorada JK


Capitulo IV

Confesiones de una cena

— ¡Mierda!

Si había una palabra que en ese momento describiera el estado en que se encontraba Ginny mientras buscaba en el armario del baño un par de toallas, esa palabra sin lugar a dudas era exasperación. Estaba segura que si alguien escribiera un libro acerca de ella y debiese ponerle un titulo a aquel capitulo que estaba viviendo en aquellos instantes, el nombre que mejor le quedaría sería "completamente sola y desesperada" porque si de algo estaba segura luego de todo el caos que estaba originando una simple cañería rota era que ella como auror era una profesional capaz de resolver grandes misterios y enfrentarse en feroces batallas, pero en el momento que ocurría algún percance domestica y debía enfrentarlo su mente se bloqueaba unos instantes y no le permitía reaccionar de forma lógica.

Las gotas de sudor mezcladas con las del agua surcaban la frente pálida de Ginny, descendiendo y recorriendo el rostro pecoso, mientras unos mechones pelirrojos desordenados se salían del recogido que la mujer minutos antes les había hecho. Sus mejillas coloradas y su labio ligeramente rojo producto de tanto morderlo, solo indicaban el esfuerzo y trabajo que ella estaba realizando.

Sabía que debía de haberle prestado atención a su madre cuando le hablaba acerca de Gilderoy Lockhart y su nuevo y famoso libro "Mil y un accidentes domésticos y cómo resolverlos", quizás en alguna de las páginas de éste le hubiesen dedicado un segmento a las cañerías rotas, pero la verdad es que cuando su mamá hablaba acerca de su ídolo era imparable, se sabía palabra por palabra lo que indicaban los libros y prácticamente eran un tipo de biblia sagrada o un testamento cuyas reglas son necesarias seguir. A esas alturas a Ginny no se le antojaba ni lo más mínimo prestarle atención a cualquier cosa referente a ese rubio sin cerebro que más bien parecía tener la personalidad de un actor de cine frustrado. Aunque si hubiese sabido hace un tiempo cuando hablaba con su mamá que en un futuro no tan lejano la cañería de la casa que arrendaría se rompería, ella hubiese sido la mejor alumna aprendiendo de su maestro, quizás incluso le hubiesen dado ganas hasta de tomar apuntes.

Su varita parecía un simple palillo inútil entre sus dedos ante su mente bloqueada e imposibilitada de recordar lo que significaba la palabra magia, mientras que con su otra mano tomaba toallas y las tiraba con prisa al suelo intentando de ese modo retener o secar el agua que rápidamente se estaba deslizando por todo el baño y colándose de apoco hacia el exterior, amenazando con mojar toda la habitación de Lily y James.

— ¡Maldición Ginny! ¡¿Qué acaso no eres bruja?! – exclamó en voz alta, enfadada golpeándose la frente y hablándose a ella misma.

Seguía sin recordar el hechizo de secado rápido que utilizaba su mamá para secar los platos en su casa, suponía que podía ocupar el mismo para que al menos no estuviese tan mojado el piso, para de ese modo detener el agua que emanaban sin fin desde la bañera, y a pesar de no recordar ese hechizo tan requerido, su labor de esparcir toallas por el suelo incrementó con la ayuda de la varita.

Siempre le había dado más importancia a aprender hechizos para su defensa personal que los hechizos que en alguna ocasión le podrían servir en su hogar y es que pasaba tanto tiempo en el trabajo que casi ni le importaba esa falencia, era prácticamente inservible para ella porque tenía a la dulce y viejita señora Darwin que le limpiaba todo durante el día y cuando ella llegaba en la noche solo se acostaba.

— ¿Lily? – preguntó una vez hubo marcado el numero de su pelirroja amiga en su celular.

— ¡Ginny, hola! ¿Pasó algo?

—No quiero molestarlos a ti y a James, pero si, pasó algo.

Esa mañana se había levantando con gran animo, se había prometido salir a algún bar muggle a divertirse por la noche, quizás visitar Londres durante el día o dar una vuelta en algún momento por el pueblo que tanto le había encantado, pero ya no estaba con ganas de realizar esos panoramas.

Había tomado desayuno sin dejar de recordar que el día anterior en esa misma instancia Harry la había acompañado. Sonriendo ante ese pensamiento se había dirigido a tomar un baño de tina. Dio el agua para que se llenara la bañera y preparó lo que sería supuestamente un relajante baño. Fue a la pieza para preparar lo que ese día llevaría puesto y cuando por fin decidió entre usar el vestido azul o verde, volvió al baño para desvestirse y luego poder ingresar a la bañera. Ninguna de las dos cosas las pudo realizar. Con su varita quiso cortar el agua que salía de la regadera, pero el movimiento no obtuvo respuesta. El líquido cristalino continuó su camino y emanaba a borbotones de la llave. Viendo que la magia no le resultaba, decidió hacerlo a lo muggle. Ninguna de las dos opciones le resultaron falibles en el momento de cortar el agua, ya que ésta no paraba y comenzaba a desbordarse por el borde de la tina.

Ginny le explicó la situación a Lily en grandes rasgos.

—Le diré a Harry que te vaya a ayudar, mientras tanto solo pronuncia "aqua vaporatem" y el agua se evaporara, es un hechizo simple y funcionará mientras esperas a que llegue mi hijo.

Cortó el teléfono y lo tiró encima de la cama.

No creía que Harry llegase de inmediato asi que pronunció el hechizo y maravillada vio como el agua que en un principio estaba en el suelo se elevaba en forma de vapor, abrió la ventana y las pequeñas nubes escaparon rumbo al cielo.

Se sentó en la cama. El día anterior había sido relajado. Después del desayuno con Harry se dedicó a conocer mejor el pueblo y visitar la estatua que tanto le había llamado la atención en donde los Potter en todo su esplendor lucían unos años más jóvenes y muy heroicos.

— ¿Ginny? – gritó alguien desde afuera golpeando la puerta con ahínco

—Harry pasa – gritó de igual modo Ginny.

Se levantó de inmediato intentando arreglar un poco su pelo y recogiendo un par de toallas aun húmedas.

La sombra de alguien caminando por el pasillo se filtró por la puerta del dormitorio principal y al cabo de unos segundos de espera, Harry apareció traspasando el umbral.

— ¡Gracias a Merlin que llegaste!

—Vine en cuanto llamó mi mamá

Ginny caminó unos pasos hasta acortar la distancia entre ambos y posó su mano sobre el brazo masculino. Sus dedos parecieron tener corriente, pues una leve descarga eléctrica recorrió el brazo del hombre. Confundido la miró. Ginny también parecía haber sentido lo mismo, pero ella solo continuó hablándole.

—No sabía cómo ubicarte para pedirte que vinieras a ayudarme…

Harry miró detenidamente a esa pequeña mujer. Su cabello pelirrojo estaba desordenadamente recogido y claramente mojado y su rostro lleno de pecas claramente colorado. Desvió un poco su mirada hacia el cuerpo femenino y le fue imposible no admirar su figura, puesto que a pesar de llevar una gran polera holgada al estar mojada por el reciente incidente se pegaba a cada curva que tenía su cuerpo. Distinguía tras la tela gris unos pechos redondos y tersos, una fina cintura y al terminar la prenda, dos piernas blancas y firmes.

— ¿Harry?

La voz dulce de Ginny y su suave contacto en su mano lo devolvió de su aventura descubriendo el cuerpo de la pelirroja.

— ¿me ayudarás?

—Claro que si

Ginny lo miraba esperando que se moviera. Él le devolvió la mirada interrogante.

—Debes arreglar la cañería – explicó nuevamente la pelirroja apuntando con su dedo la bañera que había comenzado a juntar agua otra vez.

—Claro, la cañería.

Sin esperar más y apartando apesumbradamente su vista del hermoso paisaje que representaba Ginny, entró al baño y con su varita ágilmente comenzó su arduo trabajo. La pelirroja nuevamente se sentó en la cama, esa vez a observar cómo Harry reparaba el problema murmurando hechizos.

—Le he dicho a mis padres que cambien estas cañerías hace mucho tiempo. Son tan antiguas y están tan malas que ya la magia no le hace efecto. Están desde que mis abuelos vivían aquí y de eso ya han pasado un par de años – comentó Harry arrodillado a un lado de la bañera.

Ginny murmuró un débil y distraído "ok" y permaneció sumida en pensamientos.

Harry sin lugar a dudas era un hombre muy guapo, y se veía por su entrega despreocupada que tenía buen corazón. Hace un momento cuando con su mano lo había tocado había sentido como la descarga eléctrica recorría su brazo bajaba por su espalda y se le devolvía hasta el cerebro, descarga que por cierto, había decidido ignorar en aquel momento, para referirse al tema que le preocupaba, pero ahora no podía negar que esa sensación le había encantado. En ninguna ocasión anterior le había sucedido tal experiencia, era como si ese par de ojos verdes le traspasaran el alma cual rayos recorren el cielo, era como si ese chico que venía recién conociendo pudiese conocer hasta el más mínimo de sus pensamientos y utilizar aquello como un arma mortal infalible.

¿Y si Harry en verdad sabía leer los pensamientos?

Eso significaría que él podría saber todas sus verdades y miedos. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal ante aquel pensar. Se abrazó a si misma para provocarse calor porque su cuerpo estaba sorprendentemente helado. Un momento… ¡estaba mojada!

La camiseta que había elegido la noche anterior para dormir estaba empapada y pegada a su cuerpo permitiendo ver más de lo que en una ocasión normal hubiese mostrado. Se sonrojó levemente. ¡Con que Harry eso había estado mirando unos minutos antes! Él se había dado cuenta en las condiciones que se encontraba, por eso no había escuchado cuando ella le explicó todo el embrollo del accidente, por eso es también que parecía despistado y un tanto embobado.

Rió disimuladamente por lo bajo, para que Harry no la escuchase, pero las risitas melodiosas de Ginny de todos modos llegaron a los oídos masculinos. La miró interrogante y con una ceja alzada.

— ¿De qué te ríes?

—De nada – comentó intentado imitar la cara de angelito en un cuadro que había observado hace un tiempo.

— ¿Sabes una cosa? ¡Eres pésima mintiendo!

Ginny lo miró ofendida. Era una experta auror y muchas veces había tenido que mentir para poder completar una misión, pero no le dijo nada.

—No me mires así porque todavía no te creo las preguntas que me hiciste ayer. No creo que realmente hayas estado pensando en por qué yo tenía la manía de despertarte ni por qué no había entrado a la casa sin permiso como lo hice tu primera noche acá – Harry le hablaba apuntándola con la varita sin darse cuenta de lo que hacía.

— ¡Oh, señor Potter que observador es usted! – comentó irónica rodando los ojos.

Harry le sonrió altivamente y volvió a su trabajo.

—De todos modos no durarás mucho sin decirme que es lo que pensabas, tengo métodos para hacerte hablar.

— ¿Ah sí?

—Si – dijo con convicción

—Pues yo tengo mis métodos para hacerte callar – Harry se volteó para encontrarse con una mirada triunfante por parte de la pelirroja.

Sacudió la cabeza negando con una pequeña sonrisa dibujada en los labios y continuó con su labor.

Ginny al cabo de unos minutos se cambió de camiseta por una que estaba seca y bajó a cocinar el almuerzo. Alrededor de lo que era el medio día, Harry bajó un tanto sudoroso pero alegre por poder resolver el problema de la cañería rota.

— ¿ya está todo bien?

—Si te refieres a las cañerías, si está todo bien, al menos no volverán a representar un problema para ti en lo que queda de tu estancia. De todos modos le diré a mi madre que las reemplacen por otras.

—Ok, muchas gracias.

Ginny estaba concentrada en lo que hacía. Picaba una cebolla de espalda a la puerta de la cocina por lo que Harry podía observar con tranquilidad su trasero y sus blancas piernas.

— ¿Puedo preguntarte algo? – dijo llorosa mientras se limpiaba un par de lagrimas que brotaban por causa de la cebolla.

—Pues, ya lo hiciste pero si, puedes hacerme otra pregunta.

— ¿Cómo le haces para salir del trabajo? Digo, yo llamé y llegaste al cabo de unos minutos. ¿No te ponen problemas por hacer eso?

—Supongo que ser yo tiene sus beneficios – dijo un tanto incomodo y distraído.

— ¿Y quién eres tú para tener tantos beneficios?

—Nadie. – Se apresuró a decir – Digo… Soy Harry, Harry Potter, nadie importante – se encogió de hombros y desvió su mirada de los ojos chocolatados de Ginny. – Además ya mañana salimos de vacaciones por lo que no hay mucho movimiento en el trabajo.

Ginny volvió a su labor de cortar y picar cebolla. Él parecía incomodo ante sus preguntas.

— ¡Ey, eso fue más de una pregunta! – exclamó luego de unos segundos de incomodo silencio, su voz parecía volver a tener ese tono entre irónico y alegre.

—Perdón, los números y yo nunca tuvimos una buena relación.

Harry soltó una risa gutural y negó con la cabeza de forma divertida.

—Creo que es mejor que me vaya – dijo con un repentino nerviosismo

— ¡Oh claro! Debes volver a trabajar, comprendo.

—Si bueno, eso es lo que hago, ¿no?

—Si eso debes hacer, ir al trabajo

—Entonces yo me despido

—Sí, ve tranquilo. Cuídate mucho – Ginny lo miraba extrañada y un tanto dudosa de dejarlo ir con ese estado extremadamente nervioso en el que se encontraba.

—Bueno, entonces… yo me voy – habló titubeante retrocediendo unos pasos, pero volviendo sobre ellos al instante

—Eso ya me lo dijiste – dejó el cuchillo sobre la mesa de la cocina y se acercó a Harry - ¿pasa algo Harry? Te veo un poco nervioso.

La mirada de Harry se desvió de inmediato de la de Ginny, tomó aire y suspiró.

— ¿Ginnyquieresiracenarconmigo?

Ginny intentó no reír, no le había entendido ninguna palabra de las que había pronunciado.

—Perdona, pero no te entendí

—Dije que si acaso querías ir a cenar conmigo.

— ¿Cenar contigo?

La idea la ilusionaba. Salir a comer con Harry… ¡qué bien se veía eso! Aunque le parecía encantador salir a cenar con él siempre tendría la duda de si era porque quería compartir con ella porque la encontraba guapa o porque quería mostrarle la ciudad por su personalidad amable, además de que ella era la inquilina de su madre.

—Si ya sabes. Tu y yo en un restaurant comiendo, claro que si no quieres yo entendería… – dijo Harry apresuradamente

—Si, me gustaría ir a cenar contigo – le respondió riendo suavemente.

— ¡Oh, genial! – Exclamó alegremente Harry abrazando a la pelirroja – Me iba a sentir en deuda contigo si me decías que no.

Ginny lo separó de su cuerpo con delicadeza y lo miró interrogante

— ¿Por qué en deuda?

—Ya sabes, la cañería estaba mala, te hice pasar un mal rato la noche en que llegaste…

—Primero, lo de la esa noche ya está olvidado, recuerda que te perdoné cuando me trajiste ese pastel de manzanas. – Le interrumpió Ginny - Y bueno, si voy a ir a cenar contigo no es por saldar una deuda, porque de todos modos no existe ninguna, sino que es porque quiero salir con alguien.

—Pero Ginny…

—Calla Harry porque si sigues insistiendo en ese asunto realmente estaré enojada, ahora ve al trabajo.

—Bien – dijo en contra de su voluntad, quería continuar hablando – paso por ti a las ocho de la noche.

—Bueno – Ginny lo besó en la mejilla en modo de despedida y lo vio alejarse con la mano en donde ella había puesto sus labios, con la mirada entre confundida y enfadada salió de la casa.

Harry se había marchado dejando un repentino silencio en la casa. Le agradaba sentir la compañía cálida de alguien en aquel frio y nevado Inglaterra, aunque esa compañía hubiese sido requerida en situaciones más bien del todo extrañas. Aparte de la familia Potter, la única persona con la que había entablado conversación durante las últimas veinticuatro horas había sido un pequeño hombre regordete que alimentaba aves en la plaza del pueblo y ni siquiera había sido una conversación normal puesto que él había pasado más de media hora hablando exclusivamente de una extraña ave que habitaba en el sur de Latinoamérica, casi al final de mundo.

Para ella, el almuerzo y el resto del día habían pasado con normalidad a excepción de aquel instante en donde el gato del vecino había entrado por una de las ventanas de la cocina y presagiaba un atentado en contra del pastel que reposaba sobre la mesa de la cocina, por suerte con una de sus manos fue lo suficientemente ágil para detener al felino antes de que se abalanzara encima de la comida.

Las horas pasaban de una forma sorprendentemente rápida, veía el reloj de la casa y si no hubiese sido porque la luz del día de apoco fue reduciendo creería simplemente que las manecillas del reloj habían sido hechizadas para dar vueltas a los minutos de manera irremediablemente veloz. Cuando quería que el tiempo caminara deprisa éste hacía lo contrario y ahora que requería que lo hiciera a paso tortuga, éste tomaba audaces giros y atajos para hacer más corto el camino.

Impaciente y una vez estuvo completamente lista para salir, se sentó en el sillón que se encontraba frente a la chimenea. Cruzó una pierna meneando el pie de vez en cuando. Sus ojos no se querían desviar al reloj que casualmente daban las 19: 55… ¡Diablos! Lo había hecho, había mirado el reloj.

19:56 el paisaje exterior le parecía sumamente interesante. La nieve blanca adornaba de forma muy pintoresca la antigüedad del pueblo.

19:57 ¿Qué estaría pasando en Estados Unidos?

19:58 Por el momento no le importaba lo que estaba pasando al otro lado del mundo, ella estaba a minutos de salir a cenar con un chico que es completamente diferente a Draco. Tragó saliva.

19:59 Alguien llamó a la puerta. Harry se había adelantado.

No entendía cómo era posible que los últimos cuatro minutos fueran los más eternos que vivieron en sus cortos años de vida.

Subió con prisa al segundo piso. Regla número uno en el manual de las citas "hacerse esperar", no mucho cómo para impacientar a tu acompañante ni tan poco para demostrar desesperación, sino que lo justo y necesario, lo necesario para hacer que esa persona te anhele.

—Pasa Harry – dijo la voz de Ginny desde el segundo piso, acomodándose el cabello y nuevamente repasando su aroma con unas gotas de perfume.

Era bastante paradójico hablar acerca de un manual de reglas para citas ya que hace montón que no las tenía, Draco había agotado cada posibilidad de ellas entre ambos con sus frías miradas y respuestas ante el romanticismo y a pesar de que esta no era una cita formal ella la consideraba como tal, porque si había un regla casi igual de importante que la primera, esa era el que "todas las citas son oficiales, aunque el chico no lo sepa". Por suerte había empacado ropa adecuada para salir a cenar. Bajó.

—Hola – fue el simple saludo de Ginny al bajar por la escalera.

Harry admiró con detenimiento cada detalle que poseía esa noche la mujer. Le impactaba y llamaba la atención de sobre manera cómo su color de pelo rojo fuego lo embargaba de calidez y resaltaba con ese vestido blanco que cubría la menuda figura, que mostraba y ocultaba lo requerido para lucir sensual y coqueta pero a la vez dulce y divertida. Sus brazos estaban descubiertos mostrando con honor los pecosos hombros. El blanco vestido caía suelto a partir de la cintura permitiendo de ese modo que al moverse bailara con el viento. Se detuvo un segundo en los pies de Ginny, llevaba un par de zapatos rojos. El conjunto era perfecto… más bien el conjunto en ella lucía perfecto.

—Ho-hola – Harry titubeó carraspeando leventemente. - ¿estás lista?

—Pues la verdad me vestí así para lavar la loza, así que me debes esperar para ir a cambiarme de ropa y nos vamos – dijo ironica y divertida Ginny.

Fue en busca del abrigo que reposaba sobre el sofá frente la chimenea.

—Que graciosa – dijo Harry abriendo la puerta y otorgándole el paso a Ginny hacia el exterior.

La noche, como muchas otras en aquel lugar, era fría. El gélido aire le caló los huesos apenas abrió la puerta y sus mejillas coloradas solo eran el fiel reflejo del cambio brusco de temperatura que había experimentado.

Harry se adelantó para abrir la verja y cuando lo iba a hacer con la puerta del auto, Ginny lo detuvo

—No te preocupes por abrirme la puerta, puedo hacerlo solita – dijo orgullosa y sonriente Ginny, mientras quitaba la mano de Harry de la manilla.

Harry la miró gratamente confundido. Le extrañaba que una mujer tan linda como ella fuese tan independiente. Rió suavemente y le dio la vuelta al carro para entrar en él.

No quiso decirle a donde la llevaba, solamente lo complacía al estar acompañándolo. Cambiaba la estación de radio cada dos por tres, cantaba un par de canciones, bailaba, a veces incluso gritaba y volvía a cambiar la estación. De vez en cuando Harry le decía que se quedara en una canción que le gustaba y cantaban juntos

— "I can't get no satisfaction – Ginny movía su pie al ritmo de la melodía

i can't get no satisfaction.Los dedos de Harry eran como baquetas en la batería tocando sin cesar sobre el volante. – Me gusta mucho esta canción – gritó para que su voz se escuchara sobre el elevado tono de la canción Satisfaction de The Rolling Stones

Ginny afirmaba con la cabeza mientras seguía cantando "'cause I try and I try and I try and I try. I can't get no, I can't get no."

— ¡Es un excelente tema!

Continuaron el camino siempre murmurando la letra de la canción, de vez en cuando se escuchaba con mayor intensidad "I can't get no", "Satisfaction" y muchas veces unos simples "oh no no no". Al cabo de cinco minutos más de viaje pudieron llegar a su destino. Prácticamente habían cruzado Londres. Estaban a la orilla del rio Támesis en un restaurant bastante especial e inusual.

—Harry este lugar es hermoso – comentó maravillada Ginny con el hermoso paisaje que se creaba al obtener una visión del rió y los antiguos edificios de la ciudad.

—Aun no has visto lo mejor – dijo misterioso

Entraron por la puerta habitual de un restaurant cualquiera, caminaron hasta el sector de los baños, Ginny siempre siendo guiada por Harry. Mientras caminaban podían observar las típicas puertas de "hombres" y "Mujeres" pero al momento de acercarse más al pasillo, distinguieron un puerta dorada, una puerta que no habían visto unos pasos más atrás y que definitivamente en un abrir y cerrar de ojos había aparecido. Supuso que esta puerta era como la estatua del pueblo, que se revelaba solo a la gente de sangre mágica. Cruzaron por el umbral, bajando por unas escaleras, luego unos pasillos alumbrados por antorchas y finalmente una última puerta, dorada igual a los baños. Fue ahí donde realmente se asombró.

Miraba en dirección hacia el cielo. Tomó la manga de Harry, tiró de ella llamando su atención y apuntando hacia el cielo le indicó que era lo que le intrigaba. Él solo le asintió confirmando que aquello que ella creía que debía ser el techo era agua y que efectivamente se encontraban bajo el rio. A los oídos de Harry llego un débil pero audible "wow"

Se sentaron, Ginny sin dejar de observar la capa de agua que se encontraba sobre ellos.

—El techo del gran comedor de Hogwarts está encantado para que luzca igual que el cielo de afuera. – comentó Harry para comenzar la conversación – Claro que el techo de este restaurant al igual que el de Hogwarts son magníficos, se diferencian en que este no está encantado ya que el agua que corre sobre nuestras cabezas es el agua del rio.

Ginny soltó un murmullo de asombro.

— ¿Hogwarts era tu escuela?

—Sí. Ahí conocí a mucha gente, pero me hice amigo de solo unos pocos. – Harry hizo una pausa mientras era observado con curiosidad por Ginny.

—Buenas noches Sr. Potter ¿desea que le ofrezca algo?

Levantaron la vista para observar a quien les hablaba.

Ordenaron y el camarero desapareció. No se acostumbraba a estar en un restaurant mágico en donde los camareros aparecían de la nada y la comida llegaba a las mesas flotando sobre un carrito.

— ¿Señor Potter? – cuestionó Ginny divertida con la ceja alzada a Harry.

—No jodas Ginny – dijo incomodo Harry.

—Está bien señor Potter pero no me quedaré tranquila hasta que me cuentes por qué eres tan conocido y privilegiado – Harry la miró desafiante mientras Ginny se apresuró a decir con un aire fresco y mirada soñadora – ¿Juguemos?

— ¿Jugar? ¿A qué?

Ella era como un acertijo, cuando creía lograr encontrarle la respuesta a sus preguntas salía con otras haciendo más difíciles sus contestaciones, eran simples detalles, simples palabras, ella representaba la simpleza pero la complejidad a la vez.

—Verdad o reto.

—Yo comienzo – dijo cruzando sus dedos y apoyando su cara sobre ellos – ¿verdad o reto?

—Verdad

—Algo simple ¿En qué trabajas?

—Soy auror.

— ¡Vaya que coincidencia! Yo igual – Harry la traspasó con la mirada – Te toca. Por cierto elijo verdad.

Ginny asintió aun un tanto distraída por los ojos verdes.

— ¿arriba o abajo?

La risa de Harry se escuchó en todo el restaurant provocando que mucha gente volteara a verlos

— ¿Arriba o debajo de qué?

—Solo arriba o abajo, responde.

—Depende de la situación, depende de lo que te refieres con tu pregunta y depende de sobre qué voy a estar encima o debajo – finalizó de forma pícara

Fue turno de Ginny de explotar en carcajadas, golpeó con delicadeza el brazo de Harry.

— ¿Verdad o reto? – dijo Harry cuando Ginny calmó sus risas.

—Verdad

— ¿Soltera, casada, viuda, separada?

Ginny pareció pensar la respuesta. Se apoyó con pesadumbre sobre la mesa e intentó moldear una sonrisa en sus labios.

—Soltera – tragó saliva ruidosamente. Tomó un sorbo de agua. – Una historia complicada

No sabía por qué le decía eso. Ninguna otra persona a excepción de Hermione sabía que su historia con Draco era complicada. Harry la miró atento, expectante ante nuevas informaciones.

—No quiero jugar más – comentó Ginny luego de un tiempo de silencio llevándose un trozo de carne a la boca.

—Entonces, ¿qué quieres hacer? – dijo escéptico.

Había algo en esa respuesta de Ginny que le llamaba la atención y no se cansaría hasta saberlo todo.

—Cuéntame de ti ¿qué haces, tienes novia, mascota… algo?

—Soy el jefe de aurores de Inglaterra, tengo 23 años y estoy soltero.

— ¿Cómo se conocieron con Marietta?

—Cuando estaba en Hogwarts, en quinto año salí un tiempo con una chica llamada Cho Chang, Marietta era amiga de ella, pero nunca me llamó la atención. Cuando salimos del colegio, me encontré con que ambas amigas trabajaban en el ministerio en otros departamentos y salimos a comer a recordar viejos tiempos. Yo fui con mi primo y como Cho y él se llevaron de maravilla desde el momento en que se conocieron, no me quedó otra que compartir con Marietta. A partir de eso las cosas solamente sucedieron. Ahora Cho y Dudley son novios.

— ¿Y ustedes no lo son con Marietta?

—Como ya te dije, no lo somos. Tenemos una excelente relación sin etiquetas, vivimos nuestra vida.

— ¿Por qué tienen una estatua de ustedes en el pueblo? – dijo sin rodeos. Si alguien preguntaba cómo era ser directo, era cosa de mirar a Ginny en esos momentos y sabría la respuesta.

Harry comprendió de inmediato que hablaba de sus padres y él.

—Esa estatua es otra de las razones por las que me conocen todos. – Dijo con una leve sombra en los ojos – No es algo de lo que pueda estar ni feliz ni orgulloso.

—Confía en mi – dijo Ginny tomando la mano de Harry.

De alguna manera sentía que podía confiar en ella, su mirada chocolatada le trasmitía seguridad y certidumbre de que lo entendería y que no cambiaría su forma de tratarlo, como otras personas lo habían hecho al enterarse de su historia.

Suspiró, tomó agua y le relató la historia de aquella estatua.

James y Lily se habían conocido en el colegio Hogwarts, de magia y hechicería y aunque en un principio no se llevaron bien, al finalizar su educación se convirtieron en novios y no tardaron mucho en casarse. Al poco tiempo llegó Harry para llenar de alegría la vida de ambos jóvenes. Lamentablemente un mago tenebroso empañaba la felicidad de la pequeña familia, un mago llamado Lord Voldemort por los más valientes y el que no debe ser nombrado por los menos osados. Eran tiempos oscuros y todos se resguardaban en sus casas por temor a él, con mayor razón lo hacían los Potter. Existía una profecía, una predicción que decía que un pequeño nacido en el séptimo mes sería el que tendría el poder de derrotar al mago oscuro. Harry era ese niño. Él iba tras ellos.

Se escondieron en el Valle de Godric, pero Voldemort tenía métodos para encontrarlos. La noche del 31 de Octubre de 1881 ocurrió lo que para el mundo mágico fue la salvación y para Harry un calvario. Esa noche Voldemort desapareció tras enfrentarse a Harry e intentar matarlo y los padres del niño de un año murieron o al menos eso sabía Harry hasta el momento. Vivió su infancia y adolescencia en casa de su tía Petunia y cuando cumplió la mayoría de edad se mudó a la casa de su padrino que por ese entonces era sede de un grupo que muchos llamaban la oposición, pero que la mayoría sabía que serían la salvación, ellos eran la Orden del Fenix.

Cuando Harry iba en cuarto ocurrió lo inesperado, Voldemort había vuelto luego de trece años perdido, desde aquel momento el mundo mágico vivió en penumbras. Harry representaba la única esperanza para derrotar el mal. Destruyó cada horrocrux para que al momento de enfrentarse a Voldemort no tuviese oportunidad de sobrevivir. Lo venció. El hombre que había hecho miserable su vida ya no existía.

El mismo día en que su enemigo murió, Sirius su padrino, le presentó a dos personas que tenía mucho tiempo sin ver. James y Lily Potter, quienes por mucho tiempo creyeron muertos, vivían. El amor de Lily por su familia había sido tan grande que la fatídica noche de Halloween los salvó de la muerte, pero los mantuvo en coma durante 16 años, hasta el día del cumpleaños de la mayoría de edad de Harry. Dumbledore el director de Hogwarts, les había cambiado la apariencia para que mientras permanecieran en San Mungo bajo los cuidados de distintos sanadores nadie los identificara.

Fue difícil en un principio mantener una relación con los que habían sido sus padres pero habían estado ausentes en la mayoría de su vida, sabía que los años pasados serían imposibles de recuperar pero se animaba al saber que los años venideros los podría pasar con ellos.

—Es por eso que esa estatua está en el pueblo. La hicieron cuando se enteraron de la noticia que un bebé de tan solo un año había derrotado al mago más poderoso de la historia. – finalizó la historia Harry.

Lentamente levantó su mirada y se sorprendió gratamente cuando vio que Ginny no lo miraba con admiración, había algo distinto en sus ojos, su mirada solo reflejaba comprensión. Los dedos femeninos acariciaron en señal de apoyo la mano masculina.

—Es por lo mismo que tengo esta cicatriz –comentó levantándose el flequillo de la frente dejando ver una reluciente cicatriz en forma de rayo – Es la marca de todo lo que he vivido.

—Tu vida ha sido dura. – le dijo apenada.

¡Y ella se preocupaba de un hombre que no valía la pena! ¡A la mierda Draco! Había gente que había tenido una vida peor que ella y no se quejaba todo el tiempo, ella al menos había crecido con la compañía de sus padres, cosa que Harry no había podido disfrutar.

—No sé por qué te dije todo esto… te aburrí

—Para nada, me has hecho pensar. – comentó un tanto distraída, aun sumida medianamente en sus pensamientos.

—Supongo que es tu turno de hablar.

— ¿Mi tu-turno?

—Cuéntame que misterios rodean a la señorita Weasley.

—Ninguno. –Se apresuró a decir – Soy auror, tengo 22 años. Soy originaria de Inglaterra pero mis padres se marcharon a Estados Unidos cuando yo era muy pequeña, buscaban cumplir el sueño americano. No tengo nada más interesante que contar

— ¿Recuerdas que eres pésima mintiendo?

Ginny lo miró en parte divertida, en parte ofendida

—Tendrás que responderme con la verdad.

— ¿Me queda de otro modo? –Harry tomó aquel comentario como una afirmación.

—Ayer cuando desayunábamos y pensabas luego de esa llamada que recibiste, no estabas pensando en que pregunta hacerme ¿verdad? Tu pensabas en otra cosa – más que pregunta, lo que Harry le estaba diciendo era una afirmación.

Ginny recordó el episodio de reflexión en el que se encontraba luego de que Hermione la había llamado, era imposible negar lo innegable, además ya se estaba dando cuenta que a Harry prácticamente era imposible mentirle y ante esos pensamientos y esa convicción en la pregunta de Harry, a Ginny no le quedó otra que asentir con la cabeza gacha

— ¿En qué pensabas? – volvió a preguntar Harry.

—Si te enterarás tendría que matarte – comentó con una renovada frescura Ginny, pero Harry alzó una ceja para dar a entender que su intención era saber la verdad. – Está bien, pero es una larga historia.

—No importa tenemos tiempo, todas las vacaciones si es necesario.

Ginny lo miró analizando si sería bueno contarle a Harry todas sus verdades desde cómo cayó en la red mortal de tener una relación con Draco hasta aquel fatídico accidente en donde ella fue la más lastimada. Llevaba solo dos encuentros casuales con Harry y esos breves compartir la hacían sentirse bien, era agradable estar con alguien que tenía buen sentido del humor y que encima se preocupaba por ella. Casi no sabía de él y sabía que se arrepentiría luego de contarle su amorío con Draco y todas las cosas que había hecho en su locura, pero su interior le hablaba, le decía que nada podría salir mal, que se confesara con Harry porque después de todo si Draco para ella era el maldito y fastidioso dolor de estomago, que no la dejaba vivir un vida normal, Harry ocupaba el lugar del medicamento, el elixir que calmaba el dolor. Debía admitirlo. Muchos medicamentos le resultaban desagradables, pero éste hasta el momento le gustaba, y mucho.


Yo quiero beber del medicamento de Harry *.* ajjaja Amo a Harry.

Quiero aclarar que la idea de que James y Lily estuvieron en un coma durante 16 no es mía, la copié de un fic que leí hace un tiempo, la autora es Athena Weasley y la historia se llama despertar ( s/4905722/1/Despertar) En resumen Harry pasa 16 años creyendo que sus padres murieron pero aparecen al finalizar la guerra, solo que en ese fic Ginny es quien hace que Harry hable con sus padres porque Sirius al igual que en el libro está muerto.

Esto capitulo tenía dos posibles nombres, el que lleva ahora o el siguiente: "Las cosas que ocurren cuando se te rompe una cañería" pero pensé que quizás era un poco largo y eliminé esa posibilidad xd

Bueno nattu me dijiste que querías una dedicatoria inmensa, asi que partiré diciéndote que te quiero mucho y como no sé con que rellenar la longitud que deseas, te diré: loca, crazy, emplacement, Plaaslike, verrückt, boja, šílený, lud, louco... jajajajjjajaa te quiero

Me encanta sentir todo el apoyo de ustedes, millones de gracias a los que mandan Reviews, los que siguen y los que mandan MP, me hacen feliz ^^ Ahora sigan haciéndome feliz y apoyada, dejen unas palabras en el cuadrito de abajo.

AAAAAAAAH! y si tienen criticas, quejas o lo que sea, igual los recibo.

Se despide, la dama de negro uuuuuuuuuuuuuuuuuuuh uuuuuuh (lease con voz de fantasma)