For the Rose and the Lion

Capítulo 3


23 de diciembre 2015

05:30 hrs

La rutina era la de siempre y no se interrumpía ni siquiera cuando quedará solo un juego más en el año, se levantaba en aquella casa gigantesca que ni siquiera entre todos ellos lograban habitar por completo, se bañaba, preparaba un desayuno muy ligero para los cuatro y luego iba a despertar a Sherlock. Era complejo, porque nunca se quería despertar, aunque llegaran tarde a entrenar con Greg, siempre oponía resistencia ante los esfuerzos más extremos de John.

Descubrió, con el paso de los días, que de nada servía hablarle o gritarle, mucho menos servía tratar de arrastrarlo; lo único mínimamente útil era subirse encima de él, morder su cuello y restregarse en espera de una reacción. Lo usual era que sus brazos lo rodearan y lo atrajeran hasta él, que respondieron a los besos, que comenzara a abrir los ojos hasta que estuviera lo suficientemente consciente para levantarse o para dejarse llevar por la necesidad de sentirlo cerca.

John sabía que esa necesidad era fuerte, que Sherlock parecía nunca tener suficiente, que ahora que tenían un lugar para ellos, aunque ese lugar fuera la casa de Greg, buscaba cualquier oportunidad para estar a su lado y provocar un encuentro. John se daba a desear, la verdad es que no necesitaba tanto esfuerzo por parte de su novio, pero le gustaba la manera en que sutilmente lo provocaba. Le gustaban los besos inocentes, sus dedos enredándose distraídamente entre su cabello, esas caricias leves que parecían ser sólo eso pero que eran una invitación descarada.

Lo conocía, para él era mucho siquiera proponer en silencio algo como esto, en unos meses había pasado de la castidad a la locura, a desenfrenarse porque no había manera de detenerse una vez que estaban juntos, solos y tenían toda la noche por delante. Por eso era suficiente con que Sherlock se abrazara a su espalda y suspirara para que John comenzara a besarlo hasta hacerlo olvidar cualquier otra cosa.

Todo esto era magnífico, podría decir que era un sueño hecho realidad si es que alguna vez se hubiera atrevido a soñar tan alto. Entró a la cocina y el plato sucio en el fregadero le indicó que una vez más, Greg había salido mucho antes de que él se levantara, desde que Mycroft estaba en Japón y con las fiestas decembrinas tan cercanas, parecía que no pensaba o hacía otra cosa más que entrenar. Un omelette rápido y en diez minutos tenía hasta jugo de naranja listo para los tres y esta vez lograría que Sherlock bajara a desayunar.

Tocó la puerta de George y le dijo que bajara, el chico respondía al instante y lo más seguro es que cuando él regresara a la cocina hubiera terminado de comer. Cuando regresó a su habitación la respiración de Sherlock era lo único que se escuchaba. John no hizo nada por un momento, hechizado por la perfección de algo tan simple. Esto era suyo, de nadie más que suyo. Él que había sido toda su vida el hijo extra, el que sólo servía para salvar a su hermana, para el que nadie tenía un futuro y ni siquiera habían planeado que fuera a la universidad. Quien pensaba que jamás podría enamorarse porque nada ni nada le interesaba.

Ahora estaba aquí, al lado del ser más perfecto del universo, aquel que parecía haber nacido para encontrarlo. Era verdaderamente feliz y momentos como este le recordaban lo afortunado que había sido el día en que lo conoció y le cambió la vida.

-John –dijo con obvia somnolencia en la voz.

-El desayuno está listo –respondió pero no hizo nada por alejar la oscuridad del lugar. Se acercó a la cama y pasó las manos por la espalda de su novio.- Anda, vamos a la cocina.

-No tengo hambre –como siempre, se obstinaba en alimentarse como antes, cuando no realizaba ninguna actividad física.

-Pues aunque no la tengas comerás –John se llegaba a portar autoritario cuando Sherlock se negaba a atender a un consejo tan básico. Alimentarse correctamente era primordial para cualquier deportista.- Necesitas trabajar en la masa muscular.

-Yo pensé que te gustaba así.

Sherlock se volteó y John tuvo que apartar la vista, como siempre, tenía la costumbre de dormir desnudo y convertirse en la tentación más grande que existía cuando por las mañanas algo en él parecía despertar antes que cualquier otra cosa.

-Me gustas así, sólo quiero que los defensas no terminen por hacerte volar tres metros si chocan contra ti o te fracturen la nariz–respondió aunque fue muy consciente que sus ojos inspeccionaban a su novio con algo más que interés.

-No chocarán conmigo, puedo anticipar cualquier estrategia que tengan y no me fracturaron la nariz.

John había dejado de escuchar, la verdad es que aunque pudiera anticipar la mayoría, había cosas que se escapaban a su lógica, eso le molestaba, pero era cierto, el fútbol podía dar muchas sorpresas. Pero ahora le interesaba algo más, ya no tenían clases, podían permitirse llegar tarde al entrenamiento y compensarle a Greg el tiempo perdido.

La casa de Greg era grande, sin embargo John y Sherlock no eran nada discretos, George tiró la cuchara cuando un grito lo hizo saltar en su silla. Suspiró, aquel era un precio muy bajo a pagar por tener un lugar agradable donde vivir, sin embargo, envidiaba a Gail y a Gavin quienes no tenían que ser testigos de aquello. Sacó su celular y se puso sus audífonos, mientras estaba escogiendo una lista de reproducción entró un mensaje de un número que desconocía.

Hola, tal vez no me recuerdes, soy Austin.

George parpadeó ante lo inesperado del mensaje, por supuesto que recordaba a ese chico, era un estudiante de intercambio quien consiguió una beca para estudiar en la universidad de Londres, se quedaría tres años más gracias a las excelentes calificaciones que tenía. Era de Texas y parecía ya todo un hombre aunque no tenía más que dieciocho años, era muy alto y como su único pasatiempo era el gimnasio, a George le parecía que tenía demasiados músculos.

Aunque eso le vendría bien ahora, igual que Sherlock, los dos parecían más pequeños que el resto porque les faltaba más peso.

Claro que sé quién eres, pero no sabía que tenías mi número.

Permaneció mandando mensajes por casi una hora, cuando John y Sherlock llegaron a la cocina y desayunaron había ya quedado con el chico texano para la tarde, para que le ayudara a crear una rutina para subir de peso. Eso le vendría bien, para evitar salir volando al chocar con los defensas, como decía John que sucedía con Sherlock. Sonrió al verlos, eran tan dulces entre ellos, cariñosos y pensó que la vida era sencilla cuando uno podía expresar de esa manera sus sentimientos.

Deseó que él fuera más parecido a ellos.

Estadio Falmer

07:00 hrs

Greg había estado entrenando con Joe solamente, aunque en campo estaba también Sebastian, quien parecía perdido en sus pensamientos y ni siquiera les había dirigido la palabra. Esperaba que los demás llegaran a la brevedad, aunque sin tener ahora responsabilidades escolares, la mayoría serían suyos todo el día.

Le sorprendió ver entrar a alguien desconocido, un hombre rubio y alto vestido con una chamarra roja del ManU. Sonrío y al mismo tiempo sintió que su muralla a prueba de recuerdos se tambaleaba un poco. Tenía que reforzarla si querías seguir adelante, aunque su principal pilar estaba del otro lado del mundo y algunos días eran más complicados que otros.

-¿Ese quién es? –preguntó Joe, había corrido hasta él después del último tiro y estaban valorando cómo podían mejorar sus remates, necesitaba sorprender a sus oponentes aunque no estuvieran a su altura, debía lograr llegar a un nivel mucho más allá que el que tenía cuando fue parte de la selección nacional.

-No tengo idea –respondió y al sentirse observado, el hombre saludó. A Greg le parecía ansioso, pero debía haberse acreditado de alguna manera para estar ahí, por lo que dejó el balón en manos de Joe y se acercó para hablar con él. De inmediato el hombre se levantó, visto de cerca parecía ser muy joven, le llamaron la atención sus mejillas y su sonrisa agradable.

-Buenos días –le tendió la mano.- Me llamo Marcus Jonas y trabajo para la Out Magazine.

-¿Out? –preguntó intrigado, debía confesar que no tenía mucha idea sobre otra cosa que no fuera el fútbol, sabía que era una desventaja y que debería corregirlo eventualmente, pero justo ahora no tenía tiempo para preocuparse por otras cosas.

-Es una revista de actualidad y pues están muy interesados en el equipo.

-¿Por qué razón?

-Un equipo a punto de desaparecer donde el mejor jugador del país renace –comenzó a decir embargado por una extraña emoción, Greg lo miraba incrédulo, aquel chico le estaba agradando- y donde además de todo lo hace de la mano de los mejores jugadores que se ha visto en la actualidad. Es increíble que cada uno de ellos estuviera más concentrado en otras cosas que en el fútbol, cualquiera podría ser titular en la Liga Premier.

-También creo eso –consigue decir pero parecería que el chico, porque cuando hablaba de esa manera se veía de mucha menos edad de la que pensaba que tenía, no se callaría ahora que había comenzado a hablar. Hasta que algo captó su atención y se concentró en mirar a un punto a su espalda, parecía que estaba mirando una aparición. Greg volteó y casi suelta una carcajada cuando se dio cuenta que quien entraba a la cancha era Terry. Tosió un poco para recuperar su atención.

-Es imposible –le dijo y el chico abrió mucho los ojos antes de que sus mejillas se pusieran ligeramente sonrojadas.- Aunque nadie te culpara si lo intentas y le quitas de la cabeza a la odiosa asistente de mi madre.

-¿Cómo? –preguntó confundido pero sin poder esconder una sonrisa. Greg dudó un momento, ese tipo de conversación no era su fuerte, ¿con quién se supondría que podría hablar de algo así?

-Terry –señaló con la cabeza a su compañero de equipo quien aparentemente encontraba interesante que ambos estuvieran hablando porque no dejaba de mirarlos- está enamorado de Caroline, una tipa que trabaja para mi madre y a la cual despreciamos. Sin embargo, si alguien lograra que la olvidara, pues…

-No podría… yo…

El chico era adorable, ojalá Terry pudiera ver que eso era mucho mejor que toda la negatividad de la que era capaz Caroline.

-Claro que sí –dijo y se deleitó en la manera en que el chico parecía querer salir corriendo.- Pero estábamos hablando de algo más…

-¡Cierto! –Respondió al instante.- Hablé con Irene Adler y me autorizó para acompañarlos. Entrenamientos, juegos…

-Seguramente ella dijo que hasta podrías meterte a nuestras casas si eso la ayudaba a vendernos. –No lo dijo con amargura, pero era cierto, tenían que venderse como algo beneficioso y que pese a no ser un equipo estelar.

-Bueno… -nuevamente el titubeó y el querer esconder la mirada, definitivamente este chico le agradaba a Greg.- Dijo algo similar.

-Muy bien Marcus, eres bienvenido. Estaremos por horas aquí así que ponte cómodo.

El chico asintió y Greg regresó al lado de Joe justo a tiempo para ver llegar a los demás, George tenía cara de haber presenciado algo traumático mientras que John y Sherlock parecían relajados en extremo. Le agradaba salir temprano de la casa, así evitaba extraños sucesos. Los demás llegaron momentos después y no había mentido cuando dijo que estaría ahí por horas. Sebastian había contribuido con un par de sugerencias que parecían funcionar, eso le agradaba, que se involucrara mucho más en vez de sólo mirar como si nada le importara.

Lo único que logró que parara fue que George se quedó tirado sobre el campo, Ethan y Terry confirmaron que no tenía absolutamente nada más que mucha hambre. Olvidaba que no todos podían saltar las funciones básicas para seguir jugando y mucho menos cuando era un adolescente el cual aún seguía en periodo de crecimiento.

De inmediato alguien corrió y llegó al lado del chico, era Marcus, parecía listo para cualquier contingencia, tenía una botella de Gatorade entre las manos y lo que parecía un sándwich de atún. George lo tomó y comenzó a comer con pequeños mordiscos, los chicos comenzaron a hablar con el reportero de la manera más natural posible. Todos menos Terry quien estaba mirando su teléfono celular, lo cual no sería tan malo si no fuera porque para todos era obvio que estaba tratando de que Caroline le respondiera un mensaje.

-Creo que tendremos que ir a comer –dijo Greg en voz alta y todos asintieron.- Café Rouge, yo invito.

Gritaron porque aquel lugar era además de lindo muy tradicional, ubicado en la marina hecho de madera de roble rojo y donde se comía muy bien. Se lo merecían, así que verlos era bueno, algo que no se encontraba en los equipos grandes, donde las grandes estrellas no salían corriendo por el muelle de la ciudad hasta llegar al restaurante. Se sentaron todos juntos y de vez en vez miraba a Magnus, quien parecía verdaderamente interesado en todos y cada uno de ellos. Los veía ser lo que eran, chicos normales de una ciudad, que tenían sueños y aspiraciones, pero que, sobretodo, amaban el fútbol.

Si eso retrataría el reportero en su revista, quedaría muy feliz.

Komaba, Tokyo.

Ripple Bar

20:30 horas

Por la noche había un DJ, siempre innovador y siempre prometedor, varios habían conseguido grabar canciones y vender discos, entre ellos se encontraba Kreva, cosa que los dueños del local se encargaban de recordar con algunas fotografías en la pared. Pero por la tarde se podían comer sabrosos platos de fideos los cuales eran enormes y baratos. Lo cual era bueno, porque en una ciudad como Tokyo uno podía gastar todo su dinero en cosa de días.

Gavin era asiduo a esos fideos y si en algún momento no lo encontraba nunca dudaba en buscarlo en el local. Un tazón, un café, su Ipad y un cuaderno donde apuntaba todas las cosas que conformarían su artículo de investigación que sería publicado en la revista de la universidad. Se rodeó de otros chicos, alumnos de postgrado, brillantes matemáticos que querían colaborar con él. Día y noche, el chico no estaba descansando absolutamente nada, o estudiaba o recorría las múltiples opciones de entretenimiento de la ciudad.

Sólo se interrumpía por una sola cosa, su llamada en punto de la 2 de la tarde, cuando Anthea despertaba en Londres. Mycroft lo miraba y se sorprendía, a esa hora generalmente estaban terminando de comer en la cafetería del campus y si estaba hablando con alguien, educadamente se disculpaba y se retiraba para poder tener unos minutos con ella. Sintió algo que no quiso identificar como celos.

Revisó su celular y se dio cuenta de que tenía varios mensajes de Gregory sin revisar y el último lo había enviado a las 5 de la mañana hora de Londres mientras él estaba ocupado en la última de las clases matutinas. Cerró los ojos y valoró que era él quien lo había ignorado, aunque lo más probable es que ni siquiera lo hubiera notado porque toda la mañana estaría entrenando.

Ha sido un día tranquilo. MH

De inmediato Gregory se puso en línea y comenzó a responderle, sólo que fue distraído porque alguien conocido se sentó a su mesa, Gavin no se vio afectado, siguió escribiendo en su cuaderno.

-¿Mandando mensajes a casa? –preguntó el hombre. Estudiante de postgrado, mejor promedio de toda la facultad y quien les había servido de traductor durante el primer mes. Mycroft no hablaba japonés pero sólo necesito ese tiempo para dominarlo, aunque aún tenía muchos problemas para escribirlo. Se llamaba Keiji Ichikawa y había vivido durante diez años en Estados Unidos, por lo que su trato era menos formal y estricto y se expresaba muy coloquialmente.

-Así es –respondió sencillamente Mycroft. En aquel lugar la historia del Brighton no era algo de lo que se hablara todo el tiempo y él no era conocido más que por la valía de su trabajo. Aquí no era el novio de Gregory y en parte eso lo tranquilizaba, no tenía que preocuparse porque gente extraña le sacara fotografías o tuviera que asistir a eventos formales donde estaba por completo fuera de lugar.

Aunque eso significaba que aquí no estaba Gregory, que había tenido que pasar semanas sin poder comunicarse con él como hubiera querido. Aunque de haber querido habría hecho como Gavin, por lo tanto, ¿significaba que no quería?

De repente recordó que era domingo, ¿cómo podía haberlo olvidado? Gregory había tenido el antepenúltimo juego del año, revisó de nuevo su celular pese a que el hombre frente a él estaba hablando y sabía que eso no era de buena educación.

Los entrenamientos han sido productivos, Sherlock está bien y lo mantengo con poca actividad. La racha que llevamos comienza a llamar la atención. GL

Había una foto acompañando el texto, Greg aclaraba que se trataba el previo para un artículo que una revista de Estados Unidos haría sobre el equipo. Tuvo que sonreír, se veía bastante bien aunque sólo fuera una prueba. No alcanzaba a ver todo lo que decía, pero las fotos de los chicos eran muy buenas.

-¿Buenas noticias? –preguntó el hombre y parecía bastante entretenido en mirar a Mycroft prestar atención a su celular.

-Muy buenas –respondió sintiendo que era verdad y que una parte de él extrañaba ser parte de todo eso que sucedía con su novio. Si hubiera estado a su lado habrían celebrado cada victoria y hablado durante horas la trascendencia de que una revista no especializada en deportes escribiera sobre ellos.

-¿Te gusta el fútbol? –preguntó al ver el escudo del Brighton como su protector de pantalla de su celular, el que lo reconociera como de un equipo de fútbol era decir bastante.

-No soy gran experto pero tengo mucho interés en cierto equipo.

Su respuesta causó una gran sonrisa en el hombre japonés, Mycroft se sintió algo ¿nervioso?

-¿Fan de Greg Lestrade?

Aquello sólo fue el principio, en cuanto ese nombre fue mencionado fue como convocar a los presentes para que todos se sumaran a la conversación, hasta Gavin tuvo que intervenir en ciertas ocasiones para corregir algo que sabían mal. Mycroft se maravilló con la pasión con la que aquellas personas del otro lado del mundo profesaban por la carrera de su novio. Aunque le parecía gracioso que nadie hubiera tomado atención por el apellido de Gavin, tal vez porque él era Holmes sensei y Gavin sólo Gavin.

Estoy orgulloso de ti. MH

¿Podemos hablar? –GL

Salió del local sin que nadie se percatara, concentrados como estaban en los vídeos que estaban mirando sobre jugadas del Brighton. Marcó el número de Gregory sabiendo que era media noche en Inglaterra pero cuando escuchó su voz olvidó esos detalles mínimos que parecían tan importantes. Como el hecho de que estuvieran en continentes diferentes o que no hubieran hablado en toda la semana.

-Te extraño –dijo de inmediato Gregory y lo sintió tan real que el frío de la tarde se hizo un poco más intenso.

-También te extraño mi amor.

Entonces era fácil recordar por qué llevaba tantos años enamorado de él y por qué haría cualquier cosa por estar siempre con él. Como desechar la oferta que le hacían una y otra vez para quedarse como profesor titular de la cátedra y editor de la revista de ciencias que se publicaba trimestralmente. Con un sueldo magnífico y hasta una casa financiada por la misma universidad. Muchas mejores condiciones que las que tenía en Londres.

Sin embargo, no podría dejarlo así, pedirle que toda su relación fuera esto, mensajes por celular y llamadas en horarios incongruentes. Si aceptara, tendría que decirle a Gregory que lo terminaran, que buscara a otra persona y que lo olvidara.

Sólo que cada que escuchaba su voz sabía que él no podría hacer eso, que nunca en su vida podría haber alguien más, que si no pudo olvidarlo cuando no lo conocía realmente ahora estaba condenado y que pedirle a su novio que lo hiciera estaba fuera de toda concepción.

Hablaron de ellos, del Brighton, de los últimos días en Japón. Mycroft comenzó a contar los días que faltaban para regresar a casa y eso lo hizo sentir infinitamente bien. Se mentía a si mismo cuando consideraba otras posibilidades o cuando imaginaba conocer a otras personas, toda su vida estaba de vuelta en casa, lo que siempre había querido y lo que ahora podía tener sólo para él.


Gracias a todos por la espera, no cumplí con la promesa de 10 a 15 días, perdón de verdad pero se me cruzan tantas cosas que luego no sé ni qué hacer.

Les agradezco demasiado sus comentarios, espero que puedan seguir dejándolos porque como siempre, me son de gran ayuda.