Capitulo V
Medianoche
—No sé por dónde empezar – dijo un tanto compungida. Bajó la mirada esquivando la de Harry.
— ¿Qué te parece por el principio?
— ¡Si tan solo supiera como comenzó todo! – comentó apesumbrada. Soltó un suspiro para infundirse valor – Te contaré todo, pero vamos de apoco ¿vale?
Harry la miró detenidamente. Ella aun tenía la mirada puesta en otro lugar, y tal como lo había hecho ella hace unos momentos, él le tomó las manos en señal de apoyo. Ginny posó sus ojos chocolatados sobre los verdes de su acompañante.
—Si quieres podemos dejar el tema para otro momento.
Ginny lo miró agradecida y con los ojos repletos de lágrimas le sonrió. Si Harry tan solo la entendiera…
Volvió a ver la madriguera, la charca cenagosa, a su padre en camisa persiguiendo a los gnomos del jardín, a su madre dando de comer a las gallinas y se vio a sí misma, como antaño, observando a sus hermanos mayores volar sobre sus escobas y excluirla de sus planes masculinos donde de seguro planeaban alguna broma. Pero, ante los fulgores de la hora presente, su vida pasada, tan clara hasta entonces, se desvanecía por completo, y hasta dudaba si la había vivido. Ella estaba allí: después, cenando con Harry, no había más que sombra que se extendía a todo lo demás.
Recuerdos de una niña alegre y divertida llegaban a su mente, recuerdos de cuando era pequeña, cuando todo era más sencillo, cuando había motivos para sonreír permanentemente, para bromear con sus hermanos y disfrutar de un simple partido de Quidditch o una tarde en familia.
Vagamente pasaban por su mente los momentos vividos en Pigfarts. Ahí era reconocida por su deslumbrante belleza y su increíble talento tanto en el deporte como en las habilidades mágicas. Recordaba en particular aquel partido de su ultimo año, cuando se convirtió en la figura al anotar seis tantos en un solo juego. Era simplemente una joven que a cualquier chico le hubiese gustado tener.
Al pensar en su colegio, le impresionaba lo increíblemente bien que lo pasaba mientras estaba con sus amigos. Reían ante cualquier situación sin importarles nada. Pero las cosas habían cambiado y esa Ginny alegre y divertida parecía estar escondida en lo más hondo de su corazón, esperando quizás que alguien se dignara a encontrar aquella parte que con tanto ahínco se había esmerado en ocultar.
Su alegre vida había dado un cambio radical cuando decidió entrar en la escuela de Aurores. Entró con fe y esperanza para ser la mejor auror del mundo mágico, deseaba proteger a todos de las personas que atentaban a la tranquilidad y pasividad de la comunidad, pero cuando solo llevaba unos meses instruyéndose para lograr su cometido, conoció a quien sería dueño de su maldita libertad.
Ingresó a la Academia los primeros días de septiembre y como era común, en un principio solía perderse entre clase y clase, debía pedir ayuda a los compañeros de cursos superiores o a los mismos profesores, entre estos Draco. Él era un auror, pero en el momento que conoció a Ginny trabajaba como profesor de Inducción a la lógica. Estaba recibiendo ofertas desde el ministerio para trabajar en algunos casos que requerían de una persona con su astucia y perspicacia. Era una oportunidad que no podía perder, ya que su sueldo como profesor no era del todo satisfactorio.
Ginny lo conoció un día de mayo atrayéndole de él inmediatamente sus grises ojos y al cabo de unos meses comenzaron una fugitiva relación de la que muchos no estaban enterados. El talento de Draco y su increíble capacidad de para idolatrar al ministro, le permitió ascender de puestos fácilmente hasta llegar a ser el hombre con mayores cualidades para el puesto de Jefe de Aurores.
Tenía tan solo veinte años cuando su vida experimentó un gran dolor, un dolor que solo una mujer puede sentir.
—Hace dos años yo tenía un novio – habló Ginny luego de unos minutos de extremo silencio.
Harry que tenía su vista fija en el plato luego de esperar un tiempo la respuesta de Ginny, volvió su mirada a ella cuando escuchó sus palabras.
—La verdad nunca fuimos nada oficial. Él siempre parecía tener cosas más importantes que hacer, mucho más importante que oficializar una relación conmigo. Quizás yo tenia la culpa porque no le exigía nada con tal de estar a su lado. Además sabia que debía apoyarlo para que él lograra sus objetivos y una relación con una cadete que era yo de seguro no lo beneficiaría en su carrera tan satisfactoriamente ascendente.
Ginny parecía transportada a otra época, sus ojos perdidos eran el vestigio de aquello que pasó. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Los recuerdos se agolpeaban uno tras otro queriendo aturdir a cualquiera, solo confundiendo más a su dueña. Era una explosión de flash back que iban y venían: Ella y Draco. Nuevamente, Draco y ella. Ella dándole un beso a Draco. Draco esquivando su mirada. Y otra vez, Draco y la que suponía ser ella. En su mente era clara la imagen de cuando, escondidos dentro de su cubículo, se besaban fugitivamente para que nadie los viera, ella se había separado con urgencia de él reclamando aire. En ese preciso instante apareció una mujer preguntándole algo a Draco y él nervioso la corrió de su cuerpo.
—No sé por qué permití mantener una relación así con él ahora que lo pienso. Mi mejor amiga siempre me dijo que él no me convenía y yo no le hacía caso. Ella no entendía… - su mirada estaba sombría y fija en su mano bajo la de Harry.
— ¿qué… - dudó en preguntar – qué no entendía?
—Que perder un hijo es lo más doloroso que me ha pasado en el mundo
Harry quedó absorto mirándola. Su pequeño y frágil cuerpo no parecía el de una madre.
—Duele más que una muerte lenta en manos de un asesino, más que alguien que te saque el corazón, mucho más que la indiferencia de quien amas y aun más que mil cruciatus juntos y créeme cuando te he digo eso, porque por mi trabajo si he recibido muchos de esos.
Hace tres años atrás en un extrañamente día soleado de junio, Ginny había despertado inquieta, ese día tenía hora con el medimago. Por fin le diría cual era el motivo de sus extraños síntomas, por las mañanas con frecuencia vomitaba, los olores fuertes la mareaban y su sueño había incrementado de sobremanera. De seguro le diría que estaba trabajando mucho, quizás le recomendaría un par de pociones y disminuir las horas de estudio. Pero él no entendía que ella quería ser la mejor y debía esforzarse aunque eso le costara pasar días y noches en vela practicando hechizos y repasando conceptos claves. Estrés, así creía que le llamaban los muggles.
Hermione había sido tan insistente que no le había quedado otra opción que asistir a la hora que se había conseguido con un medimago amigo de ella. Recordaba perfectamente las palabras con las que la convenció: "Como tu amiga te diría que me preocupa tu salud y te recomendaría que vayas con un medico, pero como soy tu mejor amiga, no solo te recomiendo ir a revisarte con él, sino que te llevaré quieras o no". Más bien no habían sido sus palabras las que la convencieron si no sus amenazas con hechizarla. Ella por su lado la obligó para que la acompañara ya que Draco nuevamente por sus tantos deberes no podía hacerlo. Recordaba incluso la ropa que llevaban aquel día, ella con sus pantalones predilectos y aunque viejos le calzaban a la perfección dejando a relucir su trasero, una camiseta negra pegada al cuerpo con la leyenda "Kiss my big butt", el titulo de su canción preferida del grupo "The witch of the east". Hermione, por otro lado había optado por unos pantalones a la cadera, una camiseta de pabilos que mostraba un poco de su terso pecho y encima un delgado sweater.
—Es… - tomó aire, continuó – desgarrador.
Tenía presente también el momento cuando casi pierde los resultados de sus exámenes que debía mostrar al medimago minutos antes de entrar a la consulta, milagrosamente recordó que para mayor seguridad Hermione se había ofrecido a guardarlos. Le parecía como si fuese ayer cuando la sanadora proclamó su nombre en alta voz: "Ginevra Weasley el medimago la espera en la sala 14".
El tacto de Harry en su mano le hacía conmemorar el rose de Hermione alentándola a entrar a su revisión y también la forma en que rieron cuando el medimago les había preguntado si ambas eran pareja, debía de ser por la extrema complicidad que ambas transmitían.
"La debo felicitar señorita Weasley" dijo la voz del hombre en su mente "los síntomas que usted presenta nos indica que claramente usted está embarazada, además los resultados de los exámenes nos confirman aquello."
Sabía que su cara en ese momento debía de ser un poema, lo leía en los ojos de Hermione. Sus sueños y anhelos de ser auror se podrían ver truncados por la llegada del bebé pero a pesar de todo, estaba feliz porque el amor que sentía por Draco se había hecho carne en un hijo entre ambos. En aquel momento rápidamente pasaron ideas por su mente acerca de cómo llevar la situación y creía poder ver la solución al alcance de su mano.
—Cuando me enteré de mi embarazo estaba feliz, lo único que opacaba un poco mi alegría era el hecho de que no podría continuar en la academia.
Ginny removió la carne que se enfriaba de apoco en su plato, intentaba buscar la mejor manera de explicar su historia.
—Me dije a mi misma que no contaría a nadie acerca de mi embarazo hasta tener tres meses o cuatro, ni siquiera a Draco, por lo que seguí mi entrenamiento normalmente. Tenía cuatro meses y aun nadie sabía de mi hijo a excepción de Hermione. Tampoco nadie podía sospechar nada porque mi panza no había crecido mucho, solo mi familia me dijo que estaba más gorda, pero lo atribuyeron a que me estaba alimentando más por los nervios que podía estar pasando al intentar aprobar mis exámenes. Un día Draco me descubrió frente al espejo desnuda acariciando mi vientre, el cual al estar sin ropa dejaba al descubierto un crecimiento que para nada era el de la comida.
A Harry le era imposible imaginar el delgado cuerpo de Ginny con una protuberancia en su vientre, era extraño, pero sin embargo maravillosa la idea de ser padre.
—Se sorprendió mucho al enterarse que estaba embarazada, pero me sorprendí más yo al verlo tan feliz por ello. Fue la primera vez que lo vi cariñoso más allá de lo frívolo, pasional o carnal, era más que eso, era amor a su hijo, incluso me atreví a pensar que también a mí. Al enterarse Draco no podía seguir ocultando mi secreto, ese fin de semana iría a casa de mis padres a contarles y el lunes le diría al director de la academia. Fui sola y me preparé para hablar con ellos al finalizar el día. Gozamos de un almuerzo familiar en donde como siempre terminamos jugando Quidditch. Sabía que no debía jugar porque era peligroso pero aun así me subí a la escoba. Fue entonces cuando ocurrió la desgracia. Caí más de 30 metros. Cuando me desperté estaba en el hospital con la cabeza vendada y un par de huesos rotos. El doctor solo me confirmó lo que yo ya intuía, había perdido al bebé… – tragó con fuerza.
Sabía que su golpe había sido bastante fuerte y le sorprendía de sobre manera haber sobrevivido a él. Había posado una mano en su vientre y miró al medimago expectante, él solo negó con la cabeza gacha. Unas lágrimas cayeron por sus mejillas mientras le rogaba al hombre que no le contara a su familia acerca de su embarazo y su reciente perdida. En aquel momento Draco había entrado a la habitación.
—Cuando se enteró de que había perdido al bebé se puso furioso, me gritó y casi golpeó si no hubiese sido por la presencia del doctor. Nunca lo había visto de esa manera. – Paró un momento su relato para tomar aire y juntar valentía – Creí que quizás… bueno ya sabes, él quería a su hijo y yo no se lo pude dar porque lo había perdido. Había dado la vida de mi hijo a cambio de un partido de Quidditch. Ese bebé significaba la unidad. ¡Había perdido la oportunidad de darle a Draco un hijo!
Harry la observaba sintiendo un mar de emociones. Esa mujer de escasos veintitrés años había sufrido y pasado cosas que a muchas personas mayores que ella ni se le cruzarían por la mente. Ella había sido muy fuerte al sobrellevar la pérdida de su bebé y él, Draco, aquel que decía ser un hombre, bastante tonto al aprovecharse de la situación.
—Si fue posible, nos separamos aun más, sin embargo nunca dejamos de vernos. Yo me fui de su casa, arrendé una al centro de Inglaterra para pasar los fines de semana porque iba a terminar mi carrera de auror y para eso me quedaba en el internado de la academia durante la semana. Afortunadamente de nada de esto se enteró mi familia, les hubiera destrozado el alma. Yo por mi parte, buscaba por todos los medios complacer a Draco, le daba en el gusto y me humillé más de una vez. – Suspiró fuertemente, se limpió un par de lagrimas y volvió a hablar – Pero eso ya pasó, ahora no me dejaré volver a pisotear ni por él ni por nadie.
Se veía decidida, con dolor, pero firme ante la posición de no humillarse más por nadie.
—Me dejaste sin palabras…
—Dime algo que sea. Que todo mejorará, que él no merecía mi cariño… ¡Vamos, habla!
—Sé que ahora puede que veas todo oscuro y no encuentres salida a tus problemas, pero la solución está al alcance de tu mano y solo tu tienes el poder de sobrellevar aquel dolor y encontrar la felicidad.
Ginny solo lo miraba. No eran las típicas palabras de consuelo a las que Hermione la tenía acostumbrada, eran distintas y solo la alentaban a continuar hacia adelante. ¿La felicidad la tenía a su alcance?
—No tengo mucho más que decirte, nunca he sido bueno con las palabras, pero te apoyo y comprendo. Solo sé que, lo que necesitas en este momento es distraerte y tengo la fórmula perfecta para ello. – dijo en un tono seductor con la única intención de que Ginny alejara de sí esos pensamientos.
— ¿Estás – Ginny hipando se limpió una pequeña lagrima que escapó solitaria de sus ojos – coqueteando conmigo Potter? ¿Me quieres llevar de juerga toda la noche?
— ¡Como lo crees! Simplemente intentaba sacarte una sonrisa – Ginny sonrió con la mirada sombría.
—Eres divertido. Me has hecho reir más de lo que mi ex novio lo hizo en tres años.
— ¡Pero qué bonito! Resulta que ahora me tienes de payaso – Harry se cruzó de brazos y giró su cabeza indignado.
Ginny explotó en carcajadas y le tomó la mano.
— ¡Qué dramático eres! – Harry se unió a su risa.
La comida en aquel punto de la conversación estaba un tanto fría y aunque hubiesen querido seguir comiendo no era necesario ya que la conversación suplía cualquier ansiedad.
—No me hables de alcohol – dijo cuando comenzaron a hablar de licores – La última vez que me emborraché terminé en la cama con un tipo que ni conocía.
—Eso está muy mal señorita. ¿Compartiendo cama con alguien que no es su esposo? ¡Que feo! – dijo en tono de burla Harry.
—Lo dice a quien encontré en mi cocina teniendo sexo.
—Graciosa – dijo riendo irónicamente, en eso sonó su celular. Era un mensaje.
— ¿Qué sucede? – preguntó Ginny una vez vio la cara de Harry.
—Es Marietta, quiere que nos juntemos. Le he dicho que estoy ocupado.
— ¡Oh! Pero no te sientas obligado a permanecer conmigo. Si deseas acompañarla ve, yo regreso sola a mi casa.
—En absoluto, me quedaré contigo. – revisó la hora en su reloj y verificó que ya eran pasada la media noche. Habían llegado al restaurante a eso de las 21.00 hrs, y no veía el momento en que transcurrieron más de tres horas ahí sentados. – Esta noche no haremos mucho más, pero mañana deberás prepararte porque te llevaré a conocer Londres.
— ¿Hablas en serio?
—Por supuesto que si. Harry Potter no bromea con ese tipo de cosas.
— ¿Y eso fue una invitación?
—Absolutamente si.
—Entonces señor Harry Potter, acepto su invitación.
—Perfecto señorita Ginevra Weasley. ¿Me acompaña? – ofreció Harry su brazo para caminar hacia la salida. Ginny sonriendo aceptó.
El camino de vuelta a la casa fue casi en completo silencio si no hubiese sido por la radio y por el constante sonar de dedos de Harry sobre el volante. Ambos se encontraban demasiado absortos en sus pensamientos como para poder conversar sobre algo.
Aquella noche, a pesar de haber estado llena de secretos e historias, parecía haber sido una especie de terapia para ambos, un tipo de catarsis.
La oscuridad y la rapidez con que Harry manejaba, no le permitió observar el paisaje que se presentaba constante frente a sus ojos fuera del automóvil. También poco podía fijarse en las expresiones de su acompañante.
Harry tras el volante, una vez más como ya muchas veces había hecho en esos momentos, se giró para observar a Ginny, a su pequeña y respingada nariz cubierta de pecas y a su ceño fruncido como si intentara liquidar algo con la mirada. Algunas veces le parecía ver sus ojos normalmente castaños, de rojo por el reflejo de la luz de uno que otro auto que venía en sentido contrario. Creía verse tonto por la cara que ponía cada vez para fijarse en los detalles de ella, en si lo miraba, si suspiraba o movía los labios. Volvió la mirada al frente. Su visión periférica percibió un movimiento a su lado por parte de la pelirroja. Le estaba dando la espalda.
¡Sabía que no debía haberla hecho hablar! Ahora ella se debía encontrar llorando porque recordó lo que había tenido que pasar, quizás removió cosas que no debió haber tocado. Seguramente la mente de la chica vagaba y repercutía en su relación con el tal tipo llamado Draco o incluso creía poder apostar mil galeones en que ella se encontraba alucinando con su bebé, ese bebé que nunca llegaría a conocer. Lograba imaginar que Ginny pensaba en el rostro del bebé que había perdido, quizás quería que fuera mujer para poder vestirla cual muñequita y peinar sus rizos, seguramente pelirrojos o quizás un niño para que se pareciera a su padre y ver en él el hombre del que se enamoró. Podría jugar con él a las escondidas, le contaría cuentos y cuando fuera más grande, preparándose para la escuela, le enseñaría todo acerca de la magia. ¿Y si era niño, que nombre le pondría?
¡Oh, por Merlín, qué mal hombre era! Lo sabía, de tanto insistir le había traído malos recuerdos a Ginny.
Tocó con suavidad el hombro femenino delicadamente cubierto. Pronunció su nombre con delicadeza para tantear las condiciones en que se encontraba la pelirroja, pero no recibió respuesta. Bajó del auto cuando llegó a la casa de sus padres y lo rodeó para abrir la puerta de Ginny. Sus ojos completamente cerrados eran la razón del porqué de su mutismo.
Plácidamente dormida, lanzó un suspiro y una pequeña exclamación cuando el aire helado golpeó en su rostro. Él la miró admirado, cada cosa en ella le parecía sorprendente, desde su llameante y extrañamente pelo rojo, sus pecas cubriendo su rostro y descendiendo por su cuello, hasta sus ojos castaños, sus deslumbrantes ojos castaños. Suspiró. Definitivamente esa pequeña mujer sabía el significado de belleza.
Posó una mano sobre ella y la removió con suavidad. No despertó. Pasó una de sus manos por detrás de su espalda y la otra por detrás de sus rodillas. Para ser tan pequeña era bastante más pesada de lo que se imaginaba. La llevó dentro de la casa teniendo especial cuidado al entrar por la puerta, en no golpear su cabeza contra el umbral, luego cuando avanzó más se fijó que los pies de Ginny no tocaran nada de valor que su madre tenía sobre unos muebles y cuando subió por la escalera pisó con fuerza cada escalón para no resbalar. Por fin ya llegaba a la habitación, a la cama, un paso, solo uno más.
— ¡Mierda! – Harry había tropezado con la pequeña alfombra que su madre tenía a la bajada de la cama y casi había aplastado a Ginny.
Acomodó el cuerpo femenino en la cama y por segunda vez aquella noche, sonó su celular.
— ¿Aló? – murmuró.
—Harry, cariño, te tengo una invitación
— ¿A esta hora? Es muy tarde, mejor ve a tu casa a descansar. – dijo quitando los zapatos de Ginny
—No puedo. Estoy con unos amigos en el club Éxtasis, solo faltas tú.
—Estoy cansado…
—Ven, nos divertiremos, te extraño mi vida.
—Marietta, sabes que nos divertimos mucho juntos, pero somos…
—Lo sé, amigos, simplemente amigos y nada más – la voz desde el otro lado del teléfono se escuchaba decepcionada - ¿Nos vemos mañana?
—No creo que pueda.
— ¿Por qué hablas en susurros? ¿Estás con alguien?
—Hablamos luego ¿ok? Adios linda – dijo esquivando olímpicamente el tema.
— ¡Harry! – hastiado cortó y botó el celular en la cama.
No sabía si había sido que lo había escuchado hablar por teléfono o el rebote de su celular cuando cayó sobre las colchas, lo que había hecho a Ginny revolverse de forma incomoda y hablar dormida.
— ¿Papá… Ron? – murmuró.
—No Ginny, soy Harry, te quedaste dormida en mi auto y… - le habló aun sin saber que ella solo exteriorizaba algún recuerdo o algo que estaba ocurriendo exclusivamente en su imaginación.
—Ron, hermanito… - Ginny entre sueños, alargó su mano pidiendo compañía
—No, soy Harry – tocó los dedos que le ofrecía la mujer
—…Quédate conmigo – refunfuñando
—Yo me debo ir, mañana vuelvo para llevarte a…
—Ron, por favor… - aun dormida sollozó y agarró aun con más fuerza la mano de Harry.
Harry aun sin poder zafarse del agarre de Ginny, se recostó a su lado intentando calmar los pequeños sollozos que aun dormida emitía, tocando sus cabellos y arrullándola como a una bebé.
—No te aferres al pasado ni a los recuerdos tristes, querida pelirroja. No revivas los dolores y sufrimientos antiguos. ¡Lo que pasó, pasó! Pon tus fuerzas en construir una vida nueva, orientada hacia lo alto, y camina de frente sin mirar atrás. Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó.
Estuvo un par de minutos más acariciando los desordenados cabellos de ella cuando Morfeo lo llamó también.
Primero, muchas gracias por seguir la historia y por ser tan pacientes por esperarme, lo que ocurre es que la Universidad absorbe la mayor cantidad de mi tiempo, por lo tanto de ahora en adelante las actualizaciones serán así, una vez cada un par de semanas.
Ahora, Medianoche es el nombre del capitulo porque creo que Ginny aun no despierta del todo a la luz del día, pero claro, ya está despertando.
Fue un capitulo cortito, asi que miles de perdones, pero bueno, como ya dije: Universidad.
Gracias a mi querida perra del alma, la más linda de todas, Karla, porque sin ella en definitiva nada de esto saldría a la luz, ella me obliga a actualizar.
Bueno, no sé que más decir, si tienen dudas, reclamos o cualquier cosita, ya saben, lo dejan en un review o MP
Saluditos
