Los personajes no son mios... blablabla... Jk es la mejor, son de ella.


Noche Buena

— ¡Ginny! ¡Ginny! ¿Dónte estás?

— ¡Ginny!

— ¡Hija!

— ¡Ginny! ¡Ginny! ¿Dónde estás?

— ¿Mamá? ¿Papá? ¿Ron?

— ¡Pecosa!

— ¡Chica!

— ¿Alguien?

Dio vuelta. Escuchaba la voz de sus hermanos y padres cerca.

La buscaban.

Querían saber a dónde se había ido, qué estaba pasando con ella.

Giro, nuevamente, desesperada.

Esa oscuridad la estaba matando, quería encontrar la luz, quería salir de aquel lugar que la estaba angustiando.

Ya había estado antes ahí.

Sus manos tocaron algo.

Eran hojas.

Era el bosque en el que tantas veces ya había estado anteriormente en sus sueños.

De pronto, todo se iluminó.

Veía los arboles que crecían en la medida que ella posaba su vista en ellos.

Vio el césped acariciar sus pies con sus diminutas y alargadas hojas.

Algo a lo lejos llamó su atención.

Caminó.

Era un árbol, extraño, pero árbol al fin y al cabo.

Sus cuencas formaban una especie de cara.

Podía reconocer esas facciones.

Eran como las de Draco.

De pronto, el árbol abrió los ojos.

Parecía que clamaba clemencia.

¡Se estaba quemando!

Retrocedió asustada.

Vio sus manos.

Unas cadenas estaban soltándose de ellas.

No las había visto antes.

—Ginny ¿eres tú?

Respiró asustada suprimiendo un grito. Estaba transpirando y tenía un peso extra sobre su brazo. Era una cabeza, era Harry. Sonrió y acarició su cabello desordenado. Aun tenía los lentes puestos. Con un dedo, tocó su nariz recta, su boca, sus ojos verdes reposando y su cicatriz, su marca.

Estaba seria. Le era difícil sonreír por el sueño que había tenido. Seguía acariciando el rostro masculino mientras pensaba ¿qué habrá significado todo aquello? No podía sacar de su mente todas las imágenes que había visto, era todo tan extraño y sin embargo tan alentador.

¿Eres tú? Esa pregunta resonaba una y otra vez en su cabeza. No había sido nadie de su familia quien la había formulado. Por el contrario, la voz le resultaba bastante conocida, pero a la vez extraña. Era como si Harry se hubiese tragado un silbato o ella misma hubiera enfermado de repente o quizás, simplemente, era la combinación de ambas voces.

Y aquel árbol ¿qué habrá querido significar? Tenía la cara de Draco, así que no podía ser nada bueno. Se estaba quemando.

Repasaba mentalmente una y otra vez las imágenes, no porque quisiera, sino que ellas volvían cual perro tras coger la pelota que lanza lejos su amo. No era enfermizo lo que hacía, ya no. Le resultaba peor aquella relación que alguna vez tuvo y que una vez le resultó parecer feliz.

¿Cadenas? Nunca las había visto. Ella quería romper sus cadenas, las cadenas que la mantenían atada a Draco, aquellas que no le permitían escapar de la torre más alta del dragón que la tenía prisionera.

El sol tocó su rostro entrando por la ventana, indicando que era hora de levantarse. Tomó una almohada y la puso bajo la cabeza de Harry para reemplazar su hombro y no despertarlo. Se puso en pie y sintió una ligereza en su espíritu como hace mucho tiempo no lo sentía. Sonrió y sin saber por qué y sin hacer mayor ruido, bailó y agitó los brazos en silencio, sorprendiéndose a ella misma de grata manera de encontrarse con los ánimos tan renovados. Radiante, bajó a la cocina dispuesta a preparar el desayuno para Harry y ella y como todas las mañanas, llamó a Hermione para mantenerla al tanto de todo lo que estaba haciendo, era tedioso y un tanto controlador por parte de su amiga, pero prefería eso a que la castaña estuviese todo el día llamándola sin parar.

Eso la hacía tener esperanzas, tenía un sueño. Ella, por fin era ella, después de todos esos años, había vuelto a ser ella. Esas cadenas rotas, ella las había destrozado. Ella, simplemente ella. No sabía por qué, pero algo le decía que no debía aferrarse a recuerdos tristes y dolorosos. Era como si una voz le hablara desde su subconsciente y le decía que ahora debía construir una nueva vida y levantar la frente, porque ella y solo ella, tenía el poder de ser feliz, porque ella y solo ella, tenía la capacidad de ser como el sol que apareció por su ventana aquella mañana, alegre y renovante.

Había pasado ya, una semana desde aquella cena en donde habían confesado sus historias de vida y desde aquel momento en que Ginny le pidió que se quedara a acompañarla durante la noche, se había hecho un hábito para Harry y ella dormir juntos, quedándose hasta tarde viendo alguna película hasta que el cansancio los vencía. Durante el día visitaban lugares que ella quería conocer y que él estaba dispuesto a mostrarle. Había conocido, además parte de su familia, a su pequeño ahijado Teddy y a sus amigos. Se sentía parte de algo importante y aunque Marietta quería robarle de vez en cuando a Harry, él prefería acompañarla.

— ¿Ginny?

Ni siquiera notó el momento en que el pelinegro entró en la cocina. Su charla con su amiga no le había dejado buenas noticias, tendría que regresar el día de Navidad con urgencia a Estados Unidos, pero no le dijo nada a Harry, quería disfrutar del día sin pensar en aquello. Dejó los huevos de lado y giró para verlo a la cara. Traía los lentes torcidos y el cabello, de por sí desordenado, revuelto en todas las direcciones.

— Luego te llamo, Hermione – dijo dejando el teléfono de lado – ¿Qué haces aquí tan temprano? – Preguntó sorprendida – cuando bajé parecía que no despertarías en un buen rato más.

— ¿Qué huele tan bien?

No esperó ni respuesta y fue en busca de los huevos.

— ¿Podrías hacerme el favor de esperar en la cama? Llevaré el desayuno para arriba. Eres peor que un niño – lo miró con los brazos en jarra

—Pensé que mi madre se había ido de vacaciones – dijo y salió corriendo tras la mirada amenazadora de Ginny.

Ella dio la vuelta, dando la espalda a la puerta, sonrió y preparó una bandeja con todo lo necesario, conjuró un hechizo levitador y partió hacia arriba para disfrutar de un desayuno en la cama.

— ¿Qué le ocurrieron a tus lentes? – preguntó sentándose.

—Cuando salí corriendo de la cocina, resbalé, se cayeron mis lentes y sin querer, los rompí – comentó encogiendo lo hombros.

— ¿Te ayudo a componerlos?

—Prefiero mantenerme así por el momento, quizás cuando terminemos de comer los arregle, porque no quiero que se empañen con el vapor del café. Mientras tanto, tendré que ser ciego

— ¿Tan ciego estás?

—Tú misma te darás cuenta

Y así fue. Durante el desayuno, Harry había tomado seis veces la mano de Ginny por el pan, un lápiz por el cuchillo y en una ocasión casi tomó la mantequilla como su café cargado.

—Ya veo de qué hablabas ¡Tu vista es pésima!

Harry guardó silencio, parecía que tenía algo atravesado en la garganta

—Ahora que terminamos ¿por qué no te cambias de ropa y hacemos ese paseo que te prometí?

—Pensé que nunca lo dirías – dijo bajando de la cama de un salto.

Quedó absorto mirando el lugar vacio que anteriormente había estado ocupando Ginny. Se veía distinta, mucho más alegre que el día anterior, incluso sus ojos chocolatados lucían tranquilos. Y es que era de esperarse ya que aquella noche sería Noche Buena y Harry la había invitado a una cena junto a su familia.

Estaba por tomar la manilla de la puerta, cuando recordó algo.

—Harry ¿te puedo pedir un favor? – apareció una parte del cuerpo de Ginny por la puerta del baño

Harry había arreglado nuevamente sus anteojos y cuando vio a la mujer, tragó en seco. Lograba ver las pecas que adornaban los hombros desnudos de la pelirroja y bajaban hasta sus pechos… ¡si no fuera por la toalla!

— ¿Puedes ordenar las cosas del desayuno? – logró articular una vez paró la risa.

Él solo asintió y aun mirando la puerta salió de la habitación. No pasó mucho tiempo cuando ya estaban en el auto.

— ¡Ginny!

Dijo un pequeño de pelo azul cuando abrieron la puerta de la casa a la que Harry la había llevado. Había sido una reacción completamente distinta a la que se llevó la primera vez que fue a esa casa. Mientras abrazaba al pequeño, quien con euforia había saltado a sus brazos, recordó aquel momento.

En aquella ocasión, ella intentó componer su mejor sonrisa para fingir que estaba cómoda en aquel lugar. El chiquitito había saltado sobre los brazos de Harry, mientras él lo giraba y acariciaba en forma paternal.

— ¿Cómo estás, pequeño? – dijo él revolviéndole el cabello al niño que parecía no tener más de cinco años

—Perfectirijillo

— ¿Quién te enseña esas palabras?

—Los Simpsons

— ¿La abuela deja que veas esas caricaturas?

—No, ella no lo sabe – dijo en forma confidencial y cubriéndole la boca a Harry – No le digas nada, por favor

—Este será nuestro secreto – dejó al niño en el suelo nuevamente - ¿Tu abuela está?

—Sí, está arriba ¿Quieres que la llame?

—No te preocupes, quiero avisarle que te sacaré a dar un paseo – comentó al ponerse a la altura del menor.

Harry desapareció escaleras arriba para hablar con la abuela del niño, mientras que Ginny era cautelosamente observada por el menor

—Nos vemos en la noche – dijo Harry a Andromeda, apareciendo por las escaleras a modo de despedida.

Teddy tomó el pantalón de Harry llamando su atención. Él volvió a la altura del pequeño y le habló en el oído.

—Harry ¿Quién es ella? – aunque fue en un tono de voz bajo, la pregunta había llegado a los oídos de la pelirroja.

—Hola pequeño. – dijo deteniendo el paso y girándose para mirar al chico de cabello azul –Perdona a Harry que es un descortés y no hace las presentaciones debidas. Yo soy Ginny, Teddy.

Ella le ofreció su mano al pequeño y él gustoso la aceptó.

—Me gustas, Ginny. Eres muy linda – dijo cambiando su cabello a un color rojo intenso como el de la pelirroja.

— ¡Su pelo!

—Él es metamorfomago

Teddy se había distraído mirando unos pájaros que llamaron su atención y corrió a verlos.

— ¿Por qué no me dijiste que tenias un hijo? Creo que estaba haciendo el ridículo…

—Teddy no es mi hijo, es mi ahijado. Su padre era amigo de mi padre y él me nombró su padrino antes de que él y su esposa murieran. Ahora vive con su abuela. Creo que le hace falta una figura paterna, asi que todos los días me paso a verlo un momento.

La cara de Ginny había cambiado por completo de una enojada a una avergonzada.

—Perdón, no sabía. Es muy bonito lo que haces – dijo bajando la cabeza

—No te preocupes, a todas les da celos pensar que tuve hijos con otra mujer – comentó altanero

—Ni lo pienses Potter – rió Ginny mientras subía al auto y conversaba con Teddy.

Desde aquel día, cuando Harry y Ginny visitaban a Teddy, el pequeño corría a los brazos de ella. Sentía un cariño especial por ella, incluso en una ocasión quiso pedirle matrimonio.

Teddy era un niño muy alegre y divertido, siempre sorprendía a Ginny con preguntas inquisitivas y bastante picaronas para ser dichas por un niño tan pequeño. Un día, cuando fueron de paseo a conocer el Big Ben, Ginny y Teddy se sentaron a esperar a Harry quien había ido a comprar algo para comer. El niño le habló.

— ¿Con quién crees que habla Harry por teléfono, Teddy?

—Es obvio que con Marietta. Ella lo llama millones de veces al día

Ginny miró al pequeño, luego levantó la mirada y la dirigió a Harry que estaba en las lejanías y así se quedó, observándolo y pensando.

— ¿Ginny tu eres novia de Harry?

—No – respondió sonrojada

— ¿Y entonces por qué andas con él?

Pensó un momento. Era verdad, cualquier persona que los viera pensarían que tenían una relación y más aun con un niño, pensarían que era su hijo. Además las cosas que habían pasado entre ambos daban para sospechar que había algo más, porque no cualquier amigo duerme en la cama con su amiga. Ella le sonrió

—Pues no le digas a él, pero creo que me gusta un poquito – le comentó en el oído al niño.

Él emocionado, abrió sus ojitos azules y sonrió

—Pero no le digas a Harry o me veré en la obligación de contarle a tu abuela acerca de Los Simpsons

— ¡Mala! – Gritó, sin embargo cambió su cara nuevamente – Ginny, si tú te aburres de Harry, te puedes casar conmigo

—Eres muy amable pero creo que soy un poco mayor para ti…

— ¡Estás loca! Para el amor no hay edad, lo único que nos separa es nuestra diferencia de estatura – dijo poniéndose de pie de un salto y comparando su altura con la de Ginny.

— ¿Qué sucede aquí? – Harry apareció con una bolsa en su mano

—Nada – dijo rápidamente y giñando un ojo Ginny a Teddy – Es solo que Teddy me ofreció matrimonio

—Teddy – comentó Harry riendo – Ginny no puede casarse contigo

— ¿Entonces con quien? – preguntó dudoso Teddy

Ginny miraba expectante la respuesta de Harry, tenía la vaga ilusión de que se nombrara a él mismo, pero era imposible, simplemente una fantasía.

—Pues, ella verá a quien elegirá – dijo mirando profundamente a Ginny.

No podía describir con palabras lo que aquella mirada provocó. Se sentía con el poder de mil dioses y con la fuerza necesaria para poder subir al cielo y bajar en gloria y majestad. Si eso provocaba una mirada, no quería, o más bien si, saber qué provocaría un beso.

Al volver a tierra pudo vislumbrar que Harry, al parecer, había estado tan lejos como ella, volando quizás, en el más allá. Teddy fue el encargado de hacerlos regresar, con algo de torpeza, tal y como era la madre de él, al menos así dijo Harry. Pidió a Harry que fuera a buscar unos refrescos adicionales, y cuando se encontraron solos, entonces volvió a hablarle.

—Te ayudaré con Harry, Ginny – dijo serio dejando de lado su comida.

Gracias a los tours que Teddy le ofrecía y además como era un tanto hiperactivo, Ginny conoció toda la ciudad, llevándola por cada rincón y recoveco que fuera posible visitar. La llevó de oriente a occidente, de arriba para abajo, por las montañas y los lugares más recónditos de la ciudad, esquinas, calles y callejones, bares, dulcerías y restoranes.

Ese pequeño le estaba haciendo la vida una constante alegría, con sus bromas, chistes y comentarios no había momento de tristeza, solo había espacio para reir. Sentir sus diminutos brazos alrededor de su cuello, en esos momentos, la hicieron volver de aquella ensoñación en la que se mantenía, recordando los días pasados.

— ¿A dónde iremos hoy, esposa? – preguntó el pequeño luego del abrazo que le dio a la pelirroja.

—Será una sorpresa – comentó Ginny mientras apareció Andromeda bajando las escaleras.

— ¡Ginny, que bueno que estás aquí! – expresó en modo de saludo.

— ¡Andrómeda! Siempre es bueno verte – dijo radiante y ofreciéndole un abrazo a la mujer mayor, quien recibió aquel gesto gustosa.

—Cuida a Teddy – dijo poniendo las manos de la pelirroja entre las suyas, luego miró a Harry – Sé que tu también te preocupas por él, querido, pero es que ella le hace tanto bien. Cada día que salen llega hablándome de lo maravillosa que eres.

Ginny no encontraba lugar para esconderse, sentía su cara arder.

—Yo… yo - no sabía que decir, ella se iría al día siguiente y el pobre pequeño... se obligó a pensar en otra cosa.

—No debes decirme nada. Eres una gran mujer – besó la mejilla y una vez besada la frente de su nieto, volvió a subir las escaleras - ¡Diviértanse!

—Gracias. Adiós.

— ¿Me dirás a dónde iremos? – dijo inquieto el pequeño con su mayor cara de inocencia y tomando la chaqueta del mayor.

—Solo te diré que hoy no ocuparemos el auto o al menos no en su totalidad.

Se subieron al auto y al cabo de un tiempo se encontraron en pleno centro de Londres, frente a una edificación antigua y muy pulcra. Ginny agudizó su vista y logró ver un cartel que indicaba que se encontraban en la calle Charing Cross. Harry estacionó el vehículo y con rapidez tomó a Teddy en brazos. Ginny lo seguía de cerca apresurando su paso por cada zancada que Harry daba. El pequeño constantemente le hacía preguntas respecto al lugar al que se dirigían, pero él solo callaba, sonreía y caminaba.

La cara de admiración que Teddy articuló en esos momentos fue el mejor pago que pudo haber recibido en su vida, haciendo que valiera completamente la pena todos aquellos gritos que le exigían decirle el lugar al que se dirigían. Habían llegado al Caldero Chorreante y Teddy, quien en ocasiones anteriores había ido al callejón Diagon con su abuela o Harry, sabía lo que significaba aquel lugar, era una de las entradas a un lugar lleno de magos.

— ¡Oh, Harry, es hermoso! – dijo admirada Ginny - ¡Quiero entrar!

Harry solo negó sonriendo ante aquella actitud infantil de su acompañante. Teddy, quien había bajado ya de los brazos del hombre, cumplió su deseo. Tomó de su mano y la tiró para que avanzara. Una pareja pasó por su lado caminando feliz pero sin percatarse del lugar al que se dirigían.

—Los muggles pueden ver… - comentó en voz baja apuntando el Caldero Chorreante.

—La verdad los muggles no se dan cuenta de nada aunque este frente sus ojos. El Caldero Chorreante no cuenta con protección contra ellos, asi que podría perfectamente mirar el lugar, pero como siempre están tan preocupados por sus asuntos y quehaceres que nadie se percata que existe un mundo completamente mágico pasando esa puerta – respondió encogiéndose de hombros y dando paso a Ginny y Teddy.

Caminaron por el lugar con paso decidido sin mirar con mucha atención quien se encontraba en el lugar y sin detenerse a saludar a quien llamaba con alegría al salvador, a Harry Potter, el niño que vivió. En cambio, él solo movía la mano dando la impresión que correspondía al saludo y murmuraba a Ginny los nombres de cada uno de las personas.

Pasaron a un cuarto de menor tamaño y el pelinegro con varita en mano comenzó a tocar distintos ladrillos del muro. Ginny a su lado se movía inquieta y expectante intentando no pestañar para no perderse de nada. Al cabo de unos segundos de espera ocurrió la magia. Los ladrillos sólidamente acomodados en la pared comenzaron a moverse dejándoles ver la entrada a un callejón

—Bienvenida al callejón Diagon – dijo solemnemente Harry, imitando a la perfección a Hagrid la primera vez que lo llevó ahí.

Ella no pudo decir palabra. Cuando llegó a Ingleterra quería olvidarse de cualquier cosa que significara magia porque eso la ayudaba a recordar a Draco, pero luego se dio cuenta con el pasar de los días que querer alejarse de algo no le ayudaba a olvidarse de aquello y ahora que se encontraba frente aquel callejón con gente de su misma naturaleza podía afirmar que querer alejarse de aquel mundo era totalmente una locura. Sintió que alguien tiraba de su abrigo por lo que bajó su mirada y se encontró con Teddy que lucía expectante, quería llevarla a conocer todos aquellos sitios en que Harry le había dicho que comprarían cuando fuera Hogwarts.

— ¡Esposa, mira! Ahí está la tienda de calderos, cuando vaya al colegio me compraré uno para hacer pociones – le comentó el pequeño cuando pasaron frente a la tienda más cercana a la salida del bar.

Ginny agudizó la vista y alcanzó a distinguir un cartel que decía:

"Calderos

Todos los tamaños

Latón, Cobre, Peltre, Plata

Automáticos, Plegables"

—Y por allá está el boticario, en donde compraré mis ingredientes para las pociones – continuó entusiasta. Se veía que la idea de ir al colegio le entusiasmaba a pesar de que aún le quedan muchos años para eso.

La pelirroja simplemente lo seguía y observaba encantada cada centímetro que Teddy señalaba con alegría y entusiasmo. Visitaron el Emporio de las Lechuzas, Ollivander (quien fabrica varitas), la heladería Florean Fortescue, Flourish y Blotts (que está tan lleno de libros que las pilas llegan hasta el techo) y finalmente Gringotts, el banco de los magos, el que era atendido por duendes.

—Aun tenemos que hacer una parada más – dijo Harry cargando un par de bolsas, que eran unas compras de ultimo minuto por Navidad. Teddy y Ginny lo miraron interrogantes – no podemos irnos sin visitar la tienda de Quidditch

Ginny aplaudió extasiada y tomó la mano de Harry para que la guiara y cuando solo faltaban unos metros para llegar, él le señaló el lugar y la pelirroja corrió apresurada.

—Me gusta mucho más Ginny que Marietta. Ella no me quiere – soltó Teddy cuando se encontró solo con Harry – Mi abuela también piensa lo mismo.

Harry lo miró reprobatoriamente y el pequeño pareció más interesado en ver las líneas de sus manos y cuan sucias parecían estar sus uñas.

— ¿Qué te he dicho de…?

—Si, Harry, ya sé – dijo aburrido

—No me hables así, Teddy. ¿Qué es lo que te he dicho entonces?

—Que Marietta es tu amiga y la quieres mucho. Por favor, no me hagas seguir hablando.

Harry miró por última vez de forma reprobatoria al pelirrosa y cambio su vista al frente.

—Creo que te estás perdiendo la oportunidad para estar con una gran mujer, ella es muy linda, me trata bien y creo que le gustas, ella lo dijo – dijo sin más y corrió tras la mujer que los esperaba en la entrada de la tienda, dejando a un Harry completamente perplejo, pensando, sin lugar a dudas, que ese niño tenía muchas de las cualidades que poseía su padre Remus, como por ejemplo, el valor que poseía para decirle las cosas cuando pensaba que estaba haciendo algo mal.

La sangre en sus venas de pronto pareció ir más rápido que en otras ocasiones y su corazón latió con mayor intensidad. Suspiró y sonrió para si mismo, admitiendo en su interior que Ginny podía ser la mujer que le ayudara a calmar las tormentas de su pasado, viviendo un buen presente y presagiando un maravilloso futuro juntos, aunque seguía pensando que sería inútil hacerse esperanzas con ella porque su corazón estaba ocupado por un mal amor y a pesar de que aquella no fuera la situación, ella partiría en unos días rumbo a su país y lo más posible es que nunca más la volvería a ver. Negó sacándose todas esas ideas de su cabeza y fue al encuentro de los dos.

El camino de regreso a casa fue en silencio y sin grandes acontecimientos. Teddy no había vuelto a mencionar a Ginny durante el viaje, pero cada cierto tiempo lo miraba inquisitivo y un tanto perturbador. Llegaron a la casa de Andrómeda y solo Ginny acompañó a Teddy a la puerta de su hogar.

— ¡Nos vemos más tarde! – gritó Ginny abriendo la puerta del auto y subiéndose en él.

La fragancia le llegó a su nariz en cuanto Ginny había abierto la puerta. Su cabello se agitaba con el viento y expelía un aroma especial, como a las flores que aparecen en primavera. Cerró los ojos para disfrutar de aquel momento de éxtasis, era como si una gran dosis de Felix Felicis hubiese sido inyectada directo a la vena. De pronto abrió los ojos y se encontró con la mirada refulgurante y expectante de Ginny, cargada de emociones y a menos centímetros de los que estaba acostumbrado.

— ¿Te ocurre algo? – preguntó preocupada

El rostro pecoso de la pelirroja se encontraba a centímetros del rostro del moreno. Podía sentir el aliento fresco de la chica sobre sus mejillas, incluso si hacia un esfuerzo podría contar sus pecas. Sus ganas en crecimiento por besar esos labios carnosos y rojos que lucían apetitosos y tentadores no estaban ayudando en su autocontrol. La conversación consigo mismo esa mañana le había dejado en claro que no podía tener nada con ella ya que se marcharía pronto.

—Na-nada – logró articular antes de que el espacio entre ambos se hiciera mínimo.

Se removió incomodo en su asiento.

—Pensé que si… – comentó Ginny antes de unir sus labios con los del hombre.

Ya no podía evitarlo. Desde hace días que llevaba compartiendo su cama con él y en más de una ocasión luchó consigo misma por evitar besarlo, evitar incluso tocarlo porque sabía que con el simple rose de ambos, ella no resistiría y sería su perdición. No recordaba el instante en que se dio cuenta que Harry le gustaba, quizás cuando desayunaron por primera vez juntos o aquella ocasión en que habían visto aquella película muggle, Titanic, pero sea cual fuera el momento, sabía que había sido el indicado, porque por primera vez en ya tres años alguien la había hecho olvidar a Draco y aun más que eso, había sido como una terapia, ya que aquellos días con él aprendió a valorarse más que en los últimos años de su vida.

Cuando entró al auto y lo vio con los ojos cerrados le pareció totalmente irresistible, como aquella mañana cuando dormía con su cabeza sobre su brazo, parecía fruncir un poco la nariz y curvaba los labios en una media sonrisa. La tentación alocada de tenerlo cerca pudo más que su fuerza de voluntad, se acercó a él y cuando abrió los ojos notó que se puso nervioso. ¿Acaso él se ponía nervioso en su presencia? ¿Por qué se pondría así? Evitando borrar todas aquellas preguntas de su cabeza, fue la primera que habló. Unos sonidos salieron de la boca masculina, pero solo los reconoció como una invitación a posar sus labios sobre los de él.

Lo besó, lenta y acompasadamente, sintiendo el contacto eléctrico de la primera vez que se unían, boca con boca, compartiendo miles de emociones y experimentando un arcoíris de sensaciones, lengua contra lengua, intensificándose segundo a segundo. Suspiró. Ni siquiera se dio cuenta cuando sus manos se posaron tras el cuello de Harry, como queriéndose colgar de él y unirlo aun más a ella.

Poco a poco sintió que él se distanciaba de ella. Suspirando abrió los ojos y se ubicó derecha en su asiento con la vista al frente. ¿Había hecho algo malo? ¿Acaso Harry no quería que lo besara? Él había correspondido al beso y no opuso resistencia hasta el final de aquel. Miró por el rabillo del ojo a su acompañante. Se veía perplejo y sorprendido. Había negado con la cabeza como desechando un pensamiento y puso el auto en movimiento.

¿Por qué si había correspondido el beso negaba con la cabeza? Acaso no le había gustado que ella fuera la que diera el primer paso o es que acaso ella no le gustaba a él como él le gustaba a ella. Había arruinado una hermosa relación de amistad con aquel estúpido impulso que hace algunos días la llenaba e inquietaba.

—Harry… yo… - se obligó a hablar, avergonzada

—No pasa nada Ginny – dijo con una tranquilidad que en esos momentos no sentía.

No quería transformarse en otro sufrimiento para Ginny. Ella estaría pocos días con él y si iniciaban una relación tendría probablemente culpa por darle esperanzas a algo que no debería ocurrir. ¿Le gustaba? Esa pregunta había sonado en su cabeza desde que Teddy le mencionó el tema. Ella era hermosa, inteligente, divertida, increíblemente bondadosa… bella… y ¡wow, ese beso! ¡Ese exquisito beso! No lo podía evitar, sus sentimientos hacia ella florecían cada vez con mayor intensidad. En un principio intentó cuidar el pensamiento diciendo que como la inquilina de la casa sus padres sería una genial idea mostrarle la ciudad, además que sería como un modo de pago por la escena que le tocó presenciar en su primera noche en el Valle de Godric. Luego creyó que Ginny sería una excelente amiga, pero ya con ese beso confirmaba que no podía verla como a una simple amiga, ella era mucho más que eso, era la perfección hecha mujer… pero no podía. Debía grabarse eso en la mente. No podía estar con ella, se merecía alguien mejor, alguien que le ayudara a espantar el fantasma de Draco. Alguien que estuviera con ella. Además estaba Marietta. Él tenía a Marietta, quien si bien no era mejor que Ginny, siempre había estado cuando necesitaba que lo consolaran y ¡vaya que era buena consolándolo! Siempre le daba las mejores horas de sexo que lo hacían olvidarse hasta de su nombre. Pero el sexo no lo es todo ¿no es cierto? Se preguntó a si mismo. Debería decidir entre la lujuría y la perfección. La respuesta era obvia: ¡No sabía ni una mierda!

—Eh… Harry nos pasamos – dijo Ginny viendo por la ventana.

Había conducido sin percatarse del lugar al que se dirigían con exactitud, solo el aviso de Ginny le dio a entender que no estaban donde en un principio había quería llegar.

— ¿Te molesta si…?

Harry había retrocedido y la había dejado a la entrada del pueblo del valle de Godric.

—No te preocupes, desde aquí camino. – Ginny pareció dudar – Si quieres hoy… ya sabes… no voy

—Paso por ti a las ocho – Ginny salió del auto y caminó mirando de vez en cuando hacia atrás, observando cómo se alejaba Harry.

Sonrió. Harry parecía muy confundido por el beso y si era así es porque algún sentimiento por ella debía tener. Durante la noche vería si expresaba algún indicio que le indicara que no estaba equivocada, una señal para poder entrar al juego.

Sacudió su cabeza para dejar de pensar en aquel beso que la había hecho volar y se preguntó: ¿Qué mierda ocupar en una cena de Noche Buena? No había llevado nada muy elegante consigo en ese viaje y tampoco quería lucir como una deslucida. Sería una larga lucha contra su ropa.

Pasaron las horas y finalmente se había decidido por un simple conjunto que consistía en pantalones negros, un sweater beige y un abrigo rojo. Sencillo, pero debería servir para ir a celebrar con la familia de Harry.

— ¿estás lista? – dijo cuando llegó a las ocho en punto.

—Siempre estoy lista – dijo cuando pasó por el lado del hombre, pero él no se movió - ¿vienes?

Se había parado junto a la puerta, pero Harry parecía estar pegado al suelo porque no se movió ni un centímetro. La miró durante unos segundos en silencio traspasándola con sus ojos verdes como si fueran rayos X.

—Iremos por la Red Flu –explicó revolviéndose el cabello.

Ginny caminó en dirección a la chimenea y cuando pasó al lado del hombre, sintió que una mano tomaba su antebrazo.

—Creo que no hay suficiente polvo para viajar por separado, tendremos que hacerlo juntos.

Sus ojos eran impresionantemente hermosos, verdes como un sapo en escabeche y transmitían gran seguridad. Sus pestañas largas chocaban contra el vidrio y permanecían quietas ante el contacto que tenia con Ginny. La distancia entre ellos, al igual que en la mañana era mínima.

— ¿Lo haremos…? – preguntó con falsa inocencia

— Si, juntos.

La guió hacia dentro de la chimenea, quedando, debido al espacio, uno frente a otro a escasos centimetros. Con vigorosidad gritó el nombre del lugar al que se dirigían

—Número 12 de Grimmauld Place

Y de pronto desaparecieron bajo una gran llamarada verde y aparecieron en otra chimenea, en una sala completamente distinta a la que habían abandonado, pero sin percatarse aun que ya no estaban solos. Harry miró a Ginny, sentía su pecho subir y bajar por su respiración. De pronto sintió la necesidad de acortar el espacio que quedaba entre ellos con un beso. Actuó casi sin darse cuenta. Se estaba acercando cada vez más, pronto volvería a besar aquellos labios carnosos…

— ¡Ahijado!

Bufó molesto y se quedó parado dentro de la chimenea.

— ¡Sirius! – escuchó que Ginny decía a su lado, mientras partía a abrazar al nombrado.

Si tan solo hubiese estado la maldita sala vacía, el podría haber aprovechado aquel momento.

Salió a saludar a Sirius y topó con unos ojos grises que lo miraban alegres. El mayor vio la mirada de interrogación de su ahijado y tomó la mano femenina a la que le pertenecían aquellos ojos.

—Debo presentarte a alguien muy especial, Harry – dijo el moreno – Ella es Penélope Lovegood, mi novia.

La mujer de cabello castaño, ojos grises soñadores y piel palida como la nieve, se acercó y lo abrazó a modo de saludo.

—tu… ¿tu novia? – Preguntó perplejo, mientras el morena sonreía complacido - ¡Wow, Sirius! ¡Te felicito! Hasta que por fin sentaste cabeza

Penélope fue al encuentro de Sirius quien la recibió bajo su brazo derecho. Él hombre mayor miró a su ahijado.

—Si y es hora que tu también lo hagas – dijo seriamente mirando de soslayo a la pelirroja – bueno – habló cambiando completamente su tono de voz a uno alegre – esto es una fiesta y una fiesta no es fiesta sin comida, así que iré en busca de ella.

—Déjame ayudarte, Sirius – Ginny se paró tras Sirius rumbo a la cocina.

—Asi que novios… - comentó Harry cuando se quedó solo con la novia de su padrino

—Sí, novios – dijo simplemente la castaña.

—No quiero ofenderte, pero ¿Cómo ocurrió?

—Oh, todo fue gracias a los Narggles – le respondió despreocupada tomando asiento e invitando al moreno a hacer lo mismo.

—Por casualidad ¿eres pariente de Luna Lovegood?

—Por supuesto. Ella es hija del sobrino del esposo de mi madre.

Harry pensó un momento la relación que tenía Luna con ella y bajo aquel juego de palabras, lo descubrió. Era bastante obvio que una mujer que hablaba de Narggles no era no otra que pariente de su amiga.

—Penélope – llamó la atención de la ojigris, quien se volteó en el sillón con la vista fija hacia la entrada de la cocina por donde Ginny venía – dijo Sirius que te necesitaba con urgencia en la cocina.

Se sentó junto a Harry y dejó la bandeja de bocadillos sobre su regazo. Tomó una tartaleta de melaza y se la ofreció a Harry.

Abre la boca

Él posó una sonrisa en su boca y pestañó repetidas veces.

¿No confías en mi? – dijo aun ofreciendo el bocadillo.

Esa pregunta tenía un significado mucho más allá de las simples palabras que abordaban. Harry abrió la boca y probó de lo que Ginny le ofrecía. Masticó sin quitar la mirada de los ojos brillantes de la mujer que tenia sentada al lado.

Está bueno – logró articular.

— ¡Hola! – gritó Teddy en sus oídos haciéndolos saltar.

Habían llegado con Andrómeda sin causar mucho ruido y se había ubicado justo entre Harry y Ginny. Ella dejó los bocadillos sobre la mesa del centro y él miró hacia otro lado, incomodo. Teddy, por su parte, tomó la bandeja de bocadillos, la posó sobre sus rodillas e hizo lo mismo que Ginny unos momentos atrás con Harry, cogió una tartaleta y se la ofreció.

— ¿Quieres?

Negó con la cabeza y el pequeño engulló el bocadillo.

—Creo que iré a saludar a Andrómeda – dijo Ginny mientras salía rumbo a la cocina.

¡La había tenido tan cerca! Pero Teddy tenía que llegar justo en el momento menos necesario.

—Teddy interrumpiste un momento mágico – dijo cuando Ginny ya no estaba

—Perdona Harry, no sabía… - habló cabizbajo

—Tranquilo campeón

Harry le estaba revolviendo el cabello cuando se dio cuenta que Ginny volvía

—Ni una palabra de esto a nadie – amenazante se paró.

—La cena está lista – dijo la pelirroja.

Pasaron a la mesa, quedando Sirius y Penélope en la cabecera, por un lado Ginny y Teddy y por el otro, Andrómeda y Harry. Estaban todos enfrascados en conversaciones de distinto intereses, por un lado Penélope gozaba conversar con Ginny y Teddy acerca de las maravillosas criaturas mágicas que había descubierto en un viaje a Francia hace un par de años y por otro, Sirius, Harry y Andromeda recordaron una navidad vivida hace al menos siete años atrás, en donde aun estaban los padres del pequeño Teddy.

Ginny de pronto desvió su vista unos instantes de la soñadora novia de Sirius y se fijó en Harry. Parecía increíblemente sorprendente que durante el transcurso de esa noche al menos dos veces tuvieran oportunidades de besarse y siempre alguien los interrumpía, pero a pesar de eso estaba feliz porque al menos en una ocasión Harry fue quien tomó la iniciativa de acercase a ella. Rió por lo bajo negando despacio pero llamando la atención de todos los demás.

Harry, tienes un gusano en el pelo – dijo Ginny alegremente, inclinándose a través de la mesa para quitárselo, Harry sintió una erupción de piel de gallina en su cuello y eso no tuvo nada que ver con el gusano – Creo que cuando fuimos al Boticario te trajiste un amigo contigo

—Gracias, Ginny – habló un tanto sonrojado bajando su mirada al plato vacio.

Luego de la comida pasaron nuevamente a la sala de estar a compartir risas y obsequios. Teddy fue el que mejor lo pasó ya que al ser el menor todos se preocuparon de comprarle algo. Recibió, por ejemplo, por parte de Harry una escoba entrenadora, especial para los niños de su edad y el compromiso de su padrino de salir con él algunos días a practicar. Todos recibieron algo, incluso Ginny, quien no tenía esperanzas de obtener regalos ese año al encontrarse lejos de su familia.

—No quiero ser grosera y que piensen que estoy aburrida, pero yo me voy – dijo Ginny al cabo de unos minutos finalizada la entrega de regalos. La miraron interrogantes y apenados por su pronta partida – oh, es que Harry hoy me llevó a dar un paseo y estoy muy cansada.

Caminó en dirección a Sirius y lo abrazó

—Gracias por tu hospitalidad, Sirius – volteó hacia Penélope y habló – un gusto conocerte.

Besó a Teddy y Andrómeda y cuando se dirigió a Harry, él la detuvo.

—Te acompaño – dijo parándose de su lugar y despidiéndose de todos con la mirada.

—Si Harry, acompáñala. Puede perderse en la chimenea – comentó Sirius con gracia.

—Sirius, no los molestes. ¿Acaso no ves que quieren tener otro momento mágico como cuando llegué y Ginny le daba de comer a Harry una tartaleta de melaza? – Dijo inocentemente Teddy - ¡Ups! Olvidé que no debía decirlo – añadió cuando reparó en la mirada de su padrino.

Ginny escondió una sonrisa y entró en la chimenea seguida de un enojado Harry quien murmuraba por lo bajo cosas como "no sabe lo que es un secreto" y "me las pagará". Desaparecieron tras las típicas llamas verdes que aparecen luego de pronunciar el lugar de destino.

Al llegar a la casa que era tan habitual para Ginny como si hubiera vivido toda su existencia ahí, nuevamente se vieron rodeados de ese aire de incomodidad cargado de tensiones. Ella se mordió el labio y lo miró. Ya estaba aburrida de tener que aparentar, sentía cosas por Harry y no las iba a ocultar por temor, eso era algo que la antigua Ginny hubiera hecho, pero ella no.

— ¡Oh, rayos! – exclamó.

Rodeó el cuello masculino con sus delgados brazos y comió su boca de un solo beso. Lo deseaba. Lo deseaba mucho más de lo que deseaba el aire para respirar y los alimentos para comer…

—Ginny, no… esto no puede ser – dijo alejando a Ginny de su agarre y saliendo de la chimenea tomándose el pelo y caminando nervioso de un lado a otro.

— ¡Oh, vamos! No seas aguafiestas. Sabes perfectamente que te gusto tanto como tú a mi – habló desde su lugar, ahora fuera de la chimenea.

La habitación en penumbras cubría sus rostros y los ayudaba a expresar sentimientos que de ningún modo hubieran dicho con la luz encendida.

—Ginny…

— ¡Hasta Teddy se da cuenta de la tensión que existe entre nosotros! – djio comenzando a exasperarse, agitando los brazos y siguiendo el ejemplo masculino, paseando por la sala– ¿O es que acaso me vas a negar lo del momento mágico que él nombró?

—No – dijo con la cabeza gacha, tomó aire y continuó – Claro que me gustas Ginny, pero esto no puede ser…

Se quedó de pie junto a la pared y la golpeó con sus puños. Con prisa, Ginny se acercó a revisar sus manos. Tomó el rostro de Harry y la obligó a mirarla.

—Harry he pasado por cosas que ninguna mujer debería pasar, perder un hijo es algo muy doloroso y sin embargo, he sabido salir de ello. – el iba a protestar, pero ella no lo dejó – Tuve una relación tormentosa durante tres años y en estos días contigo he logrado sobrellevar y superar la situación, de tal modo que en ningún momento he vuelto a pensar en el dolor que esa relación me provocó, por el contrario he aprendido de ella. Ahora sé que las cosas son sencillas si yo lo quiero y la vida me sonríe si yo lo hago. Te digo que me gustas y es que… ¡en verdad eres genial! No te estoy diciendo que nos casaremos ni algo como eso, solo te digo que me gustas y bueno, no sé, creo que debemos aprovechar el momento…

—Yo no quiero hacerte sufrir – dijo en tono suave – no quiero ser otro Draco Malfoy en tu vida…

—oh, créeme que no serás ningún Draco. Eres Harry, Harry Potter, el niño que vivió, el Elegido, el salvador del mundo mágico, – habló recordando todos los nombres que había escuchado que le decían al hombre que tenia al frente desde el momento que lo conoció – pero más que eso, eres solo tú, Harry.

La pelirroja intentó acercarse pero el corrió su rostro. No podía irse de Inglaterra sin antes haberlo besado y sentido que correspondía al sentimiento que a ella le oprimía el corazón. No quería volverse vieja y pensar en lo que podría haber pasado si lo hubiera besado. Era el momento y lugar donde debía estar con la persona apropiada.

—No te preocupes por lastimarme. Sé lo que hago. No quiero que pasen los años y luego me arrepienta por no haberte besado – dijo nuevamente tomando el rostro esquivo del hombre – El que jamás arriesga jamás pierde, pero tampoco gana, Harry.

—yo… - comenzó de nuevo evitando la mirada felina de Ginny.

— ¡Oh, cállate grandísimo tonto y bésame!

Harry ya no podía encontrar más excusas para no unir sus labios con los de la mujer que estaba deseando. Ginny le había plantado un beso en los labios, distinto al anterior, mucho más brusco y lleno de pasión. El calor de sus cuerpos comenzó a subir haciendo innecesario el uso de la chimenea. Sin duda, Harry y Ginny pasarían una Noche Buena.


Primero: Las letras en cursiva están así porque salieron del libro y/o pelicula HP 6. Amé esa Navidad donde Harry estaba todo nervioso porque estaba enamordo de Ginny y su presencia lo volvia loco.

Segundo: Gracias Karla por apoyarme y presionarme más que una perra salvaje. Te adoro y gracias a ti esto salió a la luz. Ya vendrá el momento del cachondeo, sé que lo esperas.

Tercero: Gracias a los que leen :D

Cuarto: Demoré un poco porque en un principio estaba ocupada con la Universidad, luego salí de vacaciones y comencé a salir por lo tanto no tuve tiempo y finalmente, creo que en ocasiones no tenia ganas de escribir.

Quinto: Gracias a Karla, MV o Kaniety, por hacer la fotito que puse para la historia.

Sexto: No sé ustedes, pero lo que es yo, adoré la actitud de Ginny tomando el sartén por el mango, es mucho más parecida a la Ginny que conocimos en el libro. ¡Oh, callate grandisimo tonto y besame! ajajjaja de seguro muchas veces a más de alguna se nos atravesó esa frase en la garganta pero por temor no la dijismos.

Septimo: Ya dejo de aburrir con mi estupido discurso y me despido :D Dejen Reviews, puteen con amor y si no putean tambien haganlo con amor.