For the Rose and the Lion: Battlefield

Capítulo 4


24 de diciembre 2015

Brighton

07 horas

-Hoy es Noche Buena Lestrade.

Se quejaron en coro aunque las voces más claras fueron las de Mitchell y Roman. Habría estado de acuerdo, pero el problema es que en dos días, en el Boxer Day, estaba programado el último encuentro del año, por fortuna era cerca y sólo tendrían que salir temprano en la mañana para cumplir a tiempo. Así que no quedaba de otra, comprendía sus compromisos familiares, pero tenían que entrenar aunque fuera unas horas.

Mitchell estaba hablando sobre la enorme cena que su madre prepararía para los cuatro, que siempre cocinaba mucho más de lo que necesitaban, pero que le gustaban que tuvieran muchas opciones para elegir. Además, debía abrir las cosas que había traído Santa Claus para su hermano, sobretodo una muy profesional bicicleta que tendrían que salir a probar a las calles.

Roman y su hermana tenían una presentación con su banda para aquellos que no pasaban Navidad en casa y querían divertirse el día anterior. Su familia no le tomaba gran importancia a la fecha y sus padres tomarían esa tarde un avión a Alemania para vacacionar. Astrid, la hermana de Roman, quien ahora si tenía una franca relación con Mitchell, quería que fuera a verlos pero el chico, pese a toda la actitud que tenía, no dejaría a su familia por nada del mundo.

Ethan había estado hablando con Gail y habían acordado hacer algo en la casa para todos los que quisieran asistir. Aún era complejo el aceptar que su hermana estaba de novia con alguien mucho mayor, pero si aceptaba el hecho de que Gavin estaba en la misma situación y que no le veía problema, tenía que hacer lo mismo para con su hermana. De lo contrario estaría jugando a una doble moral que le molestaba y que no sería capaz, además de todo, tanto Anthea como Ethan eran buenas personas.

Dane y Mika saldrían de vacaciones después del partido, irían a Londres, pero Greg sólo les había dado cuatro días de permiso, porque el 02 de enero se reanudaba la temporada y necesitaba que retomaran el ritmo. Ambos chicos sonrieron y aceptaron sin protestar, eran sus primeras vacaciones juntos, lejos de sus familias, cuatro días parecía una eternidad.

Terry tenía que cubrir a su padre en el consultorio, lo cual no le daba ninguna felicidad, con el tiempo cambiando drásticamente esperaba tener muchos pacientes con enfermedades respiratorias. Por lo mismo su padre quería que él los atendiera, seguía sin considerar que hubiera algún otro médico en la ciudad suficientemente bueno como para confiarle a sus pacientes.

George estaría con ellos, su madre había intentado contactarlo pero en condiciones que eran inaceptables, porque nunca dejaría el equipo para pedir perdón a su familia y olvidarse de la vida que pudo tener. Jamás haría eso, por eso no hacía caso de los llamados de su madre y la ignoraba cada que la encontraban. Aunque era duro para él, Greg sabía que sufría y que eso sería una gran tristeza durante mucho tiempo. Trataba de apoyarlo, de hacerle saber que no estaba solo y en cierta manera sentía que él podía entenderlo mucho mejor que los demás.

Aunque John también podría unirse al club de los incomprendidos y rechazados por sus familiares. Por fortuna su hermana había entrado en razón y solían hablar una o dos veces por semana, el chico se sentía mejor al saber de ella, sobre los problemas de salud que aun aquejaban fuertemente sobre todo por la temporada invernal. Los Watson tomarían dinero prestado por familiares para ir unas semanas durante enero al Caribe, para evitar el frío más crudo del invierno, consideraban que eso sería bueno para Harry.

-Sólo un par de horas ¿está bien?

Todos gruñeron pero continuaron, después de todo Greg no tenía más que la razón absoluta. Ellos estaban acostumbrados a tener prioridades familiares, a que lo que fuera podía quedar en segundo plano si tenían algún compromiso en sus casas; sin embargo, desde que Greg ingresó al fútbol profesional, su única prioridad era eso, el fútbol. Era complejo para alguien que recién entraba a ese mundo, sabía que muchas veces ellos lo miraban que si fuera de otro mundo, muchas veces no iban a comprenderlo. Sin embargo, esta era la vida a la que habían accedido, esta era la vida por la que estaban luchando.

El par de horas se convirtieron en cinco, era medio día cuando todos se despidieron frente al estadio, había un grupo de diez chicas que parecían estar en plan de turistas y se arremolinaron frente a Greg en cuanto lo vieron. Tanto Sherlock como John y George lo esperaron a una distancia prudente, Terry estaba un poco más allá, consultando su celular como siempre, Ethan se había quedado parado a su lado mirando la escena.

El sonido del obturador de la cámara le hizo voltear. Ahí estaba el chico de la revista, el rubio que ahora venía a todos sus entrenamientos, era extraño que no estuviera en este pero tal vez había estado afuera, hablando con el grupo de chicas que parecían querer tomarse mil fotografías con Greg.

-¿Nada que hacer en 24 de diciembre?

Marcus pareció percatarse de la presencia de los chicos y para entretenimiento de Ethan sus ojos volaron a la figura de Terry en cosa de segundos, para luego mirarlo a él, quien había sido el que habló. Aquello era el chisme del equipo, si bien no eran muy dados a platicar entre todos, eso los había mantenido especulando. Pero Terry no es gay, había dicho como punto final Erick, quien solía pronunciar las palabras justas para dejar todo extremadamente claro. Bueno sí, no lo era, aunque nunca nadie le había preguntado específicamente sobre el asunto, sólo sabían que estaba enamorado de Caroline.

-No, de hecho no –respondió el reportero con su mejor sonrisa. Ethan casi tuvo ganas de que Terry fuera gay, lo cual no era muy apropiado para pensar, pero es que el chico rubio era muy adorable, casi como un muñeco de peluche. Apachurrable había dicho Mitch en la conversación previa y todos parecían haber estado de acuerdo. En la vida había personas que con solo verlas te desagradaban y personas con las que sucedía todo lo contrario, que nada más cruzarse con ellas pensabas que eran lindas y maravillosas.

Así justamente era Marcus Jonas.

-¿Tú familia no se reúne?

Marcus puso la tapa del lente con mucho cuidado, un acto que reflejaba el respeto y cuidado que tenía para con su cámara, la dejó colgada en su cuello aunque la seguía sosteniendo con la mano derecha.

-No –la respuesta fue simple pero para una persona observadora era evidente que reflejaba mucho más que una negativa; sin embargo no iba a indagar, el chico era un desconocido aun, uno que ahora veían todos los días, pero no se sentía con derecho a inmiscuirse en su vida.

-Vaya, pues en la casa de Greg eres bien recibido –comentó como si fuera lo más natural, después de todo lo era. Sería una cena mucho más entretenida si tenían más personas con las cuales convivir.

El reportero lo miró con esa carita de niño perdido y tuvo ganas de echárselo a la bolsa, sí, él, quien estaba completamente enamorado de Gail, quería guardarlo en su bolsa y cuidar de él.

-Gracias.

13 horas

Greg había entrado a toda carrera, sin saludar, subió de dos en dos los escalones hasta llegar al piso superior y encerrarse en su habitación. Su computadora se había quedado encendida y estaba en espera de la llamada de Mycroft. Su imagen apareció en la pantalla, por un momento se quedó sin poder respirar, era perfecto, sus ojos azules, su barba rojiza. Lo extrañaba demasiado que quiso gritar y demandar que el universo corrigiera sus tonterías.

Se suponía que debían estar juntos. Era la primera Navidad como pareja y estaban tan lejos.

-Merii Kurisumasu

Greg se echó a reír al escucharlo, aunque no le sorprendía nada que su novio ahora dominara el japonés como si fuera algo muy sencillo de hacer en menos de un mes. Estaba elegantemente vestido, seguramente saldría a cenar, aún era temprano para poder hacerlo. No le causaba incomodidad el saberlo, de todos modos era bueno que no se quedara encerrado en una fecha así.

-Feliz Navidad Mycroft.

-Feliz Navidad Greg.

Sonrieron. De estar uno junto al otro entonces lo más seguro es que Greg ya estuviera besando aquellos labios, aunque debía aceptar que dar el siguiente paso le estaba costando mucho más de lo pensado. ¿Cuántos años se podía esperar por la persona ideal? Pues Greg probaba que pese a la espera, no parecía arder en deseos de algo más. ¿Eso era extraño? Bueno, es que si era capaz de esperar significaba que le gustaba ir muy lento.

Aunque eso sería contraproducente. A la larga resultaría que era una persona más rara de lo que pensaba y seguramente Mycroft se hartaría.

-Esto es tradición por aquí.

Mycroft puso frente a la cámara un pastel decorado, era blanco y tenías bastantes fresas encima. Greg sonrió, tradición era una buena cena no un pastel, pero qué más daba, de todos modos estaban lejos.

-Pastel de Navidad, se supone que al ser pareja tendríamos que comerlo juntos, sin embargo…

Las palabras de Mycroft quedaron colgadas en el aire, estaban lejos eso era, no que dejarían de ser pareja. Aunque el extraño pensamiento cruzó por la mente de Greg. ¿De verdad había pensado eso? Se debería dar de patadas porque no, eso era imposible, no después de todo lo que había pasado entre ambos.

-¿Irán a cenar?

Mycroft hizo una especie de afirmación gutural que provocó que Greg comenzara a reír a carcajadas, había escuchado a los japoneses hacer eso y era cómico que su novio hubiera adoptado ese tipo de modismos tan rápido.

-¿A dónde?

-No lo sé, Gavin dice que todo es muy tradicional así que me he vestido pensando en eso.

Mycroft se levantó y le permitió verlo en su traje de tres piezas de color gris, le sentaba demasiado bien. Por el contrario, él estaba vestido con el traje deportivo que había usado toda la mañana para entrenar, que desgracia, pensó, debía de ser muy vergonzoso tener un novio así como él.

-¿Cenarán en casa?

-Sí, Ethan y Gail han preparado todo, me parece que se han casado y yo no me di cuenta.

Mycroft soltó una carcajada que le sonó a gloria. Suspiró al verlo, de verdad, extrañaba tenerlo cerca, aunque fuera en Londres.

-Vendrá Anthea, Molly y Mike y hasta el nuevo reportero que ahora nos sigue, Marcus.

El rostro de Mycroft fue un poco lento para ocultar la curiosidad que le causaba el nuevo nombre en el círculo de Greg. Aunque si se pusieran a hablar de nuevas personas, él conocía a bastantes y unas se volvían presencias frecuentes en sus días, como Keiji.

-OK, no te he contado de Marcus y de verdad quiero hacerlo, porque…

El rostro de Gavin de repente abarcó toda la pantalla.

-Feliz navidad Greg.

Intercambiaron varias palabras, le encargó que felicitara a todo mundo, que le diera un gran abrazo a Gail y Anthea y apresuró a Mycroft para que llegaran a donde debían cenar. Mycroft cortó el pastel y comió un bocado, debía saber bastante bueno porque comió un segundo antes de que terminaran la llamada.

Dejó salir todo el aire de sus pulmones y se quedó abrazado a sí mismo en la silla. Aquello era lo mejor que tenía en este momento. Lo mejor. Esperaría, eran unos meses más y Mycroft estaría de nuevo a su lado. Una vez que eso sucediera, comenzarían a vivir juntos. O eso esperaba.

Tokyo, Shibuya.

20:30 horas

-¿De verdad?

Mycroft sentía que había sido engañado, sin embargo, la fila de gente esperando a esa hora de la noche debía de ser un indicador. Keiji estaba a dos clientes de entrar y los saludó con el brazo derecho para que lo miraran.

-¿Un KFC?

Mycroft pensaba que ni en sus peores años de soledad, cuando había rechazado cenar en casa de su madre y se había quedado mirando la televisión, ni siquiera en esos momentos, habría cenado en Noche Buena en un KFC.

-Es tradición, Keiji lleva más de 12 horas formado.

Apretó los ojos y sólo pudo pensar en lo que sería de estar en casa. Habría llegado a casa de los Lestrade armado con una selección de sus vinos favoritos, Greg estaría ahí después del entrenamiento, se abrazarían y tendrían un tiempo de soledad hasta que los demás comenzaran a llegar. Habría alguna crema como primer tiempo, después un muy jugoso pavo y al final, pastel de chocolate.

En cambio, ahora estaba formado para ordenar una cubeta de pollo rostizado que costaba lo de una buena cena en un restaurant de lujo. Se sentaron en una mesa para los tres juntos, Keiji no dejaba de sonreír y repetía que jamás había podido cenar en esa fecha, pero que como ahora estaba con ellos, había hecho el esfuerzo. Todos parecían felices a su alrededor, había muchas parejas que parecían mirarse como si estuviera avergonzados mientras comían. Pero Mycroft solo podía pensar que aquello era una especie de pesadilla.

-Mycroft –dijo Eiji pronunciando su nombre con soltura, como nadie más hacía. Los demás solían decirle Hoomuzu sensei y se ahorraban la necesidad de llamarlo por su nombre. Pero Keiji parecía haber tomado la libertad de hacerlo, tal vez mostrando que sus maneras eran muy occidentales. Gavin había ido al baño un minuto antes y el nivel de ruido en el local era tal que para hablar se tenía que acercar mucho al hombre frente de él.- ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

Dudó mucho en decir que sí, porque en general no le gustaba hablar de él. De todos modos no había demasiado que decir, el trabajo de la universidad, Sherlock. Sin embargo asintió.

-¿Es verdad?

Siendo Mycroft quien era, leer entre líneas era sencillo, la expresión de suprema curiosidad de Keiji le decía todo, sabía que se metía donde no le importaba pero eso era superfluo. Nadie hasta ese momento lo había comentado, aunque una vez pasó un programa de variedades en la televisión donde habían mencionado al "novio de Greg Lestrade". Parecía que en Japón no habían hablado demasiado sobre el tema, no de la manera en que ahora se hablaba en Inglaterra.

-Sí.

¿Qué otra respuesta podría dar?

-Bueno pues qué lástima –dijo y Mycroft no estaba esperando esa respuesta. El interés en su mirada no era entonces pura curiosidad, ganas de confirmar el chisme más jugoso que había sacudido el fútbol profesional. Cosa que no había acabado en algo malo por el hecho de que el jugador involucrado era sumamente querido por muchísima gente.

Gavin regresó al minuto siguiente y la conversación siguió por caminos normales. Definitivamente Greg tendría que saber de esto, aunque no le fuera a hacer mucha gracia. Talvez podrían retomar la conversación que interrumpieron, donde le iba a decir quién demonios era Marcus el reportero.

Casa de los Lestrade

Brighton

20:30 horas

Gail estaba que no podía controlar los nervios, era la primera vez que hacían algo así de grande, el año anterior simplemente fue comida para llevar y listo. Había cocinado un pavo antes, pero sentía que había una posibilidad de que el resultado no fuera el mismo ahora que tendría tantos invitados. Miró la casa una vez más, todo estaba donde debía. Sherlock y John habían ayudado con las luces, el árbol y los regalos se acumulaban ya debajo de él. Ethan estaba terminado de arreglar los detalles de la cena, ¿cómo era que un hombre que había estudiado medicina del deporte era excelente en la cocina? No tenía idea, pero cada cosa que descubría de él la hacía convencerse un poco más que no se había equivocado al aventurarse con él.

George había dejado la mesa muy bien puesta, lista para recibir a los invitados y abrió la puerta cuando el timbre les dejó saber que ya estaban ahí. Molly, Mike y Anthea habían hecho el viaje juntos, así como la señora Holmes, quien de inmediato buscó a su hijo para abrazarlo y, desde la perspectiva de Sherlock, avergonzarlo un poco.

Estaban por pasar a la mesa pero no terminaban por hacerlo porque la madre de Sherlock contaba las mejores anécdotas de Mycroft que no soñaron escuchar. Greg estaba disfrutando demasiado aquello, hubiera querido tener a su pelirrojo a su lado, verlo enrojecer con lo que decía su madre. Eran cosas sencillas, Sherlock parecía estar prestando más atención que cualquiera. Esas cosas habían pasado antes de que naciera, cuando la vida de su madre era diferente, cuando sólo tenía un hijo y no había tantas complicaciones.

Greg sintió que era bueno que Sherlock escuchara cosas buenas de su hermano de parte de su madre, parecía que aunque lo conociera casi todo de él con sólo mirarlo y que lo quisiera mucho más de lo que aparentaba, era bueno conocerlo como sólo la señora Holmes lo hacía.

El timbre sonó una última vez y se levantó para ir a responderlo él, estaba más cerca de la puerta por lo que se le hizo lo natural. Justo cuando iba a girar la perilla al ver que el que estaba parado fuera era Marcus, vio por la pantalla del interfon que Terry caminaba también hacia su puerta. Era raro, se suponía que iría a casa a cenar con su familia, aunque el hombre tenía un serio problema con la relación que llevaba con su padre. Entraban en conflicto cuando quería que Terry hiciera siempre lo que él decía.

No podía escucharlos si no presionaban el botón del interfon, pero se dio cuenta de que hablaban tranquilamente. Les daría un momento antes de abrir.

-Hola –dijo Terry, las manos metidas en los bolsillos de la chamarra, había salido sin preverlo de su casa, no tenía guantes, bufanda o gorro, la temperatura no era tan baja por fortuna pero siempre había sido bastante sensible con el frío.

-Ho… hola.

Había tartamudeado un poco, le dieron ganas de darse un golpe en la cabeza. Pero es que estaba sorprendido al ver a Terry ahí, no lo esperaba, Ethan había dicho que iría con su familia y ahora estaba ahí a su lado. Entrarían los dos juntos, a la casa de Greg, juntos. La mente de Marcus estaba girando a toda velocidad y no era normal. Bueno normal sí, adecuado no.

-Eres uno más de los olvidados por su familia.

Lo dijo con un poco de amargura, se arrepintió en cuanto vio como Marcus se tomaba aquellas palabras y hubiera querido retirarlas. El chico era realmente alguien alegre, parecía que era capaz de sonreír en todas las situaciones, sin embargo, ahí estaba, escondiendo el rostro para que él no se diera cuenta de que algo le causaba dolor.

-Sí, podría decirse que mi familia tiene muchos años que me ha olvidado.

Terry no supo que decir. No lo entendía y quería preguntar cómo era posible que alguien como él pudiera ser "olvidado". Tal vez le diera la fórmula, para que su familia no estuviera siempre sobre de él, esperando cosas, exigiendo cosas, cuando lo único que quería era hacer su vida como le diera la gana.

-¿Y tú?

Marcus lo preguntó por preguntar, la verdad es que no estaba seguro de querer saber la razón por la cual pasaría ahí la velada. Estaba y eso era todo, más de lo que hubiera podido pedir de aquella improvisada noche.

-Mi padre y toda la familia bajo un mismo techo… -respondió Terry sin pensarlo demasiado, se estremeció al recordar.- El año anterior había sido un caos. "Eres médico, ¿por qué no te has casado? ¿Acaso no te gustan las mujeres?"

-¿Eso te dicen? –Marcus no pudo evitar reír, sabía de lo que le hablaba, de alguna manera así es como había "salido del clóset" ante su familia. Un día lo desesperaron y lo dijo.

-Sí, la verdad, me tiene harto. –Se tapó la cara con las manos por unos segundos.- Hay días en los que estoy tentado a responderles que no y que les presentaré a mi novio. Estoy cansado de la presión.

-Puedo ser tu novio ante tu familia, yo encantado.

Marcus supo que debería estar borracho para poder decir eso y echarle la culpa al alcohol.

-Muy bien, para Año Nuevo serás mi novio y podré darles algo sobre lo que hablar a las tías que no tiene nada más que hacer.

Terry supo que aquella era la respuesta equivocada. Hubiera querido llevar a Caroline a su casa, no a Marcus. Sin embargo, la tentación de dejar en shock a su familia era demasiada. Sería un error, pero si el otro hombre no se negaba, lo haría.

-Muy bien, tienes mi número, sólo dime dónde estar e iré.

Que gran tontería acaban de acordar.

Greg abrió la puerta antes de que pudieran agregar nada más, no tenía idea de qué era lo que habían hablado pero se les veía extraños, como si estuvieran pensando demasiado en algo. Los hizo pasar directamente a la sala donde fueron recibidos entre saludos de alegría. La sensación generalizada entre aquellas personas que un año antes eran extraños, era que parecía que sólo podían provocarse sonrisas y felicidad.

Londres

Aeropuerto de Heathrow

25 de diciembre

10:45 de la mañana

Estaba subido en un avión. Le esperaban 12 horas de vuelo. Se perdería el juego del día 26 y el del 02 de enero y después de eso, regresaría. Era una tontería, Sebastian pondría el grito en el cielo, pero todos dijeron algo que no se pudo sacar de la cabeza hasta que tuvo su boleto y pasaporte en la mano.

Este año no lo puedes terminar lejos de Mycroft.

No lo haría, por eso dejaba el equipo en manos de los demás. Tenía que confiar en lo que venía pensado desde mucho atrás, en que ellos eran los mejores estuviera él o no. Ahora quedaba demostrarlo. Vería el juego en la televisión al lado de su novio, lo cual para él era la perspectiva perfecta.


Gracias por leer y la espera, este capítulo fue subido sin la mirada de águila de ningún beta, si ven algo horrendo, avísenme por favor.

Y pues... espero que mi consultor Terry no me asesine .. jejeje.. pero es que ¿cuántas fans tiene Caroline? Yo apoyo a Marcus jejejeje.

Ahora me estoy complicando la vida por describir con coherencia el partido sin Lestrade así que ... pufff.. será duro.

Perdón por la tardanza, saben que aquí sigo.

Like a Fuck Yeah Sherlock en Facebook y a Nimirie, mi página de autor.

Saludos