La chica nueva.

– ¡Severus! ¿Qué haces aquí? – susurró Lily angustiada mirando de reojo a las chicas que se reían de ella por estar hablando con él.

– ¿Cómo pudiste hacerme esto? – le pedí a mi madre que dejara de educarme en casa y me llevara a la escuela muggle del pueblo para estar contigo ¿y ahora te cambias? –

–No es mi culpa, Severus. –y era verdad: le había implorado a sus padres hasta su primer día no ir a esa escuela sin resultado alguno. – Traté de convencerlos y pensé que lo lograría, por eso no te dije nada. La verdad odio estar aquí, las chicas son muy snobs, pero mis padres dijeron que la beca era una oportunidad única y esta es la mejor escuela de niñas de toda Inglaterra. Tú sabes que aún no estoy lista para decirles sobre Hogwarts y todo eso. – Severus la miró preocupado. –Es horrible, Severus. No tengo amigas, pero eso no es lo que más me preocupa: si se enteran de que soy de clase media, me harán la vida imposible.

– ¿Hay algo que pueda hacer por ti? –. No quería que Severus se preocupara por ella.

– No te preocupes, Severus. Soy fuerte, ya lo verás. Ahora quiero que me prometas que no volverás a saltarte la escuela para venir a verme. –

–Pero…–

– Por favor, Severus. – Lily no quería admitirlo, pero le avergonzaba que lo vieran con él. –Mira, quizás en tu colegio nuevo aprenderás a hacer amigos, y todo esto. –

– No necesito amigos. Te tengo a ti. – Aquello le rompía el corazón.

– Severus, vamos. – Le dijo Lily con una sonrisa falsa. – Siempre te he dicho que deberías mostrarte tal cual eres con los demás. Ser tan amable con ellos como tú lo eres conmigo. –

– Tú eres diferente a todos, Lily. –

– Por favor, Severus–, repitió Lily. – Hazlo por mí.

– ¿Quién era ese? – le preguntaron las chicas que le habían hablado antes. –Tiene pinta de pordiosero.

–Peor aún– aportó la otra. – Tiene pinta de ser de la hilandera. Ambas chicas rieron con una risa chillona y desagradable.

A Lily se le revolvió el estómago. No quería despreciar a Severus, pero si no hacía algo, sería el hazmerreír de toda la escuela.

– Verán, – dijo con una voz falsamente confiada. – Ese chico es mi proveedor. –

– ¿Proveedor? – ambas chicas se miraron.

– Sí, le pago para que me consiga cigarrillos. Yo tengo un montón de dinero y él lo necesita. –

– ¿Cigarrillos? – las chicas volvieron a mirarse. Vaya que eran tontas, pensó Lily.

– Oh, vamos ¿nunca han fumado en su vida? Vaya montón de perdedoras. – Hizo el intento de irse, pero la rubia la agarró del brazo.

– Estás mintiendo. Eres una niña buena pretendiendo ser mala, nada más. – Lily suspiró. Esas chicas no la dejarían tranquila.

– Mañana vendré a la escuela con cigarrillos, ya lo verás. – La castaña enarcó una ceja.

– Sí, claro. –

– Ya lo verás. Yo venía de Bluestone, pero me expulsaron por fumar en los baños. – Aquello era una vil mentira, pero sabía que Bluestone era otra escuela de niños ricos, y quería impresionarlas a toda costa.

– Demuéstralo. –

– ¿Qué…?–

– Que no eres una empollona. Vamos. Demuéstralo. –

– Sí, demuéstralo – añadió la rubia.

Lily miró hacia todos lados para ganar tiempo, y vio a Margaret, una chica de su salón –que también era nueva– acercarse hacia ellas animadamente con un helado.

– Hola, Lily ¿Sabes? Estaba pensando que como ambas somos nuevas, podríamos ser amigas. – Las otras dos chicas volvieron a reírse con su risa patentada. De pronto, Lily supo lo que tenía que hacer. "Es ella o yo, y esto es acerca de sobrevivir", pensó.

–Sí, claro que te gustaría–. Margaret la miró extrañada. Lily la tomó del cuello de la camisa. –Escucha perdedora, no te vuelvas a dirigirme la palabra. Si lo haces, probablemente se me pegue tu gordura. – Dicho esto le quitó el helado y lo derramó sobre su pelo. – Ten, ahí tienes al único amigo que tendrás durante el año. – La niña comenzó a llorar inmediatamente y se fue corriendo al baño. Las demás chicas que estaban en el patio comenzaron a apuntarla y a reírse de ella.

–Vaya, Lily, – le dijo la castaña aplaudiendo– Se ve que tienes experiencia en eso. Si quieres puedes andar con nosotras. –

–Oh, cállate. No tengo nada que demostrarles a ustedes dos. – Dijo mirando hacia la calle. Aquello no le había producido culpa alguna, sino más bien un secreto placer. – Si quieren pueden fumar conmigo mañana, pero no se hagan ilusiones. – Les dijo fingiendo que nada le importaba mucho.

James jugaba con Harry mientras Lily escribía una carta a Sirius. James la miró súbitamente, como si recordara algo.

– ¿Sabes, amor? –

– ¿Si? –

– Nunca hemos hablado del tema, pero siempre he querido saber por qué me odiabas tanto. Digo, se que era un abusón e inmaduro, pero a veces me daba la sensación de que yo te daba asco. –

Lily suspiró. Había olvidado aquel tema. Se acercó hacia la cuna de Harry. Se emocionó al percatarse de que no quería que un niño tan lindo e inocente, el fruto de sus entrañas, siguiera los pasos de sus padres. Tomó la mano de James, aunque seguía mirando a Harry.

–Verás…– tragó saliva. No era un tema fácil para ella. – De cierto modo… me recordabas… a mí. –

James rió divertido.

– ¿A ti?, ¿la chica más perfecta de todo Hogwarts? Ya, ahora en serio. Dime por qué me odiabas. –

Lily permaneció mirando a Harry, quien reía al tratar de agarrar una mota de luz mágica entre sus manos.

– No bromeo, James. Sabes que soy pésima para las bromas. – James la miró como si por primera vez se percatara de ella. –Cuando era pequeña, mis padres me enviaron a un colegio de niñas. Yo era muy insegura y estaba segura de que me comerían viva ya que siempre fui una empollona de clase media, así que hacía lo imposible para que me temieran. Fui muy mala, James. – James le apretó la mano, empatizando con ella. – Siento que nunca pagué por mis actos, y temo que el karma me pase la cuenta a través de Harry. –

– Eres una buena persona, Lily. Estás arrepentida y eso es lo que cuenta. Ya verás que cuando Voldemort caiga podremos criar a Harry de manera tal que no cometa nuestros errores.

– Es lo que más quiero. –

James y Lily Potter, la pareja más querida de todo Hogwarts, tenían un pasado que ocultar en común. Un pasado que arruinaría toda su perfecta reputación.

Irónicamente, lo único que hizo que Harry no creciera igual que sus padres, fue no haberse criado con ellos.

Fin. Ya me puse al día con este. Sé que ya muchos dejaron de leerlo, pero por lo menos ya saldé mi deuda :3