For the Rose and the Lion
Capítulo 5
26 de diciembre 2015
Coventry City
Ricoh Arena
12:00 horas
-Greg Lestrade no está en la alineación para el Brighton.
-Es una locura.
-¿No va a jugar Greg?
-Van a perder
Respiraron y salieron a la cancha. Habían cambiado la alineación, Sherlock estaría al frente con Mika, habían entrenado durante el día anterior y la rapidez del chico lo hacía perfecto para los cambios de último minuto que solía hacer el delantero. En el lugar de Mika había entrado uno de la reserva, un tipo llamado Jack, nadie recordaba su apellido. Estaba muy asustado, tendrían suerte si servía de estorbo en alguna jugada.
Pensaron que nadie los apoyaría, después de todo era el equipo de Greg y era por este que las masas de aficionados venían de todos lados del país. Sin embargo, los gritos comenzaron, tal vez era que Molly y Mike estaban poniendo mucho esfuerzo desde los palcos, el club de fans parecía saltar de emoción sin importarle que eran sólo ellos.
Terry estaba ligeramente asustado. Antes de salir del túnel vio el flash de la cámara de Marcus, siempre estaba ahí, se había quedado en la casa de Greg a dormir y durante el día siguiente cuando fueron a entrenar mientras Gail y Anthea lo llevaban al aeropuerto. Ni siquiera todo el alcohol que consumieron en la madrugada del 25 logró conseguir que olvidara que tenía una cita con él, para llevarlo ante su familia.
-No importa ¿sabes? –El reportero le sonreía, parecía muy emocionado, le había confesado en el autobús que el reportaje sobre este día le causaba mucha expectativa. Quería que fuera algo grande.
-¿Qué no importa? –Terry se agachó para acomodar sus tenis, veía a los demás reconocer el campo, acostumbrarse a la luz de mediodía.
-Que no esté Greg, verás que ustedes son los mismos y que el público se los va a reconocer.
Le tomó una nueva foto y después fingió que ya no lo miraba. Bueno, tocaba enfrentar la realidad. Si el equipo era Greg los iban a apalear. Si el equipo era un equipo, bueno, podrían perder, pero iba a dar una muy buena batalla.
Primer tiempo, minuto 3
Trataron de tomarlos por sorpresa, hacer una jugada explosiva y aprovechar que la defensa, en teoría, estaría mal parada. El chico, Jack, que no había jugado hasta el momento y sólo estaba en las reservas de nombre, por poco se deja caer al ver a todos correr hacia él. El punto es que, no estaban mal parados. Dean, Ethan y Roman sabían cómo hacerlo aún sin Mika, por eso es que siempre tenía la libertad para subir con los balones recuperados sin afectar las posiciones de los demás.
Así que su jugada explosiva fue parada de lleno por una barrera que era difícil de superar, las estaturas de los chicos eran imponentes, sobre todo la de Ethan. Además de que John saltó sin ningún complejo hasta tener el balón entre sus manos. Se quedó mirando el campo hasta que sus ojos se cruzaron con los de Sherlock, había un defensa cerca del portero por lo que habilitaba al delantero de esa manera. No lo pensó. Lo había practicado de esa manera, así que solamente dejó que su brazo lanzara el balón hasta la otra punta de la cancha.
-Holmes baja el balón casi sin esfuerzo, se da la media vuelta, el defensa se resbala, el portero achica, un quiebre, Holmes tiene libre, tira…
El estadio estalló, la porra que antes estaba expectante ahora gritaba a todo pulmón. Sherlock habría corrido hasta John, lo habría hecho con seguridad, pero primero estaba el partido, así que la celebración fue rápida y continuaron porque después de todo, faltaba todo el tiempo del mundo.
Minuto 25.
Decir que los habían provocado era poco, pero si Greg estuviera aquí ya habría calmado los ánimos, pero no estaba, y eso estaba siendo aprovechado por el rival. Su presencia en el campo era sin igual, todo mundo sabía que su capacidad de liderazgo era nata, ni siquiera Sebastian quien les gritaba que se calmaran, lograba que el enojo de Roman y Mitch se aplacara. Aunque los del equipo contrario estaban peor y habían soltado un par de golpes que el árbitro vio con mucha claridad.
Gracias a eso tenían dos tarjetas amarillas y un tiro libre directo. Quien tiraba mejor a gol era obviamente Sherlock, tendría que lograr algo muy exacto, así que por unos segundos se quedó mirando la posición de los jugadores en la cancha, evaluó los posibles rangos de movimiento del arquero en virtud a lo mostrado previamente, la velocidad del viento, la temperatura del día. Cuando el árbitro silbó estaba listo.
El tiro fue matemáticamente perfecto y la fuerza exacta para volver, imparable, seguramente sería repetido mil veces en los programas de análisis. Había sido una belleza. Todos tardaron unos segundos en comprender que era un gol y que debía de celebrar, antes de que Sherlock pudiera reaccionar, John lo había levantado por atrás y lo sostenía arriba mientras los demás se acercaba para celebrar.
Fue menos de un minuto y ya se había separado, todos listos para seguir el partido, John dejó a Sherlock del otro lado de la cancha no sin darle antes un beso en los labios. Eso sería comentado muchas veces más que el gol. Irene estaba sentada en uno de los palcos. Sonrió. La atención que estaban recibiendo por acciones como la anterior era monstruosa, sabía que le podía explotar en la cara en cualquier momento, pero iba a jugar una mano peligrosa y eso la hacía sentir muy bien.
Habían pasado minutos y ya el Twitter parecía que se vendría abajo. Había muchos ofendidos. "El fútbol no es de putos". Ella sólo ensanchó su sonrisa ante tales cosas.
Minuto 42.
John no podía respirar. Le habían caído dos delanteros encima y además de todo, habían presionado el balón sobre su esternón con su peso y ahora, estaba tirado sobre el campo sin poderse mover. Todo se había puesto negro por unos segundos pero se concentró en sostener el esférico, ni muerto lo soltaría.
Ethan estuvo a su lado y comenzó a evaluar su situación, los médicos del estadio entraron y se lo llevaron en camilla, Joe entró por primera vez a un juego no sin antes dedicarle un momento a John, quien no se veía nada bien. Irene salió disparada de su lugar en el palco, esto no era bueno, la cantidad de fans que tenía el pequeño arquero era inmensa, los tweets sobre su estado de salud lo probaban.
Terry y Mika sostuvieron a Sherlock en su lugar, porque parecía estar a punto de salir corriendo detrás de su novio, cosa que no podían permitir. Hicieron un par de jugadas y se silbó el medio tiempo, todos, sin excepción, fueron a ver cómo estaba John.
El medio tiempo fue complicado, más uqe otra cosa por la preocupación, al parecer John no tenía otra cosa más que un golpe que lo había hecho perder la consciencia. Sin embargo, como en otras ocasiones, se tendría que confirmar a través de una tomografía que esto era así; por lo tanto sería trasladado en ambulancia a un hospital. Sherlock quería aferrarse a acompañarlo, pero al final aceptó que no eso no era posible, que tendría que seguir cargando con la responsabilidad de estar en el lugar de Lestrade.
Irene fue la encargada de acompañar a John y eso fue muy duro, tener que dejarlo ir solo con ella, el instinto protector de los mayores se disparó de inmediato pero nada podían hacer, tenían una responsabilidad y cada uno pensaba en lo que diría Greg de estar ahí presente.
Marcus tomó una foto del chico siendo sacado en camilla por el pasillo y después los dejó solos. Sebastian intentaba hacerles ver en lo que habían fallado, analizando el primer tiempo como lo habría hecho Greg. No era un director técnico nato, sabía que su visión del juego no siempre era la más adecuada, pero estaba aprendiendo a pensar en las necesidades de cada uno de ellos y cómo hacer que sacaran su potencial.
Segundo tiempo, minuto 84.
Sherlock no estaba concentrado, cada jugada que había tratado de definir había sido errónea, sabía la razón y aunque se repetía que no había nada de qué preocuparse, que habían llevado a John al hospital sólo por precaución, estaba demasiado asustado. Nadie lo entendería, aquellos años en silencio, alejado de todos, sin nadie que lograra pasar la barrera que había construido a su alrededor.
Entonces John pasó frente a él. La vida cambió para él en ese momento, John era todo, el motivo que tenía él para salir al mundo, porque ahora valía la pena, porque ahora había algo maravilloso en él. Y este, más que nada, era el sueño de John. Llegar a la selección, que todos lo admiraran y se dieran cuenta de lo increíble que era. Por esa razón, por John, su única razón en sí, era que no abandonaba a todos por ir a su lado, porque si perdían, el equipo era Greg, no John, solamente Greg.
Sherlock tenía un mensaje para el mundo, para todos los que estuvieran mirando, el equipo no se llamaba Greg Lestrade, se llamaba Brighton FC y cuando tuvo el balón en sus pies gracias a Terry, hizo un gol después de dar dos pasos. Casi fue detenido por el portero, pero sabía que estaba mal parado y que no alcanzaría a tocarlo si lo colocaba en la esquina inferior izquierda, justo rozando el travesaño. No lo hizo y tenían un segundo gol.
Sonrió. Admiraba lo mucho que había hecho Greg por ellos, no podía negar que sin él, ninguno estaría ahí. Él había visto lo buenos que podían ser, lo adecuados que serían si estaban juntos, lo lejos que podían llegar sin ponían todo de su parte. Por lo mismo, Greg era su corazón y por él, jugarían mejor que nunca y ganarían.
Minuto 93.
El árbitro silbó el fin del encuentro, los chicos estaban exhaustos, más que ninguna otra vez. Recibieron algunos apretones de mano y varios rivales fueron a felicitar a Sherlock, quien había cargado con todo el peso de la defensa sin perder el control o rendirse. Se dio un minuto para recuperarse antes de salir corriendo, en el vestidor había un mensaje en su celular, era de John, le aseguraba que estaba bien pero lo esperaba en el hospital.
Aquel día festivo había marcado que varias familias estuvieran entre el público, las mamás de Mitch conocieron a Astrid, el padre y la madre de Ethan saludaron con entusiasmo a Gail y a punto estuvieron de llamarla hija, cosa que el jugador evitó porque pensó que sería extraño. Erick tenía a su madre, la cual se acercó a saludar, era extraño, todos pensaban que su madre no se vería como una bibliotecaria adicta al té y las galletas.
Marcus tomaba todas las fotografías que pudiera, era extraño, hasta las familias de aquellos chicos eran tan diferentes entre sí que no parecía que pudieran tener un punto en común. Los padres y la hermana de Dane parecían exageradamente felices, cosa que el reportero comprendía, este triunfo era mayor que los previos. Los equipos no perdían ante Greg, lo habían demostrado, el Brighton ganaba con todo el derecho del mundo.
Un hombre mayor entró entonces en su campo visual y él tomó una foto sin saber por qué. Vestía bien, era delgado y aunque todo su cabello era canoso, se veía con mucha vitalidad. Terry entonces se paró a su lado y se inclinó para decirle algo que sólo él pudiera escuchar.
-Ese es mi padre –dijo en un susurro. Marcus sintió que todo colapsaba, habían acordado una locura para la cena de Año Nuevo, pero seguro era algo que no iban a cumplir, porque era imposible. Él estaba de cabeza por Terry Lincoln y sabía que no era correspondido, así que ponerse en una situación donde terminaría lastimado no era lo mejor. Sin embargo, aunque él estuviera dispuesto a hacerlo, creyó que Terry no iría más lejos con aquel acuerdo.- ¿Listo?
Marcus asintió. ¿Fingirían ahora? ¿Justo ahora?
Terry lo tomó por la mano y tuvo que jalarlo para que avanzara hasta donde el hombre los esperaba, un par de metros más allá, lejos de los otros chicos. Pudo ver la expresión de su rostro, la recordaba en su propio padre, madre y demás familia. Extrañeza, curiosidad. El señor no sabía la razón por la cual su hijo caminaba tomado de la mano de otro hombre. Eso no era normal, así no se comportaban los amigos. Tuvo ganas de detenerse, de decir que engañar así a la familia no era correcto, que sólo podías decirlo si es que era verdad.
Pero Terry parecía tan cansado. No sabía sus razones, el hijo perfecto, guapo, inteligente, médico. Lo tenía todo y ahora jugaba fútbol y además de todo, estaba de la mano de un tipo. No, para el padre de Terry eso debía de ser una especie de broma.
-¿Qué es esto?
La pregunta no parecía afectar a Terry, claro, no era cierto, así que sólo estaba actuando para quitarse a todos de su espalda y por fin, poder tomar sus decisiones. Si lo de entrar a un equipo no era suficiente decepción, esto lo sería.
-Me da gusto que hayas venido papá –respondió ignorando la pregunta anterior, Marcus creyó que se iba a desmayar, su corazón estaba latiendo como loco.- ¿Te gustó el partido?
-¿Quién es él?
Terry lo miró y Marcus podría haber enfrentado al mundo si en esa mirada hubiera algo más que un acuerdo entre ambos. Así no, no podía. Sin embargo, asintió y dejó que hablara en su nombre, él de todos modos tenía la boca seca y no habría podido decir nada.
-Te presentó a Marcus Jonas, mi no…
-No digas tonterías, te esperamos para la cena de Año Nuevo, llega a las 9.
El padre de Terry dio medio vuelta y lo dejó con la palabra en la boca. Sintió mucho coraje y apretó la mano de Marcus con excesiva fuerza, le hizo daño pero no se percató de eso, además de que el reportero no evidenció el dolor que le provocó. Cuando su padre se perdió de vista Terry lo soltó y se alejó con mucha prisa.
-¿Qué demonios fue eso?
Sólo George se acercó para interrogarlo, quiso decirle que había hecho algo muy malo y que Terry estaba equivocándose, pero que como lo amaba, haría lo que fuera que le pidiese. Tal vez George lo sabía, porque puso una mano en su hombre y pareció consolarlo. Después de un rato de no decir nada, siguieron a los demás que irían a ver a John al hospital, dando por terminado la jornada.
26 diciembre 2015
07:30 am
Aeropuerto Internacional de Narita
-¡Gambatte kudasai!
Literalmente cada persona en el vuelo se enteró de su presencia. Suponía que a la mayoría les tenía sin cuidado, pero descubrió que el porcentaje de personas que sabían quién era él, era elevado.
Viajaba en primera clase, aunque por el precio del boleto hubiera deseado tener un lugar en turista, sin embargo, por las fechas, la disponibilidad del vuelo era muy limitada. Así que tuvo que comprar uno de los boletos más caros que existían y pensar que su cuenta de banco podía soportarlo, tan sólo eran nueve mil trescientas veintisiete libras, sin contar con los impuestos. Recordó la manera en que Gail exclamó al ver el precio en la página de internet al hacer la reserva, pero de inmediato le dio al botón de continuar y no lo dejó pensar en la viabilidad de la locura que habían planeado tras unas rondas de alcohol.
Tenía un asiento muy privado junto a la ventanilla, los asientos se hacían cama cuando desearas dormir, la pantalla del centro de entretenimiento era personal y en las diez horas de vuelo le ofrecieron tres comidas gourmets que no le pedían nada a los restaurantes más lujosos. Así era su vida antes, no cuando viajaban a los juegos, pero si cuando iban a eventos pagados o hacían promociones para marcas. Los consentían a tal extremo que era fácil perder el piso cuando se llegaba a ser una estrella.
Después de que las dos asistentes de vuelo que atendían la primera clase le pidieran autógrafos y fotografías, dos hombres japoneses hicieron lo mismo, de mediana edad y dominando un perfecto inglés, le entregaron su tarjeta de presentación y luego le pidieron de manera muy educada que permitieran que tomaran una fotografía con su celular. Después de ellos vinieron otras once personas, entre ellos dos niños, uno de los cuales le prestó su PSVita cuando se aburrió de las películas del vuelo y demostró que era malísimo jugando el FIFA15.
Cuando la asistente del vuelo abrió la cortina para dejar bajar con prioridad a los que viajaban en su clase, el resto del avión pareció estar conteniendo la respiración. Los primeros en hablar fueron de las primeras filas, aquellos que viajaban en una clase llamada Viajero Mundial.
-Es Greg Lestrade.
-¡Es él!
Las asistentes trataron de hacerlo bajar con rapidez, para evitar cualquier problema, el punto fue que dos chicas bastante jóvenes lograron acercarse antes de que eso sucediera, las dos eran japonesas y miraban más al piso que a él y no tuvo corazón para ignorarlas. Después de eso veinte pasajeros más se acercaron a él antes de que casi tiraran de él para bajarlo del avión, los gritos llamaron la atención de la seguridad del aeropuerto, pero al parecer se había informado de su presencia en el lugar y lo metieron a la sala VIP de British Airways antes de que se hiciera un tumulto.
Sin embargo, cada persona con la que se topaba repetía lo mismo, gambatte kudasai y él respondía con la única palabra que sabía, arigatou. Sacó el celular en cuanto tuvo la oportunidad, justo antes de que los agentes de migración llegaran y el personal de la aerolínea le trajera su equipaje.
Gavin, no sé japonés.
Le devolvieron su pasaporte y trató de explicarles que como era un viaje no planeado no recordaba la dirección de su hermano, cosa que no le había preocupado hasta este momento.
Ya sé que no sabes, pero ¿cuál es la importancia de que no lo sepas?
Le dijeron que le proporcionarían un transporte para llevarlo a donde fuera que quisiera ir, le aseguraron que su presencia en el país era un honor.
Que no estoy del todo seguro de que entienda el inglés de los japoneses y, lo peor de todo, no tengo idea de dónde están viviendo.
El mensaje de respuesta tardó menos de un minuto y no le entendió nada, parecía como que su hermano había tratado de escribir tan rápido que no fue nada coherente. Después entró un nuevo mensaje que pudo mostrar uno de los empleados de British Airways, fue transportado a una salida privada del aeropuerto, sin embargo, se cruzó con muchas personas en el camino, estaba seguro de que la noticia estaba ya volando a través del Twitter.
Le informaron que tardarían una hora en llegar a Komaba, le asignaron un chofer japonés que hablaba un inglés perfecto, de otra manera no le habría podido informar que el alojamiento internacional de la Universidad era tanto para investigadores como estudiantes y que si su hermano estaba alojado ahí él no podría quedarse como visita. Literalmente no habría donde, el espacio era reducido, 16 metros cuadrados en los cuartos individuales.
Buscó en internet algún hotel cercano a la Universidad, aunque al final se quedó en el que recomendó el chófer, Fukudaya, cuando buscó imágenes le pareció lo suficientemente tradicional para merecer quedarse unas cuantas noches. Aunque no tenía idea de cómo lo verían si colaba a Mycroft para que pasara la noche con él. Tal vez debería elegir algún hotel de cadena internacional, aunque la probabilidad de ser reconocido en uno de esos era mayor.
Se arriesgaría, aunque la foto de un turista con dos personas mayores que parecían los encargados del lugar le hacía pensar que podría no ser tan buena idea.
Registrarse fue algo sencillo, la pareja mayor que había visto en una foto parecían ser los dueños, le asignaron una habitación individual, pequeña, lo más pequeño que había visto en su vida, ni siquiera cuando era niño durmió en un lugar tan pequeño. Además de todo, dormirían en el piso. Jamás había estado en Japón antes, así que no tenía ninguna idea de que esperar.
De haberlo sabido tal vez no habría puesto un pie en la calle. El vecindario era tranquilo, las casas eran muy tradicionales y casi no se cruzó con nadie. Logró llegar gracias a su teléfono hasta las vías del tren y cruzó por debajo de un puente, siguiendo a una señora que cargaba unas bolsas con las compras. Se sentía por completo aislado por primera vez en su vida, en cualquier otro caso habría ya entablado una plática para saber cómo llegar a su destino.
Caminó juntó a las vías del tren, nadie más hacía el camino a su lado, suponía que tal vez se debía a la hora del día, porque no le dio la impresión de que fuera un día festivo. Cruzó la puerta principal de la Universidad, el lugar era precioso, edificios de piedra, una especia de torre con un reloj y muchos árboles con tonalidades amarillentas. Por un momento se olvidó de dónde estaba y a quién buscaba, era un lugar tan bello para estudiar que le dio un vuelco el corazón. Era una verdadera lástima que nunca hubiera entrado a la universidad.
-Gomen ne…
La vocecilla lo hizo voltear hacia abajo, una chica muy bajita lo miraba tapándose la cara con sus manos.
-Hola.
Fue recompensado por una risa nerviosa, la chica no habló de nuevo, pero le mostró la pantalla de su celular. Una foto suya estaba ahí tomada en el aeropuerto. Tan sólo tuvo que decir una vez, sí, yo soy Greg Lestrade. Eso fue todo. Cuando entró había muy poca gente, pero de repente se vio rodeado, ¿de dónde habían salido todos? No tenía idea, el problema era que no entendía nada de lo que decían y aunque eran muy educados con él, había ya posado para más de cien fotos, estaba muy seguro.
-¡Greg!
La voz de su hermano la reconocería donde fuera, lo vio sobrepasando en estatura a casi todos y fue algo maravilloso. Estaba algo apabullado y no tenía idea de cómo pedirles que lo dejaran pasar. Se aferró al brazo de Gavin y le permitió rescatarlo de los fans que lo rodeaban. ¿De verdad era así de popular? ¿La gente en Japón veía el fútbol inglés?
-Los dormitorios están en un anexo, vamos a tener que cruzar todo el campus.
Greg se sintió tranquilo al lado de su hermano, sus nervios por haber volado desde el otro lado del mundo se empezaban a evaporar. Pasaron junto a un edificio enorme del mismo ladrillo oscuro con el que estaban construidos los demás. El tiempo pareció detenerse cuando miró la puerta principal abrirse. Un hombre salió y la sostuvo abierta para dejar salir a un pelirrojo que conocía muy bien. Se detuvo en seco y echó a correr hacia él.
De verdad, lo único que quería era tenerlo entre sus brazos. Se dio cuenta de la sorpresa de Mycroft al verse abrazado por la espalda, pero debió reconocerlo porque se relajó al instante.
-Gregory.
Comenzó a besarlo como si no lo hubiera hecho nunca, escuchó la risa de Gavin y nada más, lo único que le importaba era demostrarle a su novio lo mucho que lo extrañaba y lo mal que llevaba el tiempo sin él.
-Viniste –dijo Mycroft de una manera inesperada, entre beso y beso.
-Sí, lo hice –respondió Greg.
-Te extrañé tanto.
Gracias por la espera y por seguir leyendo.
Feliz año nuevo a todos, aunque ya sean 4 días de que lo hemos estrenado.
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