For the Rose and the Lion

Capítulo 6


Interludio

27 de diciembre 2015

Nombre de usuario: BFCShippers

Password: MoHo007Ship

Post New Chapter: Secret Love

George se había quedado dormido después del entrenamiento, tenían que estar listos para enero, para retomar las actividades y al mismo tiempo, no podía olvidar que tenía que cumplir con la escuela. Sin embargo, el ahora estar viviendo en la misma casa que él, no le hacía las cosas sencillas.

Al principio pudo ignorar el que sólo era necesario caminar unos pocos metros para encontrar frente a la puerta de su habitación, que no le costaba nada girar la perilla y entrar, que podía verlo mientras dormía y espirar bajo sus sábanas.

De hecho lo hizo, no una, no dos, lo hizo muchas veces. Entrar mientras todos en la casa dormía, en la madrugada, cuando el frío de la noche lo despertaba de sus cálidos y agradables sueños. No usaba para dormir más que sus boxers y una playera muy delgada y vestido así salía al corredor.

Sólo quería verlo, se repetía, en su joven y afiebrada mente creyó que sería más que suficiente. Pero esa vez se había volteado en sueños mientras lo miraba, dejando al descubierto el hecho de que Greg Lestrade dormía completamente desnudo.

El impacto fue tal que tuvo que salir corriendo, tratando de no hacer ruido, para esconderse en su habitación, debajo del cobertor. Intentó mantenerse en silencio mientras recordaba las formas del cuerpo de Greg, tan trabajadas, tan perfectas.

Se habían grabado en su mente. Los músculos de sus brazos, la forma de su torso, el abdomen donde querría haber podido dejar sus manos rondar sin ningún tipo de vergüenzas. George era joven, demasiado para estas cosas que no creía entender, sin embargo lo tenía ahí, al alcance de su mano y era complicado no hacer nada.

Suspiró para ahogar el gemido que buscaba escapar de su boca, no debía hacer esto, no debía pagar de esa manera la hospitalidad que Greg y su familia le habían brindado. Pero en la soledad de su habitación, en el perfecto silencio de la noche, tuvo que tocarse o de otra manera habría explotado.

Sus dedos se deslizaron con cierta inseguridad sobre su erección, el simple contacto de la frialdad de su mano lo hizo estremecerse. Greg se sentiría así, pensó sin poder evitar que algo como su imaginación lo hiciera sonrojarse, se sentiría imposiblemente duro y sólo podría aliviar su situación ayudado por él.

George no tenía experiencia controlando sus emociones por lo que no necesitó demasiado tiempo para llegar al clímax y explotar sobre su mano, manchando irremediablemente el pantalón los bóxers que vestía y las sábanas con que se había cubierto. Tendría que limpiar por la mañana, pero ahora se dejó transportar a un cálido sueño donde Greg pasaba sus brazos alrededor de su cuerpo y lo sostenía con algo parecido al amor.

Por la mañana, antes de que la hermana de Greg se levantara para preparar el desayuno para todos, se deslizó en el cuarto de lavado y se encargó con prontitud de que no quedara alguna huella de sus fantasías. Justo estaba saliendo con dirección a la cocina cuando se vio interrumpido por la presencia de Sherlock Holmes, el delantero que competía en capacidad con Greg Lestrade.

George se sintió embriagado por su presencia, no iba a confesarlo nunca pero había sido capturado por su belleza de igual manera que por la de Greg. Aunque se sentía incorrecto, Sherlock estaba en una relación con el portero, John Watson, sin embargo, era él quien lo estaba acorralando y empujando con su cuerpo de regreso al cuarto de lavado.

-Sherlock –intentó decir pero fue interrumpido por los labios del delantero sobre los suyos, demandando que le correspondiera. Era abrumador, aun siendo un muchacho su presencia era por mucho la más espectacular de todas, por lo cual no era capaz de pensar en lo que estaba haciendo y se encontraba a merced de lo que el hombre quisiera.

Parecía que iba comérselo en ese momento y…

-La siguiente es Picadilly Circus.

Molly cerró su Ipad y sonrió a su madre, como siempre que estaba de visita en Londres solía acompañarla a todos lados, aunque ello complicara sus planes para actualizar su fanfic y tuviera que escribir en los trayectos de metro para no quedarse atrás. Los cuatrocientos comentarios pidiendo que George dejara de fantasear con sus compañeros de equipo y comenzara a tener algo de acción.

George era su creación, para nada reflejaba al chico en realidad y eso lo sabía, aunque a veces parecía que quienes la leían no terminaban por entender que no estaba hablando de situaciones verdaderas. Sin embargo había reflejado sus deseos de conocer más a fondo a Sherlock, lo recordaba como paciente encerrado en su mundo y ahora que estaba afuera, era un verdadero misterio.

Un misterio que sólo John Watson podía entender. Hasta ella lo comprendía y eso que cada que miraba al futbolista suspiraba hasta perder todo el aliento. Pero las chicas (porque las suponía chicas aunque no tenía la certeza) que comentaban su fanfic parecía creer que aquello debía corregirse de alguna manera. Las había convencidas de que John y Sherlock eran el uno para el otro y que algún día verían su boda en el campo de juego.

Había otras que querían verlo con alguno de otros de sus compañeros de equipo, como por ejemplo Greg, mencionaban que nadie mejor para un delantero que otro, que eran algo así como almas gemelas.

Las peores (según el punto de vista de Molly) eran las que rogaban que escribiera algo con una fan, rompiendo las relaciones establecidas para que alguno de ellos se diera cuenta que su verdadero amor estaba sentada entre el público en un partido. Eso no iba a suceder jamás, Greg no dejaría a Mycroft para irse con una chica desconocida, mucho menos Sherlock y ¿de verdad habían mirado a Dane y Mika? Esos dos no respiraban si no era porque el otro estaba a su lado.

Sacudió la cabeza para quitarse la pesadez que sentía y siguió a su madre en el bullicio, las rebajas en las tiendas departamentales estaban en su mejor momento y sería todo el día en busca de cosas y más cosas.

28 de diciembre 2015

Londres

Era trillado pero Mika sonreía como nunca, le emocionaban esas cosas, como por ejemplo ver el atardecer desde una rueda de la fortuna gigante sobre la ciudad. Era una tontería, pero Dane sólo quería verlo sonreír, ser feliz cada día de su vida, que nunca nada le quitara la luz a su rostro.

Totalmente melosos serían las palabras para describirlos si alguien se hubiera tomado la molestia de hacerlo, aunque las miradas que atrajeron cuando se besaron no fueron desagradables, estaban rodeados de turistas que habían subido por las vistas y después de un segundo los ignoraban.

Decidieron ir a cenar, buscarían ese restaurante de comida china cerca de Picadilly donde se pude comer todo lo que uno quiera por unas cuantas libras, la hermana de Dane lo había buscado en Google, esperan poder encontrarlo.

-¡Dane!

Alguien los detuvo en la calle, Mika sintió como Dane se quedaba un poco más atrás, dos pasos para ser específicos. Era una chica de cabello negro e inmensa sonrisa, parecía muy feliz de verlo y ahora lo estaba rodeando con sus brazos, en algún momento él había soltado su mano para atenderla a ella.

No era un secreto para él, Dane gustaba de chicas y chicos por igual, antes de conocerlo había tenido citas con más personas de las que podía recordar. Pero de eso ya tenía un millón de años, en Brighton no había día que alguien mirara a Dane con expresión de "te acuerdas de mí" y Mika no se sentía afectado por eso.

Pero de ella, la chica sonriente, no sabía nada. ¿Quién era ella?

Pasaron casi cinco minutos, ellos hablaban, él permanecía a unos pasos, sintiendo un poco de frío y bastante hambre. Debía confesar que no estaba acostumbrado a que alguien le robara la atención de Dane, nadie lo lograba, por lo tanto, estaba un poco nervioso. Si tan solo recordara su presencia en el lugar y lo presentara.

Medio metro más adelante estaba una parada de camión, había tres personas esperando, caminó hasta allá y se sentó. Miró a donde estaba Dane hablando con la chica y no, parecía completamente abstraído por ella, no se percató de que Mika ya no estaba en el lugar donde se habían separado.

-Disculpa. –Volteó a la izquierda, era un hombre quien le hablaba, vestido de traje, gabardina negra, hasta un portafolio tenía, se veía de lo más formal. Era mayor que él pero no demasiado, tal vez unos treinta años.- Tal vez suene impertinente, pero estoy casi seguro de que te conozco.

-¿Te gusta el fútbol? –Mika no era la persona más sociable, le costaba hacer amigos o entablar una conversación, generalmente prefería observar de lejos el comportamiento de las personas más que interactuar. Sin embargo el hombre parecía muy educado, además de la ropa fina su rostro era muy amable, aunque parecía cansado, la sonrisa estaba en su rostro y sus ojos azules le parecieron hermosos.

-Eres tú –respondió el hombre y pareció que se emocionaba.- Debo confesar que comencé a ver los partidos por Lestrade pero admiro muchos a los defensas que son versátiles y son capaces hasta de meter un gol.

-Gracias –murmuró Mika porque no supo qué más decir, se había acostumbrado a las chicas que les pedían fotos y autógrafos, pero era raro que alguien le dijera que le gustaba su estilo de juego.

-¿Podrías tomarte una foto conmigo?

Asintió afirmativamente, miró como el hombre sacó su celular y lo preparó para tomar una selfie, pasó su brazo derecho sobre sus hombros y lo acercó a él. Todo esto era nuevo y se sintió extraño, algo así no debía pasarle, en teoría su vida debía ser aburrida y nadie tendría porqué saber su nombre. Tal vez si escribía un artículo en una revista, pero no, ¿quién anda pidiendo fotos y autógrafos a los que estudian el cerebro y el comportamiento humano?

-Mil gracias –dijo el hombre que se levantó apresuradamente al ver llegar su autobús.- Son geniales chicos, pueden llegar a la Premier.

Mika se despidió del hombre agitando su mano hasta que lo perdió de vista, sonrió, había sido bastante agradable que alguien lo reconociera a él, sobre todos los demás no pensaba que él fuera alguien para observar.

-¿Quién era ese?

La voz de Dane sonaba molesta, Mika se puso de pie y lo enfrentó de frente. Aquellos que pensaran que por ser como eran Dane dominaba la relación estaban por completo equivocados. Bastó una mirada para hacerle saber que no estaba en posición de cuestionarlo por nada.

-Lo siento, debí presentarlos, pero ella comenzó a hablar y hablar y de repente tú ya no estabas a mi lado.

Mika levantó la ceja derecha y cruzó los brazos frente a su pecho.

-Era Elisa, una novia que tuve antes de conocerte, nos separamos de la mejor manera.

-¿Novia?

La consternación de Mika era comprensible, normalmente Dane hablaba de "una chica con la que salí" o "un chico que conocí". Esta era la primera vez que decía la palabra novia.

-Sí, salimos por seis meses, todo era muy serio, pero tuvo que mudarse.

-Curiosamente se te olvida presentarme con la chica que fue tu novia. –No estaba verdaderamente ofendido, sólo que tenía que valorar las cosas, tenían ya muchos años juntos y aunque sabía que le faltaban muchos aspectos de Dane que conocer, el verse ignorado en una situación así no lo era agradable.

-Oye, Mika, ¿quién era ese? –Aunque Dane le estaba hablando él comenzó a caminar en la dirección del restaurante que buscaban.- Mika… ¡oye!

No se iban a pelear, ellos no harían eso para nada, pero dejaría que Dane lo siguiera en busca de respuestas y al final, el que obtendría todos los detalles de la relación con Elisa sería Mika. Después de unos metros Mika hizo un poco más lenta su marcha, Dane lo alcanzó y lo tomó de la mano. Aun les faltaba una larga conversación pero eso no evitaba que disfrutara caminar con su mano en la suya.

29 de diciembre 2015

Brighton

Era su nuevo amigo y al parecer le gustaba invitarlo a todos lados. La mayoría de las veces George se negaba rotundamente, aunque cuando decía "vamos por un café" no osaba negarse. Le gustaban mucho, su madre decía que eso no era café sino pura azúcar, sin embargo, los disfrutaba demasiado. Un capuchino de caramelo o un moka latte eran su perdición y lo sabía. Además de todo, su nuevo amigo solía comprarle siempre una rebanada de pastel o de pay para acompañar.

Su nuevo amigo tenía un acento que le sonaba chistoso y a veces le tenía que pedir que repitiera ciertas cosas porque no estaba seguro de haberlo entendido. "Es acento de Texas" le decía y lo complementaba con esa sonrisa que lograba que se le abriera las puertas de cualquier lugar. En una de sus primeras conversaciones se le ocurrió decirle que parecía una mala broma que fuera de Texas y se llamara Austin, cuando escuchó sus palabras salir de su boca pensó que se enojaría.

Sucedió todo lo contrario, se rio bastante y puso su mano en su hombro. George se sintió bien, antes no había tenido ningún amigo, los primeros fueron los chicos del Brighton FC y ahora él, Austin. Le gustaba mucho estar en su compañía, él parecía querer ocuparse de todas sus necesidades cuando salían. Le daba mucha risa porque bastaba con que dijera que tenía sed para que corriera a comprarle algo para beber, de verdad que se estaba convirtiendo en su mejor amigo.

Ese día le dijo que tenía mucho sueño y que se quedaría a dormir en casa. Apareció en la puerta y George tuvo que correr para evitar que tocara el timbre como loco. Pensó que tal vez no había sido buena idea dejarlo que lo acompañara una de las noches que salieron pero cuando lo encontró armado con bolsas de papas fritas, refrescos y por lo menos diez películas lo olvidó. No se le hizo raro que dijera que le gustaba el protagonista de la segunda película, ni le pareció extraño que rozara su muslo de vez en cuando al tomar un puño de papas de la bolsa.

30 de diciembre 2015

Trayecto entre Brighton y Blackpool

Erick había tomado el tren hasta Blackpool, unos amigos estarían ahí para festejar el fin del año, regresaría el primero de enero para ponerse a entrenar de nuevo, pero necesitaba sacarse al Brighton de la cabeza un rato, era lo único en lo que pensaba últimamente y un respiro le caería bien.

Tampoco era el más famoso, a él no lo detenían en la calle para pedirle nada, ni la hora. Aunque eso había sido siempre, su cara de pocos amigos no ayudaba en nada y cuando alguien intentaba hablarle, solía ignorarle.

Faltaban dos horas más de recorrido en el tren, sacó su celular para mandarle un mensaje a su madre, lo único que le pedía era que le avisara de las cosas, con un "voy a Blackpool" bastaba. Cuando miró su Messenger apareció una solicitud de mensaje, era de una persona desconocida que trataba de ponerse en contacto con él.

Hola, tú no me conoces, espero que no creas que soy una acosadora. Encontré tu página de Facebook, veo que no tienes gran cosa en ella, pero tu mamá comparte cosas grandiosas. Soy fan del Brighton FC, mi papá me hacía ver los partidos cuando eran un equipo por el que no apostarías nada. Debes suponer que vivo en Brighton, ¿quién más sería fan de un equipo así si no viviera en la ciudad? Trabajo en un hotel, en la recepción, se suponía que era cosa de un año y luego a la universidad, pero ganó bien y conozco mucha gente, no sé si todavía quiero ir a la universidad. Me gustas mucho, siempre eres callado y te alejas de la fama de tus compañeros. ¿Crees que pudiéramos hablar? Aunque sea por el chat, no estoy pidiendo que me conozcas ni nada.

El mensaje lo había mandado una tal Sarah Meadows, su foto de perfil no era de ella sino de algún actor que no alcanzaba a reconocer pero que sabía que lo había visto en la televisión. Lo correcto debería ser desechar el mensaje, porque esa chica, si es que era una chica, lo había buscado y encontrado de una manera poco ortodoxa.

Deja de espiar el Facebook de mi madre.

Si la chica conociera bien a Erick, cosa que nadie hacía salvo su familia más cercana, sabría que el hecho de que le respondiera en vez de ignorarla o bloquearla, era un gran logro. Erick guardó el celular y sacó uno de sus libros favoritos, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, lo iba a terminar de leer por segunda vez en el año, sólo faltaban unas cuantas páginas.

31 de diciembre 2015

Brighton

-Puedes hacerlo, puedes hacerlo.

Lo repitió por milésima vez mientras caminaba los pocos pasos que lo separaban del muelle, la casa de huéspedes donde se alojaba era muy agradable, no muy costosa por fortuna aunque la revista era quien pagaba su alojamiento. Sin embargo, él debía cumplir con entregas muy estrictas que se convertirían en un reportaje en forma.

A veces era complicado, porque la revista quería saber de personas en concreto, como Greg en particular, y él quería escribir páginas y páginas de Terry. Aunque claro, debería haber pensado mejor lo que estaba haciendo en vez de imaginar alabanzas para el deportista. Estaba por meterse en el peor de los escenarios como bien le había probado el padre de Terry, quien por fuera podía parecer de lo más amable, pero era un hombre mayor, llegando casi a los setenta años y tal vez no quisiera tener que enfrentarse a este tipo de situaciones.

Más cuando ni siquiera era real. Estaba casi frente a los puestos de helados donde Terry quedo de verlo, pese a no ser una gran ciudad aún no se movía con la facilidad debida y tenía que consultar los mapas en su celular para poder ir a cualquier lado. Lo vio al acercarse, estaba distraído mirando hacia la oscuridad que ahora era el mar, las aguas iluminadas por las luces del puerto. Si alguien le preguntara, aunque nadie lo había hecho, le gustaba desde el segundo en que encendió el televisor para ver el tan sonado regreso a la cancha de Greg Lestrade.

Aunque era inglés por nacimiento, había vivido desde la adolescencia en Estados Unidos, vivía con una prima de su padre, la única de su familia que no se asqueaba con el hecho que desde niño descubrió que su sexualidad no se ajustaba a lo que los demás pensaban de él. Así que vivir con la tía americana pareció su mejor opción. Estudió periodismo, sin embargo, siempre se interesó por el fútbol, una de las pocas cosas que podía hacer con su padre sin que terminaran enojados.

Ambos eran fanáticos del Manchester United y de Lestrade. Por eso, tras un año de hermetismo era la noticia del día y aunque normalmente él escribía sobre series de televisión, ese día se dio el tiempo para ver un partido de fútbol. Fue impresionante el hecho del partido en sí, aunque cada que enfocaba al mediocampista del que no sabía el nombre se le olvidaba todo, hasta como respirar.

Vaya, su padre habría estado completamente decepcionado si se enterara que un deporte tan masculino, él parecía haber encontrado al amor de su vida. Uno que estaba del otro lado del mundo y al que nunca jamás conocería. Eso fue cierto hasta que su editor en jefe hizo una pregunta en la sala de juntas, ¿quién sabe algo de fútbol inglés?

Su mano fue la única que se levantó entre todos, era cierto, no era sólo el interés en un jugador, él de verdad sabía de fútbol y cuando su editor le explicó que quería escribir sobre las implicaciones que tenía la abierta sexualidad que ahora exhibía Greg Lestrade y otros miembros del equipo. ¿Eso era relevante? Marcus no lo había valorado hasta ese momento y pensó de inmediato en su padre, ¿cómo se habría tomado que uno de sus más grandes héroes deportivos fuera gay?

No se lo preguntó, no podría, él estaba muerto para sus padres y hermanos. Así que pese a estar de regreso en su país natal, no se comunicó con nadie y fue a Brighton en el primer tren que pudo encontrar. Conoció a Terry, cosa que lograba ponerle las piernas como de gelatina, el solo imaginar estar en su presencia, para su gran suerte no se desmayó ni nada parecido.

Ahora estaba ahí, frente a él, se saludaron sin mayor intercambio de palabras y caminaron en silencio hasta la casa de su padre, fue cosa de quince minutos, estaba en un barrio residencial como muchos, la mayoría eran casas blancas con una reja de color negro en el frente y tres escalones hasta la entrada.

-Mi padre estaba en contra pero mi madre consideró que era aburrido que todas las casas fueran iguales.

-El tono de azul es muy lindo –respondió Marcus antes el único comentario que Terry hizo en todo su camino, había varios automóviles estacionados en toda la calle, no quedaba un solo lugar libre, había luz en todas las casas y de varias de ellas se escuchaba ya salir música alegre y risas. De repente se sintió inadecuado, no tenía idea de lo que iba a hacer con esa historia. Novio de Terry, muy bien, pero ¿el decirlo basta para que sea cierto?

Se detuvo antes de subir los tres escalones hacia la puerta, estaba pensando demasiado en aquello, en lo que significaba para él y su corazón. Habría sido sencillo si fuera un amigo cualquiera, pero era Terry, ni siquiera sabía si lo consideraba su amigo y él quería ser muchísimo más.

-¿Estás seguro?

Terry bajó la mano con la que habría golpeado en la puerta, a su madre no le gustaba que usaran el timbre, lo consideraba grosero. Marcus se dejó maravillar por el perfil del deportista, pese a que tenía una expresión de lo más taciturna cuando se volteó para mirarlo de lleno.

-¿Estoy seguro de querer que mis padres, tías, primos y hermanos dejen de meterse en mi vida?

La pregunta sonó agresiva, el tono, la manera de pronunciarla, era tal vez un pensamiento que poseía desde mucho tiempo atrás, el deseo de hacerlo que quisiera sin tener que rendirle cuentas a nadie. No era sencillo, en muchos casos la gente se sentía con la necesidad de opinar e involucrarse aunque nadie lo pidiera.

-Muy bien –Marcus alcanzó a Terry junto a la puerta y tomó su mano, si su amigo estaba decidido, él daría lo mejor para que fuera convincente. No era su especialidad por decirlo de cierta manera, sus muy pocas relaciones habían sido de semanas, nunca de meses. Era triste, pero nunca jamás había encontrado a nadie que valiera la pena de verdad. Así que ir a conocer a la familia nunca había sido una opción.

Sin embargo estaba ahí, a segundos de ser juzgado y tal vez condenado por amar como un loco a otro hombre, a uno que no le correspondía y que jamás lo haría. La familia de ese hombre estaba a punto de sufrir un shock, algo que no imaginarían nunca. Esperaba no toparse con una familia como la suya, de ser así las cosas no estarían para nada bien.

-¡Terry! –gritó con emoción la persona que abrió la puerta, era alguien joven, tal vez diez años menor que su amigo, poseía cierto parecido con él así que de inmediato pensó que podía ser una hermana o tal vez una prima.

Antes de poder saber lo que sucedía se vio arrastrado dentro de la casa, había mucha gente ahí, más de la que imaginó y perdió a Terry de vista en cosa de segundos. Respondió muchas veces la misma pregunta, soy Marcus Jonas, trabajó para una revista de Estados Unidos, estoy escribiendo un muy amplio reportaje sobre el Brighton FC.

Todos parecían contentos con esa respuesta, justificaba a la perfección su presencia en el lugar y no le cuestionaban nada más. Aunque conoció a tantos primos de Terry que se sorprendió, aunque después de enterarse de que su padre tenía ocho hermanos y su madre cinco, no fue tan relevante. La casa era grande, parecía abarcar dos propiedades y haber sido remodelada de su construcción original, aun así lucía abarrotada. El comedor era una locura y parecían haber sólo dos opciones, o se comía por turnos o muchos tendrían que hacerlo sentados en algún otro lugar, como la sala o la escaleras.

Pero a él le asignaron un lugar en la mesa principal al lado de Terry y sus hermanos mayores, lo cual lo hizo sentirse mal, estaba irrumpiendo en la vida familiar y no como un amigo, sino como un mentiroso. Desear que fuera real no lo convertía en realidad, de haberle preguntado si quería continuar con aquello se habría levantado, agradecido la cena y jamás regresado. No de esa manera, no así.

-Terry esto es injusto. –Aunque la conversación era animada, ninguno de ellos se había dirigido abiertamente a Terry más que para recordar eventos del pasado, de la infancia de alguno de ellos.

-¿Qué es injusto? –Terry miró a la mujer frente a ellos, si recordaba bien era una tía, hermana mayor de su padre.

-Pues esto -respondió ella moviendo su mano temblorosa entre ambos, esa mujer debía de estar cerca de los ochenta años y los niños pequeños que seguían corriendo en la casa eran en su mayoría nietos suyos.

-¿Esto? –Terry volvió a preguntar aunque era obvio que se refería a ellos, para Marcus era evidente pero su amigo parecía querer jugar a que no se enteraba de nada.

-Esto Terry, esto. –La mano de la mujer volvió a viajar entre ambos, señalándolos sin ningún problema desde el otro lado de la mesa, Marcus tuvo un pensamiento de su propia familia, que aquello habría sido considerado grosero, señalar a las personas era una de las cosas por las que lo regañaban activamente.- Entras de la mano de este niño y lo presentas como si fuera cualquier persona, pero no lo es. ¿Qué planeas con él? ¿Tener una de esas relaciones estúpidas que ahora están de moda?

Bueno, Marcus se daba por bien servido, había logrado llegar hasta el postre y estaba dando su última cucharada la cual trató de disfrutar lo más posible antes de tener que enfrentar aquello. Era de esperarse, que alguien dejara de sonreírle y fuera más abierto sobre el motivo por el cual Terry lo había traído. Pensó que nadie había notado el detalle de que entraron tomados de la mano, pero se había equivocado de la peor manera.

-¿Una relación de moda? –Terry parece mantener la calma de una manera extraordinaria, pero no era algo sorprendente, después de todo había pasado por toda la carrera de medicina y siendo un doctor debía poder aparentar normalidad aun en las peores situaciones.

-Terry, el equipo en el que estás…

-Tía Esther, hablar mal del Brighton es alta traición. –Uno de los hermanos de Terry había hablado y todos en la mesa asintieron al unísono logrando que Marcus curvara ligeramente los labios. Había percibido que para la ciudad su equipo era motivo de orgullo y que poco interés ponían en otros aspectos más personales de los jugadores. Obviamente no era así con todos, había encontrado gente que parecía de cierta manera ofendidos por el comportamiento de los chicos, pero estaba seguro de que eran una minoría.

-¿No se habla mal de un equipo de fútbol?

La oleada de respuestas ante la pregunta de la tía octagenaria fue apabullante, tanto que Marcus tuvo que contener una carcajada que buscaba ser expresada. Parecían todos excelentes fanáticos, tal vez esa era la razón porque pese a que el padre de Terry no parecía feliz con que su hijo dejara de atender su consultorio había encontrado suficiente apoyo como para jugar con el equipo.

-Además tía Esther –añadió otra de las mujeres, prima de Terry si recordaba bien el momento en que se presentó, hablaba como si fuera alguien mucho mayor a lo que era y no podía tener más de cuarenta años, tal vez menos- lo importante es quién es este muchachito y no tus opiniones sobre el maravilloso equipo que nos llevará a la Liga Premier.

-Este muchachito –respondió Terry con un poco más de molestia en la voz, era obvio para Marcus el cambio de su ánimo. Tal vez, se dijo a si mismo, la familia a él le podía parecer amigable pero la experiencia podría ser diferente si se les trataba desde hace muchos años- se presentó de manera adecuada en múltiples ocasiones.

-Es un periodista que escribirá un artículo sobre tu equipo –dijo finalmente la madre de Terry, no les había dirigido la palabra en todo el tiempo que estuvieron en la casa aunque eso no parecía afectar a su amigo- con el que entraste tomado de la mano, ¿es eso normal?

-Lo es.

La respuesta simple hizo que varios en la mesa rieran, tal vez para muchos de ellos bastaría aquello, pero para la mujer que se sentaba a la cabecera de la mesa no.

-¿Es entonces tu novio? –Preguntó directamente y Marcus tuvo que agachar la mirada.- Tú padre lo mencionó pero se me hizo una gran estupidez. Tú no eres así, tú eres un hombre normal que no ha encontrado a la mujer indicada, es todo.

-El que sea mi novio no hace que no sea normal.

Marcus sabía que eso era cierto, sin embargo, que la madre de Terry se lo dijera era algo fuerte, era lo mismo que su madre diría si le diera la oportunidad de expresar su opinión. ¿Era más fácil decir que tenía una relación con un hombre que confesar que estaba enamorado de una tipa que al parecer era odiosa y que parecía ser incapaz de reciprocar su cariño?

¿Lo era?

-Parece que ninguno de ustedes tiene problema aceptando a Lestrade por ejemplo, pero llegó yo con la misma noticia y de repente no soy normal. –Ante las palabras de Terry todos parecieron considerarlo por un momento, Marcus creyó que tal vez valorarían lo que acaba de decir.

-Greg Lestrade ganó un Mundial y cinco títulos con el ManU. Tú eres un médico sin especialidad, frustrado, con ideas ilusas sobre su capacidad como futbolista. –Eso lo dijo uno de los hermanos.

-Tú no eres nadie. –Eso lo dijo la madre.

-Aunque ahora resultas ser un marica. –Eso alguno de los primos.

-Eres el marica de la familia. –Y eso el padre. Estaba seguro de que Terry sabía que eso pasaría, que lo había valorado y cabía la posibilidad de que no sólo quisiera molestarlos, sino probarlos, decirles algo que consideraba suficientemente traumático para esperar una reacción sincera. Y esta era, la peor de todas.

Marcus sintió verdadero dolor ante las palabras de las personas alrededor de la mesa, su amabilidad y jovialidad eran entonces apariencia y nada más, estaban esperando el momento adecuado para mostrarse hirientes y desagradables. Instintivamente buscó la mano de Terry y la sostuvo entre la suya, era un manifiesto de su presencia y apoyo, pese a la extrañas situaciones que los habían llevado a estar juntos en ese momento.

Creyó que diría algo, pero tal vez el hecho de que su familia lo considerara un médico frustrado y un cero a la izquierda había sido demasiado.

-Creo que todos están muy equivocados –Marcus nunca había sido una persona que gustara de expresar en voz alta sus pensamientos, pero esta vez no era el momento para quedarse callado.- La opinión que tienen de Terry es muy lamentable, que lo consideren así cuando es parte de su familia, debo decir que me provoca una pena inmensa y ustedes deberían estar avergonzados.

-No es el hecho de que sea o no gay, que tenga o no novio o que ese novio sea yo, eso es completamente secundario; lo más importante es que no pueden ningunearlo como si fuera una especie de competencia, como si tuviera que demostrarles su valor como persona.-Se puso de pie inconscientemente atrayendo la mirada de todos, hasta de los que no estaban en el comedor y ahora se asomaban por las puertas con curiosidad.

-No tiene que demostrarles nada y debería tener la oportunidad de decirles lo que fuera sabiendo que ustedes lo apoyarán incondicionalmente. Él no tiene ideas ilusas sobre su capacidad como futbolista, de hecho creo que es uno de los deportistas más capaces que he conocido, pero en vez de eso, se convirtió en médico y los complació a ustedes.

No fue algo planeado, sólo que la mano de Terry seguía en la suya, la sostuvo con más fuerza, las miradas de los demás se concentraron en ese hecho, lo cual hizo que Marcus sintieron un poco más de enojo del que ya sentía.

-Ahora lo sigue haciendo, pero en vez de felicitarlo por sus logros creen que está equivocado y apoyan al equipo pero a él no. ¿Qué tiene que hacer para que dejen de esperar algo más de él?

Marcus tiró levemente de la mano de Terry y no tuvo que hacer otra cosa para que se levantara y lo siguiera. Todos se quedaron en silencio, nadie los acompañó a la puerta, caminaron por la calle de regreso al muelle, de nuevo en silencio, pero si haber soltado sus manos. Se sentaron en una de las bancas, no eran los únicos ahí, el lugar estaba iluminado en toda su extensión y los juegos mecánicos funcionaban, la rueda de la fortuna estaba dando vueltas.

Era casi media noche, no se habían dado cuenta del tiempo que había pasado. Nunca había sido de tradiciones, la mayoría de los 31 de diciembre las pasaba solo o en alguna fiesta impersonal donde parecía que sólo importaba la cantidad de alcohol que se consumía. Esta vez estaba con alguien que le gustaba, con alguien que necesitaba de su presencia.

-Lo que dijiste…

-Perdón si fui impertinente –trató de aclarar Marcus antes de que Terry siguiera hablando.

-No, no lo fuiste –dijo y apretó su mano.- Gracias.

-Van a comenzar los fuegos artificiales. –La gente se juntó a su alrededor, parecían que habían estado esperando a que se acercara la hora para salir de sus casas, ellos no se levantaron, permanecieron en la banca hasta que la gente comenzó a corear los últimos diez segundos del año. El estruendo de los fuegos artificiales los sorprendió, aunque no tanto como Terry cuando se acercó a él y lo besó.

Fue algo rápido, el contacto de sus labios y era todo. Después se quedaron viendo las luces explotar en el cielo hasta que todo volvió a quedarse en silencio y la gente se empezó a retirar del muelle.

-Yo…

-Sé que estás enamorado de Caroline. –Marcus lo dijo tratando que no sonara tan mal como lo hacía en su cabeza cada que lo repetía.

-Lo estoy.

-Sé que no tengo oportunidad. –Cada frase era más dolorosa, pero lo tenía muy claro desde antes y el día no hacía más que recordárselo, pese a que acababa de compartir un beso que sólo podría haber soñado.

-No…

-Pero quieres ser mi amigo.

-Lo quiero.

-Yo también.

Eso era lo más importante, había compartido el fin del año con el hombre del que se había enamorado y ahora lo empezaba a su lado. Sabiendo que no lo quería, que lo había besado como agradecimiento, que no debía esperar más que amistad de su parte.

Sin embargo, no era capaz de darse por vencido.

-Feliz año nuevo Terry.


Gracias por seguir leyendo.

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