FRL: Battlefield 07
16 de enero 2016
18:45 horas
Brighton
La primera derrota siempre es complicada, pero nadie esperaba que siempre ganaran. Bueno, nadie que supiera un poco de la dinámica de los juegos y del estrés que puede sufrir un jugador después de meses de intenso desgaste físico.
Cuando un equipo pierde, la gente no suele entenderlo, el hecho de que hay días buenos, malos y otros, simplemente terribles. Greg estaba acostumbrado al hecho de perder, sabía lo que se sentía venir de una racha de partidos ganados para estrellarse en una derrota inexplicable, incoherente y hasta aberrante. Porque así había sido, una derrota estúpida producto de un día horrible.
Wayne y él tenían un ritual para las derrotas. Evitaban dar cualquier declaración, porque de todos modos nada justificaba el haber perdido, de la manera que fuera; cerraban sus oídos ante las palabras casi siempre enojadas del entrenador y una vez fuera del estadio, tomaban el coche y se iban lo más lejos posible sobre Hyde Road, que al salir de la ciudad se transformaba en carretera. Pasando el poblado de Tintwistle había una desviación, el Old Road, que tomaban hasta llegar a una casa abandonada en medio de la reserva natural que estaba a las afueras de la ciudad.
Sacaban la hielera de la cajuela y compartían botella tras botella de cerveza entre historias de su infancia o lo que fuera que tuvieran ganas de contar. Si estaban en otra ciudad se sentaban juntos en el autobús de regreso, compartían audífonos y debatían sobre los gustos musicales de ambos. El punto era olvidar que algo así era importante y concentrase en conocerse en mejor, en saber quiénes eran como personas.
Sin embargo, ahora no tenía esa oportunidad. No podía simplemente evadirse de la realidad y fingir que no tenía importancia. Para ellos, para cada uno de los chicos bajo su ala, tenía mucha importancia y debía enseñarles a lidiar con ellos.
Había justificantes, cosas que explicaban por qué habían tenido un partido tan desastroso, uno donde de no ser porque John Watson salió inspirado, habrían terminado goleados. Un 2-0 no era tan malo después de todo, no había sido vergonzoso.
Primero que nada estaba Terry. NO tenía idea de lo que estaba pasando con él pero necesitaba tener una muy seria conversación que le dejara respuestas claras sobre su estado emocional. En el momento, Sebastian estaba descargando una serie de improperios que si bien no eran raros, eran fuertes y desagradables, pero no se atrevía a pedirle que dejara de hacerlo porque finalmente la frustración del entrenador era comprensible.
Terry pareció distraído durante todo el juego, durante varias jugadas se quedó parado, no siguió el desarrollo para nada, no generó ni un sólo pase para gol y además de todo, estuvo involucrado en una pela que casi logra que lo expulsen. Eso era intolerable, algo que Greg dejaba muy claro para todos. Jamás se debía iniciar una pelea, cosa que Terry hizo y motivo por el cual no podía levantar la mirada del piso y mucho menos intentar justificarse.
Segundo, George. Algo había sucedido con él, durante días lo había estado evitando, parecía que entraba a la casa cuando estaba seguro de que no se iba a encontrar con nadie y salía muy temprano, antes de que cualquiera despertara. En los entrenamientos se quedaba callado, no le respondía más que con monosílabos y parecía estar teniendo problemas con las calificaciones.
Pero Greg no era su padre y no podía exigirle más que resultados en la cancha. El día de hoy no los obtuvo, parecía cansado, no estaba rindiendo como estaba acostumbrado y en muchas de las jugadas simplemente desapareció. Sebastian ya le había gritado a George, en verdad era la primera vez que veían así a su entrenador, para Greg era una pequeña muestra de lo terriblemente agresivo que podía ser, después de todo, perder era una cosa, pero ni siquiera esforzarse era otra muy diferente.
Tercero. Él, Greg Lestrade, había cometido una cantidad enorme de inexactitudes que rayaban en lo improbable. La verdad es que estaba muy distraído y no tenía manera de explicar la sensación que se había apoderado de él. Durante la semana no había tenido problemas, los entrenamientos, fuera del poco rendimiento de Terry y George, habían sido normales, todo había comenzado el viernes por la tarde cuando llamó a Mycroft.
Podrían contar tanto de lo sucedido en Japón. Había sido el mejor viaje de su vida, de verdad, nunca jamás había vivido algo parecido. Por un momento se desconectó de lo que sucedía, dejaría que Sebastian externara todo, si alguien tenía que regañarlos dejaría que fuera él y así él podría intentar otra aproximación. Identificar los problemas, solucionarlos.
El ridículo departamento de Mycroft no era un lugar adecuado más que para dormir. Una vez dentro de él tuvo ganas de salir corriendo. Era diminuto, todo estaba en un mismo espacio, una mesa que funcionaba también como escritorio, un futón que enrollaba y guardaba en un clóset bastante grande donde debían caber toda su ropa y demás artículos que quisiera tener. Una parrilla suficiente para calentar agua para el té y sopas instantáneas y la única puerta que llevaba al cuarto de baño.
No había más.
Sintió que se asfixiaba, sentado sobre sus piernas, mirando como su novio acomodaba sus libros y ponía la tetera para calentar agua. Puso unas hojas de té verde en dos tazas sin asa de color café, eran muy lindas, podía imaginarlo comprándolas nada más llegar, tenían la forma de trozos de bambú. Trató de tranquilizarse, tomó varios tragos del cálido líquido y pensó que aquel espacio para una persona no estaba tan mal, Mycroft parecía estar cómodo ahí, donde suponía que pasaba la mayor parte del tiempo.
-Tenemos que ir a otro lugar –dijo después de evaluar la viabilidad de la habitación, había decidido que ni loco se atrevería a besar ahí a su novio, era posible que algo como eso fuera escuchado por todos en el edificio. De verdad, no tenía idea de cómo podían vivir así, sin embargo, eran habitaciones para maestros, investigadores, gente como Mycroft que no venía a otra cosa más que por motivos académicos.
-Más tarde Gregory –dijo con tranquilidad. Muy bien, eso era inconcebible. Mycroft Holmes estaba fingiendo, de verdad, estaba muy convencido de que era pura actuación esa tranquilidad extrema donde no importaba las horas de vuelo y los kilómetros recorridos para llegar a verlo. Estaba cansado pero la felicidad de volver a tenerlo entre sus brazos conseguía que tuviera energía para lo que fuera, excepto para estar sentado en aquel reducido espacio.
-¿Tienes algo que hacer? – Lo dijo casi en tono de broma porque si la situación fuera al revés, él dejaría todo por estar a su lado, de hecho lo hizo, renunció a dos partidos importantes porque en su situación, todo partido era casi de vida o muerte.
-Exámenes –respondió sin titubear y se estiró para tomar un folder que estaba por debajo de la mesa, parecía que había un archivo ahí, lo cual era extraño, pero con tan poco espacio no se debería haber sorprendido que tuviera que acomodar cosas en lugares poco convencionales.- No tenemos un período vacacional en estos días, de hecho salía de una clase.
-Muy bien, te espero.
Greg se sentía ligeramente decepcionado, pero al ver a Mycroft abrir con cuidado la carpeta y sacar cada hoja a calificar se fue olvidando de la sensación. La verdad es que estar en su presencia era exageradamente bueno, no habían tenido ese tipo de convivencia, su historia era compleja y momentos de tranquilidad no eran lo común entre ambos. Los años sin conocerse, el tiempo oscuro dónde no era una persona y después, los meses que habían pasado juntos.
Juntos.
Cada quien en una ciudad, sin verse, tan sólo hablando.
Por lo tanto, esos momentos donde podía apreciar su rostro al reflejarse la concentración necesaria para evaluar cada uno de esos exámenes, el movimiento de su mano al tomar el marcador de color rojo para marcar las correcciones y hasta el sonido del mismo sobre el papel. Nada de eso era conocido, todo eso era apreciado. Le dio un sorbo más al té, sentía que lo correcto era tomarlo muy despacio y la temperatura ayudaba a esa acción, el calor transmitiéndose a través de sus manos.
-Me sorprende tu paciencia Gregory.
Su sonrisa fue haciéndose cada vez más grande pese a que no lo miraba directamente, seguía mirando a las hojas de papel, con cuidado poniendo las marcas rojas y las calificaciones al final. Paciencia, por supuesto que la tenía, había esperado por años y claro, no era algo de lo que se enorgullecía, la verdad no. De haber sido otro tipo de persona habría llamado a ese número telefónico mucho tiempo antes. Pero no lo era, para él, el tiempo y las situaciones deberían ser las perfectas, claro, no lo fueron.
Sin embargo, podría viajar del otro lado del mundo y aun así, esperar a que él tuviera tiempo para él, que fuera el momento justo y no antes. Después de todo, tenían el resto de la vida por delante y esperaba que muchos de sus días fueran simplemente así. Mycroft y sus número y él, apreciando la belleza de ese hombre que para él era perfecto.
-¿Esperabas que me desesperara? –Le preguntó al verlo sonreír de esa manera.- ¿O esperabas que me molestara?
-No estoy muy seguro –respondió con sinceridad y por fin lo miró de nuevo, era poderoso el efecto de esos ojos azules en él, lo habían mantenido pensando en el día en que volviera a verlos.- Tal vez pensé más bien en el hecho de que volar durante tantas horas es agotador.
-Volé en primera clase.
-¡Lestrade!
El grito de Sebastian lo sacó de sus pensamientos, no pensó distraerse a tal grado pero la sucesión de acontecimientos de su reencuentro con Mycroft lo seguía encantando, era algo que no podía alejar de su mente aunque habían pasado semanas.
-¿Me estabas hablando Sebastian?
Su entrenador y antiguo compañero de equipo parecía haber multiplicado su molestia exponencialmente en los segundos en los que lo ignoro sin intención rayando ya en la exageración, era una derrota después de meses de triunfos que podrían ser calificados como espectaculares.
-¿Se puede saber en qué estás pensando que es más importante que tu equipo?
-De hecho no Sebastian, sería incapaz de decirte en lo que estaba pensando, la mayoría lo saben –dijo mirando a sus compañeros, ellos había escuchado la historia una y otra vez y hasta se habían aburrido de ella; Sherlock había llegado al punto de decirle que si quería volver a contarla tendría que hacerlo con todas las partes que se había guardado como personales y que entonces provocaría que le sangraran los oídos al escuchar esas cosas de su hermano- pero a ti no te contaré nada, la verdad no creo que te interese.
Escuchó la risa de John y Sherlock, aunque la suprimieron lo más rápido posible, los demás sólo voltearon el rostro para que no fuera evidente que sonreían. Sebastian no era su amigo, su lejanía en los entrenamientos y en la planeación de los juegos sólo lo convencía de que tampoco era su entrenador y que no estaba calificado para un puesto de esa naturaleza. Tan sólo era un nombre, alguien con el que cubrían un requisito. Finalmente todo lo hacía él y de verdad, para él, una derrota no era el fin del mundo.
Perder era algo natural, como había pensado desde que sucedió, había sido sólo un claro ejemplo de uno de los peores días de varios de los jugadores, pero algo que se repetiría si es que no aclaraban un par de cosas. Pero gritarles así a estos chicos que no habían hecho más que dar lo mejor de sí, no tenía mucha justificación.
-Estoy harto de que…
-¿Harto? ¿Tú?- De repente las cosas que se había callado estaban en la punta de su lengua y parecía que no iban a poder se suprimidas.- Yo, por el otro lado, estoy harto de escucharte gritar cosas sin sentido a personas que se esfuerzan como tú jamás lo hiciste. Perdimos, bueno pues no debemos volver a perder, sin embargo, el regaño de niños chiquitos que les estás dando no los motivará a ganar.
-¿Tú qué sabes…?
-¿De perder? –De nuevo lo interrumpió más que nada porque estaba cansado de escuchar su voz en un monologo sin sentido. Se levantó para alejarse de él, aunque estuviera en esa conversación no tenía ganas de un enfrentamiento.- Quien llega a ser campeón del mundo sabe muy bien lo que significa perder pues en su camino lo que ha perdido siempre superará a lo que ha ganado.
Yo perdí partidos.
Yo perdí torneos.
Yo perdí amigos.
Yo perdí familia.
Para ser sinceros no debió decir eso pero no lo pensó, simplemente salió de su boca y cuando sus oídos lo escucharon, sintió que algo dentro de él se rompía de nuevo. Sus ojos fueron de inmediato a Joe quien se había mantenido alejado de todo pero no de sus palabras, era obvio que le habían afectado de la misma manera que a él. Sin embargo era cierto, las risas y la alegría se equiparaban y a veces eran superadas por las lágrimas y la tristeza.
A pesar de eso todos los días uno debía de comenzar de nuevo, de seguir adelante.
No se dio cuenta cómo sucedió pero cuando el aire del muelle golpeó su cara fue consciente de que se había salido del estadio sin importarle la reacción de nadie más o si Sebastian seguía gritando como enloquecido.
-Me parece que huimos –le dijo Joe a su derecha, no se percató de su presencia hasta ese momento pero se alegraba que hubieran terminado juntos en el muelle. La belleza de Brighton era que podían caminar por las calles sin que eso significara gran cosa, pese a que tal vez varias personas los habían reconocido.
-No soportaba estar un minuto más escuchando a Sebastian –respondió y era la mitad del problema, la otra era que le había gritado a un tipo que también había perdido cosas, como su salud, su capacidad de caminar correctamente y su carrera deportiva. Era cierto, cada una de las personas había perdido algo en algún momento de su vida, poco o mucho, la vida significaba perder.
-No es un líder nato –respondió Joe, las miradas de ambos estaban perdidas en el agua, las cosas a su alrededor no importaban gran cosa- nosotros sabemos qué hacer pero de verdad los otros necesitan un poco más de guía.
-¿Acaso dices que no lo estoy haciendo bien? –Greg se mordió la lengua al decir aquello, la verdad es que poco le importaba si todos los días debía ser él quien entrenara a los chicos, los hiciera correr y practicar jugadas para mejorar su técnica. Eso lo hacía con todo el gusto del mundo y creía que no era tan malo en ello.
-¿Todo tiene que girar en torno a ti? –Joe le dio un buen golpe en el hombro y como siempre, cuando sentían algo parecido a la presión queriendo explotar dentro de sus cuerpos, comenzaron a reír. Terminaron sentados en el muelle, recargados en los postes, tras unos minutos se unieron a ellos un par de pescadores que al principio los ignoraron aunque después estaban ya hablando con normalidad. Así se fue la tarde para ellos dos, tratando de olvidar cada una de sus pérdidas, cada una de las cosas que ya no existían más.
Entraron a un bar cerca de las nueve de la noche, tenía mucho que no estaba en un lugar así, más que nada porque su tolerancia al alcohol era risible, su primera copa solía ser siempre la última, si iba más allá corría el riesgo de terminar dormido. NO tenía nada de divertido el quedarse dormido con un poco de alcohol.
Pero Joe le había pedido que lo acompañara y por supuesto que no se negaría, había convivido poco con él fuera de los entrenamientos y los partidos y era algo que debía corregir, después de todo Joe tenía una conexión con él que nadie más podría tener aunque no solía pensar en eso con frecuencia.
-¿Mojitos? –Preguntó al escuchar a Joe ordenar dos sabor tamarindo para ambos.
-Sí, mojitos, ¿de verdad no los has probado? –Joe lo miraba sorprendido aunque no del todo, parte de él comprendía que Greg era muy serio y lo que le había contado de su amistad con Wayne demostraba que ambos lo último que hacían era "alocarse". Era más probable que se quedaran en casa a ver una película que salir de fiesta.
-Bueno, trata de no tomarlo muy rápido, es dulce y se te subirá a la cabeza –Joe le entrega su vaso con un popote pequeño que sirve a modo de agitador, la prueba y sonríe, sabe excelente.- De verdad Lestrade, tómalo con calma.
-Sebastian nos va a matar –comentó Greg después del segundo vaso, que sería el último hasta que terminaran el platón de nacho con queso o de otra manera tendría que arrastrarlo a su casa o por lo menos eso decía Joe.
-¿Quién le va a decir? –Se atascaron la boca de nachos como dos personas cualquiera que no les importara para nada si es que alguien los veía no tener modales. Era otra cosa perfecta de su ciudad, sus vecinos probablemente se cruzarían con ellos en algún momento y alguien que viviera por la casa que Sebastian había rentado también, pero el entrenador del Brighton no se había preocupado por hacer amistades de ningún tipo, por lo que si alguien pensara en decirle "vimos a tus jugadores en un bar bebiendo mojitos y comiendo nachos", seguramente no lo haría.
-Me da pena –comentó Greg sinceramente. Debería haber conectado con Sebastian, fueron compañeros de equipo y jamás se molestó por entrar en contacto con él después del accidente, debería haberlo hecho, aunque fuera algo casual. En vez de eso vino a encontrarlo años después en condiciones extrañas.
-Obvio –respondió Joe con la mirada fija en el plato sobre la mesa- pero tiene un camino muy duro por delante si es que de verdad esto de ser entrenador no es más que una tontería en la que aceptó participar.
No supo qué responder, a él también le parecía que Sebastian no estaba comprometido con ellos, que era algo que aceptó pero en la que no creía. Llegaron al fondo del plato de nachos y antes de que alguno de los dos pudiera ponerse de pie para ir por otra ronda de bebidas, alguien entró en su campo visual pero sin percatarse de su presencia.
George no debía estar ahí, fue lo primero que pensó Greg. No era que sintiera que tenía un deber paternal con el chico pero en cierta manera se sentía responsable por su bienestar, después de todo vivía con ellos en su casa y aunque estaba en edad de emanciparse, le quedaba demasiado por aprender para considerarse alguien mayor. Esperaba que no le sirvieran alcohol, aunque al verlo sentado en la mesa parecía con toda la actitud de estar esperando a alguien.
Después, un chico alto y que evidentemente era adicto al gimnasio entró y se dirigió a la mesa de George. Fue cuando todos los instintos paternales que decía no tener se hicieron presentes. No le agradó en absoluto. No era sólo el hecho de que sentado junto a su compañero de equipo lo hiciera parecer pequeñito, sino parecía dominarlo, situación que no entendía en absoluto.
-¿Quién demonios es ese?
Joe reflejaba la misma preocupación en el rostro que él, estaba seguro de que tampoco le estaba agradando esa escena. El hombre, aunque era muy probable que fuera un chico de la misma edad que George, sin embargo el trabajo de gimnasio lo hacía ver mayor, fue a la barra y regresó con un par de botellas de cerveza. Casi se convierte en razón suficiente para que Greg se levantara y fuera a impedir que la entregara al chico.
Pero no lo hizo.
-No tengo idea.
George tomó la botella pero no hizo el intento de beber de ella, el otro chico pasó un brazo por detrás de sus hombros y lo acercó a él. Para Greg fue claro que George no tenía idea de qué hacer, de cómo responder ante aquello, no porque se sintiera apenado o fuera inexperto; más bien se debía a que era incapaz de rechazarlo y a que temía hacerlo y alejarlo.
-George no parece cómodo –dijo Joe confirmando sus observaciones.
-Vamos. -Joe siguió a Greg, eran unos pocos metros los que lo separaban, se sentaron en las dos sillas disponibles de la mesa y aparentaron sonreír al unirse a los otros dos hombres.
-Legalmente puedes irte de tu casa pero no puedes beber, ¿recuerdas? –Greg tomó la botella de las manos de George y se la pasó a Joe, quien en tres tragos dio por terminado su contenido, era una buena marca de cerveza alemana, eso no se podía desperdiciar.
-¡Greg! –El chico casi salta de su silla, no era para menos, después de la debacle del día no espera encontrarlo en una ¿cita? ¿Esto era una cita? El lenguaje corporal de George denotaba que fuera lo que fuera no estaba muy contento de lo que estaba pasando.
-¿Y este quién es George? –Joe habló arrastrando un poco las palabras, la cerveza no parecía haber sido muy buena opción combinada a lo que bebían previamente. George se puso muy rojo de la cara, casi parecía listo para desaparecer.
-Soy Austin –respondió el chico con una voz gruesa, Greg pensó en la cantidad de hormonas que el tipo se había metido para inflar esos pectorales y esos brazos. Además de todo tenía un acento extraño, así que definitivamente no era inglés.
-Hola Troy, no sé qué edad tengas ni de dónde vengas, pero acabas de comprarle una bebida a alguien que no tiene edad legal para beber –Greg había recargado su cara en su mano derecha para hablar y además sonreír con todo el encanto del que era capaz, no quería tener un problema por esto así que trató de mostrarse lo más amable posible.- Además de todo este chico tiene entrenamiento mañana a primera hora, así que lo voy a llevar a casa.
-Sólo si él quiere irse –respondió el hombre de grandes músculos y cabello muy rubio, puso su mano sobre la de George de una manera que Greg interpretaba como posesiva. Definitivamente el tipo no era de su agrado.
-¿Quieres irte George?
La indecisión fue clara, pero para Greg no fue indecisión acerca de querer irse, sino más bien sobre querer decirlo en voz alta. DE consternado saltó a preocupado seriamente, lo que fuera que estaba pasando con George era mucho más importante de lo que pensó de inicio.
-Mañana tenemos que revisar el partido, evaluar las causas de la derrota –comentó con un hilo de voz que le causó escalofríos, Greg tenía ganas de sacudir al muchacho.- Sebastian lo dijo.
-Muy bien, entonces debemos descansar, Greg nos querrá corriendo a las 6 de la mañana –añadió Joe antes de levantarse.- Fue un placer Austin.
-Lo mismo digo –Greg se levantó y esperó a que George hiciera lo mismo. El chico lo siguió y tan sólo murmuró un quedó "adiós" a su amigo. La mirada que el chico musculoso le dedicó no pasó desapercibida para Greg y no le agradó, así como no le agradaba nada más sobre él y su actitud con George.
Regresaron a pie hasta su casa, era una caminata de veinte minutos que les dio tiempo para pensar, Joe se despidió en la bifurcación que llevaba a su casa, aunque había recibido la oferta de Greg de vivir con ellos, la verdad es que no se acostumbraba a no tener un espacio para él.
-George –lo llamó esperando que se detuviera, estaban a unos pasos de la entrada principal de la casa pero quería hablar antes con el chico, lejos de los oídos de Gail o de John y Sherlock.- ¿Podrías explicarme quién es él?
-Estudiante de intercambio, viene de Texas, tomó los exámenes para ingreso a la universidad, es probable que extiendan su beca para que acuda a mediados de año, es realmente brillante….
-George…
El chico se quedó en silencio mirando con ligero temor a Greg, por alguna razón eso estaba muy mal, porque parecía que debía decir todo lo bueno sobre aquel muchacho como si fuera necesario justificarlo.
-Es mi único amigo –dijo por fin con sinceridad.- Sé que ustedes también lo son, pero simplemente no los conocería si no fuera por el fútbol. En la escuela nadie me habla sólo él, todo mundo me evita y nada cambió al comenzar con el equipo, pensé que cambiaría pero simplemente no fue así.
-¿A tus compañeros no les interesa el fútbol? –Greg tenía su vida centrada en el deporte, la gente a su alrededor también se centraba en eso así que no era sencillo comprender que a alguien simplemente no le importara.
-No –respondió con amargura George- y la verdad no tengo idea de qué les interesa.
-Pero este chico, Troy, comenzó a hablarte…
-Sí y él es popular en extremo –la rapidez con la que hablaba preocupaba a Greg, parecía un discurso aprendido o algo que se había repetido el chico una y otra vez.- Cuando estoy con él la gente me toma en cuenta.
-Muy bien George –Greg no estaba convencido pero no podía decir que lo entendía, él presentó sus exámenes de nivel superior con resultados mediocres, la verdad no esperaba entrar a ninguna universidad, se había dedicado en cuerpo y alma al juego y por lo mismo, no tenía amigos en la escuela ni interés en hacerlos.- Sólo quiero que si tienes algún problema hables conmigo en vez de dejar que te afecte a tal grado como hoy sucedió en la cancha.
-Es sólo eso –dijo el chico aunque Greg sabía que no era así, pero no lo presionaría, intentaría que le contara las cosas durante los entrenamientos de la semana.
-¿Sebastian siguió gritando?
-Por fortuna lo callaste.
Entraron y siguieron hablando como si nada, como si fuera otro día normal, Ethan y Gail los vieron pasar en su camino a la cocina donde John intentaba que Sherlock comiera algo, lo cual era casi una guerra perdida. Esperaba lograr corregir las cosas que estaban mal con sus compañeros de equipo, por lo menos en esta ocasión.
Bueno, espero que les haya gustado. De verdad les agradezco que hayan podido aguantar mis retrasos y seguir leyendo.
Es el último antes de que entre al Camp NaNoWriMo con la única y exclusiva meta de terminar esta segunda temporada porque me di cuenta de que llevo un año escribiéndola y no llego a dónde quiero.
Así que mi meta son 50 mil palabras, lo cual equivaldría a mínimo 8 capítulos, espero lograr un poco más. Por lo tanto, en abril no habrá nada de actualización pero en mayo espero tengan todo por completo terminado.
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