For the Rose and the Lion: Battlefield

Capítulo 8


Griffin Park Stadium

Brentford

Viernes 05 de febrero 2016

Había sido una pesadilla, sin embargo, pese a todo lo malo, el sacar un empate no lo consideraba un mal resultado. El problema fue que ninguno de los dos equipos metió gol. Eso sí que le molestaba, haber tenido múltiples oportunidades y no haber logrado concretar nada en absoluto. Sin embargo había tenido, en un pasado, innumerables juegos aburridos donde no había forma de abrir el marcador.

No eran buenos días para jugar. Por lo menos eso decía Wayne. En el camino de regreso al vestidor rememoró las veces que su amigo había estado en sus pensamientos, era extraño que ahora recordara esos momentos de su convivencia con él de manera tan tranquila. Parecía que no tenía problemas para traer a su mente esas cosas buenas.

Le alegraba. Porque lo extrañaba y tenerlo aunque fuera de esa manera, le era muy bueno. No hablaba de nadie sobre él, no llegaba con sus hermanos a contarles sus anécdotas, eran cosas que sólo él tendría, que ni siquiera tenía ganas de compartir con Mycroft. Recordarlo era su privilegio, ese que ganó después de convivir tanto con él, después de convertirse en mejores amigos, prácticamente hermanos.

Suspiró. Cualquiera que fuera la razón, odiaba estos partidos. Comprendía la desesperanza de la gente, miraban a su equipo fallar hasta en las cosas más simples, aunque por fortuna el equipo contrario sufría del mismo mal. Uno que otro destello apagado por el siempre brillante John Watson. Greg no sabía qué haría sin ese muchacho, Joe estaba muy orgulloso de él, lo consideraba su legado y se notaba el trabajo que ambos hombres realizaban.

Por el otro lado, todo lo que faltó en la cancha lo había tenido en las gradas. Era admirable el trabajo de Molly, organizaba que la porra fuera a las otras ciudades, conseguía los autobuses, arreglaba lo de las entradas. Aunque esta vez les habían asignado un lugar en las gradas que era lamentable, habían dejado a todos los del Brighton en la parte superior, esperan así quitar el peso del apoyo de la afición.

Claro que no contaban con la cantidad de banderas que fueron desplegadas, la capacidad pulmonar del club de fanáticos que Molly comandaba y que tuvieran ensayadas cada una de las porras. Greg se dio un momento para mirarlos, ella parecía que no iba a sentarse, gritaba y saltaba sin descanso. Él estaba cansado, la temperatura ambiente había subido un poco en comparación con los partidos previos y eso afectaba, sin embargo, realmente no hacía calor aun, seguía siendo invierno después de todo.

Afuera se escuchaban aun los gritos, como si las porras no hubieran terminado de luchar entre sí por ver quién de ellos podía hacerlo más fuerte. Aunque habían tratado de mantenerse al margen había sido imposible, todo cobró fuerza al medio tiempo, ellos en las gradas no se dieron ni un momento de receso. Molly comandaba y un par de chicas adolescentes que solían ir a casi todos los partidos la seguían. Al ver que la porra contraria quería ganarles, todos terminaron gritando al parejo.

Gail fue tal vez la última en unirse, no le gustaba distraerse del juego, pero esta vez era una de esas en las que era aburrido mirar. No solía suceder muchas veces, en la carrera de Greg no abundaban los partidos aburridos, pero este lo era. Así que no tuvo mucha reticencia para ponerse a cantar y gritar con todos los demás.

La porra era grande ahora, ya para la mitad de la temporada mucha gente iba a Estadio Falmer, llenándolo prácticamente en todas las ocasiones. Los partidos de visitante eran algo diferente, es complejo seguir al equipo a localidades diversas, muchas veces era necesario pasar por lo menos una noche en el lugar porque las horas de carretera lo ameritaban.

Molly empezó rentando un camión, después dos y así fueron aumentando hasta que terminó con veinte camiones con boleto pagado para los partidos de visitante. El club de fans era apoyado secretamente por Irene, le estaba dejando muy buenas ganancias ahora que tenía productos oficiales que vender. Como las playeras oficiales, bufandas, banderas, grandes sombreros con los colores del equipo, etiquetas para pegar en cualquier superficie, tazas, plumas y demás parafernalia que ahora se encontraba con facilidad por toda la ciudad.

Salieron del estadio en perfecto orden y se quedaron cerca de sus camiones, sin embargo, estaban en un estado de emoción que no les permitía simplemente irse, por lo que a pesar del resultado se quedaron junto a las vallas esperando la salida de los jugadores. Gail permaneció observando aunque bien podría haber ido a los vestidores, pero le parecía interesante la manera en que las chicas adolescentes parecían comandar a todos los demás.

En la porra no había sólo mujeres jóvenes, era completamente diversa y eso le agradaba, todos parecían llevarse bastante bien pese a sus diferencias. Aunque no hacía el viaje en el camión con ellos, el tiempo que pasaba sentada a su lado le hacía evidente que todos compartían la misma emoción por el juego y los jugadores. Ellos eran la afición de corazón, muchos habían seguido al equipo en las malas y ahora estaban disfrutando al máximo que por fin ganara, que por fin hiciera algo más que evitar descender.

Entre ellos estaban todas aquellas chiquillas que sólo empezaron a mirar los partidos porque había muchos chicos guapos y esperaban que alguno de ellos les hiciera caso. Como las dos chicas que estaban junto a Molly. Con ellas no tenía mucha paciencia, eran buenas con los gritos y agitando las enormes banderas, pero odiaba las porras que tenían para John y Sherlock. Gail vivía con ellos los fines de semana, los conocía de una manera íntima, como eran cuando nadie los estaba viendo, la manera en que compartían cada uno de sus momentos y como el mundo se limitaba a ellos dos.

El camión del equipo se acercó a la salida, los chicos venían ya por el pasillo y como era de esperarse, parecían desanimados. El único que parecía no estar afectado era Greg y tal vez John mantenía algo de su espíritu al caminar junto a Sherlock. Gail dejó que la puerta exterior se cerrara y caminó hacía ellos.

-Quiten esa cara de inmediato –les ordenó tajantemente. Ellos, por supuesto, se detuvieron en seco, sus expresiones eran dubitativas. Gail sonrió. Los chicos seguían siendo eso, por fortuna, esperaba que lo fueran por mucho tiempo más. Aunque lograran clasificar a la Liga Premier, aunque se convirtieran en el mejor equipo inglés de todos los tiempos, aunque alguno de ellos entraran a la Selección Inglesa, esperaba que siempre se vieran justo como ahora.

En parte era inocencia, culpa por haber jugado mal, por haber salido a la cancha sin la adecuada motivación para ganar, para dejar que cualquier otra clase de distracción los alejara de su objetivo. En parte era el hecho de que al final de la jornada, regresaban a sus casas, con sus familias, a vivir la vida como si nada, el lunes tendrían que ir a la escuela, al trabajo, seguir adelante en la vida.

Soñaban con dejar aquello atrás, un equipo de la liga más famosa de Inglaterra requería la atención y compromiso a tiempo completo. Era algo que ninguno de ellos había valorado como tal, porque aún no sucedía y era por completo innecesario. Sin embargo, al ver su expresión triste de niños pequeños, quiso tomarles una foto y recordarles que esa era la manera en que tenían que mirarse al hacer las cosas mal.

No quería verlos jamás enojadas y gritándose, Sebastian había probado que aquello era improductivo, no quería verlos apáticos y que creyeran que no importaba si no dejaban todo en la cancha. Su hermano era caso aparte, había pasado por tanto que sabía que un partido, dos o tres, no pesaban tanto como para sufrir por ellos. Había perdido torneos y había tenido que superarlo. Pero ellos, los quería ver así, apenados por no haber cumplido, porque sabía que les importaba, que quería siempre dar lo mejor.

Pero ahora, tenían que quitarse esa nube de encima y salir a corresponder a los fans lo que habían hecho en tribuna. Por lo menos sabía que su hermano lo notó, que se dio cuenta de todo el esfuerzo que pusieron para animarlos y que pese a ser aburrido lo que pasaba en la cancha, ellos jamás se detuvieron. Así que ahora merecían algo más que esas caras decepcionadas y el pésimo humor.

-Vamos chicos –les dijo de nuevo- hay mucha gente esperando por ustedes.

-¿No se han ido? –Gail clavó la mirada en Ethan, quien había hablado demasiado rápido.

-Fue un partido espantoso. –Complementó Mitch aunque con media sonrisa en los labios, parecía ligeramente curioso ante la situación que se le planteaba.

-Pensé que todos querrían regresar a su casa lo más pronto posible. –La voz de la razón, de lo más lógico y fácil de comprender, después de todo era médico y solía basarse en hechos y posibilidades reales. Terry parpadeó, aquello no era la posibilidad adecuada para él, jugaron horrible así que lo normal habría sido que nadie quisiera apoyarlos ni por asomo.

-¿No escucharon a la porra durante todo el juego? –Gail estaba incrédula, ¿les sorprendía? No importaba que hubieran perdido un partido y empatado otro, lo que estaban logrando era mucho mayor que sólo un par de resultados y por eso mismo, la gente gritaba y se emocionaba como si cada juego fuera una final, como si de cada uno de ellos dependiera el ganar.

-Sí.

Claro, Greg, él sabía, lo entendía a un nivel diferente. La afición del Brighton era en sí, diferente. Tal vez el hecho de estar en riesgo a perder al equipo los hacía comportarse así, parecían agradecidos tan sólo por el esfuerzo. Gail miró a su hermano, parecía que había decidido que esta vez sería la última en que pisara la cancha sin estar completamente decido a ganar y para eso debía por fin ocuparse de las motivaciones y problemas de los chicos a su alrededor.

Lo cual no era nada sencillo. Era en cierta forma una responsabilidad mayor a la normal que se tendrían con un compañero de equipo. Era casi paternal. Por un momento Gail se asustó, pero de inmediato cambió el sentimiento por uno cálido y de esperanza. No tenía por qué pensar que tuviera que ser algo malo, el punto era que era un trabajo inmenso.

Convertir a chicos normales en futbolistas profesionales, que no regresaran a sus tareas escolares, a su consulta médica, a su trabajo en una tienda, a dar un concierto con su banda. Eso no hacían los futbolistas de tiempo completo, así no era la vida de su hermano ni siquiera ahora. ¿Estaban listos para eso?

-A los únicos que les permito mantener el gesto son a Erick y a Sherlock. –Greg bromeó y todos perdieron la tensión del momento y soltaron una carcajada. Volvieron a caminar con dirección a la salida, Gail abrió la puerta y los enfrentó con la afición.

La seguridad del estadio los mantenía detrás de las vallas, aun así, si ellos lo decidían, podían acercarse para tomarse una foto o firmar un autógrafo. Greg sabía la mejor manera para manejar aquello, sin embargo en algún punto los chicos comenzaron a cantar las porras y a sentirse por completo identificados con los fans. Después de todo, unos cuantos meses antes ellos eran fanáticos que no pensaba que su talento fuera suficiente como para jugar en un equipo.

John se había acercado a la zona donde Molly estaba parada, las chicas le habían tomado como mil fotografías, hasta que una de ellas, una de las que solía ver en todos los juegos, la chica de cabello rubio y linda sonrisa; ella jaló a John lo suficiente para que lo hiciera perder la estabilidad y tuviera que sujetarse de la valla, aprovechó entonces para tomar su cara entre sus manos y besarlo.

De inmediato miró a Sherlock, estaba parado detrás de John y era obvio que el efecto de esa imagen era por completo negativo. Gail no conocía todos los detalles y nunca los había preguntado, pero el convivir con ellos le había hecho saber que algo así podría ser fatal para el chico. El parpadeó comenzó, su respiración se agitó y ella tuvo que correr a su lado antes de que algo pudiera pasar.

No tenía idea de qué, pero no quería saber si Sherlock era capaz de demostrar enojo o frustración de manera violenta si John estaba involucrado. La chica parecía querer dejar sus dedos clavados en el cuello del portero, él tuvo que casi aventarla para que dejara de jalarlo. La miró con un peso terrible, casi parecía que la estaba aplastando. John no estaba solo enojado, ni siquiera la palabra furioso se adecuaba a lo que sentía. Gail estaba entre ambos, ahora no sabía si es que debía alejar a John de esas fans o llevarse a Sherlock de ahí.

-¡Mary! –El grito de Molly estalló y la chica rubia parecía un poco asustada.- ¿Qué demonios haces?

-Tenía tantas ganas de hacerlo –murmuró ella, Gail tuvo problemas para escuchar su voz pero logró entenderla.

-¡No debes hacer eso! –Molly parecía estar a punto de una crisis, Gail la comprendía, en cierta manera su papel de Presidenta del Club de Fans la hacía responsable por la gente que traía a ver el partido, lo que la chica había hecho, Mary, era completamente inadecuado.

-¡Sherlock! –La otra chica, la de cabello negro, salió de detrás de Molly y se lanzó a la valla, ignorando a John y tratando de que le hiciera caso.- Si tú novio te abandona por Mary yo te puedo consolar.

-Qué tontería.

Sherlock se alejó tras decir esto, se fue directamente al camión seguido por John quien todavía no dejaba de tener esa expresión asesina originada por el beso. Gail vio como cada uno terminaba con los fans y fue subiendo al vehículo. George quedó al final, una pareja mayor lo estaban saludando o por lo menos eso parecía, de repente se fijó en la tensión con la que se comportaban.

-Es hora de irnos –le dijo cuando pasó a su lado, la mujer soltó las manos de George y el chico se pudo mover y seguirla.- ¿Quiénes son esos?

-Mi tía abuela y su segundo marido –respondió. Gail se detuvo en seco.

-¿Estás bien?

-Dijeron lo de siempre, que soy una especie de desgracia familiar por haber abandonado mi hogar –respondió y por más que Gail lo observó no estuvo segura de si eso lo afectaba o no.- No sé para qué se toman tantas molestias sólo para eso.

George subió y se fue a sentar junto a Roman quien al parecer no estaba perdiendo el tiempo y componía una canción para su banda, cerró los ojos y pareció listo para echar una siesta. Gail sintió una punzada de preocupación que no se pudo quitar en todo el camino de regreso, era extraño, George parecía tranquilo y a la vez, triste. Todos estaban ahí para él, pero escogió comenzar a cantar junto a Mika y Dane en vez de externar algún pensamiento sobre lo que acababa de pasar.

Se sentó junto a Ethan y dejó que él la abrazara, por un momento su mente viajó sin control de un tema a otro hasta que se tuvo que concentrar en los reportes que tenía sin escribir y lo cual la mantendría ocupada todo el día siguiente. Así olvidó el resto de preocupaciones pensando sólo en las suyas.


Sábado 6 de febrero 2016

Brighton

-George ¿puedo pasar?

-Pasa.

John se encontró dentro de la habitación, George estaba sentado en una silla ergonómica, una montón de libros esparcidos sobre el escritorio y la computadora con el procesador de textos en uso. Eso le recordó a John que también debía muchísima tarea y no era Sherlock, que podía escribir los reportes sin siquiera leer los libros.

-Hey –John volteó para todos lados, no siempre estaba dentro del cuarto de George, generalmente convivían en las áreas comunes, como la sala, la cocina. Había decorado las paredes con fotografías de cada lugar del mundo que quería conocer, John fue recorriendo cada una de ellas con la mirada. Se detuvo en Japón para recordar el hecho de que alguna vez interrumpió una de las vídeo llamadas de Greg con Mycroft, le arrebató el teléfono para quejarse de que no hubiera hecho el intento de llamar a Sherlock.

-¿Pasa algo John? –George se había levantado, parecía cansado, era muy posible que hubiera dormido unas cuantas horas después del juego para levantarse muy temprano e iniciar con los deberes escolares.

-No, todo bien –respondió de inmediato. George pareció tranquilizarse, lo cual le pareció interesante a John, ¿por qué tendría que esperar que pasara algo? ¿Estaba esperando a que algo pasara? – Sólo que Sherlock está enojado conmigo por alguna razón inexplicable…

-El beso de ayer –añadió el chico sin dejarlo terminar.

-Sí claro, para mí eso es una razón inexplicable –corrigió John. Había tenido esta gran conversación que rayó en la discusión con Sherlock la noche anterior, una de las más horribles hasta el momento. Por lo que quería salir un rato de la casa, estaba cansado del ambiente que su novio se había creado a raíz de una estupidez que no había estado en su control.

-¿Está muy enojado?

-Creo que enojado no es la palabra, más bien está indignado y ofendido.

George se rio ante la respuesta de John y este no pudo más que dejar salir un suspiro resignado. No había manera de controlar ese tipo de respuestas de Sherlock, quien simplemente no hacía nada para comprender que ese beso no fue algo que John buscara.

-El caso es que como ahora no me habla ni quiere aceptar que estoy presente en la misma habitación, no quiere ir conmigo a la tienda. –John se sentó en la cama tras decir esto, en general no le gustaba salir a caminar en Brighton solo, mucho menos después de lo que pasó ayer, quería tener un testigo en caso de encontrar de nuevo con la rubia loca, la cual sabía que vivía en la ciudad, Molly se lo había confirmado.

-¿A la tienda?

-¿Vendrías conmigo a la tienda? –Confirmó su pregunta John. Era algo simple, quería comprar unas cuantas cosas básicas, pero Sherlock había sacado su libro y fingió estar leyendo, algo imposible, ese hombre no leía las cosas, las aprendía del aire o algo parecido, su conocimiento era tan deductivo que parecía saber las respuesta de absolutamente todo lo que pudieran preguntarle.

-Por supuesto John.

-Excelente.

Hasta la salida del fraccionamiento corrieron, George solía tener un ritmo para trotar muy ligero, casi sin esfuerzo, John en eso lo envidiaba porque para él solía ser más complejo y cansado. Iban riendo cuando el vigilante les abrió la puerta para salir, bajaron por la calle principal, la tienda estaba a cuatro cuadras por lo que el camino era muy corto.

John necesitaba máquinas y crema para rasurar, jabón líquido para el baño, shampoo, desodorante, crema para el cuerpo, gel para el cabello. George tan sólo agarró pasta de dientes y un cepillo nuevo, no pensaba en otra cosa más que pudiera necesitar justo en el momento. John se adelantó y se perdió de su vista por un momento, cuando lo encontró una botella de lubricante estaba en la cesta donde ponía sus cosas, evitó comentar sobre el asunto aunque no le hubiera importado hacerle unas cuantas preguntas a John, más que otra cosa por curiosidad.

-¿Podrías cargarla por un momento? –John le tendía la cesta y George la tomó sin pensarlo, siguió caminando por el pasillo, pasaba su mano encima de las botellas y los productos perfectamente acomodados sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Al dar la siguiente vuelta a la izquierda se encontró de frente con tres compañeros de su escuela, dos chicas y un chico.

-¡George! –gritó una de las chicas al ver que él daba media vuelta para alejarse de ellos. No iba a detenerse, no quería hablar con ellos, pero lo tomó por el brazo para evitar que siguiera caminando.

-Oye, el juego de ayer fue horrendo –comentó ella como si estuviera en una conversación casual.

-No entiendo, ¿así quieren salvar al equipo? –dijo la otra chica acercándose a él por el otro lado, dejándolo entre ellas dos.

-Ojalá Greg regresé al ManU –el chico se había mantenido en silencio pero mientras las chicas seguían hablando lo miraba directamente a los ojos e hizo que George tuviera una sensación inminente de peligro.

-Ustedes son terribles.

-Tú eres terrible. –La última voz había sido del chico, lo conocía, su casillero estaba al lado del suyo y nunca antes le había dirigido la palabra. Pero de repente no era sólo eso, lo estaba acorralando entre su cuerpo y el estante de los jabones líquidos. No era más alto que George, pero si era más grande, más voluminoso.- No eres bueno jugando, eres muy malo, yo jugaría mejor que tú.

Dejó caer la sesta para poder poner sus manos como barrera entre el chico y él, se estaba acercando demasiado y no le gustaba en absoluto.

-Lee –la voz era de una de las chicas- deberías ver lo que está comprando.

Sostenía en su mano la botella de lubricante de John. El chico lo miró con algo similar al asco reflejado en el rostro y George se asustó, lo aventó lo más fuerte que pudo para quitárselo de encima.

-Ahora entiendo.

-Es cierto.

-Pensé que era una historia inventada.

-Por eso te mantiene en el equipo.

-¿Es sólo con Greg o con algún otro también?

Las voces se confundieron, no supo quién de ellos dijo qué, sólo los escuchaba decir lo mismo que leía en línea y fue demasiado. Se echó a correr con todo lo que tenía para salir de la tienda y para regresar a la casa de Greg. El vigilante en la puerta lo dejó pasar al verlo, intentó preguntarle si estaba bien pero él siguió corriendo. Lo terrible es que había salido sin llaves y no puso hacer otra cosa más que quedarse sentado en la entrada, la espalda recargada en la puerta. Dudaba que si tocaba Sherlock fuera a abrirle así que ni siquiera hizo el intento.

Cuando John lo encontró estaba llorando y no quería decirle lo qué había pasado, lo dejó en su cuarto de dónde no salió en toda la tarde. Esto ya era un gran problema, terrible problema. Peor aún si es que tomaba en cuenta el hecho de que Sherlock seguía ignorándolo y que Greg había recibido por la mañana una muy inesperada llamada de su madre. Había aceptado ir a verla con tal que no viniera a la casa e irrumpiera en la normalidad de todos.

Así que esperó. No se le ocurría qué más hacer, pidió una pizza y creyó que en algún momento aparecería George para comer. Se equivocó. Le llevó un pedazo a Sherlock pero no obtuvo mayor respuesta que un movimiento de su cabeza, no pensaba que lo comiera. Quería mandar un mensaje a Greg pero no se atrevió, de por sí debía ser una tortura el tener que lidiar con su madre como para que lo molestara de esa manera.

Esperó.


Chiltern Firehouse

Londres

Su madre fue muy específica sobre el lugar dónde quería que la viera, por eso mismo dudó. Sabía que era un lugar de moda en los años anteriores aunque recientemente no era tan visitado por personas famosas. Decidió mejor caminar al lugar en vez de tomar un taxi, usó el metro para llegar lo más cerca posible, había muchos turistas y el metro estaba un algo concurrido. Simplemente se puso los lentes oscuros y esperaba que nadie lo mirara por el tiempo suficiente como para reconocerlo.

Bajó en Baker Street y caminó, se detuvo después de unos pasos sobre la calle del mismo nombre y miró alrededor, aquel barrio siempre le había gustado para vivir pero sería imposible, por completo imposible al ser exageradamente concurrido todo el tiempo. Tres calles más allá de Marylebone dio vuelta a la izquierda, dos calles más y a la derecha, se encontró por fin frente al antiguo edificio remodelado de la estación de bomberos. Parecía un día común y corriente para el hotel por lo que entró sin preocuparse, tratando de ubicar el restaurante.

-Buenas tardes –se acercó a la anfitriona y se quitó los lentes oscuros para hablar con ella- mesa a nombre de Caroline Collins.

Su madre solía hacer todas sus reservas a nombre de su asistente, era lo usual así que ni siquiera consideró dar su nombre real. La chica revisó el registro y negó con la cabeza.

-Lo siento, no tengo a nadie con ese nombre –dijo aunque siguió revisando los nombres tras echarle una furtiva mirada- aunque, tal vez Lisa Lestrade lo esté esperando.

-Es muy posible.

-Por favor sígame –Greg lo hizo, pasó entre las mesas que vacías hasta el fondo del restaurante, era temprano para ser domingo, la una de la tarde, por eso tan sólo había unas cuantas personas dentro. Valoró lo que acababa de pasar. Su madre, de la nada, lo había citado para un almuerzo tardío en un lugar popular de Londres, lugar que recientemente no había tenido nada de publicidad. Además de todo, había hecho la reserva a su nombre y había indicado claramente que lo estaba esperando.

Eso no pintaba nada bien pero ¿qué podía hacer? ¿Dar media vuelta y regresar a Brighton?

Ver a su madre no era lo mejor que lo podía pasar, sin embargo, era su madre, pese a todas las evidencias que apuntaba a que ella no se preocupaba tanto por él como por ella misma. Sin embargo, dejó fuera todas las posibles razones para estar enojado con ella, muchas que posiblemente venía acumulando por años, y se sentó a la mesa.

-Greg, querido –dijo ella y estiró su mano para que la tomara, lo cual hizo, simplemente. Parecía más el encuentro de dos conocidos que el de madre e hijo.

-Madre –respondió secamente. En cierta manera le desagradaba la interacción que tenía con ella, hubiera deseado ser capaz de hacerlo con normalidad pero después de tanto tiempo era ya casi imposible. No lo sentía real, dudaba de todo, de sus intenciones, de su cariño, de ella, de todo. Eso no llevaría a nada bueno y lo sabía.

-Vamos Greg, ¿no irás a ser tan formal conmigo? –Ella tomaba de una copa, posiblemente era vino blanco, no era algo extraño en su madre, en absoluto.

-Es preferible el que sea así –respondió imprimiendo mucha más seriedad a su voz. Era enero, pero su madre no intentó contactar con él hasta ese momento, olvidando claro fechas que pudieran ser importantes. Aunque claro, todas las Navidades y los últimos días del año los pasaba con su padre, así que no era una novedad de que su madre estuviera ausente.

-Sabes que sólo quiero lo mejor para ti –ella sonrió, dando un nuevo trago a su copa, durante ese momento trajeron una ensalada que pusieron frente a ella. La mesera estuvo a punto de hablar pero Greg la detuvo con un movimiento de mano, se retiró de inmediato. Él no quería comer ni tomar nada, no quería que pareciera que estaban pasando un buen momento, porque habría alguien observando, de eso estaba seguro. No había escogido un horario concurrido para que no sospechara pero al usar su nombre real le había dicho todo.

-Mientras lo mejor para mí te reporte algún beneficio por supuesto.

-No tengo idea de por qué razón has dicho eso –respondió ella y comenzó a comer su ensalada, había algo en su expresión que denotaba que no le gustaba del todo, pero sabía que trataba de controlar su peso.

-¿Deseas algo en especial madre? –Había algo que le decía que parecía que estaba haciendo tiempo, ella había llegado primero, previendo que Greg fuera exageradamente puntual, como había sido el caso, sólo que ahora, no iniciaba la conversación sino que estaba comiendo.

-¿No vas a ordenar Greg? La comida aquí es fenomenal.

-Por ahora no, es muy temprano y desayuné bien. – Se tomó el tiempo de responder algo elaborado mientras miraba para todos lados, habían llegados dos parejas que fueron sentados cerca de ellos, pero era todo, no se veía más movimiento.

-Los cocktails los sirven a partir de la una, así que puedes pedir algo delicioso.

-Eso te lo dejo a ti –respondió sin prestar atención a la expresión molesta de su madre, desapareció de inmediato. De pronto una pequeña conmoción atrajo su atención, en el lobby del hotel parecía estar pasando algo. Vio dirigirse al restaurante, porque su mesa curiosamente tenía una perfecta visión de la entrada del restaurante y el lobby, a un hombre alto, fornido, de brillante sonrisa. La gente parecía reconocerlo y al él se le hacía vagamente familiar. La misma anfitriona lo recibió y le guio a su mesa.

No tenía idea de por qué no se sorprendió cuando terminó siendo la misma mesa de su madre.

-¡Ash, querido! –Exclamó su madre y se levantó para recibir a quel hombre extraño.- Me da mucho gusto que hayas venido, toma asiento.

El hombre saludó de beso a su madre, uno en cada mejilla y aceptó la invitación de sentarse, lo hizo más cerca de ella que de él, lo cual agradecía.

-¿Conoces a Greg? –Preguntó inocentemente ella, sonriendo de manera encantadora.

-Por supuesto –respondió, le tendió la mano de manera educada- Ash Morgan, es un placer conocerte.

-Igualmente.

Estaba seguro de que lo conocía de algún lado, aunque claro, no tenía la seguridad y no quería preguntar. Su madre y él hablaron un momento, preguntas sobre su estancia en el país y la entrevista que tendría con él en su programa de televisión. Claro, eso despejaba muchas dudas.

-Greg ¿has visto su serie de televisión? –Su madre lo miraba con esa particular expresión que conocía desde su infancia, ella quería que él respondiera exactamente lo que esperaba, aunque ¿cómo saber qué era eso? –Por lo menos sé que a tu hermana le gusta mucho.

-Está en Netflix, tal vez no tengas tiempo para ver televisión. –El hombre añadió a su pequeño dialogo una sonrisa, Greg sabía que era muy atractivo pero aun así no le provocaba nada más que una intensa curiosidad por saber los detalles de su relación con su madre y su muy específica reunión del día de hoy.

-Se trata sobre unos seres sobrenaturales que unen sus fuerzas para luchar contra los ángeles del cielo –añadió su madre antes de poder decir que no tenía idea de qué estaban hablando.- La están promocionando, porque pronto se estrena la segunda temporada.

-Me da mucho gusto, espero sea un éxito –comentó tratando de no sonar por completo desinteresado. Se levantó antes de que cualquier de los dos pudiera reaccionar.- Me complació mucho verte madre, te dejo en excelente compañía.

No esperó nada más, se fue con dirección a la salida aunque pronto se dio cuenta de que el hombre, el actor o lo que fuera, venía detrás de él. Caminaron casi juntos al entrar al lobby y entonces, al salir a la calle, se dio cuenta de que la normalidad se terminaba. Afuera había paparazzi, quienes seguramente habían tomado ya su foto al salir del hotel en compañía de esa persona con quien su madre deseaba asociarlo.

No importaba que no fuera cierto, el punto es que el día siguiente que se transmitiera en vivo su programa, las fotografías estuvieran circulando las redes sociales y ella cuestionaría al actor en cuestión sobre su relación con su hijo.

-Te seguirán si te vas a pie –dijo y el valet parking estacionaba ya un automóvil frente de ellos.- Además, me ayudarías mucho si me corriges al manejar, hay ciertas cosas que aún se me complican.

El daño estaba hecho, si se iban separados especularían, si se iban juntos en el auto, especularían. Así que subió al asiento del pasajero y trató de ignorar el sonido de las cámaras disparadas una y otra vez.


Molly estaba aún lidiando con el terrible predicamento de Mary. Las fotos habían causado un furor, se habían vuelto virales de un momento a otro. Todos hablaban de eso, los comentarios cada vez más descontrolados al grado de que ella tuvo que valorar si estaba haciendo lo correcto al manejar la página desde donde se distribuían.

Además, ella había puesto atención en la expresión desolada de Sherlock y no le había gustado en absoluto. Recordaba al Sherlock de antes de John y definitivamente no era algo que quisiera volver a ver. Por lo que los actos de Mary se le hacía mil veces peores, aunque la gente estuviera diciendo que una chica así es lo que necesitaban los "confundidos" jugadores del Brighton.

Recibió un mensaje de Irene, eran una serie de fotografías de Greg. Estaba sentado en un restaurante junto a otro hombre, el cual casi estaba seguro de que era un actor de televisión que había visto es toneladas de gifs en Tumblr. Después, ambos caminaban por el lobby del hotel y luego estaban subiendo a un automóvil juntos.

No lo podía creer. Una rápida búsqueda de internet le confirmo que el hombre era el estadounidense Ash Morgan, actor secundario de la serie de Netflix AngelHunters, quien estaba en plena promoción de la segunda temporada de su serie. Irene le decía que las publicara de inmediato.

Lo hizo, la mujer le pagaba por ese tipo de cosas así que no podía negarse.


Buenos días y feliz 5 de mayo.

¿La Batalla de Puebla? ¿The Revenge of the Fifth?

No, para nada, este día marca el aniversario en que yo encontré gracias al fanfiction, a una persona de mi familia. Gracias Lady Amoran por ser mi prima y por ser una persona sin la que mis días no serían los mismos.

Ahora, esta segunda temporada está escrita por fin, por completo. Es la herencia del Nanowrimo, escribí en un mes 50 mil palabras y por lo tanto, comenzaré a publicar cada semana, cada jueves.

Espero puedan leer después de tanta espera y lo que más quiero es que les agrade el rumbo al que llevé a mis niños. ¿Comentarios? Saben que es el alimento del autor, si son posibles, si está en ustedes dejarlos, sería muy feliz.

Me encuentran en Nimirie en Facebook y en Fuck Yeah Sherlock, de igual manera en Faceboook.

Gracias por seguir aquí, leyendo y apoyando.