Disclaimer: Algunos personajes le pertenecen a Rumiko, otros a Hiro Mashima y los demás son de mua. Al igual que la historia tan loca XD
Hola amores míos, les traje un capítulo antes de entrar a la uni de nuevo. No sé si vaya a poder actualizar con la misma frecuencia y es por eso que subiré de nuevo Infiltrada, para no dejarlos desamparados XDDDD
Me he escrito poco más de 9000 palabras para ustedes!
Por cierto, ahora subiré mis dibujos y spoilers a mi perfil de facebook dedicado a Fanfiction: Iblwe McGarden por si desean agregarme :D
Advertencia de lime 7u7r
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Sex on Fire
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Kana White. Ese era el nombre de la joven que habían encontrado. Kagura sintió coraje e impotencia, nadie merecía morir a tan corta edad. Quince años. Una niña que apenas comenzaba a vivir. Encima los policías que habían encontrado el cuerpo habían contaminado la escena, o al menos sus alrededores. A simple vista había sido una violación pues encontraron el cuerpo de la joven a orillas del lago completamente desnuda. La causa de muerte todavía no estaba confirmada, sin embargo, Kagura presumía que la habían ahogado. La obscuridad de la noche hacía todo eso más macabro y las sombras de los árboles que rodeaban el lago impedían que descubrieran más detalles.
—¿Cuánto tiempo lleva el cuerpo aquí? —le preguntó Inu No Taisho.
—No te lo puedo decir con exactitud justo ahora, pero asumo que tiene varios meses, en cuanto haya luz dile a tus hombres que busquen su ropa, quizá encontremos ADN en ella —la gente de Kagura ya había metido el pequeño cuerpo en una bolsa especial para el transporte.
Esa iba a ser una larga noche para ella. Necesitaría mucho café, al menos ella no tenía la tarea de avisar a la familia White que su pequeña hija había aparecido por fin, muerta. Era ese tipo de noticias que una persona nunca espera recibir, al menos los padres. Nunca deberían ser ellos quienes enterrasen a los hijos, eso no era lógico ni natural. Kagura admiraba la fortaleza del detective Taisho, había hecho cientos de llamadas de ese tipo y sabía que cada una de ellas le afectaba, nunca se volvía más fácil para él ser portador de esas noticias tan desagradables.
—Tengo el presentimiento de que este lugar no ha sido la escena del crimen —Kagura miró a su alrededor, no había nada más que obscuridad.
—Si tus muchachos no hubiesen contaminado el lugar podría coincidir o no contigo —aunque no había nada que le indicara que se había llevado a cabo una persecución o pelea cercana—. Puede que la hayan botado del otro lado del lago o la hayan tirado de un bote. No lo puedo decir, tú eres el experto.
—Buscaré si tiene algún rasgo en común con Abi —aunque lo dudaba mucho. Kana White era una joven que apenas iba a la secundaria, había cerca de nueve años de diferencia con Abi Collins y no vivían cerca ni tenían físicos parecidos. Abi Collins era de piel blanca y cabello negro, White tenía la piel tan pálida como el papel y su cabello no se quedaba atrás, era completamente albina con demasiada melanina en los ojos oscuros, a diferencia de los verdes de Collins—. Creo que tu lunes ya no ha sido perfecto —añadió sabiendo que Kagura era partidaria de los lunes. La mujer miró su reloj de muñeca y sonrió levemente.
—Cuando recibí la llamada era la una de la madrugada del martes, mi lunes sigue intacto —y con eso se fue junto con su equipo, dejando al detective con un mal inicio de martes.
De regreso a la estación Inu No Taisho comenzó a revisar el expediente de Kana White, la joven que había pasado de estar desaparecida, a estar muerta. Llevaba seis meses perdida, y todavía no sabía si había sido asesinada justo después de su rapto o había pasado algunos días, o quizá meses secuestrada. Miró la fotografía, era una niña seria pero no dejaba de ser bonita. Ese tipo de circunstancias le hacían sentirse aliviado de no haber tenido hijas, no es que no le dolieran sus muchachos, pero siempre era más difícil para un padre —o madre—, desprenderse de las mujeres.
Sintió que la pena lo embargaba en cuanto tuvo el teléfono en sus manos, sabía que tenía que llamar, pero el peor de los escenarios era recibir una llamada a mitad de la madrugada para enterarse que su única hija estaba muerta. Volvió a dejar el teléfono, ya arreglaría cuentas con el capitán al día siguiente, les concedería a los padres de Kana una última noche de tranquilidad antes de darles la mala noticia. Comenzó a buscar algo que pudiera relacionar con el caso de Abi y se sentó en su escritorio con una taza humeante de café.
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Durante la madrugada del jueves, Rin despertó por el calor que llenaba su cuerpo. Se giró en su lugar y se topó con el rostro de la pelirroja. Ayame dormía plácidamente a su lado con un brazo sobre su cuello en un asfixiante abrazo, el cuerpo de Ayame era muy caliente y Rin tuvo que destaparse para no sofocarse. Se hizo a la idea de que aquello iba a ocurrir con frecuencia. Todavía no habían hablado de la llamada y ya habían pasado dos días de aquello, la pobre se negaba a decirle algo y Rin no quería forzarla. Era obvio que le había afectado. Abi había sido su mejor amiga, escuchar cómo la habían asesinado, había sido una tortura.
Intentó mover un poco el brazo de la pelirroja quien en respuesta se abrazó más a ella. Rin suspiró y se deshizo del abrazo para ir al baño. Apenas eran las tres y media de la madrugada y el sueño se le había esfumado de pronto. Se mojó la cara y regresó a la habitación, prendiendo la lámpara del escritorio y tomó uno de los libros que Tobías Sanders le había prestado. Había sido escrito por una periodista dedicada a investigar casos no resueltos, cualquier tipo de casos. No todos estaban relacionados con trastornos antisociales, muchos de ellos eran asesinos que habían corrido con suerte para escapar de la ley durante muchos años, la razón: las pruebas de ADN.
Esa semana había sido bastante interesante y se le había pasado volando. El miércoles había tenido asesoría con Kai quien realmente era un joven listo pero distraído, esa misma tarde había ido con Ayame al local de tatuajes donde trabajaba Cole para hacerse el suyo y conocer al misterioso chico, pero encontraron un enorme letrero de "Cerrado". Intentaron comunicarse, pero nadie les contestó. Ya se darían otra vuelta por el lugar al terminar con los exámenes, Cole todavía era estudiante, sin embargo, no se lo habían topado en el campus, Rin había buscado su nombre en el servidor de la universidad y había dado con su horario, pero siempre que intentaba topárselo fallaba, o llegaba tarde o se iba temprano. Probaría suerte más tarde.
Por otro lado, no había visto a Karen desde el lunes, había faltado a algunas clases según Ayame, a todas las que tenían en común. A quien sí había visto todos los días en las canchas y en el gimnasio —además de las clases que compartían—, era a Damon Miller. Habían comenzado a tratarse y le parecía alguien bastante serio e interesante. Al principio habían hablado de trivialidades y tonterías adolescentes, sin embargo, había notado cómo él desviaba las conversaciones hacia temas más oscuros, profundos. Incluso en alguna ocasión se había sentido incómoda y no solamente por sus preguntas atrevidas sobre su obsesión con las mentes criminales —cortesía de un libro que le había pillado leyendo—, era la cercanía con la que le hablaba la que erizaba su piel.
Su aliento cerca de sus labios, sus ojos de oro derretido que la miraban con algo más que un simple interés. Rin sabía que él disfrutaba poniéndola nerviosa, por esa razón fingía no estarlo cuando estaban demasiado cerca, pero con sus dedos Damon le había demostrado cuán nerviosa la ponía y lo poco que ella lo disimulaba. Ese hombre estaba haciendo bastante bien al intentar seducirla. Y ella no había averiguado nada de él. Absolutamente nada. También tenía citatorio para el juicio contra Charlie. Damon le había dado el número de una abogada que la ayudaría. Yura Sakasagami. Ya no tenía dudas, Damon era un policía y tenía varios contactos. Astuto.
—¿Rin? —Ayame despertó, todavía faltaban un par de horas antes de que tuviera que levantarse—. ¿Insomnio? —la castaña asintió. Ayame bostezó tapándose la boca y volvió a acomodarse en la cama de Rin, pero no cerró los ojos—. Fue horrible —su voz se quebró y Rin cerró el libro que tenía en las manos para ir con ella—. Me dijo exactamente cómo la había recogido de la calle, Abi iba drogada así que no se le hizo difícil —las lágrimas comenzaron a salir sin que Ayame pudiese intentar detenerlas, estaba bastante consternada—. Dijo que ella había consentido todo lo que le hizo y que lo había disfrutado —Ayame siguió llorando contra el pecho de Rin quien la había abrazado al verla en tan mal estado—. Yo... yo sólo estaba esperando a que dijera que yo iba a ser la siguiente, o tú... —sorbió por la nariz—. Pero no lo dijo en ningún momento, su voz sonaba tan divertida mientras hablaba de Abi.
—Sh —Rin acarició su despeinado cabello—. No le des el poder de derrumbarte con esto —aunque, a decir verdad, Rin entendía por qué ella había reaccionado así, se había guardado aquel trauma durante días—. Lo mejor será que mañana no salgamos, ¿de acuerdo? —Ayame comenzó a temblar.
—No, tenemos que mostrarnos fuertes —se mordió el labio inferior—. Además, le he dicho a Koga que iríamos —y Rin no quería quitarle espacio ni tiempo con el chico del que estaba enamorada y trataba inútilmente de proteger, pero Rin no iba a alejarla de él. Desde el principio le había parecido excesivo que terminase su relación con el moreno. Aunque por otro lado no quería involucrar a nadie más.
Estaba dividida, en una decisión que no le correspondía a ella.
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Habían pasado tres días, setenta y dos horas en los cuales no había tenido una sola noticia de Karen y eso era alarmante, lo último que había recibido de ella había sido un mensaje el lunes que decía que se sentía mal e iría a casa. ¡Ella vivía en el campus! Había hablado con sus amigas y muchas le habían dicho que no era raro que Karen decidiera ausentarse tantos días, a veces le daban depresiones demasiado fuertes que únicamente el alcohol la hacía olvidar. Yasha les preguntó entonces la dirección de la casa de sus padres —porque ya había estado en su cuarto en la universidad y no había señales de ella—, las amigas le dijeron que la desconocían, pero le brindaron la de la casa de ella. Inuyasha no sabía que Karen tenía una casa propia ni tampoco que fuera la clase de chica que sufría depresiones. Sabía que tenía un problema con el alcohol y eso hacía que su preocupación aumentara rápidamente.
—Va a estar bien, Inuyasha —le dijo Sesshomaru quien revisaba algunas cosas en la computadora, pero no había forma de que Inuyasha se calmara con eso.
—No lo entiendo, todo iba muy bien y la última vez que la vi ella fue a buscarte para que saliéramos a comer... —Inuyasha guardó silencio y después se levantó y cogió a Sesshomaru de la solapa de su camisa—. ¡Bastardo! —su medio hermano se sorprendió por el arrebato de Inuyasha—. ¿Qué le dijiste? —el mayor empujó al menor y se sacudió la prenda para quitarle las arrugas.
—No deberías encariñarte tanto con ella, Inuyasha —le recordó—. No estamos aquí para involucrarnos con universitarias...
El puño de su hermano se estampó contra su pómulo. Sesshomaru tenía los ojos abiertos de par en par.
—¡No debiste meterte! —le reclamó sumamente molesto.
A Sesshomaru le tomó medio minuto salir de su asombro. Inuyasha nunca lo había golpeado por estar enojado. Eran medios hermanos, pero eso nunca había sido motivo de rivalidad entre ellos. Dado que ambos se habían criado al lado de su padre y aunque tuviesen diferentes madres, eso no los había separado, al contrario, gracias a eso estaban muy unidos, aunque solían discutir y molestarse por trivialidades, siempre se ayudaban mutuamente. La madre de Sesshomaru era bastante independiente y la falta de tiempo secó la relación que tenía con su padre, a diferencia de Izayoi que le había exigido dejar su trabajo en la policía —cosa que obviamente no ocurrió—, y eso fue la causa de su segundo divorcio. Al principio Inuyasha se había quedado con su madre, pero al ser una mujer que se enfermaba con demasiada frecuencia, era incapaz de cuidar a su propio hijo —hubo días en los que Inuyasha sólo comía comida de lata o cereal con leche—, a causa de las visitas de su madre al hospital y fue cuando Inu No Taisho pidió la custodia del menor.
A los cinco años Inuyasha se mudó con su padre y su hermano Sesshomaru —casi cuatro años mayor—, quien se volvió su ejemplo a seguir. Se peleaban constantemente por nimiedades, pero se querían como hermanos que eran y era la primera vez que tenían una pelea subida de tono y era por una tontería en verdad, según Sesshomaru. Una mujer, vaya trivialidad. Y encima de todo su hermano parecía más que molesto por su pequeña intervención. Antes de que pudiera decirle algo por su atrevimiento contra su persona, su hermano menor salió del cuarto que tenían en el campus.
Inuyasha estaba verdaderamente indignado con Sesshomaru. ¿Cómo se había atrevido a meterse? Karen realmente le interesaba, y más después de haber descubierto su secreto. Al tener licencia de detective, Inuyasha tenía acceso a información que una persona cualquiera no tendría. Cuando Karen le contó de las amenazas, e incluso en las cartas, salía el hecho de que su hermana menor corría peligro. Investigando a su familia, Inuyasha había descubierto que Karen no tenía una hermana menor, sino una mayor y era abogada. Su nombre era Dimaria Yesta, hermana mayor de Karen Yesta. No había más hermanas, sin embargo, sabía que las amenazas no se referían a la abogada, había alguien más ahí.
Llegó a la casa de Karen. Tenía una fachada bastante anticuada y se veía adinerada. El carro de la joven estaba ahí mal estacionado. Se acercó a la puerta, estaba cerrada con llave. Tocó el timbre muchas veces, pero no recibió respuesta. Rodeó la casa hasta llegar al patio trasero, la puerta trasera también estaba cerrada, pero Inuyasha intuía que la llave debería estar en alguna maceta o debajo del tapete sólo en caso de emergencias. Buscó varios minutos hasta que vio una casa de aves de madera, abrió la puertita y ahí estaba la llave. Abrió la puerta y se adentró.
—¡Karen! —la llamó, pero no recibió respuesta. La entrada trasera daba a la cocina, había comida enlatada y muchos trastes sucios, Inuyasha revisó el comedor y la sala, le hacía falta un poco de orden a aquel lugar. Sin embargo, todavía le parecía extraño que una joven como Karen viviera sola si no tenía un trabajo. ¿Cómo se mantenía?
Después de revisar el piso de abajo, subió las escaleras, un hedor desagradable llenaba el ambiente. Sus pies chocaron con botellas de vidrio vacías. Asomó la cabeza a la habitación principal y casi pone su pie sobre vómito seco. Hizo una mueca de asco, la cama estaba tendida, pero había muchas prendas de ropa esparcidas por todo el cuarto. Los objetos que deberían estar en los muebles estaban tirados por todas partes, rodeó la cama y en el suelo junto a la ventana encontró a la rubia. Desnuda y tirada en el suelo boca abajo.
Rápidamente se acercó, estaba helada pero dormida. Podía ver el movimiento de su espalda al respirar profundamente.
—¿Qué has hecho? —le preguntó sabiendo que ella no lo escuchaba.
Con mucho cuidado la tomó en brazos y la recostó en la cama, tapándola con una manta. Intentó despertarla, pero nada funcionó hasta que la metió a la regadera, su ropa terminó empapada, pero ella reaccionó y se aferró a él mientras la lavaba con ternura. La joven no dejaba de llorar y pedirle perdón. En varias ocasiones había salido el nombre de Shiori, la "hermana menor". Inuyasha la había calmado y vestido con lo que encontró, la llevó a dormir un rato mientras limpiaba el desastre que tenía en su recámara. ¿Cuántos días había estado tomando?
Después de limpiar fue a revisar a Karen, la joven se despertó cuando él se recostó junto a ella, la escrutaba con la mirada. Karen miraba fijamente sus manos, parecía un cachorro regañado.
—Lo siento, lo mejor será que dejemos de vernos —se obligó a decirle esas palabras, lo último que ella quería era tenerlo lejos, pero las palabras de Damon le habían destrozado el corazón. Sabía que ella era melosa y dependiente.
—¿Quién es Shiori? —Karen abrió los ojos con sorpresa, frunció el ceño con tristeza y respiró hondo.
—Es mi hermana menor —y eso sonaba tan falso como la primera oración. Inuyasha la tomó del mentón.
—No me mientas Karen, ¿quién es Shiori? —ella no dijo nada—. Investigué a tu familia, las únicas hijas de los Yesta son Dimaria y tú, ¿quién es Shiori? —y Karen rompió en llanto de nuevo.
—Ella es mi hija —Inuyasha no se esperaba esa respuesta. La soltó y se quedó mirando a la rubia. No lo entendía. ¿Qué significaba eso? ¿Por qué le había dicho que era su hermana? ¿Por qué no vivía con ella?
—¿Cuántos años tiene? —Karen no lo miró en ningún momento.
—Seis
—¿Quién es el padre? —Karen lo miró entonces, pero no era su típica mirada dulce. Lo veía con temor, como si por dentro dijera: todo menos eso. Inuyasha quería ayudarla, pero necesitaba que comenzara a ser sincera con él. Después de unos segundos ella se rindió.
—No lo sé —miró al frente para evitar su pesada mirada sobre ella—. Cuando era chica mis padres siempre me tuvieron demasiados cuidados. No podía salir a pijamadas con mis amigas, no podía ir a fiestas los viernes. Querían que fuera una nerd y que sólo me importara la escuela. Ese día yo me salí de casa para ir a una fiesta a la que me habían invitado y me dieron algo de beber, después desperté en una habitación desnuda. No sé si me violaron o sí fue sexo consensuado, tampoco sé si fue uno o varios —Karen se abrazó a sí misma—. En cuanto mis padres supieron de mi embarazo se molestaron tanto que me sacaron de la preparatoria todo un año, por eso voy atrasada... Pero cuando Shiori nació se volvió su mundo, mi hermana ya no vivía en la casa, sólo yo.
—¿Por qué no estás con ellos entonces? —Inuyasha reconocía el dolor en las palabras de Karen, le estaba costando mucho trabajo hablarlo con él.
—Después de que ella naciera yo ya no tenía la presión de mis padres sobre mí y me volví el desastre que conoces ahora, pero peor —suspiró—. Me corrieron de la casa alegando que era mala influencia para mi propia hija y me amenazaron con quitármela legalmente. Mi hermana es abogada y está de su lado... Mi abuelo me acogió entonces.
—¿Esta casa es de tu abuelo? —ella asintió.
—Él me quería mucho, me fue pasando todo su dinero en vida en una cuenta a mi nombre y otra a nombre de Shiori, de momento soy su albacea —Inuyasha alzó una ceja—. No he tocado ese dinero, también me cedió la casa en vida. Así me protegió legalmente en caso de que mi madre quisiera impugnar el testamento y quitarme los bienes que me había dejado. Me dejó también una casa en otro estado la cual rento con una compañía que se encarga de realizar los cobros y les doy una comisión. De eso he vivido desde que el murió.
—¿Tus padres no se molestaron por eso?
—Claro que lo hicieron, pero no podían hacer nada. Mi mamá recibió dinero del testamento, pero no le pareció que yo tuviera todo lo demás. Por eso también me mantienen alejada de Shiori —hizo una pausa esperando alguna pregunta, al notar que Yasha no la hacía continuó—. Mi abuelo logró convencerme de dejar esa vida de fiestas atrás y así lo hice por un tiempo, quería recuperar a Shiori, todavía quiero. Pero para eso necesito graduarme y trabajar, para darle lo mejor. No quiero tenerla conmigo mientras no pueda controlar está maldita obsesión por la bebida... Me la quitarían para siempre.
—Te ayudaré a recuperarla —le dijo sin más y besó su frente—. Pero primero tienes que dejar de tomar de esta manera. No creo que seas alcohólica, no es algo que hagas todos los días.
Karen accedió a ir a ver a un doctor para que pudiese manejar sus depresiones, Yasha la acompañaría. El chico habló con ella un poco sobre su hija y después volvió a dejarla dormir. Karen no se sentía bien y tenía que recuperar líquidos y descansar. Él llamó a su padre, realmente dudaba que Karen supiera algo más. Cuando habló borracha sobre el miedo que tenía de que le quitaran a alguien se había referido a su hija. Shiori lo era todo para la rubia y él la quería ayudar a recuperarla.
También estaba más que dispuesto a cobrar venganza contra Sesshomaru por haberse metido en su relación. Después de dejarla dormida, Inuyasha se había ido a la farmacia para comprarle electrolitos y una caja de pastillas llamó su atención. Terminó de comprar las cosas y guardó la pequeña caja en la guantera de su vehículo. Pasó a la casa de Karen y la encontró durmiendo todavía, le escribió una nota y dejó los electrolitos en la mesa de noche. Todavía tenía que ir a la estación de policía para hablar con su padre.
—¿Qué quieres decir Kagura? —su padre estaba afuera de la morgue donde Kagura había realizado la autopsia.
—Sí encontré agua en sus pulmones —dijo ella.
—Entonces sí la ahogaron en el lago —ella negó.
—Fue lo único que encontré, limpia y potable agua fresca en sus pulmones. No la ahogaron en el lago, fue en un inodoro, un lavabo o una tina. Yo qué sé, pero fue con agua limpia, su cuerpo únicamente fue desechado en el lago —notó la presencia de Inuyasha—. ¿Tus hombres encontraron algo entre los árboles? —él negó—. Para tu suerte encontré algo en sus uñas, son hebras de hilos verdes, no creo que haya ADN ahí, pero es una pista, quizá una muy mala —la mirada de los dos Taisho presentes se clavaron en ella con más fuerza que antes—. Este asesinato... No creo que tenga relación con el caso de Abi.
Inu No se lo temía, pero no Inuyasha.
—¿Estás diciendo que otro loco violador y homicida está suelto por ahí? —Kagura asintió, Inu No lo había sospechado desde que encontraron el cuerpo. Lo único que tenía en común con el caso de Abi era que el cuerpo de Kana no fue encontrado en la escena del crimen, había sido plantado ahí y la forma del asesinato no había sido tan limpia como lo había sido el caso de Abi Collins.
—Tu hermano me comentó que Parks recibió una llamada —Inuyasha salió de su estado de estupefacción para mirar a su padre y asintió—. Y también dijo que ellas no quieren ver a la policía.
—Posiblemente las estén amenazando, como a Karen —su padre se cruzó de brazos, no había forma de que la policía ayudara a los que no querían ser ayudados. Por eso tenía a sus hijos metidos en el caso, ya le daría a Byakuya el caso de Kana White.
—A veces hacen esas llamadas para demostrar el poder que tienen sobre las víctimas —comentó Kagura encogiéndose de hombros—. Lo siento mucho por la joven —Inuyasha asintió. No podía imaginarse la impotencia de la pelirroja al momento de recibir esa llamada.
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Por fin había llegado el viernes. Inuyasha tenía que ir a la estación de policía y después al campus para recoger a Karen, la había convencido de ir a clases ese día. Sesshomaru le informó que llevaría a Rin y a Ayame, habían tenido una pequeña disputa porque ahora el que parecía estarse metiendo más de la cuenta era el mayor, pero éste lo negó rotundamente. Inuyasha le demostraría lo equivocado que estaba. No en balde había comprado aquellas pastillas. Llegó a la estación, Sesshomaru estaba en la oficina de su padre hablando con Kagura sobre el cuerpo de Kana White.
Muchas veces lo había molestado con su relación unilateral con la médico forense, y había recibido una patada en el culo. Sin embargo, en el fondo, Inuyasha sabía que su hermano no amaba a aquella mujer. Aunque siempre la veía más de la cuenta, con mirada indulgente —como nunca lo había visto—, pero no veía la química entre ellos. Quizá era porque ambos eran demasiado parecidos que Inuyasha simplemente no podía emparejarlos. Alguna vez le había comentado aquello a su hermano mientras compartían cervezas en su despacho en el edificio de detectives privados y su hermano únicamente había contestado que era la mujer adecuada para él. Después había enlistado muchas virtudes de la doctora, pero nada que le dijera a Inuyasha que eso que sentía fuese amor.
Sin darle muchas vueltas a aquello, Inuyasha se dispuso a preparar café. Su padre estaba vuelto loco desde que encontraron el pequeño cuerpo de la joven y el departamento de policía estaba bastante consternado. Y todavía no había nada que relacionara el caso con el asesinato de Abi. Eso podía ser peor que un asesino en serie —porque serían dos asesinos muy temibles—, amenazando a los jóvenes de Louisville. "Menuda mierda" pensó mientras terminaba de preparar la vieja cafetera. Kagura se alejó de Sesshomaru cuando sintió en demasía la cercanía del ambarino, pero siguió hablando con él sobre lo que fuera que contuviesen esos papeles. Después simplemente se alejó y caminó hacia donde él estaba parado.
—¿Café? —preguntó Inuyasha y Kagura asintió—. No tarda en estar listo —le abrió una silla para que se sentara.
—Gracias —miró fijamente la cafetera.
—¿Te ha vuelto a insinuar algo? —le preguntó con respecto a Sesshomaru y ella negó—. Demasiado orgulloso.
—Déjalo estar, Inuyasha —dijo ella mesuradamente y el menor suspiró. No entendía por qué si para ellos dos era bastante claro que Sesshomaru y Kagura no estaban hechos para estar juntos, Sesshomaru se empeñaba en lo contrario. Aunque no se la vivía acosando a la mujer (con una vez rechazado tenía suficiente), tampoco daba el siguiente paso en su vida personal.
Nada más allá de fugaces relaciones de una noche.
Sesshomaru Taisho no se permitía más que eso e Inuyasha se había cansado de que su hermano pareciese un maldito anacoreta. Había notado que su preocupación por aquella joven, Rin Tanner, era genuina y estaba dispuesto a darle un gran empujón con venganza incluida. Habló con Kagura algunas cosas hasta que el café estuvo listo, ella llenó su termo, lo preparó con una cucharada de azúcar y se fue. Inuyasha sonrió ampliamente mientras llenaba el termo de Sesshomaru y sacaba del bolsillo de su pantalón un blíster que contenía cuatro pastillas azules. Sacó dos y comenzó a triturarlas sobre una servilleta con una cuchara hasta que se volvieron fino polvo.
Sin contemplarlo demasiado las vació dentro del termo de café de su hermano, le colocó la tapa y lo agitó fuertemente. Pasados unos minutos, cuando su hermano se aflojó el primer botón de su camisa, se levantó y cruzó la puerta de la oficina de su padre, dejando el termo plateado sobre el escritorio. Sesshomaru alzó una ceja ante su acto.
—No lo hice yo, te lo preparó Kagura —mintió con semblante serio—. Te veo en la fiesta, voy a ir por Karen —Sesshomaru asintió y vio partir a Inuyasha.
No sabía a ciencia cierta qué había pasado con la rubia, pero estaba seguro de que no quería saber. Su hermano ya tenía veintiocho años, si decidía quedarse con ella, era muy su problema. Lo que no quería era estropear la investigación que estaban realizando en la universidad y en las casas de los amigos de Collins. Cerró el fólder que Kagura había llevado, sabía que su padre lo revisaría en cuanto llegara. Tomó las llaves de su camioneta y el termo con café. Kagura le había dicho que se veía pálido y cansado, seguramente había sido su buena obra del día. Gesticuló una leve sonrisa que no le llegó a los ojos y comenzó a andar.
Una vez en camino, Sesshomaru le dio un par de sorbos al amargo café. Todavía estaba incrédulo de haber comenzado un juego ridículo con Rin Tanner. Porque por más que deseaba alejarla de sus pensamientos, aquello no ocurría. Cuando cerraba los ojos, aquel sutil aroma a vainilla lo invadía de nuevo. Sí, Rin Tanner le atraía desde el momento en que la vio. Aunque su primer encuentro había resultado un desastre, no había menospreciado su atractivo. Sus siguientes acercamientos no habían sido mejores, sin embargo, algo se había dado entre ellos y temía que aquello se le saliera de las manos. Pues se había peleado con Inuyasha por la misma razón.
Rin Tanner era una caja de sorpresas que despertaba todos sus sentidos y lo hacía perder el control de sí mismo —cuando eso nunca había pasado—, ni siquiera con Kagura. Repentinamente sintió ganas de tenerla cerca, desafiándolo con la mirada, aunque por dentro se muriese de nervios. O mejor aún miedo. Sonrió ante aquel pensamiento. Que ella se le resistiera, pero a la vez le hiciera frente lo prendía. Incluso podría jurar que en ese momento estaba teniendo una erección, lo cual era imposible. No es que llevara mucho tiempo sin tener sexo, quizá algunos meses. Pero con el simple hecho de pensar en ella no podía ponerse tan caliente, ¿o sí? Aprovechó que llegó a un semáforo en rojo y miró hacia abajo. Su pene erecto como una montaña.
Maldijo por lo bajo.
No había hecho nada más que pensar en ella, ni siquiera lo había hecho de una forma sexual... Aunque la idea se le antojó erótica y sensual. Siguió manejando con la intención de que su masculinidad se calmara y dio otro sorbo a su café. Sabía que Inuyasha se había ido por separado porque tenía planes con Karen para después de la fiesta, y él tenía que hacerse cargo de Tanner y Parks. Al menos era el responsable de llevarlas hasta sus dormitorios sanas y salvas. No sabía cómo había logrado Rin convencer a Ayame de asistir a la fiesta después de todo lo que había pasado. La llamada principalmente.
Confiaba en poder obtener el celular de la pelirroja y averiguar lo que ocurría detrás de aquellas llamadas. Llegó al campus y se estacionó frente a los dormitorios, sabiendo que si no salían en tres minutos lo iban a mover del lugar. Tomó el termo y tragó unos cuantos sorbos hasta que las vio acercarse a su camioneta. Bajó la mirada incómodo, pues todavía era portador de una tremenda erección incontrolable a punto de reventarle los pantalones. Su situación no mejoró cuando Rin lo reconoció y sonrió, se acercó al vehículo y él desactivó los seguros para que entrara.
—Llegas tarde —le reclamó mordiéndose el labio inferior con suavidad y Sesshomaru tuvo que ahogar un gruñido.
Estaba maravillosa. Sencilla y sensual con un peinado que recogía su espesa melena en una especie de espiral en la parte trasera de su cabeza, sostenido por un discreto broche. Su vestido negro se pegaba a su cuerpo como un guante de satín —al menos en la parte superior—, para caer de forma ampona sobre sus esbeltas y desnudas piernas. Carecía de escote, pero en cuanto se subió y jaló del cinturón de seguridad con su mano izquierda, alcanzó a ver un pedazo de piel revelador y parte de su sostén negro con encaje. Tragó duro. Esa iba a ser una larga noche.
—Tenía cosas que hacer —contestó parcamente.
—Espero que no te moleste que Koga se venga con nosotros —Sesshomaru se dio cuenta que la pelirroja iba colgada de su brazo, abrió la puerta de atrás y se corrió en el asiento para que entrara el moreno después de ella.
—Hola Damon —dijo él—. ¿Puedo acompañarlos?
—Haz lo que quieras —lo cortó y comenzó a conducir, Rin acercó su mano al estéreo, pero no lo prendió hasta que él la miró y asintió. En cuanto encendió la radio, Ayame se precipitó en medio de ambos y comenzó a cambiar de estaciones hasta que encontró su favorita. Sesshomaru no dijo nada, la pelirroja regresó a su lugar y cantó las últimas estrofas de una canción pop que le sonó bastante perturbadora.
Cause I need you...
And I miss you...
Después de eso prefirió ignorarla y concentrarse en su gran problema. Ni siquiera en ese ambiente disminuía su excitación y eso ya lo estaba rebasando. Sesshomaru simplemente no podía creer que en la parte trasera de su camioneta estaba una pareja fingiendo no estar enamorados mientras ella cantaba y tarareaba letras cursis y él se acercaba de vez en cuando a besarla. ¡En su camioneta! Y por delante... Tanner, con el cinturón de seguridad en medio de sus senos, marcando claramente sus dimensiones y su pene se endureció todavía más. ¿Acaso eso era un castigo?
Llevaba un muy buen rato con aquel problema. Intentó calmarse para que pasara rápido y condujo hasta donde el mapa en la pantalla lo guiaba. Le habían mandado la ubicación un par de días antes al igual que a todos los invitados, aunque la mayoría ya sabía dónde era la fiesta. Definitivamente aquel ambiente universitario no era lo suyo. Sesshomaru no podía creer que las fiestas llovieran una después de la otra o incluso hubiese varias fiestas el mismo día y la gente se aburría de una para irse a otra. Intentó respirar varias veces notando que su erección se calmaba. Hizo hasta lo imposible por no mirar a Rin ni siquiera por el rabillo del ojo, pero ni siquiera así logró sacarla de su campo de visión, pues de vez en cuando se asomaba hacia atrás para hablar con la pareja. Por el mismo lugar por el que Ayame los había invadido minutos atrás.
Llegaron al lugar y encontró el carro de su hermano aparcado. Se tomó casi todo el café que quedaba en el termo y salió con intención de abrirle la puerta a Tanner, pero ella ya lo había hecho, le tendió la mano.
—Gracias —murmuró ella aceptándola para que le ayudase a bajar. Sesshomaru asintió, la pareja de atrás ya se había bajado también y caminaban hacia la casa de la cual provenía la música y los gritos.
—Vamos —Ayame la animó.
Rin se deshizo del agarre de Damon en cuanto empezaron a andar. Miraba con algo de escepticismo lo que tenía ante sus ojos verdes. Había una larga mesa en el jardín rodeada de universitarios —de diferentes edades—, llena de vasos rojos y bebidas alcohólicas. Había cuatro baldes de bebidas coloridas, de las cuales Rin prefería ignorar su contenido. Se sintió instantáneamente fuera de lugar, en cambio Ayame y Koga parecían peces en el agua. Respiró hondo y se armó de valor para seguir andando hasta el interior de la casa, seguida por Damon, el cual la jaló precipitadamente justo antes de que un chico se volcara en su dirección y terminara vomitando en el suelo.
—Sweet —murmuró con una mueca y siguió andando. Con esfuerzo lograron rodear a los tipos que tomaban cerveza de un embudo con cinco mangueras.
Una vez adentro, Rin se sintió más cómoda, había pocas personas, la música no sonaba tan fuerte —puesto que las bocinas estaban afuera—, y los chicos estaban vestidos. Afuera cada que alguien perdía en los alco-juegos, perdían prendas valiosas. Ayame encontró rápidamente a su grupo de amigos y ella se le unió, ignorando que Damon tomaba otro camino, lo vio segundos después encontrándose con su hermano y la novia de éste. Se secretearon algunas cosas y después lo vio perdiéndose en uno de los pasillos que seguramente conducían al baño.
—Te gusta —le susurró Ayame en el oído y Rin se sonrojó notablemente.
—Claro que no, ya te dije lo que pienso de él.
—Lo que tú digas —le dijo Ayame con una sonrisa enorme en sus labios—. Por cierto, se te corrió el delineador —Rin se llevó el dedo a su ojo derecho—. No en el otro, Rin no te toques, ash a ver —la pelirroja le quitó la mano de la cara y comenzó a difuminar el delineador, sacó de su bolsa el maquillaje y se lo extendió—. Será mejor que vayas a arreglar ese ojo al baño.
—Gracias —Rin aceptó, guardó el delineador en su bolso y se fue por el mismo pasillo por el que había visto a Damon, confiada en que llegaría al baño. Vio dos puertas, ambas cerradas, tocó la primera y no recibió respuesta, la abrió y se encontró con una sala de estar, una gran pantalla apagada y un sofá cama. Cerró y se aventuró a la otra, tocó, pero tampoco recibió respuesta—. Extraño —abrió la puerta, la luz estaba encendida y algunos cajones abiertos. Era una recámara. Pensó por un momento que quizá Damon había ido ahí para encontrarse con alguien más y dejó escapar el aire que sin notar, había estado reteniendo.
Dispuesta a salir para no parecer una tonta interrumpiendo algo importante, avanzó hacia la puerta y escuchó voces aproximarse, se puso nerviosa. ¿Qué diría que estaba haciendo? Además, había cajones de ropa abiertos, pensarían que había esculcado. Repentinamente alguien le llegó por atrás y tapó su boca, jalándola al interior del closet. Rin se puso nerviosa, estaba casi segura de que se trataba de Damon, pero aquel sobresalto casi le avienta el corazón fuera de su pecho. El hombre la apretó contra su cuerpo y dos chicos entraron al cuarto. Rin sintió el borde de una zapatera contra su muslo, el espacio era bastante reducido.
—Lo siento hombre, no sabía que saldría tan mal —comentó uno divertido—. Carajo esa maldita chapa que no sirve —se acercó a su cajón y lo revisó, al percatarse de que no faltaba nada, lo cerró—. Seguramente se decepcionaron al saber que no guardaba ahí los condones.
—Ya no seas mamón y dame una camisa nueva, me la dejaste hecha mierda —Rin se horrorizó al sentir un arma contra su espalda baja, con una mano Damon le tapaba la boca mientras que con la otra sostenía un arma contra ella. ¿Pensaba usarla de rehén? ¿Por qué haría tal cosa? ¿Estaba robando?
Miles de ideas pasaron por su cabeza en ese momento.
—Ya voy, están en el closet —se acercó hacia donde ellos estaban y ella gimió de miedo.
—Shhhh —Sesshomaru notó la piel de ella enchinarse y suspiró sobre su hombro. Ella se tensó en respuesta, le lamió suavemente aquel tramo de piel que palpitaba salvajemente, para después hundir sus dientes con mayor suavidad y ella gimió más fuerte. Antes de que abrieran las puertas del closet, la giró y la subió a la zapatera, posicionándose entre sus piernas, devorando sus labios sin darle tiempo de emitir sonido alguno.
—¡Oh, tío! —Sesshomaru echó a Rin hacia atrás con la intención de que no se le viera el rostro, únicamente sus torneadas piernas alrededor suyo—. Lo siento hombre, sólo veníamos por una camisa —se explicó el dueño de la casa, fingiendo que no había interrumpido nada y tomó la prenda, emparejando las puertas y le tendió la camisa a su amigo que ya se había quitado la que llevaba vomitada—. Joder, ¿Viste su bultote? —su voz desapareció a la par que salían del cuarto.
Y Sesshomaru se molestó porque aquello era verdad, nuevamente estaba tan duro que podría romper una tabla con su pene. Y se había atrevido a besar a Tanner, de forma apresurada con intención de que le siguiera el juego, pero su beso había sido torpe, como el de una niña y se sintió como un tremendo cabrón por haberla usado para despistar a aquellos chicos. Aunque no podía negar que la necesidad en su miembro había aumentado notablemente al tenerla tan cerca. La calidez que desprendía su pequeño cuerpo lo estaba volviendo loco y su juicio estaba viéndose nublado. Rin era peligrosa para él, no. Él era peligroso para ella, estando hambriento y teniéndola bajo su control sabía que era capaz de dejarse llevar.
—¿Te has puesto caliente sólo de tenerme encerrada en un closet? —murmuró ella con sarcasmo. Sesshomaru le tomó una mano y se la puso sobre su dolorida erección.
—¿Te queda alguna duda? —Rin enrojeció al darse cuenta de que no se trataba de una pistola, al menos no de una de balas. Su sobresalto debió ser bastante obvio porque él ladeaba una sonrisa bastante... Sexy.
Sesshomaru sabía que no había sido el simple hecho de tenerla cerca, debía ser algo más. Desde antes siquiera de verla ese día, en cuanto había empezado a pensarla en el asiento del piloto de su auto. Ella intentó mover la mano, pero al hacerlo friccionó contra su masculinidad y él gruñó, Rin tragó seco. La mirada ambarina se había clavado en ella, aquellas lagunas de oro líquido la veían impregnadas de lujuria y su respiración comenzó a ser errática. ¿Cómo podía hacerle eso sólo con verla? Le atravesaba el alma y hacía que su voluntad flaqueara, ese hombre la tenía completamente a su merced y Rin no estaba poniendo mucha resistencia.
—Damon —Rin se quedó con los labios entreabiertos, incapaz de protestar. Su mano seguía unida al endurecido miembro y ella estaba incapacitada para hacer nada.
Sesshomaru colocó su dedo índice sobre sus labios y los acarició suavemente mientras que los otros dedos se posaban cerca de sus anginas, donde su pulso acelerado la delataba. Estaba asustada, o excitada. Quizá ambas. Antes de que ella hiciera algo para detenerlo, Sesshomaru se precipitó a devorar hambriento aquellos rosados y carnosos labios, Rin gimió y él le soltó la mano para jalarla contra su cuerpo, pegándola contra su virilidad y ella gimió de nuevo sobre sus labios intentando resistirse y alejarlo de ella, volviendo aquel beso tan tóxico que parecía hacerle daño, pues no sólo no respondía con la pasión que él demandaba sino que también gemía cada vez que él la apretaba contra su endurecida masculinidad.
Sesshomaru se alejó apenas nada para dejar que tomara aire, y comprobar si seguía resistiéndose, pero ella lo atrajo de nuevo contra sí, enroscando sus piernas sobre sus caderas, reclinándose levemente hacia atrás. Dejó que la mano de Damon subiera hasta atrapar uno de sus senos, el cual comenzó a masajear con ímpetu. Rin sentía su mente espesamente anubada, lo único que necesitaba en ese momento era la cercanía de él contra su cuerpo, sus besos, sus caricias, su sonrisa ladina y todo lo que pudiera ofrecerle. Aquel encuentro parecía un bálsamo contra todo lo malo que había pasado en el último mes.
Lo sintió frotarse contra su intimidad, simplemente era una experiencia deliciosa, nunca había estado tan cerca de algún hombre. Aunque Damon no era el primero en besarla —sino el segundo—, aquel intercambio de caricias era mucho más apasionado que el primero. Comenzó a sentirse realmente húmeda, y cuando él dejó de frotarse contra ella, Rin lo apretó trenzando sus piernas con más fuerza, pegándolo fuertemente contra sí para comenzar a mover las caderas hacia arriba y hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Friccionándose contra él, arrancándole sonoros gruñidos que eran atrapados por sus labios.
Con la respiración irregular, Rin comenzó a buscar a tientas su masculinidad. Sesshomaru la ayudó desabrochando su pantalón de mezclilla obscura. En cuanto bajó sus bóxers Rin obtuvo en su mano lo que había estado buscando. Estaba muerta de nervios, nunca en su vida había sentido algo así. Caliente. Grande. Húmedo. Sabía que aquello estaba mal. Fatal, pero los gruñidos de él contra su oído eran hipnóticos. Con su mano libre buscó su rostro y él volvió a volcar sus labios sobre los de ella, mordiéndole suavemente el inferior, arrebatándole un sonoro quejido de placer.
Rin apretó el miembro de él en respuesta y el beso se volvió más demandante. Sabía que estaba devolviendo sus caricias de forma inexperta pero no le importaba. Había perdido el control con aquel hombre y una parte de ella —la que recién salía de su escondite en el cual había estado por años—, retomaba el control. Dejando a la calmada y seria Rin de lado. Sintió la grande mano de él envolver la suya y ayudarla a marcar un ritmo más rápido, más apretado, más fuerte. Rin sabía que si terminaba ensuciaría todo en un armario ajeno. Buscó con la mirada algo que pudiese usar y cuando lo encontró, cubrió su mano y la de él.
—Estás censurándonos —le dijo al oído con demasiado esfuerzo, y ella se estremeció.
—Pensé que no querías terminar y ensuciar no sólo tu ropa.
No recibió respuesta, en cambio la velocidad y fuerza de sus caricias aumentaron notablemente mientras Damon jadeaba contra su oído y un cosquilleo se produjo en su intimidad, aumentando a la vez que ella apretaba sus piernas. El ritmo fue disminuyendo hasta volverse tranquilo y Rin pensó que estaba por terminar hasta que progresivamente aumentó de nuevo. No es que no supiera nada de sexo, había leído y también por mera curiosidad había visto algunas películas explícitas, y pensaba que aquel acto no duraría tanto. Sin embargo, por más que estimulara el erecto y duro pene de Damon, simplemente no lo sentía cerca de terminar. Apretó los labios y aprovechando que las caricias perdían fuerza, utilizó su pulgar para jugar con el glande y provocarlo.
Damon mordió su cuello en respuesta con suavidad y se quedó pegado a ella, utilizando su lengua para explorar los rincones más sensibles de su piel. Ella suspiró y continuó jugando con sus dedos hasta que la mano de él se aferró a la suya mientras que la otra enterraba sus dedos en su sedoso cabello, deshaciendo su peinado y dejando caer el cabello castaño sobre sus hombros y espalda, intensificando su aroma a vainilla. Con poca sutileza tiró del cabello y la obligó a verlo a los ojos antes de atacarla nuevamente con su boca, profanando con su lengua la tibia y húmeda cavidad. A pesar de la fuerza con la que había iniciado el beso se fue tornando más lento, más profundo...
Al igual que el beso, la mano de él fue perdiendo fuerza sobre la pequeña mano de ella, y cuando las caricias se volvieron lentas y profundas, Rin lo sintió terminar sobre sus dedos durante largos segundos. Su mano se cubrió de aquel espeso y calinoso líquido que salía sin parar mientras él seguía moviendo sus manos a lo largo de su miembro. Ella supo que haber tomado aquel sombrero no había sido mala idea, pues Damon no dejaba de expulsar su excitación. El dueño posiblemente nunca notaría que le hacía falta un sombrero rojo cuando tenía otros tres del mismo color. En cuestión de segundos tenía la sudada frente de Damon recargada en su hombro, podía sentir su corazón latiendo con fuerza y rapidez.
Sesshomaru en cambio sentía un fuerte zumbido en la cabeza que terminó en una insoportable cefalea. Aquella liberación había sido maravillosa hasta que su cabeza amenazó con explotar. Ella soltó su miembro y él la soltó a ella. Levantó el rostro, veía un poco borroso, pero eso no le impidió encontrar su boca. Besó los labios de Tanner nuevamente. No entendía por qué estaba haciendo eso, sabía que necesitaba liberar algo de estrés. Pero ella simplemente era Tanner y comenzaba a sospechar que le sería difícil contenerse en un futuro. Se alejó de ella y Rin le sonrió nerviosa, dejó el sombrero a un lado de ella mientras hacía hasta lo imposible por buscar algo en su bolso con la mano que tenía limpia. Encontró un paquete de clínex y comenzó a limpiarse, él hizo lo mismo.
Rin estaba muerta de vergüenza. Se había dejado llevar y había hecho algo que nunca haría. Respiró hondo intentando calmarse y buscó la mirada de él. Seguramente pensaría que era una cualquiera, o una desesperada, pues había dejado claro que no tenía ni una gota de experiencia. Todas las caricias, los besos, la seducción... Todo había iniciado por parte de él. Quizá ella lo provocó un poco al principio, pero no hizo mucho después de eso, y aun así las cosas habían llegado bastante lejos.
—Vas a pensar que soy una fácil —le dijo cuando lo encontró mirándola con un sentimiento que no supo describir.
—No Tanner, yo no soy como los hombres que ven a las mujeres como objetos sexuales —y no mentía. Incluso si eran amantes momentáneas, Sesshomaru nunca las había hecho sentir así. Era frío y poco expresivo, pero no era un patán—, ni siquiera si hubieses sido una experta —murmuró acercando sus labios a su oído y ella dio un respingo—. Porque por tu expresión deduzco que el mío, es el primer pene que has visto en tu vida —y Rin enrojeció por completo cuando él lamió delicadamente su piel.
No sólo era el primero que había visto, también el primero que había tocado, acariciado, estrujado y claramente el primero que se corría entre sus inexpertos dedos. Y no era que Rin no hubiese salido antes con chicos, a sus veintitrés años había tenido algunas citas fracasadas y todo se debía a su carácter hermético, los hombres se cansaban de no poder ver más allá de su fachada. Muchas veces Hakudoshi había bromeado sobre eso, preguntándole si no era asexual. Rin simplemente nunca se había cruzado con un hombre tan dominante y erótico como el que tenía entre sus piernas en ese momento.
—¿Tan obvia fui? —preguntó con una sonrisa burlona y él asintió, sintiéndose un poco menos afectado por su dolor de cabeza—. Será mejor llevarnos eso —señaló el sombrero—. Al dueño no le gustará nada...
—Pensé que querías un recuerdo —sonrió maliciosamente y ella abrió la boca, pero en lugar de protestar le pegó en el brazo. Compasiva porque el dueño no se lo pusiera nunca, lo echó dentro de su bolso de forma que no se le derramase dentro.
Salieron del cuarto, por fuera todo estaba igual a cuando lo dejaron, a excepción del grado de alcohol que tenían muchos jóvenes en sus sistemas. Rin asomó la cabeza a la puerta principal, en busca de aire. Damon detrás de ella. Vio a un grupo de chicos llegar, ellos ya habían llegado, los había visto. Y no parecía que habían ido a la tienda, era demasiado tarde. Pero se veían extraños. Después un carro se encendió, Rin alcanzó a ver al conductor, llevaba una gorra con visera en plena noche, la veía de forma lasciva con pequeños ojos marrones, casi rojos y su expresión fue aún más sádica combinada con su labial oscuro y las pestañas postizas que llevaba. El tipo le sonrió con chulería y arrancó el carro.
Ella recordaba perfectamente esos pequeños labios.
—¡Es él! —le dijo a Damon y corrió para ver si alcanzaba a ver la matrícula, pero el carro negro desapareció demasiado rápido—. Es el tipo que estaba en las regaderas de la escuela —entró en pánico—. Tsuru negro, maldición no vi la placa.
—Cálmate —Damon la tomó del brazo—. ¿Estás segura? —ella asintió, buscó a los chicos que había visto y los encontró caminando hacia la parte trasera de la casa.
—Creo que ellos venían de la misma dirección en la que estaba el carro —Damon los siguió y ella fue tras él. El patio trasero estaba vació, vieron a los chicos sacar una bolsa de papel café y repartirse algunas pastillas. Damon estampó a uno contra el ventanal de la casa.
—¿Éxtasis? —el joven asintió, asustado.
—¡Son nuestras hermano! —gritó otro—. Consíguete las tuyas —Sesshomaru desvió su atención y miró al tipo que había hablado.
—Eso mismo quiero, ¿D-Tear se ha ido? —el chico asintió—. Ese Tsuru negro era suyo, ¿no? —volvió a asentir y Sesshomaru soltó al tipo que tenía de las solapas—. Y tú me vas a decir cómo contactar con él si no quieres conocer a mi amiga —los chicos miraron a Rin y ella se encogió, sin saber qué pretendía él—. No hablo de ella —se llevó la mano a la espalda.
—¡Joder, es el tío que amenazó a Shuran con una pistola! —Sesshomaru sonrió de manera malévola y los chicos se pusieron tensos.
—De acuerdo, puedes llevártelas —señaló la bolsa de papel—. No es fácil localizarlo, a veces aparece en las fiestas, a veces no —sabía que debía decir todo lo que sabía antes de que Damon decidiera sacar su arma—. No le vende a los nuevos, si quieres comprarle tendrás que hacerlo mediante alguien a quien él le tenga confianza.
—¡Rin te he estado buscando! —la voz de Ayame interrumpió la reunión. Damon les señaló con la mirada la puerta del jardín a los chicos para que se fueran del lugar, no les quitó sus pastillas, poco le importaban. Sin embargo, las dejaron en el suelo.
—Lo siento —Rin distrajo a Ayame—. Estaba con Damon...
—Lo noté —sonrió su amiga al ver su alborotado cabello suelto el cual le llegaba casi a la espalda baja hecho un verdadero desastre—. ¿Sabes? No me siento muy bien, pensé que quizá podríamos irnos temprano —Rin miró a Damon y éste asintió.
Regresaron a la camioneta, Koga los esperaba ahí, Sesshomaru les pidió unos minutos para hablar con Inuyasha antes de irse. Lo puso al tanto de lo que había encontrado esa noche, sobre todo lo relacionado con el dealer. No le contó que se había sentido incómodo porque cuando caminaban hacia la camioneta para reunirse con el moreno, recordó que había tomado el café que su hermano le había dado. El café que según Inuyasha, Kagura había preparado para él. Como si Sesshomaru no conociera los efectos secundarios del viagra. Y entonces se dio cuenta que sus problemas de aquella noche habían sido provocados por Inuyasha. Le había pedido el sombrero a Rin y se lo había puesto en la cabeza antes de irse.
—Dicen que es de la suerte —le dijo al momento de dejarlo con la rubia.
—Te queda bien —comentó Karen quien no había tomado nada esa noche y bailaba con el chico que llevaba un sombrero rojo en la cabeza. No sabía que pasaría su romántica noche lavando el cabello de Yasha Miller.
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Viagra: Aumenta el rendimiento sexual en hombres mayores. No es recomendable para jóvenes por los efectos secundarios y porque simplemente no lo necesitan. Ya vieron los efectos secundarios XD La cefalea es un intenso dolor de cabeza que se concentra en una sola zona.
Ustedes dirán que Sessh tuvo semejante erección por el viagra, pero qué creen? La pastillita NO es mágica, necesita una estimulación y lo que hace es prolongar la erección. Sesshomaru se excitó únicamente de pensar en Rin y la pastilla hizo lo suyo 7u7r
Dimaria Yesta: Es un personaje de Fairy Tail del Imperio Alvarez
Blíster: El envoltorio metálico donde vienen las pastillas.
Otra cosa que olvidé mencionar en un capítulo, era que la morgue no está en el mismo lugar que la estación de policía pero para facilitar un poco los procesos y demás (además de ahorrar muchos viajes), decidí dejarlos en el mismo lugar. XDDD
La canción que Ayame pone es A Thousand Miles de Vanessa Carlton. Nunca la he escuchado completa pero me acordé de la película de: ¿Dónde están las rubias? Y bueno, tenía que ponerlo porque cada que veo esa película me río como foca retrasada X'DDDD
Respondiendo a los bellos que no tienen cuenta o que no puedo mandarles mensajes:
Kagura: Gracias :3 haha lo tenía pensado desde hace ya un tiempo XD Kagura siempre es la interesada pero aquí no XDDD Awwww gracias hermosa :'3 me haces llorar! HAHAHAH Rin se rió en su cara pero el se vino en sus dedos XDDD ajá, ambos se mienten mucho XD
Isa Taisho: HAHAHA torpeza, volví a morir de risa con la torpeza XDDD pobre Sessh! Gracias por leer :3
Kagoyame: Sí! Yura e Inu No! :D hahahaha le gustan maduros! dejenla XDDD HAHAHA por eso son amigas XDDD exaaacto! Pobre Sessh! Decidí darle la liberación al final XDDDD No era Karen tranquila :3 Tampoco Nazuna XDDD
DomPath: Y los tendrán 7u7 Sí, Inu y Karen se aman de verdad! dejenlos ser! ):
ZY: Es que Yura y Sango son dobladas por la misma actriz de doblaje X'DDDD Sexo puro y sensual XDDD El suegro no está nada mal e.e Pobre Ayame ): he sido cruel con ella u,u No, nunca nadie XDD rompo paradigmas desde tiempos inmemorables X'DDD
Dani Pasos: Me alegra que te encanten :3 HAHAH lo recuerdas? pobre hombre! lo trato fatal XDDDDDDDD HAHA debajo de él, o arriba 7u7 Saludos nena!
Lin: Gracias :D :D :D Awww haha perdón, sí cambié mi nick XDDD hahha pobre Sessh sí! sólo ha sido tierno con ella :3 muajajaja sí ;) No, pobre KAREN ): nadie la entiende ): Si, Karen tiene problemas con el alcohol y es voluble ): Sesshomaru se pasó con ella ): Sólo tomar u,u
Alguien U: Sí haha Rin es una ama aquí 7u7 aunque nerviosa y temerosa también puede ponerse los ovarios y bien puestos! Charlie era muy bruto XD
Another Angel Down: HAHAHA me conoces bien! e.e sabes lo que planeo para esos tortolos XDDD Sabemos de dónde viene el profesor 7u7 es alguien muy sabio! Puede que sea Kai, puede que no. Fue curdo! Pobre Karen la trató fatal ):
Agradecimientos generales:
DreamFicGirl
Kagura
Isa Taisho
Abigz
Cleoru Misumi
Lady Bretta
Kagoyame
Milly Taisho
DomPath
HoolieDaniSars
Baby Sony
ZY
Dani Pasos
Tatistus
Lin
Indominus Dea
Alguien U
DanaLovesOhana
Fabricio
Another Angel Down
Gracias a los guest por leer y comentar! un abrazo de oso para ustedes!
Este fic participa en la campaña de Elixir Plateado, con voz y voto. Porque leer y no comentar es como agarrarme las tetas y salir corriendo!
Recuerden que sus reviews motivan a los autores a seguir publicando!
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