Disclaimer: Inuyasha y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, lo demás es mío :P
Hola mis amores preciosos! les traje otro capítulo de esta historia :D perdón por la tardanza y perdón por la chicas que siguen subiendo capítulos y no me he podido poner al corriente DX realmente ando muy cortita de tiempo pero no las he olvidado :3
Primerito que nada, este fic (TODO EL FIC) está dedicado a todos los bellos lectores, pero quiero hacer un paréntesis para una persona en particular. Sí, absolutamente y desde que lo empecé a escribir quería dedicárselo pero me pareció más adecuado ponerlo hasta el final. Hubo un lapso donde no sabía si esa persona lo iba a terminar X'D pero de todas formas está dedicado a ella. Confío en que algún día ella llegue al último capítulo y sonría y me pueda dar zapes o demás y que leerlo sea entretenido y no lo sienta como una obligación... Es por eso que no digo el nombre de la persona.
Yo le debo mucho, aprendo de ella y es una de las personas más apasionadas que he conocido. También la admiro y respeto mucho. ¿Saben? A veces hay personas que aparecen en nuestra vida por algo importante y ella es una de ellas. (Todos ustedes son importantes para mí), pero mucho de este fic lo he desarrollado para esa persona (además de que tenemos unos gustos muy peculiares en cuando a personajes y tramas X'DDD). Sólo espero que esta historia les agrede a mis lectores (ya que tiene demasiado de mí), y bueno haga crecer la pasión por esta pareja (y otras que irán saliendo).
Cambiando de tema y antes de olvidarlo, recuerdan que les dije que no habría mucho lemon? Pues para hacer no tan pesada la lectura y avanzar más con las relaciones de los pjs, pondré lime seguido X'D es que no puedo evitarlo, lo intenté y se me hizo un poco más pesado escribir sin sus apasionados roces :v hahaha
Lo mencioné en mi perfil de fb dedicado a fanfiction "Iblwe McGarden" por si me quieren agregar (estaré subiendo spoilers y dibujos ahí), en qué estaba? Ah sí, al final en la última escena hay una referencia explícita al caso de la pequeña Caylee Anthony... Realmente es uno de los casos que me han dejado frustrada y llorando de coraje. Por eso quise nombrarlo, porque casos como esos no deberían olvidarse, en México sucedió algo similar pero con fines políticos -cortinas de humo-, conocido como el caso Paulette (obviamente es algo completamente diferente), pero cuando hay niños involucrados hay mayor presión social y ni así se logra hacer justicia... U.U
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Amnistía
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El bisturí hizo el último corte. No era un simple rasguño, había separado los tejidos con una facilidad asombrosa. El movimiento de la muñeca siguió sin titubear hasta que el profesional corte alcanzó desde la gargantahasta el pubis del cuerpo femenino. Con delicadeza tomó uno de los extremos de la piel y lo levantó, permitiendo que la cámara enfocara lo que acababa de descubrir. Su masculina voz explicaba con tono monótono cada paso de lo que estaba haciendo con el cuerpo. Después de diez minutos explicó el estado en el que se encontraban varios órganos, dejando que la cámara captara todos los detalles que explicaban la causa de muerte.
Lo siguiente que se vio en el proyector fue una viva imagen del cerebro y antes de que se siguiera reproduciendo la cinta, Kagura paró el video. Todas las miradas de los presentes estaban centradas al frente en el oscuro salón improvisado. Kagura se levantó y encendió la luz.
—¿Hay preguntas? —una joven alzó la mano, estaba pálida como una hoja de papel. Kagura la señaló para que hablara.
—¿Podría ir al baño? —la mujer de labios carmesí tomó aire despacio, asintiendo. La chica se levantó corriendo, pero no alcanzó a salir del salón, se paró junto al basurero y comenzó a vomitar.
Las burlas y risas no se hicieron esperar. Kagura no entendía por qué los jóvenes sensibles se adentraban en la carrera de medicina. Dudaba que esos malestares se pudiesen quitar algún día, sin embargo, ahí estaban haciendo sus prácticas profesionales con ella. Buscó con la mirada a uno de los alumnos que no estuviese cuchicheando sobre el comportamiento de la chica, ubicó a Koga, el moreno miraba atentamente su celular mientras mandaba mensajes y aquello la irritó. Los celulares estaban abolidos en las sesiones. Lo llamó por su apellido y el chico alzó el rostro, sin despegar su mirada del móvil.
—Acompañe a su compañera a la enfermería, y entrégueme ese aparato —Koga alzó los ojos por fin, frunciendo el ceño con molestia.
—Lo que sea —el moreno se levantó a regañadientes y dejó su celular sobre el escritorio de Kagura para después dirigirse a su compañera. En cuanto salieron Kagura retomó su clase.
—James, reparte estas hojas a tus compañeros, es una serie de preguntas sencillas —aunque la hoja incluía temas más complejos que exigían respuestas detalladas.
—Sí profe… Doctora —Kagura detestaba ser llamada maestra o profesora. Ella era una doctora, una carrera larguísima y había hecho especialidad. No le parecía correcto que la degradaran, ella no les estaba dando clases, aunque eso pareciera. Los estaba preparando para las prácticas con cuerpos reales. Asesorándolos, pero no era su maestra.
Koga simplemente mantenía la mirada en su celular para evitar prestar atención a la doctora. No era la primera vez que fantaseaba con ella durante las sesiones de prácticas y aquello se estaba volviendo realmente molesto. Después de dejar a su compañera en la enfermería, pasó al baño y empapó su cara con agua helada. Hubiese entendido ese comportamiento por su parte de ser más joven. Quizá entre los dieciocho y veinte años, a esa edad muchos chicos fantasean con mujeres mayores. En cambio, a sus casi veinticinco años aquello lo estaba matando. Pues la doctora era sexy, muy sexy y se estaba metiendo cada vez más profundo en su subconsciente.
Sin embargo, el ambiente en el que se encontraba con Kagura no se prestaba para alimentar sus fantasías, y allí seguían, presentes en cada rincón de su mente como recuerdos. Nítidas. Lo cual era tortuoso, había estado con varias mujeres, pero ninguna como ella y no entendía porque parecía como si conociera cada rincón de su cuerpo. Quizá su imaginación había volado demasiado. Cuando la veía actuaba como un verdadero idiota, evitaba si quiera mirarla por el miedo de ser descubierto. Lo cual no alertaría de nada a la doctora, pues todo el mundo en aquel salón tenía su atención en ella, era la encargada de darles las lecciones. Pero Koga sabía que siempre que posaba sus ojos en ella, le hacía el amor con la mirada y quería evitarlo a toda costa. Pues varias veces su amigo se había quedado con las ganas... Y luego tenía que ir a terminar solo a los baños del hospital.
Estaba por demás decir que la presencia de Kagura lo descolocaba, desconectando su cerebro del resto de su cuerpo. Por esa razón se mostraba tan reticente a entablar una relación normal de practicante-doctora. Si llegaba a tenerle confianza, terminaría por hacerla suya sobre su escritorio sin importarle las consecuencias. Y también había fantaseado mucho el cómo.
Y luego lo invadía la culpa, no sabía qué era lo que sentía exactamente. Kagura era un imposible, un amor platónico, un crush. En cambio, lo que sentía por Ayame era amor genuino. Siempre había pensado en aquello, incluso cuando la pelirroja terminó con él sufrió como nunca había sufrido, y lo que le había dicho a Rin era verdad. Estaba dispuesto a esperar, quería estar con Ayame, estaba muy enamorado de ella. Lo que tenía no era una situación complicada, Kagura era como la artista famosa de la que se enamoran los adolescentes, y Ayame era la mujer con la que quería compartir su vida. Así de fácil y sencillo. Su situación no debería representar problema alguno, sin embargo, pensar que al finalizar mayo ya no vería a la doctora lo ponía de pésimo humor.
Secó su rostro y caminó de nuevo por los impecables pasillos del hospital hasta llegar al improvisado salón donde veían vídeos de cómo se abría un cuerpo. Llevaban al menos dos semanas con toda la teoría —y no es que no la supieran ya—, pero la doctora quería prepararlos bien antes de que les mostrara ella misma él procedimiento en vivo y en directo. ¿Quién podía pensar en sexo en semejante ambiente? Pues ni siquiera el ambiente impedía que Koga y su compañero sintieran algo por la doctora.
Entró al salón, todo el mundo resolvía ejercicios en una hoja de papel, excepto James que estaba parado frente al escritorio de Kagura mientras exponía ciertas dudas. O eso quería hacer creer pues sus preguntas eran bastante estúpidas, como la diferencia entre una autopsia clínica o una forense. Eso lo sabían todos ahí de cabecera. Koga se acercó para pedir una hoja de ejercicios y escuchó la breve definición de la doctora quien intentaba explicarle a su compañero las diferencias. La mirada de James estaba clavada sobre los ojos carmesí de Kagura mientras asentía. No lo culpaba, aquellos ojos eran enigmáticos.
En cuanto Kagura le regresó la hoja a James, Koga aprovechó para chocar su brazo con el de él, James se sorprendió por su ataque, pero Koga lo corrió con la mirada. Todavía seguían peleados y distanciados por el problema del capitán para el equipo de rugby, sin embargo, la autoridad que el moreno proyectaba afectaba al otro chico como cuando eran grandes amigos.
—Tienes menos de veinte minutos para contestar esa hoja —anunció Kagura sin levantar la mirada de los documentos que leía. ¿Tan poco le interesaba que no se merecía si quiera una mirada?
—Tsk —Koga se dirigió a su lugar, su celular estaba en el escritorio de la doctora y la pantalla se prendía cada dos minutos por los mensajes de Ayame, ya le explicaría que le habían recogido el móvil.
Todavía no sabía por qué razón la pelirroja lo había alejado. Sin embargo, no se sentía como si su relación hubiese terminado desde que ocurrió aquel incidente en casa de Freedy. Desde que descubrió que Ayame no lo había dejado por Rin, su relación había vuelto a ser la misma, aunque sin el título de novios. Tampoco tenían muchos encuentros y llevaba más de medio mes sin tener sexo. Ante todo, el mundo habían quedado en buenos términos, ente ellos su relación continuaba casi con la misma pasión.
Casi...
Y era así desde que Ayame se mudó a la habitación de Rin, se había vuelto muy dependiente de la castaña. Todo el tiempo quería saber dónde estaba, y con quién estaba. Quizá lo ocurrido con Charlie la había traumado y por eso se preocupaba tanto por Rin, pero aquello estaba causando que se alejara un poco de él. No podía decir que sentía celos, pues a leguas se veía que ocurría algo entre Rin y Damon, el tipo era muy territorial con ella y se había percatado de que habían desaparecido juntos en la fiesta anterior. Era evidente que tenían alguna especie de relación. Y no era culpa de Rin que Ayame fuese sobreprotectora con ella. Pero aquello lo hacía sentirse desplazado. Respiró hondo y miró a su alrededor, todo el mundo se había levantado y estaban entregando su hoja a la doctora, él no había puesto ni su nombre. Miró el reloj que colgaba de la pared de enfrente y vio que la sesión había concluido. Perfecto. Y él no había hecho nada.
—Koga Wolf necesito su ejercicio —demandó la doctora cuando todos los demás salieron, él no se había movido de su lugar.
—No lo hice —contestó parcamente tallándose las sienes.
—No tendrá los puntos de hoy, no completos —Kagura comenzó a guardar sus cosas para irse y Koga bufó.
—Espere —comenzó a contestar la hoja, sin embargo, cuando iba en el primer renglón de la primera pregunta, la doctora se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta. Koga sabía que ella no perdía su tiempo, una vez que la sesión terminaba, ella se iba, aunque medio salón no hubiese terminado. Se levantó de un salto y corrió rápidamente hasta ponerse enfrente de ella, Kagura se sobresaltó por su asalto—. ¿Podría entregarlo después? —ella puso los ojos en blanco.
—Tienes hasta las seis de la tarde, voy a estar en la morgue de la estación de policía. Pero no tendrás la calificación completa —Koga apretó la mandíbula y asintió, aunque esa mujer fuese más baja que él en estatura, imponía bastante. Y había descubierto que podía parecer de hierro, pero varias veces le había mostrado lo flexible que podía ser... Y ese pensamiento contaminó su mente en un segundo—. Tu celular está sobre el escritorio —y con esas palabras lo rodeó y salió.
Kagura llegó a la cocina para doctores y se preparó un café, tenía todavía una hora libre antes de una autopsia clínica que tenía en el hospital y necesitaba relajarse. Hablaría con la estudiante que se enfermó durante la sesión, sabía que estaba a punto de graduarse, pero no lo estaba haciendo en la carrera que ella quería, y aunque lo hiciera para complacer a sus padres, debía aprender a retirarse. Kagura estaba ahí porque le apasionaba la medicina, era menos sensible ante heridas, órganos, sangre… Mucha gente era bastante buena con la teoría de biología humana, pero al momento de la práctica aquello se iba por un trasto. Para ser médico forense ella había aceptado la idea de que iba a trabajar con cadáveres toda su vida.
Le tocó ver cómo muchas de sus compañeras dejaron de realizar operaciones o autopsias por pesadillas. Ella no entendía lo que pasaba por sus mentes como para que su imaginación se proyectase de ese modo en sueños. A ella nunca le había ocurrido. Quería evitar que la joven practicante terminara de esa forma. Kagura era una mujer independiente y siempre trataba de enseñarle algo más a los practicantes, algo que pudiesen usar en su vida diaria y no únicamente dentro de una bata blanca, quizá tenía que mostrarle a la chica que renunciar a último momento no era tan malo como todo el mundo decía.
Ella había renunciado a muchas cosas con tal de llegar a donde estaba parada. Y no se arrepentía de nada porque hacía lo que ella realmente amaba. Tal vez por esa razón mantenía una amistad de años con Yura Sakasagami, porque a pesar de la extravagancia y vulgaridad de la abogada, ella nunca la había hecho elegir. Sus amigos y parejas anteriores habían tenido el atrevimiento de ponerla entre la espada y la pared: La carrera o yo, el trabajo o yo, tus practicantes o yo. Todos habían sido unos egoístas y se alegraba de haberlos mandado muy lejos. No le apuraba estar sola, lo había estado los últimos cinco años y se sentía plena de esa forma. Aunque gracias a Yura había logrado salir en varias ocasiones y disfrutar ciertos placeres de la vida, su compromiso real era con su trabajo.
Y esa era su filosofía de vida. Con eso se regía, había aprovechado muchas oportunidades y dejado ir aún más, y no se había arrepentido de tomar las decisiones que tomó. Sin embargo, había una persona que lograba hacerla sentir algo más. Como si todo aquello pudiera ser completado con un ingrediente más, y a pesar de que no era indispensable, podía darle un mejor sabor a su platillo. El problema era que no era correspondida.
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—Tiene más de una hora que dejó de contestar —Ayame estaba desesperada porque había perdido comunicación con Koga—. ¿Y si le ocurrió algo? —preguntó temerosa. Rin le quitó el celular de las manos y lo apagó.
—No le ocurrió nada, está en el hospital haciendo sus prácticas —aunque Rin no estaba del todo segura, tenía que hacer que Ayame se calmara—. Deberías tranquilizarte, mejor ayúdame a buscar a Cole —estaba decidida a dar con él ese día—. Koga sabe cuidarse.
—Lo sé —suspiró la pelirroja desanimada—. Perdón Rin, es que no saber de él me pone los pelos de punta.
—Ya hablará más tarde —Rin procuraba estar cerca de Ayame en caso de que volvieran a llamarla para molestarla con el asesinato de Abi, nada les indicaba que fuera realmente el asesino, sin embargo, era un tema bastante delicado como para bromear con aquello—. Quiero conocer a Cole antes de que me vea con Kai en la biblioteca...
—Koga me dijo que su primo está prendado de ti —le comunicó Ayame con una sonrisa socarrona en el rostro—. ¡Oh no pongas esa cara! —Rin se espantó ante la sugerencia de su amiga, Kai era un niño.
—¿Estás consciente de que soy al menos seis años mayor? —Ayame rodó los ojos y asintió.
—Además estás con Damon —murmuró en voz baja.
—No estoy con él —Rin le había contado su plan, estaba segura de que Yasha y Damon eran policías y quería información sobre el caso de Abi.
—Como digas, mira —Ayame señaló el salón donde Cole tenía clase a esa hora—. Faltan sólo diez minutos para que acabe la clase de las cuatro, seguramente no deben tardar en salir.
Rin y Ayame esperaron recargadas en la pared frente a la puerta del aula, en cuanto pasaron cinco minutos los jóvenes empezaron a salir, Ayame los estudiaba a todos con cuidado hasta que localizó su objetivo, Rin también lo notó. Era un chico bastante alto, tenía el cabello negro y ondulado atado en una media coleta con un flequillo parecido al de Damon. Sus ojos eran marrones, casi rojizos y su cuerpo estaba más esculpido de lo que Rin recordaba haber visto en la fotografía. Llevaba una playera negra de manga larga, dejando ver únicamente los tatuajes de sus manos.
—¡Cole! —lo llamó Ayame animadamente, el chico la miró algo confuso, tratando de recordarla. Después de unos segundos sonrió amablemente.
—Ayame, ¿verdad? —la pelirroja asintió, el chico miró a Rin con detenimiento—. Cole, un gusto.
—Rin —contestó ella.
—¿Puedo ayudarlas en algo? —Ayame se mordió el labio y asintió.
—Queríamos saber si todavía eres tatuador —dijo Rin mirándolo fijamente, él asintió.
—No he abierto el local por los exámenes, pero el viernes podré atenderlas —Rin se lamió los labios, la presencia de ese hombre la ponía inquieta, dejando de lado la parte de ella que creía que un hombre así era su tipo. Lo que Hakudoshi denominaba muchas veces como el síndrome de la psicóloga, aplicado en cómics como el síndrome Harley. Rin lo veía en series y películas todo el tiempo. La doctora que se enamora de su paciente. Era un cliché bastante popular, y Rin creía que en la mente de los doctores siempre estaba la parte de querer ayudar a los demás y terminaban con sentimientos mayores a la empatía.
—Tengo el diseño, quería saber cuánto me cobrarías por él —mencionó con voz firme, el chico hizo una mueca y Rin le mostró una hoja. En letras cursivas perfectamente hechas, se podía leer: Second chance. Sólo que, en lugar de estar en línea recta, seguían una línea más curvada.
—Déjame adivinar, ¿cadera? —ella asintió—. Por el tamaño y los trazos te cobraría sesenta dólares —a Rin le pareció un precio justo, no era cualquier cosa, las letras en cursivas eran más difíciles de hacer según había investigado—. Aunque si es para ti, podría bajarlo a cincuenta —sonrió con chulería antes de darse la vuelta—. Las veré después, tengo clases —se despidió con una mano, sin voltear a verlas y se fue por el pasillo.
—No sé cómo Abi pudo rechazarlo —murmuró Ayame en voz baja—. ¿Le viste el trasero? —Rin se atragantó con su propia saliva.
—¿Por qué haría eso? —preguntó roja de vergüenza—. Por cierto, ¿qué se hizo en las manos? —Rin intentó mirar disimuladamente aquella parte de su anatomía, pero no encontró forma a los colores verdosos que se veían ocupando casi toda su piel.
—No lo he visto completo, pero creo que es una serpiente marina o algo así, inicia en la mano izquierda con la cabeza y termina en la derecha con la cola.
—Recuerdo haber visto sus brazos en la foto, pero no se distinguían bien las figuras. Eso debe doler... Hablando de irse, me voy —se despidió de Ayame—. Nos vemos más tarde.
—Suerte con Kai —la pelirroja le guiñó un ojo y Rin puso los de ella en blanco. Kai podría ser como el hermano menor que nunca tuvo. Realmente se le hacía un niño tierno, demasiado tierno y adorable.
Llegó a la biblioteca y buscó al chico con la mirada, lo encontró en una mesa vacía revisando sus apuntes, Rin le había pedido que dejara de llevar consigo su libreta de dibujo, al menos durante sus clases, así podrían concentrarse de lleno en los temas que el chico no entendía. Se acercó y se sentó, saludándolo atentamente. Sacó una de sus viejas libretas y comenzaron con la asesoría. Rin lo contempló detenidamente, el pequeño era una versión de Koga en miniatura, únicamente cambiaban en el tono de piel y cabello pues Kai era de tez blanca y cabello albino. Pero sus ojos celestes y muchos de sus gestos le recordaban al moreno en demasía.
—Terminé el dibujo que me pediste —Kai le entregó una hoja de papel antes de regresar su vista a un libro.
La castaña estudió la hoja, era muy similar al hombre que había visto en el Tsuru negro la noche de la fiesta. Tenía ojos pequeños y rasgados, una nariz muy fina y los labios oscuros y el mentón triangular. Tenía un pequeño toque asiático, pero su cabello era el rasgo más significativo, pues lo llevaba suelto, largo y lacio. Su estructura era delgada eso lo sabía de antemano. Haberlo encontrado de noche sin sus gafas obscuras había ayudado mucho para que ese dibujo pudiera ser hecho con sus facciones adecuadas. Rin estaba segura de que recordaría de haber visto a alguien así antes. Si eliminaba las pestañas que ella creía eran postizas, el chico realmente tenía apariencia varonil. De otra área geográfica pero varonil. Dobló la hoja en cuatro y la guardó en sus jeans. Iba a dar con ese sujeto.
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Sesshomaru se había saltado ese día de la universidad para hacer una visita especial. Se había atado su melena negra en una coleta alta, dejando su flequillo como solía llevarlo. Tenía puestas unas gafas de sol Luxuriator sepia con armazón tipo marfil —imitación—, pues las originales superaban los sesenta y cinco mil euros. Una camisa negra de botones, un cinturón ancho con hebilla dorada, unos jeans deslavados y unas botas cafés obscuras vinipiel, el mismo material que el cinturón. Aquel atuendo lo usaba para impresionar, sin mencionar la magnum de mango dorado que portaba sin pudor a un costado. Cualquiera que lo viera en aquella cantina se la pensaría dos veces antes de acercársele tres metros. Le gustaba portar la finta de narcotraficante, todo el mundo le temía a esos sujetos. Sin embargo, había alguien a quien no podía apantallar.
—Damon —el anciano que atendía la cantina, mejor conocido como el Ermitaño, supo en seguida de quién se trataba. Sesshomaru entró sin quitarse los lentes y sin voltear a ver a nadie, consciente de que muchas miradas se posaban en él. Siempre aparecía con una apariencia distinta, por lo que sabía que nadie nunca lo reconocía, nadie más que Bruno Gonzales.
—¿Me recuerdas, Ermitaño? —Sesshomaru jaló un banquillo de la barra con un chirrido estrepitoso, con eso bastó para que todo el mundo regresara a sus asuntos—. Vengo con otro encargo —si bien habían pasado dos años desde que se habían visto por última vez, Sesshomaru nunca le había perdido la pista, ni a su familia tampoco.
—Por favor, no quiero problemas —el hombre se había dejado el bigote blanco larguísimo, dándose unos cuantos años más de los que tenía. Su apariencia era confiable para la gente que seguía acudiendo a su cantina, un hombre mayor, con la coronilla de la cabeza calva y cejas tupidas de canas no parecía representar el mayor problema. Y eso beneficiaba mucho a Sesshomaru.
—Y yo no quiero perder mi tiempo —conminó con voz grave y el hombre se encogió en su lugar. Sesshomaru conocía de pies a cabeza la historia del hombre y tenía ubicada a su familia. El hombre puso un tarro de vidrio frente a él.
—¿Obscura o clara? —Sesshomaru bajó muy poco el armazón de los lentes de sol—. Obscura —el señor se puso a llenar el tarro con hielos y cerveza cara. Sesshomaru se inclinó hacia adelante.
—Busco a un vendedor de droga, es conocido como D-Tear, es un personaje peculiar —el Ermitaño no reaccionó ante el apodo—. Sus clientes no lo conocen ni tampoco lo escogen, es bastante especial respecto a quién le vende —el hombre mayor le cedió el tarro y Sesshomaru dio el primer sorbo.
—Esta vez no puedo ayudarte —alegó rotundamente y se puso a limpiar la barra con paciencia, Sesshomaru dio otro trago y colocó el tarro frente a él.
—Sospecho que está involucrado con el secuestro y asesinato de una joven —vio a través de la mica de los lentes que el hombre detenía sus movimientos—. La joven era estudiante de la Universidad de Louisville —intentó hacer un poco más de presión—. Y hace unos días encontraron otro cuerpo con características similares —exageró, nada vinculaba aquellos crímenes, pero el Ermitaño no tenía que saberlo—. Aquella joven tenía la edad de tu hija —el hombre tragó duro.
—Ya te dije que esta vez no me pienso involucrar —a pesar de sus palabras, el hombre titubeó antes de hablar.
—Dímelo Ermitaño —Sesshomaru frunció ligeramente el ceño—. No tienes muchas alternativas, Bruno…
—Vamos Damon la última vez que te di una pista les cayeron los capos y casi se vuelven contra mí —Sesshomaru notó que su frente arrugada se había perlado de sudor, no sabía a quién le temía más, si a él o a los matones que frecuentaban la cantina.
Sesshomaru tomaba ventaja de que casi nadie conociese su verdadero nombre. En alguna ocasión su abuelo materno le había dicho que el nombre de un demonio daba cierto poder sobre él a quienes lo sabían. Nadie tenía poder sobre el gran Sesshomaru pues pocos eran los que conocían su nombre real. Había sido su afición por los demonios lo que lo había llevado a elegir un nombre falso que hiciera alusión a éstos. Y también se daba libertades de actuar como uno, aunque realmente la familia de Bruno no estaba en peligro, Sesshomaru le hacía creer que sí. El Ermitaño sabía que era un detective, sin embargo, para el cantinero, Sesshomaru era más peligros que los criminales sentados a su alrededor.
—Regresaré —sacó un par de billetes y se puso de pie, haber sacado el tema de su familia le recordaba a Bruno que no tenía muchas opciones. Había una sola razón por la que todavía no era denunciado ni deportado, por sus aportaciones con la policía y era algo que no le convenía perder.
Sesshomaru salió y se subió a la camioneta negra que lo esperaba, toda esa parafernalia había sido idea de su hermano, la camioneta había sido prestada por un amigo suyo y la ropa había salido de su armario de disfraces para misiones. Aunque Sesshomaru admitía que ese tipo de papeles le daban cierto placer, la cara de temor de las personas de la cantina en cuanto entró no tuvo precio. Fue un momento épico que alzó su ego. Ganas no le faltaron de rascar más sobre el tema, pero tampoco podía arriesgarse, todos ahí eran criminales. La mayoría ladrones o vendedores de droga, sin los aportes de Bruno directamente con la policía, esa cantina estaría a rebosar de delincuentes.
Más adelante lo dejaron cerca de su carro, optó por dejarse aquel atuendo porque no tenía tiempo de pasar a su departamento, quería ir a buscar a Tanner para pedirle el celular de Parks. No había podido conseguirlo porque la pelirroja no se separaba del aparato y realmente lo necesitaba por si el supuesto asesino volvía a llamar. Si tomaba en cuenta las clases que compartía con Tanner, a esas horas ya debería estar desocupada. Llegó al campus en cuestión de minutos y se dirigió a los dormitorios. Tocó en la puerta de la habitación que compartía con Ayame, pero nadie contestó.
—Ayame está en clases —escuchó la voz de Karen que iba llegando a su recámara—. Y vi a Rin en la biblioteca —de pronto la indiferencia con la cual aquella chiquilla caprichosa lo trató lo hizo sentirse mal por haberle hablado de la manera en la que había hecho.
—Lo que dije antes —comenzó Sesshomaru con intención (no de disculparse desde luego), pero al menos sí de mejorar la relación con su cuñada.
—No importa —lo cortó ella y bajó la mirada—. Tienes una gran facilidad para ser franco y es algo de admirar —la chica tomó aire despacio—. Hayas o no querido decir lo de antes, ya lo has hecho y he entendido el mensaje —sin decirle nada más cerró la puerta de su habitación, dejando a Sesshomaru con el ceño fruncido.
Inuyasha no le había dirigido la palabra —por asuntos externos al caso—, desde su broma del viernes y era de esperarse. Pero estaba seguro de que no era precisamente por el sombrero, sino por la manera en la que él trató a Karen y eso le cabreaba más porque Inuyasha estaba en lo correcto. Él no debió meterse y menos sabiendo que la joven era demasiado voluble y además de eso, tenía problemas con el alcohol. Después de haber reconocido aquello pensó que lo mejor sería que no hiciera nada más, no quería empeorar las cosas. Sin embargo, al encontrarse con una carpeta en la cama de Inuyasha con información de la rubia, se sintió una basura por haberle hablado de aquella forma tan despectiva.
Sin haber hablado siquiera con su hermano, sabía lo que se traía entre manos y no pensaba intervenir de nuevo. Si Inuyasha quería ayudar a Karen a recuperar a su hija, él no se lo prohibiría, pero en caso de que la ojiazul estuviese de algún modo involucrada en el caso de Abi, las cosas se pondrían difíciles y entonces sí se entrometería. Hasta que algo no la relacionara, la dejaría tranquila. Se quitó los lentes de sol y comenzó a andar camino a la biblioteca. Realmente no tenía problema con Karen, únicamente pensaba que era inmadura y un poco tonta, pero debía aceptar que nunca había visto a su hermano tan enamorado de nadie como lo estaba de la rubia.
Quiso despejar su mente del tema y buscar a la castaña. No le costó trabajo encontrarla pues la biblioteca estaba casi vacía. La joven dormía sobre su propio brazo, recargada sobre una de las mesas. A su lado había un chico que leía un libro demasiado concentrado. Observó la escena tranquilamente, pensando que la posición de ella no era para nada cómoda. Tal vez debería ir a despertarla para llevarla a su recámara para que durmiera mejor, o irse y buscarla después. Optó por la segunda opción, estuvo a punto de irse cuando el chico bajó el libro y cayó en cuenta que su acompañante se había quedado dormida. Sesshomaru vio que el joven era bastante menor que él, le calculaba unos diecisiete o dieciocho años, estaba sonrojado y miraba a Tanner como si fuera la octava maravilla.
Claro que dormida se veía bastante... Bien. Quiso obligarse a mover sus pies para irse del lugar, pero la manera en que ese chico veía a Tanner lo inquietaba. Quizá porque podía oler sus intenciones, aquella mirada además de embelesamiento, revelaba deseo y hasta lujuria. Aquello le calentó la sangre. Y no porque sintiera celos o algo parecido, sino porque sabía que él también la llegaba a ver de esa manera, pero a diferencia del chico de cabello plateado, Sesshomaru hacía hasta lo imposible por no verla así. En cambio, el chico la veía con toda la libertad del mundo. Bufó, quedándose en su lugar hasta que vio que el chico se acercaba a Rin, eso lo puso en alerta. ¿Por qué aquella mujer se empeñaba en ponerse en peligro con los hombres?
Se acercó lenta y silenciosamente hasta ellos, el chico no había reparado en su presencia y se lamió los labios, intentando acercar su rostro al de Rin, llevando una de sus manos hasta el hombro de ella para acercarla lentamente hasta el nacimiento de su escote. Sesshomaru ya se estaba imaginando al adolescente tocando la suave piel de Tanner y antes de que eso ocurriese, tomó la muñeca del muchacho y lo jaló hacia atrás sin hacer el menor ruido.
—¿Qué pretendes, mocoso? —el chico abrió los ojos como platos, exaltado ante su intromisión. Eran más que obvias sus intenciones.
—Yo... Yo sólo quería despertarla —se soltó del agarre de Sesshomaru—. ¿Usted quién es? —preguntó huraño—. ¿No es muy viejo para estar aquí? —el ojidorado parpadeó incrédulo ante la reacción del chico, estaba sumamente rojo de vergüenza o coraje y lo atacaba de un modo infantil en demasía—. No debería meterse donde no lo llaman.
—Mientras se trate de ella, me seguiré metiendo —señaló a Rin con el pulgar—. Ahora vete antes de que me enoje de verdad —el chico frunció el ceño frustrado, pero no se movió de su lugar. Sesshomaru afiló la mirada causándole un escalofrío y en cuestión de segundos desapareció de su vista.
No entendía qué hacía Rin con aquel crío. Se talló las sienes con agotamiento y la miró detenidamente, no podía culpar al chico por intentar besarla, estaba demasiado expuesta. Dejó salir un suspiro parsimonioso y la acunó en sus brazos, la levantó y la pegó a su pecho para llevarla a su recámara, ya que la de ella estaba cerrada y vacía. El sutil aroma a vainilla le llegó en cuestión de segundos, era dulce y a la vez refrescante. Una combinación perfecta para aquella pequeña mujer caminó despreocupado hasta salir del edificio y regresar a los dormitorios. Tanner se revolvió entre sus brazos sin despertarse y giró su rostro hacia su pecho.
Sesshomaru abrió la puerta de su recámara y colocó a la joven sobre su cama, poniéndole una manta encima. Notó que algunas cosas de Inuyasha ya no estaban y supuso que había ido a sacarlas mientras él visitaba al Ermitaño. Pensó que lo mejor sería dejarla descansar, lucía agotada. Prendió su computadora portátil y se puso a revisar su correo. Cualquier cosa nueva que saliera sobre el caso, le llegaba a él y a Inuyasha. Al menos todo sobre el caso de Collins, pues Inu No había insistido en dejar el caso de White en manos de Byakuya. Su compañero era bastante bueno en lo que hacía pese a su carácter afeminado. Podía llegar a ser un amigo muy pesado, pero como detective, era de los mejores.
No había ninguna novedad por lo que Sesshomaru optó por dedicarle un tiempo a revisar los mensajes de Collins, había obtenido acceso al perfil de Facebook de Abi y había descargado una copia de todos sus mensajes de los últimos seis meses. La joven tenía un serio problema pues en la mayoría de las conversaciones con jóvenes del sexo opuesto, se dedicaba a incitarlos y mandarles imágenes indebidas. Incluso había pactado algunas reuniones con muchos de ellos. Sesshomaru comenzó a buscar los perfiles de cada uno de ellos y le mandó algunos a Inuyasha para que los investigara. Él se haría cargo de los sujetos que no eran estudiantes de la Universidad de Louisville.
Rin se despertó al escuchar el sonido de las teclas de la computadora. Abrió los ojos despacio, estaba segura de que no estaba en su recámara y eso la alteró. Lo primero que vio fue una pared color beige. Estaba arropada con una cobija —la cual estaba impregnada con una deliciosa colonia masculina—, el ruido de la computadora seguía sonando como si la persona que estaba en la habitación no se hubiera percatado todavía de su presencia. Evitó hacer ruido y levantó el rostro en busca de su acompañante. Ante sus ojos, Damon movía sus dedos sobre el teclado de su laptop con demasiada concentración. Verlo con su cabello atado siempre le había resultado excitante, le gustaba en demasía esa faceta suya, además de que el atuendo que llevaba le daba un toque sureño muy sensual. Alzó su rostro un poco más para apreciarlo, cuando se incorporó por completo él se giró a verla.
—¿Cómo llegué aquí? —preguntó confusa, lo último que recordaba era la sesión que había tenido con Kai, se había quedado completamente dormida en la mesa de la biblioteca.
—Te traje —contestó él parcamente, regresando su vista al monitor, comenzó a cerrar pestañas hasta que se vio únicamente la pantalla del escritorio. Después apagó el equipo. Rin miró a su alrededor, había otra cama próxima a ella. Seguramente la de Yasha—. Te quedaste dormida en la biblioteca —ella se mordió el labio, estaba segura de que Kai no se iría dejándola sola en aquellas condiciones.
—¿Estaba sola? —lo vio fruncir un poco el ceño para después negar con un movimiento de cabeza. Rin respiró con profundidad y se volvió a acostar en la cama de Damon.
—¿Qué estás haciendo? —espetó levantándose de su lugar. Rin se tapó nuevamente con la cobija que tenía puesta.
—Me duermo, tengo mucho sueño —además de que todavía le daba vergüenza mirarlo a los ojos. Ya habían pasado cinco días desde la fiesta (y su encuentro en el armario), y todavía no habían hablado del tema. Escuchó las suaves pisadas de Damon acercándose y se aferró a la manta con mayor ahínco.
—Necesito el celular de Parks —su voz se perdió en un lugar cercano, dejándola a la expectativa. Tragó seco al sentir el peso de Damon sobre el colchón y su pulso se aceleró con rapidez con cada uno de sus pausados movimientos. De pronto lo sintió alejarse, pero no escuchó sus pasos, tímidamente se destapó la cara, encontrándose con su dorada mirada sobre ella—. ¿Puedes conseguirlo? —se acercó peligrosamente, invadiendo su espacio personal. Rin bajó la cobija para alejarlo e incorporarse, pero él fue más rápido. La tomó de sus muñecas y la obligó a permanecer acostada, acercó su boca a su oído y le habló en voz baja—. No me hagas repetir las cosas, Tanner —Rin se estremeció al sentir su calinoso aliento y se arqueó hacia arriba, involuntariamente.
—¿Para qué lo quieres? —se atrevió a preguntar con voz firme, o eso pensó ella—. Dime —susurró en el oído de él intentando causar el mismo efecto que él le provocaba. Damon volvió a estrellarla contra el colchón.
—No juegues conmigo —gruñó mirándola a los ojos, sin expresión aparente, pero Rin pudo notar la lujuria en aquellas pupilas doradas.
—Entonces, ¿tú eres el único que puede jugar? —casi afirmó lamiéndose los labios. Aquello no era justo en absoluto.
—Yo no estoy jugando —contestó soltándola, acto incongruente a lo que decía. Rin se sentó haciendo una mueca, el temor que le tenía seguía presente, mezclado con excitación y una tensa atracción sexual. Y Rin no se cansaba de repetírselo en la cabeza, aquel hombre era peligroso.
—Lo sé —mostró una sonrisa apenas notable y trató de levantarse de la cama. Aquello era cierto, no debía confundirse. Damon quería información de ella y ella de él—. Buscaré la manera de conseguir el celular de Ayame, pero a cambio quiero conocer los detalles de lo que encuentres en él —Sesshomaru parpadeó dos veces antes de mirarla a los ojos—. Sino me las apañaré yo sola —se levantó, pero antes de irse la fría piel de él la detuvo, tomándola de la mano.
—Pienso llevarlo a la policía y que ellos se encarguen —no mintió, únicamente ocultó información—. Sería mejor para ti y para ella, mantenerse alejadas.
—Claro —ignoró por completo sus palabras y él la jaló para que lo viera a los ojos—. No hay nada que podamos hacer de todas maneras —mintió intentando soltarse, aunque no se esforzaba mucho por lograrlo.
—Estoy hablando en serio —Rin se soltó, pero en lugar de salir, se giró y le hizo frente, necesitaba aclarar una duda personal, se quedó pensando cómo abordar el tema sin parecer demasiado inocente—. ¿Ocurre algo?
—Sí —contestó ella de inmediato—. Lo que pasó el viernes... —se detuvo y sintió sus mejillas enrojecer—. Olvídalo —maldijo para sí, indecisa. Damon se quedó un poco confundido por sus comentarios y ella aprovechó para tumbarlo de espaldas al colchón. No podía pedirle que definieran su relación, ni siquiera tenían una. Lo que ella quería era sentirlo, aquella vez se sintió deseada y quería volver a sentirse de esa forma.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó él con voz ronca y Rin se lamió los labios, colocó sus rodillas a cada costado de él, aún con las manos sobre sus hombros y lo miró fijamente, tenía un semblante inocente y aturdido por sus propias acciones.
—No lo sé —aceptó riéndose de sí misma—. Lo siento, realmente nunca había hecho esto —quiso levantarse pensando en lo patética que se veía actuando así, ella no sabía cómo seducir a un hombre, y aquello únicamente la dejaba en ridículo.
—Dicen que siempre hay una primera vez —Damon colocó sus manos sobre las caderas de Rin, impidiendo que se levantara. No quería que saliera por la puerta, dejándolo de aquel modo. Ya lo había incitado, en el momento en el que se quedó dormida a merced de un chico estúpido.
—Eso es lo que he escuchado —aceptó descendiendo lentamente hasta encontrar los suaves labios de él, los acarició apenas, respirando detenidamente su aliento, sintiendo la calidez de su cuerpo, la fuerza de sus manos sobre sus caderas, la creciente erección que comenzaba a despertar debajo de su sexo.
Antes de que prosiguiera con su flemático casi beso, Damon alzó su rostro para juntar sus labios con los de ella, invadiendo sin permiso dentro de su pequeña boca, clamándola con paciencia y desesperación; con fuego y hielo; con furia y ternura. Quería disfrutar de aquel beso como si todo aquel teatro fuese verdad. No quería verla como una chica atractiva que había despertado su deseo sexual únicamente, porque estaba de sobra decir que aquello no era el cuadro completo. Tanner era mucho más que eso. Se alejó lo suficiente para mirarla abrir los ojos despacio, sonrió levemente y Sesshomaru alojó su nariz en su cuello besando despacio desde su barbilla hasta sus marcadas clavículas. La tomó con fuerza y se sentó en el borde de la cama con ella sobre él.
Comenzó a desabrochar la blusa gris, bajándola lentamente por sus hombros, prosiguiendo así mismo con los tirantes blancos de su lencería de encaje. Esa mujer era una joya y sabía cómo provocarlo sin proponérselo. Había pasado mucho tiempo desde que no se sentía atraído de esa manera tan intensa. Rin suspiró ante el contacto de su lengua al pasearse por el borde del brasier que aún llevaba puesto. Lo bajó lentamente para encontrar su cresta almendrada, ansiosa por ser tomada. La mordió con sutileza y ella gimió entre sus brazos. Aquel momento era sublime...
Hasta que la puerta se abrió.
—¡Damon devuélveme los lentes Luxuriator! —Inuyasha se quedó estupefacto ante la escena que tenía enfrente. Karen abrió la boca y escondió una sonrisa de picardía hacia Rin, tapando los ojos de su novio.
—Esto es incómodo —murmuró la rubia sacando a Inuyasha del lugar.
Rin enrojeció de vergüenza. En seguida brincó y se acomodó la ropa, salió corriendo del lugar sin dirigirle la palabra si quiera. ¿En qué estaba pensando? Ni si quiera ella lo sabía, se había dejado llevar por sus impulsos y seguramente Damon no se sacaría de la cabeza la idea de que era una fácil. Exaltada regresó a su dormitorio y buscó sus cosas para irse. Tobias Sanders había cambiado su reunión para ese día, y Rin casi lo olvidaba. Tomó su cartera y un par de libros que había terminado de leer y salió, dejándole una nota a Ayame.
Salió del campus apurada, en parte porque iba tarde, pero sobre todo porque no quería volver a toparse a Damon ese día. Necesitaba despejar su mente y recordarse que él sólo la estaba utilizando para obtener información. Igual que ella. Suspiró y se quedó quieta en la parada, esperando al bus. Tenía algunas preguntas que hacerle al profesor, pero más que nada tenía ganas de que le contara sus anécdotas. Rin sabía que era un veterano, pero no conocía muchos detalles. Sanders se encargaba de esconderlos muy bien, pero ella lo trabajaría. Le gustaba cuando la gente confiaba en ella y le contaban sus penas, pues podía conocer más del trasfondo de la persona. Además de que siempre llegaba una sensación de alivio para las personas después de contar sus inquietudes. Lo había comprobado con Ayame.
Después del viaje que se había aprendido de memoria, llegó por fin a aquella pequeña casa con aroma a cigarro. Un vicio que Rin detestaba pero que en su profesor no se veía mal. En repetidas ocasiones lo relacionaba con la Oruga de Alicia en el país de las maravillas —la cual sólo pocas personas sabían que era realmente del género femenino—, pero la forma en la que a veces le hablaba, de manera despreocupada y hasta con algo de cansancio, cuando le repetía un concepto más de una vez, le recordaba a aquel personaje de sus libros de infancia. Pero era lo único en lo que Tobias se parecía a la Oruga, pues su profesor era mucho más sabio y no le hacía preguntas o afirmaciones ridículas.
Tocó el timbre y esperó pacientemente hasta que el señor le abrió la puerta, esa tarde las ventanas estaban abiertas por lo que el olor a cigarrillos no era tan penetrante como otras veces. Educadamente le ofreció un café y galletas, las cuales no pudo rechazar pues ya estaban servidas. Comenzaron a hablar sobre los libros que había leído y los casos que le parecían más extraordinarios.
—En el libro de Jones el caso de la niña fue el más impactante —Rin apretó los puños sólo de recordarlo—. Estados Unidos funcionó con pruebas circunstanciales durante siglos antes de que las pruebas de ADN fuesen aceptadas en los juicios —sus ojos se crisparon solamente de recordar el escalofriante caso rodeado de mentiras—. Es más que obvio que su madre la asesinó, Casey Anthony era una mitómana, no puedo creer que haya dejado pasar días y retomara su vida como si su hija no hubiese desaparecido.
—¿Realmente crees eso, Rin? —preguntó Sanders dándole una calada a su cigarro—. Su abogado logró su libertad...
—Y seguramente era el hombre más sorprendido después del veredicto —Rin intentó calmarse, leer ese caso le había provocado arcadas. Sobre todo, después de que Casey Anthony fuese puesta en libertad, más de la mitad del país estaba indignada—. Todo cuadra, la pequeña fue asesinada, el cuento de que su padre la violó de pequeña no es creíble... ¿Por qué sacaría algo así en el juicio del homicidio de su hija? —Rin pensaba que aquella era una forma de jugar sucio.
—Los jueces ignoraron esa parte de la historia —le hizo saber Tobias—. No cabe duda de que alguien asesinó a la pequeña Caylee —dejó su cigarro en el cenicero y miró fijamente a Rin—. Creer que lo hizo su propia madre es un poco morboso.
—No es morboso, es ver las cosas como son, su madre se tatuó Bella Vita en la espalda cuando su hija llevaba días desaparecida —Rin alzó la voz sin darse cuenta—. Encima de todo le decía a todo el mundo, incluida a su propia madre, que Caylee estaba bien y que la cuidaba la niñera... Inexistente, y luego inventó que esa supuesta niñera la secuestró.
—De acuerdo, Casey Anthony no estaba bien de la cabeza —aceptó Tobias—. Hablemos hipotéticamente: fue ella quien asesinó a su hija para retomar su vida de escándalos, mentiras y fiestas —Rin asintió—. Si no hubiese algo en su cabeza que le hiciera creer que su hija estaba siendo cuidada por la niñera, ¿cómo fue que pudo llevar treinta y un días de tranquilidad? Suponiendo que ella la hubiese asesinado.
—Era una sociópata —contestó Rin sin dudarlo y Sanders sonrió—. Fue su mejor manera de evadir cargos por homicidio y pasando ese tiempo se perdieron posibles pruebas en su contra.
—Sabes, Rin —el hombre rascó su barbilla haciendo una breve pausa que Rin aprovechó para interrumpirlo.
—Se levantaba todos los días, dejaba a su hija con una niñera falsa y se iba a un trabajo que no tenía y buscó ochenta y cuatro veces cómo fabricar cloroformo en internet. Había más de cuatrocientas pruebas en su contra —Rin no le dio espacio al profesor para que retomara la palabra—. ¡Llevó a la policía hasta los estudios de Universal y justo ahí les dijo que nunca había trabajado en ese lugar!
—Sí, sabemos que Casey vivió en una mentira toda su vida —asintió Tobias—. Y todos sabemos que fue ella quien mató a Caylee, lo saben los detectives que llevaron el caso, lo sabe más de la mitad del país, lo sabemos tú y yo, Rin —el profesor achicó los ojos concentrado—. Todo el mundo lo sabe, menos Casey —Rin inhaló hondo—. Aparte de que su abogado tuvo un golpe de suerte a causa de la falta de pruebas físicas.
—La cinta es prueba de premeditación —dijo Rin con voz apenas audible.
—Pero nada la vincula con Casey —el profesor se talló las sienes—. ¿Qué crees que falló, Rin?
—¿Además del veredicto? —preguntó con sarcasmo, después bajó la mirada y contestó con objetividad a la pregunta—. Considero que el principal problema fue por parte de la fiscalía —la castaña hizo una mueca—. Tengo entendido que siempre persiguen y buscan el crimen más alto para condenar a alguien. Casey pudo fácilmente ser acusada de negligencia infantil además de los cargos por mentirle a la policía, pero... Sería demasiado poco, no digo que el fiscal se haya pasado al acusarla de homicidio en primer grado, es sólo que fue una barda bastante alta considerando las pocas pruebas físicas con las que contaban. Todo era circunstancial y muchos casos han condenado a personas inocentes con menos.
—Eso fue lo que salió mal —convino el profesor—. Pero dejando de lado el mal juicio, antes mencionaste que Casey podría ser una sociópata, creo que es momento de que te deje tarea de campo —Rin parpadeó un par de veces—. Sabes pequeña Rin, para entender la mente de un criminal ya sea un psicópata o un sociópata, no debes estudiar a los que los estudian... —el profesor le dio otra calada a su cigarro.
—Sino a ellos mismos —terminó la frase por él y Tobias asintió con media sonrisa en sus labios.
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Contestando a los bellos que no tienen cuenta:
Kagoyame: Haha cuando tenía tiempo ): ahora sí las actualizaciones se volverán inciertas ): Sí, Shiori es la hija de Karen... A ver si alguien adivina el padre. Aew sí! Inuyasha sería un padre muy consentidor! Sí, también creo que sus padres la han arruinado u,u Hahaha pero el que pagó los platos rotos fue Inu con el sombrero. HAHAHAHA no te apures, ya saldrán más del dealer 7u7
Kagura: Amor de mis amores! Yo también asdfghjkl #TeamKagura x3 haha Hay muchas cosas en común con los asesinatos... Si están relacionados sólo yo sé muajajaja! Sí, también he sabido de muchos casos similares U_U pobre gente como Karen u,u De momento voy a dejar que siga siendo dependiente, hasta que aprenda poco a poco ser responsable... La pobre necesita mucha paciencia ): Hahaha la venganza fue más del mayor por dios hahaha pobre de Inu y su hermoso cabello!
DomPath: Sí, pobre Kana ): U.U Sí, también hice a Karen con una vida difícil... Hahah Rin y Sessh de lo más involucrados X'D
Anya: Es que Kagura es asdfghjklñ yo la amo mucho :P Shidori :3 pobre nena ): separada de su madre u,u Hahaha la escena de Rin y Sessh fue la más intensa del capi :P POBRE INU me pasé con él! hahaha
ZY: Yo también espero que pueda recuperar a Shiori pero una vez que esté en condiciones de cuidar de la niña /: mientras a curarse U-U Hhahaha creo que Inu no pensó en las consecuencias de sus actos XDDDD
Lin: Sí, allá los psicópatas andan sueltos y son muy sádicos D: En cualquier lado pero creo que resaltan más en Estados Unidos... HAHAHAHAHAHAHA Rin no era la única que retrocedía! su relación se demoró por al culpa de Sessh y su pasado con la amiga de Irasue X'DDDDDDDD
Another: Adivina quién tiene un tattoo de Avantasia? :D Me alegra que estés leyendo Infiltrada de nuevo 3 HAHAHAH se darán unos MUY buenos fajes durante el fic antes del verdadero lemon e.e I love ideas XD me gusta leer sus ideas 7u7 tienes una buena ahí XD pero no puedo decir nada :x Por eso no le regresó el golpe, sabía que lo merecía! Nos leemos!
Alguien U: Hahaha realmente me gusta ponerle lime X'D Sí te entiendo... Ellos avanzarán con su relación y lo del cuerpo... no puedo decir nada :x hahaa
Yarisha: Me alegra que te guste! :D No, no soy criminóloga (ojalá hubiera estudiado algo parecido pero en mi país no vale la pena /: es difícil U_U). Pero sí, me encanta el género :P Es que me marea a típica historia de Inuyasha y Karen :v y ella no es tanto de mi agrado XD Eres de las que se han acercado al por qué de la "atracción" de Sessh por Kagura :3 Bueno nena nos leemos! Y pd: Gracias por recomendarme con aquellas tres chicas X'DDD son un chiste! PD2: Hablando de ellas, son las siguientes X'D
Sharlin: HAHAHA me alegra princesa! :D Hahaha la verdad esta e Infiltrada son mis consentidas X'D es malo que lo diga? XDDD Ya no la esconde tanto e.e Sessh está ayudando a que la fiera de Rin salga X'DDDD HAHAHA me gusta mucho hacer alusión a los demonios y a Sessh y por eso esos apodos: Damon/ Demonio Blanco XDDD hahaha algún día haré un dibujo de él a compu XDDD No, no estudié eso, soy marketera XDDD hahaha creo que una de ellas es la siguiente X'DD la que estaba en el closet! haha nos leemos!
Angellimar: Hahaha no sé de quién me hablas haha XDDD pero me alegra que lograras terminar mi fic sin complicaciones XDDDD Rin sale hasta el cap... No recuerdo pero creeooo que por los 30 XDDDD este fic tiene tooodo oculto XDDD HAHAHA darle viagra a Sessh es como sobrecargarlo XD LOL hahaha nunca me han descubierto en semejante situación XDDDD no me lo puedo imaginar! pobre de ti XDDDDD y pobre chico! le bajaron el animo de sopetón! Qué peli es esa? O: no la he visto pero suena interesante! Ese tipo de asesinos... No me gustan pero me gustan, entiendes? XDDDD No te apures, puedes contarme todooooooo lo que quieras, me encanta leer sus hipótesis :3 nos leemos! :D
Agradecimientos generales y bienvenidas a las nuevas lectoras :D
DreamFicGirl
Kagoyame
Lady Bretta 'Lupita Reyes
Indominus Dea
Kagura
HoolieDaniSarse
DomPath
Abigz
Anya
BabySony
ZY
Cleoru Misumi
Lin
Another Angel Down
Fabricio
Alguien U
Yarisha
Claudy 05
Milly Taisho
Angellimar
Sharlin
SunyKika
DanaLovesOhana :3
Y a todos los hermosos guest que no dejan nombre :D
Recuerden que este fic participa en la campaña de Elixir Plateado, con voz y voto. Porque leer y no comentar es como toquetearme todita y salir corriendo... Cuando menos dejen el número 7u7r
