Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi, los demás son míos con algunas trampillas. Y uno que otro será de Hiro Mashima como en este capítulo lo es Dimaria.
Hola amores míos! Sé que los he abandonado pero tenía realmente muchas cosas que hacer -y leer- XD Pero aquí les traigo la actualización del capítulo con la promesa de más love (?) Pero antes quisiera dar unas cuantas notas importantes:
1.- Kagura, ella no fue rechazada literalmente, pero tiene ese temor. Digamos que tiene el presentimiento de que no es correspondida. Que no tiene oportunidad con el hombre que le atrae. XD No era literalmente que había sido rechazada, creo que hice una mala selección de palabras pero ya lo corrijo (:
2.- Quiero recomendar fics SesshRin porque me puse al corriente con autoras y pues asdfghjklñ... Primero las personas que concursaron en el reto de Elixir Plateado, no sé si todas hayan subido ya sus escritos pero de los que leí están de Milly Taisho: Verano en la cabaña del lago. También fuera del concurso está el de Ojos Cerrados de Kuruma Chidori... Si quieren llorar pues es el indicado. Para mí -aunque haya sido justo en el otp-, me pareció que tuvo el final perfecto.
3.- Seguro ya se lo saben de memoria (?) Hahaha estaré subiendo spoilers, dibujos, contenido y los bellos regalos que me dan a mi perfil de FB :D me encuentran como Iblwe McGarden (próximamente cambiaré el McGarden porque fue un momento de crisis) pero ahí me pueden encontrar ;)
4.- El asunto del caso de Caylee no se va a quedar ahí, volverán a hablar del tema más adelante, Tobias está poniendo la mente de Rin a trabajar XDDDD
Sin más, los dejo leer...
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.O.o.O.
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Sometimes goodbye is a second chance
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—Sabes pequeña Rin, para entender la mente de un criminal ya sea un psicópata o un sociópata, no debes estudiar a los que los estudian... —el profesor le dio otra calada a su cigarro.
—Sino a ellos mismos —terminó la frase por él y Tobias asintió con media sonrisa en sus labios.
—Quiero que visites a un hombre que está internado —le dijo Tobias apagando lo que quedaba de su cigarrillo. Se puso de pie y cojeando con ayuda de su bastón alcanzó un cajón de su librero, sacó una pequeña agenda y arrancó una hoja—. Kaijinbo Blade está internado por esquizofrenia —le comentó—. Quiero que vayas a verlo y hables con él, después revisa su expediente. No antes... —le extendió la hoja amarillenta y vieja—. Luego de eso ven y hablaremos de su caso.
Por esa charla del miércoles se encontraba gastando su viernes en una institución para enfermos mentales. No lo podía negar, estaba entusiasmada con el caso. Había tratado antes a personas con algunos síntomas, pero ninguno con el diagnóstico dado por un especialista. Y ahí estaba, en la oficina del director del centro. Tobias Sanders había hablado con él por teléfono para indicarle que Rin pertenecía a un programa universitario de su tutoría. Había recalcado la importancia que tenía para ella tratar algunos casos para su currículum, y había asegurado el profesionalismo de las prácticas.
Rin nunca había estado en un centro psiquiátrico, las horas de prácticas profesionales las había hecho en el hospital público de Louisville y las condiciones habían sido diferentes en demasía. El ambiente laboral había sido cálido, aunque muy agitado y pesado. En cambio, ahí las cosas se veían abismalmente más tranquilas, no obstante, el ambiente era frío y lúgubre. El director era amable pero no estaba muy a gusto con su presencia. Tobias le había advertido que tenía un carácter insufrible pero que no era así con el afán de molestar a nadie. Rin se dedicó a ser educada y tolerante con el hombre.
—El paciente está acostumbrado a tratar con psicólogos y abogados, pero es la primera vez que viene una estudiante —Rin se tensó un poco, también era la primera vez que ella iba a tratar con un enfermo mental tan de cerca. Esquizofrenia. Eso era todo lo que tenía. Tobias le había prohibido absolutamente leer algo sobre el paciente antes de conocerlo en persona. Ni noticias, ni mucho menos su expediente clínico. Estaba en blanco completamente.
—Podré manejarlo —aseguró—. ¿Es todo? —realmente habían repasado varias veces las normas del lugar y ella empezaba a incomodarse.
Estaba acostumbrada a un ritmo más apresurado, detestaba sentirse encerrada. El hombre asintió y le pidió a una enfermera que la llevara con Kaijinbo Blade. Fue guiada hasta una habitación un tanto alejada de la sala donde los internos pasaban su tarde. Rin los veía perdidos en su mundo, algunos notaban su presencia y otros simplemente la ignoraban o no eran conscientes de ella. Entró a una habitación que le dijeron era para visitas. Había una jarra de plástico con agua simple y dos vasos. Una enfermera se encargó de servirlos y la dejaron sentada en una pequeña mesa cuadrada.
—El señor Blade no debe tardar en llegar, nunca se atrasa cuando lo visitan —le informaron antes de dejarla sola.
La puerta se abrió pasados unos minutos y entró un hombre de estatura promedio con una cabeza semi calva y cabello oscuro a los costados. La primera impresión de Rin era la de un hombre completamente lúcido. Incluso si lo veía bien, estaba muy bien vestido y pulcro. No parecía un hombre esquizofrénico. Aunque cuando sonrió al verla, sintió el aura de un tiburón hambriento y un escalofrío de terror recorrió su espalda, poniéndole la piel de gallina.
—Buenas tardes, señorita Tanner —el hombre estrechó su mano con mucho ahínco y se sentó frente a ella—. Me alegra muchísimo que haya decidido venir, ¿recibió alguno de los correos que mandé a la universidad? —Rin entornó los ojos. Aquel hombre tenía una mirada fría y calculadora, sus ojos negros la veían con un poco de impaciencia.
—No, he venido en blanco. Me han asignado —contestó tomando el vaso de agua, dando un pequeño sorbo.
—Siempre tengo que ponerlos al corriente yo mismo —soltó una carcajada—. No debería estar aquí, no estoy enfermo —de eso todavía tenía dudas, no podía juzgar solo por la apariencia—. Tuve un suceso extraordinario y por eso me encuentro aquí, posiblemente siga teniendo episodios extraños pero las medicinas se encargan de reducirlos —Rin no entendía lo que intentaba decir, sin embargo, se dio cuenta lo persuasivo que se mostraba en cuando a su cordura.
—¿Por qué está aquí? —ella sabía cuándo utilizar las entrevistas a profundidad en pacientes, ese hombre no era su paciente y tampoco quería seguir recibiendo tanta amabilidad. Quería ir al grano, porque ese hombre no parecía tener problemas con su lucidez.
—Sufrí un episodio aislado de esquizofrenia de tipo paranoide —confesó con seriedad. Rin sabía que a partir de ese momento debía avanzar con mayor cuidado.
—Eso es muy poco común, por no decir imposible —dijo ella. Generalmente los casos de esquizofrenia eran continuos, sabía que los síntomas se presentaban de una a tres o más veces al mes. Casos aislados de alucinaciones se daban bajo el consumo de narcóticos y otras substancias—. ¿Cómo fue? —Rin quería contenerse, de verdad que quería llagar a él de una forma menos directa pero la actitud de él no se lo permitía. Había algo que le provocaba una ansiedad increíble y solo quería terminar esa reunión lo antes posible. Debía ser menos subjetiva y atender el caso con mayor seriedad.
—Fue a unos días de la celebración de Navidad hace cuatro años y tres meses —Rin estuvo a punto de mostrarse expresiva, pues estaba sorprendida—. Era un tema delicado al principio, pero cada vez es más fácil de tratar —intentó no interrumpirlo, sabía que debía ser ella la que fuera sacando el tema poco a poco, pero aquel hombre ya había tratado con psicólogos durante cuatro años, seguramente conocía los procedimientos a la perfección, así que improvisaría un poco y se dedicaría a ser escucha únicamente para meditar las cosas y cómo se las quería transmitir aquel hombre—. Con anterioridad a ese día, nunca había escuchado voces ni nada parecido pero ese día las escuché claramente en mi cabeza.
—¿Voces? —él asintió.
—Ellas me lo ordenaron... Yo estaba asustado y pensé que si las obedecía podría librarme de ellas —Rin no dijo nada—. Ellas querían que matara a mi esposa.
—¿A su esposa? —el hombre asintió—. ¿Por qué?
—Las voces decían que quería hacerle daño a nuestro hijo, dijeron que era un demonio que había poseído a mi esposa y quería matar a nuestro hijo —Rin no estaba sorprendida por eso, había escuchado casos más locos y horribles.
—¿La mató? —Kaijinbo asintió.
—Una vez que lo hice las voces cesaron...
"Conveniente" pensó Rin. Mucho tiempo atrás, en la conferencia de Levy McGarden de Redfox, una conferencista que había sido detective en la comisaría de Jellal Fernandes, había visto varios videos de los diferentes tipos de esquizofrenia y estaba segura de que ese hombre no estaba enfermo. Según lo que recordaba, para diagnosticar esquizofrenia se requería un mínimo de seis meses de estudio al individuo, pues no había otra forma de penetrar en su mente para determinar si estaba afectado por la esquizofrenia o no. Además de que debía ser evaluado por expertos. Por aquella historia que Kaijinbo contaba, podía deducir que había asesinado a su esposa por algún otro motivo y buscó en las alucinaciones, una salida fácil de la cárcel y la pena de muerte. Por suerte su cuento de caso aislado no había convencido a ningún juez pues llevaba casi cuatro años en el centro psiquiátrico.
—¿Qué hizo después? —preguntó Rin.
—No lo sé muy bien, tomé a mi hijo para que no viera el cuerpo y cuando quería irme lejos con él llegó la policía. Un vecino escuchó ruidos y gritos y los llamó —Rin alzó ligeramente las cejas, una persona con algún trastorno no hubiese pensado en huir. Una persona normal huiría de la escena del crimen antes de que la policía arribara al lugar.
Estuvo charlando con el hombre una hora más antes de regresar con el director del centro para pedirle el expediente. No la dejaron sacarlo y tuvo que leerlo en la oficina del director mientras éste revisaba su correo. Rin se enteró de muchas cosas que soportaban su teoría. En primer lugar, el hombre moreno quería divorciarse de su esposa, pero no quería darle la mitad de sus bienes, habían tenido muchos pleitos legales por el dinero y otros más por la custodia del niño.
En segundo lugar, apareció la declaración de uno de sus amigos cercanos que trabajaba en otro centro para trastornos mentales, decía que Kaijinbo había estado haciendo preguntas del lugar. Si trataban bien a los enfermos, la seguridad, la comodidad... Entre otras cosas, como cuando alguien pregunta por una casa a la que se quiere mudar. Rin apretó un poco los documentos. Kaijinbo había planeado hacerse pasar por loco para evitar la cárcel. Lo malo de esa prueba, era que había salido a la luz después de que el jurado mandara a Kaijinbo al centro.
Meses después el asesino presentó un ensayo de casi noventa páginas de reflexión y de su milagrosa curación. Lógicamente no fue retirada su sentencia pues había perdido toda credibilidad. Pero el hombre no se quedó atrás, hizo inversiones y negocios incluso dentro del centro donde estaba. Tenía una fortuna enorme que gastaba en psicólogos y abogados en busca de su libertad. La puerta se abrió y entró una enfermera seguida de Ayame.
—¿Rin has terminado? —la castaña cerró el expediente.
—Sí, perdón —lo devolvió—. Muchas gracias —le dijo al director y salió de la oficina—. ¿Tiene mucho que llegaste? —le preguntó a la pelirroja y ésta negó. Realmente Rin le había dicho que se regresaba sola pero la pelirroja había insistido, además quería llevar a Rin al local de Cole para acompañarla en su proceso de tatuarse.
—¿Estás segura de que quieres hacerlo? —preguntó Ayame una vez que comenzaron su camino en su auto. Rin sonrió de manera inconsciente, estaba más que segura—. Es algo que vas a llevar toda la vida...
—Sí —contestó con entusiasmo—. Lo sé y estoy segura —Ayame manejó alrededor de media hora hasta que estuvieron enfrente del local donde Cole tatuaba.
Entraron, una luz de neón anaranjada señalaba que estaba abierto. El local era grande y tenía buena iluminación; las paredes estaban tapizadas de fotografías tamaño póster de diseños de tatuajes nuevos o algunos ya hechos. En la vitrina del fondo había pequeños aparadores con aretes para perforaciones. No había nadie atendiendo, pero se escuchaba el ruido de un zumbido bastante cerca, se asomaron a una de las puertas que había en el local la cual estaba abierta. Rin pudo ver claramente como Cole tatuaba a una chica en el brazo, la joven se mordía el labio intentando no hacer ruido para no desconcentrar al artista.
El chico llevaba una playera sin mangas y Rin pudo ver su tatuaje entonces. Era como lo había contado Ayame, una serpiente marina enredada en el brazo de tez blanca, en la mano derecha se apreciaba la cola y seguía subiendo hacia su espalda por debajo de su hombro, porque justo en el hueso del hombro, tenía una esfera de cristal fragmentada en cientos de pedazos, comenzando con unos completamente negros, degradándose poco a poco hasta que los pequeños trozos aparentemente de una esfera de cristal terminaban siendo color rosa perlado.
—Listo —el chico se alejó y pasó un paño húmedo desechable por encima del tatuaje—. No te muevas por favor —le pidió a la chica y limpió nuevamente aplicando una crema para después colocar un pedazo de plástico transparente—. No te lo dejes puesto más de tres horas —señaló y le extendió una hoja—. Ahí vienen todas las indicaciones que hablamos antes y los nombres de la pomada y la crema.
—Muchas gracias Cole —le dijo la joven—. ¿Cuánto te debo?
—Cuarenta —Cole se deshizo de sus guantes y los tiró al basurero, igualmente desarmó la máquina para tomar la aguja usada y desecharla.
—Aquí tienes —sonrió coqueta, él tomó el billete y puso una sonrisa forzada—. Espero verte pronto —salió ignorando completamente la presencia de Ayame y Rin.
—Pensé que no las vería —dijo Cole guardando el dinero—. ¿Solamente tú te vas a tatuar? —Rin asintió—. Siéntate —señaló el lugar donde había estado la otra chica y Rin se sentó en la acolchada silla reclinable, Cole le puso a Ayame una silla y después se lavó las manos.
—¿Estás lista? —Rin asintió—. La verdad me tardo más preparando las cosas que tatuando —le sonrió y continuó lo que estaba haciendo. Lo vieron tirar todo lo que había usado con la otra chica y limpiar la mesa metálica donde trabajaba. Sacó instrumentos nuevos y les mostró la aguja con la que pensaba tatuar a la castaña, se la dio a Rin—. Y tiene siete agujas dentro —la castaña abrió los ojos con sorpresa.
—¿El tatuaje de la otra chica era doloroso? —preguntó Ayame—. Aunque por sus gestos parecía que sí, yo la vi muy cómoda con el tatuador —le hizo una broma, Cole abrió los ojos con sorpresa—. ¿Qué? —Ayame casi se atraganta con su propia saliva—. No me digas que no lo notaste.
—La verdad no —contestó parcamente—. Vino a tatuarse el nombre de su novio —Ayame y Rin parpadearon atónitas. Claramente había estado coqueteando con él.
—Vaya —Rin dobló los ojos—. No quiero saber qué hará el día que termine con él.
—Intenté convencerla de lo mismo, pero no quiso escuchar, hay personas que sólo actúan por instinto y su tatuaje realmente no era doloroso —le contestó mientras sacaba la tinta y la colocaba en un pequeño recipiente—. El tuyo va a doler —señaló a la castaña con la mirada Rin no se sintió mejor con ese comentario—. Mientras más cerca del hueso, más doloroso es un tatuaje —conectó la máquina y el zumbido la alteró—. Tranquila, todavía no te voy a picar —le quitó el empaque de la nueva aguja y lo abrió.
—Me da cosa que te duela, te muevas y se arruine el diseño —le dijo Ayame y Rin sonrió nerviosa.
—No me voy a mover —prometió, pero también temía que eso ocurriese.
—Tranquilas señoritas —dijo Cole—, no es la primera vez que hago un tatuaje, sería lo mejor que pudieras permanecer inmóvil, pero si llegas a moverte y me salgo de la línea, la hago más gruesa y listo —desconectó la máquina y se acercó a ella—. ¿Traes el diseño? —Rin asintió y lo sacó, era de tamaño considerable—. ¿Dónde lo vas a querer exactamente?
—Aquí —Rin se colocó la hoja donde la quería.
—Dame un minuto —Cole tomó la hoja de papel y sacó una hoja obscura donde comenzó a hacer la calca, Rin y Ayame se dedicaron a observar sin hacer ruido. Pasados unos minutos tomó la hoja que Rin le había dado donde se había quedado el carboncillo marcado al reverso y le aplicó una pomada en el lugar donde quería tatuarse.
—Eso fue rápido —dijo Ayame.
—Cariño llevo años haciendo esto —contestó Cole—. Ahora si las letras son rellenas me va a tomar un poco más de tiempo.
—Sí, son rellenas —dijo Rin.
—También te va a doler más —la castaña apretó los labios, pero igualmente asintió—. Muy bien —Cole pegó la hoja sobre su piel y la detuvo unos segundos, cuando la desprendió el texto se quedó marcado sobre la cadera derecha de Rin.
—¿Estás segura de que es ahí donde lo quieres? —Rin se puso de pie y se miró al espejo, asintiendo—. Vamos entonces —Rin se volvió a sentar—. Voy a empezar con el contorno —Ayame ya había sacado su teléfono para no perderse detalle de nada.
—Vas a borrar ese vídeo —amenazó Rin y Ayame sonrió, pero negó con la cabeza—. ¡Carajo! —Rin apretó las manos al momento que la aguja tuvo contacto con su piel, Cole la retiró de inmediato.
—Perdón, pensé que estabas lista.
—No me dolió tanto, fue más el susto —contestó ella riéndose, Ayame estaba por otro lado, viendo la línea que Cole había hecho.
—Mira cómo sale la sangre —le dijo a Rin—. Son pequeños puntitos rojos que se van inflando —dijo fascinada. Rin prefirió no ver.
—¿Puedo continuar? —la castaña asintió y apretó sus manos sobre el colchón de la silla mientras Cole encendía de nuevo la máquina. Se había puesto paños húmedos entre el meñique y el dedo anular. Cuando terminaba de hacer un trazo pasaba su dedo envuelto para retirar el exceso de tinta y sangre.
—¿Duele? —preguntó Ayame. Rin asintió con el rostro tenso.
—Ahorita estoy con el hueso, deja que haga la "d" y no lo vas a sentir tanto —Rin confiaba en eso.
Se sentía como una máquina de toques chocando con el hueso de su cadera. Era un dolor soportable, pero le estaba costando mucho no reírse o llorar por el poco descanso que Cole le daba cada vez que limpiaba el área. Ayame grababa con su celular, pero también le hacía gestos para que se calmara. No estaba alterada, pero aquello tampoco parecía real. Nunca habría hecho algo como eso a escondidas de su padre, pero ese tatuaje era el símbolo de que era hora de que comenzara a vivir su vida sin complacer a nadie más que a ella misma.
Perseguiría sus sueños aun cuando su padre estuviese en contra. Era su segunda oportunidad.
Estuvieron alrededor de una hora y media con el zumbido taladrando sus oídos. Cole y Ayame sacaban temas de conversación sobre trivialidades. Rin sentía los ojos llorosos pero el ardor de su piel no era suficiente como para arrancarle las lágrimas. Prefirió concentrarse en la conversación que llevaban Cole y Ayame.
—Recuerdo cuando vine con Abi —la aguja se desprendió de la piel de Rin—. Ella se hizo una pequeña parvada en la espalda —Cole se giró y rellenó la aguja con tinta.
—La recuerdo —volvió con Rin—. Tenía una mirada muy pesada —continuó tatuando a Rin—. Y era muy atractiva —fuera de un aire un poco nostálgico, Rin no notó nada extraño en su comportamiento—. Es una lástima lo que le pasó... —Rin de pronto se dio cuenta que justamente ese día se cumplía un mes de la muerte de Abi Collins, pero prefirió no decir nada.
—La verdad nunca nadie lo vio venir —suspiró Ayame—. Pero ya no hablemos de cosas tristes —miró a Rin quien estudiaba los gestos de Cole.
—Me parece correcto —sonrió levemente—. ¿Tú todavía no te animas? —le preguntó a Ayame.
—La verdad sí quiero, pero me da un poco de miedo —le dijo.
—¿Qué te harías? —la pelirroja desbloqueó su móvil y se puso a buscar una imagen, era la cabeza de un lobo aullando con los ojos cerrados, la tinta era blanca y el tatuaje no era muy grande.
—Es por mi perro que murió hace poco —dijo un poco desanimada.
—Lo lamento en verdad —comentó Cole—. Si te animas, te lo regalo —Ayame abrió los ojos con ilusión.
—¿En serio? —el chico asintió.
—No me cuesta nada, es relativamente pequeño —Ayame miró a Rin en busca de una opinión—. Sólo deja termino de limpiarla —señaló a Rin—. Hemos terminado contigo —limpió una vez más el tatuaje con un paño bañado en alcohol, pero Rin ni siquiera parpadeó, aplicó una pomada y lo cubrió con un plástico y cinta adhesiva—. No lo dejes así más de tres horas, ahorita te anoto las indicaciones y cuidados, no puedes hacer ejercicio en tres días mínimo.
—De acuerdo —contestó Rin y luego miró a Ayame—. ¿Te vas a animar?
—No lo sé —le dijo un poco nerviosa—. Si quisiera, pero siento que ahora mismo lo haría por capricho —hizo un mohín—. Igual dudo que algún día me arrepienta. El Gran Sabio estuvo conmigo desde que tenía pañales...
—¿Y bien? —preguntó Cole entrando, le extendió una hoja a Rin—. La pomada la puedes encontrar en cualquier farmacia al igual que la crema y el jabón en cualquier tienda de autoservicio.
—Gracias —Rin tomó la receta y miró a Ayame esperando una respuesta también.
—De acuerdo —contestó Ayame—. Sólo porque es un regalo y esos no se rechazan, pero dame tiempo de pensar dónde lo voy a querer —sonrió ampliamente.
Rin al ponerse de pie comenzó a sentir el ardor de nuevo sobre su piel. Mucho más fuerte que cuando Cole aplicó el alcohol.
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~O~O~O~
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Karen había apartado ese viernes para que Yasha conociera a sus padres y a Shiori. Se había puesto unos pantalones de mezclilla y una blusa sin mangas color melón, unos zapatos planos y una bolsa pequeña. Se había recogido el cabello en una media coleta y apenas se había maquillado lo mínimo. Siempre que visitaba a sus padres se sentía insegura de su aspecto, pues su madre siempre tenía algo que criticarle. Que, si sus pantalones eran demasiado entallados, sus faldas muy cortas, su escote parecía el de una prostituta... Y continuamente la criticaban por haber subido o bajado de peso. Era bastante incómodo que la criticaran de esa manera enfrente de su hija, Shiori no tenía por qué presenciar tales desplantes de sus abuelos hacia su madre.
Pero ni siquiera eso iba a evitar que Karen siguiera visitando a su pequeña Shiori.
—¿Estás lista? —preguntó Yasha entrando a su recámara. Saliendo de clases la había secuestrado en su recámara para una larga ronda de sexo antes de que ambos fueran a asearse.
—Sí —contestó con firmeza—. Pero debo advertirte que mis padres son bastante... Especiales —comentó un poco nerviosa
—No te preocupes, tomaremos a Shiori y comeremos fuera si lo prefieres.
—No creo que ellos quieran —dijo Karen suspirando—. Tal vez cuando te conozcan un poco más... No quiero que se enojen.
—Lo haremos a tu manera —contestó Yasha dándole un beso en la frente—. Vamos.
Karen lo guió hasta la casa de sus padres, les había hablado el día anterior para decirles que iría con Yasha para que conociera a Shiori, sus padres no habían querido al principio cuando ella les dijo que Yasha sabía que era la madre de la pequeña no la hermana mayor, pero Karen terminó por convencerlos. Lo que no se esperaba era que invitaran a Dimaria a la comida, pues en cuanto llegaron, el carro de su hermana estorbaba en la entrada donde cabían perfectamente dos carros. Karen intentó no alterarse y le pidió a Yasha que se estacionara en otro lado.
—¿Segura que sabrían que vendríamos? —le preguntó Yasha después de que se bajaran del vehículo.
—Sí, pero como te dije, son especiales. Ese es el carro de mi hermana —llegaron a la puerta y Karen tocó el timbre. Después de seis minutos y medio la puerta se abrió.
En la entrada estaba Dimaria, con su perfecto cuerpo y su cabello corto, imponiendo superioridad con su mirada llena de soberbia. Karen mantuvo alzada su barbilla para demostrarle que no le tenía miedo. Su hermana la estudió con detenimiento y después reparó en Yasha. Su mirada se oscureció todavía más. Era unos cuantos centímetros más alta que Karen por ende casi era de la estatura de él, su ropa era bastante reveladora, pero al mismo tiempo mostraba cierto porte y poder. El ambarino frunció el ceño ante la descortesía de la abogada.
—Soy Yasha Miller —y sabía que se arrepentiría de no haberle contado la verdad a Karen con anterioridad. Su familia tarde o temprano sabría que ese no era su verdadero nombre—. El novio de Karen.
—Hm —Dimaria no se dignó a hablarle, pero los dejó pasar—. Veamos cuánto te dura el caprichito —le dijo a Karen al oído cuando pasó junto a ella—. Zorrita —Karen apretó sus puños, pero fingió no haber escuchado a su hermana.
—¡Mamá! —una pequeña niña corrió a las piernas de Karen y se aferró a ella—. Mamá, mamá —chilló la pequeña—. Te extrañé mucho mamita —Karen se soltó de ella y se agachó a su altura para acogerla en sus brazos.
—Y yo a ti mi amor —la abrazó con fuerza—. Quiero presentarte a alguien —se giró con la pequeña en brazos y se dirigió a Inuyasha—. Él es Yasha —la pequeña levantó su manita saludándolo.
—Tu mamá habla mucho de ti, ¿sabes? —la pequeña sonrió. Aquello no era mentira, desde que él sabía que era Shiori de Karen, la rubia hablaba de la pequeña con demasiada energía, incluso el ambarino creía casi conocer a la menor. Su tono de piel era claro como el de su madre, pero su cabello era blanco violeta-claro y sus ojos eran increíblemente violetas oscuro. Sus pequeños labios tenían un brillo rosado, el cual Karen decía que era porque solía morderse mucho el labio.
—Vinieron —dijo la madre de Karen—. ¿No nos presentas?
—Mamá, él es Yasha Miller, Yasha ella es mi madre Lucinda Yesta —Shiori tenía sus brazos aferrados al cuello de Karen y miraba expectante al igual que su madre.
—Un gusto —dijo la mujer con hipocresía—. Pasa a tu acompañante a la mesa.
—Es mi novio —dijo Karen y avanzó hasta el comedor seguida del ambarino, sin esperar respuesta por parte de su madre. En la cabecera estaba sentado un señor de ojos azules y mirada pesada, su cabello estaba repleto de canas al igual que su barba—. Yasha, él es Argent Yesta, mi padre.
—Mucho gusto señor —Yasha le extendió la mano y el señor se tardó unos segundos en estrecharla.
—Bienvenido Yasha —le indicó que se sentara junto a él y así lo hizo.
—Yasha —le habló Karen—, ¿te puedo dejar a Shiori un momento? —el chico asintió un poco nervioso, no solía tratar con niños. Karen sentó a la pequeña en sus piernas y fue a la cocina donde su madre y su hermana platicaban.
—¿Qué estudias? —preguntó Argent y Yasha se tensó, era más que obvio que no le agradaba a nadie en esa casa, salvo a la pequeña que empezó a jugar con sus mechones de cabello suelto.
—Estudié criminología, actualmente trabajo y estoy haciendo una segunda carrera de psicología —inventó lo último.
—¿Cuántos años tienes? —Yasha decidió decir la verdad, de cualquier forma, pronto sabrían todo de él cuando Karen les pidiera a la niña.
—Veintiocho —contestó parcamente. En la cocina se escucharon algunos gritos y Karen salió con el cuerpo tenso y los puños apretados, además de sus preciosos ojos azules vidriosos. Se sentó junto a Inuyasha sin decir nada y después de ella salieron su madre y su hermana con la comida.
Karen se encargó de servirle a su padre, a Inuyasha y a Shiori mientras su hermana servía lo demás. Inuyasha pudo darse cuenta de que Dimaria le servía porciones notablemente más pequeñas al plato de Karen, pero la rubia no dijo nada. Comieron en silencio salvo por algunas preguntas dirigidas a él. El ambiente era sumamente denso y se notaba a leguas que ni él ni Karen eran bien recibidos en aquella casa. La única que no se enteraba de nada era la pequeña Shiori quien estaba sentada en medio de su madre y él.
—Dimaria ya ingresó al bufete donde siempre soñó trabajar —dijo de repente Lucinda—. ¿Tú, Karen? —la miró seriamente—. ¿Qué has hecho con tu vida? —la rubia apretó el tenedor con fuerza—. Además de estar de fiesta todo el tiempo.
—Estoy por terminar mis prácticas en el hospital general, me quieren contratar —Inuyasha notó que hacía hasta lo imposible por no alzar la voz.
—Que mediocre —le dijo su madre—. ¿El hospital general? Karen eres una Yesta, deberías tener tu propio consultorio en un hospital privado...
—Su hija nunca dijo que aceptaría el trabajo —interrumpió Inuyasha con la cara roja de coraje—. Karen ha estado buscando un lugar para poner su propio consultorio...
—De todas formas, nunca podrá hacerlo —se metió Dimaria a la conversación—. Toda su vida gira en torno a las fiestas y el sexo, ¿me equivoco hermanita? —Karen frunció el ceño.
—No sé por qué no puedes ser ni la mitad de responsable que Dimaria —dijo Lucinda—. Sus calificaciones siempre fueron altas y nunca tuve ningún problema de conducta con ella...
—Karen es la primera en la lista para obtener el reconocimiento de oro por el mejor promedio de su generación —Inuyasha calló a las mujeres con un tono elevado—. Su comportamiento en cambio se ha dado por la falta de consideración de su propia familia —se puso de pie—. Nos vamos.
—Pero —Karen estaba al borde de las lágrimas.
—Toma a Shiori y vámonos —dijo Inuyasha más calmado. Si no lo sacaban de esa casa terminaría en prisión por doble homicidio. Si Karen no se valoraba a ella misma era porque su familia no lo hacía. Su madre y su hermana se empeñaban en hacerla menos todo el tiempo y el padre no hacía nada. Era increíble que incluso fueran así en presencia de la niña.
—Ustedes pueden irse, pero Shiori no sale de esta casa —Lucinda se puso de pie.
—Claro que sale —dijo por fin Karen, nunca se habría atrevido a hablarle así a su madre de no ser porque Yasha le había dado la confianza que nunca había tenido—. Es mi hija y se viene conmigo, pero no te preocupes —Karen también sabía lo fácil que sería para sus padres quitarle a la niña con la ayuda de Dimaria—. La regresaremos antes de que anochezca —y ella todavía no se sentía segura de tener el control sobre sí misma para demostrar que podía cuidar de Shiori.
—Karen es su madre y tiene más derechos que ustedes sobre la niña —dijo Yasha al ver que Dimaria iba a protestar—. Ya se los dijo, la regresaremos hoy mismo —tomó la mano de Karen y se encaminó a la salida. Shiori no estaba entendiendo nada, pero se alegró al ver que su madre la llevaba consigo.
—¿Por qué la vas a regresar? —preguntó ya en el auto. Karen sonrió y acarició el cabello de su hija.
—No quiero que empiecen un pleito legal —fue sincera—. No creo estar lista.
—Karen, no has tomado una gota de alcohol desde que hablamos al respecto y has ido a las sesiones de alcohólicos anónimos.
—Sólo he ido dos veces —le recodó—. Creo que tampoco quiero que mi nombre esté en una placa de oro en el salón de la fama de la Universidad...
—¿Por qué no? —preguntó molesto—. Te has esforzado por ese título...
—Aún con ese diploma, no soy nadie —Yasha se giró a verla con la mirada dolida. No debería sorprenderse de que Karen no se valorara, pero aquello lo destrozaba.
—Claro que lo eres —estacionó el auto en un restaurante de comida italiana que contaba con área de juegos para niños—. Deberías de verte a través de mis ojos...
—Eso sonó tan cursi —dijo ella con una sonrisa y Shiori también sonrió.
—O los de ella, ¿no viste su reacción cuando llegaste? —Yasha no estaba siendo cursi para confortarla, no sabía explicarlo, pero podía ver más cosas buenas que malas en Karen.
—Será mejor que entremos —Karen abrió la puerta del carro y se bajó con la niña, Yasha la siguió segundos después. Tenía que idear un plan para que Karen se amara. La pobre joven estaba tan acostumbrada a los desplantes de su familia que había perdido el amor y respeto por sí misma. Inuyasha no dejaría que las cosas siguieran igual.
—¿Puedes pedir? —le preguntó la rubia—. Voy a llevar a Shiori al baño —Inuyasha asintió y esperó a que Karen le dijera los platillos.
—Mami —Shiori le habló una vez que se alejaron—. ¿Él es mi nuevo papá? —Karen paró en seco justo antes de entrar a los baños.
—No corazón —sonrió lo mejor que pudo. No quería que su hija se hiciera ilusiones, aunque su relación con Yasha iba en serio, sabía que tarde o temprano él se cansaría de ella. No podía romperle el corazón a su hija de esa manera—. Él es un amigo muy cercano mío y seguramente te va a querer mucho pero no es tu papi —le sonrió.
—Ah —la niña entró al baño y Karen la esperó afuera. Su madre siempre se jactaba de lo bien que le había enseñado a ir al baño por sí sola. De todas formas, Karen se esperó en caso de que la niña necesitase algo. Cuando salieron Shiori corrió y se sentó junto al ambarino, Karen nunca la había visto tan despierta. Lo atacó con un sinfín de preguntas como cualquier niño a un adulto. La paciencia de Yasha la conmovió. Karen se levantó para rellenar su vaso de refresco.
—¿Y le vas a poner el alcohol aparte? —Karen soltó el vaso y su refresco se chorreó en la rejilla.
—¿Qué quieres Kageromaru? —fingió no estar alterada, el chico de cabello oscuro a rape la estudió con la mirada. Karen ni siquiera parpadeó.
—Hace mucho que no te veía —el chico se lamió sus pequeños labios, mirándola con algo más que lujuria en esos intensos ojos marrones, casi color sangre.
—Sí, ya tiene tiempo —la joven le dio la espalda y recogió su vaso para volver a servir el refresco.
—Veo que no vienes sola, y además traes a tu hermanita —Karen se tensó—. Es extraño que te portes tan familiar con un simple novio —se acercó a ella, poniéndole la piel de gallina—. ¿Cuánto tiempo crees que puedas retenerlo? En algún momento vas a perder el control y sacarás a la putita que llevas dentro…
Karen se giró hacia él, vaciándole el refresco encima. Estaba harta de que todo el mundo la juzgara por sus acciones. Sabía mejor que nadie lo mal que se había portado durante mucho tiempo, pero eso no le daba derecho a los demás de ponerle calificativos para ofenderla cada que les viniera en gana.
—No vuelvas a acercarte a mí —espetó dejando el vaso en la barra. Kageromaru torció una sonrisa y lamió las gotas de refresco de manzana que escurrían por sus labios.
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Sábado por la mañana, Koga había pasado a recoger a Ayame para pasar el día juntos. Se habían encontrado a escondidas pues Ayame no quería que nadie supiera que seguían viéndose. Koga la había notado un poco distraída y recordó que ya había pasado un mes de la muerte de Abi, un mes que estuvieron un poco separados y las cosas entre ellos simplemente no mejoraban. Se veían a escondidas, salían a lugares alejados del centro y cuando él intentaba acercarse a ella de una manera más romántica, Ayame siempre lo alejaba con un repentino dolor de cabeza o el pretexto de que no tenía ánimos. Ya había pasado un mes a dieta y realmente no le molestaba porque sabía que Ayame no estaba bien, lo entendía. El problema era que constantemente su cuerpo le pasaba la factura frente a la doctora Kagura Himura.
—¿Ese es Damon? —preguntó Ayame. Koga hubiera dado cualquier cosa por no haber volteado. A través del cristal de un restaurante, se podía ver como Damon se acercaba al oído de la doctora Himura y ella reía. Koga apretó sus manos sobre el volante.
—¿No salía con Rin? —preguntó molesto y Ayame se mordió el labio. Ni siquiera ella podría definir lo que había entre ellos, pero estaba segura de que no era una simple amistad. Estaba segura de que Rin sentía algo más por Damon, aunque ella lo negase.
—Koga, tienes el siga —le dijo Ayame y el moreno regresó su vista al volante.
No sabía por qué se sentía de aquella manera, era como si tuviera gastritis y su cuerpo estuviese ardiendo, pues la acidez comenzaba a subir desde la boca del estómago hasta su garganta. No lograba entenderlo, tenía a Ayame junto a él. Eso debería ser suficiente para estar bien, ¿no? Llegando a la siguiente calle Koga intentó respirar, pero estaba bastante alterado por lo visto. ¿Qué hacía Damon con la doctora? ¿Por qué eran tan cercanos? Miró el semáforo de la calle perpendicular a la de ellos y vio que el verde comenzó a parpadear, quitó el freno y pisó el acelerador para avanzar.
—¡Koga! —Ayame jaló el freno de mano y el clackson de un carro lo hizo respingar—. Es un cruce —le dijo ella—. ¿Qué te pasa?
—Lo siento Ayame, no me fijé en el tercer semáforo —quitó el freno de mano y esperó a que el verde se pusiera para ellos.
—La-la vuelta —Ayame vio la calle por donde debieron meterse.
—Oh carajo —Koga dio un volantazo y la pelirroja se aferró a su lugar al sentir que la camioneta se volteaba.
—¡Demonios Koga quiero bajarme ahora! —le gritó histérica.
—Lo siento Ayame —el moreno intentó calmarla—. No sé dónde tengo la cabeza —mintió. Haber visto a Kagura con otro lo había puesto muy cabreado. No paraba de imaginar cuántas cosas podrían hacer después de desayunar.
—Koga, creo que esto no está funcionando —dijo la pelirroja. Era consciente de que ella tenía siempre la cabeza en otro lado y Koga se merecía a alguien que fuera capaz de atenderlo. Ayame no tenía ánimos ni ganas de continuar su relación. Amaba a Koga, había sido su primer y único gran amor, pero ella no podía darle más que su amistad en esos momentos de su vida.
—¿Qué? —el moreno se estacionó a unos locales del restaurante donde tenían planeado desayunar—. Ayame ya hemos pasado por esto...
—Es diferente —lo cortó—. Antes no tenía que ver contigo —su voz se quebró—. Pero ahora es diferente —Koga la observó con detenimiento. No estaba entendiendo lo que quería decir ese "antes no tenía que ver contigo". Él pensaba que Ayame sólo necesitaba tiempo, pero las cosas habían cambiado desde la muerte de Abi. Incluso Ayame se había mostrado un poco más melosa que de costumbre, Koga tenía la idea de que pronto las cosas volverían a ser como antes, sin embargo, para la pelirroja las cosas eran distintas.
—Te llevaré al campus —Koga no sabía qué decirle. Manejó tranquilo y en silencio hasta la universidad.
No lo entendía, pero una parte de él lo desafiaba diciéndole que era lo mejor.
Ayame se bajó de la camioneta sin agregar nada y corrió hasta su recámara, encontró a Rin lista para ir a tomar un baño y se aventó a sus brazos para soltarse a llorar. Le contó lo que había pasado. Rin no podía creer lo que Ayame le decía. Pensó al igual que Koga, que las cosas iban bien entre ellos. Pero no se había dado cuenta lo difícil que había sido para Ayame mantener aquella relación de esa forma. Le contó que lo seguía queriendo, demasiado pero simplemente no tenía ganas de seguir con esa relación porque le parecía estar forzando las cosas con Koga. El moreno debía estar con alguien capaz de dedicarle su tiempo, y su mente. Ayame lo atosigaba por miedo de que algo pudiera pasarle, pero fuera de ese sentimiento infundado, realmente sentía que debía dejarlo ir.
Cuando ambas fueron a las regaderas, Rin salió antes que la pelirroja y vio el celular de Ayame en uno de los compartimentos externos de su mochila. Sabía que no debía tomarlo de esa forma, y menos porque la pelirroja seguramente se deprimiría al no tener contacto de ninguna forma con Koga, pero una parte de ella le decía que sería mejor que se desconectara en ese momento del mundo. Ayame necesitaba olvidar y reponerse. Rin tomó el celular para dárselo después a Damon Miller.
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Sesshomaru, Inuyasha e Inu No Taisho se reunían a desayunar una vez al mes con Kagura y Yura. Sesshomaru había sido el primero en llegar con la doctora y apartaron una mesa, el ambarino le hizo un comentario acerca del retraso de Yura e Inu No, pero no se esperaba que ella se riese de algo tan insignificante, sobre todo porque Kagura siempre se mostraba fría como él. Después Inuyasha llegó y cuando Yura apareció al lado de Inu No, Inuyasha bombardeó a la abogada de preguntas sobre la custodia de una menor. Sesshomaru ya se olía lo que se traía entre manos su hermano menor pero no dijo absolutamente nada. Todavía tenía que cobrarle el haber interrumpido su acercamiento con Tanner. La castaña lo había estado evitando todo el tiempo, incluso durante las clases que tomaban juntos, lo ignoraba y evitaba sin darle un solo instante a solas.
Después de regresar a la universidad el sábado en la tarde, Sesshomaru se cambió para ir al gimnasio a hacer ejercicio. Sabía que Inuyasha se le pegaría, y aprovecharía para desquitarse con él por haber arruinado el momento que había conseguido con Rin Tanner. Además de que necesitaba liberar estrés y golpear a su hermano siempre lo ponía de buenas, aunque con él nunca peleaba en serio, Inuyasha a diferencia suya, era demasiado apresurado y poco estratega. Actuaba por instinto, Sesshomaru en cambio era mucho más frío y calculador al momento de enfrentarse a un rival. Ambos habían mantenido el mismo entrenamiento en las bases militares de Colombia gracias a unos contactos que su padre tenía, sin embargo, habían desarrollado diferentes habilidades pese a que el entrenamiento había sido igualitario.
—¿Estás listo? —Sesshomaru llevaba puesta una playera deportiva sin mangas color gris y unos pants sueltos para mejor movilidad. Inuyasha por su parte llevaba una playera roja de manga corta y unos pants más ajustados. Ambos hermanos llevaban su larga melena en una coleta alta.
—Lo estoy si tú lo estás —contestó el menor encorvando su cuerpo, rodeando a Sesshomaru quien no le quitaba los ojos de encima.
Sesshomaru casi podía decir que conocía los movimientos de Inuyasha como la palma de su mano, habían aprendido muchas técnicas antiterroristas en Colombia y las habían mezclado con las propias, y él conocía a la perfección las de Inuyasha. Esperó pacientemente hasta que el menor lanzó un golpe directo contra su cuello, fácilmente Sesshomaru desvió su ataque y metió su brazo debajo del de Inuyasha para darle un codazo en la barbilla con poca fuerza. Inuyasha retrocedió unos pasos y se limpió el sudor de la frente.
Continuaron con sus movimientos inconscientes de que Rin había entrado al gimnasio y los observaba atentamente. La joven había estado buscando a Damon para darle el celular de Ayame, sin embargo, también tenía la necesidad de salir corriendo en ese momento al recordar lo ocurrido con el ambarino que dominaba la pelea en esos momentos. Estaba atontada viendo sus gráciles movimientos, oscilaba con la agilidad de una pantera y la fuerza de un oso. Podía fácilmente distanciarse de su hermano para bloquearle los movimientos. Rin nunca había visto nada igual. La destreza con la que se desenvolvían los Miller era increíble. Yasha poco a poco estaba alcanzando la velocidad de su hermano, no. Más bien Damon estaba ralentizando sus movimientos para que su hermano pudiera darle alcance.
—¿Vas a pelear en serio? —escupió el menor intentando acercarse más a su hermano.
—Si eso es lo que quieres... —contestó el mayor torciendo una sonrisa, esquivando con suma facilidad los ataques de su hermano, desviando su último intento por golpearlo, sujetando su antebrazo y lanzándolo contra el suelo con un movimiento que se veía natural y sencillo, pero había sido rápido y eficaz.
—Joder —Yasha se levantó de un brinco e intentó golpear de nuevo a su hermano quien hacía apenas esfuerzo para esquivarlo, sin embargo, no hacía ni el menor intento por atacarlo y eso cabreaba más el orgullo del menor.
—Eres impaciente —espetó mandándolo de nuevo al suelo al detenerle otro intento de golpe directo—. Y lento.
—Keh —bufó desde el suelo—. No te creas tanto, llevamos el mismo entrenamiento.
—Pero no tenemos las mismas capacidades —le dio la espalda, Yasha se levantó con la intención de tumbarlo, Damon apenas se desplazó de su lugar, dejando que Yasha lo pasara de largo—. Y eres predecible.
Rin se percató de que se acercaban hacia ella, la castaña retrocedió unos pasos hasta dar con un escondite perfecto. Los hermanos discutieron un par de cosas más antes de que Yasha se alejara y saliera por la puerta del gimnasio, cerrándola de un portazo. La castaña se encerró en el almacén de balones y colchonetas. Sentía su corazón martillando su pecho desde adentro. Trató de respirar con profundidad varias veces, los movimientos de Damon se habían grabado en su mente de una manera muy nítida, como si hubiese estado más cerca contemplando la contracción de su piel contra sus trabajados músculos. Además, la gracia con la que se movía al pelear era admirable, pues no era tosco, al contrario. Sus movimientos eran sutiles y letales al mismo tiempo. Perfecto, seguramente esa palabra lo describía de manera literal. Y Rin no podía dejar de pensar en esos fuertes brazos alrededor de su cuerpo, protegiéndola y brindándole el calor que seguramente generaba un cuerpo tan ejercitado como ese.
—¿Conseguiste el celular de Parks? —abrió los ojos sobresaltada al escuchar la voz de Damon. ¿En qué momento había entrado? No lo había escuchado. Asintió, dándose la vuelta para verlo a los ojos. Grave error.
Damon se había quitado la camisa deportiva y la llevaba colgando en su cuello húmedo, al igual que gran parte de su torso. Rin retrocedió un paso y se mordió el labio inferior. Aquel hombre iba a volverla loca con aquella cínica y seductora actitud. Desvió la mirada a la puerta cerrada en busca de una ruta de escape, pero tendría que moverlo si quería salir de ese lugar. Fue incapaz de mirarlo a los ojos, su rostro ardía y estaba segura de que sus mejillas estaban al rojo vivo. El simple hecho de tenerlo cerca le recordaba lo que había sucedido apenas unos días atrás. Buscó en sus jeans el teléfono de su amiga.
—Toma —le extendió el celular y Damon la tomó de la muñeca con suavidad, esperando a que ella se atreviera a verlo a los ojos. Rin levantó el rostro con las mejillas arreboladas, y justo cuando sus miradas se encontraron, ella volvió a desviar la vista hacia abajo.
—¿Por qué me esquivas la mirada? —preguntó con seriedad y ella separó ligeramente sus labios, pero no salió sonido alguno de ellos—. ¿Es por lo del miércoles?
—Yo no suelo comportarme de esa manera —dijo ella por fin—. Y contigo sólo pienso en dejarme llevar —se atrevió a mirarlo, encontrándose una mirada más suave y su corazón dejó de latir por un segundo. Podría jurar que incluso había un toque de ternura en aquellas lagunas profundas y doradas. Lo vio entornar ligeramente los ojos sin contestarle—. Y no quiero que pienses algo de mí que no es —intentó soltarse de su agarre, sabía que, si se quedaba un segundo más ahí, terminaría cediendo a los deseos que Damon despertaba en ella.
—Creo que no ha quedado claro que me interesas —la jaló de la muñeca hasta pegarla contra su pecho, usó su otra mano para sujetarla de la cintura y evitar que se moviera. La tenía justo donde la quería—. A mí en cambio, me parece que te intereso lo suficiente como para dar el siguiente paso —Rin se quedó helada. Eso no podía estar pasando, Damon estaba tentándola en un plan por demás peligroso y ella estaba a punto de seguirle el juego. Por un lado, quería obtener lo que pudiera de él en cuanto a la información del caso de Abi refería. Y, por otra parte, lo deseaba como nunca había deseado a nadie. Sabía que iba salir lastimada de esa situación y aun así era tan tonta para acercarse al fuego y dejarse consumir por él, sabiendo que al día siguiente terminaría siendo sólo cenizas.
—¿Qué consideras tú el siguiente paso? —preguntó con voz firme. No quería hacerse ilusiones con la idea de una falsa relación romántica. El siguiente paso para Damon podía significar acostarse con ella únicamente. Y tal vez aquello complicaría las cosas entre ellos. Rin nunca había estado con nadie, aunque para el ambarino aquello era más que evidente.
A Sesshomaru aquella pregunta lo dejó en jaque. No sabía que contestarle a Tanner, la deseaba físicamente, realmente lo hacía. Sin embargo, no sabía cuánto estaba dispuesto a dar por ella. No quería terminar como el canalla que se había aprovechado de ella, pero, por otro lado, Rin Tanner despertaba en él cosas que nadie más había hecho, deseaba poder cuidar de ella y algo le decía que Rin no se estaba quieta, que sabía más de lo que decía y que su vida corría peligro. Podría soportar una relación no demandante con ella si con eso lograba mantenerla a salvo. Entre otras cosas.
—Lo que creas necesario —contestó fríamente—. No soy un hombre complicado, Tanner —soltó su muñeca con suavidad y guardó el celular de Parks en el bolsillo de los pants—. Quiero estar contigo, sí —le advirtió—. Pero también quiero que estés a salvo —y Rin supo entonces que hablaba el policía que había en él. Por alguna razón Damon sabía que ella estaba haciendo sus propias investigaciones y que de alguna manera se estaba exponiendo. Se dejaría proteger por él, y también se entregaría a la intensidad de sensaciones que le provocaba.
—¿Estarías únicamente conmigo? —preguntó un poco insegura, seguramente aquella petición le parecería ingenua, pero Rin quería creer que podía jugar ese juego a su manera y ella no quería que él le prestara su atención y protección a alguien más.
—Si estamos en igualdad de condiciones, es algo que puedo hacer —juró y Rin asintió. No tenía intenciones de estar con algún otro hombre. Admitía que Cole había despertado su interés, pero Damon despertaba otras cosas dentro de sí. Intensas y excitantes.
Rin lo miró fijamente esperando a que la soltara, se sorprendió a sí misma sosteniéndole la mirada. Las lagunas doradas eran bastante pesadas, pero no podía dejar de verlas. Sentía como si las conociera de algún lado, como si ellos dos ya se hubiesen visto tiempo atrás. Sonrió levemente, pensando que alucinaba. De haber visto a alguien como él, lo recordaría. Damon la soltó. Rin se lamió los labios y se dispuso a irse de ahí. Quizá aquella relación apresurada estaba ejerciendo mucha presión en ambos y el ambiente se estaba volviendo denso.
Antes de que pudiera cruzar el umbral de la puerta, Damon la jaló del brazo y la hizo girarse hacia él. Rin apenas pudo reaccionar cuando los sedosos labios masculinos acariciaron los suyos y se abrieron paso con la suavidad de su húmeda lengua. Rin gimió cuando las manos de él se colocaron sobre sus caderas... Su gemido fue mitad placer, mitad dolor pues su piel todavía estaba hinchada por el tatuaje que se había hecho. Aun así, no fue capaz de separarlo o mover la mano de Damon que se aferraba a la piel herida. La posesividad con la que la acariciaba la hacía sentirse en el paraíso. Su cuerpo emitía demasiado calor y Rin quería sentirlo abrazarla. Suspiró sobre los labios de él cuando se alejó apenas nada para que ambos pudieran tomar aire.
La respiración de Tanner se había agitado, Damon acercó sus labios a los de ella apenas rozándolos con suavidad tortuosa. Rin inclinó más su rostro al de él, sorprendiéndolo por haber sido ella quien iniciara el beso. Su tímida lengua buscó la de él con torpeza, pero en cuando ambas se encontraron, comenzaron una danza sensual y lenta. Profunda. Las manos de Damon sujetaron sus caderas, apegándola contra su desnudo torso, sintiendo las pequeñas manos de ella recargarse en su pecho para acariciarlo suavemente. Logrando que un escalofrío recorriera su cuerpo. Mordió el labio inferior de ella como respuesta y logró arrancarle un sonoro gemido.
—Mmm —Rin intentó deshacer el beso, pero él no iba a dejarla ir de nuevo. Sabía que, si la soltaba, saldría corriendo como la última vez y no estaba dispuesto a permitirlo.
—No huirás de mí —susurró con voz ronca y aterciopelada mientras la jalaba con delicadeza hasta las colchonetas.
La recostó lentamente y comenzó a desabotonar los botones de su blusa, exponiendo su nívea piel y sus generosos senos atrapados en la estreches de su lencería lila, los cabellos negros de él rozaron la sensible piel cuando se inclinó para observarlos más de cerca. Se recostó junto a ella y besó el inicio de los suaves montes, uno después del otro y Rin se deshizo en rasos suspiros. No entendía por qué estaba siendo tan gentil con ella, no se quejaba en absoluto, pero sentía que, de alguna manera, Damon se estaba controlando.
—Damon —jadeó cuando repentinamente una mano apresó su seno derecho, haciendo que se arqueara en esa dirección. Damon bajó lentamente la prenda hasta revelar los dos montes con la punta almendrada, ansiosos de ser consentidos por su boca y sus manos. Mordió la cresta y la apretó entre sus labios, excitándose a sí mismo por los sensuales sonidos que salían de los labios de ella.
Temía no poder controlarse, su cuerpo la deseaba en demasía. Su masculinidad comenzaba a despertar y no podía pensar en otra cosa que no fueran los suaves y carnosos labios de Tanner alrededor de su miembro. Pero en esa ocasión se contendría, haría que ella lo disfrutara.
Bajó su mano sobre la tela de la blusa a medio quitar y se colocó sobre el vientre de la joven hasta que sus dedos delinearon el borde de los jeans, Rin se mordió el labio expectante, la mano de Damon desabrochó su prenda con lentitud y poco a poco fue acariciando su piel sobre la sedosa tela de sus pantis. Rin apretó las piernas en respuesta y él sonrió. No sólo besaba como una niña, se comportaba también como una.
—Relájate —le pidió con voz tranquila—. Sino no podrás sentirme —Rin abrió los ojos ante aquellas palabras tan comprometedoras, él aprovechó su sorpresa para colarse entre la tela de lencería y su piel anhelante. Acariciando la suavidad de lo prohibido. Ella intentó relajarse, los dedos de Damon se movían con delicadeza de no lastimarla, pero sabían justo donde tocar para hacerla sentir mayor placer.
—¡Oh, Damon! —Rin se aferró a sus hombros, con aquella voz tan excitada, él comprendió que lo estaba disfrutando. Sesshomaru disfrutaba ver aquel rostro contraerse de placer, estaba más roja que de costumbre y su cabello caía sedoso sobre sus hombros y parte de sus senos. Arqueó ligeramente la comisura de sus finos labios y aumentó el ritmo con el que masajeaba su punto más sensible. Rin se contrajo y después se relajó completamente. Sesshomaru sacó su mano lentamente y saboreó sus dedos, ansioso de cambiar el lugar de estos con su lengua.
—Y no hemos terminado —advirtió colocándose entre sus piernas, estaba a punto de bajar sus pantalones cuando ella se quejó con dolor y él notó que donde tenía su mano había piel herida—. ¿Qué?
—Es un tatuaje —explicó ella rápidamente—. Recién lo hice ayer... —Sesshomaru pasó su dedo con delicadeza sobre la piel hinchada y levantó el dedo un tanto perturbado pues su dedo tenía un poco de sangre.
—Es normal —le explicó—. Creo que debería irme —se acomodó la ropa—, debería ir a enjuagarlo y untarle pomada... —Sesshomaru aún no salía de su asombro, aquello no se lo había esperado y menos por las palabras que sobresalían de su cadera.
Second Chance.
—Mañana —carraspeó un poco inseguro, cosa sobrenaturalmente extraña en él—. ¿Tienes algo que hacer mañana? —ella abrió ligeramente los ojos y negó con un movimiento de cabeza—. Vamos a comer entonces —ella sonrió y trató de omitir una carcajada. Aquel hombre podía mandar al suelo a su hermano sin problema alguno, pero era un poco novato en eso de pedir citas.
—¿Nos vemos a las tres? —él asintió y ella se acercó a él, rodeó su cuello con sus manos y le robó un fugaz beso—. Hasta mañana —Rin salió de la bodega de balones con una sonrisa infantil en el rostro. Decidió no contarle a Ayame lo recién ocurrido, la pobre necesitaba que la apapacharan y consintieran en esos momentos.
Ya le contaría después su pequeña travesura...
Y escucharía su inminente regaño.
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.O.o.O.
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Notas:
Levy McGarden de Redfox pertenece al fic de DanaLovesOhana Crime Sorciere. Del fandom de Fairy Tail :3 De hecho le pedí permiso en el especial que tuvo post-fic XDDD EDIT 2020: Lamentablemente ya borró todos sus fics y después de tres años no lo supero TT_TT
Himura, el apellido de Kagura significa Aldea Escarlata :3
El caso del hombre que le hizo creer al jurado que sufría esquizofrenia, es real.
Notaron que hubo más sentimiento en el lime? Los sentimientos empiezan a desarrollarse entre estos dos, y poco a poco las escenas irán subiendo de tono 7w7 también pronto Rin conocerá a Kagura y tendrán una charla impactante! XD
Respondiendo a los bellos reviews sin cuentas:
Guest1: Haha de quién hablará? Kagura es un misterio. No es que no me guste esa pareja... Es que me harta Karen por muchos motivos XDDDD
Kagura: verdad? Amo a ese maestro Haha XD yo también lo deseo pero es secreto! Muajajaja es que Kagura... Hmmm! Yo también leí un doujin o doushinji de ellos 7w7 creo que de ahí no me quito a la pareja de encima Haha Sesshomaru se va a dar de topes por negar que siente algo por ella pero es más que obvio que le atrae y más!
Kagoyame: verdad? Yo los amo juntos! Y pronto los verán más en mis demás fics XD excepto collage. Ahí los dejaré de otra forma. Debo poner una nota al inicio del fic respecto a lo de Kagura hahahaha.! Cole uf! Sí, Sessh se pudo posesivo y celoso 7u7 pobre Rin! Haha y bueno ahora no le quedan dudas a Inu que las tetas de Rin son reales Hahahhahahahahahaaaha! Lo sé lo del caso de Casey es perturbador ):
Isa Taisho: es que siento que como pareja van a ser muy intensos! Viva el Kago! (Porque Kogura es Kohaku y Kagura hahaha). No lo creo por Ayame... Realmente la pobre tiene otros problemas en la cabeza u.u Haha Inu, Inu, Inu tan inoportuno! Haha a Sessh le van a explotar los testículos hahaha
DomPath: hahaha por Koga? Lo sé, inesperado! A mí también me encantan juntos! Haha pobre hombre! Me lo interrumpieron! Cole te da miedo? O: eso es nuevo haha.!
Rijeayko: hola! Me alegra que le dieras una oportunidad! La verdad siempre me ha gustado escribir pero estos últimos años me he enfocado mucho en narrativa. Eso espero porque al principio alguien se quejó de que era tedioso tanto texto XDDD no ignoro ninguna crítica que pueda ser constructiva e intenté darle un poco más de ritmo a la lectura. En cambio en mi caso es la única pareja que me encanta de Inuyasha hahah! Y Kikyo y Naraku, y tal vez Sango y Miroku... Pero sobre todo Sessh y Rin y más por sus momentos en Kanketsu Hen :3 en Collage es el único fic donde voy a respetar la canonidad de su relación XD Ayame no me desagrada pero para Koga prefiero a Kagura en muchos sentidos, sobre todo cuando se trata de llevar la relación a un nivel más maduro... Am la atracción de Koga inicia como eso, y habrá altibajos en su relación con Ayame pero realmente las cosas entre ellos han ido deteriorándose.
Nos leemos y gracias de nuevo por pasarte!
Tara Castillo: hola! Gracias nena :3 cuales dudas? Podría resolver algunas si no son spoiler (?) Haha saludos desde México!
ZY: HAHAHHAHAHAHA en pro de los derechos humanos! Juras! Hahahaha! Sí caray! Iba a ser un lime más poderosos pero me lo he guardado para este capítulo XDD el Inu Yura viene en el siguiente capítulo XD
Gaby Gutiérrez: Hola! No te apures que hay mucho tiempo n.n Me alegra que te guste la mayoría XDD Tal vez algún día todo(? ) XXDDDD Las lecturas también son mis bálsamos! Esos días malos 7n7 hay que sacarlos de nuestras vidas! También los amo! haha El Guasón sin duda es mi villano favorito! Pero aproveché que están de moda para meterlos (?) XDDD realmente ese síndrome no existe se lo sacó Hakudoshi de la manga! X'DDDDD Inuyasha sin duda es un inoportuno X'D y el caso de Caylee fue muy triste! Adiós justicia :'(
Dani Pasos: HAHAHA Estoy pensando en hacer un OS de Inu y Karen con lo del sombrero X'DDDDD Saludos!
Lin: Awww haha es que se quieren pero no lo admiten 7w7 Siii su relación va viento en popa X'DDDD XD hahahaha pobre! Inuyasha no se las vio con esas intenciones! XDDDDD Cole te da ñañaras? XD eres la segunda! ;)
Anya: Si, lo dejé más a la interpretación pero pa' que me hago la loca XDDDD Hahaha sin el Ermitaño la poli estaría en aprietos. Pobre Inuyasha todas lo quieren matar! XDDDD Y me dices para ver si me inspiré en él! XDDDD
Alguien U: XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD hahahha no jodo, pobre Rin ); llegaron en el momento menos apropiado ); Yo amo a ese profe ;)
Guest2: Gracias *O* HAHAHAHA pobre Inuyasha hahahaha no lo bajan de inoportuno y tonto X'DDDD Por el Koga-Kagura! x3 el cuatri? XD
Guest3: Agradezco también a esa vocecita! Gracias por darle una oportunidad al fic :'3 espero que te siga gustando :3
Agradecimientos:
DreamFicGirl
Star fiire -Lupita Reyes
Indominus Dea
Kagura
Claudy05
Kagoyame
Isa Taisho
HoolieDaniSars
Rijeayko
DomPath
Tara Castillo
Kuruma Chidori
ZY
Gaby Gutierrez
Dani Pasos
Abigz
Lin
Fabricio
Anya
DanaLovesOhana
Cleoru Misumi
Alguien U
Milly Taisho
Sabastu
Baby Sony
Aleliz
SunyKika
Another Angel Down
Sydien2000
Y a todos los bellos Guest que no dejan su nombre :3
Muchas gracias por los casi 200 reviews! :DDD
Recuerden que este fic participa en la campaña con voz y voto de Elixir Plateado,
porque leer y no comentar es como agarrarme las tetas y salir corriendo!
Nos leemos pronto! :3
