Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia en cambio es mía, está registrada y es para el entretenimiento de las mentes macabras... :P
Bueno, traigo este capítulo, espero lo disfruten, recuerden que pueden encontrarme en FB como Iblwe McGarden (link en mi perfil).
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Madness
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Era domingo por la mañana. Cerca de las ocho y cuarto. Siempre puntual, año con año la visitaba el aniversario de la fecha que había fallecido, sin embargo, ese día se encontraba ahí porque necesitaba despejar su mente del trabajo. Tal vez ella había sido la figura materna de la cuál su propia progenitora había brillado por su ausencia. Aunque había convivido apenas un año con la señora, habían creado un vínculo más allá de clienta y abogada. Y en esos momentos Yura necesitaba sentir esa conexión, aunque fuera de manera unilateral. Visitarla siempre le aclaraba la mente y le hacía recordar a sí misma la promesa que le había hecho a Juth Allen. Yura iba a probar su inocencia, aunque tuviera que desafiar a todos los jueces de Louisville. Yura iba a limpiar su nombre porque se lo debía.
—Te echo de menos Bambi —susurró con los ojos llorosos—. La vida no es tan divertida sin tus elocuencias —se secó la humedad de los ojos antes de que dañaran su maquillaje. Ese día no iba de negro como en el aniversario de la muerte de Juth, ese día iba a ir a la fiesta de las gemelas de su prima Sango, Inu No la llevaría—. Por más que me aleje de los niños me persiguen —sonrió, adoraba a las hijas de Sango y las colmaba de caros regalos. Pero no era algo que ella quisiera en su vida, no le iba el lado maternal. Y con el pedido de Inuyasha, otra pequeña se incorporaba a los niños que la rodeaban sin ser sus hijos.
—Se va a hacer tarde —Inu No la había estado observando a la distancia. Ese día lucía radiante. Llevaba un vestido verde pálido de escote cuadrado que le cubría los senos en su totalidad, su largo alcanzaba a sus rodillas y a la altura de las caderas llevaba un cinturón café al igual que las sandalias. Inu extrañaba verla enfundada en sus elegantes sacos y faldas estilo oficinista que usaba en los días que laboraba.
Aunque claro, siempre prefería verla sin prenda alguna. Deshizo el pensamiento de inmediato, su culpa de seguir con aquella extraña relación lo carcomía cuando lo pensaba demasiado. Yura era demasiado joven como para desperdiciar su vida con un viejo como él. Era exitosa y tenía toda una larga vida por delante, él en cambio era un hombre divorciado —dos veces—, y con dos hijos, uno casi de la edad de ella. Bien podría ser su padre.
—Claro, vámonos —la abogada terminó de arreglar las flores que había llevado ese día y se aproximó a él. Caminaron en silencio hasta la camioneta del policía, Inu No sabía lo que ir a ver esa tumba representaba para ella. Era algo realmente importante y especial. Lo único que ensombrecía esas visitas era el escaso o nulo avance de la abogada en el caso de Bambi. Era difícil probar la inocencia de una mujer fallecida, que en vida había aceptado su culpabilidad por presión de la fiscalía.
Camino a la carretera el celular de Inu No comenzó a sonar, gruñendo porque lo molestaran en su único día libre intentó ignorar la llamada, sin embargo, la insistencia de su timbre eliminó rápidamente esa idea. Contestó por medio de la pantalla, a sabiendas de que Yura iba a escuchar lo que hablara. Era el departamento forense, seguramente Kagura. Habían encontrado muchas pistas cerca del cuerpo de Kana White que habían estado analizando los últimos días.
—Agente Taisho —su voz no denotó su molestia. De hecho, había sonado relajada, había sido porque Yura había puesto su mano sobre la de él en la palanca de velocidades. Le sonrió de medio lado.
—Soy yo —en efecto era Kagura—. Ya tenemos los resultados de los cabellos que encontramos en la escena, y las muestras de ADN, las tres eran diferentes, una pertenecía a Kana, pero las otras dos…—Kagura había estado presente en la búsqueda de pruebas, habían recolectado algunas prendas de la adolescente y una colilla de cigarro, aunque cabía una pequeña posibilidad de que no perteneciera al asesino, mucha gente tiraba las colillas sin ser conscientes de que podían ser recogidas como evidencia forense.
—¿Tienes un nombre? —Inu sabía que eso era muy probable a menos de que los individuos no estuviesen en el registro de Louisville.
—No, pero he solicitado la búsqueda de la base de datos en otros estados —la decepción era perceptible en la voz de la médico, sin embargo, el silencio no duró mucho—. Hay otra cosa interesante —Kagura se preguntaba qué hacía trabajando en domingo. Ni ella lo sabía.
—Primero que nada —la interrumpió Inu No—. Hubo un detalle que habíamos pasado por alto —comenzó—. Byakuya encontró un vídeo de las cámaras de tránsito.
—¿De Kana? —preguntó Kagura.
—Así es —Inu No asintió. Kagura ya se había acostumbrado a que Inu No le revelara información confidencial, y ese era el problema que tenía aquel hombre, siempre confiaba demasiado en su equipo. Debería sentirse halagada por eso, pero no lo estaba, porque eso era señal de poco profesionalismo y era algo que ella detestaba. Por más camaradería que hubiese entre ellos, no debían mezclarlo con el trabajo—. Es de un auto que se acercó a ella y el conductor le preguntó algo —Kagura aguardó en silencio—. Y luego desaparece y Kana sigue su camino.
—Entonces, Kana no se sube al auto ni tampoco hay indicios de que el señor insistiera —dedujo la médico forense.
—Exacto —Inu No se talló la sien mientras aguardaba en la fila para pagar la caseta de la carretera—. Hemos intentado entrar a la casa del conductor, pero insiste en pedir una orden para examinar su propiedad.
—¿Crees que es el asesino? —Kagura no descartaba esa posibilidad, pero sin nada más que ese vídeo no podían probar nada.
—Pudo haberla esperado en un lugar donde nadie pudiera verlos y forzarla a subir a su auto —se explicó el policía—. Es la única evidencia que tenemos, si no la investigo, estaría dejando ir a un sospechoso potencial —aquello podía ser un camino que seguir que lucía diferente al que ella había encontrado.
—Ahora escucha lo que encontramos —lo interrumpió Kagura—. Los cabellos que mandé analizar, los lila, son de una peluca —el hombre se sorprendió—. Apenas anoche recibí los resultados.
—Pensé que habías dicho que eran reales, no sintéticos —le cuestionó Inu No.
—Era mohair y no es del todo sintético, es un material muy parecido al cabello humano porque es de animal, muchas veces de caballo y otras de camello, generalmente en las pelucas siempre es el mismo largo, nosotros encontramos dos tamaños diferentes casi del mismo tono, lo que puede significar que había dos personas portando esas pelucas.
—Y teniendo el ADN sólo debemos compararlo con el de los que puedan llegar a ser sospechosos —terminó Inu No—. Como el señor del automóvil.
—Así es —Kagura tapó la bocina del teléfono y su voz se escuchó ahogada—, te dejo, tengo muchas cosas que hacer todavía —posiblemente ella estaba más obsesionada con su trabajo que él o incluso, más que el mismo Sesshomaru.
—Vale pues.
La línea se cortó.
—Supongo que este caso se resolverá rápidamente —dijo Yura mirando hacia el frente, Inu No la estudió con la mirada, la mujer lucía inexpresiva.
—Esperemos que sí —convino él—. El caso más rápido que he resuelto ha tardado al menos ocho meses —una vez que los casos eran resueltos y expuestos, la gente creía que se resolvían en cuestión de días, pero aquello tomaba mucho más tiempo aun teniendo todas las piezas del rompecabezas—. Pero si es un asesinato fortuito dudo que pueda encontrar a los asesinos fácilmente —Yura se encogió de hombros con un mohín.
—Tu hijo está muy conmovido con la chica que conoció en la universidad —cambió de tema y volteó a verlo—. Si todo sale como espero, pronto tendrás una niña pequeña llamándote abuelo —sonrió al verlo tensarse.
—¿Tanto así? —Inu No sabía que sería más fácil que Inuyasha le diera nietos, ya que Sesshomaru era demasiado distante respecto a la idea de formalizar.
—Puedo regresarle a Karen a su hija en unos meses, sin embargo, su familia puede recuperarla porque la hermana mayor se acuesta con el abogado encargado de su bufete, ese hombre tiene una influencia enorme en los juzgados —Yura inhaló hondo y dejó el aire salir abruptamente—. Si no se quedan conformes e insisten en pelear, la única manera que encuentro para que la joven se quede con su hija, es casándose.
—Vaya —Inu No estaba contrariado, quería que su hijo se casara y le diera nietos, no sabía si quería que se involucrara con una joven que tenía problemas y acabar enrollado en temas legales que no le incumbían en absoluto—. Espero que no se llegue a eso.
El resto del camino, Inu No permaneció en completo silencio mientras Yura buscaba cualquier tema para distraerlo. A ella no le molestaba que Inu No apenas abriera la boca para contestarle con monosílabos, cuando ella estaba estresada por su propio trabajo, él no corría con tanta suerte. Él, en cambio, sabía que se hubiese vuelto loco desde mucho tiempo atrás de no ser por la abogada. Inu No era un hombre bastante serio y frío, quizá no tanto como su hijo mayor, pero había sido un antecedente para que Sesshomaru adoptara ese carácter tan peculiar. Posiblemente después de su divorcio con Izayoi, se hubiese vuelto un detective amargado y receloso. Pero en cuanto Yura Sakasagami llegó a su vida, todo cambió. Yura era una mujer independiente, pero al mismo tiempo necesitaba un poco de él. Era el balance que siempre había querido y sin ese pilar en su vida, el policía ya se habría hecho a la idea de terminar sus últimos años en completa soledad.
Ya había superado la etapa del egoísmo —aunque de repente la culpa lo invadía—, pues él era dos décadas mayor que la abogada, sin embargo, cada vez que la alejaba por esa razón, siempre terminaban enredados en la cama de su departamento, o en el de ella. Porque él también había sido débil y había regresado a su lado como un perro fiel después de haber terminado supuestamente su relación. Se había dado cuenta después de un año que Yura no sólo cubría sus necesidades físicas, sino que también lo llenaba en un plano más sentimental y eso lo asustaba a veces. Después de dos parejas fallidas, temía que el compromiso arruinara su relación con Yura. Por esa razón se contenía cada mañana que pasaba por la joyería y veía los anillos de compromiso en la vitrina.
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Koga despertó sudando y exaltado, además de excitado por la creciente erección que atacó su cuerpo durante la madrugada. Había tenido un sueño tan nítido que parecía real, como si se desenvolviera en un universo paralelo al suyo. En ese mundo Kagura y él tenían un encuentro que superaba lo físico y pasional, había sido una noche de placer plena y maravillosa, donde eran dos extraños y no dañaban a nadie con su encuentro. Definitivamente había sido un sueño, no había forma de que algo así ocurriese. Ni él estaba emocionalmente libre, ni ella sería capaz de meterse con uno de sus subordinados. Aunque admitía que aquel sueño le hacía proponerse esa posibilidad. Haberla visto desnuda en su sueño únicamente aumentaba el deseo bestial que sentía por ella.
"Atracción física", se dijo. Se levantó y fue al baño a terminar de desahogar lo que su miembro había estado deteniendo. Al terminar se duchó y se cambió para salir a correr, aunque un ataque de fastidio lo invadió y terminó por recostarse de nuevo en su cama.
Su mente se había despejado con el baño así que sus pensamientos volvieron a lo que había ocurrido el día anterior en la vida real. Y no entendía nada. Apenas unos días atrás había estado con Ayame divirtiéndose como solían hacerlo en el pasado. Cómodos y felices. Y de pronto ella le decía que no podían continuar con su relación. ¿Acaso eso tenía sentido? Para él no. Incluso llegó a pensar que las cosas irían mejor que nunca cuando Ayame comenzó a atosigarlo, asumió que esa muestra de dependencia por parte de la pelirroja sólo significaba lo mucho que quería estar con él en todo momento, pero esa preocupación por su parte se debía a otra cosa, pues había cortado de tajo lo que les quedaba de relación.
Estaba molesto, desde luego. Pero no tan molesto como lo estuvo la primera vez que terminaron. Se había acostumbrado mucho a la compañía de la pelirroja, pero intentaba descifrar por qué. Ayame le daba estabilidad, diversión, amor... Siempre estaba tras él de un lado a otro, tenían amigos en común, ambos tenían metas claras en la vida y se complementaban de muchas formas.
Y la amaba.
Eso era lo más importante.
Porque él lo hacía.
O siempre lo había visto de esa forma. Se llevó las manos a la nuca mientras miraba el techo de su recámara. ¿La amaba? Comenzó a plantearse esa posibilidad porque nunca se lo había cuestionado, siempre lo había sentido únicamente, y él no era un muchacho que tuviera novias estables antes de Ayame así que no tenía punto de comparación. No sabía por qué aquella palabra de pronto se sentía densa y pesada, como si le hubiesen puesto una tonelada de sentimientos y definiciones en los hombros. Se imaginó compartiendo momentos con otras mujeres y el sentimiento de satisfacción no era el mismo en su mente. Sin embargo, había una que hacía que todo su cuerpo se estremeciera de imaginarse un solo roce.
La médico Himura.
Su cuerpo se sintió caliente al recordar borrosos detalles de su sueño. No podía amarla a ella. Nunca habían entablado un diálogo que no fuera más allá de sangre, cortes y órganos humanos. Y el simple hecho de tenerla presente en casi todo momento le asustaba, haber soñado con ella lo tenía tenso. Su concentración flaqueaba cada vez que pensaba en ella, incluso durante entrenamientos —lo cual nunca había ocurrido—, se había distraído notablemente mientras su mente divagaba en la doctora. Y eso le era muy molesto. Además, todavía no sabía qué hacía Kagura con Damon.
Salió decidido a cansar a su propio cuerpo y poner su mente en blanco. La universidad estaba vacía salvo por los deportistas, no le sorprendía, él mismo estaba ahí. Cuando entró a la pista no vio a James por ningún lado, algo bastante extraño, pues el chico que había sido su mejor amigo al lado de Adam, se la vivía entrenando con el objetivo de derrotarlo y arrebatarle el título de capitán del equipo de rubgy.
Nunca se imaginó dónde podría estar...
—Ya les dije todo lo que sé de esa noche —James se cruzó de brazos y resopló para alejar un mechón oscuro de su rostro. En un momento de sorpresa Ayame y Rin lo habían secuestrado en el almacén de balones mientras entrenaba para hacerle preguntas del día de la fiesta de San Valentín.
—Pero no has contestado a la única pregunta que te hemos hecho —Rin se cruzó de brazos y alzó su rostro con altivez. Ayame y ella habían acordado actuar de manera malévola en su interrogatorio. Incluso Ayame había propuesto seducir a James y luego torturarlo hasta que dijera algo que les fuera de utilidad.
—¿Quiénes se quedaron a dormir en la casa ese día? —Ayame se colocó en medio de las piernas de James, llevaba una blusa escotada y su cabello suelto, colocó una mano sobre la rodilla del nervioso joven y comenzó a subir.
—Eran muchos, todos los que estaban ahogados de borrachos y aquellos que usaron la casa de hotel —gimió cuando Ayame apretó su mano cerca de su ingle.
—Eso no me dice nada —hizo un puchero, Rin estaba más nerviosa que el chico. ¿Cómo se le había ocurrido semejante cosa a la pelirroja?
Rin se recargó en la puerta para escuchar lo que ocurría fuera, Ayame comenzó a sacarle nombre por nombre de los chicos que se quedaron en la casa esa noche, incluso los nombres y el orden en que se fueron los que salieron después de ella y Koga. Al final sacaron todos los nombres que necesitaban. Rin estaba igual de sonrojada que James una vez que Ayame terminó de acosarlo con su revelador escote y sus manos traviesas. No lo había tocado en su vulnerabilidad, pero sí bastante cerca. Rin estaba llegando a la conclusión de que su comportamiento tenía mucho que ver con su ruptura y eso no le gustaba nada.
Salieron un par de minutos después, Ayame se colocó una sudadera y dejaron sólo a James, Rin sólo esperaba que el chico no le contara nada a Koga, aunque no se hablaran, siempre había existido mucho respeto entre ellos.
—Ayame —una vez en su cuarto, Rin quiso preguntarle por su exagerado comportamiento—. ¿No crees que fue demasiado?
—Sacamos la información que queríamos... Dijo que D-Tear había estado ahí después de que me fui —hizo una mueca—. Tal vez sólo haya ido a vender sus drogas... O a buscar a Abi.
—¿Crees que es el asesino? Hay muchos más que se fueron después de ti y después de Abi y muchos que se fueron incluso antes...
—Por eso nos quedaremos con los que se fueron después de Abi y ese hombre vendedor de drogas se fue después de ella...
—Según James —Rin suspiró—. ¿Crees que nos quiera decir quiénes le compraron? —Ayame negó.
—Tengo entendido de que es un tema delicado y nadie nunca dice nada, unos por miedo a sus propios compañeros y otros simplemente no se quieren involucrar... —Rin recordó a los chicos que le compraron cuando ella vio al sujeto, se habían puesto de mal humor en cuanto Damon se les acercó—. Por cierto —Ayame sonrió con malicia—. Tienes que arreglarte para tu cita con Damon —Ayame no había sido capaz de decirle que lo había visto con otra mujer, aunque Rin lo escondía bastante bien, era más que obvio que su interés por Damon iba más allá de creerlo policía.
—Oh, pensaba irme así —Ayame estudió su vestuario con mirada reprobatoria—. ¿Qué tiene?
—Por dios, Rin —Ayame se acercó al mueble de Rin y comenzó a hacer sacadero de prendas. Rin dobló los ojos y se sentó en la cama pacientemente mientras Ayame sacaba posibles vestuarios para esa tarde. Por suerte la pelirroja no se había percatado todavía de la ausencia de su teléfono celular, y Rin esperaba poder recuperarlo antes de que lo notara.
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Simplemente no era capaz de entenderse a sí mismo. El día anterior estuvo a punto de dejarse llevar, su cuerpo desprendía fuego por cada poro y se calmaba cada vez que la acariciaba, que la besaba... Por esa razón había dejado que Tanner se fuera. Aunque sabía que ella había aprovechado su desconcierto al ver el tatuaje, si no hubiese estado tan confundido por dentro la hubiese detenido para continuar con lo que habían empezado. Y se estaría arrepintiendo. No entendía como Inuyasha podía hacer aquellos actos tan desconsiderados. Si bien estaba tomando en serio a Karen tras conocer su pasado, en un principio únicamente la quería como una fuente de información y como una diversión temporal. Aquellas cosas eran imposibles para él. Odiaba mentir, y no era que Rin no le atrajera en absoluto, al contrario. Era capaz de encenderlo con una mirada y empezaba a temer que aquella universitaria se metiera más de lo normal en su cabeza.
—¿Listos? —Sesshomaru asintió cuando el capitán le indicó, el celular de Ayame Parks comenzó a sonar, contestó una agente con voz similar a la de la pelirroja, pero antes de que tuviera una respuesta, la línea se cortó—. Me temo que la persona del otro lado de la línea tiene contacto visual con la víctima en este momento —dijo el capitán y se rascó la barbilla—. O conoce su voz a la perfección.
—¿Necesitamos más el teléfono? —el capitán asintió.
—Podemos al menos sacar los registros de la primera llamada, si tenemos suerte podremos conseguir incluso el número —Sesshomaru asintió.
Salió de la comisaría en compañía de su hermano y se dirigieron a la universidad, Inuyasha y él ya entablaban conversaciones nuevamente, aunque Inuyasha siempre evitaba el tema de Karen o de las venganzas realizadas, sabiéndose perdedor. También había desistido de gastarle bromas a Sesshomaru, sólo repentinamente sacaba el tema de Rin Tanner para verlo fruncir el ceño, cosa que estaba por hacer antes de que el celular de su hermano sonara.
—Damon —Sesshomaru se tensó al escuchar la voz del Ermitaño al otro lado de la línea—. Tengo la información que me pediste...
—Habla —Sesshomaru achicó los ojos para prestarle atención.
—D-Tear es un vendedor, él no fabrica ni roba la droga, es solamente el distribuidor —hubo un momento de silencio—, es un muchacho que estudia, pero no sé en dónde... No sé su nombre ni su edad, ni siquiera sé cómo luce fuera de una complexión delgada... —Sesshomaru supo que esa información no era tan relevante—. Damon ten cuidado con este sujeto porque tengo entendido que es peligroso, le gustan las armas blancas y tiene un humor muy sádico... También es un maestro del disfraz —ahora eso era interesante—. No tengo más datos.
—Está bien —Sesshomaru cortó la línea.
—Es una fichita el sujeto —Inuyasha se cruzó de brazos y se bajó en cuanto llegaron al campus. Sesshomaru hizo lo mismo y se dirigió al cuarto de Rin.
—¡Ya va! —escuchó la voz de Ayame cuando tocó la puerta. Segundos después salió la castaña sonrojada.
—Estoy lista —sí que lo estaba. Llevaba puesta una fina playera de algodón gris de tirantes y una torera negra al igual que el cinturón que llevaba en sus entubados pantalones blancos con zapatos de tacón negros. Sesshomaru se mantuvo serio, a pesar de que la delgada tela de la playera remarcara las zonas de su busto y el brasier que llevaba debajo. Tragó duro antes de hablar.
—Vámonos —le dio la espalda y Rin lo siguió con una sonrisa de medio lado, Damon la había estudiado de pies a cabeza y ella había reconocido el deseo en su mirada.
Estuvieron hablando de trivialidades camino al restaurante. Aunque mayormente hablaba ella ya que Damon se dedicaba a asentir o a negar, a veces contestaba con frases cortas o hacia preguntas para mantener su parloteo incesante. Rin solía ser más reservada, nunca hablaba tanto como en esos momentos, aunque de niña había sido más parlante que un perico, en esa etapa de su vida era una joven reservada. Y a Sesshomaru le gustó descubrir ese lado de ella que no se callaba más que para tomar aire, si algo era seguro, es que en su compañía no iba a ser capaz de aburrirse.
—Por cierto —se interrumpió a sí misma—. ¿Qué pasó con el celular de Ayame?
—Se ha quedado en la comisaría —aceptó Sesshomaru—. Dijeron que me dirían en cuanto terminaran —por un segundo olvidó que Rin no sabía que él era un detective privado. Eso era malo.
Después de comer salieron a caminar al parque, había un par de bancas y varios puestos de helados. Rin estaba demasiado sumida en la plática que poco a poco comenzó a hablar de su infancia y de lo que la muerte de su madre significó para ella. Sesshomaru sintió un tirón en el pecho cuando le dijo que había sido la fiscal y que había muerto a causa de su trabajo. Sesshomaru sintió que el oxígeno abandonó su cuerpo al recordar a la pequeña que lloraba por su madre en aquel funeral años atrás. Rin Tanner había crecido y se había formado de una manera que hubiese enorgullecido a su madre. O eso fue lo que pasó por su mente antes de que ella le dijera que no había peleado por estudiar criminología. La chica era demasiado testaruda como para acatar órdenes, aunque después de contarle por qué no había querido pelear con su padre, la entendió, mas no le dio la razón.
Cuando fue su turno de hablar, Sesshomaru le contó a groso modo y con un sarcástico humor cómo había sido su infancia empezando por el divorcio de sus padres y cómo lo había asimilado al ser un niño. También habló de las constantes peleas de sus padres y la llegada de su hermano. Realmente omitió casi todos los detalles y el oficio de su padre, le habló más de su madre, como el albino nunca hacía, con nadie. Irasue era una mujer exitosa pero su relación no era la de una madre e hijo normales. A pesar de ser una mujer desprendida, siempre lo había apoyado a su manera. Rin entendía que la respetaba y apreciaba pero que su relación no era cercana, lo cual la dejó un poco turbada, pues generalmente los hijos crean vínculos más estrechos con la madre, y las hijas con el padre.
La castaña pensó que él la había pasado mal, sin embargo, Damon no lo canalizaba de esa manera y se vio a sí misma sintiendo admiración hacia él. Pues las peleas y decisiones de sus padres no habían influenciado en sus decisiones, Damon hacía lo que quería sin importarle mucho la opinión de sus progenitores y eso era algo que ella quería aprenderle.
Ser libre.
—Creo que deberíamos volver —dijo Rin al percatarse de la hora—. Ya ha obscurecido —Damon sonrió de medio lado.
—¿Te da miedo la noche? —Rin quiso asentir, pero su orgullo no la dejaba, últimamente sí. La noche la aterraba. Sesshomaru se dio cuenta que no le siguió el juego—. El carro está lejos —y cambió el rumbo, Rin se puso alerta. Se habían caminado unas cuantas millas y los arbustos del sendero le impedían ver mucho. Se aferró al brazo izquierdo de Damon.
—Lo siento, está oscuro y temo caer —mintió, tenía miedo de la negrura espesa de esa noche.
Caminaron en silencio, Rin no podía volver a hablar con naturalidad con los nervios de punta. Ni siquiera había notado cuánto habían caminado únicamente hablando, sin darse cuenta, el tiempo corría demasiado rápido cuando estaba con Damon y temía que las palabras de Ayame fueran verdad y que tuviera un interés romántico en el chico. Y eso podría ser contraproducente porque ella nunca había estado realmente enamorada de nadie. Comprendía que las personas que fueron lastimadas temían volver a pasar por lo mismo, pero ella estaba caminando a ciegas en ese panorama y no sabía a lo que se iba a enfrentar más adelante. Le tenía miedo a lo desconocido.
Siguieron avanzando con calma hasta que Rin vio a un chico a lo lejos, llevaba una gorra de sol que le cubría la parte superior del rostro y una chaqueta que le resultaba alarmantemente familiar. Su inquietud aumentó notablemente cuando vio algunos mechones claros que se escapaban de la gorra y apretó su agarre en el brazo de Damon, no lo había notado, pero él también se había tensado. Siguieron caminando hasta que pasaron justo al lado del chico, casi tan alto como Damon.
Después todo ocurrió en cámara rápida, Rin terminó en el suelo luego de que Damon la lanzara con todas sus fuerzas, levantó el rostro para ver a los dos varones debatiéndose. Damon esquivaba ágilmente los golpes que el intruso intentaba propinarle y en varias ocasiones fue capaz de hacerlo retroceder con los puños, era casi imposible que aquel sujeto tuviese más resistencia que Yasha, y le estaba dando más pelea de la que Rin quería admitir. El desconocido llevaba un arma en su mano y logró hacer retroceder a Damon. Rin no pudo evitar lanzarse sobre él y arrancarle la gorra. Era el mismo que la había espiado en la ducha, y definitivamente era el vendedor de drogas que habían visto antes en la fiesta. Rin se quedó congelada cuando reconoció el maquillaje con a tenue luz de la luna, el sujeto le sonrió con cinismo y acercó su puño con el arma que llevaba a su cuello. Rin le sostuvo la mirada desafiante.
Nunca había visto un cuchillo como ese, era un puño americano con filos en los entre dedos y de ambas extremidades de la mano cerrada salían cuchillos afilados. El hombre podría defenderse con cualquier movimiento, o cortarle la garganta.
—Ella no tiene nada que ver con esto —escuchó rugir a Damon y el hombre con pestañas postizas y labios oscuros alejó la mano armada de su cuello, Rin tragó seco y retrocedió un paso aterrada, Damon se abalanzó contra el vendedor de drogas para intentar quitarle el arma.
—¡Alto! —Rin los vio girarse y golpearse en el suelo—. ¡Damon cuidado! —el ojidorado apenas esquivó la estocada que iba contra él y pateó al sujeto lejos para ponerse de pie, Rin corrió a su lado.
—¿Estás bien? —Damon asintió y el atacante se puso de pie con un brinco, los rodeó, Damon lo seguía con la mirada y Rin se sentía como un estorbo.
—Deja que se vaya —se refirió a Rin y su contraparte se mofó de su petición—. Ella no tiene nada que ver —Damon la empujó para que tuviera el campo libre, lo último que necesitaba era que Tanner saliera herida. Rin retrocedió resignada pero dispuesta a intervenir de ser necesario, en esos momentos más que nunca odiaba no tener un celular a la mano.
—Eso es lo que tú crees —el chico lamió la parte del cuchillo que había estado en el cuello de Rin con anterioridad—. Ella es especial —Rin sintió un escalofrío recorrer su columna por la profunda voz de aquel hombre, incluso más ronca y gruesa que la de Damon.
—¿A qué te refieres? —preguntó la joven con el corazón en la garganta, él elevó su labio superior en un intento de sonrisa sardónica y se giró contra Damon quien había avanzado con la intención de amagarlo.
—Que tú vives, él no —clavó el cuchillo contra el costado de su acompañante y las pupilas de Rin se contrajeron en un expresión de espanto, lo había apuñalado con tanta fuerza que Sesshomaru dejó caer el arma y gimió de dolor. Rin no supo en qué momento había ocurrido aquello, aquel tipo era increíblemente rápido, tanto que Damon no había podido leer su movimiento, y Rin lo había visto entrenar y sabía que era ágil y veloz. Aquello lo había pillado por sorpresa—. Oops —sacó su cuchillo con nulo cuidado y avanzó dos pasos hacia Rin—. Últimamente me pregunto por qué no he podido tocarte —Rin intentó contener sus nervios, pero le resultaba sumamente difícil, aquel sujeto le ponía los nervios de punta—. Te veo y únicamente pienso en cómo cortar tu garganta, como abrirte el pecho o cosas más sucias —espetó con una mueca—. Luego recuerdo que no debo tocarte —dejó salir el aire—. Es una lástima, esos ojos verdosos serían realmente excitantes durante sus últimos segundos de vida...
—¡Deja de decir estupideces! —clamó Damon con el frío metal de su arma contra la sien del chico. Llevaba una mano intentando inútilmente frenar la hemorragia.
—Oh, pero si apenas ha sido un rasguño —sonrió y se giró, jalando su mano hacia abajo, haciendo que los filosos picos que salían de sus entre dedos desgarraran la camisa y la carne del ojidorado. Rin gritó horrorizada y él se volvió hacia ella. Sesshomaru estaba demasiado desconcertado, aquel hombre no le había tenido miedo al arma que apuntaba su cabeza y había atacado sin pensarlo dos veces, aquel comportamiento inconsciente del peligro hacía que Sesshomaru sintiera repugnancia.
—Regálame un par de gritos más, o él tendrá que hacerlo —saboreó sus labios y jaloneó el cabello castaño de ella, Rin cerró su boca con intenciones de desobedecerlo—, oh vamos, hace unos segundos soltaste uno maravilloso —susurró en su oído antes de lamerlo y Rin forcejeó para que la soltara.
—Yo creo que no —Damon disparó. Había intentado darle en la pierna, era el único lugar al que podía disparar para no herir a Rin Tanner, sin embargo, aunque la bala atravesó el pantalón de mezclilla, parecía que no hubiese tocado al hombre, ni siquiera lo había alcanzado a rozar con la bala. Los picos del puño se clavaron en el brazo de Rin.
—No me hagas hacerle daño —sonrió sádicamente antes de lamer las gotas de sangre que comenzaban a ceder ante la presión de los objetos punzantes contra la piel de la castaña.
—Basta —Damon frunció el ceño y se acercó, intentando disimular que comenzaba a ver borroso—. D-Tear —el aludido soltó una carcajada y retrocedió el paso que Sesshomaru dio con Rin como escudo.
—Te has tardado una eternidad, había pensado que podrías ser un cliente, pero te he estado observando y no eres la clase de persona que consume drogas —miró a Rin—. A ti también te he estado observando —la lujuria que invadió su mirada hizo que la castaña temblara. Todos escucharon voces aproximándose—, si das un paso más, la mato.
—Pensé que no podías tocarla —gruñó el ojidorado.
—En esta situación, prefiero mi propio cuello —llevó su arma a la garganta de Rin—. Ahora que, si te quedas en tu lugar, la puedo dejar vivir —Damon no le quitó la mirada de encima, D-Tear no parecía tranquilo con eso y él no quería provocarlo exponiendo a Tanner. Dejó su arma caer y el vendedor de drogas aventó a Rin al suelo antes de correr hacia los arbustos. Rin intentó seguirlo, pero Damon jaló su mano y la miró con suplicio. Rin notó entonces que su camisa blanca estaba empapada de sangre.
—¡Dios! —dejó que él se recargara en ella—. Debemos llevarte a un hospital —Damon negó y recogió el arma, sabía que los hospitales estaban obligados a llamar a la policía, y si la policía se presentaba, su verdadero nombre saldría a la luz y eso era lo último que él quería.
—¿Necesitan ayuda? —un par de jóvenes se aproximaron, los dueños de las voces que alertaron a D-Tear.
—En absoluto —Sesshomaru se las arregló para que su voz no sonara afectada, pegó a Rin contra su cuerpo para evitar que vieran su desgarrada y ensangrentada ropa. Los jóvenes siguieron de largo su camino y Sesshomaru comenzó a andar con Rin—. Necesito que me lleves a casa de una amiga —la joven asintió. No entendía por qué razón no quería ir a un médico, pero por extraño que pareciera, confiaba en que era la decisión correcta.
Caminando a pasos rápidos, por miedo de que el sujeto regresara, Rin logró llegar con Damon a su camioneta. Sesshomaru se recostó en el asiento del copiloto y Rin se puso en marcha mientras él le daba indicaciones. Sesshomaru le pidió a la muchacha que manejaba con los nervios de punta que lo llevara al departamento de Kagura, ella podría hacerse cargo de la herida sin avisar a nadie. Rin le hizo muchas preguntas, la mayoría relacionadas con el arma. Sesshomaru las evadió todas. No tardaron mucho en llegar al departamento, por suerte el edificio tenía ascensor. Sesshomaru tocó la puerta fuerte y se abrió después de unos segundos.
—¿Pero qué demonios? —la cara de Kagura pasó del enojo a la sorpresa al ver a Sesshomaru Taisho en ese estado—. Pasen —ni siquiera preguntó quién era la joven—. Recuéstalo en el sofá y ve a lavarte las manos, voy por mis cosas —Rin obedeció y sentó a Sesshomaru en el sillón color chocolate de la mujer.
—¿Cómo te sientes? —Damon dejó escapar el aire. Se sentía caliente, estaba sudando, las heridas le quemaban y sentía que su ropa pesaba por la sangre que se acumulaba. Definitivamente bien no era la palabra adecuada.
—Esto no es nada —mintió, la cabeza le daba vueltas y su piel ardía además de que quería cerrar los ojos y descansar, pero no quería preocupar a Tanner—. Tienes sangre —Rin miró su brazo.
—Eso no es serio, mira cómo te ha dejado —Rin no era capaz de ver las heridas mucho tiempo. Aquello era demasiado impactante y crudo para ella, agradecía que la amiga de Damon fuera capaz de curarlo porque si ella hubiese tenido que hacerlo, le habría dado pánico hacerle un daño mayor. No le tenía miedo a la sangre, pero sabía que aquello no era su especialidad.
—No, en tu pierna —Rin revisó sus pantalones blancos. Una gruesa mancha roja se había impregnado—. No es tuya, ¿cierto? —Rin asintió, ella no estaba herida, seguramente era la sangre de su atacante—. Necesito que te quites los pantalones.
—Eso mismo estaba por decir de tu camisa —dijo Kagura entrando con el botiquín, miró a Rin preocupada—. ¿Estás herida? —la castaña negó y la mujer suspiró aliviada, una cosa era que Sesshomaru llegara moribundo a su casa y otra que llevara a una joven herida, ese hombre no era tan descuidado.
—Lleva la sangre de un criminal en el pantalón —Sesshomaru la sacó de sus pensamientos y Kagura asintió, llevaba puestos unos guantes de látex y comenzó a quitarle la camisa a Sesshomaru con mucho cuidado de no rozar sus heridas.
—Puedes cambiarte en la habitación del fondo, necesitamos esa mancha de sangre —Kagura miraba fijamente a Rin, la castaña asintió y siguió sus indicaciones, la azabache se volvió de nuevo al herido y comenzó a limpiar el área que iba a curar. Sesshomaru no se quejó en ningún momento pese a que su piel ardía y el dolor era insoportable.
—Nunca habías sido tan negligente —le dijo la doctora—. ¿Qué ha ocurrido?
—Le he disparado en la pierna y el tipo ni siquiera parpadeó, como si fuera inmune —Sesshomaru todavía estaba desconcertado, por un momento pensó que no le había atinado el disparo, pero la mancha en los pantalones de Rin le decía lo contrario. Kagura se mordió un labio—. Era un vendedor de drogas y no sé qué quiere de Rin, al principio se expresó como si ella fuese una pieza valiosa de su mentado juego.
—Con que Rin, ¿eh? —Sesshomaru alzó una ceja, de todo lo que había dicho, únicamente escuchó el nombre de la chica—. Y nadie es inmune al dolor, todos tienen un punto de quiebre —Kagura pasó una gasa con solución salina sobre la herida de cuchillo y Sesshomaru maldijo por lo bajo—. ¿Ves? —se quitó los guantes de látex y abrió otro paquete de guantes—. Abre esas gasas y no las toques —Sesshomaru así lo hizo y ella comenzó a cubrir su herida más profunda para contener la sangre—, pásame los apósitos —la prioridad de Kagura era evitar que perdiera más sangre, su camisa estaba empapada de aquel líquido vital y sabía que había acudido a ella para eludir a los médicos. Hombres.
—Un disparo, ¿quién carajo puede seguir como si nada tras un jodido disparo? —Sesshomaru era resistente, de no ser así se hubiera desmallado a medio camino. Pero aquel tipo era un caso muy diferente. Kagura terminó de cubrir su herida con el micropore y volvió a cambiarse de guantes.
—Cuando una persona es expuesta al dolor constantemente, se vuelve tolerante, pero no inmune —Kagura comenzó a echarle la solución de nuevo sobre la piel herida que le faltaba atender para limpiar las tres marcas de garras que tenía en los abdominales—. ¿Qué te atacó? —preguntó sorprendida—. ¿Un tigre?
—No, llevaba un arma bastante peligrosa y con diferentes usos, el maldito sabía usarla bastante bien —Sesshomaru se llevó una mano a la frente e intentó controlar su respiración, aunque Kagura estaba siendo bastante cuidadosa, la piel estaba hinchada y cada roce dolía—. Quiero mandar a analizar esa muestra de sangre —Sesshomaru había perdido su auto control y comenzaba a quejarse y a gruñir.
—Intento curarte, ¿podrías estarte quieto? —Kagura siempre era delicada con los cuerpos, a pesar de que ya no había vida en ellos, alguna vez la hubo y ella los trataba con respeto. Aunque aceptaba que no conocía qué tan delicada era con eso porque los cuerpos no emitían quejas, estaba haciendo lo posible por no lastimar a Sesshomaru.
—Sólo si me aceptas un café —el ambarino intentó sonreír con chulería y Kagura alzó los ojos y lo miró a través de las micas de sus lentes con escepticismo.
—Soy yo quien debería exigir favores, me debes una grande Taisho —contestó secamente y siguió con su trabajo de curarlo. Sesshomaru resopló y miró al techo—. Rin es muy linda —los rojizos ojos de Kagura lo miraron esperando una reacción.
—Y muy joven —contestó sin mucho esfuerzo, queriéndose aferrar a ese pretexto. Intentando convencerse de que era suficiente para no aprovecharse de ella.
—Perdone usted anciano ancestral —el tono burlón de Kagura le caló, generalmente siempre estaban de acuerdo, muy rara vez tenían cosas incompatibles y eso era algo que a él le gustaba, que casi nunca estaban en desacuerdo. Decidió dejar el tema por la paz.
Comenzó a verla, se daba cuenta de las reacciones de la azabache. Ella no se sonrojaba por sus insinuaciones, ni se tensaba con su presencia. Ella ya estaba muy acostumbrada a él y no se veía afectada por sus dotes de seducción. Posiblemente en algún momento de su vida eso lo hubiese afectado pues era evidente que Kagura no sentía más que afecto por él. Pero extrañamente no tenía ese sentimiento de dolor por ser rechazado. Sesshomaru sabía desde un principio que Kagura y él no estaban destinados a estar juntos, no había razones lógicas para explicarlo, simplemente lo sabía. Pero de las mujeres que había conocido, ella era la que más le interesaba, era inteligente, interesante y muy madura. La admiraba y le tenía un gran cariño. Pero no la amaba, aunque había intentado proyectar esa imagen durante mucho tiempo.
Ese lugar en su vida y en su corazón estaban siendo invadidos por la misma chica que lo había llevado hasta ese lugar. No sabía desde qué momento Rin Tanner se había vuelto esencial para él. La había visto evolucionar de muchas maneras y cada cosa que hacía —por más estúpida y peligrosa que fuera—, lo excitaba hasta cierto punto. Rin no se dejaba de nadie y era la mujer más temeraria que había conocido. Aquello lo inquietaba bastante, tampoco tenían muchas cosas en común y se repetía todo el tiempo que sólo era una fuente de información. Además, era demasiado joven para él. Era casi diez años mayor.
—He tomado estos pantalones prestados —Rin se atrevió a entrar a la sala. Se había demorado en el baño inspeccionando su propia herida del brazo, era meramente superficial. También había estado pensando en las posibilidades de que su atacante fuera el asesino de Abi, pero aquello le resultaba simplemente imposible. D-Tear era un sujeto sádico y escandaloso incluso apresurado. La muerte de Abi había sido algo más simbólico, planeado y limpio.
—¿Y los otros? —preguntó en seguida Sesshomaru.
—Los he doblado y los he dejado en la repisa —Kagura asintió, ya se encargaría de guardarlos como evidencia y llevarlos a la estación.
—¿Cómo está tu brazo, niña? —Rin hizo una mueca, odiaba que le dijeran niña.
—No es nada grave —contestó con simpleza y Kagura alzó ambas cejas.
—No sabía que eras doctora —Rin se sorprendió por esa contestación—. Acércate —obedeció—. Abre la herida con los dedos —Kagura inspeccionó el brazo de la joven, eran rasguños de gato en comparación con las heridas de Sesshomaru—. Estarás bien, te recomiendo que no la cubras con nada, deja que se cierre sola.
—De acuerdo...
—Ahora mira lo que hago para que puedas hacerlo después, este hombre va a necesitar algunos cambios de vendajes —Rin obedeció, aquella mujer era bastante buena en lo que hacía, al menos el color carne había regresado a Sesshomaru, que había estado pálido como papel o demasiado rojo por la fiebre. En esos momentos se encontraba bastante más tranquilo.
Después de que Kagura terminó con Sesshomaru, le dio un par de pastillas para aminorar las molestias de la piel herida, tenía que suturar la más profunda, pero quería antes confirmar que no se hubiera infectado. Se llevó a Rin a la cocina mientras el ambarino tomaba una siesta. La chica que Sesshomaru llevaba no había dicho casi nada, Kagura le untó una pomada en el brazo y le dijo que tomarían un té en la mesita de la cocina, quería darle más instrucciones de cómo tratar las heridas del ambarino. La joven parecía bastante seria y atenta en cuanto a ese tema.
—Creo que Damon está enamorado de usted —afirmó la joven antes de tomar un sorbo a su té—. Se nota mucho por cómo la mira —además había escuchado el intento de Damon por invitarle un café, aunque no había alcanzado a escuchar la respuesta. Kagura no había entendido su comentario hasta que recordó que el seudónimo de Sesshomaru era Damon Miller.
—Yo no lo creo así, niña —Kagura meneó su abanico y miró un punto incierto antes de continuar—. Él cree que somos compatibles, nos llevamos muy bien y somos viejos amigos, pero no hay pasión entre ambos. No sé si me entiendas —Rin asintió—. Si algo llegara a pasar entre nosotros sería una relación bastante aburrida y monótona. Yo prefiero su amistad, es un hombre difícil si me lo preguntas, pero es verdaderamente centrado en todo lo que hace y le admiro mucho. Pero no me interesa en un plano sentimental —lentamente miró hacia Rin—. Tú a él, en cambio... —sonrió levemente a ella y Rin se sonrojó notablemente.
—Creo que debo irme —Rin dejó su taza de té a medio tomar y se puso de pie.
—Espera un momento niña —la detuvo Kagura—. Deja que él descanse un rato más —Rin asintió y se levantó para ir a la sala a verlo—. Tengo que suturar la herida más grande, menos mal que no alcanzó ningún órgano ni arteria —la mujer mayor se levantó y se perdió en el pasillo. Rin siguió su camino hacia la sala.
Estaba dormido en el sillón con la cabeza echada hacia atrás, su espeso cabello negro se adaptaba a la forma del mueble y su copete enmarcaba gran parte de su rostro. Era bastante apuesto. Sus facciones eran finas y masculinas, sus labios delgados y firmes la invitaban a rozarlos con las yemas de los dedos. Respiró hondo y llegó a la conclusión que aquel hombre sí le interesaba después de todo. O al menos le importaba al punto de que había temido mucho de que algo realmente malo le hubiese ocurrido. Ese hombre la tenía hecha un verdadero lío y Rin no podía dejar de pensar en sus caricias y besos. Incluso esa cita había fortalecido su atracción, haber conocido un lado suyo profundo, más allá de lo físico, le recordó que también era un ser humano con problemas igual que todos.
—¿Qué voy a hacer? —se preguntó en voz alta sin dejar de verlo.
—Mantener tu distancia con el caso de Abi —le dijo aún con los ojos cerrados—. Es peligroso.
—¿Crees que D-Tear tenga algo que ver? —le preguntó incrédula. Ella lo dudaba mucho, un hombre como ese no podía realizar un asesinato tan discreto y pulcro como el de Abi, no se hubiese contenido.
—Aún no lo sé —aceptó el ambarino abriendo los ojos—. Será mejor que nos vayamos.
—Tengo que cerrar esa herida primero —Kagura apareció de nuevo con bolsas. Rin se quedó al lado de Damon mientras la doctora pasaba las pinzas con el porta aguja.
El hombre apenas reaccionó mientras Kagura hacía lo suyo, Rin miraba atentamente como trabajaba la mujer de anteojos. No dudaba, no se distraía, no vacilaba... Únicamente introducía la aguja por un lado de la herida, la sacaba de nuevo y la volvía a meter para sacarla del otro lado de la herida. Rin se estremeció, aquello no era tan impresionante como las heridas antes de ser tratadas, pero aquella sensación de un objeto punzante entrando en la piel y atravesándola, no le agradaba nada. La miró hacer los puntos siguientes y se sorprendió de la tozudez del hombre que apenas movía los ojos, había estado demasiado tranquilo.
—En esa bolsa viene un porta pastillas con las respectivas recetas —le indicó una vez que terminó—. Ya pueden irse, y recuerda —lo señalo con el dedo índice con la uña perfectamente pintada de verde metálico—. Ni se te ocurra hacer esfuerzos porque se te botan los puntos y no te los voy a volver a coser —Sesshomaru asintió.
De regreso Rin intentó hablarle de que debieron haber ido a la policía, Sesshomaru intentaba evadir el tema.
—Ya te he dicho que tengo contactos —se cruzó de brazos—. Y además ya tenemos el ADN del sujeto, será fácil dar con él.
—Sería mejor que hiciéramos la denuncia —lo interrumpió Rin.
—Ya te dije que pienso hacerlo, sigue manejando —claro que lo iba a denunciar, incluso iba a estar pegado a los detectives de su padre para que dieran con él, quería encerrarlo un largo rato en prisión, pero no quería involucrar a Tanner. Ya se las arreglaría con su padre más tarde.
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—¡Pa-pá! —la voz de Shiori pronunciando aquella palabra la hizo estremecer. Sería perfecto, pero era imposible. Karen no quería que Yasha se sintiera comprometido con ella de alguna manera, agradecía su ayuda, pero no iba a darle falsas esperanzas a su hija pequeña.
—Ya te dije que es tu tío —le reprendió Karen—. El tío Yasha —el chico llevaba a la pequeña en sus hombros, estaban en una feria y Shiori comía un helado.
—Ya te dije que no hay problema en que me diga de ese modo —el ambarino hizo una mueca—. Me gusta cómo suena.
—Y yo ya te dije que no quiero que se ilusione...
—Hablas como si fuéramos a terminar —la voz seria de él hizo que se paralizara. Como si la estuviera reprendiendo por siquiera pensarlo.
—Y tú como si fuéramos a casarnos —le contestó ella y se cruzó de brazos. Siguieron caminando mientras Yasha hacía bromas y juegos con Shiori. A Karen no le asustaba el matrimonio, al contrario, era el sueño que tenía desde niña. Casarse y tener una numerosa familia, sin embargo, era difícil de creer que alguien quisiera casarse con ella teniendo una hija. Karen quería lo mejor para Shiori.
—No me niego la posibilidad —le susurró Yasha en el oído y se estremeció. Definitivamente él podría darle muchos hijos—. Por cierto, el chico con el que estabas hablando en el restaurante de comida rápida... Es una especie de ex, ¿debo preocuparme?
—¿Kageromaru? —preguntó Karen.
—No sé quién sea, pero la forma en la que te veía... No era muy normal.
—Tiene mirada de violador, lo sé y no es mi ex, nunca he tenido nada que ver con él —no mentía, aquel sujeto le daba hasta miedo—. Creo que por eso me odia —sonrió con amargura, aunque era muy liberal, también era un poco especial decidiendo con quien se metía y aquel tipo le daba mala espina, prefirió cambiar de tema—. Por cierto, he pensado en aceptar el trabajo en el hospital —dijo de la nada—. Ya sé que aspiro a mucho más, pero quiero generar experiencia antes de graduarme y podré probarle a mis padres que no los necesito ni Shiori tampoco.
—Tu madre no aprueba el hospital —le recordó Yasha—. Aunque yo te apoyo, sabes que cualquier decisión que tomes yo estoy contigo, pero no lo hagas por probarle nada a tus padres, al estado y a los fiscales tal vez por la custodia de Shiori, pero no a ellos —Inuyasha quería que Karen rompiera lazos con su familia, no veía la manera en la que las cosas se arreglaran.
—Creo que debemos regresar para llevar a Shiori con ellos —Inuyasha suspiró, de momento debían dejar que la niña siguiera con sus abuelos.
Después de dejar a la niña en casa de sus abuelos se regresaron al campus, Karen tenía pensado recuperar a su hija y dejar de alquilar el cuarto de estudiante para vivir con Shiori el semestre entrante. Tendría que cargar menos materias para poder cuidar de la niña o meterlas en línea y trabajar medio tiempo. Aquello le sonaba bien si podía ver más a su hija y dejar de ver a su familia. Necesitaba tiempo para su hija. Cuando llegaron se toparon con Rin y Damon en el pasillo de los cuartos, estaban entrando a la habitación de la castaña, pero el hermano de Yasha lucía fatal.
—¿Qué ha ocurrido? —Yasha se aproximó a ellos, Rin se hizo a un lado para que interrogara a su hermano mayor.
—Primero será mejor que entremos —le propuso y Yasha asintió, ayudando a Damon a entrar a la habitación de Rin, Ayame se encontraba dormida y la castaña despejó su cama para que recostaran a Damon ahí, tenía que darle sus medicamentos y limpiar la herida cada determinadas horas.
—¿Por qué hay tanta sangre? —preguntó Karen asustada.
—Nos atacaron —contestó Damon secamente—. No es nada grave —miró a Yasha dándole a entender que debían hablar en privado más tarde.
—¿Tienes sed? —preguntó Rin y el ambarino mayor asintió. Ella fue en busca de su botella para darle agua. Karen intentó darles privacidad a los hermanos y se puso a ver el cuarto que Rin compartía con Ayame.
No escuchaba mucho de los cuchicheos de los Miller y pensó que lo mejor sería ignorar de que hablaban, Rin había prendido una luz así que pudo echar un vistazo a las cosas que había a la vista. Como un dibujo que llamó su atención en la mesita donde había libros de la universidad y un lapicero. Era un buen dibujo de un rostro, bastante detallado y angustiosamente ese rostro le sonaba de algo. Tomó la hoja con cuidado y comenzó a temblar, aquella mirada le daba miedo, pero más allá de la apariencia maniática de aquel dibujo, pudo reconocer a la persona que estaba detrás de esa fachada de maquillaje y peluca.
—¿Ocurre algo? —le preguntó la castaña, un poco preocupada al verla con el dibujo.
—¿Por qué tienes esto? —contestó Karen.
—¿Qué es? —preguntó Damon y Rin tomó el dibujo para mostrárselo.
—Es algo así como un retrato hablado del sujeto que vi en las regaderas y en la fiesta —Damon estudió la hoja con detenimiento—. Es la misma persona que nos ha atacado hoy...
—Yo sé quién es —y todos se giraron hacia la rubia que acababa de hablar, estaba asustada.
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Contestando a los bellos reviews de las personas que no tienen cuenta:
Kagura: Bella mía! haha sí, Koga estaba celoso :P sí, pero medio mundo no se da cuenta de eso porque son canon y los canon deben estar juntos, mis pelotas XD (que no tengo :v) Sí, hay muchos casos reales por exponer! también le di unos cuantos a Yura... Hahaha y la que tendrán en el cap. 15 e,e No se lo ha dicho pero lo hará. HAHA pobre Karen, muy pocos la aprecian ): hahaha 3u3 yo que tú iba tomando notas XD pero no es del mismo color XD el cabello sí que se lo he cambiado .p
Kagoyame: Gracias nena :P Inu es un amor (Yasha pues), y Sessh... se ha descuidado bastante en este capítulo e.e
DomPath: Hahah perdón la demora nena (: Me alegra haha y sí, Karen se las ve negras... porque será suya más adelante :P
ZY: Pues es que Ayame va a cambiar mucho en el fic XDDD no, dudo que pueda hacer eso con Koga XDDD lo amo mucho como para hacerlo un desgraciado. Sí, su hermana es cruel );
Anya: Sí, es mucho más! hahaha no alucinas e.e hahaha cuidar del novio! me encantó esa descripción XDDD
Lin: Es que los odio haha me basé en muchos casos para el fic, de hecho el de Karen tiene algo de verdad XDDD lo que ID me está haciendo D: hahahaha chan chan chan! sólo dos personas creo que lo notaron XDDDD Besos y gracias! :*
Isa Taisho: Verdad? Yasha es genial! haha Sesshomaru tiene que aguantarse un poco más! Dudo que Koga sea el amor de su vida. XD Ayame ya es algo temeraria y fuerte, estará bien XDDD
Yarisha: Hola Belle! haha todo con calma, manoseame con ternura al menos (?) XDDD e.e la psicopatía es más baja e instintiva, la sociopatía en cambio es más mental, manipuladora, algo más crudo e.e. El caso de Kaijimbo es muy interesante, el maldito se hizo pasar por loco y luego por cuerdo .-. Creo que me pensaré mucho eso del Ayame-Cole que ya me lo han pedido por ahí también... y el Koga-Kagura posiblemente sea la pareja que más tarde en desarrollar.. u,u Pero sí, fueron celos que carcomían a Koga muajajaja Ohhh puedes tomar todas las frases que necesites (: La familia de Karen es mala ): No quería levantar tantos sentimientos con esa historia O: qué es pala y pison? hahaha el soponcio XDDDD Más hermanos como esos y Karen se vuelve emo D: XD es vulnerable :C Síii ya tiene a Yasha bitches :P Yasha sí lo vio pero decidió que ella podía :P No exactamente pero eso se verá más adelante XD muajajaja ¿cerca? acaban de dejar a Sessh como rallador de queso XDD tiene que esperar ese lemon XDDD es que Sessh nunca había invitado a una mujer más joven que él de la que está enamorándose a salir XD puras viejas equis y Kagura que le dijo que no XDDD Pero? O: Abrazos de osos!
Sharlin: Gracias por la paga :3 XDDD naaa su relación es insalvable y dudo que lo que sienta por Kagura sea meramente sexual, pero de todas formas es la pareja que menos se va a desarrollar de momento. Sí, fueron celos. Hahaha Ayame es fuerte, no perdió a Koga lo dejó ir. Y conoces el dicho XDDD No, Kagura no se siente atraída por Sessh de ningún modo, hahaha XDDD Sí, la familia de Karen es mala ): sí, Yasha es un amor adorable con la rubia! Karen se siente tan sola... pero eso está por terminar. hahaha sí, no van a hervir hasta el cap 15 e,e pero tendrán sus calenturas muajajaja besos Belle!
Evangely: Hahaha gracias :3 Sí, se vio forzada a cambiar por la muerte de su madre y el carácter de su padre /: hahaha sí, Ayame es fuerte y no va a quedar a la deriva, no te apures XD Cole e.e puede ser... Sí, son una menuda mierda u,u de no ser por Yasha Karen no podría hacerle frente a su familia ): Va a pelear con uñas y dientes por Shiori, y lo iba a hacer antes de Inuyasha pero quería terminar sus estudios y darle estabilidad a la niña, ahora solo quiere recuperarla. hahaha el llegadero XDDDDDD ya llegaran a las demás bases e.e hhaha creo que esa amiga era Yarisha XDDDD nos leemos! Verdad! Itachi era asdfghjklñ los demás meeehhhhhhh
Alguien U: Gracias! no te apures :P sí sí sí XD me entiendes y agarras la onda :P Yasha es un lindo, y sí! Viva el Koga-Kagura! Todas quieren a Ayame con Cole X'D
Guest1: Gracias :3 Awwww todavía estoy pensandome la reacción de Karen XDDD pero te aseguro que seguirán juntos XDDD verdad? Todos ensucian a Kagura :c yo la amo!
Guest2: Creo que eres los demás guest XD ahora las actus no dependen tanto de mí XD
Ahora sí me retiro, recuerden que leer un fic y no comentar... Es manosear al lector y luego por esa razón huyen de fanfiction :C
Felices Fiestas!
