N/A: Hola de nuevo! Mil gracias por su apoyo! Me siento muy feliz de que les haya gustado este trabajo!
Muchas gracias a los lectores fantasmas, espero les guste y lo sigan leyendo!
hanehera: Okay, me alegra que por lo menos te llamase la atención! Saludos a ti también, y gracias por leer! Gracias por añadirlo a tus follows.
Suri154: tenía que! Pero va a estar tantito tiempo vivo! Así que podremos disfrutar del pequeño Andrómeda! Gracias por seguirlo y añadirlo a tus favoritos!
MARA D: Awwww, me alegra que te causara ternura… ahm, perdón por hacerte llorar, jeje. Pronto sabremos todo, poco a poco. Y en cuanto al nombre de la nena… pues falta para saberlo todavía. Gracias por comentar, espero te guste este capítulo!
Loba-san: jajajaja, era absolutamente necesario (?). Pero en este capitulo va aestar vivito y coleando… bueno, algo así.
Jajajaja, sí, en lo personal me fascina ese nombre y tiene un significado bastante interesante y que se acopla bastante a lo que va a pasar con la niña XD. Porque lo pediste aquí y en el otro, ACTUALIZACION! Ojala te guste!
Misao-CG: muchísimas gracias! Espero no defraudarte con lo que se viene después!
Gracias por la manzana xD Gracias por leerlo, tu también cuidate!
Sakuragaby: ._. la reina para hacer sufrir a Shun me reclama A MI?! Jajajajajaaj, pues no va a sufrir… o sea… no mucho…. O sea… yo me entiendo! xD
jajajaja, gracias, me alegro que te gustara :3 Y creo que sí te la dije hace poco, fue cuando estábamos hablando en Messenger que vos te enojaste por lo de Harry Potter con Percy Jackson… so yeap.
Gracias!
A los lectores fantasmas: muchas gracias por leer esto! Ojalá se animen a comentar!
zryvanierkic: gracia spor seguirlo!
Sin más preámbulos, comencemos con el primer capítulo!
DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA PERTENECEN A MASAMI KURUMADA
I
13 años antes:
Shiryu había tenido mucho tiempo para pensar desde que había despertado en el hospital luego de los eventos ocurridos en el Inframundo, y en sus meditaciones se percató de algo: parecía que una lista que existente solo en su mente regía la mayoría de sus pensamientos.
Su mente iba y venía entre el Hades, los Elíseos, sus amigos...
Entrar al inframundo, listo. Vencer a la mayoría de sus enemigos, listo. Llegar a los Elíseos sin haber muerto, listo. Conseguir una armadura divina, listo. Pelear con la armadura de libra, listo. Ganar la batalla, listo. luego las cosas se complicaban un poco.
Salir los seis del Inframundo ilesos, "listo": Seiya seguía bastante mal, pero ya había despertado. En cuanto a Shun, seguía inconciente, pero estaba vivo, lo cual, luego de todo lo que sufrió, les resultaba alentador. El resto ya estaba mucho mejor, aunque tenía la leve sospecha que el Fénix había resultado con distorsiones mentales o algo por el estílo.
Que Ikki dejase de desaparecer para estar con su hermano era comprensible, pero hasta cierto punto. El mayor del grupo nunca había mostrado signos de quedarse en un lugar de manera permanente, mucho menos si debía convivir con ellos.
Y aunque parecía que había armado un campamento en el hospital, cuando lo echaban de allí por la razón que fuese, el joven se dirigía a la mansión Kido y pasaba una o dos horas con él... lo que le hacía pensar el porqué del interés de su amigo en jugar damas con él, o aprender a jugar ajedrez.
Parecía que pasar con él ablandaba su lengua, pues ahora Shiryu sabía parte de lo que Ikki vivió en la Isla de la Reina Muerte, pero aún no sabía la razón de las desapariciones periódicas del muchacho, ni la razón de porque sentía que muchas veces su amigo interrumpía el relato para pasar a otro, como si tratase de ocultar algo.
Pero aún con tanta complejidad, ambos chicos se llevaban bien.
Shiryu tenía cierta madurez que a Ikki le parecía bastante agradable, y por lo cual no podía pasar demasiado tiempo con Seiya, pues el castaño lo sacaba de sus casillas y hacía querer volatizar el hospital completo.
El pelinegro estaba pensando en eso, mientras Seiya le contaba algo referente a un sueño que había tenido aquella mañana en su siesta.
-Y por una extraña razón todo pasaba de blanco a negro, de blanco a negro. Y yo me mantenía sentado en el suelo del lugar… bueno, en realidad no había suelo… pero estaba sentado… ¿Cómo demonios es eso posible? Estaba sentado, pero no estaba sentado… hmmmm…
-En serio que eres…- comenzó Hyoga, pero no pudo terminar de decir nada porque Ikki entró de repente a la habitación, golpeándolo en el proceso-. ¡Oye! ¡¿Qué no ves que estaba en el marco de la puer…?!
-¡Despertó!- dijo sonriendo y ayudando al rubio a levantarse, cosa que lo extraño-. ¡Shun ya despertó!
Los otros tres voltearon a verse, como no creyéndole al chico, pues tenían cierta experiencia con aquello: el joven, en su letargo, reaccionaba a algún estímulo y su hermano salía corriendo a avisar que había despertado. No le culpaban de que ahora sus reacciones pasaban más frecuentemente, parecía que el mayor ya se estaba desesperando de ver al antiguo contenedor de Hades en aquél estado... A Shun le faltaba poco para cumplir los seis meses de estar en el coma que se había provocado, según los doctores, por un subconsciente no preparado para afrontar la realidad. Se había desconectado como forma de autodefensa.
Probablemente no habría sido tan sencillo determinar aquello sin que Saori le explicase al doctor de la familia (quien era conocedor del mundo místico del cual los Kido eran parte) lo que había pasado en el Inframundo, y si bien tenían una idea de lo que podía haber pasado en la transición de mortal a dios del Olimpo, aquello no dejaba de ser una gran y dolorosa teoría.
-Ikki- dijo Hyoga poniendo una mano en el hombro del chico, quien se removió incómodo. Era menos apático con ellos, pero eso no quitaba que siguiera disgustándole el contacto físico-. Ya sabes que los doctores…
-Ya despertó- la voz alegre con la que había dado las noticias en un principio desapareció. Ahora hablaba con la misma seriedad, casi brusquedad, de siempre-. Todas estas veces solo se había movido... pero está levantado. Se mueve, hace ademanes y se da a entender... no me ha hablado, pero consiguió hacerme entender que quería agua...
Escéptico, Hyoga salió del cuarto de Seiya y caminó hasta la puerta donde se encontraba su amigo, unas cuantas habitaciones a la derecha. Pensó en tocar, pedir permiso para pasar, pero se dijo a sí mismo que sería algo ridículo, seguramente el fénix había exagerado de nuevo.
Una sensación fría y melancólica le recorrió el cuerpo al entrar en aquel cuarto: las paredes de un color crema, con cuadros de algunos paisajes en blanco y negro colgados por allí; la maquinaria médica distribuida a conciencia, algunos aún haciendo ruido; la poca luz que entraba debido a que las cortinas (también de color crema) lo evitaban; el doctor al lado de la cama eléctrica, con mirada cansada pero dedicada... el joven sentado a su lado, mirando la mano donde tenía el suero como si fuese la cosa más interesante del mundo.
Shun estaba mucho más delgado de lo que ya era antes, su piel estaba muy pálida y su cabello, ahora mucho más largo, despeinado... Sabía que todo eso era normal, probablemente había visto el cambio durante el tiempo que sus amigos habían estado en el hospital... pero hasta ahora se percataba a conciencia de lo diferente que se veía el peliverde.
-Les dije que estaba despierto- la voz del mayor le hizo percatarse que se había quedado de pie en la puerta, sin decir nada, sin moverse. Tal vez los médicos se habían percatado de su presencia, pero Shun estaba absorto en sus pensamientos.
La mirada del menos se volvió la de un niño pequeño que va por primera vez a un parque de atracciones: sus ojos lo decían todo, estaba más que contento de ver a cuatro chicos en la puerta de su habitación, mas no pronunció palabra aquel día; ni ante el abrazo de Hyoga, ni ante el llanto de Seiya, ni ante las palabras de Shiryu. Se mantuvo callado todo el rato, escuchando, sonriendo, asintiendo, haciendo ademanes.
Aquello complicó bastante la llamada telefónica que tuvo con Saori, quien se molestó cuando él no respondió a sus preguntas.
Fue hasta el día siguiente que Saori pudo ver a su amigo, y luego de intentar hasta lo imposible para que hablara, conversó con el médico sobre aquel problema, quien llegó a la conclusión bastante obvia de que el joven tenía un problema de lenguaje post-traumático, y que lo más probable sería que no volvería a hablar, o bien tendría problemas para expresarse si en algún momento decidía volver a hablar.
Y Saori Kido no pensó en una mejor solución que convertir su hogar en un corredor de psicólogos por cinco años seguidos.
Los profesionales que llegaban, casi siempre atraídos por la buena paga del trabajo, se terminaban largando tarde o temprano, pues parecía que los hombres de la casa habían decidido ser peores que los niños que Nany McFee corregía.
Era una cadena que probaba el interés de los psicólogos en el dinero, y lo desesperantes que podían ser unos tipos de dieciocho, diecinueve y veinte años.
Muchos se largaban en el momento en que se daban cuneta de la poca cooperación que Shun daba, algunos se estresaban en plena sesión, otros simplemente consideraban que no era bueno forzar a una persona a algo que no desea hacer.
Si soportaban la poca cooperación del paciente, muchos se iban al ver que los habitantes de la casa no ayudaban a las sesiones: Seiya entraba y salía de la habitación que Saori había adaptado como estudio. Pedía prestadas cosas a Shun, entraba a buscar libros que nunca leía, utilizaba la computadora que estaba allí, distraía a Shun para pedirle ayuda en cosas triviales como abrir una botella o enseñarle a usar la calculadora.
Si eso no funcionaba, a las interrupciones de Seiya debía añadirse la presencia de Shiryu durante toda la terapia, quien cuestionaba cada pregunta y pedía ayuda al profesional con tareas de la Universidad, pues el joven iba a segundo año de psicología.
Si las personas se mantenían porque el empleo era muy bien remunerado, Hyoga los acosaba constantemente fuera de sus horas laborales fuera de la mansión, además de seguirles en los lugares que más frecuentaban.
Y solo uno de tantos hombres y mujeres había llegado a la etapa final: una sesión con Ikki, quien terminó de ahuyentar al profesional de turno.
Saori no entendía la razón del comportamiento de sus amigos, ella sentía que Shun había progresado mucho en todo el tiempo que llevaba en las terapias: hablaba más, aunque prefería comunicarse por medio de ademanes y notitas; entre las terapias que habían recomendado, sus favoritas parecían ser escribir y la música, pero eso no quitaba que siguiera necesitando ayuda.
-Él quiere que lo trates como su igual-fue la respuesta que recibió de Seiya la tarde en que le preguntó abiertamente sobre las actitudes que todos en la casa habían tomado-. Simple y sencillamente quiere que volvamos a ser los de antes, sin necesidad de estúpidas citas cada martes y jueves. Sin necesidad de pasar encerrado y que no lo dejes salir.
-Seiya…
-No eres su madre, la mansión no es una torre inpenetrable y él no es una especie de Rapunzel peliverde... Comprende que él tiene derecho a hacer las cosas de los chicos de su edad... Ir a la universidad, salir con los amigos, emborracharse... ¡Cosas del estilo! No va a vivir así por siempre, por mucho que tú quieras... Shun ya no es Hades, ni es el chico de trece años que alguna vez peleó contra dioses olímpicos. Y créeme que sería mucho mejor hacerle olvidar ese pasado, darle un nuevo presente...
Seiya le abrió los ojos a Saori... desde aquel año Shun entró a la Universidad, estudiaba arquitectura, por lo que sus tiempos libres fueron reduciéndose poco a poco... sin embargo conservaba la vieja costumbre de escribir y dibujar en aquel cuaderno que nadie tenía permitido tocar, aquellas palabras que en un momento adecuado todos serían aptos para leer.
Y para que ese momento llegase, solo faltaban ocho años y un encuentro bastante peculiar.
N/A: sip, no soy muy buena para hacer los finales de los capítulos… bueno… el punto es que aquí están.
Este fic será un tanto corto, tal vez unos diez capítulos, más o menos… pero espero lo disfruten.
Espero les haya gustado este capítulo! Coementen, eso me ayuda a saber si les gusta o no la historia!
F. Rui-chan.
