DISCLAIMER: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko y los de Fairy Tail a Hiro Mashima, los demás son míos al igual que esta novela, la cual está registrada en Digital Media Rights. Y queda prohibido su adaptación a cualquier fandom o plataforma.

¡HOLA AMORES MÍOS!

Me he tardado la eternidad en actualizar pero este semestre ha estado mucho más pesado que los otros :c espero que este capítulo con compense :3 También estoy atrasada con MILES de lecturas, espero me perdonen :c con esas me pondré al corriente de a poco a poco XD

.

~O~O~O~


~O~O~O~

.

Haborym

.

Karen sintió cómo la sangre abandonaba su rostro, un escalofrío recorrió su cuerpo y fue capaz de decirlo en voz alta: "Yo sé quién es". Justo en ese momento su boca se secó por completo y un malestar atacó su estómago de una manera despiadada e inimaginable, Yasha y Damon la miraron con insistencia. Sus ojos azules se cristalizaron y temblaban nerviosos.

Rin la tomó con delicadeza, hasta ese momento se dio cuenta cuán tensa estaba, sus extremidades estaban agarrotadas. Con cuidado Rin intentó relajarla y Karen se amainó para sentarse en la orilla de la cama, ayudada por la castaña. Su mente se encontraba congelada en varios recuerdos que había intentado enterrar en el fondo de su mente, y prontamente salieron a la luz con esa imagen en el haz de la hoja. Era imposible olvidar esa mirada tan macabra, divertida, pero mortal. Su risa reverberó en su cabeza y las lágrimas comenzaron a salir. Nadie le insistió a que hablase, Yasha la acunó entre sus brazos, contra su pecho y dejó que su camisa se empapara con las incesantes gotas salinas.

—Karen —Ayame se sentó junto a ella—. Tranquila, no te pongas así —Rin intentó pedirle que se callara con la mirada, pero la pelirroja no dejaba de ver a Karen. Temblaba y se convulsionaba—. ¿Necesitas algo? —puso su mano sobre su espalda, intentando reconfortarla como Yasha lo hacía, pero el gesto no obtuvo el resultado esperado.

—¡No! —el contacto provocó un tremendo sobresalto en la rubia quien se aferró al menor de los hermanos Miller—. Por favor no —comenzó a pelear contra alguien que no estaba ahí, se alejó de Ayame como si su tacto la hubiese quemado.

—Hey —Yasha intentó controlarla—. Karen soy yo —Rin aprovechó para alejar a Ayame de la rubia.

—No dejes que me lastimen por favor —el llanto de Karen cada vez era más potente y Rin supo que pronto iría alguno de los vigilantes a ver lo que ocurría.

—Nadie te hará daño —Inuyasha nunca había visto a nadie así. Karen estaba aterrada.

.

~O~O~O~

.

—¿Han sabido algo del cuerpo que encontraron en la alcantarilla? —le preguntó Yura a Sango mientras caminaban por el enorme jardín del salón. El anochecer se veía precioso, mezclando colores vivos con oscuros en el firmamento.

—Salvo que era de una mujer, no —la castaña suspiró—. Oh, Yura no hemos ni siquiera determinado su identidad, nadie la recuerda, nadie sabe quién fue antes de terminar así. Tampoco hemos podido encontrar ni una sola pista de la persona que la asesinó, con trabajos hemos podido inferir la causa de muerte y hasta el momento no he podido comprobar mi teoría.

—¿Cuál crees que fue la causa de muerte? —Yura se detuvo un momento para escuchar a Sango.

—Por la condición que encontramos lo que quedaba de sus pulmones, creemos que fue ahogamiento. Pero al estar todo su cuerpo en una situación deplorable es difícil definir si la descomposición por permanecer en las alcantarillas por tantos años ha ido dañando de manera distinta sus órganos.

—Kagura está tratando un caso de ahogamiento también, entiendo que fue por inmersión. Fue un homicidio.

—También el cuerpo que tengo fue víctima de un homicidio, el pobre cuerpo fue cubierto por tantas mantas que pudo haberse momificado. Solamente el asesino pudo haber hecho tal acto.

—Supongo que no se inició ningún caso por esa pobre mujer —Sango asintió, sin la identidad de la víctima ni nadie interesado en encontrar al asesino, había casos prioritarios que atender.

—¡Tía Yura! —una de las gemelas se lanzó a abrazar a la abogada, Yura levantó a la pequeña en brazos—. ¡Vamos al inflable!

—Vamos —le sonrió la mujer.

—Yo iré a ver a los demás invitados —avisó su prima y se dirigió hacia las mesas con los padres de los niños.

—¿No tienes sueño? —le preguntó Yura a su sobrina, ya era muy noche y las gemelas brincaban de un lado a otro como si su pila no se agotara nunca.

Inu no estaba sentado en una de las mesas más alejadas de las bocinas donde canciones ochenteras sonaban a un volumen elevado. Junto a su mesa había un matrimonio joven que procuraban a una pequeña niña que se había quedado dormida por el agotamiento. Algo que él siempre había anhelado era una hija, posiblemente si Inuyasha hubiese sido mujer, habría escuchado a Izayoi y se hubiera retirado para profesar un oficio menos peligroso. Sin embargo, el hecho de que sus dos hijos fuesen hombres, le daba seguridad de que estarían bien, incluso si él se iba antes de tiempo.

Buscó a su pareja con la mirada. Yura se encontraba sentada en la orilla del inflable en el jardín. Estaba platicando con sus sobrinas, sentadas en cada una de sus piernas. Se veía muy contenta. Aunque ella le había contado que no estaba en sus planes tener hijos, se desenvolvía bastante bien en el ámbito maternal. Siempre lo demostraba con las hijas de Sango.

—¿Me permite? —Miroku, el esposo de Sango, un hombre joven de cabello azulino ligeramente largo y de mirada intensa, se sentó junto a él incluso antes de que Inu No le dijera que podía—. Yura se ve muy cómoda en este ambiente.

En efecto lo hacía, sin embargo, muchas veces le había confesado que no podría lidiar con las niñas más de un día entero, sobre todo cuando estaban cansadas y lloraban por todo. Le gustaba su rol de tía consentidora, donde no tenía que ser responsable o limitante. Seguramente si él hubiera tenido una hija, tampoco podría ser muy limitante, aunque sería sobreprotector. Demasiado, pero era algo que no descubriría nunca porque no estaba en sus planes tener más hijos. Amaba a los que ya tenía y además era demasiado viejo como para cuidar de otro más.

—Sí —aceptó mirando de reojo a la mujer que se reía con sus sobrinas—. ¿Cómo han estado? —preguntó por cortesía. Realmente se sentía un poco incómodo en ese ambiente, rodeado de parejas casadas con muchos niños corriendo de un lado a otro, gritando o llorando. Posiblemente porque todo aquello le recordaba que no había pasado tanto tiempo así con sus propios hijos.

—De maravilla, tenemos planeado tener muchos hijos más —soltó una sonora carcajada. Inu No compartió el chiste—. Nos faltan varones en esta familia tan femenina.

—No mientas, amas a tus hijas.

—Sí, así es —sonrió Miroku—. ¿Cómo está Inuyasha? —su hijo menor y el esposo de Sango se conocían de una escuela de artes marciales y habían logrado una buena amistad. Por ese motivo Miroku tenía demasiadas confianzas con él, y era una de las pocas personas que no lo juzgaba por su relación con la abogada y eso era algo que Inu No valoraba bastante.

—Hasta ayer parecía que le iba de maravilla —se cruzó de brazos—. Anda atontado con una joven —Miroku se rió de nuevo abiertamente.

—El buen Inuyasha aprendió muchas cosas cuando practicábamos juntos —se llevó sus manos a la nuca y se reclinó en su asiento—, solía ser un testarudo con las mujeres, no las veía como mujeres —sonrió—. Siempre competía con todo el mundo y era muy defensivo, tal vez demasiado.

—Eso cambió en cuanto empezó a juntarse contigo —aceptó Inu No, temía mucho que Inuyasha nunca madurara. Gracias a la ayuda de Miroku comenzó a ver a las mujeres como personas del sexo opuesto y comenzó a relacionarse con ellas de manera distinta.

—Y le costó mucho trabajo, nada parecido a su hermano que siempre tuvo un manejo bastante bueno en cuanto a las mujeres, aunque creo que era el más competitivo de los dos.

—Hasta ahora lo es, sólo que Sesshomaru es mucho más sereno que Inuyasha —aceptó orgulloso Inu No porque era algo que le había enseñado bastante bien.

—Estoy exhausta —Yura llegó y se sentó al lado del ambarino, y tomó un gran sorbo de su soda. Miroku la saludó amigablemente y se disculpó para ir a otra mesa. Sango no había parado de ir a saludar gente y revisar que todo estuviese en orden. Yura los veía y se cansaba con solo eso. No podría ser anfitriona de fiestas nunca.

—Las niñas te adoran.

—Claro, soy la tía que les da regalos caros y les da permisos cuando sus padres las castigan. Soy la favorita —sonrió—. Y no tengo que lidiar con ellas cuando hacen berrinches, para eso está su madre. Oh, Kagura escribió un mensaje —la cara de Yura se deformó—. Es sobre Sesshomaru…

—¿Qué ocurre con él? —Inu No intentó mantener la calma.

—Dice que está herido, al parecer lo atacaron cuando estaba con la hija de la fiscal Tanner —Inu No se levantó de golpe y se alejó de la fiesta para poder marcar a su primogénito.

¿Qué ocurre? —la voz serena de su hijo lo tranquilizó. No sonaba como si estuviese herido o algo parecido, al contrario, sonaba distante y parco como de costumbre.

—Kagura avisó que estabas herido —se recargó en uno de los pilares de piedra del jardín—. ¿Has avisado a la policía?

Justo acabo de terminar la llamada, Tanner tiene que ir a declarar sola —contestó secamente—. Mira no puedo seguir al teléfono, no estoy muriendo si eso te apuraba, la novia de Inuyasha tuvo un colapso mental y no es el mejor momento para hablar.

—¿Karen? Maldición, vale, cuida a tu hermano. Antes de que cuelgues, ¿le hicieron algo a Tanner?

No, ella está bien —Sesshomaru cortó la línea, Inu No resopló, su hijo mayor era tan frío y poco expresivo como su madre, a diferencia de que Irasue era bastante dramática.

—Traje tus cosas, me he disculpado con Sango y Miroku —Yura le ayudó a colocarse el saco y ambos caminaron hacia el estacionamiento del salón para regresar—. ¿Quieres que maneje? —el ambarino negó y le abrió la puerta del vehículo.

Agradeció el gesto de Yura, realmente no se sentía con ánimos de regresar a la fiesta infantil la cual se había extendido bastante. Yura había notado que no se sentía del todo bien y con semejante noticia lo mejor era regresar cuanto antes. Ella lo leía con mucha facilidad y actuaba en el momento justo. Eso era algo que le encantaba de ella porque le evitaba muchos problemas. Yura era una mujer práctica y proactiva, y él se lo agradecía demasiado.

.

~O~O~O~

.

Al día siguiente Ayame salió temprano de clases, Rin estaba muy al pendiente del estado de Karen y no habían podido hablar del tema. La habían llevado a la enfermería donde una doctora de planta de la universidad la atendió. No era necesario que internaran a Karen, pero durmió en la enfermería para quedarse en observación. Ayame no conocía más detalles porque la habían mandado tanto a ella como a Rin a dormir. Yasha se había quedado en la enfermería y Damon había desaparecido cuando ellas regresaron al cuarto.

Rin le contó en resumen lo que les había ocurrido, y al parecer Damon se había encargado de dar parte a las autoridades. Yasha había llevado a la castaña muy temprano a la policía para declarar su versión de los hechos. Todo eso parecía muy fuera de lugar, Ayame estaba segura de que no era el procedimiento adecuado, Damon y ella debieron haber acudido a un hospital y en seguida ser visitados por un detective. A menos de que Damon no quisiera que fuera de ese modo porque escondía algo, Rin y ella lo hablaron, pero no llegaron a nada. La castaña expuso nuevamente su teoría de que Damon era policía, pero para Ayame había algo más.

Llegó al estudio de Cole, al igual que la vez anterior, no había nadie en el recibidor y al no escuchar voces ni el zumbido de la máquina, dedujo que el tatuador se encontraba solo. Cerró la puerta de cristal con la cerradura manual, para que sólo pudiera abrirse desde dentro y apagó el letrero neón que indicaba que el lugar estaba abierto. Caminó hasta llegar al cuarto donde había estado con Rin unos días antes.

—Ayame, que agradable sorpresa —Cole estaba limpiando sus instrumentos. La pelirroja intentó sonreír tímidamente, aquel hombre era realmente atractivo con su cabello largo atado en una media coleta.

—¿Todavía está en pie el tatuaje de regalo? —Cole dejó de hacer lo que estaba haciendo y curvó la comisura de sus delgados labios antes de levantar su intensa mirada.

—Eso sólo en el caso de que hayas tomado la decisión adecuada —Ayame le mostró una hoja con el lobo impreso y algunas modificaciones. Cole lo inspeccionó cuidadosamente—. ¿Dónde?

—He visto que la mayoría de las personas se los ponen en los brazos o espalda, en específico cuando es un lobo —guardó silencio un momento—. Pero no me convence ninguno de esos lugares, había pensado en otro lado más íntimo...

—Suena muy atractivo —Ayame se volvió hacia la puerta y la cerró, aunque había cerrado la principal, era de cristal y no quería que los curiosos la vieran tan expuesta. Caminó hacia donde estaba Cole sentado y sin pena alguna se quitó la blusa negra que llevaba. Cole abrió los ojos con sorpresa, pero Ayame todavía no terminaba, dejó la prenda en la silla acolchada y desabrochó su sostén, dejando expuestos sus pequeños senos. Cole se quedó completamente congelado con la boca seca.

—Lo quiero justo aquí —se giró ligeramente señalando su costado izquierdo, justo antes del inicio de su seno, el chico había pensado que lo quería en medio de ambos pechos por la manera en la que la pelirroja se desnudó ante él, sin embargo, el tatuaje no era para ese sitio. Cole recorrió su pálida piel con la yema de sus dedos y sintió a la joven tensarse al momento.

—Puedes taparte si lo deseas, me considero un profesional —Ayame se mordió el labio inferior y se volvió hacia él para quedar de nuevo frente a frente.

—Sólo si realmente quieres que lo haga —se inclinó ligeramente hacia él. Cole hizo un esfuerzo muy grande por mantener su mirada clavada en los ojos verdes de Ayame—. Veo que estás muy incómodo —repentinamente sintió pudor por lo que estaba haciendo—. Lo lamento creo que me he dejado llevar más de la cuenta —tomó la blusa y la usó para taparse.

—¿A qué has venido realmente? —preguntó Cole intentando no sonar demasiado rudo, Ayame se sonrojó hasta los oídos. Había ido ahí para seducirlo porque tenía muchas ganas de recibir cariño y después se tatuaría.

—A hacerme un tatuaje —dijo sin verlo, Cole tomó las manos de la pelirroja y la ayudó a retirarse la blusa exponiéndola de nuevo, cuando Ayame regresó su mirada al chico vio un brillo dominante en su mirada.

—¿A qué has venido? —la pelirroja tragó saliva y abrió la boca, dejando salir el aire.

Prefirió no hablar y se acercó más, sentándose a horcajadas sobre las piernas de Cole, sintiendo su miembro, el cual había empezado a agrandarse por la estimulación visual. Cole buscó los labios de Ayame y la sostuvo de las caderas con sus grandes manos. Ayame comenzó a friccionar su sexo contra el de él y se separó ligeramente para quitarle su playera, quería verlo a los ojos. La mirada marrón derrochaba deseo y lujuria. Pero no había nada más ahí, era justo lo que se esperaba de un desconocido, aunque una parte de ella se había esperanzado y quería encontrar algo de ternura.

Cuando estaba con Koga lo que veía en sus ojos era cariño y deseo. Nunca la había mirado con tanta hambre como lo hacía Cole en ese momento y reflexionó un poco al respecto. Koga le había parecido el novio perfecto durante el tiempo que estuvieron juntos. Era posesivo moderadamente, no era muy celoso, solamente territorial sin llegar a ser fastidioso. No era detallista en absoluto, sin embargo, de vez en cuando lograba sorprenderla. Era el capitán del equipo de rugby de la universidad y ambos sobresalían en popularidad.

Habían compartido muy buenos momentos juntos, pero Ayame estaba segura de que después de la primera ruptura, aunque por factores externos a su relación con el moreno, todo había terminado de verdad. Koga ya le había dado todo lo que tenía que darle y ella había hecho lo mismo, ya no había nada para el otro en esa relación. Era como intentar exprimir un limón que ya estaba seco. Por esa razón había terminado con él definitivamente. Lo había intentado forzar y al principio todo había ido bien, pero estaba segura de que ambos habían cambiado en muy poco tiempo y ya no eran compatibles como lo habían sido antes de la muerte de Abi.

Sin embargo, no estaba llevando del todo bien su propia decisión. Se sentía falta de cariño y Cole había llamado su atención desde que tatuó a Rin. Era muy atractivo y pensó que podría darle momentos de afecto y se regañó mentalmente por ingenua, no es que le preocupara demasiado ser la chica de una noche de alguien. Nunca lo había hecho y tal vez sería una experiencia divertida tener sexo sin ningún compromiso. Pero era algo nuevo para ella, aunque claramente no quería que Cole lo notara.

—Por favor —susurró cuando los dientes de Cole se cerraron suavemente sobre su hinchado pezón derecho—. Necesito sentirte —ronroneó y Cole bajó una de sus manos hasta el muslo de la pelirroja, subiéndole la falda introduciendo sus alargados dedos entre las piernas de la joven—. Ahhh —Ayame se apretó más contra él, moviéndose desesperadamente para animarlo a jugar con ella de manera más salvaje.

—Veo que nace un gran deseo dentro de ti, Ayame —su suave voz erizó la piel de la pelirroja quien se limitó a asentir. Con movimientos poco astutos, Ayame desabrochó la hebilla de su cinturón y buscó a tientas el hinchado miembro de Cole, provocándole rugidos estridentes.

Ayame buscó en el bolsillo de su falda y sacó dos empaques metálicos, cuidadosamente abrió el primero y con ayuda de Cole le puso el preservativo y sin más preámbulo se acomodó para comenzar el acto sexual. Nunca había sentido tanta prisa de ser llenada de aquella forma. Estaba en un momento de debilidad emocional y había buscado la manera más fácil de calmar la sed de cariños y mimos que día a día acrecentaba en su interior.

—¡Cole! —el tatuador había empezado a levantarla y bajarla rápidamente mientras movía su pelvis contra los muslos femeninos. Ayame se aferró al respaldo de la silla mientras brincaba de manera veloz sobre Cole, sintiendo sus pechos rozando contra el cuerpo de él y a Cole besando su cuello y mordiéndolo con suavidad—. No... No vayas a dejar marca —pidió con dificultad.

—Sh... Descuida, no pretendo hacerlo —Cole apretó ambos senos haciendo que la pelirroja gimiera fuertemente contra su oído. Ayame buscó soporte en con sus pies, flexionando sus piernas, generando mayor tensión entre ellas, logrando que Cole gruñera sonoramente.

Al cabo de un rato Ayame se encontraba exhausta. Cole era realmente bueno en todo lo que hacía, verdaderamente habían compartido un momento muy intenso. Incluso la pelirroja se mareó por la fuerza que estaba exigiéndose a sí misma y cuando terminó se quedó aferrada al muchacho quien la movió levemente. Cole seguía dentro de ella.

—Fue grandioso —murmuró Ayame, levantándose cuidadosamente, buscando sus prendas. Quería preguntar si a partir de eso habría algo entre ellos, quizá no una relación, pero tal vez podría acudir al chico cuando se sintiera sola.

—El sexo es algo muy vago, Ayame —comentó seriamente. Se puso de pie y entró al baño, la pelirroja escuchó que tiró de la cadena y regresó a ponerse su playera—. ¿Todavía voy a tatuarte? —ella asintió.

El silencio reinó durante un buen rato. Ayame no quería que todo se volviera incómodo, no lo frecuentaba y por lo tanto no era muy relevante si la veía como una cualquiera, pero preferiría que no fuera de esa manera. Antes de que Cole colocara el papel con la calca sobre su piel ella le detuvo la mano.

—Lamento si me lancé hacia ti de esa forma —el chico la miró interrogante—. No es algo que suela hacer, no vayas a pensar que lo hago con frecuencia.

—Lo sé —contestó él—. Tu cuerpo estaba sumamente tenso y tus movimientos no fueron del todo acertados —sonrió levemente. Ayame abrió los ojos con sorpresa, no se había percatado de cuán nerviosa estaba.

—Lamento eso —Ayame sintió la pomada en su piel y el masaje de presión que Cole le proporcionó.

—Si así lo prefieres, podría asistirte para que enriquezcas tu destreza —una mirada pícara terminó de sorprenderla.

—Eso sería genial —aceptó con una sonrisa.

.

~O~O~O~

.

Yasha había llevado a Rin a la estación de policía, ella estaba nerviosa porque lo correcto habría sido ir la noche anterior, sin embargo, Yasha le aseguró que todo estaría bien. Tomaron su declaración, le hicieron varias preguntas y la dejaron ir rápidamente. Uno de los detectives la reconoció de la vez que la interrogaron sobre Abi, pero fue mucho más amable que en esa ocasión, todo el mundo ahí sabía quién había sido su madre. Aunque en esa ocasión nadie le preguntó al respecto. Le informaron que un detective visitaría a Damon para tomar su declaración, no la reprendieron por no haber ido a declarar la noche anterior por la llamada que había hecho el ambarino y la situación en cuanto a sus heridas, eso fue lo que le explicaron a ella.

Aprovechó para preguntar por el caso de Abi Collins, quería saber si habían encontrado alguna pista y uno de los agentes que había simpatizado con ella por ser la hija de una reconocida y añorada fiscal —y a la cual no había tratado muy bien en sus interrogatorios causándole un sentimiento de culpa—, le dio algunos detalles advirtiéndole que era información demasiado confidencial y que fuera discreta.

Le comentó que no tenían ninguna pista, que el asesino había tenido un extremo cuidado con la ejecución y que había una alta probabilidad de que hubiese sido un caso aleatorio, sin embargo, la tortura que Abi recibió antes de morir había sido explícita en todos los sentidos. Rin concluyó entonces que la persona que la había maltratado de esa manera había sido alguien conocido que tenía un asunto personal con ella y el agente asintió, ambas probabilidades era fuertes, pero Rin se iba a inclinar por la segunda. Cuando por fin salió se encontró a Yasha Miller esperándola.

—Yo voy a regresar a la universidad a ver a Karen —dijo Yasha cuando notó su presencia—. ¿Quieres que te lleve?

—No, gracias —Rin sonrió levemente—. Voy a ir a otro lugar —se despidió de Yasha y caminó hacia la parada de autobús. Tenía que ver a Sanders.

Esperó cerca de veinte minutos hasta que pasó su autobús y se desvió al centro, antes de ir a casa de Sanders pasó a una tienda de teléfonos y compró uno sencillo con buena cámara y de prepago. No podía seguir incomunicada, era una necesidad, sobre todo después de lo ocurrido con Damon y D-Tear. Después volvió a encaminarse a casa de Sanders. El profesor se sorprendió de que llegara tan temprano, pero de igual manera la recibió.

—Ha ocurrido algo tremendo —dijo Rin cuando se sentó en el viejo sillón de Sanders—. Estoy un tanto asustada por lo que pueda pasar después —cerró los ojos y respiró hondo.

—¿Qué ha ocurrido? —Rin resopló, no le había contado nada relacionado con Abi porque temía su reacción, pero necesitaba ayuda, e ir lentamente ya no era una opción para Rin Tanner. Un psicópata casi mataba a Damon Miller y necesitaba hablarlo con alguien que la entendiera y la ayudara.

—El tema que me acercó más que nunca a todos los temas de psicopatologías fue la muerte de una compañera —confesó—. Su nombre era Abi Collins y fue asesinada la madrugada del quince de febrero —ya había pasado más de un mes de su muerte—. No tengo mucha información del caso porque todo es confidencial —Rin le contó todos los detalles a Sanders incluyendo lo último que había hablado con el detective. Desde las notas que les habían dejado a ella y a Ayame hasta el dealer que la seguía y el ataque de la noche anterior.

El profesor fumaba un cigarrillo mientras escuchaba con atención, de vez en cuando la paraba para hacerle preguntas y las procesaba en su mente. Rin sintió un poco de culpa por meterlo en todo eso, pero intelectualmente era el único en el que confiaba como para pedirle su ayuda de manera explícita. Una vez que terminó de hablar, hubo silencio. Interminables minutos de silencio, incluso el zumbido que hacía el viejo refrigerador era amortiguado por la densidad del ambiente, el aire era tan caliente que las volutas de humo se estaban tardando más de lo normal en subir al techo.

—Si nos vamos por el primer sendero, la muerte de Abi puede ser solamente un asesinato aleatorio y sería muy difícil que encuentren al asesino porque realmente no es parte de la vida cotidiana de la víctima y no hay nada que lo conecte con ella, y entiendo que el agente se refería a que no tenían pruebas de ADN —ese era sólo uno de los dos posibles escenarios y el primero que Rin había descartado—. Por el sendero dos, de ser un asesinato planeado hay más probabilidades de dar con un asesino, teniendo en cuenta el ataque que se suscitó ayer, me inclinaré más por la segunda opción y la muerte de tu compañera fue solamente el inicio de algo más grande y tu atacante puede ser el mismo asesino —Rin hizo un mohín, aquello no le parecía creíble.

—Yo realmente dudo que lo sea —la castaña intentó aterrizar todas sus ideas—. Por lo que ha dicho el agente, el asesino hizo un trabajo muy limpio con ella, quitando los detalles sangrientos de su muerte.

—¿Cuál fue la causa de muerte de tu compañera?

—Su madre dijo que había sido estrangulamiento.

—¿Realmente descartas por completo que el sujeto que los atacó sea el asesino? —Rin asintió—. ¿Te gusta el box, Tanner? —ella negó—. Eso pensé.

—Mi padre solía verlo, pero nunca llamó mi atención.

—Es un juego más estratégico que violento —le explicó—. Hay boxeadores realmente buenos que no son los más fuertes. Los mejores son los más inteligentes —Sanders apagó su cigarro consumido y buscó otro en su cajetilla—. Existen varios tipos de pelea que van desarrollando estos hombres, hay quienes son prepotentes y no dan tregua en toda la pelea, son tan ofensivos que descuidan su defensa —Rin no sabía nada de box, pero entendía lo que Sanders quería decirle—. También están los defensivos que es el reflejo inverso, se cubren de los golpes y descuidan su ataque, aunque ellos suelen dar golpes más acertados porque atacan con la cabeza fría, digamos que calculan mejor a su oponente, aunque si se enfrentan a un ofensivo, difícilmente encuentren la oportunidad de atacar.

—¿Está diciendo que entre ambos ganaría un ofensivo porque el defensivo no se atrevería a dar un golpe?

—No, sí se atreve a atacar, el problema es que se concentra más en su defensa y un ofensivo nunca le va a dar la oportunidad, sin embargo, el que ataca se cansa más —Rin analizó las palabras de Sanders y buscó aplicarlas a lo que le había pasado la noche anterior.

—Podría definir a D-Tear como un oponente ofensivo, entonces.

—Sí, es evidente que lo es por cómo lo describiste —Rin asintió—. No sé cómo sea Damon, el chico del que hablas, porque él estaba más preocupado por mantenerte a ti a salvo —Rin se sintió ligeramente sonrojada—. La cuestión es que hay otros tipos de oponentes, como la técnica contraofensiva que podría usar un defensivo para volver al atacante ofensivo en defensivo, porque el ofensivo se cansa después de un rato y es cuando un defensivo preparado puede darle la vuelta en la pelea —Rin registró toda esa información en su mente, era una manera de catalogar a las personas muy interesante y en esas categorías ella sabía que se encontraba a la defensiva, completamente.

—Si logro definir la postura del asesino sabré si es D-Tear —pensó en voz alta, realmente no había querido decirlo.

—A menos que —Sanders le dio una larga calada a su cigarro y dejó salir el humo lentamente—, a menos que el asesino sea disperso —asintió—. De ser así, no lo van a atrapar pronto.

—¿Disperso? —Rin se mordió el labio—. Supongo que puede adoptar todas las posiciones y manejarlas a su conveniencia —Tobias asintió con la cabeza lentamente mientras se sumía en un viejo recuerdo—. El dealer era un psicópata, pero no del tipo que buscan burlar a los policías con juegos mentales ni nada parecido —dijo Rin haciendo un mohín—. Es por eso por lo que tengo mis dudas. La persona que mató a Abi goza de una malevolencia excepcional; en cambio el atacante temía ser atrapado, por eso huyó, con prisa —respiró hondo antes de continuar—. No era metódico como sospecho, es el asesino —eso era todo lo que Rin tenía. Ideas. No conocía el expediente policial, ni los detalles de la muerte de Abi, lo único que era concreto para ella era que el asesino no había dejado huella y su atacante sí.

—¿Alguna vez te conté de la guerra, niña? —ella negó, incluso cuando era su profesor, no hablaba del tema. Lo evadía y lo poco que le había comentado no era agradable—. Conocí a un chico que era bastante ofensivo y prepotente, su mente era un caos cuando llegó a mi cargo —negó con tristeza—. Me recuerda a tu atacante. Sam era un joven que estuvo en mi escuadrón en Vietnam —a Rin se le iluminaron los ojos. Tobias Sanders nunca hablaba de Vietnam. Había estado en 1971 y había obtenido varias medallas, lo habían herido en combate y por esa razón usaba un bastón. Pero era todo lo que ella sabía, era lo único que él había compartido—. Yo era el teniente al mando de un batallón en la península de Batangan en esos tiempos, pude haber pedido una prórroga de estudiante, pero no lo hice, sentía la necesidad de servir a mi patria —su mirada se perdió en recuerdos enterrados a punto de ser revividos—. Había un chico especial, Sam Carter, desde que tuvimos el primer enfrentamiento con campesinos supe que era un loco —suspiró—. Me tardé un poco en comprender la magnitud de su locura, nadie disfrutaba estar en guerra, salvo él —Rin sintió un nudo en el estómago—. Fue apodado por un religioso como Haborym, el nombre de un demonio de fuego, un genocida.

—¿A qué se refiere con eso? —Sanders pareció despertar de un sueño con esa pregunta y volvió su mirada a la pequeña castaña que lo escuchaba atentamente—. Con el tema de su locura, quiero decir.

—Nunca había visto a alguien dispararle a una niña de cinco años —dijo Tobías con una mirada severa y Rin se sintió intimidada—. Quemó las chozas de esas personas y no lo detuve —la culpa invadió la cara del anciano y Rin no supo cómo reaccionar—. Muchos campesinos inocentes murieron a su sus manos, nuestras manos.

Rin sabía que se unía a la tragedia por no haber intervenido, no quería creer que Sanders hubiese asesinado a alguien incapaz de pelear, la guerra transformaba a las personas, o eso había leído cuando el tema salía en alguna de sus asignaturas, era un tema delicado que todo el mundo prefería ignorar, pero las personas dedicadas al estudio del comportamiento humano escarbaban en esa materia para poder explicar las repercusiones de la guerra.

—No fue su culpa —intentó reconfortar al viejo, pero éste negó severamente.

—Nunca llené ningún informe, a nadie le importaba que lo hiciera.

Rin pensó que no podría soportar escuchar el resto de la historia, pero no quería hacerlo callar cuando por primera vez hablaba de un tema tan duro como ese. Tenía que ser fuerte y más profesional al respecto.

—Era muy joven en ese entonces —lo justificó y Sanders mostró una sonrisa sardónica.

—Tenía treinta años en ese tiempo Rin, ya no era un mocoso con un arma —negó con un movimiento de cabeza como si quisiera borrar los recuerdos de aquel tiempo—. Al principio no me importaba, a Dios no le importaba, vietnamitas, americanos, más, menos; qué más daba... —tomó su cigarro, pero no lo fumó—. Me tarde meses en comprender la diferencia de defender tu patria y matar gente inocente. Personas que no merecían todas las atrocidades que dejan las guerras. No soy un veterano orgulloso —aceptó—. Me uní a muchas marchas a mi regreso, incluso me deshice de todas mis insignias y medallas enfrente del congreso como muchos que terminamos odiándonos a nosotros mismos por creernos dioses —la mirada de Rin intentaba no proyectar la impotencia que sentía—. Sí, en Vietnam nos sentíamos con poder contra un montón de pueblos desarmados, a veces con la idea de que escondían armas o infiltrados, otras simplemente destruíamos todo porque a alguien se le hinchaba hacerlo —volvió a negar con la cabeza, como si eso pudiera eliminar los recuerdos de esos días tan lejanos—. Pero nunca nadie quería aceptar que actuábamos así por el miedo —suspiró y miró a Rin—. Me estoy saliendo demasiado del tema —la joven no contestó nada—. Era de Sam de quien estaba hablándote. Ese chico tenía apenas dieciséis años cuando se unió a mi batallón, yo quería mandarlo a casa, pero aprendió rápidamente a manejar armas y era un pirómano bastante útil.

Rin le dio un sorbo a su vaso de agua, estaba tibia y realmente no tenía sed, pero no sabía qué hacer en esa pausa. Sanders miró los cuadros y retratos que tenía en una de sus paredes y se reacomodó en su asiento, dispuesto a continuar.

—Después de muchos ataques desalmados, avisé a mis superiores sobre el comportamiento de Sam, lo mandaron a muchas sesiones psiquiátricas y después lo regresaron a casa —sus ojos azules enrojecieron y a Rin se le oprimió el corazón—. Pude haber salvado a tantos campesinos si hubiese actuado antes, si le hubiera puesto un alto o metido un tiro a ese bastardo. A veces me pregunto si es la peor persona que he conocido, a cierta edad es difícil acordarse. Pero como dice cierto escritor, los verdaderos malvados se destacan a través de los años —Rin lo cuestionó con la mirada, pero el viejo seguía mirando sus cuadros—. Cuando regresé a Erie Pensilvania, me topé con él, aunque ya tenía diecinueve años —intentó calmarse—. Había conseguido una novia preciosa, de una cabellera azabache brillosa y de una familia muy religiosa —miró a Rin—. Los padres eran de la iglesia de la cienciología —Rin había estudiado en una materia sobre el tema. Generalmente esa religión se dedicaba a despojar de sus bienes materiales a los miembros, les quitaban su identidad, los sometían y les impedían el contacto con el mundo moderno, mas nunca había conocido a alguien perteneciente a esa iglesia.

—¿La conoció? —preguntó Rin y Tobias asintió.

—Los veía muy seguido en un restaurante donde ella era mesera —se encogió de hombros—. Siempre supe que Sam no cambiaría, aunque con Courtney parecía mucho menos psicópata —se rascó la nuca—. Hasta que los padres de ella le prohibieron verlo de nuevo, poco después del fallecimiento de una de sus hermanas pequeñas. Recuerdo que cada vez los veía menos, una noche Sam quemó la casa de Courtney con todos sus habitantes dentro, fue desastroso —negó con la cabeza en otro vano intento por olvidar—. Lo visité en prisión después de eso, me dijo que se había peleado con ella y que las cosas nunca iban a cambiar para él. No puedo cambiar lo que soy, fueron sus exactas palabras —Rin hizo la observación de que Sam se había referido a sí mismo como un algo, no un alguien—. No quería que un abogado se hiciera cargo de él y fue sentenciado a cadena perpetua.

—¿Hace cuánto de eso? —preguntó Rin, sabía que Sanders hablaba de la década de los setentas.

—Cuarenta años exactamente —dijo el anciano—, él tendrá unos cincuenta y nueve o sesenta años el día de hoy —miró a Rin y sonrió apenas—. Está en la prisión de Waymart, su caso no fue muy rápido de dirimir pues era menor de edad cuando eso ocurrió, sin embargo, tuvo una condena como si fuera ya mayor y estuvo de acuerdo con ello —se desperezó en su lugar y miró a Rin con un semblante mucho más tranquilo—. Si no fuera de otro estado, te diría que lo visitaras, hablar con ese hombre podría ayudarte. Indagar en esa mente tan insana... Quién sabe.

—Puede ser que sea como D-Tear —contestó Rin—. Demasiado decidido, disfruta del sufrimiento y desesperación de sus víctimas... La persona que nos atacó era demasiado ofensiva en cuanto a su técnica —Rin se quedó pensativa—. No le importaba trabajar sucio, simplemente actuaba y atacaba, no le dio ni una sola oportunidad a Damon. Definitivamente es alguien muy peligroso.

—¿Cómo definirías tú al asesino de Abi? Suponiendo que sea un ser independiente del dealer.

—Supongo que es más diverso, no lo sé explicar. Todo en su muerte fue muy limpio. Planeado, no creo que haya sido un crimen al azar —se acomodó en su silla, sabía que era mucho más complicado detectar al asesino si éste no tenía relación con la víctima—. No hubo evidencia y hasta ahora dudo que la policía haya si quiera definido el motivo por el cual la eligieron a ella. Quisiera tenderle una trampa —le comentó la castaña—. El dealer dijo que no podía dañarme, que era importante —si bien la idea de usarse de carnada no le gustaba en absoluto, estaba cansada de esperar. Además, si la policía no determinaba un sospechoso pronto, cerrarían el caso y ella no quería que eso ocurriera.

—Eso es muy peligroso, Rin —Sanders negó con la cabeza—. No intervengas a menos de que la policía te pida que lo hagas —el profesor apagó su segundo cigarrillo—. Si te expones de alguna forma tus probabilidades de fracasar son altas, muy altas —se cruzó de brazos—. El hecho de que seas importante para D-Tear o el asesino quiere decir que te conocen —respiró hondo—, probablemente sepan todo de ti y tú no sabes nada de ellos. Intentar combatirlos no es un plan seguro.

—Estoy consciente de ello, pero no puedo quedarme sentada esperando su próximo ataque hacia mí, o a que el asesino mate otra vez —los nervios la invadieron, se sentía sumamente impotente porque Sanders tenía razón. Ella era una estudiante de psicología, no era criminóloga ni policía. Tenía cierta afición a las mentes criminales, pero no tenía los medios ni los conocimientos y mucho menos la experiencia necesaria para intentar hacerle frente al asesino.

—Ese es el trabajo de la policía —Sanders intentó calmarse—. Debes prepararte mejor para que la próxima vez que estés frente a ese hombre puedas conocerlo, determinar los factores que lo llevan a actuar de la manera en la que lo hace y saber por qué lo hace —Rin asintió—. Háblame de tu encuentro con Kaijinbo.

Rin le relató su conclusión y Sanders la calificó como si revisara una práctica en clase. Le dio una lista con algunas de las personas que podría visitar en la cárcel y en algunos hospitales psiquiátricos para que los conociera y clasificara con las etiquetas que habían tratado. Era algo muy básico, pero era el principio de algo más. Rin quería absorber todo lo que podía, como si fuera una esponja. Le provocaba ansiedad saber qué tipo de delincuentes o enfermos iba a encontrarse y todo lo que podía descubrir con eso. Hablaron un buen rato del tema hasta que la castaña decidió regresar al campus antes de que anocheciera.

Los últimos días se había relajado, pero en ese momento tenía miedo como los días posteriores a la muerte de Abi, porque ahora uno de los males tenía rostro, armas y una mente descuadrada. Si antes se sentía vigilada, en esos momentos sabía que habían violado más que su privacidad. El miedo que había aprendido a manejar en ese momento se había salido de control. En las calles desiertas sentía que se ahogaba y que el aire a su alrededor se extinguía; en el transporte público no podía ni parpadear pensando que D-Tear se encontraba en el asiento de atrás. Vigilándola.

Llegó al campus sin ningún contratiempo, quiso pasar a ver a Damon, pero prefirió dejarlo descansar, en cambió fue a la cafetería y preparó un café. Otro de los hermanos necesitaba descansar también y Rin supuso que lo encontraría en la enfermería procurando a la rubia.

—¿Cómo sigue Karen? —Inuyasha se volvió hacia la castaña, le entregó el café que llevaba. El ambarino lo recibió gustoso.

—Gracias, ella está más estable —le dio un sorbo, amargo, lo que necesitaba en ese momento—. Hablé con ella cuando despertó, no es un tema fácil, de hecho, es algo bastante delicado —Rin entrecerró los ojos—. No conoce el nombre del sujeto, pero ya se ha topado con él.

—Oh, vaya —la joven presentía que aquel encuentro no había sido nada amigable. Karen se había puesto muy mal, histérica. Rin se debatía entre indagar más en la profundidad de la mente de la rubia o dejar que los médicos se encargaran de esa parte, temía causarle un daño mayor.

—¿Cómo sigue Damon? —preguntó Inuyasha. No se había despegado de la enfermería desde que Karen ingresó, ninguno de sus familiares había acudido a verla pese a que la doctora del campus los había mandado llamar.

—Él se está recuperando rápidamente, la doctora Himura me llamó hace rato y me dio algunas indicaciones, dice que se pondrá bien dentro de poco tiempo tratándose de él —Rin intentó sonreír, le había cambiado los vendajes un par de veces, el hombre parecía de piedra, no se quejaba ni tampoco parecía sentirse dolorido, sus heridas eran de cuidado, cualquier otra persona lloraría de dolor.

—Sí, es fuerte —Inuyasha se sentó, estaba agotado. La doctora le había dicho que Karen necesitaba vacaciones, alejarse del estrés y evitar el tema que la había puesto tan mal. Sabía que no había forma de que la presionara para que recordara todo lo referente a ese hombre y pensar en las posibilidades de su encuentro lo hacían arder de rabia, pero más que nada de frustración al no poder ayudarla de algún modo—. ¿Podrías quedarte un rato? —le preguntó a Rin—. Necesito tratar un tema con mi hermano.

—Claro, desde luego —Rin le sonrió y se sentó junto a él. Inuyasha se terminó su café y tiró el vaso desechable al basurero.

Cuando llegó a su habitación en el campus la encontró cerrada completamente. Sesshomaru le había pedido que cuando Karen estuviera estable lo llevara a su departamento. En esas condiciones el mayor no podía manejar. Inuyasha entró y lo encontró listo.

—Vámonos —Sesshomaru odiaba que lo hicieran esperar, sin embargo, no estaba en condiciones de pelear por nimiedades.

—Karen está mejor ahora —Inuyasha sabía que a Sesshomaru le preocupaba la situación de la rubia, aunque no lo manifestara. Lo vio avanzar despacio hasta la puerta.

Sesshomaru intentaba actuar como si nada pasara, pero sus pasos eran más lentos de lo normal y algunos gestos de malestar aparecían repentinamente en su rostro, aunque intentara esconderlos. Inuyasha sabía que ofrecerle ayuda a Sesshomaru únicamente lo ofendería, de modo que lo dejó andar a su ritmo hasta que llegaron al estacionamiento.

—No has evaluado las posibilidades, ¿o sí? —preguntó el mayor una vez en camino. Inuyasha las había evaluado muchas veces, había tenido mucho tiempo para sopesar todas las posibilidades, o eso había pensado hasta que Sesshomaru habló de nuevo—. Ese hombre podría ser el padre de Shiori —de no ser porque se encontraban en un alto, Inuyasha hubiese metido freno de golpe, pero al estar parado, sólo fue capaz de apretar sus manos alrededor del volante. Aquella idea era repugnante, pero no podía descartarla del todo—. Veo que no lo habías pensado —Sesshomaru se sintió ligeramente culpable por haber sugerido tal atrocidad, pero la reacción de Karen había sido insólita. Al igual que todos los presentes en la habitación, Sesshomaru había deducido que ese hombre la había atacado de alguna forma y al ser la violación uno de los sucesos más traumáticos, la mente hacía lo posible por olvidarlos y dejarlos arrumbados en el subconsciente.

—Sí pensé en la posibilidad de una agresión sexual —respondió Inuyasha—, pero no quiero pensar que ese desgraciado sea el padre de Shiori —siguió manejando con la tensión acumulada en cada uno de sus músculos. Aquello parecía una pesadilla que cada vez iba empeorando.

—Busqué información acerca de lo que mencionó Kagura y encontré una enfermedad llamada insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis —Sesshomaru cambió de tema de manera radical—, hay muy pocos casos que se han dado en Estados Unidos que estén registrados, y al parecer una de las causas puede ser que los padres tengan alguna relación consanguínea. Aunque no se da en todos los casos, sí en una mayoría significativa. Y muy rara vez pasan los dos años.

—Entonces estamos hablando de un superviviente.

—No lo sé, puede haber otro motivo para inhabilitar el dolor, pero tendría que investigar más a profundidad, quizá sólo estaba bajo la influencia de alguna droga —se cruzó de brazos.

Al llegar al departamento, Sesshomaru comenzó a preparar todo para tomar un baño en la tina, Inuyasha fue incapaz de apurarlo y se dispuso a lavar ropa, y hacer una maleta nueva para los días siguientes que pasaría en el campus. Una vez que terminó, Inuyasha se sintió inquieto y se salió de la casa procurando no hacer ruido.

Regresó a la universidad y se encontró con la castaña donde la había dejado. Indeciso le dio las llaves y le pidió que fuera a ver a su hermano, tomando él su lugar afuera de la enfermería, Rin le había comentado que no era necesario trasladar a Karen a un hospital, sólo necesitaba reposo. Karen se estaba estabilizando, Rin aceptó las llaves y se dirigió a su cuarto por el botiquín donde tenía todo para las curaciones de Damon.

Yasha le indicó que la dirección del apartamento estaba programada en la pantalla del vehículo. Rin fue a su recámara a dejarle una nota a Ayame diciéndole que iría al apartamento de Damon. No se tardó mucho en llegar, en el llavero venía la llave de la reja de entrada y de la puerta del departamento. Cuando llegó al piso que le indicó Yasha se puso nerviosa. El menor de los hermanos le había dicho que Damon se había quedado para tomar un baño en la bañera, posiblemente ya no estaría ahí pero el hecho de encontrarlo en alguna situación comprometedora la ponía ansiosa.

Entró parsimoniosamente al departamento y encendió una luz tenue, aprovechó que estaría ahí un largo rato para poner a cargar su nuevo celular; posteriormente ubicó el pasillo que llevaba a las habitaciones y caminó hacia allí.

—¿Damon? —no recibió respuesta—. Soy Rin, Yasha me pidió que viniera a curar tus heridas —la chica tocó la puerta, que pensó era la del baño, y no recibió respuesta. Abrió con timidez, recibiendo una ola de vapor en el rostro. Se asomó, dejando su cuerpo detrás de la puerta y logró ver a Damon con el cabello negro recogido en una coleta alta, recostado en la tina con agua espumosa.

—Te tardaste —contestó con los ojos cerrados. Rin hizo una mueca y se adentró al baño. Dejó el botiquín sobre la tapa de la taza del baño, se lavó las manos y se aproximó al ambarino para revisarlo.

Tenía las heridas descubiertas, algunas sangraban todavía, aunque en comparación con el primer día, estaban cicatrizando de manera rápida. Rin se hincó y buscó lo necesario para lavarlas con cuidado. Damon apenas se movió cuando ella pasó el jabón neutro cuidadosamente sobre su piel. Había aprendido a ser delicada cuando se lavaba el tatuaje los primeros días, por lo que sus manos apenas se sentían sobre la piel del detective encubierto.

—Avísame si te hago daño —le susurró con timidez. El hecho de estar en silencio no le importaba mucho, sabía que Damon no era muy platicador, y se sentía cómoda con los largos ratos de silencio, sin embargo, prefería escuchar su gruesa y sensual voz.

—No me haces daño —comentó suavemente Damon, sin abrir los ojos. Rin arqueó los labios y continuó limpiando sus heridas—. En realidad, se siente bien —Rin se detuvo ante aquellas palabras. Él abrió sus dorados orbes y ella desvió la mirada y continuó lavándolo.

—¿Te tomaste las pastillas? —lo vio asintiendo de reojo, no era capaz de mirarlo, se sentía extraña por la desnudez de su acompañante, aun cuando ya había visto y sentido lo suficiente con anterioridad.

—¿Por qué estás tan nerviosa, Tanner? —Rin se estremeció, aquel tono de voz podría pasar por sugestivo. Estaba consciente de que ese hombre lo hacía con toda intención de incomodarla para divertirse. Se había dado cuenta cada vez que curaba sus heridas, que a Damon le divertía incomodarla. Aunque no estaba intranquila por ver su desnudez, eso era lo de menos. Temía lastimarlo cuando hacía las curaciones porque a pesar de que se proyectaba majestuoso incluso con severas heridas, había ocasiones donde sus gestos se endurecían por el ardor o la incomodidad. Aunque aquello casi nunca ocurría.

—No estoy nerviosa, sólo concentrada, ya casi acabo de lavar las heridas.

—Gracias —la castaña sonrió ampliamente, cada vez que escuchaba esa palabra saliendo de la boca de Damon su corazón daba un vuelco. Por su carácter, sabía que rara vez usaba palabras como "por favor" o "gracias" y cada vez que las usaba con ella se sentía tontamente feliz.

—Voy a dejar ir el agua, está contaminada —jaló de la cadena, tomó la regadera y abrió la llave, dejando que el agua limpia cayera sobre las heridas de Damon, buscó el jabón neutro y llenó la esponja con él.

Cuidadosamente comenzó a lavar el pecho de Damon, intentando no hacer mucha presión sobre la piel enrojecida, intentando también no llevarse consigo las costras que empezaban a formarse. Lo vio cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás mientras ella seguía limpiando suavemente su torso. Una vez que el agua se fue por completo intentó mantener su mirada puesta en las heridas, haciendo todo lo humanamente posible por ignorar el pene erecto de Damon. Sin embargo, su cuerpo no era fácil de engañar pues un cosquilleo se alojó en su centro, haciéndola gemir internamente mientras apretaba sus piernas. ¿Por qué se ponía de esa manera? Damon sólo era un hombre que se había calentado con sus caricias... ¡Cuando ni siquiera intentaba seducirlo!

Cuando terminó de limpiar las heridas, ayudó a Damon a levantarse de la tina, intentando ignorar que iba completamente desnudo y que su miembro estaba completamente izado, imponente y firme, Rin se quedó sin aliento, deseando poder tocarlo de nuevo, sin embargo, temía que cualquier movimiento fuera a lastimar a Damon. Le pasó una toalla y lo ayudó a sentarse sobre la tapa del inodoro, le dio la espalda tomó el botiquín para ponerle las curaciones en la recámara. Sesshomaru aprovechó que la joven estaba vulnerable y la haló hacia él, haciéndola sentarse en medio de sus piernas.

—¿Qué haces? —preguntó ligeramente exaltada.

—Saldando mi deuda contigo —contestó con voz ronca y juguetona mientras sus manos recorrían las caderas de la joven, ascendiendo y descendiendo sobre la tela de su blusa, hasta que llegaron a los senos y los apretaron, provocando un gemido en Rin, haciéndola echar su cabeza hacia atrás. El aroma de la joven invadió su espacio, haciéndolo ansiar ese aroma mezclado con la excitación de la joven.

—Da-Damon —reclamó Rin—, te-te voy a l-lastimar —intentó no recargar su cuerpo sobre el de él, mas no intentó levantarse.

Dejó que las manos de Damon recorrieran su cuerpo como días antes, desabrochó botón a botón su blusa, bajó cuidadosamente los tirantes de su brasier y jugueteó con sus expuestos senos, mientras suavemente mordía su hombro derecho, Rin se restregó contra su cabeza como cual gato y Sesshomaru arqueó la comisura de sus labios satisfecho. Descendió suavemente hasta el botón de los jeans de Rin y lo desabrochó sin esperar aprobación por parte de ella, introduciendo sus largos dedos enseguida.

—Estás húmeda —le habló al oído, rozando su piel con su tibio aliento y Rin asintió apretando los ojos, había empezado a estarlo desde que lo vio en la tina.

—Es culpa tuya —le reclamó intentando apretar sus piernas.

—No te contengas, Tanner —Rin perdió la fuerza que estaba ejerciendo, dejando así que Sesshomaru invadiera su cuerpo con sus dedos.

Los fríos dedos masculinos encontraron su pequeña debilidad y comenzaron a estimularla, Rin se mordió el labio y echó su cuerpo hacia adelante, temerosa de recargarse en las heridas de Damon y volvió a cerrar las piernas. Sesshomaru sacó su mano impregnada con la excitación femenina y aprovechó para bajar sus prendas de un tirón, dejándolas atoradas en las rodillas de la castaña, un escalofrío recorrió la espalda de la castaña al sentir la fría tapa del baño bajo sus nalgas, pero la sensación duró apenas nada pues Damon la hizo sentarse sobre sus piernas y la sorpresa de la castaña aumentó cuando el miembro de Damon se abrió lugar deslizándose astutamente bajo su cuerpo. Estaba caliente y duro debajo de ella.

—¿Q-qué estás haciendo? —preguntó con los labios temblando.

—Nada que no quieras —Rin tuvo que aceptar que aquello era completamente cierto, sin embargo, pensaba que era demasiado pronto como para mantener relacione sexuales con Damon, aunque lo deseaba realmente.

Los largos dedos masculinos volvieron a invadirla, esta vez sin intenciones de parar. Rin se movió sobre su tibio miembro, sintiendo un líquido húmedo fluyendo cada vez que su cuerpo rozaba con él y un gruñido atorado en la garganta de Damon. Sintiéndose provocativa, comenzó a moverse rítmicamente al compás de los dedos maestros dentro de ella porque en ese momento así se sentía, como si fuera música. Una melodía que no obedecía escalas ni acordes, únicamente el complemento de su director de orquesta. Su esfuerzo por mantenerse en armonía con Damon la obligó a contener la respiración mientras el vaivén de su cuerpo aumentaba, apretó los ojos con fuerza, sintiendo su cuerpo incrementar la temperatura con rapidez y los músculos de sus piernas tensarse.

Los movimientos de Damon aumentaron rápidamente, introduciéndose en su cuerpo con mayor velocidad, haciendo que se moviera frenéticamente sobre el excitado miembro, exprimiendo todo de él, justo entre ambos cuerpos. Sesshomaru no se había contenido porque el esfuerzo de hacerlo implicaba ejercer presión y al hacerlo sus heridas se volvían un dolor de cabeza, así que dejó que todo fluyera sin intentar alargar el momento, Rin Tanner terminó segundos después y la tensión de su cuerpo se esfumó por completo.

—Te has vuelto a ensuciar —comentó Rin sin aliento, poniéndose de pie.

—Hm —Damon se levantó con dificultad, tomó la toalla de manos y la mojó, la pasó suavemente entre las piernas de Rin y la enjuagó para hacer lo mismo con sus piernas. Rin sonrió con picardía ante su comportamiento.

—Vamos a la recámara, necesito tratar tus heridas.

Yasha le había advertido que Damon no necesitaba ayuda para nada, que no insistiera en tratar de ayudarlo porque le molestaba, así que dejó que caminara descalzo hasta la recámara. Damon ya se había anudado la toalla en la cintura, finas gotas de agua mezcladas con sangre comenzaban a empapar el borde y Rin sintió un golpe de culpa instantáneo. Se dirigió a su closet y Rin se volteó hacia la cama, comenzó a sacar lo que necesitaba, cortó algunas gasas con unos guantes de látex puestos. Damon se recostó en la cama.

—Tus heridas han mejorado mucho —el ambarino se había puesto unos bóxers negros de licra únicamente, ella comenzó a curar sus heridas y lo ayudó a ponerse una camisa.

—Hoy no voy a regresar al campus, me quedaré unos días aquí —Rin asintió.

—Si necesitas algo, llámame por favor te voy a anotar el número aquí —le sonrió y tomó un papel y una pluma de la mesita de noche, dejó el papel doblado dispuesta a salir de la recámara y regresar a la universidad cuando la fría mano de Damon la detuvo jalando su blusa—. ¿Ocurre algo?

—No —sin embargo, no la soltó. No podía pedirle que se quedara porque al día siguiente tenía clases y no quería meterse con eso. Sin embargo, la compañía de la castaña lo hacía sentirse reconfortado y tranquilo. Era mejor que la soledad y mucho más amena que la compañía de su medio hermano.

—Si quieres me puedo quedar esta noche —por más suave o inocente que la voz femenina sonó, Sesshomaru no pudo evitar sentir un espasmo en su entrepierna nuevamente.

—Hay comida en el refrigerador —Rin sonrió ante su forma de pedirle compañía.

—No tengo hambre —recogió lo que había utilizado y dejó el botiquín en una de las mesitas de noche—. ¿Tú quieres cenar algo?

—Sopa, caliente —Rin no se esperaba esa respuesta, pero de alguna manera le alegró que comenzara a consumir más alimentos.

—Vale no tardo.

Rin salió de la recámara y buscó la cocina, abrió el refrigerador y lo encontró vacío salvo por dos recipientes con comida echada a perder. La tiró y buscó la alacena, encontró dos sobres de sopa y preparó la más sencilla de hacer teniendo en cuenta que sólo tenía una estufa y agua. También había una caja de cereal infantil la cual supuso era de Yasha. Buscó un pocillo y puso el agua a hervir. No tenía intención de faltar a sus clases al día siguiente así que programó una alarma temprano.

Terminó de preparar la sopa y la sirvió en un plato, entró a la recámara y la dejó sobre la mesita de noche, Damon tenía los ojos cerrados y respiraba con profundidad, el sueño lo había vencido. Se había quitado la coleta y su cabello lacio y negro caía sobre sus hombros, Rin quiso tocarlo, pero se contuvo. Echó un vistazo a sus heridas, algunas de las gasas ya se habían teñido de escarlata. Tocó la frente de Damon para ver si su temperatura estaba normal y lo encontró frío, cuando en ocasiones anteriores su temperatura se había elevado. Retrocedió y extendió una de las mantas que había a los pies de la cama para taparlo.

—Damon —susurró acercándose a él nuevamente—. Despierta —sin embargo, el Miller permaneció inmóvil, salvo por su pecho que se hinchaba y relajaba despreocupado—. Te he preparado la sopa —miró sus labios cerrados en una perfecta línea recta y acarició su rostro—. Anda —le habló con ternura y lentamente Damon abrió sus dorados ojos y Rin sintió un flashazo, retrocedió instintivamente.

Rin le pasó el plato y él lo sostuvo firmemente, la castaña tomó de su bolso un libro y se acomodó en el sillón y comenzó a leer mientras Damon cenaba, sin embargo, solamente sostenía el libro abierto pues su mente intentaba recordar dónde había visto aquella mirada antes. Su mente descartó todos los años que habían transcurrido porque su memoria fotográfica era tan buena que, de haber visto esos ojos en algún sitio, los recordaría. En cambio, los recuerdos más borrosos eran de su niñez, cuando su madre falleció.

Varias imágenes llenaron su cabeza, una tras otra, sin ningún orden, sin secuencia, imágenes independientes y entre todas ellas vio aquella mirada dorada. Lo que había en ella era muy distinto a cualquier otra mirada de Damon, había un sentimiento oculto detrás de su dureza. Embelesamiento, era eso. ¿Por qué recordaba el día del funeral de su madre? No era capaz de conectar las piezas, para ella su inocencia se había quedado para siempre en aquel entierro al igual que muchos recuerdos que no había intentado recuperar jamás.

—Deberías dormir, es tarde —Rin alzó la mirada, Damon ya había terminado—. Hay espacio suficiente —la castaña cerró su libro—. También hay camisas de algodón en la recámara de Yasha.

—Gracias, estoy bien así y bueno —Rin miró la cama de Damon, era más grande que la suya en el campus, aun así, no quería dañarlo—. Realmente me muevo mucho cuando duermo y temo lastimarte —contestó la chica acomodándose en el sofá. Sesshomaru alzó una ceja ante su absurda excusa para no compartir la cama con él.

—Haz lo que quieras.

—¿Dónde están tus medicinas?

—Me las he dejado en el campus, pero creo que hay ibuprofeno en un bote de pastillas en la cocina.

—Ya vuelvo —Rin se levantó tomó el traste sucio y fue a la cocina, llenó un vaso con agua y buscó el bote de pastillas, regresó a la habitación—. Aquí tienes —le dejó el vaso en la mesita de noche junto con las pastillas—. Descansa —se acercó y depositó un beso cándido y dulce sobre los fríos labios del ambarino. Sesshomaru se quedó inmóvil ante aquel acto de inocencia por parte de ella durante apenas un segundo y reaccionó devolviéndole el beso, tomándola de la nuca para evitar que huyera de él.

La joven gimió ante el sofocante beso y se alejó un poco, Sesshomaru fue capaz de apreciar el brillo del deseo y la astucia en aquellos ojos donde la malicia era nula completamente. Algo tan hermoso y bello como ese par de ojos lo atraía como una luz atrae a los mosquitos y eso lo tenía completamente atontado, aunque superficialmente era incapaz de demostrarlo.

Volvió a volcar sus duros labios contra los suaves de ella añorando el calor que sintió en su interior momentos antes, la joven respondió torpemente, intentando no recargar su peso en él para no lastimarlo y Sesshomaru no pudo evitar el deseo de su proximidad, de su sabor impregnado en su boca, su pequeño cuerpo sobre el de él. Rin se alejó por completo enderezando su espalda y parpadeó confundida un par de veces.

—¿Todavía vas a dormir en el sillón? —la fría voz de Damon la regresó a la realidad. Ella se mordió el labio con suavidad y negó.

—Iré a buscar una playera al cuarto de Yasha —salió de la habitación con las mejillas arreboladas. Aprovechó para cambiarse y dejar su ropa doblada en la cama del hermano de Damon. Se dejó únicamente sus pantis y la playera que caía como vestido sobre su delgado cuerpo llegando hasta la mitad de sus muslos—. Si me muevo mucho puedes echarme de la cama —apagó la luz, Damon había encendido la lámpara de la mesita de noche.

Rin se metió a la cama y se acomodó para dormir, sin embargo, el saberse al lado de Damon Miller su sueño y cansancio se esfumaron por completo.

.

~O~O~O~


~O~O~O~

.

Hasta aquí llega el capítulo de hoy :P recuerden que sus reviews animan a las escritoras a que sigamos publicando en fanfiction. Un enorme abrazo y agradecimientos para:

Kagoyame

Claudy05

Star fiiree-Lupita Reyes

Kagura

Esme

DreamFicGirl

PomPath

s taisho

BABY SONY

Mina Rose

Tatistus

ZY

Tara Castillo

Lin

Sara

Milly Taisho

Aleliz

Alguien U

Indominus Dea

Anya

Another Angel Down

Fabricio Scottlan

SunyKika

Guests (a todos)

Cleoru Misumi

bucitosentubebida

Sabastu

Mina Rose

Kuruma Chidori

HoolieDaniSars

DanaLovesOhana

Cochita D

¡Nos leemos!