For the Rose and the Lion

Battlefield 13

This is for fun


Viernes 18 de marzo 2016

Milton Keynes, Inglaterra

Snozone, Xscape.

-¿Estás seguro de no querer ir? –Greg hablaba con Joe en la estación antes de partir, había tomado la decisión de regresar a Londres para atender asuntos de su familia en vez de acompañar al resto del equipo.

-Muy seguro –respondió el portero- pero ustedes diviértanse.

De igual manera se perdería el partido, pero Greg no tenía problemas para confiar solamente en John. Tomaron el tren de las seis de la mañana porque de haber ido en el camión del equipo habrían tenido que salir hasta el día siguiente, era un trayecto de dos horas y media hasta la ciudad de Milton Keynes, por lo que Irene no autorizaría una salida en viernes. Pero esta vez era para ellos.

Eran poco más de las ocho y media de la mañana cuando salieron enfundados en chamarras ligeras, caminaban uno junto al otro, Terry y Greg liderando el camino que en teoría era de treinta minutos, aunque no tenían nada de prisa por llegar, el área comercial al que iban estaba abierta las veinticuatro horas del día, lo que lograba que fuera de interés de mucha gente.

El camino por el que transitaban era poco concurrido para personas a pie, en general circulaban en coches, era una calle recta y arbolada, al fondo, la gran plaza comercial a la que se dirigían. El único que había estado ahí en varias ocasiones era Dane, quien por lo menos dos veces al año venía a deslizarse en la tabla de esquí en vista de que no podía ir a ningún otro lugar y tenía que conformarse con la más grande pista bajo techo.

Dane había convencido a Mika para venir con él muchas veces, pero hasta ahora no se había atrevido a deslizarse y siempre permanecía a un lado observando. Esperaba que ahora tomara una de las tablas y aunque fuera bajara sentado, cosa que era común aunque lo hacía sentir extraño. Iban tomados de las manos, sonriendo, Dane sentía que esta vez su novio se divertiría más, por eso insistió que fueran un día antes, que les serviría hacer algo todos juntos que no fuera entrenar o jugar.

Las principales quejas se dieron cuando no todos querían deslizarse colina abajo sobre la nieve, pero al hablarles del túnel de viento, las enormes paredes para escalar, el boliche y el cine, se animaron por completo. Caminaron hasta la entrada principal del centro comercial, las puertas estaban ya abiertas aunque fuera viernes, la pista de esquí y las demás actividades abrían hasta las 10 de la mañana, pero varios restaurantes ya ofrecían desayunos.

Dane se lanzó escaleras arriba seguido por Mika y el resto de los chicos, conformaban una extraña visión que casi nadie pudo disfrutar, sólo una familia que iba subiendo por la segunda escalera eléctrica al mismo tiempo. Iban riendo, sin esperar a que la escalera los subiera a su ritmo, gritando un poco y disfrutando algo tan sencillo. En el piso superior estaba uno restaurante de cadena, donde servían unas hamburguesas que eran su perdición, Dane adoraba todas y cada una de las versiones que ofrecían.

Dentro, la mayoría de las mesas eran gabinetes forrados en madera con asientos y respaldos rojos, ocuparon tres de ellos en fila, Mika y Dane se sentaron frente a Erick y Mitch, en el siguiente Terry junto con Greg y Sherlock con John, el último lo ocuparon George frente a Ethan y Roman. Decidieron rápidamente sobre lo que comerían, después de todo habían escuchado a Dane hablar sobre hamburguesas durante horas, además de las papas a la francesa con muchísima salsa cátsup.

George pidió de inmediato una malteada de chocolate, uno de sus vicios preferidos, muchos siguieron el consejo de pedir refrescos de cereza, que para Dane eran los más deliciosos del mundo. Había un par de familias en el lugar, parecían no estarles prestando atención, lo cual era bueno porque ellos estaban haciendo un escándalo tremendo. Roman comenzó a cantar cuando en la televisión apareció un vídeo musical, al final todos repetían Sweet dreams are made of this con todas sus fuerzas.

Una hora después cada uno pensaba tomar una dirección diferente, pero la curiosidad pudo más y al final decidieron seguir a Dane hasta la pista de esquí ubicada en un edificio por fuera de la plaza. Era un lugar muy agradable, extremadamente moderno y toda su altura representaba la pendiente desde la que se podía uno deslizar. De inmediato Dane, Mitch y Erick sacaron las chamarras gruesas que tenían en su mochila, el resto del equipaje lo habían dejado en la terminal de tren, porque lo único que no planearon fue dónde iban a dormir por la noche.

Se pusieron los guantes y los pantalones térmicos y tras pagar su entrada les fueron entregados sus tablas y unos cascos, subieron caminando hasta quedar en la punta de la rampa y esperaron su turno. Mika se había quedado afuera junto con los demás chicos, había un panel muy grande desde donde se podía observar la mayor parte de la actividad. Greg aun no decidía si quería intentarlo, habían muchas opciones, una rampa era exclusiva para bajar con esquíes y otra con la tabla, pero uno podía bajar en una especie de dona acolchada si es que uno temía caerse.

Había poca gente, por lo que los chicos bajaron muy pronto, Dane sabía saltar con la tabla y se movía con bastante naturalidad, los demás estuvieron a punto de caerse pero en vez de desanimarse, corrieron para subir de nuevo.

-¿Cuántas veces has venido? –le preguntó Ethan a Mika al verlo como seguía cada uno de los movimientos de su novio.

-Quince veces –respondió.

-¿Nunca lo has intentado? –John preguntó mientras se ponía los pantalones térmicos sobre su ropa y sacaba su chamarra.

-Cuando conocí a Dane al casi caer de la tirolesa –recordó aquella historia donde Dane lo había salvado de una muerte casi segura- fue por hacer algo que yo no quería pero que me obligaron a hacer.

-Por eso te quedas aquí –dijo Sherlock quien sorprendiendo a todos, apareció vestido apropiadamente para el frío de la rampa de esquí.- Mirando.

Mika los miró a todos por un par de segundos, no se había dado cuenta cuando lo hicieron pero resultó que todos aquellos que no querían subirse a la rampa estaban ya listos para entrar. Sólo faltaba él. Recordaba aquel día cuando en ese campamento lo subieron a la tirolesa aunque a él no le gustaban las alturas. Ese momento terrible que pudo ser el último, se convirtió en el mejor de su vida. Abrió su mochila y sacó la ropa, quince minutos después estaban subiendo a la rampa para bajar en trineo, la especie de dona acolchada donde sólo tenías que sentarte y dejarte ir.

Dane y los otros los vieron subir, la sonrisa del chico de los ojos verdes era inmensa, lo esperó aunque tendrían que bajar por dos rampas diferentes, se tiró primero para esperarlo de nuevo en parte de abajo. Mika bajó y aunque se asustó ligeramente, al levantarse y verse rodeado por los brazos de su novio, pensó que tal vez no debería haber esperado siempre afuera mirando nada más.

Uno por uno los chicos se deslizaron, probando una sensación que jamás habían experimentado, riendo cuando a Terry se le ocurrió probar la tabla y terminó con la cara en la nieve, ninguno usó los esquís porque Dane temía por sus tobillos y rodillas. Cerca de las dos de la tarde el tiempo libre terminó, salieron con frío y algo cansados, listos para tomar una malteada y un sándwich, cosa sobre la que George insistió porque era verdad cuando decía era adicto a esas bebidas.

Después de eso insistieron en gastar su dinero en el Airkix, un túnel de aire que te permite experimentar la caída libre como si hubieras saltado en paracaídas. Se suponía que no a todos les interesaba, pero cuando estuvieron delante de la entrada, lo hicieron juntos. Les permitieron entrar en grupos de cuatro y el único que no disfrutó de la sensación fue Roman, quien de hecho jamás había subido a un avión en su vida y que pensó que no quería hacerlo después de imaginar que se accidentaba y tendría que saltar del avión para salvarse.

-Eso no pasaría así –dijo entre risas Terry- nadie salta del avión, todos se estrellan con la nave.

La cara de Roman al escuchar eso fue inolvidable, todos seguían riendo mientras se dirigían a las muros para escalar. Habían guardado toda la ropa térmica y las chamarras, estaban vestidos con playeras y shorts, les colocaron los arneses necesarios para poder subir las paredes, Ethan escogió una con dificultad media, no demasiado alta para que todos pudieran subir juntos en grupos de cuatro. George subió en el primer grupo, les sorprendió lo ágil que podía ser y como se movía sin dificultad usando sus manos y pies. Los demás sintieron la necesidad de detenerse, pensando que la juventud de su compañero era envidiable.

Greg consideró que ver a George saltar en la parte de arriba del muro y sonreír con todas su ganas era algo que consideraba maravilloso. Subieron y bajaron varias veces hasta que casi lograban hacerlo perfecto, sólo Mika renunció a hacerlo después de un par de veces, sintiendo que los arneses eran demasiado similares a los de la tirolesa donde estuvo a punto de morir años atrás. Se adelantó al local de boliche, eran ya las siete de la noche y por lo mismo, la cantidad de gente en el la plaza comercial era mucha.

Pidió y pagó 3 líneas y lo dejaron esperando porque todo estaba lleno, sin embargo le dijeron que no tendría que esperar demasiado para que por lo menos una se desocupara. El sonido atronador de las bolas rodando y chocando contra los pinos era algo que le agradaba, se sentó en la barra de la fuente de sodas a esperar. Había un equipo bastante bueno, casi todos sus intentos terminaban en chuzas, eran dos chicos y dos chicas, calculaba que tenían su edad, rondando los veintidós, veintitrés años.

Era interesante mirarlos, no podía negar el hecho de que en general le gustaba observar a las personas en sus actividades normales. Tenía mucho que no jugaba, en Brighton estaban tan concentrados en el fútbol que habían dejado todo lo demás de lado, lo cual era lo esperado, después de todo la realidad de llegar a la Liga Premier estaba excesivamente cerca y una vez ahí, su vida sería en exclusivo el fútbol.

Le asignaron una mesa casi al mismo tiempo de que Roman, Ethan y Dane aparecían dentro del boliche, así que de inmediato se pusieron los zapatos y escogieron sus bolas. Los demás fueron llegando poco a poco, la mesa de Greg, con George, Terry y Mitch pronto probaron ser lo más débiles, parecía que nunca jamás jugaban y tal vez era cierto; por el otro lado, pese a ser sólo tres, Erick, Sherlock y John estaban analizando los tiros de sus contrarios y mejorando con cada oportunidad.

Tras una ronda de hamburguesas y papas fritas, los equipos cambiaron y volvieron a jugar, aunque Greg los hizo salir del lugar a las diez de la noche para recoger sus cosas en la estación de trenes y buscar algún lugar donde pudieran dormir. Terry hizo una búsqueda en internet desde la estación y sonrió al encontrar el resultado de la misma.

-Creo que debemos ir al DoubleTree –les dijo al mismo tiempo que mostraba su celular a Greg, este lo tomó de su mano y comenzó a ver las imágenes del hotel que mencionaba, en teoría, estaba a unos nueve minutos en taxi o media hora en transporte público.

-Ojalá encontremos habitación. –Greg regresó el celular a las manos de Terry y cargó con su mochila, movimiento que todos imitaron.

-Si no lo hacemos, dormimos en la calle. –Respondió Roman y tanto Mitch como Erick asintieron pareciendo que eso no les representaba gran problema.

-¿Has dormido en la calle antes? –preguntó de cierta manera inocentemente George.

-¡Claro! –Respondió con entusiasmo Roman- Es parte de la vida.

Se dieron cuenta de que no podrían pagar tres taxis para llegar al hotel así que mejor esperaron al autobús, fue cosa de cinco minutos y gracias al poco tráfico de la hora de la noche estuvieron en la puerta del lugar en veinte minutos. Todos se quedaron boquiabiertos excepto Greg y Terry que había revisado las imágenes en internet.

La estructura del gran estadio de Milton Keynes era de cierta manera ovalada pero en vez de ser sólo el estadio, tenía incluido el hotel DoubleTree, por lo que su costado izquierdo tenía las grandes letras con el nombre del negocio y una muy iluminada recepción. Les abrieron las puertas al instante y Greg, acostumbrado a ser la cabeza del grupo, se acercó armado de una gran sonrisa.

-Buenas noches, bienvenidos al DoubleTree de Milton Keynes –dijo la recepcionista con perfecta educación, aunque parecía de cierta manera nerviosa.

-Gracias –respondió pensando en la mejor manera de preguntar por alojamiento para todos los chicos. Greg sabía que ninguno de ellos tenía el dinero suficiente para costear aquello, lo que les pagaba el Brighton hasta ahora era una burla, ningún equipo pagaba eso a sus jugadores pero fue el acuerdo que ellos aceptaron, después de todo era más de lo que obtendrían de trabajar en algún lugar normal, como un restaurante o algo parecido.- Necesitamos una habitación para la noche.

-Por supuesto –respondió ella entrando en modo profesional, buscó con su computadora y al parecer encontró algo que le parecía adecuado de manera muy rápida.- Tenemos dos suites con terraza y vista al estadio, en teoría son para cinco personas máximo cada una, pero podemos hacer una pequeña excepción.

-¿Estás segura de que no tendrás problemas? –Greg se recargó en el mostrador y la chica enrojeció visiblemente, esa no había sido su intención, lo único que deseaba era dejar claro que no querían causarle algún tipo de reprimenda.

-Muy segura señor Lestrade –respondió, aunque no le había dicho su nombre ella trabajaba en un hotel dentro de un estadio de fútbol, debía tener cierto conocimiento. Greg sacó la tarjeta de crédito ligada a la cuenta del dinero del seguro, esa que jamás usaba pero que por conseguirles un buen lugar a los chicos lo haría. Ellos contaba los billetes para pagar todo, algo muy normal y que Greg desde su debut en la Liga Premier no solía hacer.

-¿Pagarás tú? –Terry estaba su lado mirando toda la transacción- Porque los chicos ya están haciendo cuentas y sacando sus libras.

-No es necesario –respondió él, guardó el recibo y la tarjeta que la recepcionista le entregó y las tarjetas de las habitaciones. De las manos de Sherlock los chicos trataron de darle dinero pero él se negó por completo, sugirió que lo usaran en la próxima salida de todo el equipo. Porque aquello había sido muy divertido, tenían que repetirlo.

Entraron a una de las habitaciones, era espaciosa, decorada con paneles de madera en las paredes y todos los detalles en rojo, tanto la tapicería de los sillones, sillas y el cobertor y almohada de la cama. Si corrías las cortinas había una terraza donde cuatro personas podían estar sentadas mirando hacía el campo de fútbol.

Mientras todos descubrían las cosas en la habitación y la puerta que la comunicaba con la habitación vecina, Greg se metió al baño, eran más de las siete de la mañana en Tokyo, espera no interrumpir a Mycroft pero parecía que no, le respondió de inmediato.

-¿Dónde estás?

-En un DoubleTree en Milton Keynes –respondió a la pregunta y sonrió, Mycroft podía ser terriblemente seco después de que todo el día no le mandara mensajes por estar ocupado con los chicos.- Nos quedamos en dos habitaciones, creo que tendremos que meternos cuatro en una cama para tres.

-¿Van a poder descansar?

-Espero que sí.

La conversación continuó, nadie cuestionó el hecho de que se quedara media hora en el baño, mientras todos organizaban los lugares para dormir, decidiendo de que los que debían descansar mayormente era John, Sherlock y Greg, así que les dejaron una de las camas. En la otra se apretarían Mitch, Erick, Ethan y Roman, por lo que los sillones serían uno para Mika y Dane y el otro para George y Terry.

Tardaron casi una hora en dormir, parecían una reunión de chicos de secundaria, gritando desde la otra habitación para hacerse escuchar y atacando las latas de refresco y papitas que habían en ambas, aunque Greg les pidió que no lo hicieran, era como estar hablando con niños pequeños. Las risas se dejaron de escuchar y por fin pudo dormir después de acostumbrarse a sentir de vez en vez los pies fríos de Sherlock.


Sábado 19 de marzo 2016

MK Stadium

Milton Keynes, Inglaterra

Despertaron para las siete de la mañana con una llamada de Irene, el partido era a las tres de la tarde y ella no entendía por qué no estaban listos para partir en el camión. Por supuesto, no le habían dicho nada sobre irse un día antes y aunque se molestó, de inmediato consiguió que el equipo, los Dons de Milton Keynes, les permitieran usar el campo para un entrenamiento matutino, en vista de que habían desperdiciado un día.

Greg no les respondió, no era algo que contara normalmente, las veces que acompañado de Wayne y Javier habían tomado días de entrenamiento para ir a jugar videojuegos o simplemente perderse unas horas en el cine. En el ManU no podían ir con todo el equipo, eran sólo ellos tres, los que luego eran regañados por el entrenador, pero que lo compensaban siendo totalmente brillantes en el siguiente juego.

Así que haber salido con todos los chicos era algo inusitado y que quería repetir, habría una siguiente vez, todos ellos, de eso estaba seguro.

Desayunaron en las terrazas de sus habitaciones jugo y un sándwich con pan de centeno y jamón de pavo, algo que no habían pedido pero que los encargados de servicio al cuarto insistieron en dejarles. La vista era genial desde donde estaban, equivalía a un palco del estadio, imaginaron que no serían ellos quienes estarían jugando, que podrían disfrutar del espectáculo y tan sólo relajarse. Eran bueno, estar del otro lado, pero llegaba el punto en que uno podía agotarse.

Bajaron al campo hasta las diez de la mañana, tuvieron dos horas para un entrenamiento ligero hasta que vieron entrar a dos hombres en pantalones deportivos y tenis. Uno de ellos era Simon Church, un galés que había conocido en la Liga Premier cuando el Reading FC tuvo su debut y despedida de la liga.

-Lestrade –le gritó de manera amistosa y no dudó en alcanzarlo en el centro del campo, pese a compartir la misma liga no había tenido la oportunidad de saludarlo en las ocasiones anteriores que se habían enfrentado.

-Church –saludó de la misma manera y extendió su mano, le sorprendió que el otro jugador jalara de él y lo abrazara, aunque aceptó el gesto porque se sentía sincero.

-Siento no haberte hablando en los dos juegos anteriores –le dijo a manera de disculpa.

-No tienes razón para disculparte –le dijo pues siempre habían sido rivales y no esperaba nada más. Greg pensó en las noticias que había visto durante la semana sobre el hombre frente a él y la selección de su país.- Tu nombre comienza a sonar para la Eurocopa.

-No hay muchas opciones –dijo casi murmurando antes de echarse a reír- Pero creo que como sea será un honor jugar la copa.

-Lo es –respondió Greg recordando y al mismo tiempo, intentando enterrar el recuerdo que justo ahora no le era grato evocar.

-Te convocarán –dijo el galés con una seguridad que por un momento cimbró a Greg. Era marzo, todo eran rumores pero no había escuchado nada de él, las convocatorias oficiales se harían unos días más tarde para comenzar a jugar partidos amistosos en abril y mayo y tener la lista oficial a más tardar para los primeros días de junio, antes del inicio de la copa.

-No lo creo.

-Jugamos en la Championship y no en la Premier –respondió el galés- pero eso no impide que nos puedan convocar a la selección de nuestros países.

Por un segundo no pudo respirar y tal vez fue algo evidente para su interlocutor que puso su mano en su hombro. Parecía que estaba diciendo algo que no escuchaba, no, definitivamente no lo estaba escuchando. Todo dio vueltas a su alrededor y su mente se disparó a pensamientos incesantes que discurrían desde un "es imposible" hasta "¿por qué no lo había pensado antes?"

Ethan y Terry estuvieron a su lado cuando vieron que tuvo que sentarse en el pasto, el galés parecía terriblemente apenado.

-¿Qué pasó? –Terry cuestionó al hombre.

-No lo pensé –respondió un poco sin sentido y Terry a punto estuvo de sacudirlo porque necesitaba una respuesta. Ethan había acostado a Greg y a falta de cualquier cosa para revisarlo había pedido al otro hombre que había estado en el campo con el galés que pidiera que el equipo médico del estadio acudiera.

-Tan sólo le dije que se maneja la posibilidad de que lo convoquen a la selección para la Eurocopa.

Para Ethan y Terry era obvio que eso podía causar un shock terrible. Vestir de nuevo la playera de la selección inglesa, cuando ninguno de los otros que habían sido sus compañeros lo iban a poder hacer, podía tirar a Greg del lugar seguro donde estaba, donde el Brighton lo había mantenido. No era lo mismo volver a jugar futbol que hacerlo bajo esos colores, no era para nada lo mismo.

-Estoy bien –dijo Greg y queriendo levantarse, cosa que Ethan evitó pues no estaba seguro de que fuera algo conveniente.

-No lo estás –Terry aseveró con fuerza para que dejara de querer quitarse las manos de Ethan de los hombros.

-Lo estoy –repitió Greg y esta vez se movió de tal manera que Ethan perdió el equilibrio y le permitió levantarse.- Tan sólo es una posibilidad y ni siquiera será realidad.

Ante las palabras de Greg el galés intentó decir algo más, para Terry pudo ser una especie de confirmación sobre que no era una posibilidad irreal por lo que volteó y lo silenció con la mirada. Regresaron al lado de los otros y se fueron para los vestidores, donde podrían estar hasta que salieran a calentar antes del juego. Nadie dijo nada por supuesto, aunque ahora pensaban que esta Eurocopa sería la primera vez que la selección inglesa se volviera a formar y hasta ese momento nadie había prestado atención sobre a quién convocarían.

Minuto 22

Primer tiempo

Pese a que sabía que el delantero rubio contra el que había estado jugando tenía la posibilidad de ser seleccionado para Galés, a Roman le importaba poco su futuro profesional, cosa que pensaba de todos los jugadores a los que tenía que parar en seco. Si tal vez no era el más alto, era el que tenía mayor cantidad de masa muscular y no temía usarla por lo que el rubio se había visto frustrado en múltiples ocasiones para quitarse la marca personal que le había impuesto.

Greg les había dicho que el rubio era el que tenía mayores oportunidades de anotar así que se lo había encargado especialmente, no lo dejes respirar, le había dicho. Pensaba cumplirlo aunque era de cierta manera complicado, porque en cualquier momento podría enojarse y comenzar a ser agresivo. Sobre todo porque le sacaba cinco centímetros de estatura y doce kilos de peso.

Ethan y Dane se complementaban para detener a los otros dos delanteros y los mediocampistas subían y bajaban defendiendo, dejando que Terry sirviera a los delanteros, mientras Mika y George aprovechaban su velocidad y daban contragolpes. El portero de los Dons era un chico a penas mayor que John aunque eso sí, 18 centímetros más alto, sin embargo, al ponerlo a prueba, demostró que tenía capacidad pero le faltaba experiencia.

Hicieron dos goles antes del minuto veinte y Greg se sentía confiado de que podrían manejar aquel partido de manera sencilla. Hasta que Simon Church, el galés con el que había hablado, jaló del cabello a Roman y este lo aventó de manera espectacular consiguiendo que se marcara un penal a favor de los Dons.

Parecía que la cosa se iba a calentar, aunque un segundo después Ethan y Dane estaban sobre Roman quien recibió su tarjeta roja mientras que el contrario sólo fue amonestado con una amarilla. Las quejas y gritos no se hicieron esperar desde las gradas, la porra del Brighton parecía querer hacer cambiar la decisión del árbitro a base de su voluntad. Pero Greg habló con Roman y este fue a donde Sebastian lo esperaba para que pudiera salir del campo.

Después de eso sería el galés contra John Watson. La porra cambió en un momento y se volcó por completo sobre el portero, quien había mantenido su atención por completo en el rubio frente a él que se preparaba para tirar. Había entrenado muchas veces contra el mejor delantero de todo el país, había detenido el sesenta y cinco por ciento de los tiros directos que Greg le había disparado, sin embargo, este hombre tenía una técnica diferente que podría sorprenderlo si no estaba listo.

John cerró los ojos por dos segundos, Greg se pudo dar cuenta de toda la concentración que estaba usando en ese momento cuando todo el estadio estaba al pendiente de lo que iba a suceder. John era muy veloz, su estatura no era un factor en contra, en realidad él siempre lo había compensado ese pequeño defecto con agilidad y con una capacidad predictiva impresionante, parecía que podría adivinar la dirección de los tiros sin gran dificultad.

Simon Church corrió seis pasos y disparó un balón complicado, viajó hasta el ángulo derecho del travesaño y hubiera sido imposible de detener para la mayoría, aunque claro, la mayoría no tenían a Joe Hart como entrenador personal y a Greg Lestrade proveyendo tiros a gol en cada entrenamiento. John vio la trayectoria por la que viajaría el esférico desde que salió del pie del delantero, saltó usando esas fuertes piernas que eran la envidia de todos y alcanzó con la punta de los dedos el balón antes de que entrara en su portería.

Nadie lo podía creer y el estadio estalló aunque Greg comenzó a reacomodar a sus chicos regresando a Mika a la defensa y bajando a Erick del mediocampo. Jugaron con el espíritu en alto gracias a John aunque tuvieran nada más diez jugadores, cuando silbaron el final de primer tiempo se sentían un poco más cansados de los usual.

-Fue una tontería –le dijo Roman a Greg cuando lo vio en el vestidor, Sebastian había tenido su momento con él y comprendía lo mal que se había comportado.

-No pasa nada –le respondió y se sentó a su lado, la diferencia del físico de Roman era considerable aunque fueran de la misma estatura.-Sólo recuerda que eres alto y grande, sólo tienes que parárteles enfrente, deja que se desesperen porque también eres rápido y además de todo, más joven que varios de los adversarios.

Roman sonrió, no era muy frecuente ver eso, solía tener el ceño fruncido y una expresión que cualquiera pensaría como de molestia, sin embargo, verlo sonreír de verdad, era algo muy raro. Greg sabía que no era el fin del mundo, aunque en todo su carrera profesional sólo lo hubieran expulsado dos veces, fue cuando era muy joven, cuando no controlaba las emociones que despertaba el juego, pero sabía que no era más un juego perdido para el defensa y listo, ellos seguirían acumulando victorias y ascenderían a la Premier.

Segundo tiempo

Minuto cuarenta

La defensa estaba bien parada a pesar de no contar con Roman, Erick se había plantado con firmeza y nada se había podido acercar al área ni por asomo, los tiros comenzaron a salir desde la media cancha y John tenía todo tiempo del mundo para detenerlos. Los de Milton Keynes no se habían quedado quietos, habían estado presionando y por lo mismo subir desde la media cancha había sido complicado y algo complejo para Mitch y George, en el caso de Terry, había logrado servir varios pases pero ni Sherlock ni Greg concretaron en la segunda mitad.

En el minuto cuarenta Dane despejó un balón que cayó justo frente a George en el centro del campo, lo bajó con el pecho y se dio la vuelta controlándolo, salió corriendo con él buscando con la mirada a sus delanteros, pero ambos tenían colgados a los defensas y no podía pasar el balón sin comprometerlo. Así que tenía que seguir con él, Greg lo había entrenado por horas para hacer eso, le había repetido mil veces que él podía ser un goleador si se atrevía a llevar el balón y no a pasarlo en cuanto tuviera la oportunidad.

Tenía fuerza en su tiro, lo supo en cuanto conectó contra el balón, sabía que iba a ser durísimo. Lo vio pasar entre las manos del portero quien no pudo sujetarlo por la velocidad a la que iba. Cuando se encontró siendo abrazado por lo demás jugadores no podía creer que hubiera metido un gol, el primero en todo ese tiempo, porque él no tiraba, creía que no era lo suficientemente bueno para buscar anotar.

Sin embargo ahí estaba la prueba de que podía serlo, era cosa de intentarlo.

Irene le mandó un mensaje que decía que buscaran como regresar a Brighton porque no había enviado el camión. Le dio gracia como la mujer hacía sus berrinches, cosa que a ellos no les afectaba, sólo tenían que esperar el transporte público y regresar a la estación de trenes. Se quedaron dormidos en el tren y llegaron hasta las nueve de la noche a Brighton, caminaron por el muelle, la noche estaba tranquila y había muchos turistas saliendo de un local para otro.

Había una chica con el cabello morado y los labios pintados de rosa, era muy joven, de la edad de George, los miraba con intensidad y por eso llamó la atención de Greg. Cuando volteó a verla de nuevo se dio cuenta de que George de detuvo frente a ella y estaban platicando animadamente. Ellos se adelantaron lo suficiente para darle espacio con la chica, no era común verlo interactuar así con alguien de su edad, pero tampoco pensaban dejarlo solo.

Se acercaron a un local de fish and chips y recordaron que ya no habían comido nada desde la mañana, lo cual era terrible, tal vez alguno de ellos se había mantenido de dulces o de café después del partido, pero no habían cenado. Les dieron el pescado envuelto en un trozo de papel acompañado con una buena ración de papas, se sentaron en varias bancas del muelle para comer.

Habían comido casi todo el pescado cuando vieron como George saltó cuando la chica del cabello morado lo tomó de la mano y comenzó a entrelazar sus dedos con los de él. De cierta manera George no parecía feliz con ello y la chica se dio cuenta de lo mismo, pero apenas había tenido tiempo de dar un paso atrás cuando un tipo alto y fornido se cruzó entre él y ella, logrando que la chica se golpeara contra la baranda del muelle.

-¿Qué haces?

El grito de George fue lo que los hizo recorrer la distancia que les habían dado en dos zancadas, el primero en cruzarse entre el tipo grande y la chica fue Mitch, después Erick, Dane y Roman estuvieron listos para romperle los dientes dos segundos después. Pero Greg había visto al tipo ese antes y sabía el mal presentimiento que le daba, por lo que fue a pararse al lado de George para evitar que quisiera interactuar con él.

-Acabas de aventar a una mujer, ¿estás demente? –le dijo casi a gritos Roman.

-Soy amigo de George –respondió con toda la tranquilidad de la que fue capaz, aunque se veía a punto de estallar trataba de controlarse.

-No me importa de quién seas amigo, eso no se le hace a una joven –Dane marcó las palabras muy claramente mientras caminaba hacia adelante logrando que el tipo se echara para atrás.

-Vete –le dijo Greg desde atrás, George parecía querer ocultarse detrás de él, su mirada clavada en la chica que parecía completamente impresionada.

-No tengo por qué hacerlo –respondió el tipo sintiéndose muy desafiante.

-Llama a la policía Sherlock –le dijo a los dos chicos que estaban detrás mirando todo con atención. El tipo pareció creer que si lo harían, porque tras dirigirle una mirada asesina a Greg se retiró sin mayor escándalo. Al verlo irse George corrió al lado de la chica y ahora él fue quien tomó sus manos, parecía querer asegurarse de que estuviera bien.

-Estoy bien –dijo ella, parecía más asustada que otra cosa. Todos insistieron sobre la conveniencia de acompañarla a su casa, vivía muy cerca, tres calles del muelle, al lado de una de las casas de té más antiguas de la ciudad. La chica les agradeció y apretó la mano de George durante un momento más antes de dejarla ir y entrar a su casa. Habían caminado de esa manera, sosteniendo su mano desde el muelle, nadie comentó nada pero era obvio que eso lo había hecho feliz.


Sábado 2 de abril 2016

Brighton Inglaterra

El juego contra el Burnley, el equipo que seguramente ascendería con ellos a la Liga Premier por ser el segundo en la tabla de posiciones fue demandante en extremo y era el primero de los seis juegos del mes de abril. La ventaja era que prácticamente las vacaciones de primavera se extendía también durante todo el mes, excepto por la primera semana donde tendrían que estar entregando trabajos finales.

Por eso razón habían hecho una especie de campamento en la casa de Greg, tanto para Mitch, Erick, Mika y Dane era el penúltimo período, concluirían sus créditos en verano y después de eso sólo quedaría graduarse, el único que lo haría por promedio sería Mika, quien debería estar iniciando el posgrado en Estados Unidos. En el caso de George, para el período de verano sólo quedaba presentar sus exámenes de nivel para poder conseguir calificaciones suficientes para ingresar a la universidad.

El ensayo que tenía que entregar Mitch lo estaba destrozando, sobre todo por la cantidad de bibliografía que debía de consultar para poder escribirlo. De repente cerró la computadora y se dejó caer entre los cojines del sillón donde estaba sentado. Debería haber empezado sus lecturas meses antes pero simplemente no había podido hacer las tareas y cumplir con los entrenamientos y además, leer los libros.

Cuando abrió los ojos y se levantó, tenía a su lado a Gail y a Ethan, quienes tenían sus libros abiertos y estaban leyendo a una velocidad bastante rápida.

-Soy capaz de leer más de doscientas páginas en un día –dijo ella sonriendo, en su caso no tenía que entregar trabajos finales, en su universidad fungía en tareas de profesora asistente por lo que sus calificaciones perfectas estaban aseguradas.- Te dejaré un resumen mañana.

-No debería aceptar –Mitch comenzó a sentirse culpable, pero después de todo había hecho las tareas y acudido a la mayoría de las clases, sabía de lo que hablaban los libros y lo que tenía que escribir, pero no había consultado las fuentes para citarlas sin equivocarse.

-Hazlo –añadió Ethan quien parecía que tenía un sistema de lectura veloz muy perfeccionado.- No es como si fuéramos a escribir tu ensayo, sólo te ayudaremos con la bibliografía.

Erick tenía los audífonos puestos y sus dedos volaban sobre la computadora, había estado haciendo las lecturas en todos los tiempos libres disponibles y ahora vertía las ideas directamente, ya se preocuparía después en poner la bibliografía correspondiente. DE vez en cuando un café o un sándwich aparecían a su lado, los consumía sin preocuparse de otra cosa, sólo se extrañaba cuando aparecía alguna fruta, pero de todos modos se la comía.

Dane parecía sufrir un poco más que el resto, si obtenía excelentes calificaciones finales entonces subiría su promedio y el último período de universidad sería nada más de trámite, de otra manera presentaría los exámenes y eso era lo último que quería. Había tenido la vida planeada antes del fútbol, terminaría la carrera que su padre insistió en que estudiara, luego habría seguido a Mika a los Estados Unidos, donde montaría un taller de reparación de autos y sería extremadamente feliz.

Ahora todo era diferente, era el último esfuerzo y entonces tendría algo que lo respaldara, algo que colgar en la pared, aunque dentro de él lo que consideraba sus verdaderos conocimientos era la capacidad de armar un automóvil desde cero. Tenía una cuaderno que era secreto para todos menos para Mika, donde dibujaba lo que considera eran mejoras para las partes mecánicas y carrocería. Pero por el momento lo que importaba era conseguir escribir los ensayos y tareas atrasados, era quien más debía y lo habían dejado entregar todo para la semana siguiente, no tenía ni un minuto que perder.

Mika estaba a su lado, le daba un beso cada que el cansancio parecía apoderarse de él.

John tenía todo cubierto, después de todo tanto Sherlock y él cambiarían la modalidad de su licenciatura de presencial a en línea a partir del período de otoño. Así que sólo tenía que entregar dos trabajos finales y en verano hacer exámenes. Los tenía casi finalizados. En el caso de Sherlock se podía dar el lujo de holgazanear, estaba tendido sobre el sofá con las piernas colgando por la orilla y los ojos cerrados, las manos juntos debajo de su barbilla. Le había permitido que fuera evaluado a través de exámenes globales durante el verano, no tenía que entregar nada extra y prácticamente lo sabía todo, así que él sólo le hacía compañía a John.

George se levantó y fue a la cocina, no había más refrescos así que decidió salir a la tienda sin decirle a nadie, usó la puerta del jardín. No tuvo ningún problema, regresó con dos botellas grandes, tal vez consumiría una él, tenía demasiado que estudiar y aunque sus exámenes no serían hasta junio, sentía que no tenía tiempo. Decidió entrar por la puerta principal pero tuvo que detenerse al ver que había alguien sentado ahí.

Era la chica de cabello morado y labios rosas. Rose.

-Hola –le dijo ella sin levantarse, esperando que él fuera quien se sentara a su lado.- Una amiga vive en este fraccionamiento, por eso me dejaron entrar sin problemas.

-No te estoy pidiendo explicaciones –le respondió él al ocupar el escalón debajo del de ella.- ¿Quieres pasar?

-Debería estar estudiando –ella se encogió de hombros como si no pensara que fuera algo tan importante.

-Yo estoy estudiando –George sonrió y levantó la bolsa con las botellas de refresco- Comida hay mucha y varios maestros me facilitaron resúmenes para compensar los días de ausencia.

-Excelente –ella se levantó de un salto, George también. Aunque entraron por la puerta principal nadie notó que lo hizo con compañía, ni que recogió sus cosas y se retiró a su habitación. Cerca de las diez de la noche la chica llamó a su padre y este la recogió en la entrada del fraccionamiento sin más incidentes. Al quedarse solo sintió que su celular comenzó a vibrar, sabía que era Austin, a quien desde el incidente del muelle con Rose había estado evitando.

Lo ignoraba en la escuela, lo cual era complicado, porque compartían las clases, se sentaban uno al lado del otro. Pero estaba decidido, alguien que se creía con la libertad de lastimar a una chica no podía ser su amigo, no lo quería como amigo. Así que ignorar sus mensajes o llamadas era la parte fácil, prefería no leer lo que escribía, era extraño, reflejaban un sentimiento de posesión que lograba asustarlo.

No se lo dijo a nadie, sólo a Alex durante la terapia, pero a nadie más, aunque ella le recomendó que lo hiciera con Greg o John, argumentando que debería considerarlos algo más que compañeros de equipo y que les debía permitir conocer detalles de su vida y ver qué tipo de respuesta tenía. El problema es que no se imaginaba haciéndolo, llegar a su lado y decirles que ignorar a su amigo Austin le ganaba diversas reacciones, desde que tocara su pierna inapropiadamente debajo de la banca del salón o que lo aventara contra la pared en el pasillo.

Recibió otra ronda de mensajes en su celular que ignoró de nuevo y se concentró en los temas que no había visto en clase y sobre los cuales tenía varias dudas.


Martes 5 de abril 2016

Birmingham, Inglaterra

El delantero del equipo rival, tal vez frustrado porque todos sus intentos de anotar un gol había sido evitados directamente por John, levantó el pie buscando no conectar con el balón sino con su rodilla. Fue extremadamente doloroso y lo hizo caer, aunque con el balón entre los brazos, protegido contra su cuerpo.

Cuando no se levantó de inmediato era obvio que algo pasaba, Sebastian lo sacó de inmediato y Joe hizo una de esas pocas apariciones en el campo. El problema era que como siempre, gracias al supuesto poco presupuesto del club, no tenían nadie que pudiera atender a John y decidir si lo tenía que llevar al hospital. Se quedó en el vestidor esperando pacientemente a que terminara el primer tiempo, Irene fue a verlo por dos minutos para asegurarse de que no estuviera sangrando o algo peor y fue todo.

-¿Puedo pasar? –la voz desconocida lo hizo saltar aunque al ver a su dueño recordó aquella vez en el hospital de Brighton, Sherlock había sido evaluado por esa persona que ahora estaba frente a él.

-¿Doctor O'Conell –respondió él tratando de incorporarse sobre la banca del vestidor- ¿pero cómo es que lo dejaron pasar a esta área?

-Me encontré a una señorita, Adler me parece, –respondió mientras lo ayudaba a sentarse- a quien le mostré mi credencial del hospital y le dije que alguien debía revisar al portero lesionado.

John sintió dolor cuando los dedos de aquel hombre tocaron la piel de su rodilla y casi fue una tortura cuando hizo que la moviera, sabía que sólo lo estaba revisando y que era algo que debía hacerse, sin embargo eso no le quitaba las ganas de golpear al delantero que le causó esto.

-A veces Ethan comenta que no hay un cuerpo médico para el equipo –comentó casualmente para tratar de distraer a John.- Es algo que le preocupa mucho.

-¿Hablan con frecuencia ustedes dos? –John de repente sintió curiosidad, si era sincero además de su relación con Gail y que trabajaba en la tienda deportiva de su familia, no sabía nada más de Ethan, era un pensamiento agradable el que pudiera tener amigos fuera del equipo y hablara con ellos. Cosa que no sucedía en su caso.

-Mensajes más que otra cosa –respondió el médico con las manos aun sobre su rodilla y muslo- sobre casos médicos, nos mantiene entretenidos retarnos –estiró su rodilla de nuevo y John sintió ganas de patearlo, el problema es que no habría podido y eso era lo terrible.- Ethan cree que puede ser más inteligente que yo, el problema es que no le he dicho que mi coeficiente intelectual supera el de Einstein.

John tuvo que reírse, era obvio que para tener dos especialidades médicas y veinticinco años se debía ser un genio, pero el doctor O'Conell no era alguien que lo fuera contando a diestra y siniestra; le parecía interesante como estaba rodeado de personas excesivamente brillantes en sus áreas, Greg, Gavin, Gail, Mika Sherlock, Mycroft, por eso mismo debía ser que más gente así se seguía acercando a ellos y entraba en su vida.

-Parece un esguince de meniscos John –le dijo muy serio una vez que terminó su evaluación- es mejor que vayas al hospital.

-Un gasto más –la voz de Irene los hizo voltear a los dos sorprendidos, de la nada había aparecido cuando comenzaron a hablar de algo que se relacionara con dinero.

-No necesariamente –el doctor O'Conell se levantó ayudando a John para que recargara su peso en él.- Tengo varios amigos que trabajan en urgencias, no tiene porqué ser un problema.

Dejaron atrás a Irene y salieron de la zona de vestidores con dirección a la puerta del estacionamiento del personal del estadio, donde el vehículo de Irene los esperaba, aquello fue la única concesión que hizo la mujer por ellos. John aprovechó para mandar un mensaje a Sherlock, explicando la situación y que esperaba verlo al final del partido.

Gracias a los amigos del doctor para el final del partido él había sido dado de alta del hospital, era como había dicho al principio, un esguince muy leve ocasionado por la posición en la que tenía la pierna al momento del golpe en la rodilla y lo que ocasionaría que se perdiera el juego del día 11 y 15 de abril si es que quería recuperarse para los últimos juegos. A la salida del hospital Irene esperaba junto al automóvil negro que siempre la llevaba a todos lados.

-Watson, te llevaré de regreso –le dijo sin regalarle ni una sonrisa, miró entonces al doctor O'Conell, quien había permanecido con él todo el tiempo y que ahora lo ayudaba a sostenerse porque no podía recargar en peso en su pierna derecha por la presencia de la férula.- ¿Quiere que lo lleve también a usted?

Irene no le agradaba en absoluto pero debía tolerar su presencia, después de todo si su familia vendiera el equipo todo su trabajo por mantenerlo en Brighton podría venirse para abajo. Así que evitaba mejor responderle y permanecía mirando por la ventana del coche mientras esperaba la respuesta a sus mensajes. Sherlock no entendía como era que la mujer se había ofrecido a llevarlo y le parecía excesivamente sospechoso, le pedía estar a pendiente y golpearla con algo pesado en caso necesario.

Ella había permanecido hablando con el doctor O'Conell, quien había estado esquivando insinuaciones un poco extrañas de parte de ella. John casi se echa a reír cuando después de que él le platicara que había concluido la carrera de medicina a los veinte años ella dijera algo totalmente idiota como que la inteligencia era la nueva definición de lo sexy y tratara de sentarse más cerca de él. Tuvo que morderse la lengua para no soltar la carcajada.

Recibió otro mensaje de Sherlock, Sebastian les había gritado porque ellos iniciaron una pelea de frituras en el camión. Era divertido y se lo estaba perdiendo, el entrenador había tenido que regresar con el equipo en vez de con Irene y aquello se estaba descontrolando. El juego lo habían ganado, al estúpido delantero que lo pateó, Clayton Donaldson, lo habían expulsado y la noticia de que John estaría dos juegos en la banca causó cierta tristeza entre todos sus compañeros.

Pero quedaban cuatro partidos más en abril y cuatro en mayo, los cuales eran más de trámite que otra cosa, la posición en la tabla difícilmente cambiaría y ellos como punteros estaban clasificados, aunque el segundo y tercer lugar estaban en juego y sus rivales de mayo serían justamente los que peleaban por clasificarse con ellos e iban a dejar todo en el campo.

Volteó a ver a sus compañeros de viaje en el asiento trasero, el doctor O'Conell estaba hablando de sus estudios de patología mientas que Irene fingía interés, para John no era difícil ver que trataba de no bostezar. Aunque lo que decía el doctor era interesante, tal vez en otra vida hubiera sido médico porque el escuchar de cómo se podía determinar el tiempo del deceso basado en la descomposición de los tejidos tuvo que prestar atención.

Eso también le habría gustado a Sherlock, estaba seguro.

Iban a ser tres horas de lo más entretenidas hasta Brighton.


Gracias por seguir leyendo, perdón la tardanza, las cosas se me complicaron tantito.

Espero haya sido de su agrado, agradecería los comentarios si es que son posibles.

En Nimirie (Facebook) les dejé un paseo por el Xscape y el estadio de Milton Keynes.

Saludos a todos.