For the Rose and the Lion: Battlefield 14

Don't search for normality


Lunes 11 de abril 2016

Nottingham

-Estamos viviendo algo similar, un equipo venido a menos el cual definitivamente será campeón…

-De la Championship no de la UEFA.

Erick difícilmente lo comentaba, pero en realidad era un gran fan de las historias imposibles en el fútbol a tal grado que cuando la noticia apareció en el noticiero local de Brighton, supo que tendría que estar ahí y hacer lo imposible para ser elegido. Siendo niño era lo único que compartía con su padre, ver partidos en la televisión que había grabado en un formato ahora extinto. Sus cintas Betamax eran algo preciado, algo que casi nadie tenía cuando era adolescente y que había usado para guardar ciertos recuerdos que le parecían invaluables.

Nadie más lo entendía, ¿para qué quería ver una y otra vez los juegos de la temporada 1979/1980 de la UEFA Champions League? Sin embargo, cuando Erick tenía tres años y escuchaba la narración de los partidos, no había poder humano que pudiera separarlo de la televisión. Su padre lo sentaba a su lado y le contaba la historia, una de esas imposibles e increíbles, una que era mil veces mejor que cualquier otra y que conforme fue creciendo, se convirtió en su favorita.

El Nottingham Forest era un equipo como ellos, venido a menos, por el que nadie daba nada y que fue llevado a ascender a la primera división del fútbol inglés para después ganar dos veces seguidas la Copa Europea. Erick había escuchado la historia del mejor entrenador de la historia, según su padre, Brian Clough, y le había maravillado su vida entera. Aprendió a jugar fútbol en su patio trasero y desde los seis años estuvo en entrenando tres veces por semana en una escuela y los fines de semana con su padre.

Erick no solía decirlo, no era algo que presumiera, después de todo aunque intentó varias veces destacarse como delantero, en el medio campo parecía estar mucho mejor ubicado, así que pensaba que no sería la gran estrella, sin embargo había estado en la selección infantil y juvenil de la ciudad y había logrado clasificarse para la selección sub-17 a los dieciséis años.

La razón por la que Erick no contaba nada de esas cosas era simple. Nunca pudo ir con la selección sub-17, las fechas de los partidos se quedaron grabadas en su cabeza, dos de ellos coincidían con las cirugías a las que su padre fue sometido después del infarto que sufrió. Su madre había dicho que fuera, que su padre tenía cuarenta años, que nada le pasaría. Que lo estaría esperando en casa cuando regresara triunfante con su selección.

Decidió no ir pese a las palabras de su madre. Su padre murió por una complicación pulmonar secundaria al problema cardíaco, estaba en terapia intensiva y sólo podía verlo por quince minutos al día, no tenía mucha idea del tiempo que había pasado en el hospital así que Erick mintió y le dijo que habían sido dos semanas, que había jugado y ganado, que era campeones. Nunca estuvo seguro de si su padre, durante los días que se mantuvo con vida, le creyó lo que estaba diciendo o simplemente lo dejó contar una historia, como él contaba la historia del Nottingham cuando lo llevaba a acostar después de haber estado viendo la televisión juntos.

-Es lo mismo que ellos hicieron, que hará el Leicester, que haremos nosotros –aseveró con mucha fuerza Erick. No era la primera vez que jugaban contra el Nottingham Forest, pero esta vez estaba entre el público Nigel Clough, hijo del entrenador que llevo al club a triunfar treinta y ocho años antes. Era un entrenador de una división más baja que la Championship y alguna vez entrenó al Nottingham sin lograr nunca igualar los resultados de su padre. Pero algo en Erick se emocionaba al pensar en aquello, en su historia imposible, la cual cada día se volvía más real.

¿Por qué no soñar con hacer lo mismo? ¿Por qué no imaginar al Brighton como Campeón de la Premier y después, como campeón de la UEFA?

Desde semanas atrás Greg se estaba imaginando con aparecer en la lista de los convocados a la Selección Inglesa, pero eso era algo personal, algo que de volver a hacer, si vestía de nuevo los colores, si una vez jugaba por la rosa y el león, era algo que haría por él mismo. Era extraño, su concepto de representar a su país no cuadraba con el máximo honor, para él, el máximo honor era el que representaba el trabajo en equipo, el que coronaba el hecho de luchar todos los días por ser simplemente los mejores.

-Muy bien –le respondió Mitch, se sabía ya la historia de memoria, era la única persona con la que Erick la había compartido al ser con quien usualmente hablaba, por lo tanto, era quien comprendía el momento de fanatismo que la presencia del hijo de uno de sus ídolos en el estadio le provocaba. El Forest no iba a ganar aquel partido, después de los triunfos del Brighton era el obvio favorito, además de todo, era otro año en que el equipo permanecería en la Liga Championship, por lo menos no estaba en peligro de descenso.

Minuto 5

Primer tiempo

Salieron a jugar un partido que no era complicado, que realmente ya era de trámite, pero cada uno de ellos no consideraba como tal ningún juego. Joe Hart estaba en la portería mientras John miraba todo desde la banca. Se sentía extraño ahí, los cambios que tenía, que jamás usaban a no de ser por extrema necesidad, eran hombres con quienes casi no convivía, como si fueran de otro equipo. Ellos no parecían afectados, rara vez se les pedía que entrenaran a su nivel, pero se le pagaba, así que no había gran problema.

-Connor –le dijo el hombre a su derecha tendiendo su mano para que él la tomara. John la estrechó con fuerza, el pensamiento de que ni siquiera sabía el nombre de estas personas lo hizo sentir incómodo sabiendo que de hecho viajaban en el mismo camión la mayoría de las veces. No todos, fue lo que de inmediato corrigió en su pensamiento, Irene tan sólo autorizaba que fueran algunos sabiendo que de todos modos Sebastian no usaría a ninguno de no tener que hacerlo.

Así que en la banca estaba Connor, un defensa y un mediocampista. Era todo, la administradora ahorraba en todo pese a contar con un patrocinio del que pudiera echar mano. Claro, ella argumentaba que con eso pagaban deudas y que no era para darse lujos.

-Visto desde aquí es un panorama extraño. –El hombre, un delantero que de hecho no jugaba mal, hablaba con la vista fija en los jugadores. John lo valoró por un segundo, para él sí que era extraño, él no estaba en la portería y pese a ser entrenado por Joe, sus estilos diferían bastante. Así que en el primer, y muy tibio, intentó de gol del Forest, John pensó que él habría hecho algo muy diferente.

-Greg de nuevo se está adelantando mucho.

John despegó sus ojos de la jugada y se fijó, de verdad se fijó, en el hombre a su lado. La perspectiva de él no tenía nada que ver con lo que normalmente disfrutaba, él controlaba las posiciones de sus defensas, los acomodaba a cómo él los necesitaba, pero nunca podía pensar en si Greg se adelantaba o no.

-Suele hacerlo cuando comienza a aburrirse –dijo de nuevo Connor. John trataba de recordar algo de él, era complicado porque fuera de algún saludo cortés cada que lo veía, era su primera platica formal.- Están dejando que el Forest plantee el juego, por alguna razón que aún no me queda clara.

-Son Erick y Mitch –complementó John recordando la conversación en el vestidor antes del juego y si ahora los observaba de manera crítica podía darse cuenta de que ninguno de los dos estaba aplicando la presión necesaria para poder detener el balón en el medio campo. Como siempre, tanto Terry como George buscaban concentrarse en la ofensiva, dejando la defensa para los otros dos medios.

-No deberían confiarse así. –John estaba de acuerdo, de ser él ya habría empezado a gritar para que no dejaran que el balón llegara a su lado del campo, era otra característica que nadie decía de él o que tal vez pasaban por alto, si comenzaba a gritar lo escuchaban porque lo escuchaban.- El Forest no es tan bueno como alguna vez lo fue, pero tampoco para dejarlos hacer lo que quieran.

Sebastian se paseaba frente a ellos sin hacer otra cosa más que mirar. John siempre había pensado que no es que fuera malo como director técnico, simplemente le faltaba algo y no sabía muy bien qué era. De repente Ethan hizo gala de la potencia de su pierna derecha y logró que el balón llegara del otro lado del campo, pero como Connor había dicho, Greg estaba muy adelante y lo encontró en fuera de lugar.

El hombre probablemente rondaba los treinta años, no estaba del todo seguro, sólo que parecía mayor que él. Lo importante del caso era que parecía poder evaluar la situación en el campo mientras estaba sucediendo todo, de manera analítica y no explosiva como a veces sucedía con Sebastian.

-¡Dejen de fangirlear!

El grito de John no fue cualquier cosa, Mitch y Erick lo miraron sorprendidos y de inmediato entendieron que se refería a ellos y que les exigía que dejaran de permitir que el balón llegara a los delanteros y que si bien el equipo no era de cuidado, John odiaba regalar goles por una mala técnica en el campo.

-Te va a sacar de la cancha –dijo Connor cuando Sebastian le dedicó una muy tensa mirada.

-Que lo haga.

Siguieron intercambiando comentarios sobre el desempeño de los jugadores, a John le encantaba esa perspectiva que no había disfrutado hasta ahora y como Connor parecía tener todo tan claro que era obvio donde estaban los errores y como se podía corregir para no sólo ganar, si no ganar dando un partido excelente.

Brighton

20:30 horas

Aunque Sherlock había expresado de distintas maneras su desprecio por cualquier opinión o evaluación dada por Connor, el resto de chicos las habían considerado de lo más interesantes y de hecho, como el siguiente partido sería el viernes, lo habían invitado al entrenamiento. Cosa que no sucedía con los cambios, era un equipo de doce, porque contaban a Joe, pero los otros eran bastante ignorados.

No era su culpa, simplemente no llegaban al nivel y estaban conscientes de lo mismo, sólo que las reglas para los equipos indicaban que no podían tener un equipo con los jugadores justos. Sherlock recordaba su expresión de regocijo y la mirada que compartió con John. Desagradable en extremo, de por sí había tenido que soportar que estuvieran hablando durante el partido, cuando ese hecho lo distrajo, Greg se encargó de recordarle donde debía estar su atención.

Estaban cenando en la cocina y él no había podido levantarse de la cama desde que llegaron, John había tratado pero dejó de intentarlo cuando se dio cuenta de que era caso perdido y que se saltaría otra comida. La vida era mejor con John Watson, la vida era todo lo que quería con John Watson, sin embargo, esos horrendos momentos de inseguridad que jamás aceptaría como ciertos, lo torturaban.

El tipo era mayor, no había ido a la universidad por problemas económicos, ni siquiera era gay, pero lograba que él se preguntara si no había alguien que pudiera ser mejor para John, alguien quien no le exigiera infinita paciencia y largas horas de monólogos asegurándole su amor.

¿Por qué John se tomaba tantas molestias con él?

El consideraba lo normal como aburrido, las personas eran grises, seres que ni siquiera valía la pena mirar. Aunque ahora no era así, por lo menos no con ellos. Habían hablado largamente sobre aquello, John debía tener claro para ese momento de que Sherlock lo consideraba la fuente de toda luz en el mundo, de que sin él regresaría a la oscuridad donde nada valía la pena. Pero también habían hablado del rojo vibrante que era Greg, de su manera pasional de reaccionar ante todo y sobre todo con Mycroft a su lado.

Habían hablado de los tonos azulados que veía en los hermanos de Greg, cuando ellos se preocupaban o se comportaban como si fueran mayores, el color en ellos brillaban más. Lo mismo pasaba con Ethan y Terry, tal vez por el hecho de ser médicos y cuidar de todos, el resto del equipo aparecían ante él con tonos verdosos, llenos siempre de una vida difícil de comprender, emocionados y dispuestos a todo.

George, por el otro lado, era el único que parecía rodeado de halo morado. Había conocido personas así antes y lo ponía triste, por eso casi no se acercaba a él y no buscaba hablar con él. Era mil veces peor que la gente gris, porque esa melancolía iba poco a poco transmitiéndose y temía que lo alcanzara. Que entonces pensara en los años perdidos, en el tiempo en el que prácticamente no estuvo vivo atrapado en un diagnóstico inadecuado.

El gris lo podía ignorar y hasta los colores en ciertas personas si se concentraba en su brillante John; lo único que no podía obviar era la negrura, ese horrible vacío en el que parecían querer hacer caer a todos. Personas como la madre de Greg, su asistente Caroline o el amigo de George, el loco que los encontró aquella vez en el muelle. Gente así era detestable y hubiera deseado tener el poder de alejarlos de sus seres queridos, sobre todo de John, jamás en su vida podría dejar que algo amenazara a su luz.

-¿Sherlock?

Seguro se había quedado dormido porque se habría dado cuenta si John entrara al cuarto y subiera a su lado en la cama. Ahora estaba ahí, encima de él, su rostro tan cerca. Era lo más cercano al arte y a la poesía que conocía, en esta vida no era alguien que buscara la belleza, concentrado en no ahogarse con lo terrible de la gente que lo rodeaba. Pero la belleza lo había encontrado a él y era perfecto.

Solían hacer muy poco o nada de ruido, la mano de John tapaba su boca cuando podía ocuparla para eso, de otra manera, trataba de dejar escapar más que ahogados gemidos. Estaban en la casa de Greg y nadie de ahí se merecía el recordatorio de lo mucho que se amaban o disfrutaban con ciertas actividades.

John era la persona más paciente del mundo, la única a quien habría dejado tocarlo de esa manera, porque cada uno de sus toques lo hacían estremecer y terminaba deseando por más, mucho más que simplemente una exploración tímida. Lo hacía olvidar todo de una manera que sólo podía recordarlo a él, sus ojos, su boca, la manera que se relamía los labios antes de besarlo. Era su todo, desde que lo vio por primera vez podría haberlo jurado, que no habría otra persona en su vida como John Watson.

-Shhh –le susurró John en su oreja cuando comenzó a perder el control de sus gemidos, cuando estaba a punto de estallar, cuando no quería otra cosa que poder gritar y que el mundo entero se enterara de lo que sentía. Peor no era correcto, John se lo había dicho una y otra vez, es casa de Greg y debemos respetarla. Moría en deseos de cambiar esa situación.- No grites.

Decirlo era más fácil que hacerlo, se aferró a la espalda de su novio, rodeó su cintura con sus piernas y enterró su cara en su cuello, buscando que su cuerpo amortiguara los sonidos que no podía contener en su boca. No era solo esto, no era que muriera cada vez que lo penetraba por el anhelo de sentirse completo, aquello lo llevaba al límite, donde todo valía la pena porque John al final lo sostenía, lo adoraba, lo besaba tiernamente y se dormía a su lado.


Martes 19 de abril 2016

Londres, Inglaterra.

A pesar de la fecha, martes, y de haber tenido que salir de Brighton muy temprano en la mañana, estaban felices porque el partido fuera en Londres. El camión los dejó en el barrio de Notting Hill y siguió su camino al estadio, en esa lugar no se podía estacionar pero bien podrían ir caminando desde ahí, era menos de una hora a través de pintorescas callecitas, lo cual estaba muy bien.

Los restaurantes en Westbourne Grove eran preciosos, en cualquier pudieran haber tomado asiento y tomado un desayuno perfectamente bien. Sin embargo por el tipo de comida que servían, quería llegar a uno en específico. Comida orgánica, pan recién horneado, fruta fresca, era uno de los favoritos de Greg cuando tenía el tiempo y ánimo de estar en Londres.

Era temprano aun, la gente que había salido para sus trabajos ya estaba en ellos, igual en las escuelas, por lo que las calles estaban muy vacías, cuando llegaron a su destino, varios de los locales comerciales estaban cerrados, sólo los restaurantes mostraban cierta actividad. Se sentaron en las mesas afuera, como siempre, comenzaron a hablar en voz muy alta y a reír, parecía que estaban de fiesta. Un par de meseros comenzaron a atenderlos, trajeron cestas de pan y jarras de jugo.

John se levantó de repente, el movimiento fue algo violento y estuvo a punto de tirar la silla en la que estaba sentado aunque Greg la atrapó antes de que lo hiciera. Iba a preguntar a qué se debía ese comportamiento cuando vio a dos chicas acercarse por la calle, una era un pelirroja alta y la otra una rubia muy delgada. Todos las saludaron cuando entraron al restaurante, la pelirroja comentó que quedarse en las mesas de afuera era malo para la rubia, hacía demasiado frío para ella. Cuando se cerró la puerta todos se miraron entre sí, estaban seguros de que la chica era Harry, la hermana enferma de John, aunque se veía muy diferente a la última vez.

Greg tocó el vidrio de una de las ventanas para indicarle a John que era tiempo de irse, salió ligeramente apresurado y con mucha preocupación reflejada en el rostro.

-¿Ella está bien? –Greg no quería molestar a su amigo pero se veía forzado a saber si había algo que debían hacer por la hermana de John. El rubio se pasó las manos por la cara y se talló los ojos. Sherlock estaba esperándolo, le había dado espacio para que hablara con Harry, cosa que al parecer no era muy frecuente porque pudieron ver que estaban haciéndole múltiples preguntas.

-Está en remisión –respondió con una timida sonrisa en los labios. Greg lo abrazó de inmediato.

-Esas con buenas noticias John –le dijo mientras lo seguía sosteniendo entre sus brazos.

-Lo son, pero nuestros padres están asustados, creen que no debe arriesgarse y la quieren tener encerrada en la casa…

-No, nada de eso –interrumpió Greg con convicción, John parecía mirarlo con algo de esperanza, de que no fuera decir que era lo mejor que se quedara en su casa, que debía cuidarse.- Debe pasear por Notting Hill, debe ir a un partido de fútbol y de ahí a Brighton para una deliciosa cena en el muelle.

-Estoy de acuerdo –John pareció pensar algo antes de seguir hablando- aunque lo de pasear por Notting Hill no sea muy viable, creo que tendrán que tomar un taxi al estadio.

Greg sonrió y negó con la cabeza. Lo siguiente que estaban haciendo era ayudar a subir a Harry a la espalda de Ethan, ella era un poco más alta que John así que la mejor opción para que ser cargada era el más alto del equipo. Ethan aceptó con alegría, la chica no pesaba mucho y se sostuvo con fuerza de su ropa y de su cuello. Iban por la acera mirando para todos lados, era un lugar muy agradable y los turistas solían frecuentarlo desde varios años atrás.

Para cuando caminaban para el estadio había ya más gente en la calle y Greg estaba seguro de que algunos los miraban con atención y les habían sacado varias fotos. Recibió un mensaje de Molly, el cual respondió sólo con una carita feliz. "Las calles de Notting Hill se ven mejor con ustedes". Esa chica era una gran fan. Sherlock iba caminando de la mano de John, ambos parecían tranquilos y eso lo hacía sentir mejor. La chica pelirroja de que no sabía su nombre miraba con obvia preocupación a Harry, parecía que lo único que le interesaba era que ella estuviera bien.

Loftus Road Stadium

Segundo Tiempo

Minuto 85

Los Queens Park Rangers eran un equipo popular y con bastante carisma. Connor Washington, su principal goleador, había estado intentado mantener la racha de un gol en cada partido jugado que llevaba siendo titular. No se lo iba a permitir. John había entrado a jugar, la rodilla estaba bien y extrañaba estar en la cancha, ver todo desde la banca era una experiencia muy desesperante para él.

El irlandés que intentaba anotar un gol era casi diez centímetros más alto que John y trataba de lograrlo a través del juego aéreo, cosa que le venía muy mal, parecía ser mucho mejor en todo lo demás, pero con la cabeza, no era muy experto. Dane y Mika no lo dejaban entrar y acercarse al área chica, por lo que habían estado dando pases para que el otro delantero, un escoses que parecía muy confiado, tirara a gol.

Del otro lado los defensas habían sido humillados ya dos veces, en las dos ocasiones jugadas creadas por Terry y concretadas por Greg, por lo que la ofensiva de los Rangers trataban de apabullarlos, era cosa de patear el balón más allá de media cancha y esperar que Greg no se hubiera adelantado y lo cogiera en fuera de lugar.

Tuvo la oportunidad en la siguiente jugada, los delanteros no se coordinaron del todo bien y John salió su portería para patear con toda la potencia de su pierna izquierda el balón. No fue nada complicado para Greg bajarlo con el pecho, controlar, dar media vuelta y observar que Sherlock estaba quitándose la marca de un inglés que parecía no poder predecir sus movimientos. Le sirvió un pase exacto, Sherlock sólo tenía que aprovechar la inercia del balón y golpearlo correctamente. Lo cual hizo, el tercer gol había surgido de una jugada de John y culminado con Sherlock.

El estruendo en la tribuna no se hizo esperar, los fanáticos del Brighton, que en esta ocasión no eran tan numerosos por el día de la semana que hacía casi imposible acompañarlos como usualmente lo hacían, gritaban con todas sus fuerzas. Pero la oleada de aplausos emergió también de la porra de los Rangers, era evidente la maestría que habían demostrado en aquella jugada, la forma de controlar el balón y de no dejar de buscar la culminación a través de un gol.

Terminaron el resto del tiempo sin otras oportunidades concretas, John tampoco se esforzó demasiado, los intentos de gol fueron tibios por parte de los Rangers. Regresaron a los vestidores y el primero en salir fue Terry, últimamente había cierta monotonía en su vida y por lo mismo sólo pensaba en regresar a casa y dormir. Encontró a Marcus afuera, algo en su expresión no le permitió simplemente seguir de largo para salir del estadio.

-¿Qué estás planeando?

-Estamos en Londres, me parece que es tu deber llevarme a conocer la ciudad de noche.

Terry se tuvo que reír, porque aquello no dejaba lugar a una negativa. No era el mejor guía para elegir, no conocía la ciudad muy bien pero algo debería de ocurrírsele para hacer en los próximos minutos. Salieron al estacionamiento y el camión del equipo estaba ya esperando, aunque algo alejado de la puerta, lo cual era extraño. El chofer parecía estar tallando algo en uno de los costados.

-¿Qué escribieron?

Marcus echó a correr hasta el autobús para comprobar lo que había visto, la costumbre lo hizo buscar la cámara en su mochila y tomar una imagen de lo que estaba viendo, aunque tal vez no fuera algo que quisiera recordar.

-No debería borrarlo –dijo al ver que el chofer de hecho trataba de tallar las letras para borrarlas.- Será necesario como evidencia para la denuncia…

-La señorita Adler me indicó que lo hiciera y debo cumplir sus órdenes.- Terry llegó a tiempo para escuchar la respuesta, el hombre sin esperar una conversación, siguió tallado las letras aunque era poco probable que consiguiera quitarlas ni siquiera en varias horas.

-Esa mujer los hará viajar en un vehículo que dije una grosería por las carreteras británicas, ¿de verdad?

El chofer alzó la mirada, parecía cansado en extremo, tal vez podría pensar que este no era su trabajo, tenía razón por supuesto.

-La verdad es que me quiero ahorrar el drama –Terry dijo terminantemente, dio media vuelta y obligó a Marcus también se alejara de ahí jalando de su brazo y no aminorando el paso de la marcha hasta que estuvieron en la estación de metro más cercana.

-¿Crees que viajen así? –La voz de Marcus lo hizo darse cuenta de que seguía tomado de su brazo, Terry trató de soltarlo sin que pareciera que le había molestado el contacto prolongado. Viajaban en el metro por lo que harían más de una hora en llegar, esperaba que ese día el Observatorio Real tuviera horario extendido y de esa manera permitirle conocer el meridiano cero y las vistas, además de pasear por los terrenos del parque.

-Lo dudo tremendamente –respondió Terry y siguiendo mirando los edificios del área de los Docklands, faltaba poco para que llegaran y hasta ese momento no había consultado su celular. Lo sacó, en primera tenía varios mensajes, eran de Greg, le informaba las condiciones del autobús y que todo mundo se negó a subir al mismo. Luego de eso tenía una notificación de Twitter, aunque nunca lo usaba tenía instalada la aplicación, al parecer alguien lo había mencionado.

Era una fotografía del autobús junto con el comentario que hacía eco a lo que habían escrito con pintura: Los muerde almohadas del Brighton. Le enfermó que aquello hubiera sido compartido uno y otra vez, no se quedó a leer los comentarios, era terrible, ¿cómo es que había pasado justo cuando había venido a Londres?

-¿Estás bien? –Marcus parecía preocupado y más porque su pregunta quedó sin responder, Terry bloqueó su celular y lo guardó de nuevo, su mirada regresó a la ventana y permaneció en silencio. Marcus entonces sacó su teléfono móvil, tenía bastante que no revisa sus correos electrónicos y podía ser que hubiera estado pasando por algo alguna información. Encontró que en sus mensajes había varios informándole del destino de todos, más que nada porque Terry no había respondido nada y supusieron que estaban juntos.- Al parecer todos quisieron ir al teatro, una obra del National Theatre, con el actor ese de los Tres Mosqueteros.

-No tengo idea de quién es –respondió Terry sin mucha intención de generar la conversación. Marcus le explicó sobre la nueva adaptación de la obra de Dumas que había terminado en la tercera temporada, aunque cuando lo miró concentrado de nuevo en los edificios se dio por vencido. Marcus pensaba que aunque Terry quería ahorrarse el drama, estaba tomándolo muy mal cuando el resto de sus compañeros simplemente decidieron pasar unas horas de tranquilidad.

-George regresó a Brighton, también Sherlock y John, para llevar a su hermana al muelle.

-¿Se quedarán en casa de Greg? –Preguntó Terry mostrando cierto grado de interés. Marcus tecleó en la pantalla de su teléfono para obtener una respuesta.

-No, John dice que ella no quiere dar molestias y que eligió un hotel a unos metros del muelle.

-Oh –la respuesta final de Terry era bastante escueta, conforme fueron acercándose en el metro hasta los terrenos del parque de Greenwich olvidó que quería distraerlo, también se concentró en ver por la ventana.

-Comienzo a cansarme.

Marcus miró a Terry, los ojos de su amigo estaban perdidos en un punto de la lejanía, parecía no estar viendo nada en realidad.

-¿Cansarte de qué?

No hubo respuesta, tan sólo Terry se encogió de hombros. Fue todo. Marcus quería hacer algo, decirle que pese a todo lo que él y el equipo estaban haciendo era ciertamente muy bueno y que todos los admiraban tanto. Aunque luego estaban cosas como las de hoy, no entendía por qué llegaba a pasar algo así de aberrante como el episodio del autobús. Sin embargo, si lo valoraba muy bien, era esperado que sucediera, era la primera vez que un equipo de un deporte tan popular se volvía tan abierto con la sexualidad de sus jugadores, después de todo aquella era la razón por la cual había terminado con esa comisión por parte de su revista.

Cuando llegaron a la estación en la que tenía que bajar Terry simplemente se levantó. Marcus lo siguió, caminó detrás de su amigo sin que a él le pareciera molesto ese comportamiento, tomó muchas fotos, en ninguna salieron juntos.

Lyttleton Theatre

National Theatre Venue

Cerca del London Eye

21:00 horas

La obra era una extraña maravilla, intensa y cautivadora, los actores principales habían logrado una precisa y perfecta interpretación que había hechizado a todos. Había sido una idea extraña, no el tipo de actividad que podrían elegir; por eso mismo insistieron en que debían hacerlo y al final lo disfrutaron bastante. Habían invitado a Anthea, quien no tenía nada que hacer y aceptó de inmediato. Ella fue la que insistió en quedarse después de concluida la obra en busca de una fotografía o un autógrafo.

Greg no tenía ganas de acompañarlos, parecía que podía pasar bastante tiempo para que salieran del teatro y se sentía algo cansado.

-Es muy famoso, aunque no tengas idea de quién es –dijo Mika, estaba pegado a una reja que evitaban que se abalanzaran sobre la entrada de actores.

-De hecho si lo es, mucho más que el actor de televisión ese con el que te tomas fotografías –comentó Anthea siendo ligeramente irónica, habría sido un comentario desagradable, por fortuna su situación con Mycroft estaba en mejores condiciones que en los semanas anteriores.

-Muy bien, espero se diviertan –les dijo- pero yo me regreso.

-¿Estás seguro? –preguntó Ethan aunque sabía la respuesta, Greg sólo asintió con la cabeza.

-Nos quedaremos con Anthea hoy –dijo Dane, para cuando terminaran con lo del teatro sería muy tarde para regresar a Brighton.

-Me parece bien –dijo él y comenzó caminar alejándose. Lo perfecto del asunto fue que todos los que estaban concentrados en obtener un buen lugar para ver a los actores no prestaron atención en él.- Tengan cuidado.

El tren estaba muy vacío aunque no era tan noche, se quedó dormido media hora antes de llegar con el celular en la mano, había estado mandando mensajes a Mycroft y teniendo una pequeña conversación, dejaba que él le contara lo que había sido de sus días y él trataba de responder entre cabeceos.

Caminó hasta su casa y pensó que tal vez no habría nadie, que Sherlock y John estarían con su hermana; sin embargo, vio la luz que proyecta la televisión encendida en la sala, abrió la puerta y se sorprendió de lo que escuchó.

George

Había cometido un terrible error al caminar solo a casa, debió quedarse con los otros, pero se sentía fuera de lugar y por eso prefirió regresar a Brighton, una vez ahí, tan sólo tenía que llegar a su cuarto y llamar a Rose, le había dicho que lo esperaría despierta. Sin embargo, el querer llegar a realizar esa llamada lo había hecho equivocarse y por eso, se había metido en la boca del lobo. Aunque él creía que no podría pasarle nada malo, tan sólo se había encontrado a Austin en el camino y era todo.

Pese a sus obvias muestras de molestia en la escuela y lo que le había hecho a su amiga, pensó que no pasaría nada más con él, que tal vez sería como antes, lo dejaría entrar a la casa y después de algunos momentos incómodos se iría. Eso había sido el peor de todos los errores, creer que Austin se comportaría como antes.

Ahora estaba atrapado, no podía respirar, el peso del cuerpo del otro hombre era demasiado como para él pudiera moverlo. En el piso estaba el tazón de palomitas y la televisión seguía a todo volumen proyectando la película que sólo habían visto por cinco minutos.

Lo besaba en el cuello, lo estaba marcando. Le disgustaba mucho, no quería eso, nunca había querido algo similar. Estaba al borde las lágrimas y la desesperación lo volvía un inútil, porque no podía quitarlo de encima, porque sus brazos los sostenía con una sola mano, la presión en sus muñecas era dolorosa.

Estaba gritando, pero el problema es que no había nadie en la casa y el volumen de la televisión conectada al aparato de sonido era muy alto.

Después comenzó a tocarlo, con la otra mano, la que tenía libre. Recorrió su tórax y lo hizo temblar al bajar por su abdomen. No era de placer, porque esto no le podía causar placer, era de miedo. Lo acarició bruscamente sobre los pantalones, encontrando que su miembro estaba fláccido y de inmediato trató de estimularlo.

-No lo hagas –le suplicó dejando de gritar por un momento. Los ojos de quien alguna vez creyó su amigo parecían los de un animal, sus pupilas dilatadas lo asustaron.

-Me gustas mucho –le respondió como si eso justificara que lo estuviera haciendo pasar por toda esta situación.

-Se supone que eres mi amigo –volvió a suplicar, se retorcía debajo del hombre, buscando primero que nada poder respirar sin sentir que lo aplastaba.

-Quiero ser más –quiso besar su boca pero la cerró de inmediato, sus labios chocaron y lo mordió para lograr que gritara y poderla invadir. Cuando sintió su lengua dentro un profundo asco lo invadió y estuvo a punto de vomitar. Ojalá lo hubiera hecho.

-No, por favor –le suplicó sintiendo que no tenía otra opción más que esa.- Esto no me gusta.

-Lo haces con Lestrade –sentenció y George no podía creer lo que había escuchado. Aquello era una tontería aunque sabía que mucha gente lo creía, había historias que contaba lo que la gente pensaba de ellos, pero no era cierto. ¿Cómo era posible que esta persona que creía conocer pensara así de él?

-No lo hago –se defendió pero su voz se perdió en un grito de sorpresa cuando sintió que de un solo movimiento abrió sus pantalones y metió la mano dentro de su ropa interior. Sus dedos eran fríos y gritó de dolor al sentir que apretaba su miembro y después sus testículos.- Tan sólo déjame por favor.

-¡Déjalo en paz!

Sintió que el peso del otro hombre ahora sí lo aplastaba sin ningún miramiento, la voz que había gritado era de Greg, inconfundible. Austin se levantó casi como impulsado por un resorte y se alejó de él. Se posicionó entre ambos armado con algo tan simple con la sartén de hierro que era parte de la decoración de la cocina.

-¡Sal de aquí!

George miraba a quien hasta ahora creía su amigo, parecía que pese a haber recibido el golpe en pleno cráneo, sólo estaba ligeramente atontado, lo cual era sorprendente, esa cosa pesaba bastante. No dijo nada, tan sólo salió caminó a la puerta de salida, parecía ir en automático. A George le alegró que no hubiera dicho nada, que tan sólo saliera y ya. Sabía que tendría que hablar con Greg pero por ahora estaba muy bien que permanecieran así, ni más ni menos, haciéndolo sentir seguro con su presencia.

Greg lo dejo unos instantes para asegurarse que hubiera salido de la casa, puso las alarmas y regresó a su lado con el celular en la mano.

-Debes denunciarlo.

George sabía que era cierto, que debía hacerlo, que todas y cada una de las cosas que habían pasado no eran normales, que su amigo se había aprovechado de la situación y no se detuvo aunque se lo pidió en numerosas ocasiones.

-Yo no puedo.

De repente se echó a llorar y Greg no pudo hacer otra cosa que mirarlo, le dio el tiempo necesario para tranquilizarse un poco. Lo tomó de la mano y lo sacó de la sala, se sentía incapaz de volverse a sentar en el sillón, lo llevó a la cocina y le ofreció una de las sillas del desayunador. Se sentó ahí y trató de pensar en lo que iba a responder.

-Le voy a echar a perder la vida.

Greg soltó una carcajada desesperada, sabía que se estaba enojando pero no con él, sin embargo estaban ante una situación sin solución. No lo haría, no podría denunciar a Austin y causarle muchos problemas nada más porque lo había malinterpretado y porque había creído que estaba interesado en él.

-George –la voz de Greg lo sacó de su cavilación- ¿qué crees que habría pasado si yo no hubiera llegado?

Se estremeció al pensar en ello, lo sabía. Austin no se detenía, seguía adelante aunque él le rogaba y suplicaba que se detuviera, pensaba que lo que contaban las historias de internet era cierto y que él tenía encuentros sexuales con Greg. Era una de las razones por las que nadie lo quería en la escuela pero jamás pudo confesarlo ante sus compañeros de equipo. Ellos tal vez ni siquiera sabían de la existencia de esas historias y no quería que las leyeran.

-Pero no pasó, gracias a ti. –La respuesta no fue del agrado de Greg, era obvio que la desesperación estaba a punto de hacer presa de él porque comenzó a morderse el labio para contener lo que quería decir.- ¿No podemos dejarlo así?

-Podemos George –sus palabras lo tranquilizaron un momento, tal vez era posible poner todo esto atrás, no volver a pensar en ello, hacer como si no hubiera pasado- pero sinceramente creo que no debemos. Ese tipo no se detuvo hasta que lo golpeé con un sartén de hierro y salió caminando de aquí como si nada.

La imagen se repitió en su cabeza, el andar extraño de Austin, tal vez estaba lastimado, tal vez el golpe le causaría consecuencias. Se preocupó de repente por Greg, porque lo culparan por las lesiones de Austin y entonces menos ganas de denunciar el hecho le dieron.

-Estabas suplicando George y no te escuchó, ¿qué pasara la siguiente vez? –Miró a Greg con miedo, ¿la siguiente vez? ¿No podían entonces ponerlo todo en una botella y tirarla al mar? Así había hecho con las cosas malas de su infancia, aquellas que apenaban a su madre le hacían ver que no tenía al hijo perfecto que podía controlar en todos los aspectos. Como cuando tenía pesadillas y mojaba la cama. Lo hizo hasta los diez años y su madre le dijo que era algo tan terrible que debían hacer como si nunca hubiera pasado.

-Sólo quiero olvidarlo –respondió y en el fondo era cierto, lo enterraría en lo más profundo de su mente y no pensaría en eso jamás.- Greg hace tiempo me di cuenta de lo que soy y por eso mismo, no es sencillo relacionarse conmigo.

-¿De lo que eres? –Tuvo que mirar a otro lado porque esta sería la primera vez que lo dijera en voz alta y no sabía cómo hacerlo.

-Soy asexual –se sorprendió de que su voz no fuera un susurro, ese hecho le dio el valor para decir más.- He estado leyendo y al parecer no soy un bicho tan raro como pensé que era. Hay más gente como yo sólo que ninguna en mi escuela.

Se rio de su pequeña broma. Había hablado con chicos y chicas en diversos lugares de Inglaterra y Francia, pero nadie cerca de él. Tampoco le era sencillo hacerlo, ellos parecían tan seguros de sí mismos y él se ponía a temblar nada más de escucharlos.

-George, ¿el que seas asexual tiene alguna relación con que no quieras denunciar al tipo ese?

Ahí estaba la pregunta que no quería responder. La existencia de las historias en varios portales de fanfiction, el Tumblr con las fotografías que daban a entender un romance, los miles de comentarios pidiendo detalles de sus relaciones con Greg. Cerró los ojos, eso también debía enterrarlo pero era difícil, cada que encendía su computadora saltaba frente a sus ojos.

-Es fácil malinterpretarme, me gusta el contacto físico, saber que la otra persona es real y que está a mi lado, pero no deseo que eso se traduzca en nada sexual.

Greg pareció valorarlo. A veces era complejo para la gente entender que aunque alguien le gustara, que aunque disfrutara con su presencia, que pudiera tomar su mano y abrazarlo, no deseaba por nada del mundo besarlo o tener una relación sexual como tal. Por eso él creía que Austin lo había malinterpretado, porque él había permitido que lo tocara, porque creyó que comprendería que no iría más allá.

-No eres aromántico…

George lo miró con sorpresa. Aquí, frente de él había una persona que lo entendía así nada más, que sabía de lo que estaba hablando. Era Greg precisamente, la única persona del universo que él respetaba y apreciaba con todo su corazón, a quien admiraba intensamente desde que lo vio jugar por primera vez.

-¿Cómo sabes?

-¿De verdad tienes que preguntar eso? –Se sentó a su lado, se talló la cara con las manos, sabía que no era la especialidad de Greg el compartir cosas de sí mismo por lo que prestaría mucha atención a lo que diría.- Me he enamorado una sola vez, de un hombre con el que traté por unos cuantos minutos cuando era adolescente. Durante años y años sólo pensé en él, no me pude fijar en nadie más durante todo ese tiempo, simplemente no me interesaba y volvía siempre a pensar en Mycroft.

-Has buscado sí eso es normal, si hay alguien más como tú.

Era un hecho para George, porque también él lo había hecho en cuanto se dio cuenta de que algo pasaba. Sus amigos tenían ciertos gustos, miraban a las niñas, imaginaban cosas con ellas y cuando se reunían en la casa de uno de ellos, usaban la computadora de un hermano mayor, estaba repleta de imágenes de mujeres.

Los otros chicos se emocionaban, llegaron a masturbarse frente de él mirando aquellas imágenes. Pero él no sentía nada, no había respuesta de su cuerpo. Fue la primera vez que le dijeron que era raro, que era un marica. Era lo más sencillo de pensar, si no se excitaba con las mujeres era porque le gustaban los hombres. Sin embargo hizo el intento.

Tampoco pasó nada. Ni hombres ni mujeres. Cuando pasó un poco de tiempo se dio cuenta de que se sentía atraído por ciertas personas, pero sólo quería estar cerca, que lo miraran. La parte humana de la relación, la de no sentirse solo y aislado, eso necesitaba pero nadie parecía entender.

No eres normal si no quieres besar a tu pareja.

No eres normal si tu pareja no te excita.

No eres normal y por lo mismo, no tendrás pareja.

-George –rompió el silencio y se asustó ligeramente- según como yo lo veo el que seas asexual no tiene nada que ver con lo que sucedió aquí. Austin pudo haberse confundido, pensar que tal vez sólo eres tímido o que no sabías como lograr que intimaran; pero cuando te escuchó decirle que se detuviera, cuando te escuchó suplicar porque se detuviera, se debió haber detenido.

-Dame tiempo –le pidió sinceramente, no estaba seguro de nada aunque las palabras de Greg habían calado hondo. Lo entendía de verdad, no consideraba extraña su manera de ser y no le pedía explicaciones porque conocía los detalles. Greg se consideraba, igual que él, alguien que no era fácil de definir y al cual las etiquetas no acababan de cuadrar.

-¿Cuánto tiempo?

Quería responder que toda la vida, pero eso no sería correcto por lo que pensó que podrían terminar lo que habían estado construyendo sin que se viera opacado por otras situaciones. Así que pensó en una respuesta que podría contentar a Greg.

-Hasta que seamos campeones.

Greg asintió y él se sintió contento, eso quería, tiempo para valorar lo que pasó y además de todo, jugar los últimos partidos que definirían sus vidas. A estas alturas de la liga era casi imposible no terminar como tales, como campeones y ascender a la Liga Premier, pero necesitaban terminar todos los partidos, coronarse como los mejores, demostrarles a todos quienes eran y lo que podían lograr.

-Gracias Greg.


Gracias por seguir leyendo, por esperar.

Mi vida es un caos organizado y, para los que no sepan, estoy estudiando una maestría, así que mi tiempo libre se ha reducido terriblemente porque tengo tarea (puaj xD ) así que hay días, cuando tengo tiempo para hacer otra cosa, pues estoy exageradamente cansada.

Espero que sepan disculparme y tengan la seguridad de que aunque me cueste horrores, voy a terminar esta segunda parte y hacer la tercera. Será, un reto enorme para mi, pero tengo que hacerlo.

Bueno, pues no me queda más que agradecer a todos los que siguen leyendo, si pudieran dejarme aunque fuera una palabra de aliento se los agradecería mucho.