FRL: BATTLEFIELD

16: Reality is the worst thing

ADVERTENCIA: Desarrolle una situación en esta parte de la historia, si se dieron cuenta de la misma, sabrán que su culminación no puede ser buena. Así que describo esa culminación y no es agradable. La escena está marcada con letra cursiva antes y después, si se la quieren saltar entenderán de todos modos con lo que sucede a continuación.


Domingo 15 de mayo 2016

Estadio Falmer

Brighton

20:30 horas

Había sido un shock. Al escuchar el silbato anunciando el final del juego y saber que el marcador les favorecía ninguno de ellos supo cómo reaccionar. Había terminado. Los dos goles de Sherlock, los dos de él. Los como diez tiros a gol que John había detenido de manera espectacular. Era el final, no había más, casi un año de trabajo y era todo.

Aquí terminaba.

Miró a Terry que era la persona más cercana a él en el momento y también parecía necesitar un momento para comprender lo que estaba sucediendo. Recordó la mirada que compartió con Wayne al ganar del Mundial, era como aquella, una que rezumaba incredulidad y que buscaba convertirse en alegría desbordada.

¿De verdad habían logrado sacar a un equipo de la ruina y llevarlo a la Liga Premier?

Los gritos de la gente lo sacaron de estado de ensoñación donde la realidad se combinaba con los recuerdos, de los que fueron sus compañeros, de quien fue su mejor amigo. Era impresionante la manera en que la gente estaba cantando, como los apoyaban, como parecían estar a punto de volcarse sobre de ellos para celebrarlos.

Muchos dirían que era una tontería pero no lo era, el amor por un equipo de fútbol, el honor de las personas y el orgullo que sentían por su ciudad. Era algo incomparable, algo que lo haría salir del estadio y caminar con la cabeza en alto todo el camino a casa. Vestirían el jersey del equipo y se sentirían parte de la victoria.

Para Greg lo eran. Así como ellos habían jugado cada partido, la gente había apoyado cada uno. Al principio lo habrán hecho por razones diversas, pero al final, estaban ahí porque creían en ellos, en que podrían salvar su equipo y ponerlo muy en alto.

Respiró profundo y se sorprendió de la frescura del aire. Así olía el triunfo, era muy ligero, te permitía despegar tus pies de la tierra e imaginar que el cielo estaba un poco más cerca y eras capaz de tocarlo.

-Felicidades –el capitán del equipo contrario le ofrecía su mano y aunque se sentía decepcionado, parecía extrañamente complacido.- Ha sido un honor jugar contra ti.

-Lo mismo digo –respondió y aquella era una de las conversaciones más largas que había tenido con alguien de un equipo rival que no conociera previamente.- Ha sido un juego estupendo.

-¿Cambiamos?

Aquello era tradición y por supuesto que lo haría. Se quitó el jersey y lo entregó al otro jugador, recibiendo a cambio el de él, se lo puso de inmediato y volvió a estrechar su mano. Esa era la parte que le gustaba, el poder jugar a muerte y después, una vez que había terminado, poder acercarte a la persona con la que habías competido y compartir un momento así.

Después de eso se habían descontrolado un poco, recibió un abrazo de oso de Roman que lo había levantado del suelo, después Mitch, Erik, Ethan llegaron para aplastarlo de la misma manera. George y Terry estaban tirados en el pasto, John y Sherlock debajo de la portería parecían concentrados en encontrar algo dentro de sus ojos. MIka y Dane estaban sentados al centro del campo, mirando todo como si fuera el espectáculo más grandioso de todos los tiempos.

Llegó Sebastian y fue absorbido por la maraña de brazos, Joe lo sacó de en medio de todos para compartir un momento que sabía a pasado. Ese abrazo ya se lo había dado antes, esa felicidad ya la había probado. Sin embargo esto era nuevo, el camino que habían recorrido, de no tener nada a tener ahora la puerta abierta para tenerlo todo. Para Joe había significado encontrar a alguien tan talentoso que a pesar de sus limitaciones de estatura, era capaz de ser el más brillante de todos.

Nunca se lo dijo pero Greg sabía que Joe Hart tenía a John Watson debajo de su ala y que no iba a descansar hasta verlo convertido en el mejor portero de Inglaterra, de Europa y del mundo. Lo sabía porque era así mismo como se sentía con Sherlock. El mundo entero tendría que mirarlo a él y darse cuenta de la fuerza y talento que tenía el chico. Ya lo hacían, hablaban de él, pero tenía que lograr que estuviera en la cima.

Caminó hasta la portería e interrumpió a los dos chicos, los apretó contra su cuerpo. Aquello había iniciado de una manera extraña, saliendo de su cascarón para ir a luchar por su hermano, encontrando de nuevo al hombre del que siempre había estado enamorado, siguiendo a Sherlock al estadio.

Un día de su vida había logrado cambiarla por completo. Igual como aquel día donde perdió tanto y pensó que lo perdería todo. Y ahí habían estado los Holmes para demostrarle que siempre habría un motivo, una razón que de verdad valiera la pena, algo tan precioso que no podrías hacer otra cosa más que luchar. Cuando se dieron cuenta de que estaba llorando lo abrazaron de vuelta, estos dos, Mycroft, sus hermanos, cada uno de los chicos del equipo; ellos, eran su familia, su hermosa familia.

Los amaba con todo el corazón.

-¡Greg!

El primero de los reporteros le pasó el brazo por encima de los hombros en un gesto familiar, estaba casi seguro de que lo había visto muchas veces y por lo tanto se comportaba así con él, además de que era un hombre mayor y de complexión gruesa.

-Stephen Hay, BBC Sports –le dijo moviendo el micrófono para que lo viera.- Felicidades, has llevado a tu equipo a la Liga Premier.

-Muchas gracias, pero no he sido sólo yo. –El hombre comenzó a reír aunque aquello no era gracioso para él, todo el tiempo que llevaban jugando y los resultados obtenidos, debía ser más que suficiente para demostrarle a la gente que el equipo no era una persona.

-Calma Greg, sé lo mucho que defiendes el trabajo de tú equipo.

-Estoy orgulloso de ellos –miró a su alrededor, la cancha estaba llena de reporteros, no sólo era él quien estaba siendo entrevistado, Sherlock tenía a dos reporteros encima y lo mismo pasaba con John, Terry estaba en la misma situación y le parecía que los demás igual recibían atención. Para su gran sorpresa George se estaba desenvolviendo excelentemente con los reporteros, eso lo hizo sonreír.- Ascendimos, nadie lo hubiera pensado, fue un resultado por el que trabajamos pero aun así se siente como si estuviera soñando.

-Sabíamos que lo lograrían.

-Pues yo dudé cuando nos enganchamos en las tres derrotas consecutivas –respondió, se talló la boca con la mano derecha como un gesto nervioso, recordaba aquellos días y como lograron recuperarse al volver a ganar, les cambió el ánimo por completo.

-Ganaron los partidos importantes.

-¡Como este! –Greg comenzó a reírse, la gente no había dejado de gritar, era espectacular la muestra de cariño y no era para menos. Ellos les habían dado su equipo de vuelta.

-Greg, en la Premier, ¿seguirás jugando con el Brighton?

Concentró toda su atención en el comentarista de deportes, ese que llevaba años cubriendo los partidos y realizando un análisis de los mismos en un programa por la noche. Seguro nada más quería tantear el terreno ante la ola de rumores que decían que regresaría a su anterior equipo nada más hubiera cumplido el compromiso con el Brighton. No era un secreto que el contrato de todos era por una temporada.

-Si renuevan mi contrato por supuesto –respondió con sinceridad, era conversación aun no la tenían con Irene, la habían aplazado para después del último partido.

-¿No regresarías al ManU?

-No.

Después de esa respuesta se despidió, fue interceptado por otras dos cadenas de televisión y respondió casi las mismas preguntas antes de lograr llegar al pasillo a los vestidores. Fue casi como refugiarse. Antes de ir a reunirse con los demás se quedó parado un momento, tan sólo necesitaba un minuto, respirar y repetirse que esta victoria era eso y ya. No el preludio de algo terrible.

Además tenían que regresar para la ceremonia donde les entregaría la copa, esa que significaba todo, por la que había trabajado hasta el cansancio, dejando atrás todos los problemas y todas las inseguridades. La que literalmente había salvado su vida, la que le había motivos y razones para salir de su encierro voluntario.

Entró a los vestidores y justo antes de que todos saltaran de nuevo en medio de gritos y exclamaciones pudo observarlos como la primera vez. Sherlock, como esa fuerza que lo atrajo y lo hizo regresar a una cancha. John, como esa determinación que lo haría siempre ser el mejor aunque todos dudaran de él.

Terry, con esa tremenda confianza que podía depositar en él sin siquiera pensarlo. George, con esa inocencia por el juego, con esa naturalidad. Mitch con la alegría oculta detrás de un exterior oscuro, tan sólo buscando el momento de mostrarse. Erick y la serenidad que se escondía detrás del silencio, evaluando siempre a todos en todo momento.

Ethan y la experiencia de haber recorrido un camino distinto al que había soñado, viviendo ahora el sueño. Roman con la emoción de jugar sin preocuparse por si había un futuro o no. Mika con la libertad de decidir hacer algo por él y Dane con el amor de compartir cada segundo de la vida de otra persona.

-Felicidades Campeones.

La sensación es tan abrumadora que es complicado concentrarse en algo más que no sea caminar correctamente para evitar caerte. Los gritos ensordecen, las luces no te dejan ver mucho más allá, sobre todo cuando casi había caído la noche y los reporteros frente a ellos usaban esa clase de flashes que te deslumbraban completamente por minutos.

Subió al pequeño estrado que habían habilitado en la cancha y recibió la copa de manos de un representante de la liga y su medalla por parte del patrocinador, Sky Bet. Era algo que se repetía en cada torneo del mundo, una copa y una medalla, sólo que se quedó muy quieto sin hacer nada una vez que sintió el peso de los dos objetos.

Tal vez sólo era su imaginación, pero creyó que la gente a su alrededor entendían lo que pasaba por su cabeza justo en ese momento. Detrás de él estaba Sherlock, este puso su mano en su hombro y la presión que ejerció fue la justa para mantenerlo ahí, en la realidad, en vez de concentrarse en sus recuerdos y en el hecho de que al darse la vuelta no vería a Wayne, no vería a ninguno de los demás.

Esto era Brighton.

Esto era Brighton.

Esto no era Brasil.

Fue capaz por fin de voltear y sostener la copa con sus dos manos y elevarla para ofrecerla a las personas. Cada equipo de cada ciudad se debe a sus personas, sin ellas no eran nada, ellos podían probarlo con la desesperada situación que había vivido el Brighton. Pobres resultados, estadios vacíos, el inminente descenso. Y sin embargo ahora el estadio estaba lleno, la gente gritaba y sentía que esa copa la llevarían a casa.

Después de eso se descontrolaron por completo, como era necesario. Se sacaron fotos cada uno con la copa y posaron en el estrado, con la manta que rezaba que eran campeones. Fue extraño ver a los otros integrantes del equipo festejar, no solía pensar en ellos pero no podía negar que estaban disponibles si eran necesarios y lo fueron en varias ocasiones. Desde el inicio, al escoger a cada uno de sus diez compañeros supo que no podían ser reemplazados, que lo haría todo con ellos y por lo mismo, pedía que ninguno se lesionara de gravedad, porque sin su presencia las cosas no eran sencillas.

Pero cuando abandonó todo para ir con Mycroft a Japón pudieron ganar esos dos partidos sin él, le demostraron a él, a la crítica especializada, a los fanáticos y a ellos mismos, que eran capaces de cualquier cosa y no estaban limitados a su presencia. Sin embargo, para él si eran irremplazables, no se imaginaba un equipo sin ellos, sin cada uno de ellos y esperaba que todos pudieran dar el salto a la Premier.

Porque sería diferente, nada parecido a la liga y al torneo que habían jugado y ganado.

La segunda vez que regresaron a los vestidores era una fiesta. Ahí estaba la gente que los había apoyado desde siempre, Gail, Gavin y Anthea, aquellos que habían soportado la peor parte de todo lo sucedido, los que habían estado no sólo para el equipo sino en aquellos días donde no existía el equipo y sus vidas casi se salieron de control. Estaba seguro de que las cosas pasaban por algo, tal vez a veces era complicado de ver, pero ahora que estaban ahí, sabía que no era casualidad que el amor de su vida y su hermano compartieran la misma genialidad por las matemáticas.

Abrazó a los tres juntos y ellos se quejaron al verse aplastados, no le importó en lo más mínimo, apretó aún más hasta que comenzaron a reír. Les murmuró un gracias que estaba seguro de que habían escuchado, Anthea se secó un par de lágrimas y su hermana estaba llorando abiertamente sin poderse controlar.

Un poco más allá estaba el amor de su vida. La persona que era una constante en su existencia, esa sin la que no podría existir. Sonrió y todo lo demás se volvió un poco gris, lo más importante era el rojo del cabello de Mycroft, su piel pálida y pecosa, sus brillantes ojos azules.

Tal vez había soltado a los tres y se había lanzado para abrazar a su novio, el punto era que estaba sobre de él y lo besaba como si fuera la primera vez, como si acabara de darle un balonazo en la cara a Victor Trevor por querer robarle la atención de su genio pelirrojo. Lo besaba como si fuera la primera vez que lo veía, en la sala de Urgencias, visiblemente preocupado por su hermano, maravilloso con toda aquella seriedad pese a su edad.

Lo besaba como si fuera esa primera vez que se atrevió a marcar al número telefónico que llevaba años repitiendo y dejó ese mensaje que esperó llegara a su destino. Como si fuera esa vez primera que lo tocó para evitar que cayera de las escaleras, cuando deseaba quedarse a su lado, ir con él a dónde quisiera llevarlo.

Las cosas pasaban por algo, Mycroft siempre fue la promesa, la razón por la que sabía era imposible detenerse, en lo que pensaba cuando sus piernas dolían y perdía el aliento. Lo que lo hizo ser el mejor en todo, el mejor novato, el mejor debut en la Liga Premier, el mejor goleador, el mejor delantero, el mejor capitán. El campeón del mundo. Todo para sentir que era alguien que podía tomar de la mano a este hombre que ahora se perdía en sus brazos.

Seguramente fue su imaginación que lo llevó a pensar que todos los miraban porque un segundo después cuando se separó un poco de su novio, todos se ocupaban en sus propios abrazos y celebraciones. La familia de Mitch, el padre y hermanos de Ethan, la hermana de Roman, la madre de Erick, los padres y hermana de Dane.

La madre de Sherlock, Molly, Mike y para su inmensa sorpresa, Harry Watson. John estaba desecho sobre de ella, la chica se veía bastante bien, mucho mejor que la vez anterior, aunque tenía que permanecer sentada y John parecía tener cuidado al abrazarla a pesar de que lo hacía con fuerza. Ahí también estaba Marcus, quien había pasado de reportero a mejor amigo de Terry y quien era su apoyo ahora que su familia había decidido que era más importante apoyar al equipo y no a su hijo.

Entre toda la confusión alguien más entró al vestidor. George se percató de su presencia de inmediato y a punto estuvo de saltar para atrás y buscar dónde esconderse. En vez de eso corrió directo a las puertas, golpeando con su hombro a las dos personas que entraron y salió sin importarle nada. Greg salió detrás de él y le gritó para que se detuviera. El chico lo hizo cerca de la entrada que va a los palcos, pero no se dio vuelta. Había alguien ahí. Todo había pasado tan rápido que algo que olvidó fue quitar los nombres de los padres de George de la gente autorizada para estar ahí.

Pero sobretodo, quitar el nombre de Austin de esa lista, aunque no pensó que se presentaría, mucho menos pensó que George hiciera lo que hizo a continuación. Porque era imposible, no después de lo vivido en su casa, de lo que pudo suceder.

George se fue con él.

No lo podía creer, corrió detrás de ellos, pero para cuando llegó a los palcos no había nadie ahí, tendría que buscarlo en todas las salidas y eso era imposible, la gente estaría agolpada afuera, en las calles, en todos lados. No podría dar un solo paso sin verse sobrepasado por la euforia. Para cuando regresó los padres de George se habían ido y aunque todo lo demás seguía igual, no podía quitarse de encima la sensación de que eso no debería haber sucedido, de que debió alcanzar al chico.

LA SIGUIENTE ESCENA CONTIENE SITUACIONES VIOLENTAS Y ESTRESANTES

Playa de Brighton

23:30 horas

-No hay nadie en la playa –el comentario estaba de más, habían bajado por la parte del acantilado, se suponía que debería haber policías ahí pero se había ido a ver la televisión al restaurante con terraza que estaba a una calle. Así que bajaron entre las rocas sin que nadie les dijera nada y caminaron sobre la arena, cerca de la estructura de madera del muelle. Estando ahí nadie los podía ver. Se sentaron un rato, estaba cansado, le dolían las piernas y el estrés de haber visto a sus padres comenzaba a diluirse.

Se sentía adormilado.

-¿Me perdonaste?

George miró a su amigo pero no le parecía apenado, más bien estaba sorprendido. Él también lo estaba, al verlo en el estadio tan sólo tomó su mano y le pidió que lo sacara de ahí. No quería ir con sus padres, no quería que Greg le dijera que aceptar su felicitación no era nada malo y que lo convenciera de regresar. Así que Austin lo sacó de ahí aprovechándose de su gran cuerpo y de que George era pequeño y delgado.

No lo había perdonado, pero algo dentro de él quería olvidar lo sucedido. No estaba bien, Greg había sido claro en el asunto de que debía denunciar a Austin aunque hubiera pasado ya tiempo del hecho. Sin embargo aquí estaba, mintiendo para no tener que explicar nada más.

-Sí.

Justo al decir esa palabra un calambre se apoderó de su pierna derecha, tal vez era demasiado frío vistiendo sólo los shorts del uniforme, su músculo se tensó dolorosamente y él se quejó ante este hecho. Austin se arrodilló frente de él y usó sus dedos para dar un masaje que fue disminuyendo la tensión y el dolor, George cerró los ojos y se olvidó de lo que pasaba, sólo trató de relajarse.

Los dedos de Austin subieron por su muslo y aprovechando que precisamente sólo vestía los shorts del uniforme y no un pants, lo acarició con total descaro. George abrió los ojos de golpe, su amigo se veía como la vez anterior, con una emoción reflejada en el rostro que a él le gritaba peligro. Trató de levantarse, pero en un segundo estaban en la misma situación que antes, lo aplastaba con su cuerpo, sujetaba sus muñecas y usaba su mano libre para acariciar su miembro por debajo de la ropa deportiva.

-No, por favor –suplicó de nuevo George y esta vez las cosas fueron diferentes, esta vez dejó de tocarlo y lo golpeó en la barbilla. Era la primera vez que recibía un golpe así, estaba seguro de que había perdido la consciencia porque había un espacio entre el momento del golpe y lo siguiente que recordaba. Austin estaba usando su mano para masturbarse, la cubría con su mano para lograr que se moviera de arriba abajo y en cosa de nada eyaculó sobre de él.

Al ver aquello vomitó. Tal vez fuera el hecho de hacerlo o de que lo hizo ensuciando a Austin en el proceso. No se puede decir que haya una razón o explicación, sin embargo, de pronto estaba enojado y George aterrorizado a tal grado que no podía gritar, su voz se había congelado en su garganta. Se levantó y comenzó a descargar patadas sobre su abdomen, una tras otra, cada vez más fuerte.

-George, contesta, ¿dónde estás? –fue el mensaje dejado en su correo de voz una vez que la llamada no fue respondida, uno que no podría escuchar.

Había tratado de alcanzar el teléfono, estaba ahí, tan cerca de su mano. Sonó muchas veces más, pero en ninguna de ellas pudo alcanzarlo, parecía que sus dedos iban a ser capaces de tocar la pantalla, pero no, era una ilusión.

La arena lastimaba su espalda, bajo el muelle era gruesa y había muchas piedras, pero después de unos minutos ya no lo sentía. El dolor de los golpes había sido extremo, las lágrimas le brotaron de los ojos y lo único que pudo hacer fue poner los brazos frente a su cara, aunque de poco sirvió cuando descargó patada tras patada sobre todo su cuerpo.

Después de un rato (segundos, minutos, no podía saber) no pudo defenderse más, sintió las grandes manos de Austin tomar su cabeza y el dolor al ser estrellada contra las piedras. Pensó que había quedado inconsciente y tal vez debió ser así, pero sólo era que no se podía mover. Tampoco podía respirar, dolía, sentía que cada vez menos aire entraba a sus pulmones y todo a su alrededor adquiría una tonalidad oscura.

Las luces del muelle se apagaban. El dolor se iba. El frío que de repente se le hizo intolerable ya no estaba. El teléfono volvió a sonar, pero ya no lo escuchaba más que como un leve zumbido, totalmente fuera de su realidad. Eso era todo, su último pensamiento era algo incomprensible, era una multitud de imágenes e ideas que se agolparon en un segundo.

Después de eso no hubo más.

FIN DE LA ESCENA

Lunes 16 de mayo 2016

Casa Lestrade

02:00 horas

-¿Nada?

Estaban todos juntos en la casa de Greg, el ambiente era de felicidad extrema y sus teléfonos no dejaban de sonar. Sin embargo, había visto a George irse con aquel chico, no entendía por qué razón lo hizo y no alcanzó a llamarlo para detenerlo.

Después de eso habían tardado lo que parecían años en salir del estadio, entrevistas una tras otra y una cantidad extraordinaria de autógrafos a los cientos de fans que los esperaron. Pero George no estaba ahí, había salido antes que ellos, se lo había llevado el tal Austin y era algo en lo que no podía dejar de pensar

Comenzó a llamarle a su celular, sin embargo, todas las llamadas se fueron al buzón. Le mandó mensajes, pero no parecía que los hubiera visto. Su hermana entró a la cocina donde estaba refugiado, tratando de obviar que los demás estaban celebrando en compañía de sus familias.

-Nada, sólo el buzón de voz que ya he saturado –respondió y dejó en la mesa su teléfono celular, ahora le parecía un armatoste inútil. De inmediato comenzó a sonar pero no era el número de George, era el de su madre. De entre todas las cosas que no quería hacer era hablar con ella, era muy posible que ella estuviera afuera de la casa y se había dado cuenta de que su llave no servía más y que tenía que pedir que le abrieran la puerta.

-No creo que debas preocuparte –comentó Gail mientras abría el refrigerador para sacar unas cervezas.- Es joven pero no tonto, seguro que debe estar bien.

Greg la miró y asintió aunque no sentía que fuera cierto. Recordaba la conversación con George, pero sobretodo, recordaba lo que Austin había estado a punto de hacer, lo que él evitó. Deberían haberlo denunciado a pesar de que el adolescente se negara, debería haber actuado de otra manera.

Cerró los ojos y trató de pensar con tranquilidad. No tendría que estar sucediendo nada, sin embargo le parecía extraño que hubiera ido con él después de lo que pasó unos días antes. Por Greg hubiera sido perfecto que nunca se volvieran a ver, pero no podía obligar a que George hiciera algo en contra de su voluntad.

-Greg.

Mycroft estaba en la cocina y se acercó con mucho cuidado hasta poderlo abrazar por la espalda. Greg simplemente se dejó hacer, la tensión del día era mucha, ganar el juego más complicado de todos, lograr ascender el equipo, la celebración. Todo era abrumador y aunque había tenido triunfos mayores, esta vez se sentía como si valiera mil veces más.

-¿Estás bien?

La voz de su novio era sólo un murmullo, sus palabras contra la piel de su cuello. Esa cercanía era perfecta, la quería siempre, ahora y dentro de muchos años. Se recargó sobre de él y sintió sus brazos apretarse contra su cuerpo, no se lo había dicho pero el tiempo lejos de él fue muy duro, por fortuna tenía mucho en lo que ocuparse o se habría vuelto loco, más aún con el hecho de que pasaron demasiados días peleados.

-No encuentro a George.

La respuesta era tonta, después de todo el chico podía tomar decisiones por sí mismo, si quería irse con alguien, podía hacerlo. Estaba seguro de que su abrupta salida había tenido mucho que ver con la presencia de sus padres en el estadio y que se les permitió el paso a los vestidores. Habían sido educados, los felicitaron, pero en el instante en que George los vio una multitud de emociones pasaron por su rostro hasta que decidió salir de ahí.

Fue una coincidencia que Austin estuviera presente. Justo en ese momento.

-Yo creo que vendrá en algún momento de la noche.

Mycroft parecía tener un argumento válido, no se iba a fugar de su casa, estaba contento ahí o por lo menos eso pensaba él. Sólo que estaba el incidente del otro día, algo que no le había contado a nadie, ni siquiera a su novio.

-Sí, tienes razón –dijo y la incredulidad en su voz era evidente, Mycroft lo giró para poder ver su rostro, torció la boca cuando lo que encontró no fue de su agrado.

-Dime

Estaba reacio a hacerlo, parecía algo demasiado personal y que él sólo estaba involucrado de manera incidental; sin embargo, quería compartirlo con él, tal vez le ayudaría a ver las cosas de otra manera. Para él, todo el asunto de George, estaba oscureciendo la felicidad que se suponía debía sentir al haber logrado el pase a la Premier.

Su teléfono sonó justo cuando iba abrir la boca para contarle todo a Mycroft, miró la pantalla esperando ver el número de George pero no era. Sin embargo contestó arriesgándose a haber tomado la llamada de un periodista o peor aún, de su madre desde otro número.

-¿Gregory Lestrade? –Preguntó una mujer del otro lado de la línea.

-Él habla. –Respondió poniéndose muy serio, algo en la voz de ella le decía que la llamada no tenía nada que ver con el equipo.

-Su nombre y número aparecen como contacto de emergencia en los registros escolares de George Knight.

Su mano empezó a temblar, aquello estaba mal, uno no recibía ese tipo de llamadas por nada bueno. Mycroft notó la tensión y pareció que lo sostenía, tal vez le habían fallado las fuerzas de sus piernas y ni siquiera se daba cuenta.

-Así es, también es mi dirección la que se encuentra en los registros. –Dijo tratando de mantener la calma, tal vez simplemente lo habían arrestado y por su edad buscaban a sus representantes legales y lo habían encontrado a él.

-Necesitamos que venga a la estación, está cerca…

-De los Jardines Victoria, lo sé –Greg interrumpió a la mujer porque no le decía la razón por la que necesitaba que fuera.- ¿George está bien?

-Necesitamos que venga señor Lestrade.

-Voy para allá.

Deslizó el teléfono de vuelta a la bolsa de su pantalón y le dedicó una mirada asustada a Mycroft, no necesitaba decir nada, con eso lo sabía todo. Greg intentó no cruzarse con nadie, pero el salón estaba justo ahí, por más que quiso pasar desapercibido fue interceptado por Sherlock.

-¿Qué está pasando? –Le preguntó de inmediato al ver su expresión, desvió su atención a su hermano por un segundo, pero regresó de nuevo a Greg.- Vas a la estación de policía, acaban de llamar, sin embargo, no estás seguro de la razón por la cual lo han hecho.

-Sherlock –murmuró Greg y la desesperación por saber lo que había pasado lo hicieron quedarse sin palabras.

-Quédense aquí, les informaremos lo que nos digan –Mycroft le dio un pequeño empujón a Greg para que reanudara la marcha, salieron sin ningún problema y al llegar a la entrada del fraccionamiento dónde vivía, lo obligó a tomar un taxi.- La gente sigue celebrando, si te ven en la calle jamás llegaremos.

Bajaron por la calle Richmond y encontraron ligero tráfico, más que nada las personas caminaban en dirección al muelle donde la música se escuchaba a todo volumen. Deberían estar ahí, sería lo correcto, celebrar, no ir a toda prisa a la estación de policía. La mano de Mycroft cubrió la suya y por un momento, antes de sentir que lo reconfortaba, lo asustó.

Entraron en el edificio de dos pisos, la luz blanca que iluminaba se le hizo fría, la ansiedad estaba haciendo presa de él y de no ser por Mycroft tal vez se hubiera derrumbado. La oficial que estaba en el mostrador le sonrió y pareció que quería decir algo, pero se contuvo con mucho profesionalismo.

-Me llamaron…

-Sí, espere a que la sargento Nichols venga, ella le dará toda la información. –La chica volvió a sonreír pero él de inmediato se volteó hacia Mycroft. Todo esto amenazaba con sobrepasarlo, porque no tenía idea de qué era lo que pasaba y quería una respuesta ya.

La sargento Nichols apareció por un pasillo y sólo tuvo que caminar unos cuantos pasos para estar frente de ellos. La escuchó hablar, le preguntó su nombre y le pidió una identificación, la oficial del mostrador pareció burlarse, pero de inmediato se ocupó con su computadora. Greg le entregó su licencia de conducir y la sargento pareció conforme.

Los hizo sentar en una oficina y cada minuto que pasaba era peor. Ella se sentó a su lado en una silla, y Greg lo único que quería era gritarle, esto era una tortura.

-No sé cómo decirlo para que sea adecuado, –ella lo miró con atención y él no pudo más que prepararse para lo peor- pero George Knight fue encontrado muerto hace dos horas bajo el muelle.

Estaba oyendo y al mismo tiempo no lo estaba haciendo. Sin embargo supo que la policía había cercado el muelle desde temprano esperando que tal vez hubiera una gran celebración, por lo que prohibieron usar la playa para festejar. Sin embargo, un grupo de chicos consiguió bajar y fueron los que lo encontraron.

-En estos casos se pediría que algún familiar lo identificara pero al entrar a los registros escolares es su nombre el que aparece legalmente para cualquier trámite o información.

-George estaba emancipado de su familia desde el año pasado –Mycroft respondió porque Greg no podía, apretó su mano para decirle que él estaba ahí, que contaba con su apoyo.- Sin embargo tal vez lo conveniente sea llamar a su madre…

-¡No!

Se puso de pie de inmediato. No, no lo haría, todo esto había sucedido porque sus padres fueron al estadio y estuvieron en los vestidores, él no estaba listo para verlos y por eso mismo, aceptó irse con el tipo ese a quien jamás debió de volver a ver.

-Lo haré, dígame qué hacer.

La sargento asintió y le pidió que lo acompañara, Mycroft permaneció en la oficina, se miraron por el cristal hasta que tuvo que caminar detrás de la oficial. Era un pasillo largo, atravesaron dos puertas y al final, justo cuando comenzó a sentir frío el ambiente, entraron a una habitación con mesas de metal. Sólo una estaba ocupada.

-Nuestras instalaciones no son las mejores –dijo ella a modo de disculpa- esto debería hacerse a través de un cristal para evitar el contacto directo.

-No pasa nada.

-Muy bien señor Lestrade –ella lo miraba preocupada, Greg no quería pensar en la cara que tenía ahora, sólo podía concentrarse en el latir de su corazón y en como su cabeza parecía estar a punto de estallar.- Lily, ¿podrías descubrir su cara?

El rostro de George se veía tan tranquilo, apenas rasguñado, un moretón debajo de la barbilla y era todo. Parecía dormido. Había escuchado esa comparación alguna vez, tal vez en un libro o una película, no tenía idea. Ahora lo pensaba y por un segundo estuvo a punto de decirle que despertara, que no podía estar jugando de esa manera, que tenían una fiesta que protagonizar.

Se echó a llorar, las lágrimas anegaron sus ojos y se desbordaron por sus mejillas, una especie de gemido salió de su boca, parecía que lo había herido y estaba sufriendo. Lo estaba. Se agarró de la orilla de la mesa metálica y apretó con todas sus fuerzas. Si estaba soñando era momento de despertar, ahora, no quería ver esto nunca más. No, George no podía estar muerto y frente de él, acostado en una estúpida morgue en la estación de policía de su ciudad.

-Señor Lestrade…

-Es George –dijo con media voz antes de volver a agachar la cabeza porque no podía verlo, se veía tranquilo y sin embargo, algo dentro de él sabía que su muerte no había tenido nada de pacífica.- Es George…

-Muy bien –la sargento Nichols sacó su celular pero, antes de usarlo lo miró de nuevo, parecía más preocupada aun que al inicio.- Será mejor que salgamos…

-No. –Greg no quería hacer eso, no deseaba saber más aunque tenía que hacerlo.- Quiero que aquí, frente a su cuerpo, me diga lo que le pasó.

-No es necesario que lo hagamos aquí y no quiero abrumarlo con los detalles.

-¡Aquí, ahora!

La sargento Nichols no se inmutó con el grito, seguramente estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, sin embargo Greg tuvo que tratar de serenarse porque de otra manera se iba a derrumbar, de hecho era un milagro que no hubiera sucedido aun.

-Una serie de traumas contundentes en tórax y abdomen, al parecer fueron realizados con los puños y los pies, no hay huellas del uso de alguna otra arma. La persona que lo hizo parece tener mucha fuerza; además de que el señor Knight era de constitución muy ligera, sin embargo, para justificar las múltiples fracturas costales y la fractura en fémur sólo podemos suponer que el perpetrador es realmente fuerte.

La patóloga, Lily como la había llamado la sargento, levantó un poco la sábana y fue obvio los grandes moretones que su cuerpo mostraba.

-Hay desgarro de hígado y páncreas, lo dos pulmones fueron perforados por las costillas, con esto sólo podemos hablar de una hemorragia masiva que es lo que se ha determinado como causa de muerte.

Greg se fijó en sus brazos, había una fractura expuesta en el derecho.

-Se protegió la cara, tal vez el primer golpe fue en el mentón.

Greg cerró los ojos de nuevo, aquello no se iba a borrar de su mente jamás.

-¿Sólo fue una persona? –Preguntó y su voz sonó extraña, alejada de sí mismo.

-Es lo que estamos por determinar, pero la evaluación inicial parece indicarlo. –La sargento respondió y estaba muy cerca de él, seguramente su aspecto había desmejorado al escuchar aquello.

-Gracias –le dijo a la patóloga y la miró por unos segundos, ella asintió y no dijo nada más. Greg logró salir de la pequeña morgue antes de caer en el pasillo. Sentía que todo le daba vueltas y tenía muchas ganas de vomitar. Esto se sentía al estar del otro lado, al recibir la noticia de que alguien querido no estaba más, que había muerto.

Era horrible.


Gracias por seguir leyendo, aun falta un poco más para el final.

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