Lunes 16 de mayo 2016

Estación de Policía de Brighton

03:30 horas

Mycroft vio como la sargento Nichols corrió a la recepción gritando. Eso no estaba para nada bien. Salió al pasillo, pero los oficiales no le permitieron pasar, de repente estaban todos ahí formando una barrera que lo mantuvo dentro de la oficina.

-¿Quién está de guardia? –gritó ella y la oficial del mostrador consultó su computadora.

-O'Conell –dijo y de inmediato usó su radio para llamar a alguien. Doctor O'Conell alcanzó a escuchar y eso le preocupó en extremo. Pasaron tal vez dos minutos cuando un hombre pelirrojo pasó corriendo frente de él, vestía una bata blanca. Eso estaba muy mal, lo que fuera que estuviera pasando tenía que ver con Greg y no le agradaba no saber.

-¡Sargento!

Ella lo miró y pareció recordar su presencia en el lugar. Se acercó, lo cual fue una fortuna porque no habría tenido paciencia para esperar ahí sin saber nada.

-Lo siento, pero el señor Lestrade perdió el conocimiento tras la identificación positiva. -Mycroft no sabía cómo tomar esas palabras, ¿qué había visto Gregory para que eso sucediera?- El médico en turno lo está atendiendo, no se preocupe.

Después de eso fueron llegando personas. Los primeros fueron Gail, Gavin, Anthea, Ethan, Sherlock y John. Le había mandado un mensaje a Gavin y en respuesta recibió un "vamos para allá". Los dejaron entrar a la oficina de la sargento. Ninguno dijo nada, parecían estar en estado de shock y más aún después de saber que Gregory había tenido una reacción al ver el cuerpo de George.

No pasó demasiado tiempo para que Mika, Dane, Terry y Marcus aparecieran en la puerta. Mika estaba llorando sin poderlo controlar, sus sollozos eran lo único que se escuchaba en la habitación. Marcus usaba su celular, se levantó para consultar algo en la pantalla y fue obvio para Mycroft que algo le causó un horror tremendo. Iba a preguntar qué era porque no lo podía interpretar cuando la puerta se abrió de nuevo.

Mitch, Roman y Erick estaban ahí, Joe y Sebastian los seguían. Para culminar estaba Irene quien por primera vez en la vida parecía alterada y no osó pronunciar palabra. Estaban juntos, perfecto, ahora quería saber lo que había pasado con Gregory y entonces prepararse para enfrentar lo que fuera.

-Te pegaste muy duro en la cabeza.

La voz venía de algún lugar, frente de él tal vez, pero no estaba seguro. Abrió los ojos y tuvo que parpadear muchas veces para enfocar.

-Calma, no intentes levantarte –le dijo la voz y de inmediato la persona que le hablaba estaba sobre de él revisándolo con una lámpara que lo encegueció.- Perdón, estaba checando tus reflejos pupilares.

-¿Tengo que ir al hospital?

-No, tenemos un escáner y no tienes fracturas ni el cerebro hinchado ni ninguna cosa horrible –respondió, por un momento el tono ligero de su manera de hablar le sorprendió, pero al mirarlo sin estar desubicado o deslumbrado, comprendió que estaba frente a una de esas personas que siempre están alegres, en cualquier situación.- Pero si tienes nauseas o mareos sería bueno que te volvieron a revisar en Urgencias.

-¿Me puedo levantar?

-Claro, te ayudo –el médico estuvo a su lado de nuevo en un parpadeo, lo tomó de la espalda y lo levantó con cuidado.- Mi turno en Urgencias es por la mañana, si me buscas entre 6 de la mañana y tres de la tarde seguro me encuentras, en el Hospital General de Brighton, no es el más lujoso, pero puedo ofrecerte todos mis conocimientos.

Greg tuvo que sonreír, este hombre parecía desparramar alegría. Además de que fuera de toda probabilidad, era pelirrojo, el tono casi igual al de Mycroft.

-Gracias, doctor…

-O'Conell, Donovan O'Conell –le dijo ofreciéndole su mano, Greg la tomó sin pensarlo.- Mucho gusto en conocerlo señor Lestrade, pese a la situación.

-Es usted…. –Greg cerró los ojos un momento, estaba casi seguro de que había escuchado su nombre antes.

-Soy amigo de Ethan y una vez revisé a Sherlock tras una lesión en un juego y también a John–recordó el médico expresándose de la manera más natural.- Ethan me invitaba a los entrenamientos y a los juegos, pero mi trabajo me impide acceder en la mayoría de las ocasiones.

-Por supuesto –respondió Greg, de repente tuvo la necesidad de sujetarse a la mesa de exploración en la que estaba sentado, pero no era nada, sólo un mareo pasajero.

-Bueno, me tengo que retirar, le diré a la sargento Nichols que no hubo consecuencias por la caída y lo dejará regresar con su familia.

-Gracias.

Estaba ya de pie en el centro de la habitación cuando la mujer policía fue por él, imaginaba qué diría al estar en presencia de los demás. La sargento Nichols lo acompañó de regreso, había muchos policías, muchos más que los que estaban cuando llegaron.

Para su horror en la oficina no estaba sólo Mycroft, estaban todos. Este era un momento de esos en los que quería estar solo, poder encerrarse y volver a llorar por el chico que había partido, el chico que habían perdido. No quería estar con ellos, pero no podía evitarlo.

Respiró profundo antes de abrir la puerta, de inmediato Mycroft estaba a su lado, se sintió protegido y al mismo tiempo, todo era conocido, toda esta desgracia, el desgarrador sentimiento de haber perdido otra parte de su alma.

-Terry –murmuró Marcus- necesito que veas algo.

Se quedaron es una esquina, nadie les estaba haciendo caso, Greg había contado ciertas cosas de lo que vio, de lo que dijo la patóloga, pero se había puesto a llorar y aun trataba de controlarse. Mycroft le había dado a la sargento el número de los padres de George y en algún momento los vieron pasar, pero no supieron más.

-¿Qué pasa?

Marcus titubeó. Terry parecía estar aguantando bien todo lo sucedido, pero había un ligero temblor en sus manos que le preocupaba.

-Esto.

Le entregó su celular, estaba en un portal de noticias, uno no de muy buena reputación. Habían colgado un vídeo con la historia de George, lo cual no era de extrañarse, que a esta hora se supiera. A Marcus lo habían llamado de la su revista y tuvo que escribir una pequeña nota, lo hizo cuando fue al baño para que los demás no se dieran cuenta. Pero había sido muy concreto, había escrito que toda la información aún no estaba disponible para el público y que era una investigación abierta.

Sin embargo, había gente que no tenía escrúpulos y eso lo probaba el hecho de que el vídeo contenía dos fotografías del cuerpo sin vida de George, se veía los golpes en su tórax y la fractura de su brazo. Ambas fotos habían sido tomadas para que también se viera su rostro, muchos acusaban al sitio de haber alterado las imágenes pero no, según lo que había contado Greg, las fotos eran reales.

-¿Quién hizo esto? –Terry le devolvió el celular, casi se lo aventó, el desagrado en su rostro fue evidente y tuvo que mirar a la pared para evitar que alguien se diera cuenta.

-Alguien de la estación eso es seguro, por la calidad de las mismas podrían haber sido tomadas con un celular. –Marcus odiaba tener que pausar el vídeo para ver las imágenes de nuevo, parecían pixeleadas y por eso mismo es que muchos dudaban de su autenticidad.

-Tenemos que hacer algo.

-Sí, hablaré con mis conocidos, trataré de que borren el vídeo.

Marcus no esperaba que Terry lo abrazara, pero más que nada era por que buscaba apoyo, porque sentía que pese a ser quien era, un médico, no estaba preparado para enfrentar el hecho de que uno de sus amigos había muerto. Que había sido asesinado. Que había sufrido al morir.

Los primeros gritos de la madre de George fueron duros de escuchar. No se lamentaba por su muerte sino que buscaba encontrar al culpable. Gritó afuera de la oficina, los policías no le permitieron el acceso a la misma. Sin embargo la podían escuchar perfectamente.

Es su culpa, decía.

Repetía una y otra vez lo mismo, ustedes mataron a mi hijo, por su culpa está muerto. Era sólo un niño y ustedes lo pervirtieron.

Cada palabra calaba hondo en el corazón de todos, sin embargo Greg terminó oculto tras Mycroft, escondiendo su cabeza en su pecho. De verdad quería irse y estar solo, quería regresar el tiempo a ese día en su vida cuando decidió jugar fútbol y no hacerlo. No quería lo que había logrado, ser campeón con el ManU, ser campeón del mundo, haber sacado un equipo de la nada y llevarlo a la Premier.

No quería nada.

Quería ser un tonto alocado que gustaba de las patinetas, quería ir a la universidad y sacar malas calificaciones. Quería buscar a Mycroft y…

Justo ahora no estaba seguro de que si quería buscar a Mycroft. Por un momento pensó que todo esto era una tragedia esperando suceder, que la siguiente herida de su corazón sería cuando perdiera a Mycroft. Porque dejara de amarlo, porque muriera, porque lo abandonara.

Era idiota y lo sabía, pero en su cabeza todo estaba demasiado revuelto como para pensar coherentemente.

-La fuente es oficial, es lo único que te puedo decir.

La voz de su único contacto en el portal de noticias se le hacía tan impersonal que dudó conocerlo por un momento. Parecía estarle dando el discurso de "mis fuentes son anónimas" y eso le caía muy mal.

-¿Oficial? ¿Quieres decir que fueron liberadas por la policía en su comunicado de prensa?

-No seas payaso Marcus, sabes a lo que me refiero.

Tuvo ganas de ir a buscarlo y golpearlo. A lo que se refería es que alguien en la estación de policía le había enviado las fotos o tal vez un tercero, que las había conseguido directamente de la morgue. Era extraño, pero no fuera de lo común. Conocía personas que le daban dinero al personal de limpieza para sacar fotos si es que se daban cuenta de que había alguien famoso en la estación de policía.

-Dime de dónde salieron las fotos. –No le gustaba pedirle un favor, era un persona que seguramente encontraría la manera de cobrarle, pero ahora que era imposible borrar el vídeo, había sido descargado y subido a tantos portales que ya era ridículo querer que no fuera visto; lo único que le quedaba era saber quién fue el causante de aquello.

-No puedo, lo sabes.

-Yo sólo sé que es una investigación en curso y que esas fotos pueden ocasionales grandes problemas. –Trató de usar la carta legal aunque era una posibilidad remota, su amigo se rio y supo que no era la manera de obtener lo que quería.

-Sabemos cómo lidiar con esas cosas Marcus, puedes estar tranquilo.

-Quiero partirle la cara a quién pagó por esas fotos. –Confesó, no podía hacer más. Haberlas visto había sido terrible, el efecto que causaron en Terry, horrible.

-Ahora nos entendemos –respondió su amigo y pareció mover cosas donde estaba.- Esta chica es cercana a Lestrade, me ha enviado otras cosas aunque no tan jugosas.

-Caroline –dijo con certeza antes de que su amigo terminara de hablar.

-Sí, ella, una mujer impresionante –su amigo se rio de nuevo- pero es una bastarda, de eso no te quede ninguna duda.

-Lo sé.

Marcus colgó y no supo cómo haría para decirle a Terry, para decirle a Greg.


Miércoles 18 de mayo 2016

Hospital General de Brighton

09:00 horas

-¿Has sentido alguna molestia?

Estaba sentado en una mesa de exploración en un consultorio de la sala de Urgencias de Hospital General de Brighton. El doctor O'Conell lo miraba preocupado y hacía preguntas, pero él no podía responder con la verdad o lo mandaría a su casa. No había podido dormir más que un par de horas por vez desde que sucedió lo de George, hoy sería el funeral y la madre del chico les había prohibido ir.

No podía hablar con nadie, todos le provocaban el mismo tipo de reacción, la necesidad de echarse a llorar hasta que todo el aire de sus pulmones saliera y no fuera reemplazado con nada. Había dejado fuera a Mycroft y este le dio espacio, sabía que no tenía caso presionarlo para que lo recibiera dentro de su habitación o dentro de sus pensamientos, simplemente no podía hablar con él.

-Dolor de cabeza –respondió y no era mentira, aunque tal vez se debía a que no había comido nada en absoluto, tal vez un poco de fruta ayer, pero no estaba seguro.

-¿Sabías que los doctores tenemos súper poderes?

La pregunta era ridícula y parecía adecuada para interactuar con un niño y sin embargo, lo hizo reír. ¿Qué clase de doctor decía aquello? Su primera impresión sobre él, sobre ser una persona siempre alegre se reafirmó.

-¿Súper poderes? –Preguntó casi a punto de reír de nuevo, lo cual provocaba que su dolor de cabeza mejorara ligeramente.

-Sí, nos son otorgados cuando nos graduamos, en mi caso ya me gradué dos veces, como médico general y como médico de urgencias y estoy por hacerlo también en anatomo-patología, así que soy doblemente poderoso.

Soltó una carcajada al escuchar eso. El médico se sentó a su lado, tal vez era cierto y tenía poderes extraños que lo hicieran saber que no había ido a verlo por una molestia física real.

-¿Irán al funeral? –La pregunta se debía a que se hizo público el hecho de que la madre de George pedía que nadie más que la familia directa asistiera.

-No.

-Deberían hacerlo, no pueden negarles la entrada al cementerio –dijo el doctor como si fuera algo adecuado, aunque al escuchar que lo sugería le pareció posible.- Se mantienen lo suficientemente alejados para no molestar, dejan flores junto a la lápida cuando los otros se hayan ido.

-¿Tú harías eso?

-Lo haría –dijo seriamente, aunque esa fachada duró un segundo, después sonrió y su expresión de travesura se mostró abiertamente.- Algo similar sucedió en Skins y me pareció muy tierno.

-No acabas de decir eso –Greg se tapó la cara con las manos y trató de no divertirse con eso, por todos los dioses George estaba muerto y este hombre de sonrisa perfecta se burlaba sin hacerlo. No era irrespetuoso, pero por un segundo para Greg fue claro de que había tratado con la muerte desde siempre, que la conocía, que sabía del dolor y de lo quedaba después y que su manera de lidiar con ello era tomarlo a la ligera.

-Perdón –le dijo un poco apenado, lo notaba en el tono de duda de su voz.- Sé que no debo bromear así, la gente no suele entenderme.

-¿Skins? ¿De verdad? –preguntó ligeramente horrorizado por la referencia, recordaba que Gail miraba la serie y que él se burlaba de ella cuando tenía la oportunidad.

-Me gustaba Nicholas Hoult. –Respondió el doctor y se encogió de hombros como si no pudiera evitar que esa fuera su razón.

-Ah –respondió Greg como si eso lo explicara todo.

-No sabes quién es ¿verdad? –El doctor hacía uso de sus súper poderes y Greg estaba a punto de reír de nuevo.

-Para nada.

-El protagonista. –Le aclaró pero de nuevo, no sabía a quién se refería, recordaba a varios chicos y chicas a los que nunca prestó atención porque no tenía tiempo para hacerlo, siempre concentrado en algo más.

-Mi hermana era quien veía eso, yo no tengo idea de qué hablas.

-Muy bien Greg –el doctor parecía reacio a levantarse, pero a esa hora del día no tenía otra opción- tengo que seguir…

-Perdón –se bajó de la mesa de exploración de un salto, sabía que le quitaba tiempo al doctor al hacer aquello, pero se había sentido a punto de explotar.- Gracias por aguantar mi intromisión durante tu trabajo.

-No es una intromisión –se bajó también de la mesa y buscó su celular en la bata, lo encontró en la bolsa de la derecha.- ¿Te puedo dar mi número? Uso Whattsup y Messenger, si no quieres hablar me mandas un mensaje y listo.

Greg sacó su celular y añadió su contacto de inmediato.

-Fue un placer Greg, tal vez la siguiente vez podamos ocupar el tiempo de mejor manera –sugirió el doctor con un guiño, algo que en él se veía normal, como si para hablar necesitara mover mucho su cara, sonreír, levantar las cejas o guiñar un ojo- comer algo, tomar un café, aunque nada más es una sugerencia.

-Claro, lo haremos.

12:30 horas

Al día siguiente Irene y Sebastian tendrían una reunión con la gente de la Liga Premier y las cosas seguirían su camino. Este día era donde se despedirían de George. Mitch dijo que su abuela estaba enterrada en ese mismo cementerio, que quería ver que se atrevieran a correrlo o negarle su derecho de visitar su tumba. Se vistieron de negro, algunos sólo con una playera sobre jeans de eso color, otros con un saco. Subieron a una camioneta rentada, aunque el cementerio estaba muy cerca del muelle era mejor así.

Nadie habló aunque todos estaban de acuerdo, entrarían e irían a la tumba de la abuela de Mitch, dejarían las flores que llevaban para ella y después buscarían el lugar donde sería enterrado George. Permanecieron lo suficientemente lejos para no molestar a la madre de su amigo, pero así por lo menos se sentían presentes.

Eran diez familiares en total, un pastor dijo un pequeño discurso, cuarenta minutos después todos se retiraron dejando el trabajo a los empleados del lugar. Ellos se acercaron cuando estaban echando la tierra encima, el sonido podría parecer normal, el golpeteo de cada paleada sobre el metal del ataúd. Pero no lo era, dolía, era horrible.

Habían hecho un ramo de flores diferentes, escogidas por cada uno, lo aventaron dentro de la fosa, hubieran querido ponerlo dentro del ataúd, pero era ya imposible. Se quedaron hasta que los hombres terminaron su trabajo, pusieron los otros ramos encima del montículo que se había formado. Intercambiaron miradas aunque ninguno pareció querer hablar. ¿Qué iba a decir? Era mejor así, el silencio que había dejado al partir.

Regresaron a la casa y aunque sus hermanos y Mycroft lo esperaban, decidió irse a su habitación y cerrar la puerta con seguro. Era un escenario conocido de nuevo, era el camino incorrecto y lo sabía, pero ¿qué podía hacer si no tenía deseo alguno de hablar con ellos, de ser confortado por ellos?

-Greg. –La voz de Mycroft del otro lado de la puerta no logró que se levantara de la cama.- ¿Podrías dejarme entrar?

Tomó el celular de la bolsa de su pantalón, abrió el chat con su novio y mandó un mensaje. No, era lo único que decía, esperaba que lo entendiera aunque él no lo entendía. Simplemente no quería estar con él ahora, no quería nada que él le pudiera dar y eso no tenía nada de lógico o coherente.

Entonces buscó en el Whattsup el contacto del doctor O'Conell.

Fuimos al cementerio. G

Esperó unos minutos y la respuesta llegó.

¿Pensaste en zombies?

Se quedó mirando la pantalla ante la improbabilidad de una respuesta así, ¿quién responde de esa manera ante un evento tan terrible como lo que acaba de vivir?

The Shaun of the dead. G

Lo mandó antes de poder pensarlo dos veces, de lo contrario habría borrado eso, tampoco era como si fuera un gran fan de las películas de terror.

Es una genialidad, me encanta.

Cuando fue media noche se dio cuenta de que había estado ocupado en mandar mensajes por más de seis horas. Se levantó y a pesar de la hora se dio un baño, su reflejo en el espejo era terrible, ojeras marcadas y sus ojos totalmente somnolientos. Un mensaje más llegó.

Estoy de guardia en la estación de policía.

Habían hablado de todo, al final le preguntó si lo estaba interrumpiendo y esa fue la respuesta.

¿No hay mucho que hacer? G

Se fue de regreso a la cama y se tumbó. Revisó el resto de chats. Gail le pedía que saliera a comer algo, eso fue tres horas antes y Mycroft le aseguraba que para cualquier cosa que necesitara lo podía buscar, a cualquier hora.

Borró el chat.

Bloqueó el contacto.

Hoy no. La ciudad ha estado muy tranquila. Posiblemente todos estén en shock.

Leyó tres veces la respuesta, si algo tenía el doctor es que era muy sincero y tampoco evitaba temas que pudieran molestarle.

Los entiendo. G

Había notado lo que sucedía a su alrededor, cuando tomaron la camioneta para el cementerio las calles estaban muy solas, el muelle casi vacío.

Si fuéramos al cine tendríamos la sala para nosotros.

Puso los ojos en blanco, era imposible predecir lo que diría a continuación, pero lo más extraño de eso era que lograba sacarle una sonrisa.

¿Puedo irme a vivir a tu casa? G

La pregunta fue una estupidez, pero sus ganas de alejarse de todos era demasiado fuerte, quería salir de la casa o que todos se fueran de ella, pero claro, no era capaz de dejar en la calle a Sherlock y a John. Cerró los ojos por un momento, no pensó que se fuera a dormir, cuando despertó estaba por amanecer.

Puedes, la mayor parte del tiempo no hay nadie, si no estoy de turno en Urgencias, estoy en Patología, si no estoy ahí estoy en la calle o de voluntario en la estación. Mi hermano sólo va a dormir, no somos muy hogareños. Sin embargo eres bienvenido, ¿quieres darte un tiempo lejos de ellos?

Necesito estar lejos, sí, eso es justamente lo que siento. G

Greg junto lo más que pudo de ropa en una mochila, las cosas básicas para el aseo personal, su ropa deportiva y fue todo. Salió como si nada por la puerta principal, no miró atrás, no pensó en lo que dirían sus hermanos porque el día de hoy tendrían que regresar a Londres y a Oxford. Sherlock y John estarían ocupados con sus cosas en estos días libres que habían ganado y para cuando alguien se diera cuenta de que no estaba en la casa, tal vez ya sería capaz de dirigirles la palabra.

Pasa por el hospital, te doy las llaves y la dirección.

Se fue directo al hospital, era una caminata de 15 minutos. No estaba seguro de si era lo mejor, sin embargo por ahora, necesitaba salir en vez de encerrarse, necesitaba hacer algo diferente en vez de no hacer nada, necesitaba hablar con alguien que lo hiciera sonreír en vez de compartir las lágrimas.


Jueves 19 de mayo 2016

Londres

10:30 horas

-Se está cerrando por completo ante mí y no puedo hacer nada.

Anthea estaba preocupada, habían pasado veinte minutos hablando y se había servido ya cuatro tazas de café. Lo cual no le gustaba para nada, porque no era el único indicio de la especie de crisis que comenzaba a protagonizar Mycroft. Parecía que no había dormido nada, sus ojos estaban rojos y sus párpados hinchados, su ropa casi podría haber jurado que era la del día anterior y aunque había empezado a dejarse la barba como algo regular, se pasaba las uñas por el mentón y se rascaba con fuerza. Pensó decirle que dejara de hacerlo, pero antes de poder abrir la boca se levantó para servirse la quinta taza de café.

-Fue un impacto impresionante para él y para todos sus compañeros de equipo, dale tiempo.

Mycroft se bebió la taza de un trago, ella esperaba que ya no estuviera muy caliente el líquido por el bien de su amigo. Se sirvió otra de inmediato. Ella estaba nerviosa, la verdad es que los días previos hasta Gavin se había visto afectado, prácticamente no le había mandado mensajes y ella tuvo que marcarle en la madrugada porque lo veía conectado a un juego en línea. Su ahora novio no había podido procesar el hecho de que alguien menor que él encontrara una muerte tan horrenda.

Anthea pasó tres horas hablando con él hasta que se quedó dormido en el teléfono y ella colgó. Por eso mismo ahora tenía mucho sueño aunque ni por esa razón se levantaría por una taza de café, seguramente Mycroft no apreciaría que se bebiera el líquido que parecía mantenerlo funcionando.

-Tiempo –murmuró el hombre, la sexta taza de café fue bebida con mayor serenidad.- Tal vez esté enloqueciendo, pero intenta llamarle por favor.

Depositó frente a ella su teléfono celular, ella lo tomó sintiendo que era una extraña petición. Marcó el número de Greg, parecía que Mycroft había intentado llamarlo varias veces durante el día anterior. La llamada se cortó después de diez tonos, sin entrar a buzón.

-Ahora llámalo desde tu celular –le pidió y Anthea sacó el propio y marcó el mismo número, la llamada después de diez tonos se fue a buzón, ella colgó sin decir nada.

-Bloqueó mi número.

Ella no tenía nada que decir, era cierto, pues su llamada llegó al correo de voz y la de Mycroft no. No entendía qué pasaba con Greg, pero lo cierto es que posiblemente nadie podría entenderlo. La situación era muy particular, dos veces había logrado algo imposible y complejo y las dos veces habían cortados sus alas con una dosis de tragedia que no se podía superar con facilidad.

Pensó en Brasil, la dimensión de la tragedia había sido suprema, además de todo, ser superviviente de la misma y que su padre tuviera un infarto masivo al creerlo muerto, consiguió que el hombre se encerrara en sí mismo por un año. Esta vez era diferente, sin embargo, no por eso era más fácil de entender o superar.

Además de todo en los dos días posteriores a la muerte de George la prensa publicó una y otra vez las fotos que fueron tomadas ilegalmente en la estación de policía, hasta que se giró una orden judicial prohibiendo su difusión. Aunado a eso, las declaraciones de Greg parecieron afectarlo, el día siguiente a la muerte del chico se la pasó el día entero en la estación, lo que dijo nadie más lo sabe, no lo contó ni a Mycroft ni a sus hermanos.

Pero sus declaraciones consiguieron que se arrestara al chico estadounidense, Austin. Estaba esperando un vuelo en el aeropuerto, creyendo que podría salir del país como si nada. Por fortuna no fue así y ahora el chico, porque tiene diecisiete años, estaba en prisión preventiva esperando que se le formularan cargos.

Además, ahora todo lo que estuvo viviendo George durante los meses previos comenzó a salir a la superficie. Ella se sentó frente a la computadora a investigar un comentario que vio en Facebook. Una chica que tenía una foto de perfil con el muelle de Brighton de fondo, dijo textualmente "que alguien tan asqueroso como George merecía morir así".

Anthea la denunció de inmediato, un comentario de esa naturaleza era horrible. Pero despertó su curiosidad. George era un chico con problemas familiares, sus padres creían que tenía algún tipo de relación con Greg, cosa que no era cierto, pero, ¿de dónde sacaron esa idea? Ella solía leer cierto tipo de historias en internet, no tenía mucho tiempo para hacerlo, pero había buenas escritoras de fanfiction que ella seguía. Entró a uno de los servidores e hizo una búsqueda. Anotó Brighton FC y se desplegaron dos mil cuarenta resultados.

Un usuario, BFCshipper tenía escritos cincuenta y dos fanfics, casi todos one-shots. Sin embargo, uno de sus trabajos era seriado y se llamaba Lover in the house, el protagonista era George. Se obligó a leerlo y después de tres capítulos no pudo hacerlo más. Primero que nada esta era gente que conocía y segundo, la cantidad de imaginación invertida en la historia era tremenda. George era la persona más tranquila, serena y tímida del mundo, de no haber sido porque se presentó por su propia voluntad a las pruebas para el equipo habría pensado que era introvertido.

Leyó los comentarios sobre la historia, tenía más de mil comentarios en esa en particular. Era un récord, eso no era fácil de lograr. Algunos le llamaron la atención porque no hablaban de lo que contaba si no que decían cosas como "es cierto todo lo que escribes, lo he visto, es un falso". Y otros se iban por el lado de "es compañero de mi hermana en la escuela, tiene novio y aun así se mete con Greg, que asco".

Anthea había conseguido un buen dolor de cabeza al leer todo eso. Ahora entendía por qué George no tenía amigos. Las cosas eran diferentes para los otros chicos en las historias que el mismo usuario escribía. Se aventuró a escribir sobre Sherlock, sobre Mika y Dane, pero los comentarios eran diferentes, parecía que los lectores se habían ensañado con George y de "puto" no lo bajaban.

Quien quiera que fuera el tal BFCshipper había sido un factor para el aislamiento escolar de George y para que considerara que su única opción era continuar una relación de amistad con quien finalmente terminaría asesinándolo.

-Mycroft –respondió por fin Anthea y su amigo se sobresaltó, no esperaba escuchar su voz después de tanto tiempo en silencio.- La muerte de George ha afectado de muy mala manera a Greg. No te quiere ver, no quiere hablar contigo. Eso no significa nada, simplemente dale tiempo, dale espacio y aguanta tus deseos egoístas de estar a su lado. Si la manera de ayudarlo es dejarlo en paz, ¡hazlo!

No quiso gritar, de verdad no había sido su intención. Pero si le dijera, si le contara. George había vivido un infierno y no había confiado en Greg por completo. Ahora que con la investigación se supieran los detalles sería peor. Greg no quería a Mycroft a su lado, ella pensaba que tal vez su mente estaba jugando con él y quería alejarlo un poco para que no se viera embarrado de todo lo que estaría por pasar. No lo sabía, bien podía ser el caso. El punto es que su amigo debía saber cuándo dar un paso atrás y esperar.

-Perdón –murmuró y salió de la oficina. Le mandó un mensaje a Gavin, ¿está bien Greg? Esperó a que respondiera afirmativamente.

Mensaje enviado a todos los integrantes del chat BFC:

Alguien sabe algo de Greg –Gavin

Nada desde el funeral –Terry

No está en la casa? –Gail

No, entré a su cuarto, falta mucha de su ropa –Gavin

Está con alguien? –Gavin

Con nosotros no –Mika

Tampoco conmigo –Erick

Mi mamá lo vio en el hospital –Mitch

EN EL HOSPITAL?! –Gail

Espera, deja le pregunto bien –Mitch

Calma Gail, no te adelantes a las cosas –Ethan

No tenías un amigo en el hospital? –Gail

No hay un único hospital en Brighton –Ethan

Mi mamá dice que fue por una vacuna para mi hermano y que al pasar por la salida de Urgencias estaba Greg, hablando con un médico. –Mitch

Cuál hospital? –Gavin

El General de Brighton, el que está cerca del muelle –Mitch

A quién demonios conoce ahí? –Gail

Tranquilízate Gail –Ethan

Voy para allá, si estuvo hablando con un médico de ahí seguro alguien me dice algo –Marcus

Voy contigo –Terry

Voy a marcarle a Donovan –Ethan

Tu amigo de Urgencias? –Terry

De igual manera vamos –Marcus

Regreso a Brighton en el último tren –Gail

No, tú te quedas dónde estás y listo –Ethan

No sé dónde está mi hermano! –Gail

Pero no sirve de nada que salgas corriendo para acá, mañana entregarás tus trabajos de investigación y cumplirás con la exposición de tu equipo. Nosotros buscaremos a Greg donde tengamos que buscarlo hasta encontrarlo y te mantendremos informada –Ethan

Uno de los chicos de mi banda lo vio caminar cerca de la marina –Roman

Por qué no dijiste nada? –Astrid

No sabía, les acabo de preguntar si alguien lo había visto –Roman

Estamos cerca de la Marina, vamos a dar una vuelta, puede que tengamos suerte –Dane

Cualquier cosa manden un mensaje –Gavin


Gracias a todos!

Me da gusto que lo hayan leído y que dos personas me hayan comentado.

Perdón, no lo disfruto, fue uno de mis bebés, alguien muy hermoso a quien adoraba.

Estamos a un capítulo del final, sigamos.