N/A: N/A: Y pues, llegamos al final de la historia. Y debo agradecerles a todos ustedes por quedarse aquí hasta el final.
Y sin más preámbulo, el epílogo de "Recuerdos de la muerte"

LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA LE PERTENECEN A MASAMI KURUMADA.
UNICAMENTE LA HISTORIA ES DE MI PROPIEDAD.

.
.

-Epílogo-

10 años después:

El rubio colocó el vaso frente al otro hombre, quien sonrió en una especie de agradecimiento antes de tomar del alcohol que el dueño de la casa le ofrecía. Sin embargo, seguía sin pronunciar palabra, demasiado adentrado en sus pensamientos para romper el silencio tan tenso que se había creado.

Hyoga, por su parte, se sentó en el sillón, frente a Ikki, y tomó un trago de su vodka. Jamás había entendido completamente a ese hombre, ni siquiera ahora, que creía que podían considerarse cercanos, aunque tenía sus teorías (que siempre terminaban siendo ciertas) referentes al comportamiento de su amigo cuando se molestaba. Pero cuando Ikki se deprimía... nunca sabía decir con certeza qué había pasado para dejarlo así. Aunque cuando estaba cómodo, sentado en el asiento que había reclamado como suyo aunque no viviera allí, y con un vaso de alcohol en la mano, comenzaba a hablar. Tal vez por eso, luego de todos los años, habían terminado siendo amigos: se parecían demasiado en ese aspecto.

-Decidí que ya va siendo hora de explicarle a Nozomi lo que ha pasado.
-¿Lo de Shun?
-Exacto... Más que explicar es en sí terminarle de quitar la duda.
-¿Ya sospecha?
-¿Y cómo no, si desde que tiene memoria el burro se la ha pasado explicándole el tema de Atena y los dioses y todo eso? -tomó otro sorbo-.
-Me refiero a sospechar de su… ¿puedo llamarle estatus?- rió, esperando un cambio en el mayor, pero nada-. A lo que me refería era que si Nozomi sospecha que ella en realidad es…
-Ella no es la diosa, Hyoga. Podría sospechar que el cosmos de Espis está combinado con el de ella… Pero no estoy seguro.
-¿Y lo que te preocupa es cómo pueda reaccionar?
-Si te digo que es eso, estaría diciendo la verdad a medias- volvió a tomar otro sorbo, esta vez más largo, dejando el vaso casi vacío-. Lo que de verdad me tiene así de perdido es pensar que puede terminar como lo que pasó con Shun y Hades.
-Pero si se supone que Espis es una diosa menor y aliada de Atena…
-No, no es que me preocupe que llegue a haber una guerra santa contra mi sobrina.
-¿Entonces a qué te refieres cuando dices que no quieres que termine como Shun?
-No quiero volver a ver a alguien de mi familia poseído por un dios. El solo pensar que Nozomi termina perdiendo toda voluntad por culpa de esa porción de la deidad me da náuseas…Y el volver a afrontar el ver a alguien tan importante para mí en ese estado…
-¿No deberías ser un poco más positivo y esperar a ver qué pasa? Falta bastante para que Espis aparezca, ¿no?
-Por lo que me ha explicado Saori, ese momento no está tan lejos como me gustaría pensarlo. Si bien es la primera vez que la diosa utiliza un contenedor para mostrarse aquí, al ser una deidad de menor rango buscará una joven que tenga aproximadamente la misma edad en la que es representada, pues les es más fácil expresar así su poder.

Ikki suspiró y se recostó en el respaldo del sillón, cruzando sus brazos sobre su cabeza.

-Lo peor de todo es que estoy perdido en cómo abordar después la situación... de verdad que doy pena, ¿eh?
-Solo tienes miedo de volver a vivir lo que pasó en el Inframundo, y estás en tu derecho para hacerlo. Sin embargo, ¿no deberías ser más positivo, teniendo a la esperanza viviendo en tu propia casa?
-Me tranquilizaría si no fuera una diosa… porque los dos sabemos que aquí va a pasar solo lo que todos ellos quieran, sin importar si creemos o no en su poder sobre nosotros.
-No creo que Hades o Zeus vayan a ponerse contra la Esperanza, Ikki. Pero si sucediera…
-Volveré a ponerme en contra de cualquier dios. No puedo permitir que Nozomi termine como su papá.
-¿Aliándose con otro dios para mejorar la situación?
-No lo pienses tan a futuro… No creo que esa niña se sienta tan cercana, pero a la vez tan lejana, que se termine yendo demasiado pronto… que deje de ser humana.
-¿Cómo puedes decir que al acoplarse con el cosmos de un dios las personas dejan de ser humanas?
-Lo digo porque se entra en un estado entre divino y real, pero cuando terminas aceptando al dios, todo cambia y pierdes tu propia personalidad.
-Pero luego el dios abandona el cuerpo del contenedor.
-Pero la esencia divina permanece, y la persona no vuelve a ser la misma, y no me vas a dejar mentir que, incluso en vida, se le extraña más de lo que muchos puedan pensar.
-¿Estás diciendo Shun no era humano?
-Él mismo lo pensaba así... pero humano o no, era mi hermano. Hermano que todos esos dioses se llevaron.
-Eso no va a pasar con Nozomi, se supone que ha venido aquí para regresar la esperanza...
-Pero se volverá otra persona, dejará de ser la niña a la que vi crecer, y se convertirá en una desconocida que, al final, terminará como nuestro amigo más fiel.

Hyoga suspiró. Si bien ahora sabía qué pasaba... no lograba entender la preocupación de Ikki. La esperanza no podía ser mala. No había manera de que los miedos del mayor sucedieran...

¿O tal vez sí? El mayor no solo tenía miedo de que Nozomi terminara como Shun, actuando a merced de los dioses, como una marioneta que fue fácil deshechar. Temía que la chica dejara de ser ella, cambiara sus actitudes o parte de su personalidad por culpa de Espis.

-...Justo como Shun con Hades...
-¿Dijiste algo, Hyoga?
-¿Ah? No, no... O sea, sí, pero no es importante. Solo estaba recapacitando lo que dijiste.
-¿Y llegaste a la conclusión de que tengo razón, no?
-Sé a lo que le tienes miedo, y creo comprender por qué. Sin embargo creo que tienes que ir y decirlo, y ya está. Y si sigues necesitando el valor para enfrentarte a una niña de quince años que tiene una diosa dentro, que es hija del hermano que perdiste, de ese mismo del que te sientes culpable que muriera... Pues entonces ni yo ni mi vodka podemos ayudarte. Y tampoco lo hará que te enojes con el mundo y te largues porque ni siquiera te entiendes tú mismo, tampoco servirá que vayas a algún árbol para dejar tus puños marcados. Lo único que servirá ahora es hablar. Decir y explicar qué está pasando.
-Y a eso vine aquí, y no ha servido de mucho...
-Porque no estás hablando con la persona adecuada -el rubio se puso de pie, se acercó y posó su mano en el hombro de Ikki, lo que hizo que éste volteara en su dirección-. Debes ir y soltar lo que me dijiste con la persona que corresponde. Y eso tiene que ser ahora, así que fuera de mi casa. Y si quieres venir a ver aquí el partido de mañana, vas a tener que haber hablado con Nozomi y haberle explicado todo.
-Entonces me voy ya. Nos vemos mañana en la tarde.

Salió del lugar, con la mente un poco más despejada a comparación a su llegada al bloque de apartamentos. Ahora sabía qué debía hacer y en qué orden iba a hacerlo. Así todo estaría bien para la mañana siguiente, cuando hablara con su sobrina y le explicase la situación. Sin dramas, sin problemas para explicar las cosas, sin que ninguno de los dos se desesperase. Solo tendrían una plática, de esas que siempre tenían sobre el colegio, o sobre los amigos, o sobre el novio inexistente de Nozomi.
Definitivamente quería que fuera como una de esas pláticas, como algo de todos los días, pero con un tema que se tocaba pocas veces en esa casa.

Y para lograrlo necesitaba despejar todavía aún más su mente, por lo que se dirigía a ese lugar. Era casi gracioso como siempre terminaba llegando allí, como si una fuerza le hiciera volver allí cada vez que sentía que las cosas iban a pasar de bien a mal a terriblemente mal en un abrir y cerrar de ojos. Apagó el motor, suspiró una última vez y bajó del carro, adentrándose en el pequeño bosque que rodeaba el orfanato de la fundación. Sabía bien qué árbol buscaba, y qué ruta debía tomar para llegar hasta él, memorizada a través de los años.

-Debería dejar de hacer esto... Pegándole puñetazos a este pobre árbol, como si fuese su culpa que no sepa afrontar a una mocosa de 15 años... -pasó su mano lentamente por las marcas que se veían en la corteza, unas mucho más recientes que las otras-. Pero ahora solo vengo a hablar... Sobre la vida miserable, sobre los dioses que juegan a ser reales, sobre lo pésimo hermano que fui... Sobre cómo no quiero aferrarme a la esperanza como ciego...

Se sentó y golpeó el tronco, por los viejos tiempos, se dijo.

-¿Cómo te lo explico? Tengo una sobrina, es la esperanza...literalmente hablando... O sea, es como que la diosa está dentro de ella, pero no completamente. Bueno, el punto es que Nozomi es la esperanza.
Y no sé cómo afrontarla, creo que los recuerdos de la muerte de mi hermano siguen acosándome, haciendo que me pregunte dónde demonios está y en qué cabeza cabe dejar que su propia hija se vea envuelta en estas estupideces. Según Hyoga debería de tranquilizarme; es la esperanza, no puede ser mala; es lo que siempre dice, pero no paro de pensar que esos seres de allá arriba la controlan, haciendo incluso con el gran regalo para los humanos lo que se les da la gana. Y no solo me preocupa el fururo, qué vayan a hacer los dioses con ese par de chicas, diosa y humana, que serán fundidas en un solo cuerpo. También me preocupa cómo lo tome Nozomi... ¿Pensará que su papá la vendió a los dioses? ¿Creerá que yo tengo algo que ver? ¿Me culpará por no haber ayudado lo suficiente a mi hermano?
Creo que esto último es lo que más ansiedad me provoca, pero no podía decirle nada a Hyoga, él se siente igual respecto a eso, que no hicimos lo suficiente, que pudimos cambiar de lugar, que dejamos de buscar demasiado rápido las maneras de hacerlo volver.
Otra cosa que me preocupa es que quiera saber qué pensó, cómo se sintió, mientras pasaba por todo aquello. Es algo que no podría responderle, por mucho que lo intente o lo piense. Eso podría solucionarlo con las cartas... ¿Pero los demás querrán que ella las lea?

Ikki se recostó en el cesped, mirando hacia la copa del árbol, hablando con él como si fuese un viejo amigo, despejando su mente mientras se contestaba a sí mismo, tratando de razonar antes de actuar, soltando todo lo que nunca había podido decirle a nadie, llamándole como la única persona a la que habría dejado verlo en ese estado.

-Entonces ya sé qué hacer, Shun. Iremos a verte, después vendremos aquí, y aquí le explicaré con todo detalle lo que ocurrió en la guerra contra Hades y lo que pasó después; cuánto tiempo pasaste rn el hospital, los problemas que tuviste después de despertar... Haré que vea tu cuaderno, lo tengo guardado en mi oficina. Y una vez haya leído lo que tiene que leer, la carta que tú también le dejaste... Y si llega a necesitar que le ayude a entender algo, pues lo haré. Y creo que lo más importante es que confíe en la esperanza, ¿no?. Pues lo intentaré, te lo prometo, hermano. Pero como Zeus o Poseidón o quien sea comience a utilizar a tu hija como un arma más, si es necesario yo empiezo solo la siguiente guerra Santa.

Sonrió ante la idea y se puso de pie, volteando a ver al árbol una última vez, como buscando apoyo en su hermano. Donde sea que estés, espero que nos estés viendo... Las cosas saldrán bien, hermano.

(•••)

-¿Entonces ya lo sabías?
-Técnicamente hablando lo suponía... El tío Seiya no es precisamente discreto, y la tía Saori no sabe salvar las situaciones.
-¿Me recuerdas por qué dejé que fueras a trabajar a la casa de esos dos?
-Porque necesitaba el dinero, y cuidar a los gemelos trae provecho...

Nozomi volvió a abrir el cuaderno, pasando las páginas desgastadas por el tiempo lentamente, observando con interés cada uno de los dibujos.

-Este me gusta...
-¿La del bebé? -ella asintió-. En un principio pensé que era Shun, pero con el tiempo llegué a la conclusión que eres tú. No me mires con esa cara, simplemente creo que puedes ser tú.
-Te miro así porque quiero saber qué te hace pensar eso.
-Lo dibujó poco después de que nacieras. Y el bebé tiene esa cara que siempre ponías cuando dormías.
-Todos los bebés duermen así.
-No, mira, ese parece que está oliendo mierda- rió cuando su sobrina le dio un codazo en el costado a modo de regaño-. Me refiero a que la nariz está arrugada y tiene el entrecejo un poco fruncido.
-El dibujo es bonito.
-Nunca dije que no lo fuera.
-Ojalá hubiera hecho algún boceto de cómo era Espis. Me gustaría saber qué hay de común entre la esperanza y yo.
-La esperanza te hace temblar, murmura al oído de todas las personas lo que quieren escuchar, pero sin adularlas. Dicen una verdad positiva, le muestran a cada mortal sueños que jamás osó soñar.
-¿Y yo hago eso?
-Por el momento, no a todos los mortales... Pero en una pequeña medida, sí. Y ya que no estás dispuesta a dejar que los dioses te controlen, todo saldrá bien.

Si bien el silencio era algo que Ikki apreciaba en momentos como ese, era consciente que el tiempo estaba pasando, y la chica probablemente quisiera regresar ya.

-¿Vamos a casa?
-¿No dijiste que después de esto irías donde el tío Hyoga para hacer no sé qué cosa?
-Sí, pero puedo cancelarle.
-¿Y dejarlo plantado? –la pelirroja se puso de pie, se sacudió el polvo, y comenzó a caminar-. Además me gustaría quedarme en casa y recapacitar sobre… Ya sabes, todo.

Ikki prefería que la situación se manejara así: Nozomi tratando de entender el cosmos de Espis (pues sabía que eso era lo que haría), y él mantenerse al margen de la situación, permitirle conocer a qué se enfrentaría en un futuro no muy lejano.

-FIN-

.
.

N/A: Muchísimas gracias, una vez más, por haber leído este corto, pero tardado, vómito textual.
Espero que la historia haya sido de su agrado, que pudieran pasar un buen rato gracias a este. Espero que en mis siguientes trabajos se animen a leerlos, esta vez prometo empezarlos una vez los tenga lo suficientemente avanzados, así poder mantener un nivel de actualización constante.
Nos vemos en la siguiente historia (la cual viene siendo una especie de comedia romántica... a ver qué tal sale esa situación).
Muchas gracias por todo el apoyo! Nos vemos dentro de un tiempo!

F. Rui-chan.