CAPÍTULO 2
Snape respiró hondo, muy profundo, serían varias horas largas o quizá más si lo interrumpían. Inició:
-Pues bien, todo comenzó unos días antes del nuevo ciclo escolar, Dumbledore…
-Que en paz descanse -susurró una voz chillona, como molestaba a Severus sentirse interrumpido, pero continuó
-El director fue a buscarme a las mazmorras para presentarme a una nueva profesora, yo imaginaba que se trataba de quien se encargaría de impartir Defensa Contra las Artes Oscuras, pero resultó que mi teoría era equivocada.
-Profesor Snape- dijo Dumbledore, como si creyera que hacía lo correcto- le presento a la señorita: Charlotte d'Lioncourt.
Snape y Charlotte se dieron la mano, fue un saludo normal, como quien acaba de conocerse, no fue nada más que eso. A él le pareció que era muy joven para el puesto de Defensa (el que él tanto anhelaba), pero no sintió celos, envidia o ganas de asesinar a la mujer que le había arrebatado de nuevo el puesto.
No pudo evitar la sensación de creer que la chica era bastante atractiva, una tentación para cualquier hombre de edad madura como la suya o una ilusión inalcanzable para cualquier alumno adolescente.
Dumbledore se retiró, dejándolos en la sala de profesores. Ella rompió el silencio
-Albus me ha hablado mucho de usted.
Snape arqueó la ceja y en forma sarcástica contestó -¡ah, si!, espero que no le haya dejado una mala impresión.
-Nada de eso, bueno espero que no me haya engañado para aceptar el empleo.
-Bueno,- el profesor forzó una mueca que pretendía ser una sonrisa- no me extrañaría que lo hiciera, el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras, siempre ha sido riesgoso…
La chica lo interrumpió-¿Defensa?, no, no -emitió una dulce risita que lo fascinó, hasta que escuchó las siguientes palabras.
-Lo siento, creo que no estaba enterado, yo soy la nueva adjunta de Pociones.
-¿Pociones?- la situación le pareció caótica, nunca había existido un profesor adjunto y si lo hubiera, no sería en Pociones. Snape iba a decirle a Charlotte que él no necesitaba ayudante, que mejor consiguiera otro trabajo, pero cuando despegó los labios, se abrió la puerta eran McGonagall y Sprout que iban con entusiasmo a conocer a la chica.
Severus dijo: -Con permiso- y salió muy enojado rumbo al despacho de Dumbledore.
Entró a la oficina sin tocar
-¡¿Por qué no estaba informado?
Dumbledore lo miró con cara amable, sonriendo, como si ya tuviera idea de la reacción del profesor -¡Ah, Severus!, veo que ya lo sabes, ¿Qué te parece?
-¡¿Qué, qué me parece? Me parece que ignora que yo no necesito ayudante.
-Vamos, Severus -dijo el anciano tratando de apaciguar y al mismo tiempo persuadir al profesor- ella necesita el empleo, quiere aprender y mejorar sus pociones y que mejor que tú para enseñarle.
-Lo pensaré, pero si ella no es la profesora de Defensa, ¿Quién ocupará ese puesto?
-¿No lo adivinas, Severus?- expresó el anciano en tono burlón
-Odio las adivinanzas, si no soy yo, no tengo idea
-Yo daré esa clase, creo que aún puedo serle útil al colegio.
Snape no asimilaba lo que acababa de oír ¡Dumbledore dando clase! El viejo se había vuelto loco o algo así, no podía ser cierto, pero lo era.
-¿No cree que es muy peligroso a su edad? Lo digo con respeto, claro.
-No- explicó el director con firmeza, mientras acariciaba su larga y blanca barba -ya tomé una decisión, confía en mí, como yo en ti.
-Creo que no tengo otra opción
-Gracias, Severus.
