CAPÍTULO 5

Charlotte salió del aula y se dirigió al despacho de Snape, unos metros antes de la puerta, se percató de que el hombre iba rumbo a las escaleras, así que corriendo lo alcanzó, lo tomó por el hombro y le dijo con respiración agitada:

-Profesor, necesitamos hablar

Snape volteo un poco consternado, por ver a la chica y por el contacto físico que había experimentado, ya que no estaba acostumbrado a ese tipo de sensación, tratando de disimular se apresuro a contestar:

-¿No se supone que debería estar dando clases, señorita d'Lioncourt?

-Y las estoy dando, pero a la clase se unieron otros alumnos, que están interesados en la regularización y quisiera saber si hay inconveniente en que se queden

Snape meditó, en su mente visualizaba a Charlotte, desesperada por la presión de las clases, los desastres que causarían los alumnos, así que le pareció que sería un buen experimento que la chica asumiera tal responsabilidad y riendo le dijo: -Perfecto, si se considera capaz de hacerlo, hágalo-. Y se fue con una sonrisa en el rostro.

La profesora regresó al salón brindando la buena noticia a todos, que se esforzaban por no defraudar a Charlotte, cuando se acercaba a alguna mesa los alumnos eran amables, sonrientes y ella a pesar de saber lo desastrosa que eran las pociones de algunos equipos les daba ánimo para mejorarla, nunca se oían insultos, regaños o castigos. Así continuaron las siguientes clases, los alumnos la apreciaban, principalmente Hermione con la que a veces entablaba agradables conversaciones sobre el mundo muggle y sus problemas, otras asignaturas, teorías mágicas, etcétera.

Cuando las clases eran con Snape el ambiente era más tenso, aburrido para muchos, porque solían comparar las clases del profesor con las de Charlotte. Al notar éste comportamiento, la profesora pidió tolerancia a los alumnos y un mejor desempeño en la clase de Snape, ya que les recordó que las horas de regularización no serían útiles sino las aplicaban en las del profesor y como ningún estudiante deseaba hacer quedar mal a su maestra favorita se empeñaron en su petición, con resultados que sorprendieron al mismo Snape, los accidentes se habían reducido, la participación era superior, el nivel de las pociones se incremento notablemente e incluso Neville dejó de provocar catástrofes.

Snape mostraba mejor humor de lo habitual. De vez en cuando esbozaba una sonrisa que pretendía ser cálida, pero para los alumnos acostumbrados a la frialdad de Snape, ese gesto les provocaba miedo.

Una noche concluyendo la clase de regularización, Charlotte revisaba algunos cuestionarios que recién había aplicado a sus alumnos, cuando entró Severus y se dirigió al escritorio, en el cual se encontraba la joven.

-Buenas noches, señorita d'Lioncourt- dijo amablemente

Charlotte contestó con un tono similar, aunque extrañada por la visita del profesor, -Buenas noches, ¿a qué debo el honor?

-Seré breve, quiero ofrecerle mis disculpas, ya que consideré que no daría el ancho con el alumnado y realmente ha hecho un milagro, incluso con aquellos que aprenden lento- (obviamente se refería a Neville)

Charlotte un poco sonrojada, soltó lo primero que se le vino a la mente

-Me halagan sus palabras…señor, el mérito es de los chicos, sólo hay que ser pacientes-

- No se reste crédito, imagino que si yo fuera un poco atractivo, captaría más la atención de los alumnos.

La chica se quedó ensimismada ¿escuchaba bien? No dijo nada y Snape percatándose del efecto que producían sus palabras concluyó:

-Bueno, en verdad es muy atractiva y además excelente profesora-

La temperatura comenzó a invadir el cuerpo de Snape, pero salió del aula antes de que un color rojizo llegara a su rostro. A paso veloz se dirigió a su alcoba, se encerró y se auto insultó sin compasión -¿Qué te sucede Severus, eres idiota o qué?, ¿Cómo se te ocurre decir semejante estupidez "usted es muy atractiva"?, estúpido, estúpido ¿después vas a regalarle poesía o chocolates?- Así paso el resto de la noche torturándose.-Date cuenta de que no tienes oportunidad con ella-le repetía una voz en su interior.

En cambio Charlotte un poco sorprendida, recuperó la compostura y continúo calificando, indiferente a lo que había dicho Snape, ya estaba acostumbrada.

Snape no se presentó toda la semana a clases, pero le dejo instrucciones escritas a Charlotte. Los alumnos no extrañaron en lo absoluto al profesor, pero a Charlotte se le hizo rara la ausencia, era la primera vez que daba clases sin su presencia y no sintió la misma seguridad, las clases salieron bien, aunque para ella fueron insípidas.

Cuando Snape regresó trató por todas las formas posibles de evitar a Charlotte, pero era inevitable, la veía en el Gran Comedor, en las clases, en las reuniones de profesores, en su vida no había experimentado esa sensación, aunque lo intentaba no podía disimular su fascinación por la chica. Le daba asco sentirse como un estúpido adolescente con mariposas en el estómago.