CAPÍTULO 9
Los alumnos notaron el cambio de la profesora, cada día se volvía más estricta, como la versión femenina de Snape, comenzaba a desagradarles, a excepción de Hermione que a pesar de que a la maestra ya no le parecían tan buenas sus pociones.
-Yo creo que Snape la hechizo y por eso cambio de actitud- dijo Harry Potter a sus amigos
-No lo sé, pero es lógico- dijo Ron, recordando que esa tarde cumpliría su castigo –eso explica su comportamiento de loca- concluyó.
-¡Ron!, no digas eso- dijo en tono de consternación Hermione –quizá sólo esté pasando un mal momento o algo así, es más voy a hablar con ella para preguntarle-
-Pero por favor hazla reaccionar, no le favorece ese comportamiento-
-No, pero a ti Ron, quizá si te favorezca el castigo- se burló Harry.
Hermione se encaminó al despacho de la profesora, pero no la halló, en la sala de profesores tampoco, en el salón de clases no había ni un alma, en los pasillos encontró a Hagrid.
-Hola Hermione ¿buscas algo?-
-Ah, hola Hagrid ¿has visto a la profesora d'Lioncourt?-
-Si, iba con el profesor Snape, creo que al despacho de él, aunque parecían algo extraños. Me tengo que ir, pero ten esto- el semigigante le dio a la chica un pesado paquete con un nudo mal hecho –es para Harry, son libros que encargó, pero la lechuza no podía cargarlos-
-Gracias Hagrid, nos vemos luego-
La chica se dirigió al despacho de Snape, pero no toco la puerta, se detuvo al escuchar las voces de sus profesores en tono romántico.
-Por favor, tienes que ir a Hogsmeade- dijo la voz femenina que escapaba por la puerta entreabierta.
-No es conveniente dulzura, tengo otros asuntos
¿Dulzura? Hermione sintió un leve mareo al escuchar esa palabra de la boca de Snape, pero continuó escuchando.
-Mmmm y si te convenzo- Charlotte se había sentado en el escritorio lleno de pergaminos y hablaba con una voz provocativa.
-¿Y cómo lo vas a hacer?- dijo el hombre burlándose de las tácticas de Lotte -Soy muy difícil-
-¿De verdad?- extendió sus manos, inmediatamente fueron tomadas por él, se miraron a los ojos, Snape agachó la cabeza y al quedar a la altura de los labios de Charlotte la besó.
Hermione contemplaba la escena que le causaba confusión, y para su mala suerte los libros que Hagrid le dio cayeron de sus manos, causando tal ruido que obligó a los profesores a romper su inspiración. Asustado Snape corrió hacia la puerta, pero Hermione tenía la delantera dirigiéndose a las escaleras.
-¡Granger! ¡Ven aquí!- recogió los libros y volvió al despacho, encerrándose y enfadado continuo, sin medir sus palabras -¡Ahora esa maldita sangre sucia lo sabe!-
-Severus, no la llames así, por favor-
-Cómo quieres que la llame, en esté momento se lo ha de estar contando a Weasley y Potter, las personas que MÁS me agradan-
-Tranquilo- Charlotte abrazó a Snape, que evidentemente se encontraba alterado, al borde de cometer una locura –Déjame hablar con ella, yo lo soluciono, confía en mí-
Él acarició la mejilla de su compañera, le dio los libros de Harry y la dejó ir.
Después de un recorrido de quince minutos, Charlotte encontró a Hermione concentrada en un libro de la biblioteca
-Hermione, necesitamos hablar-
-¡ah! Profesora, me espantó, ¿puede ser más tarde?, estoy algo ocupada-
-No Hermione, debe ser ahora, quiero aclarar lo que viste o escuchaste en el despacho del profesor Snape-
-Eso no es algo que me corresponda, ustedes son adultos, aunque he de decir que me sorprende que alguien como usted se relacione con un hombre como Snape, ahora comprendo el por qué cuestionó el otro día a medio colegio con preguntas sobre Snape-
-Si, creo que a muchos les sorprendería si lo supieran, pero te quiero pedir que no le digas a nadie, está relación debe ser discreta, ¿lo saben Potter y Weasley?-
-No, si desea no les contaré-
-Gracias, eso es lo que deseo y créeme Hermi, Seve…el profesor Snape es más valioso que un físico bello. Me tengo que ir…ten los libros de Potter, los dejaste en tu huida-
-Profesora, hay algo que quisiera pedirle-
-Dime, con gusto lo haré si está dentro de mis posibilidades-
-Podría volver a ser como antes, más amable, accesible y no tan malhumorada-
-Por supuesto, pero a Weasley no le quitaré el castigo, aunque puedo omitir lo del cepillo de dientes-
CAPÍTULO 10
Todo volvió a la normalidad en la clase de Pociones, Charlotte era la de antes, los ánimos aumentaban al ver cerca la excursión a Hogsmeade.
Sin embargo la mañana del paseo estaba nublada, los rayos del Sol luchaban por aparecer, daba la impresión de que ganarían, los alumnos se formaron en filas contentos, a pesar del clima.
La profesora McGonagall, Sprout y Hagrid estaban en la parte delantera guiando a los entusiastas estudiantes. Charlotte daba unas instrucciones al viejo conserje, antes de seguir al grupo, cuando Filch se alejó, por la espalda la sorprendió otra figura que le tomó por la cintura y le susurró al oído:
- Señorita d'Lioncourt ¿a dónde va tan sola?-
-Severus, alguien podría vernos- la chica retiró con sus manos las de Snape que la abrazaban –ya sabes que voy a Hogsmeade, se me hace tarde-
-Y creíste que te iba a dejar ir sola-
-Bueno, creo que si, ya veo que me equivocaba, entonces vámonos-
-¿Lotte?, ya sabes que me encantan tus vestidos y el de hoy es en extremo sensual, pero ¿ya viste el clima? ¿No piensas llevar capa o algo que te cubra más?- el vestido de la chica era largo, color vino, con manga amplia a tres cuartos, escote en v, zapatillas altas descubiertas y joyas a juego.
-No cielo, ya verás que el clima se compondrá-
Y marcharon rumbo a Hogsmeade con los brazos entrelazados, ya que nadie los veía, era de las pocas oportunidades para demostrarse amor, sin tener que ser cuidadosos.
Al llegar se separaron, pero acordaron verse en Las Tres Escobas a las cinco de la tarde.
Cada uno tomó un rumbo distinto, Charlotte fue de compras, por libros, por ingredientes para pociones. Cuando entró a la dulcería se encontró con varios chicos del colegio que le recomendaron y regalaron distintos dulces, ella les agradeció, después salió e ingreso a una tienda de antigüedades, de ella emergió con varias bolsas, en otro puesto compró regalos para Severus, miró su reloj de amatistas y se dio cuenta de que ya eran las cinco.
Llegó a Las Tres Escobas con quince minutos de retardo, el lugar estaba abarrotado por alumnos muertos de frío que bebían humeantes cervezas de mantequilla y deliciosas galletas con simpáticas formas y colores.
La chica pudo distinguir a Harry y Ron, se acercó a ellos y les preguntó:
-Hola chicos, ¿han visto al profesor Snape?-
Pero ambos chicos le contestaron al unísono con otra pregunta: -¿Snape ha venido?-
-Si, ¿por qué se les hace raro que venga?-
Ron tomó la palabra –Porque casi no sale y si lo hiciera dudo mucho que se metiera en un lugar tan concurrido como éste-
-¿Profesora?- interrumpió Harry - ¿quiere tomar una cerveza de mantequilla o un vaso de hidromiel?-
Charlotte no encontraba a Snape, comenzaba a tener hambre y frío, además la cara de ilusión de Harry y Ron no le permitió hacerles una descortesía.
- Está bien- en una silla acomodaron los paquetes de la profesora, pidieron a la atractiva señora Rosmerta más bebida y galletas. Los tres comenzaron a charlar y reír.
Los chicos se sentían como galanes al estar con Charlotte, tomando y riendo, sin duda eran la envidia de todos los que los veían e incluso Draco Malfoy mostraba celos.
Pasaban de las seis y Charlotte se había olvidado de Snape, hasta que la profesora McGonagall pasó por las mesas para recordarles que por el mal tiempo (había comenzado una helada ventisca combinada con neblina) tendrían que retirarse antes de lo previsto, a pesar de las protestas de los alumnos.
Harry pidió la cuenta y pagó varios galeones. Mientras que algún descuidado abrió la puerta y un aire helado entró al lugar, Charlotte tiritaba de frío y al percatarse, Ron le ofreció su nueva capa.
-Weasley, no es necesario-
-Claro que si, hace mucho frío, no quiero que se resfríe- la insistencia fue tanta que Charlotte aceptó a regañadientes, Ron le colocó la capa a la chica. A punto de marcharse una gélida e inconfundible voz los tomó por sorpresa.
