CAPÍTULO 13

En el colegio todo era calma, no se habían percatado de sus ausencias, Charlotte se dirigió a su habitación, tomó una ducha, se arregló y fue al Gran Comedor, le sorprendió que Snape ya estuviera allí, impecable. Se acomodó en su silla y fingió indiferencia con él, como habitualmente hacía, incluso se burlo de él en presencia de los profesores y algunos alumnos.

-¿Cómo es que a un profesor como usted le permiten dar clases en éste lugar?- dijo Charlotte sin medir sus palabras. Snape no comprendía la actitud de su novia, aunque bien, él tenía un sarcasmo que podía sacarlo de esa situación y de paso lastimarla inteligentemente, pero se limitó a no ocuparlo y a pronunciar estúpidamente un: -¿Qué?-

-Sí, me refiero a que es impresionante que un hombre tan antipático, poco social, cero atractivo de clases, deberían pensar más en los alumnos y despedir a quién no les agrada, creo que usted encabezaría la lista, aparte los chicos deben estar hartos de su sistema represivo autoritario-

-Mire profesora- interrumpió McGonagall –si el profesor Snape está aquí es porque es excelente en Pociones, y los alumnos necesitan disciplina-

-Creo que diferimos en nuestras opiniones Minerva, a mí me parece que si el profesor Snape, está aquí, es porque Dumbledore se apiado de él o porque el personal estaba escaso y no tenía opción-

Severus seguía sin hablar, digiriendo y acomodando las frases que escuchaba, la palidez se le notaba, los alumnos estaban pendientes de la escena y cuando se disponía a defenderse Charlotte se levantó de su asiento y dijo a todos:

-Con permiso, no quiero que se arruine el resto del almuerzo- les dio la espalda y salió como si nada.

El resto del día Charlotte no supo nada de Snape, no sabía si él había captado sus intenciones, no le apetecía cenar con los demás, así que pidió a algunos elfos que le llevaran la comida a su habitación, al entrar soltó un grito y temblando del susto susurro:

-Severus ¿Qué haces aquí?-

-Vaya, veo que esos elfos domésticos, te tienen muy consentida, tu cena se ve deliciosa ¿o es qué tratabas de evitarme después de que me humillaste?-

-No es lo que tú crees, cielo-

-¡No me llames así!... no soy estúpido, tan sólo querías acostarte y ya-

-Qué no entiendes, lo hice para disimular, creí que entenderías el mensaje, ante los demás no podemos mostrar simpatía, tú me lo has dicho. Perdóname-

Snape sin quedar complacido con la explicación se limitó a cruzar los brazos, observando los ojos castaños de Charlotte en busca de una mentira, pero no encontró nada y volvió a insistir:

-Me humillaste-

-Es verdad lo siento, qué puedo hacer para enmendar mi error-

-Nada estoy muy enojado-

-¿Anda, dime?- se acerco a Snape como solía hacer: de manera peligrosa, él intuía lo que la chica se proponía, se volteó, Charlotte le jugó una broma. –Entonces me voy- salió y cerró la puerta. Snape salió tras ella, pero fue empujado de nuevo al dormitorio. Ella lo agarró por la túnica y teniéndolo de frente le susurro: -¿Creíste que me iba a ir?, soy más inteligente, ¿qué piensas hacer al respecto?-

-Sentirme más humillado y enojado- arqueó una ceja -¿Y tú?-

-Esto- lo besó en la comisura de los labios –Ahora, como mi cena se enfría me sentaré a probarla, ¿Ya cenaste?- Snape asintió – Bueno, puedes beber un poco de licor, quiero que te quedes a dormir aquí-

La chica cenó acompañada del profesor que bebía de una reluciente copa de cristal, al final entre los dos habían vaciado la jarra. Con un chasquido desaparecieron los recipientes junto con las sobras de la comida, Snape se iba a su habitación, cuando Charlotte le dijo imperante:

-Te dije que quiero que duermas aquí, dame cinco minutos- se dirigió a su baño personal, antes de entrar volteó a ver a Severus –si te vas, voy a ir a buscarte-. En el baño se refrescó el rostro, se perfumó, cambió su túnica negra por un camisón del mismo color, que se veía bien en su bronceada piel y definía perfectamente su silueta, soltó su cabello dejándolo caer como si fuera una cascada. Salió espléndida y Snape no estaba.

-¿Severus…estas escondido?, ¡si no sales en esté momento terminamos!- no hubo respuesta, en su mente rondaban varios pensamientos y comenzó a hablar consigo misma -¡Bien, excelente Severus, te digo que esperes y te largas! Estaba furiosa, a punto de aventar los libros de la mesita de noche, cuando un resplandor verde irrumpió en la chimenea, la persona que salió dijo animosamente:

-¡Te engañé!, pero apenas hubo terminado la frase cuando un libro grueso, forrado en piel de dragón golpeó su cabeza.

-¡Oh, por Merlín! ¿Estás bien, Severus? –

-¿Por qué hiciste eso?- gimió y se sobó la frente- ¿sientes placer al golpearme? Porque no es la primera vez que lo haces-

-No debiste irte, te lo advertí- Mientras Charlotte curaba la herida a Severus éste le respondió:

-Dijiste que irías por mí, no que tomarías venganza- dijo aún con dolor

-Ya está, ahora a la cama- Charlotte le dio un beso en la frente

-No me has dejado decirte lo hermosa que te vez de negro, lástima que voy a tener que quitarte ese camisón- acto seguido la tomó en brazos, la puso con delicadez en la cama, él se colocó encima de ella, la acarició, la besó. Una noche de éxtasis infinito.

CAPÍTULO 14

Pasaron tres semanas sin que discutieran, enamorados, con algunos encuentros en la habitación de ella o en el baño de maestros, no importaba el lugar, si se gozaba de la privacidad.

Todo iba viento en popa, hasta que el Director hizo un anuncio.

-En dos semanas, antes de las vacaciones de navidad, se festejará un gran baile, por el buen desempeño que han mostrado en todas sus asignaturas y la paciencia que me han mostrado en la clase de Defensa-

Charlotte estaba muy entusiasmada, le encantaba bailar, ya planeaba su peinado, su vestido, pero le preocupaba que a una semana de la fiesta Snape no había mencionado nada, por lo que un día recostada en su cálido regazo se atrevió a preguntarle:

-¿Ya estás listo para el baile, cielo?-

El hombre que intentaba conciliar el sueño después de la acción, le respondió:

-¿El baile de navidad?

-Si o ¿acaso hay otro al que te hayan invitado, del cual no esté enterada?-

Snape jugueteó con ironía –Si, claro, estoy invitado al baile del ministro, al de los Malfoy y algunos otros, pero como soy tan importante me di el lujo de rechazarlos-

-Y para mí, ¿si estarás disponible?-

-Te refieres al baile, ¿ir juntos?-

-Sí- dijo con firmeza la chica

-Eso es imposible y lo sabes, no pueden conocer lo nuestro, además esos bailes son ridículos, inútiles, ¿estás de acuerdo?-

Snape no tenía idea de la ilusión que hacía a Charlotte ir al baile, ella no se atrevió a decirle, simplemente reprimió algunas lágrimas y le dijo: -Si, tienes razón son ridículos-.

Durante esa semana Charlotte no se dejo ver por Severus a pesar de las insistentes notas de éste, ella estaba muy dolida, se la pasaba llorando en la sala de Los Menesteres. Hermione la escuchó en cierta ocasión, pudo acceder a la sala, la profesora le contó lo sucedido, la estudiante lamentó no poder ayudarla, pero le mencionó a Harry el estado en que se encontraba Charlotte y Harry a su vez se lo dijo a Dumbledore, que una vez más la mandó llamar a su despacho.

Charlotte entró a la oficina que dejaba ver cientos de objetos mágicos con movimiento, pinturas con hombrecillos ancianos de blancas y largas barbas y algunas brujas que charlaban gentilmente.

-Pasa, querida, me han dicho que has estado triste, ¿quieres contarme?-

-Creo que es difícil guardar un secreto- exclamó cabizbaja, pálida con los ojos levemente hinchados –Pero no quiero contarlo-

-¿Es sobre Severus?-

La chica al escuchar el nombre del causante de sus penas, empezó a llorar en silencio y entre sollozos le contó lo sucedido. El anciano sereno le cuestionó:

-¿Y qué piensas hacer?, ¿No crees qué deberías decirle?-

-No pienso decirle, sería rogarle y yo no ruego a nadie-

-Está bien- la tranquilizó -¿pero al menos vas a ir?-

-No lo sé, pero Severus no debería ser tan egoísta, sólo piensa en él-

Charlotte tenía un pañuelo en las manos que se paseaba de repente por sus ojos, en ese momento entró al despacho Snape, que se quedó en silencio mirando a la chica que lloraba, pasado su ensimismamiento le tomó del hombro y le preguntó:

-¿Qué te sucede?-pero Charlotte bruscamente apartó la mano de Severus

-No quiero hablar contigo- sin más salió del despacho

Snape no podía creer el comportamiento de la chica y soltó al aire -¿Qué le hice?-

Dumbledore contestó –siéntate- Snape obedeció –deberías saber lo qué le hiciste, eres experto en Legeremancia ¿no?-

-Si, pero no voy a hurgar en la mente de mi novia-

-Bueno, en ese caso, entonces, creo que ignoras que Charlotte desea o deseaba ir al baile contigo-

-Pero lo platicamos y coincidió en que era algo ridículo-

-Lo hizo para complacerte, está muy mal-

-Es sólo un baile, ¿Por qué son las mujeres así?, son sólo estudiantes-

-Oh, en eso te equivocas Severus, vendrá mucha gente importante, entre ellos el ministro de magia, él conoce a mucha gente famosa, seguramente invitará a unos cuantos, el hospital San Mungo le autorizó a Gilderoy Lockhart salir para esa noche…-

Snape interrumpió alterado -¡eso no es posible, es un imbécil, ni siquiera ha recuperado la memoria!-

Dumbledore dijo con paciencia –Puede que tengas razón, pero dudo que haya olvidado el cómo conquistar a una mujer bella y Charlotte es eso, pero no te pongas así- Snape estaba rabioso, tanto que Dumbledore dudó de seguir con la lista de invitados, pero continuó:

-Yo no me preocuparía tanto por Gilderoy, sino por Nial Mayfair, está interesado en Charlotte y ella es el motivo de su visita al baile-

-¿Y quién lo invitó?-

-Yo, después de mostrarle una fotografía, quiere conocerla-

-¿Y cómo es qué usted tiene una foto de Charlotte?-

-Eso no te lo voy a decir, pero tú tienes que contestarme ¿vas a dejar que te la quite?- el anciano al parecer tenía un plan

-No quiero, pero no sé qué hacer, no quiero que sepa… -

-Severus, no es un crimen el no saber bailar, si es qué ese es el motivo, por el cuál no deseas ir a la fiesta- hubo un silencio –Si quieres yo te puedo enseñar a bailar o le puedo pedir a la profesora McGonagall que lo haga-

Snape se negó con la cabeza, para él más que favor era una humillación, no sabía qué hacer, no quería perderla, pero tampoco le gustaba la idea de tomar clases particulares, por su dignidad.