FINAL ALTERNATIVO DE BATTLE ROYALE. PARTE 2/2

Por: Airam Viña Gómez (Toki_Kiriyama o Airamcena)

Kiriyama se situó al lado del turismo en el que huían sus oponentes. Noriko seguía sangrando por la pierna herida y lloraba desconsoladamente mientras Sugimura y Shuuya trataban de curarla. Esta vez no era un roce, la bala había atravesado el gemelo de lado a lado, abrasando la piel. Kawada no podía disparar a la misma vez que conducía con un arma potente por lo que fue a recurrir a una de las pistolas.

¡Ametralla esto, payaso!

A punto de que el dedo índice golpease el gatillo, Kiriyama presionó el freno con fuerzas y se situó a la cola del coche, sin embargo, no contaba con que Shuuya aún cargaba una pistola, con la que amenazó de disparar.

Se presentaba difícil disparar mientras estuviese bajo fuego así que ideó otro plan, arriesgado pero que posiblemente funcionase. Aceleró hasta adelantar el coche, sin que las balas enemigas le llegasen siquiera a rozar.

¿Que está haciendo?- Dijo Sugimura

No lo se, pero no puede ser bueno ¡ Toma la Uzi y abre fuego contra ese capullo!

A Kawada le crispaba los nervios no saber los movimientos de Kiriyama, el miedo a lo desconocido era lo poco que lograba hacerle sentir inseguro.

Kiriyama dejó la moto en medio del camino y saltó a la zona baja del camino. Guardó la Ingram MAC 10 en la mochila y sacó la Automag del calibre .44 de esta, preparada para disparar. No era de fuego rápida como la Ingram pero dos balas de este arma eran capaces de destrozar el radiador de un camión, solo por la potencia que tenía.

Ya estaban a tiro del arma. Kiriyama no tardó apenas en presionar el gatillo tres veces. Una bala para la rueda izquierda, otra para la derecha y la tercera iría al motor. Su plan era hacer volcar el coche y para desgracia del grupo de amigos, esto sucedió. El coche dio un giro de 180 grados y salió despegado del suelo, dando cuatro vueltas de campana por la ladera mientras sus ocupantes gritaban. El golpe había sido tremendo, tanto que uno de ellos no logró sobrevivir a este impacto. No fue suficiente para Kiriyama y con los materiales que había guardado en su mochila hizo otro cóctel molotov que arrojó sobre el coche.

Noriko...¡Noriko!...¡NORIKO!- Gritaba Shuuya llorando desconsoladamente mientras se arrastraba afuera del coche, con una brecha en la cabeza.

A su alrededor estaba Kawada con un brazo roto y severos cortes, Sugimura revolcándose por el suelo para apagar las llamas que ahora le habían alcanzado de pleno y Kotohiki estaba tirada en el suelo, herida y llorando, sin creer lo que sucedía.

El cuello de la chica que Nanahara había jurado proteger a su fallecido mejor amigo yacía en el suelo, con el cuello roto y los ojos totalmente en blanco. Un corte por los cristales y el metal doblado recorría su cara de lado a lado, haciendo brotar sangre y sus manos machacadas dejaron el cuerpo convertido en algo casi irreconocible.

Nanahara hundió la cabeza en el pecho de su amiga muerta mientras seguía llorando.

Juré protegerte...¡Se lo juré a Yoshitoki!...Y he fallado...Le he fallado a mi mejor amigo.

¡Nanahara, no hay tiempo para llorar, vámonos de aquí!- Kawada tenía el brazo izquierdo muerto y el derecho ocupado en sostener una pistola.

No quiero Kawada...¿Como voy a luchar por lo que es justo si ni siquiera he podido cumplir mi palabra? ¡¿Cual es el sentido de todo esto?! He fallado a mi mejor amigo...he fallado a Noriko...os he fallado a todos...

Una ráfaga de balas vino de la parte de atrás entre las llamas. Kiriyama no esperaría a que nadie huyera y tampoco tenía intenciones de hacer prisioneros. Los cazaba como un tigre persiguiendo a un antílope. Solo que esta vez el antílope no podía correr y el cazador iba sobre ruedas.

Kotohiki se levantó del suelo y miró a Sugimura, que sostenía la Uzi recién sacada del coche, tras el vio a Kiriyama subido en la moto y disparando a los miembros del grupo. Ya no podía más, era demasiada presión para ella. Tomó el cañón de la Uzi de Hiroki y se lo pegó al corazón. Besó a su amor y entonces decidió terminar con todo. Apretó el gatillo del arma y la ráfaga de seis balas que salió del arma la atravesó como si fuera de mantequilla. Sugimura no podía creerlo, todo estaba pasando demasiado rápido, veía como morían sus amigos, como la chica que amaba se había disparado en el corazón porque no resistía más. Sentía ganas de hacer lo mismo pero también sintió por primera vez el impulso de hacer daño a alguien. Quería matar a Kiriyama con sus propias manos.

Dejó caer la Uzi al suelo y miró a su oponente, rabioso y con ganas de destrozarlo. Kiriyama estaba cambiando el cargador de su arma cuando Sugimura le gritó.

¡KIRIYAMA!- Dijo rabioso - ¡Resolvamos esto mano a mano, como dos guerreros de verdad! ¡Si no recuerdo mal la última vez te hice salir mal parado!

Era cierto, Kiriyama se llevó la mano al abdomen y se tocó el estómago. Horas antes Sugimura lo había tumbado para salvar a Nanahara en una pelea de artes marciales. Podía cobrar venganza o simplemente dispararle pero prefirió resolver las cosas mano a mano.

Kawada y Nanahara no podían hacer nada así que tomaron cobertura tras el coche en llamas. Era una pelea mano a mano entre ambos. Uno era experto en Kung Fu y luchaba por lo que consideraba el bien, otro era un psicópata insensible. Solo podía salir uno en pie de esa batalla.

Sugimura corrió hacia el y a pocos metros saltó para darle una patada voladora, contra lo que Kiriyama se defendió lanzándole su abrigo. Con la visión de Sugimura impedida aprovechó para golpearle con una potente patada a los riñones y un barrido con el que lo derribó y lo tumbó. Se quitó de encima esa chaqueta y lanzó un pesado gancho a la cara sin expresión de Kiriyama, que lo eludió y respondió con un rodillazo al mentón de su rival. No contento con esto lo lanzó por los aires con un slam de lucha libre y lo pateo varias veces en el suelo.

¡Sugimura está recibiendo una auténtica paliza, tenemos que salir de aquí!- Dijo Kawada a Shuuya.

¿Y dejar a otro amigo morir? ¡Ni de coña, Kawada! Vete tu si quieres pero este bastardo no sale de aquí con otro amigo mío muerto a sus espaldas.

Nanahara amartilló la pistola que había recuperado del cadáver de su amigo, Shinji Mimura, y se dispuso a disparar por la espalda a Kiriyama. Era sucio pero justo, el los había atacado por la espalda así que el haría lo mismo. Mientras Shuuya se aproximaba por la espalda Sugimura recibía una auténtica paliza. Kiriyama ya le había roto dos dientes de los pesados golpes, que iban encadenados uno tras otro junto a llaves demoledoras y cabezazos quebrantahuesos. Con otro nuevo golpe, esta vez dirigido a su mentón, lo noqueó y lo dejó tumbado frente a su moto. Para asegurarse de que no corría a ningún lado pisoteó sus rótulas hasta el punto de la ruptura y entonces se autodeclaró vencedor. Tocaba rematar la faena por lo que se dirigía a por su MAC 10 cuando escuchó algo.

CLICK

Miró extrañado a su alrededor y vio a un incluso más extrañado Nanahara apuntándole con una Beretta 92FS.

CLICK CLICK

De un golpe lo desarmó y quitó el seguro a la pistola, posteriormente disparó seguida y rápidamente a Nanahara en el pecho y a Kawada en la cintura.

Las armas con sistema de seguridad no se pueden disparar si tienen este colocado. - Dijo mirando a sus víctimas. También es conveniente revisar el cargador antes de usarlas.

Sugimura estaba ya consciente de nuevo. Sentía un dolor horrible en las rodillas y vio lo que Kiriyama le había hecho, pero también lo vio de espaldas. A unos metros de el estaba la Ingram MAC 10, sin seguro y cargada. Si se arrastraba sin ser visto podría matarlo por la espalda, sin embargo, Kiriyama no era tonto y se volteó tras disparar a sus oponentes anteriores miró a Hiroki. De un salto se subió a la moto y tras arrancarla pasó por encima del karateka. No lo hizo rápido, quería escuchar el crujido de los huesos al llegar al punto de ruptura, quería sentir los órganos sucumbiendo ante la presión de los neumáticos y escuchar como estallaban, quería ver los ojos de su enemigo salirse de sus cuencas entre gritos de dolor infernal.

La agonía duró un minuto para Sugimura, al cual le pareció dos siglos. Sangraba por la boca, estaba totalmente aplastado como una cucaracha, sin embargo, aun respiraba y vivía. No por mucho tiempo pues ahora si remató la faena su enemigo, desenvainando un cuchillo de su chaqueta. Un puñal de combate con el que acuchilló una vez en la frente a su enemigo. Alumno número 11, Hiroki Sugimura. Muerto.

Shuuya lo miraba desde abajo, con una mano en el pecho y tirado en el suelo mientras su herida palpitaba. Estaba nervioso y no podía defenderse, tras el estaba Kawada boca abajo en el suelo, gimiendo de dolor por la bala que se encontraba alojada en su cadera. Kiriyama, cuchillo en mano, ahora ensangrentado por la cabeza de su enemigo, andó lentamente por la ladera, aproximándose a Nanahara. Este empezó a echarse hacia detrás, casi llegando a rozar las llamas del coche volcado pero Kiriyama lo ignoró. Siguió avanzando hasta Kawada y lo tomó por la barbilla, entonces Nanahara vio por qué estaba boca abajo. Ocultaba una flecha de ballesta que había recogido del cuerpo Takako en el bosque, una víctima de Kazushi Niida. Seguramente Kawada durante su travesía por el bosque al dividirse mientras oteaba el lugar iba preparando trampas para que nadie se acercase y al encontrar el cuerpo de Takako recogió una flecha pensando que podría ser útil. Sin embargo, no tuvo tiempo para usarla, Kiriyama lo degolló sin compasión, mientras su víctima emitía un sonido gutural al desgarrar la hoja del grueso puñal la delicada carne de la garganta humana.

Shuuya se tragó su dolor y corrió hasta Kiriyama con una mano en el pecho. Este se dio la vuelta y le lanzó la flecha del suelo, apuntando a la cabeza. En la asignatura de historia, Kiriyama había estudiado que los romanos tenían una sección en el ejército denominada velites y estos lanzaban unas jabalinas de un solo uso a los oponentes. Las flechas de ballesta eran un arma similar a estas jabalinas y la lanzó como se mostraba en las ilustraciones de los libros a los velites lanzando sus armas. Sin embargo, la flecha no alcanzó su objetivo y Shuuya lo derribó contra el suelo de un placaje, golpeándole la cabeza contra una piedra. De pronto, Kiriyama dejó de ver todo en matices grises, blancos y negros, ahora todo volvía a ser de color. Estaba asustado, no entendía nada. Estaba cubierto de sangre y vio un tipo encima de el, lanzando los puños contra su cara. Por primera vez en años se sintió amenazado, el tenía un cuchillo. Un grito.

AAAAAGH

Una y otra vez, Kiriyama alzaba y bajaba el puñal contra el cuerpo de Nanahara, una y otra vez, y otra, y otra. Así hasta cuarenta veces. En el suelo yacía una masa sanguinolenta que anteriormente había sido su compañero de clase, ahora era un cuerpo que se enfriaba.

Pensaba que estaba a salvo, ya no habían amenazas a su alrededor, solo cuerpos fríos y yertos. Tras el apareció una mujer a la que miró. Era hermosa, nunca había sentido algo así. La chica era preciosa, de pelo largo y negro, curvas sugerentes, una cara muy hermosa y unos labios que hubiera vuelto a matar por besarlos. Era Mitsuko Souma.

Esta miró las manos de Kiriyama y solo encontró el cuchillo en sus manos. Podría haber disparado simplemente al chico y ganar el juego. Ella tenía un revólver seis balas de doble acción y munición Magnum, el un simple puñal de combate.

No tendría gracia si no me doy un pequeño "placer" antes de sentenciar el juego- Pensó ella. Vamos a jugar un poco.

Con una sonrisa en los labios, escondió la pistola en la parte de atrás de su pantalón y corrió hacia Kiriyama con los brazos abiertos. Este se quedó quieto y vio como la chica guapa lo abrazaba.

¡He estado todo el rato buscándote, Kiriyama!- Dijo ella con los ojos comenzando a brotar lágrimas de cocodrilo- Te he echado de menos.

Kiriyama no supo que decir, simplemente se limitó a abrazarla. Seguía en shock por haber matado a Nanahara, por estar abrazado a una mujer tan hermosa. Miró el revólver en el pantalón de Souma y dejó caer el puñal al suelo. La abrazó. La besó.

Ambos se tiraron en el suelo, alejados de los cuerpos de sus compañeros de clase asesinados y allí comenzaron un lujurioso cortejo. Souma besaba a Kiriyama efusivamente, recorría su cuerpo con manos veloces mientras este la tomaba por la cintura y saboreaba sus labios, con los ojos cerrados pero viendo todo.

Souma...esa pistola...- Dijo inseguro de lo que estaba sucediendo. Ella podía dispararle en cualquier momento.

Esto...oh, no te preocupes ¡No la se ni siquiera usar! ¡Estaba en mi maleta y todos han pensado que porque en el instituto era mala persona voy a matar a alguien, pero no es así! ¿Tu tampoco confías en mi Kiriyama?

Mitsuko estaba llorando, Kazuo sentía emociones que hasta entonces habían estado enterradas. Quitó la pistola del pantalón de Souma y la lanzó a un lado para lanzarse el sobre ella.

Confío en tí- Le dijo. Ella sonrió.

Volvieron a unirse los labios, la temperatura de los cuerpos subía y la ropa comenzaba a sobrar. De un tirón abrió Souma la camiseta de Kiriyama y acarició con la punta de los dedos los abdominales de su amante, este fue a por el cuello de ella, que pese a tener el collar con explosivos, mordisqueó vicioso. Gimieron mientras seguían. La ropa iba desapareciendo de ambos y ya pasaron a gestos mayores. Souma solo seguía su plan habitual, Kiriyama estaba totalmente impactado. Nunca había sentido nada con nadie y de pronto estaba con una belleza así, bajo ella. Dentro de ella.

Souma estaba sobre la cintura de Kiriyama mientras este la embestía una y otra vez, ella gemía lujuriosa, él la acompañaba y la besaba. Iban alternando quien se movía y quien atacaba con besos y algún que otro mordisco al otro, finalmente, un gemido llenó la llanura en el amanecer junto al canto de los pájaros.

Ha sido...precioso Kiriyama- Dijo Souma con el chico encima de ella, aún caliente por el acto- Si tenemos un hijo prometo cuidar bien de él.

De su collar explosivo sacó una hoja de afeitar, sin embargo ella no contó con algo. Quizás era sensible y, como todo humano, débil a la carne, sin embargo no había perdido sus habilidades y menos su desconfianza. Durante el desenfrenado sexo que tuvieron, habían rodado justo hasta al lado del revólver seis balas que Kiriyama le había quitado. Había sido parte del plan de Kiriyama. Volvía a sentir, pero no por ello iba a dejar de matar para sobrevivir.

Fue muy bonito Mitsuko, pero es momento de decir adiós. Me ha encantado.

La mano derecha llegó veloz al revólver y sin necesidad de ser amartillado este disparó una bala a la frente de la que en su momento fue una chica hermosa. Ahora era otra masa de sangre más. Otra víctima más del Battle Royale de ese año.

¡Ya tenemos ganador! -Anunció Yonemi Kamon por megafonía - ¡Felicidades Kiriyama, veo que lo has pasado muy bien en este juego! Por favor, dirígete a la escuela lo antes posible, tenemos que regresar a Japón.

Mientras se vestía y avanzaba de nuevo con su mochila llena de armas dejaba atrás a las dos personas que le habían hecho sentir. A Shuuya Nanahara, que le recordó con un golpe toda su humanidad. A Mitsuko Souma, que le enseñó el placer de la carne y de la maldad humana.

PD: Siento haber tardado tanto en publicar esta segunda parte pero he estado muy centrado en otros proyectos aparte como mi novela y los estudios, además de que por problemas personales no lo había podido continuar. Gracias por leer mi historia y espero que te haya gustado. Un saludo y abrazo muy fuerte a mis lectores ^^

Airam Viña Gómez (Toki_Kiriyama o Airamcena)