CAPÍTULO 31

A Charlotte le dolía la cabeza cada vez que pensaba en las propuestas de Lucius, estaba decidida a no hacerlo, pero siempre terminaba con la misma conclusión: ¿Y si mata a Severus? Al mismo tiempo le surgió otra teoría en la mente ¿y si Lucius la estaba chantajeando? Seguramente era una mentira para meterla en problemas, para ser él quien la rescatara y la evidente reconciliación. Pero la respuesta a todo lo que haría no tardó en llegar, la chica se dio cuenta de que su ex-prometido hablaba en serio y que era urgente su decisión.

Sucedió cuando una noche de jueves, bajaba por las húmedas escaleras de la lechucería y la iluminación tenue que emitían las estrellas y la Luna, le permitió vislumbrar una silueta que conocía muy bien, la de Severus. Hubiera apresurado el paso pues no quería alguna discusión comenzada por pequeñeces banales. Pero al mirar con detenimiento supo que las cosas no estaban bien. Snape se tambaleaba, se detenía y volvía a caminar con torpeza. Charlotte creyó que se encontraba ebrio, su hipótesis era poco probable, ya que nunca lo había visto con más de dos copas encima y menos aún saliendo del Bosque Prohibido. Fijó su vista en él y corrió a su lado cuando definitivamente terminó tendido en el pasto, sin poderse levantar.

Al tenerlo cerca su asombro creció, junto con su horror.

Snape mostraba en su rostro y parte del cuello rasguños, moretones, sangre. Su ropa desgarrada, su cabello revuelto con trocitos de hojas secas incrustados. Ella se arrodillo a su lado para intentar levantarlo, pero sólo consiguió recostar la cabeza sobre sus piernas.

-¿Severus?, ¿me oyes?, ¿Qué te pasó?- una débil palabra salió de sus labios rotos:

-Mor…mortífagos- y se desmayó.

No supo cómo, ni cuánto tiempo había pasado, pero era consciente de que el dolor era latente, al igual que el riesgo que corría. Así que mandó llamar a Charlotte. Al presentarse ella, se incorporó con la ayuda de un gran almohadón para poder verla mejor.

-¿Cómo estás?- se sintió obligada a iniciar la conversación.

-En peligro, estoy en peligro. Me van a matar esos desgraciados, me lo han dicho.

-¿Los mortífagos te golpearon?

-Me torturaron, porque…Bellatrix me dijo, que tú te negaste a colaborar con ellos, dime ¿por qué te necesitan?, ¿qué tienes que ver con ellos? , ¿Qué quieren que hagas? Dime y buscaremos una solución.

-No puedo decírtelo, yo te prometo que me voy a deshacer de los problemas que he causado…tú descansa, estás débil- él iba a protestar- No digas nada y duerme- Pasada media hora el dolor en combinación con los sedantes hicieron que Severus se sumiera en su ensueño. La chica se dirigió a su habitación, donde encontró una nota:

"¿Creíste que bromeaba?, en esté momento has de estar al pendiente de Snape (que romántico, ja). Si quieres que esto cese, tienes que dirigirte inmediatamente a La Casa Negra del Diablo".

CAPÍTULO 32

Tomó unas cuantas cosas: su varita, su capa, los regalos que le había dado Lucius. Se dirigió a la chimenea y desapareció entre unas deslumbrantes chispas verdosas.

Cayó en otra chimenea, grande y polvosa, se incorporó. El lugar se encontraba en penumbras, una sala vacía en cuanto a mobiliario, lo único perceptible era una alfombra que alzaba pelusa a cada paso y unos espejos con elaborados marcos negros colocados en las paredes. Tenues luces de velas escapaban por las aberturas de una enorme puerta. Charlotte creyó que en cualquier momento Lucius entraría por ella. Pasaron algunos minutos, ella se impacientaba, hasta que se escucharon risas de malevolencia, rápidamente apretó la varita poniéndose en guardia, mirando de un lado a otro.

Las risas aumentaron, una luz brillante golpeó la mano derecha de la chica, sintió un terrible dolor y quedó desarmada. La sala se iluminó y viéndose rodeada entre un círculo de personajes encapuchados, supo que estaba ante la presencia de los temidos mortífagos, aunque nunca los había visto. A excepción de sus relaciones con Lucius y Snape (pero ellos nunca le parecieron tenebrosos).

Con su brazo izquierdo sostuvo su otra mano, que le causaba ardor.

Estaba rodeada, no intentó moverse. Una figura se aproximó a ella. Se quitó la capucha y dejó ver su rostro.

-Eres preciosa, tanto que pudiste seducir al esposo de mi hermana.

-¿Bellatrix?... claro, y tú fuiste tan astuta para vigilarnos, espero que no tengas remordimientos. ¿Si sabes que tu hermana mató al hijo que esperaba, verdad? Si no se hubiera enterado, no estaríamos aquí y Narcisa no sería asesina. Bueno eso lo pongo en duda, como mortífagos imagino que les place matar. Pero ya basta vengo a ver a Lucius, no ha desenterrar sentimientos.

-¿Lucius? ¿Qué te hace pensar que él está aquí? ¿No se te ocurrió que podía ser una trampa?

Realmente esa posibilidad no había cruzado por su cabeza, su desesperación sólo le había llevado a actuar por impulso. Un temor recorrió su cuerpo, quería escapar, pero no hallaba la forma de hacerlo. Imaginó que esa misma sensación fue la misma que experimentó Snape, antes de ser atacado. Los presentes se despojaron de sus capuchas. Rostros pálidos, ojerosos y mal cuidados se podían ver. La propia Bellatrix era en comparación con sus aliados la que ofrecía un aspecto más agradable. Bella se acercó y acarició el cabello de Charlotte.

-¡Aléjate de mi!- exclamó

-¡Y si no lo hago, qué! Estas indefensa, si quiero te mato ahora. Alzó la mano, pero la bajó cuando dos personajes más hicieron acto de presencia.

-Bella, deja de jugar, querida.

-Pero mi señor…ella no quiere…

-No te preocupes yo voy a arreglar eso. Ahora necesito que tú y todos retomen sus actividades. Por favor confío en ti.

Todos obedecieron y la sala quedó en silencio. Charlotte reconocía perfectamente a Lucius, lo miró con desprecio, porque sabía que era culpable de lo de Snape. A la otra persona (si es que se le podía clasificar de esa manera) nunca la había visto, pero la primera impresión que le causó fue de miedo, así que no pretendió hacer nada cuando sus largas y delgadas manos tocaron su suave piel, pero su corazón se aceleró.

-No me tengas miedo, no me juzgues por mi aspecto, sino por mis actos. Linda Charlotte, tú sabes lo que necesitamos de ti, ¿Qué es lo difícil?, ¿necesitas ayuda? O ¿Qué Snape sea torturado cada vez que digas 'no'?

-¿Más? Debe existir otra forma, yo no quiero provocar más dolor.

-Yo tampoco quiero que eso suceda, no me gustaría ser el causante de tus pecados, ni que se te cierren las puertas del Paraíso. Pero se te acaba el tiempo para decidir…Una semana es lo único que estoy dispuesto a esperar.

Salió y sólo quedaron Charlotte y Lucius. Ella sacó una bolsa donde tenía las joyas. Se las aventó.

-¿Estas satisfecho?, por unas cuantas joyas estoy condenada. Y si no lo hago me va a matar, ¿verdad?

-Así es, y no sólo va a ser a ti. Tienes la posibilidad de detener una masacre.

-Te odio Lucius Malfoy. Y sabes que no es justa la situación que estoy viviendo- se dirigió a la chimenea y sacó polvos flu de su capa.

-Eso lo hubieras pensado antes- Desapareció.