CAPÍTULO 33
Snape se recuperó con rapidez gracias a los cuidados de Madame Pomfrey. Era insistente en sacarle la verdad a Charlotte, pero ella se resguardaba diciendo que había solucionado todo.
Faltaba un día para cumplirse la fecha señalada por Voldemort, para la chica sólo existía la confusión, preocupación y angustia que la llevó a tomar una mala decisión.
Harry Potter y sus amigos caminaban por el pasillo de las habitaciones del profesorado, cuando escucharon ruidos extraños provenientes de la recámara de Charlotte. Caían cosas, se estrellaban piezas de cristal, pasos. Finalmente un grito y silencio.
El trío asustado comenzó a tocar la puerta, pero nadie respondía, su ansiedad les llevó a utilizar un Alohomora e irrumpir. Cuando contemplaron la terrible escena no supieron que hacer durante unos instantes. Hermione casi se desmaya, a Ron se le agitó la respiración y cayó de rodillas, Harry se puso pálido y un par de lágrimas resbalaron por su rostro: ella estaba muerta. La adolescente se atrevió a tocar el cuerpo, frío, inmóvil, que aferraba entre sus manos una botellita verde, vacía. Al parecer había bebido el contenido de la misma.
-¿Qué hacemos?- preguntó con evidente preocupación Ron
-No lo puedo creer, ¿Por qué ella?, ¡es mentira, es mentira!- Hermione se derrumbó en llanto.
-Ve por Dumbledore, ¡Rápido Harry!
Harry Potter corrió tan veloz, pensando en qué diría, ¿cómo podría explicarlo?, no lo sabía. Se encontró frente a la puerta de la oficina que tantas veces había visitado, no se preocupó en tocar a pesar de haber percibido algunas voces y entró, aunque se arrepintió de haberlo hecho, pues al parecer se desarrollaba una intensa discusión entre el Director, Lucius Malfoy y Severus Snape. Éste último sostenía por el cuello a Lucius, mientras Dumbledore intentaba calmarlos.
No fue necesario, ya que se separaron al entrar el chico. El profesor de Pociones disimuló y con maldad le espetó:
-Potter. Vaya que es tu costumbre interrumpir, ¿Qué haces aquí?
-Yo…yo, vengo a decirle al profesor Dumbledore que…la maestra Charlotte…
-¡Habla!, ¿ni siquiera eso has podido aprender?
-¡No sé, paso algo terrible y está…muerta!
Alterado Snape zarandeó al chico, exigiéndole una explicación concreta, pero sólo consiguió asustarlo más de lo que estaba.
-¡Severus, calma! Vamos a ver. Debe ser un error-. Al salir se dirigieron al lugar del acontecimiento y Harry alcanzó a escuchar que Lucius decía en voz baja y bastante enojado:
-¡Estúpida!, ¡cobarde!
Entraron a la habitación, observando el desconsuelo de Hermione, la apartaron, pidiéndole a Ron y Harry que la llevaran a la enfermería.
Cerraron la puerta y examinaron el cuerpo, la belleza que irradiaba era impresionante. Comenzaron las culpas.
-Pero es que no entiendo, qué es lo que ha podido suceder, por qué se suicidaría- reflexionaba el anciano.
-¡Todo es culpa de Lucius!- Snape volteó y miró a su enemigo- ¡Tú culpa, te voy a matar!
-¡Hazlo!- lo retó el rubio- No vas a remediar nada, y si hablamos de culpables tú también deberías incluirte en la lista. Si mal no recuerdo no le otorgaste el perdón que ella te suplicó. Sí, murió odiándome, pero murió con la tristeza y remordimiento que le causaste. ¿Qué es peor?
-¡Que todos los grandes magos y hechiceras la bendigan, dónde quiera que esté! Oró Dumbledore
-Necesito que nos dejen a solas- pidió Snape. Lucius abandonó la habitación maldiciendo:
-Nos ha arruinado el plan, imbécil… anda Snape que te desahogues a gusto.
Dumbledore le preguntó al profesor:
-¿Vas a estar bien? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
-No, sólo deseo estar con ella, quiero decirle algunas cosas-. El anciano salió preocupado.
Snape miraba el cuerpo de Charlotte. Recordó que ahí mismo habían pasado tantos momentos de amor, pasión y odio, le pareció tan absurdo, le perdonó una y otra vez sus engaños con Nial y Lucius, pero no perdonaba el hecho de que estaba muerta, comenzó a recitarle fragmentos de un poema:
No, perdóname…Si tú no vives, Si tú, querida, amor mío…
Si tú te has muerto…todas las hojas caerán en mi pecho,
Lloverá sobre mí alma noche y día,
Mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
Pero…seguiré vivo…
