CAPÍTULO 34

Lloró. Arrebató de la blanca y suave mano la botellita, la inspeccionó, la olió, era Filtro de la Muerte Eterna, él conocía a la perfección la poción, era muy difícil de conseguir, pero sumamente efectiva. Se recostó en el pecho de la chica durante un largo rato y la percepción de un débil latido le devolvió la esperanza.

-¿Lotte? ¿Puedes oírme?- No había respuesta, pero sentía los latidos- ¡Mi vida, no estás muerta- Se limpió las lágrimas y con un Accio atrajo varios ingredientes de su despacho privado, los mezcló, se formó un líquido violeta, muy caliente, la recostó un poco y vertió unas cuantas gotas en sus labios.

Esperó unos instantes, que le parecieron infinitos, aferrado a la mano de la chica. Se emocionó cuando la tibieza invadió su cuerpo, su corazón recuperó fuerza, emitió un quejido y movió sutilmente los dedos, Snape la llevó en brazos a la enfermería, le dio instrucciones a la Señora Pomfrey, que atendía a Hermione.

-Debe administrarle seis gotas cada tres horas, aunque las rechace, debe obligarla a ingerirlas por más dolor que le provoquen y no debe estar sola, ni un momento.

-¿Pero qué es lo que le pasó?

-Sólo haga lo que le digo, está delicada y no quiero que muera- Se dirigió a la oficina de Dumbledore para explicarle lo sucedido.

-¡Es un milagro! ¡Por Merlín!

-No es un milagro-Lo contradijo Snape- Era una poción inmadura, de lo contrario estaría…No quiero ni pensarlo. Claro que está delicada, necesita cuidados especiales y las primeras noches las va a sufrir, pero se repondrá.

-¿Y después?

-Después todo va a cambiar. Si aún lo desea volveremos y le pediré que se case conmigo. No quiero adelantarme, es mejor que se recuperé.

Por la noche Snape decidió quedarse en la enfermería, administrando la cura con dificultad, Charlotte tenía temperatura, se movía de un lado a otro, murmuraba cosas que él no comprendía:

-No…lo voy a hacer…no muertes…otra manera…

Él la tranquilizó acariciando su cabello y frente. El cansancio era evidente en su rostro, pero no quería dejarla sola, a pesar de las insistencias de Dumbledore. Incluso mandó pedir que no se permitiera la entrada a los curiosos.

La luz del amanecer traspasaba por las ventanas, iluminaban la enfermería. Cuando Charlotte despertó se sentía muy débil, su semblante era pálido como si llevará varios días enferma, la cabeza casi le explotaba del dolor; emocionalmente estaba destrozada, pero se sintió peor cuando Poppy la regaño.

-¡Bendito Merlín que has despertado! ¿En qué estabas pensando cuando se te ocurrió beber esa poción?- Silencio -Tendrías que haber visto al pobre del Profesor Snape, llorando, con un terrible desasosiego, sin dormir. Acabo de enviarlo a descansar, pero conociéndolo no tardará en volver. Vaya que te quiere. Ahora tienes que tomar estas gotas, sé que te causan molestias, aún así debes tomarlas- Charlotte estaba indispuesta, desesperó a la mujer.

-Mira niña, no lo hagas por mí, ni por ti, es obvio que quieres morir. Hazlo por él, que te ha cuidado y protegido, sólo por él- Aceptó sin decir nada.

Efectivamente Snape no tardó en aparecer y se sorprendió de ver a la chica despierta, no había preparado algún discurso para ese instante, tenía ganas de reprenderla por su acción, pero no quería hacerla pasar por un mal momento. Se limitó a una clásica expresión para iniciar.

-¿Cómo estás?- ella lo evitó con la mirada y pronunció sarcásticamente:

-Viva…Estoy viva gracias a ti.

-Yo no iba a dejarte morir. A pesar de nuestros malentendidos, peleas, diferencias…sabes que te amo.

-Severus, no te hagas el mártir. Yo no te pedí que me salvaras, deja de tenerme lástima.

-¿Lástima? ¿Crees que te tengo lástima?- ella asintió- Bien la próxima vez te dejaré morir- Salió enojado.

Dos días después aún se encontraba en la pequeña cama, sin poder salir de las sábanas blancas. Desesperada, deseaba regresar a su recámara que seguramente los elfos ya habrían limpiado, se entretenía leyendo una y otra vez las cartas de recuperación que le enviaban los estudiantes.

Lamentó no poder abandonar la enfermería cuando llegó Lucius Malfoy con un gran ramo de flores negras. Lo miró, se veía muy seductor, incluso cuando mostraba su lado más perverso e irónico.

-¡Larga vida a Charlotte d'Lioncourt! Querida, ya decía yo que hierba mala nunca muere.

Y por supuesto que a ella le gustaba tratarlo de la misma manera.

-¿Lo dices por experiencia?

-¡Ay, preciosa! Sino estuvieras delicada me aprovecharía de ti, te ves irresistible. Realmente quisiera acostarme contigo y lo haría, tú sabes que si, pero te has portado muy mal, el Señor Tenebroso no soporta que se burlen de él. He de reconocer que fue astuto fingir tu muerte. Lástima que ahora perdiste el privilegio de elegir. Volveré por ti muy pronto y vas a hacer lo que te pidamos. Te guste o no.

-¿Crees que no tengo otro as bajo la manga?

-No cometas más estupideces de las cuales pudieras arrepentirte.

Charlotte decidió que era momento de decirle la verdad a Snape.