CAPÍTULO 35

Un día después salió de la enfermería, parcialmente recuperada, ya no era necesario ingerir las gotas que tanto odió. Sonreía, pero evitaba hablar, porque sabía que las personas murmuraban, por más que intentaran disimularlo.

Tenía que aclarar la situación con Snape, después de descansar fue en su búsqueda, para ella eso no era problema, lo que le causaba angustia era que estaban enfadados.

Lo encontró en los jardines recién regados, moviéndose. Ella admiraba el sutil movimiento de la capa negra, podía notar la piel levemente rojiza por los rayos del Sol, al parecer llevaba un buen rato ahí. Se le acercó por la espalda, provocándole un estremecimiento, para después bromear.

-Profesor, hoy se ve realmente exquisito- Él volteó, mirándola de abajo hacia arriba, se veía curada, a excepción del rostro que presentaba unos ojos cansados, un poco tristes, a pesar de eso para Snape siempre tenía una sonrisa, cuyo significado él conocía perfectamente.

-¿Qué quieres Charlotte?- dijo fríamente

-¿Por qué piensas que quiero algo?

-Porque te conozco cielo. Estamos enojados y ahora intentas disculparte. Está bien. Te doy la oportunidad de hacerlo. Soy todo oyente.

-Vaya, cada vez es más difícil convencerte de que aun conservo algo de "buen comportamiento". Pero en fin, así es. Tengo que contarte muchas cosas. Primero debo confesarte que tengo miedo por mi vida y la tuya…cometí un irreparable error, claro que eso no es raro en mí- Ella le contó lo sucedido. Desde la petición de Lucius hasta la amenaza de Voldemort.

-Ese es el motivo por el cual intente suicidarme, pero tú me salvaste.

-Sí, ya sé que te salvé y no quedaste muy satisfecha por eso.

-Perdóname, no pude evitar sentirme impotente, quería morir. Ahora lo único que necesito es ayuda.

-¿Quieres mi ayuda?, es eso, ¿verdad?

-No te lo voy a negar, tú los conoces, puedes ayudarme a vencerlos.

-No es tan fácil, son capaces de las peores atrocidades, son crueles, no los deseo de enemigos. No Charlotte, en cierta ocasión te dije que era tú problema, resuélvelo como puedas.

Ella comenzó a llorar. Se arrodilló, jalándolo por la túnica.

-¡Por favor! Tienes que ayudarme, ¡te necesito!

-Charlotte, levántate- dijo autoritario- No es necesario que hagas un drama.

-¡Es lo que querías!, verme a tus pies suplicándote- suspiró- ¡Disfrútalo si quieres, pero ayúdame! Si realmente me amas tanto como dices, lo harás.

-¿Crees que mereces mi ayuda?

-No, no merezco ni tu perdón, pero no me puedes abandonar- Se limpió las lágrimas.

Él la obligó a incorporarse.

-Ven, lo primero que vas a hacer es dejar de llorar, no quiero que te debilites más. En segundo lugar, tengo que decirte que…yo también te necesito, ya no como novia, sino como compañera, no estaba preparado, pero ¿Te casarías conmigo?- Silencio.- No me contestes ahora, piénsalo, medítalo. Si la respuesta es negativa, te ayudaré igualmente-. Otro silencio

-Severus, no hay nada que pensar- Charlotte lo abrazó. Luego acarició el rostro de Snape, con sus dos manos.

-¿Eso es un 'sí'?

La chica esbozó una sonrisa y le dijo:

-Profesor Snape, usted sabe que es lo que he deseado desde hace mucho.

-Ve a descansar, después tenemos que pensar y planear qué hacer.

Se despidieron con un largo beso en la boca.

CAPÍTULO 36

Snape no tardó en instalarse en la recámara de Charlotte. Le dio una sortija que había pertenecido a su madre, no era lujosa, pero su significado y el valor sentimental le parecieron importantes. Ella la aceptó con gran alegría. Su mano la lucía espléndidamente a falta de otras joyas (que había regresado a Lucius). Le pareció un tanto cómico el hecho de estar comprometida dos veces en tan poco tiempo, sin embargo, disfrutaba la idea de casarse con Snape, quizá formarían una familia, imaginaba un chalet en su natal Francia por las vacaciones y regresar al castillo para dar clases. Se dejaba llevar por sus fantasías hasta que Severus golpeaba con una reluciente copa plateada llena de vino la mesa del despacho de Pociones por no encontrar una solución al problema con Voldemort. Para tranquilizarlo ella recurrió a un masaje sobre los hombros, alentándolo. Era una rutina, que fue interrumpida por una risa burlona, parecida a las que había escuchado en "La Casa Negra del Diablo".

-¿Y a mi no me darás un masaje?- Distinguieron a Lucius sentado en una de las mesitas -También he estado muy tenso.

-¿Acaso Narcisa ya no te sirve?- le contestó ella

-Sí, pero te deseo a ti.

Llevado por sus impulsos Snape se levantó amenazante

-¿Cómo te atreves a venir? ¡Desgraciado, traidor!

-Mi amigo, el traidor eres tú, lo sabes bien ¿Te olvidaste de tu Señor? ¿De que eres un asesino?... tan sólo vengo a felicitarlos por su valiente decisión de casarse -Caminó por el lugar, agarrando y examinando cada poción que capturaba su atención- Me va a causar una terrible pena que Lotte enviude antes de la luna de miel. Por supuesto Snape que tú no tienes que preocuparte, yo gustoso cuidaré de ella. Sé perfectamente lo que necesita para consolarse- la miró- Espero que no te hayas olvidado de las atenciones y los placeres que te brinde cuando murieron tus padres.

-¡Eres un cínico!

-Gracias, querida. Viniendo de ti es todo un halago. En fin, como el Señor Tenebroso es muy benévolo te dejará en paz por un rato, pero déjame decirte que tú serás la que venga en nuestra búsqueda.

-Ni lo sueñes. Aunque pareces muy seguro de tu afirmación, ¿Qué vas a hacer?

-¿Yo? Nada, me ofendes- pronunció en tono burlón, poco creíble.- No tengo que decirte donde encontrarme, porque ya lo sabes. Te estaré esperando con la boca y los brazos abiertos.

Se encontraban acostados, abrazados y besándose con ternura como solían hacer antes de aumentar su pasión hasta que ella se detuvo.

-¿Qué pasa?- preguntó Snape, sin dejar su labor seductora.

-No puedo, es que sólo pienso- él se detuvo por completo para escucharla- en lo que dijo Lucius, sé que no se va a quedar con los brazos cruzados.

-Cielo- le habló en tono cariñoso y reconfortante- estas conmigo, no te va a pasar nada…Ahora ¿quieres continuar? ¿Dónde estábamos?- ella volvió a detenerlo, separándolo con sus manos cuando besó la comisura de sus labios.

-Lo siento, realmente no quiero hacer nada. No creo que sea conveniente tener relaciones mientras pienso en Lucius.

-Tienes razón…tengo una idea- abrió el cajón que se encontraba en el tocador y sacó un estuche plateado- Pensaba dártelo hasta la boda, pero creo que éste es buen momento- extrajo un par de brazaletes negros que emitían un brillo deslumbrante, con inscripciones indescifrables, grabadas en el mismo color del estuche.

Sorprendida ella preguntó:

-¿Es onix?

-No…diamantes negros

-¡Oh, Severus! ¿De dónde los sacaste? ¿Los robaste?

-Sí

-¡QUÉ!

-Es broma, los compré

-Debieron costarte una fortuna, no puedo aceptarlos.

-Tú los mereces, no se me hace justo que ya no tengas joyas.

-Tengo la sortija, es suficiente.

-Ahora agrega él brazalete- él le colocó en la muñeca derecha la prenda que se ajustó perfectamente, ella hizo lo mismo con el otro (que era para Snape). Cuando lo cerró cada uno sintió una leve electricidad por su cuerpo, pero no se dijeron nada sobre aquella sensación.

-Es divino, amor. Gracias. Ahora si tengo ganas-. Rieron, envolviéndose entre las caricias y el calor de sus cuerpos.

Cuando Charlotte despertó Snape le tenía el desayuno preparado, no quería que ella hiciera esfuerzo alguno. Además de que podía aprovechar esos instantes como pretexto para hablar de la boda.

-Quiero que sea ya, que seas mi mujer.

-Cariño, pues como que eso de ser tu mujer ya no aplica en mí, pero ¿no es algo precipitado?

-Para que esperar más. Prefiero que sea antes de vacaciones. Algo sencillo y pequeño.

-Si es lo que deseas, estoy de acuerdo, quizás en tres semanas.

-No, que sea en dos.